Hola! Gracias a los que me dejaron sus reviews, me da mucho gusto que haya gente a la que le guste esta historia, y para compensar que el capitulo pasado fue extremadamente corto, alargue este capítulo más de lo normal, disfrútenlo.
Se hallaba exhausta, pero no podía dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, recordaba el momento en que Sasuke le había tomado de la mano para ponerle el anillo. Giro la alianza; la sentía fría y extraña, un poco como el estado de ánimo de él desde que los habían declarado marido y mujer. Pero, ¿Qué esperaba? Si ni siquiera se conocían. Hasta un beso en la mejilla y una copa de champan quedarían fuera de lugar en ese escenario.
Después de la ceremonia, cuando subieron al jet privado, con un gesto casual él había alargado las manos para ayudarla con el cinturón de seguridad y Naruko se había quedado paralizada. Él lo había notado, desde luego, y probablemente le habría resultado divertido, porque le había pedido que se relajara antes de añadir que no tenía ninguna intención de comérsela.
En ese momento se reclino en el cómodo asiento de piel y trato de que la monotonía de los motores la adormeciera, como habían hecho con Midori, quien llevaba unas horas acurrucada en el asiento.
Se hallaba agotada. Había sido un día muy ajetreado para Midori; ni siquiera había podido echarse su siesta habitual. Aparto la vista de la niña dormida y miro hacia el otro lado del avión, donde se sentaba Sasuke.
Desde el despegue había estado concentrado en documentos y en un ordenador portátil, la cara seria mientras estudiaba y tomaba notas. Daba la impresión de que ya había olvidado la boda. Quizá incluso hubiera olvidado que iba en el avión con él, ya que no le había dirigido ni una palabra desde que despegaron.
De hecho, era algo que la complacía.
Pero en ese instante el alzo la vista y cuando sus ojos se encontraron sintió una descarga eléctrica de la conexión hasta la punta de los dedos de los pies.
-¿Te sientes mejor?- pregunto él.
-¿A que te refieres?- frunció el ceño.
-Parecías un poco tensa antes- comento.
-¿Si? No sé que te ha hecho pensar eso- mantuvo la voz ligera, desesperada por mantener algo de orgullo entre los fragmentos de sus emociones.
-Bien, lista para comer algo, entonces-.
Fue una afirmación. Miro incomoda como cerraba el portátil y comenzaba a retirar los papeles de la mesa que tenía delante. Naruko no estaba segura de poder comer sentada frente a él; se sentía demasiado tensa. Volvió a mirarla y con rapidez se recupero.
-Si, de acuerdo-.
-Llamare a la azafata a ver que puede traernos- apretó un botón en el costado del asiento. Luego le indico que debería sentarse frente a él.
-Iré a…refrescarme. ¿Puedes echar un vistazo a Midori por mí? Tiene puesto el cinturón de seguridad y no tardare ni un minuto-.
-Claro- inclino la cabeza.
Se desabrocho el cinturón de seguridad y se puso de pie.
-Utiliza el cuarto de baño de la suite principal- le indico mientras él seguía guardando documentos.-Veras que han dejado allí tu maleta-.
-¿Suite principal?- Lo miro aturdida y él le señalo la puerta más alejada de la cabina.
Nunca antes había estado en un avión como ese. Resultaba extraño que fueran los únicos pasajeros…a mundos de distancia de la clase turista en la que había viajado hacia años. Abrió una puerta y se encontró mirando una cama grande.
El lugar tenía todo lo que podía llegar a necesitarse….armarios, un tocador y un cuarto de baño con ducha incluida.
Entro, cerró la puerta y su reflejo la miro desde un espejo de cuerpo entero. Tenía la ropa arrugada y se veía pálida y cansada, el cabello escapando de los confines de los broches que lo mantenían apartado de su cara. Se hizo una coleta mas cómoda, luego se quito las gafas y se echo un poco de agua en el rostro.
Se pregunto si podría cambiarse. Su maleta se hallaba sujeta en un anaquel a su espalda, y en un impulso la abrió. Había guardado unos pantalones de mezclilla y una camiseta blanca. En ese momento serian más cómodos en el avión.
Acababa de terminar de cambiarse cuando el avión entro en una zona de pequeñas turbulencias y sus gafas resbalaron de la superficie del tocador y cayeron al suelo.
Con rapidez se inclino para recogerlas. Los cristales parecían estar bien, pero una patilla colgaba de su extremo como si hubieran perdido el tornillo. Y como no podía ver bien, ni siquiera podía tratar de arreglarlas.
Exasperada, pensó que era el fin perfecto para un día perfecto. Veía todo borroso. Se pregunto si Sasuke podía arreglárselas. Se incorporo insegura con ellas en la mano. No podía pedírselo. Pero se sentía desnuda sin ellas.
El avión experimento más turbulencias y eso la puso en acción. Sus gafas no importaban. Tenía que ir a ver como se hallaba Midori. Podía estar asustada o llorando por encontrarse sola.
Al volver a la cabina con las gafas en la mano, el jet se había enderezado y para su alivio comprobó que Midori seguía dormida. Sasuke se hallaba absorto en otro informe de negocios y no alzo la vista cuando ella ocupo el asiento de enfrente.
-Me tome la libertad de pedirte la cena- murmuro mientras escribía unas notas al margen de las de primero, seguido de rosbif Wellington. Así que espero que no seas vegetariana-.
-No, esta bien-.
-Perfecto- continúo su trabajo.
Lo observo a través de una bruma, luego carraspeo nerviosa.
-Has estado muy ocupado-.
-Tengo un montón de negocios italianos con los que ponerme al día y que me esperan cuando llegue a casa- respondió distraído.
-Cuando dispongas de un minuto…-.
-¿Si?-.
Siguió sin levantar la vista y daba la impresión de que la escuchaba a medias.
-Se me cayeron las gafas y…bueno, parecen haberse desarmado- un poco como yo, pensó cuando Sasuke la miro.
No podía captar claramente la expresión en su cara, pero percibió que en ese instante tenía toda su atención; sintió que la piel le hormigueaba con el calor de la vergüenza.
-¿Crees que podrías tratar de arreglármelas? No veo bien, de lo contrario lo había hecho yo-.
Sasuke quedo aturdido por un momento. Se le veía completamente diferente. El contorno de su rostro era bonito. Los pómulos altos le proporcionaban una belleza casi clásica. Y parecía más joven, con una piel de una suavidad perfecta…se dijo que era extraño que no lo hubiera notado antes. Las largas pestanas rubias le cubrieron momentáneamente los ojos.
No paso por alto la vulnerabilidad de su expresión.
-¿Puedes arreglármelas?- pregunto de nuevo-. Por favor-.
En silencio le quito las gafas y las examino.
El muelle diminuto que sostenía la patilla en su sitio se había salido y solo tenía que presionar hasta devolverlo a su posición. Una vez que termino, las deslizo por la mesa hacia ella.
-Ya esta-.
-Gracias-.
La miro ponérselas con gesto tímido.
La azafata se presento con su comida y la botella de vino que había pedido antes.
-¿Desearían algo más, señor?- pregunto mientras con destreza cubría la mesa con un mantel de algodón y distribuía las copas y la vajilla de plata ante ellos.
-No, eso es todo por ahora, gracias- repuso mientras guardaba los últimos documentos.
-Muy bien, que disfruten de la comida- le sonrió y con un gesto cortés de la cabeza hacia Naruko, desapareció.
-¿Vino?- Sasuke levanto la botella y la miro.
-Un poco, gracias-.
La luz en la cabina era tenue y las ventanillas tenías las persianas bajadas. La situación resultaba extrañamente intima.
Se hallaban a mil trescientos metros de altitud y, aparte de una niña dormida, solos.
Deseo que Midori despertara y le diera la excusa perfecta para escapar de la mesa. Miro a la pequeña, pero seguía profundamente dormida.
-Fue buena idea que le dieras de comer antes- comento el al captar la dirección de su mirada.
-Si. Esta agotada-.
-Ha sido un día muy ajetreado para todos-.
Asintió y bajo la vista a la comida que tenía ante sí.
Le resulto inesperadamente atractiva.
-No será tan buena como los platos de tu restaurante, pero es pasable en lo que se refiere a la comida que te sirven en los aviones- le indico ébala-.
Lo hizo y experimento una sorpresa agradable.
-La última vez que comí en un vuelo, la comida sabia a cartón…pero tienes razón, esta es buena. Quizá la pasta tiene un pequeño exceso de sal-.
-¿De verdad?-.
-Lo siento…deformación profesional. Me temo que cocinar para ganarte la vida te convierte en una especie de crítico gastronómico-.
El sonrió.
-De hecho, creo que tienes razón acerca de la pasta-.
-Bueno, tú eres el experto-.
-Supongo- inclino la cabeza -. Probablemente, la comida italiana es la mejor del mundo. Pero claro, soy parcial. Cuando lleguemos, podrás ofrecerme tu punto de vista imparcial-.
-Probablemente lo haga sin siquiera intentarlo-.
La estudio en silencio. Cuando hablaba sobre su trabajo y el negocio de la alimentación, era una mujer diferente…más segura, incluso vibrante. Era como si solo se permitiera cobrar vida únicamente con ciertos temas.
¿Qué le había vuelto tan introvertida en un plano profesional?
-¿Cuánto tiempo llevas con el restaurante? – le pregunto de pronto.
-Uno o dos años y medio-.
-¿Estabas embarazada cuando lo iniciaste?- asintió en silencio-. ¿Y estabas sola? – De nuevo respondió con un gesto silencioso-. Debió ser bastante duro. Emprender un negocio intimida incluso en circunstancias normales-.
Se encogió de hombros y sus ojos de color zafiro resplandecieron con fuego.
-Nada que valga la pena resulta fácil-.
Sabía que estaba levantando barreras, que quería que dejara de interrogarla. Pero no era un hombre que abandonara algo que deseaba saber y, por algún motivo, quería saber que era lo que la motivaba.
- ¿Y que paso con el padre de la niña…no te ayudo en nada?-.
Durante un segundo, recordó la expresión en la cara de Sai cuando le dijo que estaba embarazada. Tendrás que deshacerte del bebe. No habrías pensado que lo querría, ¿verdad? Diablos, Naru, si solo fuiste la aventura de una noche
El recuerdo hizo que sintiera un frio interior. Si, solo se había acostado una vez con Sai, pero habían salido unos meses antes de aquella noche de locura.
Después de que acostaran juntos, no había vuelto a ponerse en contacto con ella y eso le había hecho comprender que el solo había querido aquella noche. No obstante, había considerado que era su deber informarle de que estaba embarazada. Que tenía derecho a saber que sería padre. No había esperado nada, pero ese comentario frio la había conmocionado.
Debería haber mostrado mejor criterio y no haber tenido nada que ver con él en primer lugar. Había sido ingenua y tonta, buscando con desesperación amor y afecto en el lugar equivocado.
Pero aquello le había enseñado una lección.
-¿He de entender que no quiso saber nada cuando le informaste que estabas embarazada?-.
La pregunta era demasiado.
El dolor se manifestó unos segundos antes de quedar disimulado detrás de esas pestañas claras.
-No es asunto tuyo, ¿verdad?- dijo con serenidad pero con voz llena de dignidad-. Tu y yo nos hemos casado como parte de un…acuerdo. Y ese acuerdo no te da el derecho de cuestionar mi moral o mis elecciones vitales-.
-Tienes razón, no me lo da-.
-Pues no lo hagas- declaro con frialdad.
-Para lo que pueda servir, mi juicio moral iba dirigido contra el hombre que eligió abandonar a su hija- le explico con suavidad-. Pero tienes razón, no es asunto mío-.
En ese momento entro la azafata para retirarles el primer plato y llevarles el segundo. Luego volvieron a quedarse solos.
-Esperemos que el rosbif este bien condimentado- comento el con ironía-. De lo contrario, cuando aterricemos para reposar en Hong Kong, tal vez tengamos que pedir que compren comida china-.
El comentario era tan absurdo que Naruko rio.
-No será necesario. Me quedare con el rosbif Wellington-.
-Aun no lo has probado- se adelanto y le lleno la copa-. Entonces, ¿Cuándo fue la última vez que comiste en un avión?- inquirió de forma casual y recibió una mirada cautelosa-. Antes me comentaste que sabia a cartón- insistió.
-Fue hace mucho tiempo, cuando volé de Londres a Sídney. Tenía catorce años- corto la carne y descubrió que estaba en su punto-. La verdad es que no recuerdo lo que comí, pero sí que no estaba tan bueno como esto-.
-Me parecía que tu acento era más ingles que australiano. ¿Te mudabas a Australia con tus padres?-.
-De hecho, estaba sola. Mi madre acababa de fallecer y me enviaron a vivir con el hermano mayor de mi padre-.
-¿Y dónde estaba tu padre?-.
-Había muerto un año antes- lo miro-. Te alegrara saber que la carne esta perfectamente sazonada. Así que no hará falta comprar comida china-.
Supo que el cambio de tema había sido deliberado y también que no tenía derecho a meterse en su vida privada; como ya le había informado ella de forma concisa, no era algo que le importara.
-Tu vida debe ser asombrosa- murmuro Naruko de repente.
-¿Debe?- la miro divertido.
-Si…quiero decir, siendo tan rico y poderoso como para poder tener lo que quieres siempre que lo quieres. Es asombroso-.
-La verdad es que jamás lo pensé de esa manera. Siempre estoy demasiado ocupado trabajando- bebió un sorbo de vino y se reclino en el cómodo sillón de piel-. Pero, si, supongo que la riqueza tiene muchas ventajas-.
-¿Qué es lo más impulsivo que has hecho?- pregunto ella con curiosidad.
-¿Te refieres aparte de comprarme una esposa?-.
La miro con ironía y Naruko volvió a sentir el humillante rubor. Supuso que si la había comprado. Y cuando se permitía pensar en ello de esa manera, resultaba mortificante.
-¿Sabes?, creo que ya no tengo hambre- casi soltó los cubiertos sobre el plato. Quería alejarse de el. No podía estar ahí, sonreír educadamente y fingir que se sentía bien con lo que había hecho. Con lo que él te había forzado a hacer se recordó con intensidad, Porque había sido él quien le había arrebatado todas las opciones-. Si me disculpas, creo que…-.
-Siéntate- pidió con calma cuando Naruko comenzó a levantarse.
No le hizo caso y el alargo la mano para tomarla por el brazo. Fue un contacto fugaz, pero hizo que sus sentidos entraran en caída libre.
-Siéntate- repitió.
Despacio, obedeció.
-Me hiciste una pregunta y te di una respuesta sincera. Te he tomado por esposa como parte de un pacto comercial….algo bastante extremo-.
Intento encogerse de hombros como si no le importara. Y en alguna parte de su interior encontró la fortaleza para bromear.
-Bueno, espero valer ese dinero-.
-Hasta ahora, creo que es un acuerdo bueno- comento con un destello divertido en sus ojos negros-. Pero el tiempo lo dirá-.
¡Deseo que no la mirara de esa manera! Ni que dijera cosas así. La hacía sentir rara…asustada…tensa.
-¿Qué es lo que el tiempo dirá...exactamente?-.
-Como desempeñas en Italia-.
-¿Desempeñarme?- lo miro con sospecha.
-Bueno, necesitare algunos deberes conyugales de ti, Naruko- le informo-. Pero nada más riguroso que acompañarme a cenar a la casa de mi hermano. Estará ansioso de conocerte-.
-Comprendo…- frunció el ceño, sin comprender nada en realidad-. Entonces, ¿Le has contado que el matrimonio es una… farsa?-.
-El matrimonio es real, Naruko, y tengo el certificado que lo demuestra- por un momento, pareció atravesarla con los ojos-. Pero, no, no sabe nada de ti o de nuestro acuerdo…al menos por el momento- se guardaba esa revelación para cuando pudiera estar cara a cara con él.
Victoria noto la presión de determinación en la cara de Sasuke y se pregunto que sucedería entre su hermano y el.
-Y estas ansioso por contárselo… ¿verdad?- susurro.
-Si, Naruko, estoy muy ansioso de que llegue ese momento-.
No se atrevió a continuar por ese camino porque el irradiaba una aura fría de autoridad que parecía prohibirlo.
El silencio reino entre ellos y fue un verdadero alivio cuando apareció la azafata para despejar la mesa.
Sasuke pidió un café solo, pero Naruko declino cualquier otra cosa.
El se reclino y la observo pensativo.
Cada vez que la miraba de esa manera, sentía pequeños escalofríos por todo el cuerpo. Intento quebrar el hechizo.
-¿Cuánto queda para que lleguemos?-.
-Solo unas diecinueve horas más, aproximadamente-.
El corazón pareció hundírsele.
El sonrió.
-Necesitas relajarte-.
¡Como iba a conseguirlo si era capaz de destrozarle las emociones con una simple mirada!
-Si, creo que iré a sentarme junto a Midori- le dedico una mirada de suplica, deseando que le permitiera escapar-. Si es que puedo- añadió adrede al recordar cómo le había ordenado que se quedara.
-Puedes hacer lo que te plazca- índico con sarcasmo. Su reacción lo divertía un poco; no había muchas mujeres que huyeran de el-. Tal vez te apetezca ponerte más cómoda en el dormitorio. A ver si consigues dormir algo-.
-Seria estupendo, pero, ¿y tú?- pregunto sin pensar.
-¿Es una invitación?- inquirió con un brillo malicioso en los ojos.
- ¡No! ¡Sabes muy bien que no lo era!-.
No recordaba la última vez que veía sonrojarse tanto a una mujer cada vez que bromeaba. Su timidez resultaba realmente deliciosa.
-¡Solo quería comprobar que no desearas la habitación para ti, nada más!- explico ella molesta.
-Eres muy considerada- sonrió-. Te aseguro que si quiero reclamar algo, te lo comunicare mas tarde. Ahora mismo tengo trabajo que terminar-.
De pronto Naruko se dio cuenta de que bromeaba con ella. El problema era que a su lado le resultaba imposible pensar con claridad.
Entonces se pregunto cómo sería que coqueteara de verdad con ella, como si de verdad le interesara como mujer. La idea le sacudió las emociones y con rapidez lo desterró, porque incluso pensar en ello era peligroso.
Sasuke era la clase de hombre capaz de coquetear sin siquiera percatarse de ello. Y jamás iría en serio con alguien como ella.
-Bueno, te dejare trabajar. Me llevare a Midori conmigo a la otra habitación para que no te moleste-.
-Lo que más te plazca-.
Se levanto y se puso de puntillas para sacar la bolsa de Midori del compartimiento superior de la cabina.
La camiseta holgada que llevaba le proporciono una visión clara de su cintura estrecha. Noto como los pantalones ceñidos resaltaban un estomago plano y un trasero redondeado y alto que resultaba asombrosamente provocativo [Tenía que ser Sasuke…]. La recorrió despacio con la mirada al tiempo que se preguntaba como serian sus pechos.
Frunció el ceño.
Se recordó que no importaba como tuviera los pechos. No era su tipo y no quería complicar aún más la situación.
-¿Necesitas ayuda?- se puso de pie y plegó la mesa para hacer más espacio.
-No, gracias- afirmo con determinación.
No obstante, fue hacia ella con una sonrisa.
-Enserio, yo puedo sola- lanzo una mirada nerviosa por encima del hombro. Pero él no le prestó atención y se situó detrás de ella para estirarse por encima de su cabeza y bajar la bolsa con facilidad.
Se recordó que la timidez que mostraba resultaba perfecta. Era parte del motivo de porque resultaba la esposa de conveniencia perfecta. Significaba que no habría complicaciones.
-¿Es todo lo que quieres del compartimiento? Hay algunos juguetes también-.
-Solo necesito la bolsa, gracias- quiso girar y quitársela, pero no se atrevía hasta que él se apartara. Y no parecía tener prisa por hacerlo. De hecho, alargo el brazo alrededor de ella y deposito la bolsa en el asiento. El movimiento lo acerco y los brazos rozaron. Pudo sentir la calidez de su aliento en la garganta que le provoco escalofríos.
Súbitamente, Sasuke pensó que de no haber sabido que era imposible; habría jurado que era virgen. Se hallaba a años luz de las mujeres sofisticadas que se entregaban a él sin darle más vueltas al asunto.
Se pregunto que pasaría si la tomara en brazos. Probablemente, se quedaría aterrada. Durante un segundo imagino que le daba la vuelta…y reclamaba su boca con un beso posesivo. Sin duda carecería de práctica en el arte del amor.
¿En que diablos estaba pensando?
Molesto, se aparto de ella. Si, poseía una ingenuidad que lo intrigaba, pero no estaba interesado. Todo era un negocio, nada más, y como sobrepasara la línea de cualquier manera, cometería un grave error.
Regreso a su asiento y estaba a punto de volver a abrocharse el cinturón de seguridad cuando el avión experimento turbulencias y Naruko tropezó hacia atrás.
Instintivamente, alargo el brazo y la sujeto por la cintura.
Todo acabo en un segundo y a medida que el aparato se estabilizaba, Naruko se encontró sentada sobre una rodilla de Sasuke, con las manos de el abarcando su cintura estrecha al tiempo que la pegaba de forma protectora contra el cuerpo.
La conmoción de hallarse en una postura tan intima fue intensa. Se sintió completamente horrorizada.
-Lo...siento…me caí-.
Sentía ese cuerpo asombrosamente placentero contra el suyo, cálido y curvilíneo. Podía percibir la fragancia limpia del champú y la suavidad de miel del perfume que usaba. La sostuvo más cerca cuando el avión se sacudió una vez más y de pronto se dio cuenta de que le tocaba la piel desnuda y de que podía sentir las costillas bajo los dedos.
-Estaré bien…- tuvo prisa por alejarse de el, a pesar de que el avión no se hallaba por completo estable…Y Sasuke noto que la piel de Naruko estaba en llamas.
Entonces comprendió que se sentía atraído por ella. Y si así lo quisiera, podría volver a pegarla a su cuerpo y explorar esas curvas de forma más minuciosa. Durante un momento, la idea fue seductora. Luego, se levanto irritado. Si, la ingenuidad de Naruko era tentadora y refrescante, pero en absoluto para él. Y no iba a cometer ninguna locura.
-¿Quieres que te ayude a llevar a Midori?-.
Ella movió la cabeza con rapidez. El recuerdo de esas manos sobre su piel aun le hormigueaba por dentro con intensidad y el pensamiento de que la acompañara al dormitorio le desboco el corazón.
-No, me las arreglare sola, gracias-.
-De acuerdo- volvió a centrarse en el trabajo que había hecho a un lado. Pero por el rabillo del ojo fue consciente que alzaba a la niña dormida.
Se dijo a si mismo que debía dejarla sola, era lo mejor.
Dios mío, este capítulo fue uno de mis favoritos, esta última escena dejo mucho que desear, perdón si me tardo en subir nuevo capítulo, pero me acabo de perforar el cartílago de mi oreja, y los dolores de cabeza vienen y van, incluso me llegan a dar nauseas, pero vale la pena, intentare actualizar lo más pronto posible. No olviden dejar reviews y agregar este fic a favoritos si aun no lo han hecho.
Nos vemos hasta el próximo capítulo!
