Advertencia: este capítulo es el más largo del todo el fic. Puede que más de alguno se aburra, pero los que no, son valientes xD.

Perdón por la tardanza, pero hasta esta semana pude darme un respiro corto. Espero que les guste este último capítulo :) y gracias a: Kureimy, rukiakuran, Foreveryour, xxxx, metitus, giby-chan, KByakuya, lovetamaki1, Otonashi Saya, elenita-chan y jessy moon 15 por comentar el fic :D

Sin más, aquí les viene este capítulo.


Unmei no akai ito

Capítulo cuarto: lágrimas del mañana

La respiración se entrecortó en su nariz al sentir esa presión conocida. Esa fuerza que estaba allá fuera era tan familiar y abrumadora.

—I-imposible…—susurró Rukia con sus ojos bien abiertos.

Trató de levantarse y ver lo que sucedía a través de la ventana. Quería ponerse de pie sin sentir dolor en su cuerpo. Mas todo fue inútil para la pelinegra porque no se movió ni un centímetro. .

La mente de la chica estaba plagada de preguntas y dudas. ¿Estará soñando? ¿Era la realidad? ¿Qué demonios fue lo que hizo Ichigo al traerlo acá? Rukia se le calentaron sus mejillas. Si de verdad que su padre estaba aquí entonces no la debía ver desnuda. Quiso tomar su kimono que tenía encima pero notó que su mano tembló por cada milímetro que avanzaba. Con todo su esfuerzo logró, asió la prenda. Lo más rápido que pudo trató de vestirse.


La ansiedad provocó que temblara. No sabía si era por el miedo o la incertidumbre de aquel ser que lo miraba fulminantemente. Esos ojos grises como el acero frío y con facciones estoicas como la roca era una perfecta descripción de su rostro. Esos orbes estaban clavados directamente en él.

—Identificase. —pronunció aquel hombre. Su tono de voz fue profundo y de ordenanza.

Ichigo tragó saliva y trató de recuperar su compostura delante de él.: —Ku-kurosaki Ichigo. —dijo nada más.

La personificación del orgullo frunció el ceño.: — ¿Qué eres? —observó detenidamente el hilo rojo en su meñique. Era un humano, no cabía duda. Sin embargo, esa opción la desechó al ver que lo podía ver y los otros seres que estaban cerca de él no.

—Eso no importa. —exclamó Ichigo. —Tienes que venir conmigo, Byakuya.

El pelinegro le contestó con una mirada dura y ofensiva. ¿Qué clase de ser es ése por no dirigirle con honorifico y usar su nombre de pila? Había jurado que había sentido un poco del poder de su hija. No fue una ilusión. : —Pierdo mi tiempo…—dijo sin tener mucho interés en ese chico.

—I-Ichigo…—habló Isshin confundido y sin saber si creerle ahora o no. — ¿Qué pasa?

El mencionado se puso como piedra al observar que Byakuya se elevó de nuevo para irse. Con su impulso y valentía, Ichigo lo tomó de las vestimentas nobles del hombre.: — ¡Espera! —gritó Ichigo.

Lo único que pudo ver Ichigo fue la mirada de fuego y enojo por parte del hombre; después sintió como era desplazado por una oleada de viento fuerte. Gritó segundos después que dejó de sentir el tejado bajo sus pies.

— ¡Ichigo! —bramó Masaki al que su hijo se estaba cayendo.

Byakuya iba a ignoraba todo lo sucedido al cerrar sus ojos. Sin embargo, notó que en la mano del chico sostenía firmemente un cabello negro, largo y cortado. Fue una sorpresa enorme al identificar inmediatamente de quien era ese pelo. Antes de que Ichigo tocara el suelo, repentinamente, su descenso paro a pocos metros del suelo. ¡Era como si estuviera flotando!

— ¡Pero qué…!—exclamó Ichigo muy exaltado. Al cabo de un parpadeó, se percató que algo brillante, peligroso y filoso cerca de su cuello. Giró lentamente su cabeza con sus ojos bien abiertos.

— ¿Dónde encontró eso? —preguntó indiferentemente Byakuya con su espada desenvainada en el pescuezo del joven.

Ichigo no le contestó de inmediato. Fue tan grande estupefacción de la velocidad que llegó hacia él y la inexplicable magia que hizo que detuviera su caída. Sin embargo, esa espada cerca de su cuello hacía que sudara frío. Lo único que hizo fue bajar la mirada hacia su dedo meñique.

Byakuya captó la indirecta con un ceño fruncido. Dirigió sus ojos al largo hilo que conectaba con el otro extremo del chico.: —Tienes que salvarla. —con un movimiento lento abrió su mano. El viento sopló levemente que causó que el cabello que tenía en su agarre flotara y se fuera lejos de ellos.

De inmediato, los recuerdos de Byakuya empezaron a florecer:

¿Qué? —les contestó secamente con una pregunta. Sus oídos no los engañaban y pensó que tampoco sus consejeros reales que estaban frente de él.

Primero ocurrió la respuesta de la casamentera hacia el marido de su hija que lo dejó impresionado y ahora les viene con eso.

Reitero, mi Señor. —dijo un canoso consejero. —Su hija nos ha traicionado.

Byakuya cerró sus ojos.: —Use mejor sus palabras para su explicación porque no le entiendo nada.

El anciano gruñó en sus adentros.: —Su esponsal es un humano. —dijo. —Eso trae deshonor a su familia.

Diga algo que no sepa. —demandó el noble. — ¿Qué hizo mi hija?

Todos los ancianos se vieron.: —Su hija, Kuchiki Rukia, la heredera al trono fue al Mundo Humano sin escolta y sin su excelentísima autorización—los ojos de Byakuya se dilataron.

¿Por qué? —preguntó Byakuya. En sus adentros estaba fluyendo la ansiedad.

Me temo que para realizar el seppuku.

Byakuya se acercó más al tipo que hablo. Su fuerza espiritual se incrementó a tal punto que estaba ahogando a los ancianos del lugar.

Eso no es posible…—dijo Byakuya seriamente—Aún puedo…—alzó su cabeza al sentir como una fuerza espiritual muy conocido moría y desaparecía poco a poco. Estaba muy lejos de donde estaba. Esa energía era la de su hija.

Sin decir una palabra más, Byakuya desapareció de la sala con un destino diferente. No quería reconocerlo, pero por un momento sintió que su corazón se detuvo al no sentir la pequeña fuerza espiritual de su hija y que se desvanecía paulatinamente. ¿Cómo pudo ser tan torpe en no darse cuenta antes? Que había desaparecido…

¡Lord Byakuya! —escuchó el aludido. La voz de su esposa se escuchó tan angustiada. — ¡Milord!

Byakuya paró en seco y observó como la pelinegra lloraba amargamente.: —No encuentro a nuestra hija…y-ya no aprecio s-u magia…—lo vio incrédula.

Byakuya frunció su ceño y bajó la mirada. Su cara se tornó dura e ilegible.: —Iré al Mundo Humano. —Hisana jadeó. —La encontraré y la traeré de vuelta.

El fenómeno de nerviosismo dentro de Hisana se expresó corporalmente ante la decisión de su marido. ¿Cómo era capaz de hacerlo? — ¿Qué dice? …no Lord Byakuya…—dijo sin aliento. El aludido la vio incrédulo. —…es m-muy peligroso…—bajó la mirada temerosa. —Aún con su gran poder, no es seguro que vaya allá…

Antes de que Byakuya pudiera responderle para que entrara en razón que la vida de su hija dependía de un hilo y le valía un colmo si corría peligro la vida de él; llegaron los ancianos con una caja pequeña y especial con los grabados en la tapa fina de madera: "deshonor".

Me temo que no se debe de molestar en ir a ese corrosivo lugar…

Ambos pelinegros vieron a todos los ancianos con cabizbaja. El que estaba enfrente de ellos, dio unos pasos ante sus majestades y abrió lentamente la caja. Tanto Hisana como el propio Byakuya jadearon de horror al verla vacía.

Kuchiki Rukia hurtó el kaiken para cometer seppuku…—cerró sus ojos el anciano. —Lo siento…

Fue tanta la impresión, tensión y estrés en Hisana que sus piernas flaquearon que cayó de rodillas. El estruendo del golpe fue impresionante para los ancianos y para Byakuya.

¡Lady Kuchiki!

Hisana tembló incontrolablemente. Su largo y extenso cabello cubría gran parte de su rostro y de sus lágrimas. Sin embargo, Byakuya si pudo ver el sufrimiento y pavor reflejado en la cara de su esposa.: —E-e-ella no pudo hacerlo…—gimoteó. —Mi h-hi-j-ja no está…

Byakuya se tensó notablemente al ya no sentir más el débil poder que emanaba de su hija. A pesar de la lejanía que se ubicaba con ella, y con sus poderes sobrehumanos, no hubiera llegado a tiempo para salvarle la vida de la locura que ha cometido.

R-Rukia…—se abrazó así misma la pelinegra con temblor en todo su cuerpo. — ¡Rukia!

El noble pelinegro se compadeció de ella. Sin importar que sus ropas finas se ensuciaran o si sus acciones fueron innobles; se agachó a la altura de su esposa y la abrazó fuertemente. El dolor que habitaba dentro de su ser no debía ser mostrado ante los ancianos o de los sirvientes curiosos que llegaron ante ellos. Pero la realidad era otra; Byakuya estaba destrozado tanto como Hisana.

Pensó que habían perdido a su hija de una manera irracional y que se pudo haber evitado; mas el no pudo hacer nada…

Todo cobró sentido para Byakuya al ver como el cabello fluía en el viento. Lo que presenció en ese lapso no era la vida extinta de su hija, sin el poder y magia propia de su mundo.

El noble luego dirigió la mirada al chico que estaba pocos metros del suelo. Ese chico raro de cabello llamativo tenía un hilo rojo del destino atado. Cuando menos se dio cuenta Byakuya fue cuando el abrió sus ojos por el asombro. Ese hilo rojo que era su objeto de vista empezó a parpadear y desaparecerse.

—Usted…—frunció su ceño. —Imposible…

De un momento a otro, el pelinegro envainó su espada y dio un paso rápido hacia donde estaba el otro extremo del hilo que dejó a Ichigo solo.

—Hey…—llamó Ichigo ansioso. De repente, él cayó al suelo que causó un fuerte estruendo. Eso sacó de quicio al pobre chico. No solo llovía, estaba empapado y casi lo mata un espíritu con expresiones alargadas y estoicas. — ¡Hey! —gritó esta vez irritado.

Ichigo no entendía nada a ese tipo. Primero lo miraba con indiferencia con ganas de provocarle su muerte y ahora lo deja libre como si ya no tuviera interés en él. ¿Acaso es bipolar o algo?

—Maldito…—susurró Ichigo cuando corrió a toda velocidad existente en su cuerpo para poder alcanzarlo. De plano él ya estaba donde se ubicaba Rukia.

Ichigo no se dio cuenta que dejó a sus padre, en estado piedra, varados en el techo de la morada bajo la lluvia.


Con mucha dificultad, Rukia pudo colocarse el kimono para que fuera algo presentable. Estaba en el suelo con respiración dificultosa, su sudor en su rostro y sus mejillas rojizas. De seguro que estaba pálida. Ella se sentía tan débil por ponerse el kimono que ya no pudo moverse más. Se quedó en el suelo; su pecho sentía que se oprimía y todo su cuerpo le dolía.

—Rukia.

La mencionada abrió grandemente sus ojos que de inmediato se llenaron de lágrimas. Reconocía esa voz perfectamente que su vergüenza y dolor no dejaron que alzara, con dificultad, la vista hacia esa persona tan querida y admirada durante toda su vida.

Entonces Ichigo sí lo logró…

Rukia simplemente no hizo nada. Se quedó en silencio y se mordía su labio inferior para no emitir ningún sollozo o lloriqueo. La pequeña mujer escuchó como el hombre se arrodilló y tomó en brazos a su hija con delicadeza y con miedo de hacerle daño. Su estado era muy deplorable ante sus ojos. ¡Era como una muerta en vida!

—P-p-padre…—articuló con dificultad Rukia luego de acomodarse en el pecho del pelinegro. Finalmente sus lágrimas lograron salir de sus ojos sin ninguna dificultad.

Byakuya notó que su hija no se atrevía a verle aún. Con su mano derecha la posó sobre su mejilla y paró sus movimientos al instante: estaba fría.

—Estás muy mal. —dijo Byakuya. Aún su mano cálida sobre la mejilla de su hija pudo sentir varias gotas que resbalaban sobre el torso de su mano.

En ese instante, los ojos de Byakuya vieron un pañuelo sobre el escritorio del chico. Los bordados eran muy conocidos ante su vista. Eso quería decir que ese humano era la otra mitad de Rukia. Bien sabe Byakuya que su hija nunca fue buena para las manualidades. Cuando ella le dijo que debía hacer un presente para su esposo casi se desmaya. Vio su esfuerzo y dedicación en ese pedazo de tela y no quería la ayuda de nadie. Sabía que con eso traería el orgullo de su familia y el aprecio de su prometido. Byakuya observó un poco angustiado el pañuelo. Si hubiese sabido lo que iba a acontecer entonces hubiera parado la elaboración de ese pañuelo. Tan solo le hizo ilusiones a su pobre hija al saber que con ese humano no podía estar con ella.

—Hay que irnos. —dijo su decisión Byakuya con destino rumbo al mundo espiritual.

Rukia se crispó en los brazos de su padre.: —No…—susurró Rukia.

Byakuya paró sus pasos y bajó la mirada ofendidamente.: — ¿Qué osaste decir?

La pelinegra le tembló el labio.: —Di-dije que n-no…—exhaló. —Quie-ro que me dejes mo-morir aquí…—respiró profundo.

Byakuya estaba consternado y abrumado. ¿Acaso lo creía ciego por no verla? Estaba moribunda, su cabello carecía de poderes y magia y se negaba a la ayuda que tanto necesitaba. ¿Qué le ocurría a esa niña insolente y testaruda?

Por primera vez Rukia alzó su rostro que causó que Byakuya se le dilataran lo ojos. El rostro de su hija estaba demacrada pero extrañamente bella. Ese fuego en sus ojos, esa esperanza hacía que su rostro tuviera un poco de vida otra vez.

—Rukia…—dijo sin aliento Byakuya. Era la primera vez que sentía la incertidumbre.

— ¡E-espera! —ambos pelinegros giraron sus cabezas. Vieron a un Ichigo jadeante, con sus manos sobre sus muslos y su cabeza gacha. — ¡Jah! Un minuto…—había corrido tanto que su boca estaba seca.

Byakuya pudo ver al fin los dos extremos del hilo rojo a su disposición. Era cierto, ambos estaba conectados en la misma hebra.

—I-Ichigo. —pronunció Rukia con cierta ternura. Todo el mérito debía de dárselo a él. Aun cuando sabía que no podía hacerse nada por ella; él hizo lo imposible por su bien ¿pero será suficiente?

El chico alzó su cabeza para verla cargada por su tremendo padre, que lo veía con disgusto. La tensión en el ambiente no era muy buena.

—Rukia. —se acercó hacia ella.

—Deténgase ahora mismo. —ordenó Byakuya con su semblante frío. —No dejare que se acerque a mi hija otra vez.

— ¿Qué? —paró en seco Ichigo. — ¿De qué hablas?

—La ha corrompido…—lo fulminó con la mirada.

Ichigo se sonrojó. ¿Acaso sabía que le hacía el amor a su hija seguido? Su nerviosismo se transmitió ha Rukia, quien estaba con pavor.: — ¡Y-Yo no le he-hecho nada malo! ¡Lo juro! — ¿compartir ese momento especial entre la pareja no es corromper, cierto?

—Un humanoide como el de su clase le es indiferente al resto de los humanos…—pausó para ver la expresión atónita de Ichigo. Lo que no sabía Byakuya era que esa expresión era de alivio. — ¿Qué es usted en realidad y cómo pudo vernos?

—Oh. —dijo Ichigo relajándose un poco. Se rascó su nuca sin saber muy bien como empezar. —Para hacértela corta, no tengo ni idea como los puedo percibir con mis sentidos…

—¿Hmm? —pronunció Byakuya ante la insolencia.

—A decir verdad, jamás me imagine que existieran en realidad. Soy un humano como cualquier otro en este planeta…—alzó su meñique. —Pero en cambio a todos ellos, digamos que soy muy especial al estar conectado con Rukia.

—Sea más explicito.

Ichigo le sonrió a Rukia.: —Fue un giro del destino.

Rukia se enrojeció ante las palabras de Ichigo. Sin embargo, eso no pasó por alto por Byakuya por lo cual se molestó un poco. Ese mocoso esta coqueteando con su hija enfrente de su nariz.

—Ya veo. —dijo Byakuya cuando cerró los ojos.

—Pero no lo llamé por contarte eso…—se colocó enfrente de ellos. Con sumo cuidado tomó la mano de Rukia entre la de él. —Por favor…haga algo para que Rukia se salve…

— ¿Por qué? —preguntó secamente.

Ichigo se enfureció un poco ante esa respuesta. ¡Si de verdad era su padre ese hombre no debía de peguntar "por qué" salvarla! Tan solo ver como está su semblante es más que suficiente que una explicación.

— ¡Porque me importa! —le gritó. — ¡Yo le prometí que la salvaría! Pero yo no tengo los medios para hacerlo…—empuñó sus manos. —Me siento impotente al no poder ayudarla…pero tú sí puedes… ¡su propio padre! ¡Su misma sangre!—lo vio desafiante. — ¡No me interesa si se niega! —le sonrió de lado. —Yo lo obligo…

Rukia lo observó incrédula.: —I-Ichigo…

—Hmmm. —pronunció Byakuya. —Interesante. Admiro su determinación y confianza pero creo que lo demuestra en la persona incorrecta.

Los ojos de Byakuya bajaron hacia la pelinegra. Como si hubiese pasado una descarga eléctrica en su cuerpo, Ichigo la vio asombrado.

— ¿Rukia?

La pelinegra torció sus labios.: —Quie-ro quedarme…—susurró casi inaudiblemente.

El chico negó la cabeza rápidamente.: —No…—pronunció suavemente. —¿Qué demonios dices? —la vio incrédulo. —Aquí…puedes morir…—observó al hombre. —Byakuya podrá hacer algo con su magia o con su poder.

—Se equivoca…—dijo Byakuya tras cerrar sus ojos. —Aquí soy de igual de impotente que usted…

— ¡Pero qué…!—se alteró el chico. — ¡Eres Kuchiki Byakuya! ¡El individuo más poderoso de su mundo que no necesita de cabello largo por sus elevadas cualidades! ¿Cómo no puede hacer nada? ¿Cómo puede saber de lo incompetente que es si ni siquiera lo ha intentado?

— ¡Ichigo! —paró Rukia. — ¡Basta! —lo observó con el ceño fruncido. — ¡No permitiré que ofendas a mi padre!

En cambio, Byakuya estaba más que sorprendido por lo que dijo ese niño. ¿Cómo él pudo saber todo eso? Si eso es un secreto de familia… ni siquiera Rukia sabía, según él.

Ichigo entrecerró sus ojos.: —Oh no…—se empezó a enfurecer. —No, no, ¡no! ¡Rukia! —la tomó de las manos por un momento. Sin embargo, a los pocos segundos, las sintió heladas como si estuviera tocando un cadáver. —No me digas que es otro secreto…

Rukia no aguantó verlo directo a los ojos. Bajó la mirada y cerró sus orbes con fuerza.

—Ahora entiendo…—habló Byakuya profundamente. —…la razón por la cual no te quieres separar del humano…

Ichigo los observó confundido.: — ¡¿De qué hablan?! —ninguno de los dos dijo nada. — ¿Y bien? —suspiró. — ¿Rukia?

—Su cabello solo podrá crecer si regresa al Mundo Espiritual donde existe la magia…solo así se podrá salvar. —explicó Byakuya.

La mirada de Ichigo se iluminó.: —Eso es…maravilloso. —se le llenó de gozo su alma al saber que sí había una cura para salvar a Rukia de la muerte.

—No…—empezó a toser Rukia. Luego de unos cuantos tosidos más abrió de nuevo su boca. —No lo es…

— ¿Y por qué no? —Ichigo acarició las manos frías de la chica para que entrara en calor. Esa acción hizo suspirar a Rukia. —Eso te salvará…

—Sí…pero no me importa…—suprimió sus lágrimas. —… lo pre-prefiero así.

—Rukia…—alzó sus manos para tocarle las mejillas. — ¿Por qué?

La chica lo vio dolida. Varías lágrimas estaban peligrosamente en salir.: —Son siete años en no volverte a ver…

Ichigo le sonrió tiernamente cuando vio detenidamente el rostro inocente de su chica punto de llorar como si fuera una niña pequeña que le habían quitado su juguete.: —Oh, Rukia no te pongas así…tan sólo son siete años…

—Se equivoca…—corrigió Byakuya de inmediato.

— ¿Qué?

El rostro de Byakuya se tornó un poco sombría.: —Son siete en el Mundo Espiritual. —los ojos de Ichigo se dilataron. —Exactamente en el Mundo Humano, eso equivale diez veces más la cantidad dicha…

Ichigo le faltó el aire.: —Setenta años…

—La edad promedio de un humano es tan sólo de ochenta y uno años de vida…

Rukia se mordió el labio inferior y no ocultando su tristeza.: —Ichigo…tendrás ochenta y siete años cuando te vuelva a ver…

Eso le tocó profundo. Esas simples palabras conjugadas que fueron elaboradas por Byakuya y Rukia hicieron que todo brillo y gozo se esfumaran como humo. ¿Por qué estaba pasando todo eso? Cuando al fin tuvo la oportunidad de salvarla la separarían de ella, que se podría afirmar como un para siempre. Ahora estaba en una encrucijada que no le veía una salida muy próxima o mejor dicho que no había salida alguna.

Su razonamiento y el análisis de sus sentimientos no duraron mucho porque en ese momento Rukia empezó a toser cada vez más tosco; emitía un sonido rudo y áspero que llegó hasta escupir varios charcos de sangre.

—Rukia…—se asustó Byakuya al ver como ese líquido carmesí le teñía su ropa y el suelo del chico.

Ichigo trató de cesar sus tosidos al darle palmadas en su espalda. Sin embargo eso no sirvió para nada. Todo ocurrió tan rápido que no le dio tiempo a Ichigo de pensar muy bien.

— ¡Llévatela de aquí! —ordenó Ichigo.

Rukia sentía un ardor que le consumía todo el cuerpo. Era indescriptible lo que sentía que cada segundo que pasaba del terrible dolor era cada segundo que dejaba de sentirlo. Poco a poco, ella estaba perdiendo el conocimiento. Eso le causó miedo a Rukia al aceptar que en realidad, se estaba muriendo ahí mismo.

—N-n-n-no. —pudo elaborar un monosílabo la pelinegra entre tosidos.

— ¡Trata de escucharme, Rukia! —se acercó a su rostro, no importando si las gotas de sangre que salían de la boca de la chica le manchaban el rostro. —Nos volveremos a ver…eso te lo puedo jurar…

La chica empezó a respirar con dificultad.: —Ichi-Ichi-chi…

Para la sorpresa de la chica, sintió como Ichigo la besó tiernamente sobre sus labios ensangrentados. Fue un beso corto pero cuando se separaron ambos se vieron directamente hacia los ojos. Se conectaron inmediatamente sin que tener en cuenta que el mundo existiera o si Rukia estaba muriendo por cada tosido. Por tan solo ese momento, el universo era solo entre ellos dos.

A parte, Byakuya estaba más que impresionado por la escena. A pesar que el beso lleno de sangre que fue le resultó desagradable notó que eso le trajo un poco de vida a su hija. Su rostro, por un breve momento, tenía color característico de un ser viviente. Con sumo cuidado, Byakuya tomó el pulso de su hija. Emitió un jadeo al no sentirlo vivazmente.

Sin decir ninguna palabra, o mostrar las intensiones de sus acciones; Byakuya junto con Rukia salieron de la habitación rápidamente. El noble debía de llevarla a su mundo antes de que fuera demasiado tarde.

Para Ichigo y Rukia todo pasó en cámara lenta. En ningún momento rompieron la mirada. Ni aun cuando Byakuya estaba dispuesto a irse. Ichigo trataba de guardar todas las bellas facciones de Rukia antes de que se fuera de su vida. Sabrá que sobrevivirá si el hilo atado en su dedo meñique sigua en su lugar. Tenía la fe que ella se salvaría.

—Recuerda que eres mi unmei no akai ito…—dijo lentamente Ichigo al notar que Rukia desaparecía frente a sus ojos.

Lágrimas fueron derramadas en los ojos violetas de Rukia al percatarse que se elevaba y ya no podía verlo más.

—Ichi…—flaquearon sus palabras al darse cuenta de la situación. Bajó la mirada a su dedo meñique, el hilo cada vez se iba extendiendo dándole a entender que estaba lejos del chico. —Ichi…

El chico de cabellos naranjas salió corriendo al patio para verlos partir hacia el cielo. No dijo nada, tan solo la veía a ella con una sonrisa, que tal vez por la altura lejana que ya estaba ella, no vería.

—Gracias…Rukia. —susurró Ichigo con pesar.

Rukia, en el cielo, negó con su cabeza y se quebrantó en sus lloriqueos.: — ¡ICHIGO!

Byakuya bajó la mirada por última vez al aludido: ese mocoso hizo estragos en todas partes, que al final, pudo conseguir lo que quería por un precio muy alto.

El viento sopló fuertemente mientras seguía lloviendo a cántaros. Eso no le importó al chico. Estaba ensimismado observando como padre e hija desaparecía bajo la luz de la luna.

—Está lloviendo…—apretó los dientes Ichigo. Con su mano se agarró la camisa y la apretó fuertemente mientras cerró sus ojos y bajó su rostro. Levemente, empezó a temblar y la angustia invadió su alma.


—Me preocupa.

Bajó la taza de té de sus labios y abrió un solo ojo.: — ¿Hmm?

—Desde hace días que la has traído y se ha negado ha hablarnos…—suspiró. —Ni siquiera quiere comer; eso le es dañino ahora para nuestra hija en su condición.

—En efecto. —dejó la taza sobre la mesa. —No obstante, lo ha hecho bien. —la observó por unos momentos. —Ahora está estable.

Si tan solo su mujer hubiera estado ahí para presenciar lo que pasó no estaría preguntado ese tipo de cosas. Ahora que lo asimila todo, Byakuya se dio cuenta que no fue fácil para ese humano y su hija separarse de esa manera. Un leve adiós que tal vez era un definitiva despedida. Sinceramente, el noble pelinegro no le creía nada al chico de cabellos naranjas de seguir vivo para volver a verla otra vez.

—Sí pero…—desvió su mirada. —…Lord Byakuya, ¿qué fue lo que ocurrió en realidad?

Éste la vio confundido. Ya le había explicado detalladamente a Hisana acerca de lo ocurrido. ¿Acaso ya se le olvidó?

— ¿A qué se refiere? —preguntó Byakuya.

—Es decir…—se sonrojó por no ser explicita. —Entre ellos…—lo vio directamente a los ojos. — ¿Hubo algo entre ellos de verdad? ¿Eran tan inseparables como lo describió, Lord Byakuya?

Sonrió un poco.: —No se equivoca, Hisana. Así lo son. —alzó su mano. —Tan fuerte y unidos como la hebra que conecta a sus destinatarios.

La pequeña mujer se sorprendió al escuchar esas palabras de los labios de su marido. Él nunca era de las personas de expresarse de una manera profunda o con metáforas. Además, no se veía afectado el hecho del deshonor que trajo su hija al ir al Mundo Humano. Cuando Byakuya supo quién desposaría a su hija era un humano no le preocupó mucho ya que podía ocultar la verdad con el prestigio y poder de su apellido noble.

La pelinegra sonrió tristemente después de haber agachado la cabeza.: —Me gustaría entender lo que sufre nuestra hija…—suspiró. —…y hacer algo para no verla tan miserable.

—Sí. —respondió Byakuya que se llevó de nuevo la taza de té a su boca. —Definitivamente no hay nada que hacer.

—Tan sólo esperar…

— ¿Y quién lo sabrá? —Hisana alzó su mirada. —Tal vez el destino tenga algo mejor preparado para ellos dos.

— ¿Lo cree, Lord Byakuya?

Suspiró y tomó su mano donde se ubicaba su hilo rojo que conectaba con el de él. : —Nada ocurre sin tener alguna razón aparente, Hisana. —la aludida sonrió. —Tal vez el destino nos esté dando una lección a todos…

—Sí…en efecto.


—¡Ohhh! ¡Masaki! —gritó Isshin a pasó lento. Su mano estaba sobre su inclinada espalda. —¡Cierra esa ventana ya! ¡Se van a entrar los mosquitos y yo nunca los puedo matar!

—Perdona, Isshin. —sonrió Masaki a su anciano esposo canoso que con la velocidad de un caracol se dirigía hacia ella en la cama. —No pude evitar no ver a Ichigo en el patio.

El hombre bufó.: — ¡Ese niño debe de estar en el tejado como todos los días lo hace! —gruñó. — ¡En vez de aplicarle la pomada a su débil y anciano padre se pasa cantando a la luna! —arrugó su rostro. — ¡Vaya que tiene buena voz o sino desde hace años ya le hubiera lanzado mi zapato!

Masaki sonrió felizmente.: —Isshin…—negó su cabeza. —No digas eso. Independientemente si Ichigo tuviera buena voz o no; yo le dejaría cantar con su guitarra en el techo.

—Ñum…—pronunció Isshin después que al fin pudo llegar a la cama. — ¿Cantarle baladas a la luna?

—Isshin…—frunció su ceño. — ¿Durante estos quince años no te has dado cuenta?

—Hummm…—tocó su barbilla con cierta amargura. —Que Ichigo es casi un cuarentón que vive con sus padres…—su mujer lo fulminó con la mirada. Esa mirada asesina causó que Isshin sudara frío. — ¡Qué! ¡Es verdad!

—Por supuesto que no…—desvió su mirada. — ¡Tan sólo escúchalo! —sonrió apenada. —La luna es la representación de la chica que ama…

—Ah. —respondió secamente Isshin. —La niña ésa...

Masaki frunció su ceño. A pesar de todos esos años de lo ocurrido con Ichigo, Isshin se sentía un poco resentido hacia su hijo al no vivir su vida y estar atado ante una promesa que hizo con la mujer invisible.

—Ya hemos discutido sobre eso…—habló seriamente Masaki. —Acordamos que Ichigo no era un lunático. Y nosotros vimos lo que pasó…lo que le ocurrió a Ichigo ese día cuando se fue la chica…—torció sus labios. — ¡Nosotros también lo presenciamos!

—Yo sé, Masaki…yo sé.

— ¿Entonces? —su semblante cambió a uno preocupado. — ¿Cuál es el verdadero resentimiento hacia Ichigo?

Isshin suspiró profundo. Durante varios años se guardo ese rencor que tuvo. No lo demostraba hacia Ichigo, tan sólo Masaki lo sabía. Sin embargo, cuando veía o escuchaba algo sobre esa chica misteriosa le sacaba de quicio internamente.: —Porque…me pregunto a veces…—la vio apenado. —"¿Por qué a él?", "¿Por qué le tuvo que pasar esa miseria a mi hijo?"

Masaki le sonrió tiernamente a su esposo canoso. Se levantó con un poco de dificultad para acercase a él para abrazarlo. Puso su cabeza en su pecho y acarició su espalda.: —Oh, Isshin…—besó su arrugada frente. —Te comprendo perfectamente. —Isshin se dejó querer sin chistear. —Pero las decisiones que tomó Ichigo después que la chica se fuera estaba fuera de nuestro alcance. —confesó. —Y a Ichigo parece tomárselo bien. —sonrió. —Se aferra a la esperanza de verla de nuevo, aunque sea una última vez.

—Masaki…

— ¿Y no has escuchado hablar de sus visiones sobre la chica? —emitió una risita. —Cuando se va a dormir la sueña todos los días. —suspiró. —Nosotros como padres debemos apoyarlo. De lo que nos queda de vida hay que darle soporte.

—Sí…—dijo finalmente Isshin después de subir su cabeza y alzar su temblorosa mano para acariciar la mejilla de su anciana esposa. —Tienes toda la razón.

En ese momento, se apreció notas musicales de una guitarra. El sonido era suave y melódico.

— ¡Oh! —dijo Masaki separándose de Isshin. —Parece que Ichigo empezará a cantar…

Isshin sonrió.: —Sí. —se encaminó a su armario. —Buscaré el zapato por si desafina.

Masaki sonrió alegremente.

Por otro lado, Ichigo suspiró profundamente. Con su guitarra que emitía sus notas musicales cerró sus ojos con el deseo que esas notas que le dedicaba a la luna, Rukia las escuchara.

—Mi primer y último piropo te comparé con la luna, Rukia. —susurró Ichigo antes de cantar. —Con esta canción me basé en eso y en nuestra despedida…así que…—abrió sus ojos lentamente. —Espero que la puedas escuchar. —observó como el hilo rojo de su dedo se movía en un lento vaivén. —Esta noche ¿en dónde brilla la luna? En el nublado cielo. Esta noche ¿quién te abrazará? —cerró sus ojos. —Estás solo a punto de llorar bajo la lluvia.


—Falta poco. —sonrió al verse al reflejo en el espejo.

Seis años y medio para que su poder estuviera completo. Ya no era mucho que debía de esperar para que cabello largo tuviese su gran esplendor. A pesar que estaba muy largo, un poco menos cuando conoció a Ichigo, estaba feliz que ya faltaba poco para verlo otra vez a él.

El pasar de esos años hubo cambio interesantes en la vida de Rukia. Cuando llegó a su casa esa noche, después de ser separada de Ichigo, muchos médicos la atendieron velozmente. Jamás en la vida había visto tantos doctores en un mismo lugar. Cuando la pudieron estabilizarla, escuchó que le dijeron a su padre que si él hubiera llegado unos minutos tarde ella hubiera muerto. Mas eso no le importó mucho a ella. Durante los primeros años estuvo cas de luto. No comía, casi no hablaba y su autoestima se bajaba aun más cuando pasaba cerca de los ancianos (decepcionados que Rukia no muriera). Sin embargo, con la ayuda de sus padres, incluyendo a Byakuya (a su manera) y de sus sirvientes más cercanos pudo fortalecerse un poco más.

Bajó la mirada a su hilo rojo y se dio cuenta que seguía intacto.

—Me pregunto…cómo será Ichigo ahora. —dijo al posar su dedo en su barbilla.

Rukia no poseía el don que tenía Ichigo en ver lo que hacía a través de los sueños. Sin embargo, si lo podía sentir a través del hilo; en especial, la tristeza que transmitía cada noche en el Mundo Humano.

—Aguanta Ichigo…—sonrió Rukia. —Ya voy para allá…

Con un gran suspiro Rukia se dispuso a dirigirse a la sala de estar para terminar con sus lecciones intelectuales del día.

—Buen día, Kuchiki-sama. —escuchó Rukia a cada pasillo que iba de parte de los sirvientes.

Ella tan sólo asentía en forma de respuesta. No quería llamar mucho la atención entre los asistentes.

—Buen día, Kuchiki-sama. —dijo Jushiro después de una reverencia. —Sus profesores la esperan con la enseñanza de hoy.

—Gracias. —sonrió levemente al peliblanco. En cuestión de segundos Rukia paró en seco.

—¿Kuchiki-sama? ¿Ocurre algo? —preguntó Jushiro al verla parada y dándole la espalda. Se veía rígida y un poco asustada ya que empezó a temblar ligeramente.

La respiración de Rukia se entrecortó lo cual preocupa más al señor sirviente. Lo que no sabía él era que la pequeña mujer ya no sentía mucha presión en su dedo. Que el hilo estaba desapareciendo gradualmente.

—No…—dijo para sí misma. Con gran impulso que le provocó el pavor en su ser, Rukia salió disparada del pasillo.

—¡Kuchiki-sama!

Rukia corrió lo más rápido que pudo; empujó y golpeó a muchas personas que estaban en su camino. No se preocupó en darle una disculpa o aunque sea una mirada de pena. Lo único que pensó era lo que iba a ser ya no se lo perdonaría su familia otra vez. Decidida a ir al Mundo Humano le costaba de nuevo su honor y su vida. Una vez estando allá no podrá volver a su mundo sola, de nuevo. No obstante, eso era lo de menos para Rukia.

Sólo ella sabía que Ichigo se estaba muriendo.

—Resiste…—rechinó sus dientes. —Resiste…


De casualidad las nubes negras cubrieron el sol. La habitación estaba sobria sin dejar evidencia de vida de personas durante años. En su cuarto desorganizado y casi deshabitado se encontraba Ichigo. Varias almohadas estaban sobre su canosa cabeza. Él negaba a sus ojos cerrarse. Estaba tan cansado que sentía sus parpados como piedras. Mantas lo cubrían pero no era suficiente; tenía frío, mucho frío. Estaba helado listo para morir.

No obstante, se negaba rotundamente morir sin antes verla. Ya con sus ochenta y cinco años y medio su cuerpo le pedía el último suspiro. Pero debía de aguantar, Ichigo sabía que ella iba a llegar.

En su mente se preguntaba cuál iba a ser los pensamientos de Rukia o sus miradas cuando lo vea de nuevo. Ichigo se imaginaba que ella no ha cambiado nada de su aspecto (solo su cabello). En cambio, él estaba arrugado como una pasita, su cabello ya no poseía ese brillo fuerte color naranja y lo jovial se le desprendía cada año que pasó en su vida. No se arrepiente de mucho, pero siempre pensó que pudo haber disfrutado mejor su vida. Pero eso ya no se podría remediar.

—Ichi…

Casi le da un ataque al corazón al escuchar esa voz de nuevo. ¿Acaso era ella? ¿Vino hacia él?

Con mucha dificultad, Ichigo la observó. Cuando la pudo ver por completo se quedó absorto. Seguía igual de linda. Y lo más importante, se veía sana.

—Ru-Rukia. —habló ásperamente. —Soy yo…

Rukia jadeó fuertemente. Ichigo había cambiado bastante. No era el físico que ella conoció. Sin embargo, la dulzura por lo cual llamó su nombre le hizo percatarse que era él. Su voz también había cambiado, pero el hilo en su dedo meñique conectaba con el de ella.

Ahí estaba Ichigo.

—Ichi-go. —se acercó Rukia con lentitud y sin creerse que estaba con él otra vez.

—Al fin…—sonrió el ancianito. Con su temblorosa mano la posó sobre la mejilla de la chica. Eso hizo que Rukia sobresaltará un poco. —Todos estos años… te esperé…

—Ichigo…—a pesar que su aspecto era diferente aun le apreciaba. Rukia se le llenaron los ojos de lágrimas. Con una de sus manos descansó encima de la de Ichigo sobre su mejilla. —Yo…anhele este momento…

La apreció por unos momentos. Recordó todos los momentos que vivieron en los cortos meses que pasaron juntos. Cada acontecimiento se plasmó en su mente como su fuese una película. Durante unos segundos, los recuerdos pararon para situarse en el ahora, donde se encontraba con Rukia por última vez.

—Lo lamento…—tosió levemente. —Hice que llegaras antes…

—No…

Ichigo sonrió mientras palpó su cabello lacio y largo.: —Desde que te fuiste le fui fiel a la promesa que te hice. —su sonrisa se transformó en una triste. —A consecuencia de eso, me creían un loco. Nadie me apreciaba como mi familia y mis amigos cercanos. Y todo terminó en la soledad…

Rukia le tembló el labio inferior. —Todo esto…ha sido mi culpa ¿no?

—Sabes…—suspiró. —A veces se hacen locuras: por amor…

—Ichigo… —Rukia se acercó a él y colocó su cabeza en su pecho. —…yo lo lamento tanto…—sollozó fuertemente. —Yo fui la culpable que ahora estés solo… sin familia ni amigos que te acompañen en tu lecho de muerte… —tragó saliva. —… nadie sabe que te estás…est-tás…

—Pero tú sí…—Rukia alzó su rostro para verle sorprendida. —… estás aquí… y eso es más gratificante para mí que estar rodeado…—respiró profundo. —…de personas que no les importo y esperan que me muera. —sonrió. —Como los de la funeraria…

Rukia lo vio tristemente. Todo esto no podía estar pasando. Sentía como su alma se quebraba cada vez al no sentir los latidos de Ichigo y como el hilo que los conectaba desaparecía que ya casi no se veía.

—Ichigo… nunca dejé de pensar en ti. —acarició las mejillas arrugadas. —Estos años ha sido un tormento para mí… y…—dejó que sus lágrimas fluyeran. —…saber que tal vez pude hacer más por ti... —cerró sus ojos. —Me siento tan impotente ahora…—suspiró. —Ahora ya sé lo que sentiste hace más de ochenta años atrás cuando yo estaba ahora en tu posición.

El hombre cerró sus ojos por unos momentos.: —Enana…abre la gaveta…

Rukia abrió un poco sus ojos. Hacía años que no escuchaba ese vulgar apodo. Con una sonrisa triste y frunciendo el ceño respondió.: —No me llames así…—ordenó.

Ichigo sonrió pícaramente al escuchar esa extrañada frase. Vio como Rukia abrió la gaveta de su mesón y la expresión de su rostro valía oro. Se quedó un momento quieta y asombrada.

—Lo guarde desde entonces…

—Ichigo…tú…—Rukia estaba ensimismada. Lo sacó de la gaveta con sumo cuidado e ilusión. El pañuelo que le dio cuando mostró su muestra de afecto aquella noche seguía intacto. Cierto, la tela estaba algo vieja y gastada, pero lo que contaba era que Ichigo, durante más de ocho décadas lo haya conservado.

—Rukia…—exhaló Ichigo. La aludida se asustó al escuchar como su nombre fue invocado casi sin voz. Ahora Ichigo se aferraba a la vida con una gran fuerza de voluntad. —Toma mi mano…

La pelinegra suspiró angustiada mientras se acercó más al ancianito. Agarró ambas manos y dejo caer el pañuelo entre sus manos entrelazadas con las de él. Presente, estaba el hilo rojo del destino apagándose poco a poco.

—Sé que esto sonará al viejo…—se refirió a su padre. —Pero recuerda que siempre serás mía... —suspiró. —…y que jamás…durante estos años…dejé de amarte…pensar en ti…

—Ichigo…—Rukia suprimía sus lágrimas. —¡No te vayas!

El hombre sonrió irónicamente.: —No puedo… he llegado a mi límite…—la observó por última vez. —Gracias Rukia…—sus ojos empezaron a cerrarse. —A pesar…que piensan que el resto de mi vida estuve solo…no fue así…—cerró sus ojos. —Estuve…con…

—Ichigo…—Rukia abrió levemente sus ojos al darse cuenta que Ichigo dejó de respirar. —¡No! —lo sacudió suavemente. En ese momento, el hilo rojo desapareció de la faz de la tierra. Rukia frunció sus dientes mientras observó como la vida de él se fue para siempre. —¡ICHIGO!


—Este tipo murió solo.

—Sí. Nadie fue a verlo, ni a llorar su cadáver. —dijo un funerario mientras le echaba tierra al ataúd. —Murió sin que nadie lo notificara. Pasó una semana hasta que alguien llamará para llevárselo. —explicó. —No tanto por emoción angustiosa sino porque estaba empezando a descomponer su cuerpo que llegaba el olor a todo el vecindario.

—¡No me digas! —bufó su compañero. —No me extraña…escuché que ese viejo estaba loco.

—Ni me lo digas. —rodó los ojos el otro. —Sostenía un pañuelo sucio y viejo entre sus manos…tenía algo grabado que decía "Rendición a mi marido". Que yo sepa jamás estuvo casado…

—¡A saber! —dijo su compañero cuando terminó en colocar la lápida. —Lo qué se es que no quisiera morir solo como este viejo.

—Sí…tienes razón…—dijo el otro mientras ambos se disponían a irse. —En su funeral solo hubo algunos curiosos y otros del vecindario. Él no tenía familia.

Rukia siempre estuvo a su lado aun de muerto. Veló su cuerpo durante toda la semana y sus ojos estaba rojos por tanto llorar. Ella fue la única que le lloró, la única que sabía que había muerto. Solo ella fue a su funeral y lloró cuando lo enterraban. La demás gente no les importo. Poseían rostros indiferentes.

Rukia se aseguró que Ichigo se llevara al ataúd el pañuelo que ella le hizo. Ahora, ella estaba parada en la lápida de ese hombre que alguna vez amó. Estaba ida en sus pensamientos que no se dio cuenta que atrás estaba otro hombre viéndola con cierta compasión, pero lo cubría con rudeza en sus ojos.

—Ha fallecido. —dijo Byakuya que observó el lugar de entierro del mocoso.

Rukia cerró sus ojos llorosos.: —Sí…

Los pasos de su padre fueron fuertes y resonantes. Al quedar unos centímetros de distancia habló de nuevo.: —Me desobedeciste. —dijo severo. —Te ordene que no fueras al Mundo Humano al cumplir los siete años requeridos para que tu salud estuviera perfectamente estable.

—Lo sé, padre. —suspiró. —Él se estaba muriendo. —observó su dedo meñique con tristeza. —Él se ha ido.

—El lugar que los humanos llaman "cielo" es impenetrable para los que habitamos en el Mundo Espiritual. —especifico Byakuya. —Sabes que él ya no es parte de tu vida. Ya no más.

Cerró sus ojos con fuerza. Esas palabras crueles de su padre le llegaron profundo.: —Lo sé…—trató de controlarse. —Por eso te desobedecí…—observó la lápida. —… sus últimos minutos de vida fueron los mejores para mí…—sonrió. —Al fin…pude verlo…

Byakuya posó su mano en el pequeño hombro de su hija. Al instante, Rukia se quebrantó sin dirigirle la mirada a su padre. Simplemente, el pelinegro entendía todo los sentimientos de agonía de Rukia. El hilo rojo del destino solo ocurre una vez, con una sola persona. Ahora que ella ya lo ha perdido para siempre no se podía hacer nada. Apoyarla en su momento de luto era lo único que podía hacer.

—Vámonos a casa…—dijo suavemente Byakuya. —… tu madre ya estará preocupada.

—Por favor padre…—suplicó Rukia. —Solo unos minutos más…—seguía viendo la lápida. —Tan sólo te pido un momento más antes de despedirme para siempre…

Byakuya suspiró mientras cerró sus ojos.: —De acuerdo…—cuando Byakuya abrió sus ojos notó algo extraño en su hija. Se sorprendió bastante al observar un fenómeno que jamás imaginó que existiera. —Imposible…ese es la hebra…


—¡Lady Kuchiki! —llamó un sirviente a toda prisa. —¡Lady Kuchiki!

Hisana giró su cabeza rápidamente.: —¿Tienes noticias de mi hija, Jushiro?

El hombre negó con la cabeza.: —No…—respiró con dificultad. —…pero un hombre llama por ella…

Hisana bajó la mirada desemperezada. Desde que su hija se fue hace una semana la ansiedad la carcomía. : —Dile que no se le podrá atender en este momento…

—Pero mi Lady…—dijo Jushiro. —Es muy persistente…

La pelinegra suspiró desganada.: —Está bien…—se encaminó a la puerta. —Yo lo retirare…

Al no estar su esposo la pelinegra estaba a cargo de la mansión. Aunque eso era muy raro, Hisana asumía su responsabilidad como Kuchiki para hacerlo de buena gana. Pero con todo lo que ha sucedido durante esos siete años ya nada era normal en esa casa.

Cuando Hisana estuvo en la salida de la puerta, pudo observar un joven apuesto que jamás lo había visto en su vida. En su dedo meñique portaba el hilo rojo del destino. Sin embargo, había algo muy peculiar en ese jovencito que a Hisana le atrajo y fue esa cabellera viva y parada de color naranja.

—¿Sí? ¿Qué quiere? —preguntó suavemente Hisana.

El chico sonrió animadamente.: —Disculpe, ¿estará Rukia?

Fin.


¡Gracias a todas esas finas personas que apoyaron al fic! No sé si fue muy largo y les causó jaqueca de tanto leer! pero debía terminarlo en este capitulo! y perdón si no era el final que deseaban! pero espero que haya aclarado algunas dudas.

De una vez digo, no habrá epilogo. Dejaré el final muy abierto y que usen su imaginación :)

Gracias por el apoyo de todos! me hicieron muy feliz en leer todo sus comentarios (pero no puedo contestarles :( lo lamento!) Y espero que pueda leer y contestar los que me dejen ;)

De una vez pongo el disclaimer: por los que se dieron cuenta, la canción que canta Ichigo es una parte de "koyoi tsuki ga miezu tomo", el tema principal de la pelicula "Fade to Black" de Bleach (y por consiguiente ni Bleach ni la canción me pertence :D)

Nos vemos hasta la próxima! :D