DIOS! Tuve la mañana más horrible de mi vida, demasiado papeleo, pero por fin estoy libre…al menos hasta la próxima semana, así que aproveche para dejarles un nuevo capítulo (:

Sasuke alzo la vista cuando Naruko deposito la jarra de agua en su mesa. Había terminado la llamada telefónica y en esos momentos hojeaba unos papeles que le había enviado su arquitecto acerca de los planes para que unas boutiques reemplazaran el restaurante.
-Gracias- asintió y volvió a centrar su atención en los papeles. Pero pasado un momento fue consciente de que ella seguía allí de pie.
-¿Algo más?- la miro con curiosidad.
-Bueno, en realidad, si. Me preguntaba si podía hablar con usted un momento- no le contesto. Se reclino en la silla y la observo con frialdad. Naruko necesito todo su valor para es mi nuevo vecino, ¿verdad? Sasuke Uchiha, el magnate de los hoteles-.
El inclino la cabeza en gesto de confirmación.
-No sabe cuánto me complace conocerlo. ¿Le importa si me siento un momento?- no aguardo que respondiera. La asustaba demasiado, pero estaba hecho, le he estado enviando correos electrónicos con algunas propuestas de negocios. Me pregunto si recibió alguno-.
-No, no puedo decir que los recibiera- enarco una ceja.
-Como mi restaurante prácticamente esta pegado a su hotel, he pensado que podríamos hacer algunos negocios juntos- mientras hablaba, sirvió un vaso con agua para cada uno.
A pesar de todo, la curiosidad de Sasuke despertó.
Cuando ella hablaba de negocios, notaba que toda su actitud se transformaba. Los ojos azules le brillaban por el entusiasmo y el cuerpo se le relajaba. Y era muy elocuente.
Parecía que había identificado que una entrada lateral a su hotel le resultaría beneficiosa y había estructurado una propuesta detallada para incorporar el restaurante a su negocio. De hecho, había desarrollado una estrategia comercial completa que resultaba asombrosamente competente. Era evidente que tenía una buena mente para los números y que era muy brillante y astuta, aunque no era algo que él pudiera querer.
En cuando ella hizo una pausa para respirar, el alzo la mano.
-Señorita Uzumaki-.
Ella sonrió divertida.
-Llámeme Naruko, por favor-.
-Naruko, lo siento, pero no me interesa…-.
-Pero con esa entrada usted se beneficiaria y…-.
-Aun así, sigo sin estar interesado- corto con firmeza. Pudo ver la decepción en sus ojos.
-¿En serio?- hizo una pausa.-Pense que tal vez había recibido uno de mis correos electrónicos y por eso había venido hoy a comer aquí-.
-No he recibido ninguno de sus correos- afirmo con sinceridad-. Inspeccionaba el trabajo que se esta llevando a cabo al lado. Y el único motivo por el que entre a comer aquí fue la comodidad-.
-Comprendo- se mordió el labio un , ya que esta aquí, ¿tal vez pueda darle mi plan de negocios?- lo miro esperanzada- Lo tengo impreso en mi despacho. Puedo guardarlo en una carpeta y dejárselo en recepción para que se lo lleve-.
Aparte de tener unos labios suaves y una boca con una forma muy bonita, tuvo que reconocerle que era tenaz.
-Si quiere, puede dejarlo y yo me lo llevare. Pero por lo que a mí respecta. La respuesta es no-.
-Bueno, nunca se sabe…quizá cambie de opinión cuando le eche un vistazo- le sonrió.
La camarera le llevo la comida y Naruko aparto la silla y se puso de pie.
-Gracias por dedicarme su tiempo- dijo con educació que disfrute su almuerzo-.

Después de su reunión en el banco, Naruko recogió a Midori en la guardería. Luego como de costumbre, le dio un paseo por el parque.
El sol se abría paso entre el ramaje de los árboles y los eucaliptos llenaban la atmosfera de un olor fragante. Costaba creer que en un día de septiembre tan hermoso su vida se estaba desmoronando, ya que el banco le había dado una negativa y esa había sido su última esperanza.
En el fondo había sabido que no le extenderían el préstamo, pero no dejaba de representar una decepción.

Todo por lo que había trabajado tan duramente se le escapaba de los dedos. Angustiada, se pregunto como había sucedido. ¿Cómo podía pasar en un momento de ser la propietaria de un restaurante prospero y con éxito a mirar de cara a la bancarrota al siguiente?
Con el corazón lleno de amor, pensó que al menos tenía a Midori. Era lo más importante de su vida. Todo lo demás se podía solucionar.
Pero, ¿Qué sería de ellos a partir de entonces? La pregunta se enrosco en sus entrañas, llenándola de miedo. Todo lo que tenia estaba atado al negocio.
Naruko había experimentado la pobreza de pequeña. Sus padres habían intentado ocultarle los problemas por los que pasaban, pero recordaba muy bien la cruda realidad de aquella situación. Su padre había fallecido cuando ella tenía trece años…habían perdido la casa familiar y durante un tiempo su madre y ella habían vivido en un apartamento pequeño en un barrio de la periferia de Londres.
Había sido un momento realmente terrible y menos de un año después su madre había muerto, dejándola a ella al cuidado de los servicios sociales hasta que habían localizado a un tío que tenía en Australia y la habían enviado a vivir con él.
Nunca había conocido a su tío Jiraya hasta que el avión aterrizo en el aeropuerto de Sídney. Recordaba lo nerviosa que había estado. Lo único que había sabido era que se trataba de un hermano mayor de su padre, pero nunca habían estado próximos el uno del otro.
Y nada más verlo lo entendió, ya que era evidente que no se trataba de un hombre sentimental y que cuidar de una joven de catorce años no era algo que hubiera deseado. De hecho desde el principio le había dejado claro que la había adoptado porque se había sentido obligado a ello.
Jiraya se hallaba próximo a los cincuenta años y era un hombre de negocios formidable. Era propietario de un restaurante pequeño en Bondi Beach y puso a Naruko a trabajar allí nada más aterrizar.
-Tendrás que pagarte el viaje, muchacha. No puedo permitirme el lujo de tener pasajeros- le había dicho mientras le arrojaba un tener dos tardes libres durante la semana escolar, el resto del tiempo empiezas a trabajar a las seis y media.
Aquellos años habían sido duros, pero había hecho lo que le habían dicho y había mostrado una aptitud natural tanto para la cocina como para los negocios. Jiraya se había sentido complacido. Persona emocionalmente fría, pero le había enseñado bien las cuestiones de los negocios y catering.
Al cumplir los diecinueve, dirigía el negocio de Jiraya ella sola, aunque las horas eran largas y duras y no disponía de tiempo para sí misma.
Al mirar atrás, comprendía que había sido una ingenua al creer en aquellas palabras dulces. Pero había estado muy sola y él había conseguido que se sintiera muy especial…la había admirado y mostrado interés en todo lo que hacía, y ella se había enamorado.
Pero había sido un gran error. En cuanto se fue a la cama con Sai, su interés se había evaporado y la había dejado de lado para pasar a su siguiente conquista.
Sintió vergüenza al recordad cuando fue a verlo para decirle que estaba embarazada y la calma con la que le dijo que abortara, entregándole un cheque por encima de la mesa.
Había querido romperlo y tirárselo a la cara. No había tenido intención alguna de abortar ni de darle a Jiraya el placer de echarla, algo en lo que su tío había insistido con frialdad que haría si seguía adelante con el embarazo. A cambio, había dado un salto de fe cobrando el cheque y usado el dinero para entregarlo como adelanto para un apartamento muy pequeño.
-¿A que demonios estás jugando?- había demandado Jiraya al verla preparar la maleta para marcharse.
-Hago lo que me dijiste que debería hacer. Depender solo de mí-.
Recordaba la furia de su tío.
-¡Eres como tu padre! Bueno, pues no pienses que podrás volver cuando la situación se ponga fea, porque no podrás. No quiero tener nada que ver contigo-.
-Esta bien. No volveré. Y para dejarlo claro, puede que mi madre estuviera embarazada de mí al casarse con mi padre, pero se amaban con todo el corazón. Aunque tú no podrías entender un sentimiento semejante-.
-Oh, claro que lo entiendo. Entiendo que tu padre me robo a la única mujer que alguna vez quise, atrapándola al quedar embarazada de ti…

Las palabras amargadas que inundaron el silencio habían explicado tanto sobre la frialdad y el desprecio de Jiraya a lo largo de los años…el menosprecio que siempre había mostrado hacia Naruko, los insultos imparables.
Nunca más había vuelto a verlo. Dos años después, en su vigésimo primer cumpleaños, había recibido la carta de un abogado, Al parecer, su madre había contratado un seguro de vida cuyo dinero se había invertido y guardado en fideicomiso hasta su mayoría de edad.
La mañana en que recibió la carta se había derrumbado y llorado como una niña. Había sido un maravilloso y ultimo regalo de su madre en el momento que más lo necesitaba, por lo que había tomado la firme decisión de emplearlo para que tanto su hija como ella tuvieran una vida mejor.
Y lo había hecho.
Había encontrado una pequeña y coqueta cafetería en alquiler y había empezado a vender té, café y sus panques y galletas caseras. Seis meses más tarde había ampliado el local y con la ayuda de un préstamo bancario había convertido la cafetería en un prospero restaurante con un pequeño estudio adyacente para Midori y ella.
En ese momento le había enviado una carta a Jiraya en la que le informaba que le iba bien, e incluso le había agregado algunas fotografías de la pequeña, pero su tío jamás respondió y nunca la visito.
En ese momento sonó el teléfono y lo saco del bolcillo con una sensación de esperanza. Quizá fuera Sasuke Uchiha…quizá había leído su propuesta de negocio y había cambiado de parecer.
Claro que no era él; ya le había expuesto que no le interesaba su propuesta. Sintió un nudo en la garganta. Pero aun no estaba preparada para reconocer la derrota y entregar su preciado negocio. ¡Y menos a Madara!
-Ah, sí, señor Suigetsu. Llame antes y le deje un mensaje a su secretaria informándole de que me sería imposible mantener nuestra reunión. Por desgracia, no he podido conseguir una niñera para mi hija. ¿Podríamos retrasarla para últimos de semana?
-No me parece bien, señorita Uzumaki- repuso el otro con tono de furia-. Puedo sugerirle que traiga a su hija a la oficina. Debemos discutir las condiciones hoy mismo. De lo contrario, no puedo prometerle que mañana esta oferta generosa por su negocio siga sobre la mesa-.

-¿Cómo va todo?-
La pregunta de Sasuke desde la puerta hizo que su contador se pusiera nervioso al colgar el auricular. No había notado la presencia de su jefe allí de pie.
-Controlado- afirmo con determinación, a pesar de que no parecía en nada bajo control de la situación.
De hecho, se lo veía agitado.
-¿Es correcto afirmar que la señorita Uzumaki sigue dándote largas?- entro en el despacho.
-Intenta mostrarse algo esquiva, pero no es nada que no pueda manejar-.
-Mmm- recordó el modo en que esta tarde Naruko se había aproximado a él con ideas de negocio, mirándolo con esos inteligentes ojos azules.
No supo porque pensaba en aquello. De hecho en ese momento había cosas más importantes en su cabeza. Fue hacia el aparato de Fax en un costado de la mesa de Suigetsu y alzo los documentos que le había enviado su abogado.
Al leer la ultima indicación de su hermano, irritado pensó que cuanto antes adquiriera el control de las acciones que tenía este de la empresa, mejor. Era evidente que su hermano había perdido por completo la cordura… ¡Oh bien se estaba riendo a sus espaldas!

¡Esa tontería de que le daba un ultimátum porque lo quería y anhelaba que sentara cabeza en vez de trabajar duramente era simplemente ridícula! Lo único que le había importado alguna vez a Itachi Uchiha era el mismo. Y siempre había tenido una sensación exagerada de su propia importancia, una arrogancia que parecía haberse volcado en la obsesión de que Sasuke se encargara de continuar con la generacion futura de la familia Uchiha.
Movió la cabeza. En una ocasión le había dicho a su hermano que no tenía intención de casarse jamás, y lo había dicho en serio. Disfrutaba demasiado con su libertad…en ese sentido, probablemente era como su hermano. Pero a diferencia de este, el tomaba en consideración las consecuencias de sus actos y creía en ser sincero consigo mismo y con las mujeres con las que salía. En cuanto a traer al mundo a un pobre niño inocente solo para ganar unas acciones de un negocio o para satisfacer las ambiciones de su hermano…más le valía a ese replantear el ultimátum. Un bebe era el mayor compromiso de todos y no figuraba en su agenda.
-En cualquier caso, se lo deje bien claro- explicaba Suigetsu satisfecho-. Le dije que la oferta no estaría mañana sobre la mesa si no se presentaba hoy-.
Sasuke apenas escuchaba. Se hallaba de espaldas y leía la directiva de su hermano con la documentación adjunta.

Cada día que pasa me hago más viejo Sasuke, mis oportunidades se acabaron. Lo único que te pido es que te cases y me des un sobrino. En cuanto lo hayas hecho, encantado te cederé todas mis acciones de la empresa.

-Reacciono de inmediato. Sabe que hemos hecho una gran oferta-.
La voz de Suigetsu era como un zumbido irritante.
-Estupendo…-murmuro distraído. Alzo la vista de los papeles y miro calle abajo.
Un taxi se detenía ante el edificio y de él vio bajar a Naruko Uzumaki.
Parecía que Suigetsu tenía razón. Se dijo que ya tenía un problema menos que resolver. Iba a retirarse cuando noto que ella llevaba a una niña en brazos y que se afanaba por sacar un cochecito plegable del asiento del vehículo.
Frunció el ceño.
-No sabía que la señorita Uzumaki tenía una hija-.
-Si, es madre soltera. Investigue un poco cuando inicie las negociaciones. Nunca se ha casado y no hay ningún hombre en su vida ni recibe pensión de mantenimiento- índico Suigetsu con desdén- Otro motivo por el que no puede rechazarnos-.
Sasuke se quedo quieto.
-En cualquier caso, déjamelo a mí- le dijo el otro-. Te cerrare el traro en la próxima hora-.
-He cambiado de idea…-.
-¿Perdona?- lo miro sorprendido.
-He cambiado de idea. Dile a Naruko Uzumaki cuando suba que la oferta se ha cancelado y luego pídele a mi secretaria que la acompañe a mi despacho-.
-Pero…-Suigetsu enrojeció-Pero…-.
Con una sonrisa Sasuke regreso a su despacho. Había encontrado la solución perfecta para el problema que le había planteado su hermano. Y esta no era otra que Naruko Uzumaki.

-¿Qué quiere decir con que la oferta se ha cancelado?- Naruko miro al contador horrorizada. Había creído que lo peor que podía pasarle era venderle su negocio a Madara, pero en ese momento descubriría que no era así. Lo peor es que la venta se anulara, ya que eso significaba la certeza de la bancarrota.
-Mi jefe ha cambiado de idea- Suigetsu se encogió de hombros-. Le dije que no se demorara… se lo advertí-.
Traslado a Midori a su otro brazo y se esforzó en mantener la calma, aunque le costó, viendo la frialdad con la que el otro estudiaba unos papeles.
-¡Pero si hemos hablado por teléfono hace un rato!-.
-Como le he explicado, ya no depende de mí- volvió a encogerse de óngaselo al dueño de la empresa. Dijo que podía ir a verlo- cerro la carpeta que tenía delante y alzo la la puerta que hay al final del pasillo. Hare que su secretaria la acompañe…-

Antes de que terminara de hablar, Naruko había abandonado el despacho y marchaba por el pasillo. No iba a esperar a ninguna secretaria.
Sin llamar a la puerta, abrió y entro en el amplio despacho iluminado por la luz solar. Por un momento pensó que había entrado en algún universo paralelo cuando sus ojos se encontraron con los del hombre que había del otro lado del despacho.
¡Sasuke Uchiha!
¿Qué hacia ahí? Su mente se debatió con la situación, aferrándose al bebe que tenía en brazos como si fuera su único cabo con la cordura.
En cambio, Sasuke estaba perfectamente relajado mientras hablaba por teléfono con alguien en italiano.
La miro y le indico que se sentara en el sillón que había del otro lado de la mesa.
-Solo será un momento- le dijo en ingles antes de centrarse otra vez en la conversación telefónica.
Naruko no se movió. Fue consciente de que la secretaria que había en la oficina exterior entraba y susurraba una disculpa acerca de la interrupción. Luego la puerta se cerró.
-En mi opinión esta es la solución perfecta- le dijo Sasuke a su abogado en italiano mientras estudiaba lentamente a Naruko, desde los zapatos planos hasta la falda que le llegaba a mitad de las pantorrillas, antes de detenerse en la mano izquierda con el fin de cerciorarse de que no lucia ningún anillo.
Sonrió.
-Pero no me malinterpretes, Jugo. Solo se tratara de un matrimonio de conveniencia…una jugada de negocios. Me divorciare en cuanto las acciones sean mías. Y lo que hace que esto sea perfecto es que ella ya tiene una hija- poso la vista en la niña pequeña que descansaba en los brazos de Naruko mientras escuchaba las palabras de su abogado. Noto la forma protectora en que la tenia pegada al cuerpo-. He leído los documentos, Jugo- prosiguió- Mi hermano se olvido de concretar que el bebe debía ser descendencia directa de un Uchiha. Ni siquiera menciona el apellido Uchiha. Así que ya vez a donde quiero ir con esto…un matrimonio de conveniencia con una mujer que ya tiene un hijo resulta perfecto-.
Sonrió con gesto de triunfo al imaginar el horror de su hermano cuando descubriera el error y comprendiera que no le quedaba otra alternativa que entregarle todas las acciones de la empresa. De hecho, estaba impaciente por casarse y presentar a esa mujer como su esposa.
-Lo dejare en tus competentes manos, Jugo…quiero que redactes de inmediato un contrato hermético y un acuerdo prematrimonial- estudio el calendario que tenia sobre el escritorio-. Volare a Italia el próximo lunes. Así que podre casarme con ella esa tar…Si, tengo un par de horas libres antes de que despegue el avión…lo que te brinda una semana para ocuparte del lado legal del asunto. Obtendré todos los detalles de ella, el nombre completo de la niña, etcétera, y volveré a llamarte-.
Colgó el auricular y el silencio invadió el despacho como un manto de hielo. Ella lo miraba con ojos molestos y entrecerrados como los de una gata arrinconada y lista para saltar.
-Siéntese- ofreció en ingles y volvió a indicarle el sillón, pero ella no se movió.
No había entendido ni una palabra de lo que había estado hablando, pero había notado como la había estudiado y el cuerpo aun le hormigueaba. La había hecho sentir como si fuera una especie de objeto listo para salir a subasta al que se le había encontrado algún defecto.
¡Como se atrevía a mirarla de esa manera! ¿Quién demonios se creía que era?
-¿Qué es lo que esta pasando aquí?- se odio por hablar con voz poco firme. Quería mantener el control y bajo ningún concepto quería mostrarle lo nerviosa que la ponía-. Tengo entendido que es usted el hombre que hay detrás de la operación de adquisición de mi restaurante. Y que ha estado ocultado tras el nombre de otra empresa- alzo el mentón con orgullo.
-Yo soy Madara. La empresa es mía- expuso relajado.
-Puede que sea así, ¡pero es un hecho que por conveniencia hoy olvido mencionarlo en el restaurante!-.
-Fui a su restaurante a almorzar, no a hablar de negocios- se reclino en el sillón y la observo fijamente-. Como sabe, mi contador, Suigetsu, es quien ha estado llevando mis negocios en Australia. Yo acabo de llegar para supervisar la situación.
-¿Y ha decidido que ya no quiere comprar el contrato de mi restaurante?- su voz sonó mas suave…toda la ira y las recriminaciones enterradas bajo un peso más grande de preocupación.
-He cambiado mi idea acerca de la situación…si- lo distrajo la niña, que giro en sus brazos para mirarlo con ojos curiosos.
-¿Le importa decirme por que?- susurro mientras pasaba a su hija a su otra cadera.
-Iba a exponerle mis motivos- indico el sillón-. Siéntese, Naruko-.
Ella obedeció y se sentó con piernas temblorosas. Se pregunto si acababa de imaginarse el interés de él en su cuerpo al volver a observarla. Cuando los ojos se encontraron, en su interior se intensifico una oleada de calor.
Sabia muy buen que Sasuke Uchiha no estaba interesado en ella… pero ahí estaba, ruborizándose como una adolescente. ¡Necesitaba controlarse!
-Ha leído mi proyecto de negocio- pregunto de repente.
A Sasuke le resulto bastante divertido que siguiera sonrojada. Estaba acostumbrado a mujeres sofisticadas y la reacción que mostraba ante él lo fascinaba.
La miro a la cara y descubrió que se preguntaba como estaría sin las gafas que dominaban por completo su rostro y no la favorecían en nada.
-¿Proyecto de negocio?- durante un segundo fue incapaz de recordar de que hablaba. Luego recordó la carpeta que la recepcionista de ella le había entregado al salir del restaurante-. Oh eso… no. Creo que lo deje claro esta mañana. Su idea no es algo que piense considerar-.
-Pero…-.
-Naruko, tengo un plan que podría sacarla del apuro de su restaurante, pero mi tiempo es limitado. Dentro de veinte minutos tengo una reunión importante, así que le agradecería que continuáramos- se adelanto con gesto impaciente y ella se hundió en el sillón.
Irradiaba un aura de poder que la intimidaba, ¿o seria esa sensualidad que parecía brillar en sus ojos oscuros? Era todo lo que debería ser un hombre y más. Llevaba ropa cara y sofisticada, sus facciones eran marcadas y atractivas de un modo muy varonil.
Hacia que se sintiera muy consciente de su propia feminidad e incompetencia en ese campo.
-Dígame, ¿Esta casada?- inquirió el directamente.
-¿Casada?- la pregunta la desconcertó por completo. Movió la cabeza confundida-. ¿Y porque me pregunta eso?-.
-¿Y vive sola? ¿No hay ningún hombre en su vida?- insistió el.
-Eso… ¡no es asunto suyo!- tartamudeo- ¿De que va todo esto?-.
-Lo tomare como un no, ¿de acuerdo?- alzo la mano cuando vio que ella iba a interrumpirlo de nuevo- Tiene razón, no es asunto mío- concedió cuestión es que tengo una proposición para usted-.
Sintió que el corazón se le desbocaba.
-¿Qué clase de proposición?-.
Su nerviosismo lo divirtió.
-Una proposición estrictamente de negocios, se lo aseguro-.
Sin saber cómo, logro mantenerle la mirada con expresión desafiante. Muy bien, le dejaba claro que no estaba interesado sexualmente en ella…pero ella tampoco en el. Lo único que le importaba era su negocio.
-Bien, entonces, quizá sea mejor que se explique con mayor claridad. Quiere el contrato del restaurante ¿sí o no?-.
-Para serle perfectamente franco, jamás quise comprar su restaurante. Lo que quería era que usted abandonara el local. Tengo planes de restauración para la zona-.
La respuesta no era para nada lo que ella había esperado.
-¿Quiere decir que planea derribar el local…?-.
-A grandes rasgos…si, pero estoy dispuesto a ser muy generoso con usted, Naruko- corto con inteligencia, con un ojo puesto en el reloj. No podía perder mucho más tiempo en eso -. Lo que le propongo es trasladar su negocio al emplazamiento que elija usted en la ciudad. Yo cubriré todos los gastos, incluidos los del personal durante el periodo de transición en que no trabaje, la decoración y el equipamiento completo del local nuevo más los gastos de publicidad, aparte de que la compensare generosamente por las molestias. ¿Le parece bien duplicar la cantidad de dinero que le ofrecimos la primera vez?-.
Ella abrió mucho los ojos.
-¿Dónde esta el truco?- pregunto con inseguridad-. ¿Por qué de repente esta dispuesto a pagar tanto?-.
-Porque a cambio quiero algo de usted-.
Midori no paraba de moverse sobre su rodilla. Estaba aburrida y quería que la bajara al suelo, pero la mantuvo donde estaba, a salvo en sus brazos.
-¿Se refiere además de dejar que derribe mi restaurante?-.
-Creo que ya he cubierto eso con una oferta más que generosa- respondió Sasuke con sencillez-. Estará cubierta económicamente de por vida si yo la respaldo en su nueva empresa. No, lo que quiero de usted es un poco de su tiempo-.
Lo miro con suspicacia.
-Necesito una esposa- expuso el sin rodeos.

Que bonito capitulo (: largos, como me gustan 3 ¡oh vamos! No los deje tan picados ¡pude haberlo terminado peor! Pero bueno, ya casi término mis proyectos finales así que tendré un poco más de tiempo libre, gracias a los que me agregaron a favoritos y a "ZANGO-1" muchísimas gracias por el reviews ¡el siguiente capítulo se pondrá más interesante! Se los prometo, este capítulo fue mucha historia pero era para que no se perdieran los detalles, que son lo importante.
¡Los quiero! Nos vemos hasta el próximo capítulo.