AMORIS MARIS ET LUNA
Capítulo 2: Mar y Luna
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Imperio Lunar, Territorios del señor de Argento. La Luna.
El ejército selenita retornó a la sede del Imperio Lunar, fueron recibidos con todos los honores y la tradicional marcha triunfal dentro de ciudad Argentum hasta llegar a palacio.
-¡Sean bienvenidos guerreros!- Habló el rey, al momento que los generales de su ejército entraron en un amplio salón que estaba puesto para un gran festín.
-Mi rey- se adelantó uno de ellos; sus facciones finas contrastaban con la fiereza y fuerza de su mirada.
-Mi más aguerrido capitán- llamo el Rey Domhnal– ven aquí- le índico que se sentara a su lado- estoy más que satisfecho con tu labor, Seiya- el capitán tomó asiento al lado del rey que no dejaba de demostrar su más completo jubilo- y bien, ¿Que noticias me das de nuestros ilusos sojuzgados?- pidió con soberbia el soberano.
Seiya sacó de entre sus ropas un pergamino de piel el cual el Rey tomó y leyó por unos instantes; para después levantarse y dirigirse a sus comensales.
-¡Señores!- el murmullo que invadía el salón se detuvo ante su llamado – ¡he aquí la alianza de nuestros enemigos para declararnos la guerra! ¡A nosotros que sólo deseamos el bienestar de la galaxia, así como lo mando la diosa Selene! ¿Deberíamos permitir semejante ofensa?, creo amigos míos que no debemos permitirlo, no podemos permitir que la paz en la galaxia se interrumpa por un grupo de disidentes- al decir esto tomo el pergamino en sus manos y lo rompió por la mitad, la congregación levantó exclamaciones de júbilo -¡A comer!- invitó el rey lleno de euforia, y los manjares empezaron a ser repartidos por los mozos que depositaban la comida en los platos de aquellos hombres.
-La Alianza no logro concretarse, con ello tenemos el camino libre para reclamar para la Luna el reino de la Tierra- determino Domhnal.
-Así es señor- respondió el capitán.
-¿Qué es lo que más deseas, amigo?- pregunto el rey de forma tan jovial que uno de sus acompañantes lo miro incrédulo. El Rey al verlo se limitó a decir mientras sonreía - ¡Oh, vamos, Artemis quita esa cara!
El Consejero Real no podía ocultar el asombro que le causaban las palabras de Domhnal , toda esa ceremonia le creaba una sensación de malestar, no había pasado ni quince días de la muerte de la Reina y el rey había convocado ese recibimiento para sus tropas, era para él algo completamente fuera de lugar y porque no decirlo totalmente contrario a lo que marcaba el rito a los muertos, era cierto que el rey llevaba junto con su familia su luto, todos los días vestía de riguroso negro las cuales debería vestir todo un año o hasta que encontrara una nueva reina consorte, pero algo no le agradaba del todo a Artemis.
-Mi rey, si me lo pregunta me gustaría obtener mi ciudadanía selenita-
-¿Sólo eso?- preguntó el rey como si ya lo supiera de antemano y considerara eso una niñería - creo, Seiya, amigo que eso es poco por todos tus servicios, tu gran valor y fuerza… te daré una esposa- los tres hombres figaron sus rostros hacia el extremo de la mesa en donde estaba la joven Princesa Serena y su doncella Luna.
Por primera vez el guerrero esbozo una sonrisa de sincera felicidad, sus ojos brillaron anhelantes de futuro que se visualizaba frente a él… emparentar con el Rey de la Luna, alguien como él que provenía de uno de los pueblos que había firmado la alianza y sumisión al Rey de la Luna. Sabía que la única forma para un habitante de los planetas exteriores del sistema solar y que habían firmado un pacto de paz con la Luna, era ser un soldado de la armada selenita. En la lejana mesa, la niña de cabello rubio y dos coletas no probaba bocado alguno y permanecía con los ojos azules clavados en su padre que bebía y departía con sus súbditos y soldados.
-Mi niña Serena, debe comer, desde hace días no come, si no se alimenta enfermará como su madre-pide la Nana.
-No tengo hambre, Luna, estoy molesta…me molesta que mi Padre reciba a esos hombres malvados en el Palacio…mamá decía que el reino Selenita no debía pelear, no debía matar ni hacer la guerra a gente inocente…-recuerda la niña las enseñanzas de su madre.
-La reina…los dioses la tengan en su gloria…era un ángel de bondad, mi niña, pero por pensar de esa manera jamás pudo ser feliz. Prométame que no pensará más en eso, a mi señora Serenity le no le gustaría que no comiera o enfermara; quizá ahora no pueda hacer mucho por cambiar las cosas, es una niña, pero cuando el tiempo pase, será tan sabia como su Madre, y siendo princesa del Imperio Lunar, podrá cambiar muchas cosas-sinceramente preocupada la Nana. La niña suspira hondo, a pesar de ser pequeña, sabía y entendía que su Nana tenía razón, asi que a pesar de la indignación y el dolor, tomó un poco de arroz blanco de su planto y comió. Luna tenía razón, solo el tiempo diría de lo que ella sería capaz.
El festejo trascurrió con normalidad, cantos de victoria, y regocijo, el rey no paraba de alabar las hazañas de sus guerreros, y a la mitad de este, Domhnal índico a Luna que llevara a descansar a la joven princesa.
-Como ordene, mi rey – se inclinó Luna recibiendo la orden.
-Esta noche he prometido a Serena en matrimonio- indicó, Luna abrió sus ojos de forma descomunal sin dejar de ocultar su asombro.
-¡Hahá! Que la princesa duerma bien, Luna, y cuídala, porque ella es "El futuro del Imperio Lunar"- sin más el rey se retiró para regresar a su lugar pero fue interceptado por Artemis, uno de los más sabios consejeros, cerca del pasillo hacia el salón.
-Majestad, Necesito me aclare la proposición que le hizo a Seiya de Kinmoku- pidió el Consejero Real.
- Sólo eso, Artemis; una esposa, deseo que él sea el que me dé un nieto fuerte, valiente y digno de sucederme en el trono.
-No le creo…- tercio el Consejero – A mí no puede mentirme, he…- el rey lo tomo del brazo y lo acerco a él, lo rodeo con él por el cuello y le dijo al oído.
-¿Qué has hecho?... ¿has traicionado?... ¿hasta matado por mí?... no te preocupes, Seiya es sólo un medio para asegurar este reino, alguien tan amado por el pueblo como lo es él debido a sus triunfos debe ser neutralizado de otra forma más efectiva que la muerte… ¿no crees que un matrimonio es perfecto?- Artemis miró a su rey asombrado no solo de la presión de su cuello sino de la maldad y astucia del soberano, un poco preocupado por haber accedido a ser su cómplice.
Domhnal entró con calma hacia el salón del festejo, se acercó a la mesa, tomó una copa que estaba cerca de él y con su mirada indicó que deseaba la llenaran, un mesero se acercó y diligente realizo su labor. La alzó y con ella saludó al guerrero que estaba al otro extremo del salón.
-¡Salve Seiya de Kinmoku, el más grande Guerrero Selenita!- Proclamó.
-¡Salve!- Respondieron todos al unísono. Solo Artemis no respondió al brindis, frotando su adolorido cuello y mirando dudoso tanto al rey de la Luna, como al despiadado guerrero extranjero que quizá algún día ocupara el trono que había sido por siglos de las mujeres de la dinastía lunar…
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El viaje de regreso fue doloroso para todos, los caminos estaban llenos de recordatorios de lo implacables y crueles que podían llegar a ser los selenitas; cada pequeño pueblo había sido arrasado; cuerpos empalados eran las señales de que en aquellos lugares había existido un pueblo.
Endymion deseaba volar para llegar a Erusión pero debían ser cautelosos, aunque fueron pocos los que decidieron unirse a él y emigrar a sus tierras también era cierto que pocos sabían pelear, la mayoría había muerto en el asalto.
Una semana le tomo a Endymion cruzar desde las tierras de Atlantis hasta Erusión, en todo ese tiempo el hijo de los reyes de Atlantis no había hablado ni mostrado emoción alguna cosa que le preocupaba.
Con lo que respectaba a él cada noche era más difícil conciliar el sueño cada que cerraba los ojos la visión de Rei venía a él como un lamento… parecía que buscaba decirle algo; algo que él no lograba entender.
La visión de la destrucción de Erusión, su reino, el reino de sus padres, fue otro golpe al ánimo del Rey, la cual ocultó, pero al ver como la gente buscaba entre los escombros de sus casas algo que rescatar, algo que aun fuera útil le hizo finalmente llenarse de ira y coraje; no podía dejar que su pueblo sufriera.
La comitiva finalmente después de días de viaje llegó al palacio de Erusion a sus puertas estaba una mujer alta de largos cabellos negros idénticos a los del Rey, pero con un leve tono verdoso.
Setsuna Chiba, Princesa de Erusión y hermana de Endymion esperaba ya por la comitiva y al ver al rey se acercó para de inmediato estrecharlo entre sus brazos soltando a llorar.
-¡Endymion! te creía muerto, pero quería tener fe… ¡gracias a los Dioses!- se aferró a él como si pensara fuera una ilusión que se desvanecería si ella lo soltaba.
-¿Cómo están todos?- pregunto el Rey
-La mayoría a muerto, Sunichi intento organizar al ejercito lo más rápido que pudo pero… - la voz de la mujer se quebró al recordar a su difunto esposo- los mataron a todos, solo nos dejaron con vida a nosotras las mujeres y a los niños- él la estrecho fuerte como tratando de consolarla pero en ese momento ella se percató de la pérdida al mirar su mano mutilada.
-¡Por los Dioses! ¡Tu mano!- tomo el antebrazo de su hermano - ¿y Rei? ¿Dónde está Rei?- buscó con su vista a la joven Reina, Endymion sólo negó con la cabeza y de nuevo Setsuna rompió en llanto- ¡oh, Endynion!, ¿Qué haremos ahora?
-Reconstruir todo…comenzar de nuevo- fueron las palabras de Endymion- y ahora que los Reyes de Atlantis han muerto nos haremos cargo de su hijo-miró al chico de cabello azuloso que estaba entre la gente de Atlantis que había emigrado y le indicó que se acercara a ellos.
-Setsuna te presento a Owen Thalassa, Príncipe de Atlantis-habló Endymion.
Setsuna se hincó frente a él y lo abrazó. El pequeño príncipe permaneció impasible ante la muestra de afecto de la hermana de su tío.
– Serás como un segundo hijo para mí- se separó un poco de él y pudo observar como lo había hecho Endymion antes en el rostro del niño la mirada de Andrew y las finas facciones de Michiru mezcladas en él y sonrió acariciando su mejilla-¡Zafiro!, hijo mío, ven- llamó la princesa de Erusion, a su llamado llego un niño de la misma edad de Owen y le dijo – él es Owen Thalassa, desde ahora será uno más de nosotros, trátalo como tu hermano- él chico de cabellos azules miro a Owen desafiante pero no hizo más que responder .
– Si madre-más resignado que feliz.
El tiempo sana heridas dice un viejo proverbio en la Tierra, y eso pasaba con la mayoría de todas las cosas, el pueblo de Erusion guiado por Endymion, en un tiempo corto recuperó en su mayoría su antiguo aspecto; algo que al Rey le preocupaba era estar listo para otro ataque así que prestamente adiestro a los varones y a los niños que habían quedado con vida, los cuales aprendían a una velocidad increíble.
Cada día visitaba el campo de entrenamiento para ver los progresos de su gente, y de la misma forma trabajar sus propias técnicas de combate, cierto era que desde la pérdida de mano Endymion no tenía la misma habilidad de antes, aspecto que lo desesperaba a momentos.
-¿Y cómo van todos?- pregunto Endymion que era ayudado a bajar de su caballo por Rubeus.
-Bastante bien, mi señor, todos progresan bastante rápido si me permite opinar- ambos hombres caminaron por los alrededores viendo los entrenamientos y se acercaron a un grupo de niños que practicaban entre ellos algunos movimientos de ataque con espadas de madera y defensa con bloqueo con escudos del mismo material.
-El único problema es el joven Owen… en Atlantis siempre fue uno de los niños más aventajados con el uso de la espada pero…- dijo el guerrero que observa como su joven amo no atacaba con la misma intensidad y decisión que sus compañeros, y solo se limitaba a esquivarlos.
-Ha perdido sus ganas de pelear… ¿a eso te refieres?- adivinó Endymion, Rubeus asintió. El joven Rey de Erusion vio que un chico se acercaba a Owen halándolo del hombro y encarándolo, el chico se quitó desafiante su casco mostrando sus cabellos azules y rebeldes, el chico que lo agredía era Zafiro, su sobrino, quien de un rápido movimiento arrancó el casco de la cabeza del príncipe de Atlantis.
-¿Eres un cobarde?, ¿Por qué no atacas?... ¡tienes miedo!... una gallina, ¡El niño de Atlantis es una gallina!- increpó al joven de cabello azul, mientras lo azuzaba con su espada de madera, todos los chicos que practicaban dejaron su entrenamiento y empezaron a reír divertidos mientras otros se burlaban.
-¡GALLINA!, ¡GALLINA!- se escuchaba al unísono, en ese momento la Princesa Setsuna llego junto a ellos.
-¡Hay que detenerlos!- pidió a los dos hombres que cuidaban el entrenamiento de los jóvenes. Pero Endymion se lo impidió.
-Déjalos- fue su única respuesta, mientras sujetaba de la muñeca a su hermana que estaba dispuesta a intervenir.
-¡Pero Endymion, Zafiro puede lastimarlo!-
-Eso no ocurrirá…-
Zafiro blandía su espada de madera con gran maestría, en un movimiento obligo a Owen a retroceder.
-¡Vamos!... ¡No eres el único que perdió a su padre, niño gallina! ¡Yo perdí al mío y no me la paso llorando!- el niño de cabello negro adelanto rápidamente dos pasos y descargo un golpe directo al joven príncipe de Atlantis que instintivamente obstruyó el golpe con su escudo y como si las palabras de Zafiro hubieran tenido un efecto en él recordó a su padre cuando tomándolo lo ocultaba en ese viejo sótano, apretó su espada y rápidamente asestó un rápido golpe del cual Zafiro alcanzo a cubrirse, Owen siguió con su intempestivo ataque dejando a todos sorprendidos y a Endymion satisfecho; uno, tras otro los golpes caían rápidos y certeros, tanto que hicieron que Zafiro retrocediera hasta perder el equilibrio y caer al suelo. El joven príncipe de Atlantis cegado por la ira estaba a punto de asestar el golpe final sobre su derrotado primo.
-¡OWEN, DETENTE!- llamó Endymion desde lejos, mientras Rubeus lo sujetaba y el joven se rebatía entre sus brazos con tanta fuerza que el guerrero de cabello rojo lo alejó casi cargándolo y dejó que se calmara.
-Al fin has despertado, Leoncito…- se dijo para si Endymion mientras ayudaba a levantarse del suelo aun humillado Zafiro- sabía que tenías en ti la fuerza de tu padre y el orgullo de tu madre, si todo es como yo deseo, serás un muy digno gobernante de la nueva tierra-decretó el rey de cabello negro mirando como a lo lejos el niño de cabello azul aventaba con fuerza a Rubeus y soltándose de los fuertes brazos del guerrero se perdía corriendo entre el bosque de Erusion…
OCHO AÑOS DESPUÉS
El tiempo pasa y todo se renueva mientras el hombre este ahí para levantar piedra sobre piedra, pero así como los pueblos sanan y del esplendor caen a la decadencia y viceversa; lo mismo pasa con el hombre aunque él se aferre al pasado.
Ocho años han pasado desde que la tierra fue sumida en una de las peores crisis jamás vista o por lo menos que los antiguos escribanos fueran testigos. La caída del Reino de Atlantis fue un golpe que los pueblos de la tierra sintieron en demasía.
Del reino de Atlantis solo quedaban escombros de lo que en algún tiempo fue una de las tribus Terráqueas más fuertes y poderosas, la "cuidad dela Música y el Arte" le decían. Cada uno de sus "hijos" tenía un alma de músico y poeta, el mismo difunto Rey era conocido por su hermosos poemas y en el mismo tenor estaba la Gran reina Michiru que dominaba como ningún otro ser en el mundo todos los instrumentos musicales y porque no decirlo los Dioses la habían bendecido con una voz maravillosa.
Pero de ese legado no quedaba gran cosa, ocasionalmente cruzaban por las tribus de la tierra músicos errantes que decían ser los últimos Atlantes en el mundo y deleitaban con su música y actos a la gente que deseara distraerse un poco de los estragos de la guerra. Se decía que lo que inspiraba a estos hombres prodigiosos era la luna, el mar y el amor.
Owen Thalassa no era la excepción a esta regla de oro prefería convertir carrizos en flautas, crear improvisadas mandolinas y arpas, componer una que otra canción antes de enfrascarse en líos políticos o en la misma guerra.
La noche caía en Erusión las estrellas junto con una luna menguante iluminaban la noche en aquel valle que daba su vista a uno de los tantos lagos y ríos que rodeaban a Erusión, la luna se reflejaba en las aguas del río, creando un matiz de colores, así se le conocía a Erusión como el "Reino de las Ilusiones", los aldeanos contaban historias de caballos alados y unicornios que rondaban por sus bosques y tomaban agua de sus ríos y lagos.
Estas historias habían cultivado en el joven corazón del príncipe de Atlantis el cual salía por las noches deseando sino toparse con estos protectores del bosque por lo menos verlos a distancia. Pasaba horas caminado por estos senderos admirado por la belleza de los mismos los cuales le incitaban a componer versos y pequeñas canciones con las cuales deleitaba a sus amigos.
Esa noche no era diferente a otras el joven Príncipe de había detenido totalmente cautivado por la ilusión que creaban los rayos de luna en las aguas del rio, le hacían recordar particularmente a su madre, y sus paseos cerca del mar de Atlantis,
-Con que aquí andabas- hablo tras él un joven e cabellos azules saliendo de entre los árboles.
-No te parece que la noche esta fantástica- argumento el chico de cabellos rubios entre sus manos tenía una pequeña lira. Su hermano adoptivo sonrió…
-Algo, pero he venido a buscarte porque necesito me hagas un favor-
-Cuál es ese-
-Tú sólo sígueme…- Zafiro se volvió y camino entre los árboles, seguido de Owen que lo seguía desconcertado.
Atravesaron el bosque y sobre las ramas de unos árboles otros dos jóvenes aguardaban. Los cuales emitieron un silbido imitando a las aves cantoras de Erusión. Zafiro respondió de igual forma al llamado. Ambos descendieron para quedar frente a Owen y su primo.
-Qué bueno que lo hallaste- se dirigió un chico de baja estatura y cabellos castaños.- Debes ver esto- se dirigió después a Owen el cual lo miraba con curiosidad.
-No se queden ahí…- llamó su atención otro joven un poco más alto – la ronda no tardara en pasar y si nos descubren… no quiero imaginar lo que el Rey nos haría.
El grupo camino todavía un trecho más hasta topar con un montículo de rocas que se elevaba todavía más allá de sus cabezas, cerca podían escuchar el murmullo de un rio, uno de los chicos el más alto se acercó a un grupo de rocas cubiertas por hierba se inclinó en medio de estas y jalo algo del suelo. Owen se sorprendió al ver que se trataba de una pequeña puerta la abrieron y cedieron el paso a Owen.
-¡Vamos!, baja – Pidió su primo, el joven príncipe obedeció y descendió por aquella puerta, cuando llego al fondo se percató que este estaba perfectamente iluminado, no tardaron en darle alcance los demás chicos.
-¡Y bien!, ¿qué te parece?- cuestiono el joven de cabellos castaños.
-Es absolutamente increíble… se quedó sin palabras. Era una fortificación subterránea, que podía datar de los tiempos de cuando los hombres peleaban entre sí,…antes de la venida de la Diosa Selene que les dio la paz entre sus pueblos. Owen toco la piedra fría y podía oler la humedad, pero era un aroma tranquilizador, que lo reconfortaba.
-Ven- lo sacaron de su abstracción y lo hicieron caminar más adentro – lo hemos estado arreglando… hemos decidido que aquí podremos planear las siguientes emboscadas a las patrullas selenitas- informo Zafiro. – y lo mejor es que nadie sospechara de nosotros… esto lleva al final de castillo justo detrás dela fortaleza-
-¿Y yo que juego en todo esto?- inquirió Owen sabiendo que deseaba su primo de él.
-Necesitamos tu espada…-
Todos en el reino de Erusión sabían sus grandes dotes de guerrero las cuales dejaba salir en ocasiones, años le tomo a Endymion que el joven príncipe de Atlantis comprendiera que debía compaginar su espíritu Atlante amante de las artes con las acciones propias de un Príncipe. Su tío lo atrajo cerca de si, sabía que el jovencito era un vivo reflejo de lo que fue Andrew en vida sólo necesitaba la guía adecuada.
-Realmente no entiendo tu necedad, tío –
-Pronto se reunirán los reyes y necesito que estés ahí, eres el príncipe de Atlantis-Owen dudo por un momento de las palabras de Endymion.- lo harás bien- dijo el Rey finalmente.
Era cierto que era un gran guerrero era algo innato en él, después de aquel combate contra Zafiro cuando eran niños y que ese recelo se volviera amistad, y después en una verdadera fraternidad ambos a escondidas se dedicaran a sabotear alguna que otra incursión selenita, acciones que el Rey Endymion sabía de su existencia y que en algunos momentos alentaba y en otros intentaba detener. Zafiro había organizado a un grupo de jóvenes y le había pedido a Owen que lo ayudara a organizarlos y dirigirlos ese pequeño grupo de guerreros ahora protegía los alrededores de Erusión y los jóvenes terrícolas empezaban a sentir en su corazón un extraño deseo de justicia contra los invasores selenitas, un deseo de justicia que el rey Endymion procuraba cuida para evitar que se convirtiera en venganza…
Imperio Lunar, Territorios del señor de Argento. La Luna.
El hombre rubio coronado con la tiara plateada símbolo de la dinastía lunar se detiene frente al gran ventanal de cristales transparentes de palacio sobre el que destacan las estrellas de la galaxia y el lejano planeta Tierra. Domhnal Argento sigue siendo el hombre duro y cruel que era hace ocho años, solo quizá algunas arrugas alrededor de sus ojos y en su ceño y unos cabellos blancos alrededor de sus sienes son los que delatan el paso del tiempo en él, pero el resto de su persona es aun terriblemente imponente.
El hombre de cabello plateado y largo camina hacia su rey seguido del imponente y alto guerrero de cabello negro atado en una coleta que luciendo la armadura plateada del ejército y una lanza en su mano derecha camina junto al consejero lunar.
-Señor…Seiya de Kinmoku está aquí-informa el consejero. Domhnal Argento mira a su ahora general con sus penetrantes ojos cruzándolos con los crueles ojos del guerrero.
-¿Qué noticias hay de la Tierra?-inquiere Domhnal.
-Terminé de realizar la inspección en todas las provincias, mi señor…ninguna se negó a pagar el tributo-informa el general.
-¿Entonces a qué se debe tu rostro preocupado?-pregunta el rey.
-Endymion Chiba, el rey de Erusion, está reconstruyendo su reino…-informa el guerrero.
-Eso ya lo sabíamos-repentinamente molesto Domhnal, que como buen dictador tenía poca paciencia.
-Claro, mi señor, pero lo que no sabíamos era que están haciendo murallas- declara Seiya. Los ojos astutos del rey de la Luna se cruzan con los de su subalterno y ambas miradas de igual crueldad se comprenden perfectamente.
-¡Malditos Terrícolas! ¡Vamos a atacarlos ahora! ¡Vamos amostrarles de nuevo quién manda en esta galaxia!-estalla fúrico Domhnal Argento-¡Quiero que envíes a lo mejor del ejército a invadir la Tierra, por completo, todos los malditos reinos, no me importa sus tributos, no me importa nada!
-Mi señor…entiendo su ira, la comprendo y debía ser el primero en apoyaros…
-¿Pero?-advierte Domhnal al ver a su general.
-Pero hacer eso en este momento sería perjudicial. No son solo las murallas, señor, están adiestrando guerreros-informa el hombre de cabello negro.
-¿Guerreros?-una risa aguda y burlona de Domhnal-¿Qué son los guerreros terrícolas contra nosotros?...¡Basura!
-Definitivamente lo son, no tienen nuestro poder ni nuestras tecnología, pero indudablemente, señor, si llegan a unificarse, hay cien de ellos por cada uno de nosotros, y no todos en la Luna son guerreros-asegura Seiya.
-¿Qué es lo que temes?-inquiere Domhnal.
-Temo señor, que si nuestras incursiones violentas regresan, el pueblo termine por perder el miedo y este se transforme en deseo de venganza y nada hay más peligroso para un imperio que el que sus sojuzgados alimenten la venganza…sabe a lo que me refiero-serio el insensible soldado. Domhnal sonríe.
-Tienes razón, estuve a punto de dejarme llevar, y no debí. Nuestra mayor fuerza contra ellos es el miedo, y nos ocuparemos de que lo sigan teniendo. Pide el rey de la Luna-este año la Tierra pagará el tributo con esclavos jóvenes, y si se resisten… déjales claro que seguimos siendo los amos.
-Lo haré, Señor, y le aseguro que seguirá siendo el emperador total de la Galaxia…pero esta vez…quiero mi recompensa-se atreve el guerrero de cabello negro. Domnhnal lo mira de nuevo analizando el significado de la palabra RECOMPENZA y valorando sus posibilidades, él había alargado lo más posible el matrimonio de Seiya con su hija porque sabía que darle más poder el general más valiente de su corte era un arma de doble filo, pero ante este punto terminante debía valorar qué le importaba más…y de momento cortar el peligro de Endymion de Erusion era primordial.
-Si contienes a los terrícolas y regresas con la victoria, celebraremos tu boda con mi hija-termina definitivamente el rey de la Luna mientras el bravo guerrero de ojos azules sonríe de lado, se inclina con la mano en el pecho y se aleja de la sala del trono. Domhnal Argento lo mira alejarse y luego suena una pequeña campana. La mujer de cabello azul ondulado y manto amarillo aparece.
-Luna, quiero ver a mi hija-indica el rey a la doncella-ve por ella ahora-indica este, la mujer se inclina y sale de la sala del trono-sal de entre las cortinas, Artemis…dime qué crees-pide el rey. El consejero de cabello blanco sale del cortinaje y se inclina ante su soberano.
-Lo que creo, mi señor, es que Seiya de Kinmoku es un hombre inteligente al que conviene mantener vigilado-es la respuesta del hombre-más vale tenerlo de nuestro lado…
-Que en contra. Tienes razón. Por ese motivo quiero que vayas con él y lo vigiles de cerca-indica Domhnal.
-¡Pero señor…yo no soy guerrero!-se exalta el consejero.
-Pero eres político. Si Seiya se siente vigilado, no pensará mas allá de obedecerme. ¿Comprendes?.
-Si señor-asiente no muy convencido el consejero.
Mientras tanto, la dama selenita va atravesando los jardines de palacio hasta llegar a la playa de arena plateada junto al "Mare Serenitas". Las olas blancas y plateadas del enorme océano del reino lunar chocan contra piedras blancas y grises de la playa. La fiel Luna sabe hacia dónde dirigirse. A lo lejos puede contemplarse, casi sobre un lejano peñasco, una pequeña casucha, ya casi derruida levantada con cuarzos blancos. Ese era el lugar preferido de la princesa, la cabaña donde ella y su madre pasaban largas horas mirando el mar, nadando, contando leyendas y que ahora se había convertido en su refugio, el único lugar en todo el Imperio Lunar donde Serena Argento se sentía feliz. Sentada en un montículo de cuarzos, donde había colocado un pequeño amuleto de plata con forma de luna que era de su madre, la hermosa joven de largos cabellos rubios, atados en dos coletas, miraba con sus ojos azules el cielo estrellado de la galaxia refulgente de estrellas en donde también reluce el lejano planeta azul, el planeta Tierra.
-Va a oscurecer en menos de una hora, princesa-habla la Nana llegando al lado de la joven que suspira hondo.
-Luna…¿Qué crees que haya allá arriba?-inquiere soñadora la princesa rubia con un suspiro.
-La Tierra…un lugar terrible lleno de bárbaros y salvajes, un lugar de dolor y sufrimiento-comenta horrorizada la dama selenita.
-No creo que sea tan malo como dices, Luna…Quiero verlo-afirma la chica. La mujer mayor se escandaliza ante aquel deseo de su señora pero no comenta nada-Luna…¿Sabes cómo es el futuro?
-Sé cómo es su futuro, princesa, el que corresponde al de una heredera del imperio lunar…vuestro Padre desea hablarle-informa Luna. La princesa suspira hondo aún con sus ojos clavados en el lejano planeta que brilla en el cielo y se levanta siguiendo a su Nana hasta llegar al salón del trono, donde Domhnal sentado revisa algunos pergaminos con informes del tributo.
-Padre…estoy aquí como ordenaste-habla la joven princesa. El distante y frío monarca ni siquiera levanta sus ojos de los pergaminos. Serena no se inmuta tampoco, ha terminado por acostumbrarse a la indiferencia de Domhnal.
-Quiero informarte que en cuanto Seiya de Kinmoku regrese de la Tierra, te casarás con él.-declara el monarca de la Luna. La joven princesa mira molesta y airada a su Padre. Ella sabía sobre el compromiso matrimonial con el guerrero y todo su ser se revelaba ante la posibilidad de casarse con quien no amaba…hasta ese día su Padre solo daba largas al matrimonio argumentando que la princesa aún no cumplía los 20 años, la edad propicia en la Luna para que la heredera se casara, pero ahora parecía que por algo aquella restricción no le importaba en lo mínimo.
-Padre…¿De verdad insistes con ese compromiso que yo no deseo?-inquiere Serena en quien se comenzaba a revelar el deseo imperioso de defender su libertad.
-Lo deseo yo y eso basta, tú debes obedecerme, además así conviene a los intereses del reino-declara Domhnal.
-¿Y qué hay de lo que yo deseo, de mis sueños, de mi felicidad? ¿Es que para ti soy solo una esclava con la que puedes negociar y a la que puedes sacrificar a los intereses del reino? ¿Es que acaso no soy tu hija? ¿No te importa lo que siento? ¿No tengo derecho a decidir sobre mi vida?-reclama con voz firme la joven. El rey de la Luna deja los pergaminos mirando entre asombrado y molesto a su hija. Hasta ese momento, Serena había sido una chica dócil y tranquila…¿De dónde había sacado esa altivez y esa fuerza?
- Más tarde o más temprano deberás casarte, Serena. Seiya es un hombre fuerte, valiente, respetado en todo el imperio y tú eres una princesa, tienes un deber para con tu rey-terminante Domhnal caminan hacia su trono.
-¡Pero antes que rey eres mi Padre!-suplica la rubia princesa.
-Pues entonces obedéceme…hija…-termina el rey. Serena incrédula mira a su Padre, pero sabe que no tiene más opciones, si Domhnal Argento ha decidido que ella se casará, así será, no importa lo que ella sienta, y mientras unas lágrimas escapan de sus ojos, se aleja de la presencia de su Padre en silencio. El rey entonces sonríe.
-Terminarás por hacer lo que quiero, querida hija-declara este con autosuficiencia. Mientras tanto, una triste y furiosa princesa rubia atraviesa corriendo los jardines del palacio lunar repletos de flores blancas, corriendo con los puños apretados hasta llegar a la pequeña fuente con forma de un Pegaso alado donde se detuvo jadeante tratando de recuperarse de la impotencia y la ira que la dominaban. Sabe que por más que se revele no tiene opción, la palabra de su padre es ley en toda la galaxia…sumida en sus cavilaciones no se dio cuenta, el alto guerrero de coleta negra caminaba hacia ella.
Seiya de Kinmoku tenía ambiciones específicas, quería el trono de Domhnal, pero si este venía acompañado por una esposa joven y hermosa no iba a rechazarlo. Aun recordaba cuando el rey se la ofreció por esposa siendo una niña de doce años y agradece que la pequeña princesita se hubiera transformado en hermosa mariposa.
-¿Vuestro Padres os comunicó la noticia?-cuestionó Seiya. La voz del guerrero sacó a la princesa de sus pensamientos y recobró la entereza con rapidez.
-Si-dijo sin mirarlo. Seiya caminó hasta quedar frente a ella mirándola atentamente.
-¿La acogéis con gusto?-cuestiona aún el general.
-La acepto-terminante ella sin mirarlo, seria, fría, distante, dejando claro con su respuesta al guerrero qué tipo de sentimientos tenía al respecto, pero Seiya de Kinmoku estaba acostumbrado a ganar todas sus batallas, incluso aquella con la fría princesa de la Luna. No tenía por qué tratarlo de esa forma cuando otras lo habían tratado mejor.
-¿Sabe una cosa princesa?...Usted y yo somos más parecidos de lo que cree-declara Seiya sentándose al lado de ella en la fuente. Serena contiene un gesto de desagrado y se retira instintivamente. Seiya deja su lanza plateada recargada en la fuente-sé reconocer a la gente fuerte cuando veo sus ojos, y sé que eres fuerte y aprenderás a amarme-declara Seiya, ella mira hacia otro lado sin responder-además, también me gustan como a mí las plantas y los elíxires. Te he visto recorrer los jardines eligiendo flores y frutos que después transformas en pócimas que alivian a la gente. "La princesa es un ángel" dicen los selenitas cuando acuden a ti por medicina…¿Te interesan los secretos de las plantas?
-Me interesa usar ese conocimiento para salvar vidas-responde ella ausente.
-Que singular, a mí también me interesan mucho las pócimas, solo que con ellas tú salvas vidas…-declara Seiya tomando su lanza en su mano y colocándola delante de Serena que tiene un leve estremecimiento de miedo pero lo contiene con valor-y yo las tomo. Supongo sabes lo que hace la sangre de pez plateado…-comenta Seiya en referencia a un raro pez que habitaba el "Mare Serenitas" sumamente difícil de pescar cuya sangre era venenosa. Seiya levanta la lanza casi a la altura del bello rostro de la princesa-un ligero roce de mi arma bañada con su sangre paraliza todos los sentidos; si es que mi lanza no te mata, lo hará le veneno…
-Se puede curar con corteza de roble lunar-declara la princesa. Seiya de Kinmoku se desespera un poco ante la impasibilidad de la chica y bajando la lanza toma una pequeña flor blanca la cual comienza a comer.
-¿Sabe lo que hace la Dalia de la Luna?...si se come, hace a un hombre duro-insinúa el guerrero con tono que hace que la princesa sienta aún más la repulsión creciente hacia él-y la única cura es la pasión desenfrenada-declara Seiya comiendo toda la flor blanca-nos veremos en nuestra boda. Ahora iré a la Tierra, a matar rebeldes-declara con sadismo el general y se levanta alejándose del jardín. Serena lo mira alejarse más convencida que nunca de que deberá hacer algo para evitar el horrible destino que le espera atada a un hombre como ese. Y sus ojos azules pueden ver preocupados como las naves plateadas de la armada selenita cruzan el espacio hacia la Tierra y una extraña aprensión por el destino de esas pobres personas hace presa de ella.
Reino de Erusion, la Tierra.
Una pequeña aldea de labradores comienza su día ordinario aquella mañana llena de sol cuando los hombres inician sus labores del campo mientras las mujeres cocinan y los niños juegan afuera. Es un día normal en aquella aldea aledaña al catillo de Erusion, ubicada como muchas más en sus alrededores amparada por las altas murallas de piedra que cada día con el trabajo de todos se iban levantando un poco más. Tres jóvenes guerreros con la armadura azul propia de Erusion caminan por la aldea despreocupadamente. Uno de ellos, más alto y fuerte que los otros dos, de corto cabello azul aguamarina, va al frente mirando los alrededores con curiosidad.
-Owen…¿Estás seguro de que en una aldea como esta encontraremos materiales para hacer instrumentos musicales?...la fiesta será en unos cuantos meses y yo quiero que haya buena música-opina el joven al lado del exiliado príncipe de Atlantis, un chico de ojos azules y cabello negro muy parecido a Endymion Chiba.
-Lo encontraremos Zafiro, solo ten paciencia…-indica el de cabello aguamarina mirando unas plantas de bambú apiladas afuera de una casa y examinándolas con detenimiento. Un joven de más bala estatura y encrespado cabello castaño cuestiona a su amigo.
-Owen…¿de verdad crees que resulte bien formar una orquesta?...tu vienes de Atlantis, un reino de música y artes, nosotros en Erusion no somos tan…artísticos…
-Vamos Kelvin, cuando convierta estos palos huecos en lindas flautas, tu hermosa Molly no se podrá resistir al sonido de la música y estaremos festejando tu boda rápidamente-asegura Owen ante la risa de Zafiro y el sonrojo del chico. Nada parece alterar el ritmo normal de la vida de aquella aldea por la mañana, hasta que un extraño sonido de pisadas de caballos y de aceros hace que el joven de cabello aguamarina con su fino oído mueva la cabeza mirando hacia los matorrales.
-¿Qué es ese sonido?-cuestiona preocupado.
-No escucho nada-responde Zafiro a su hermano adoptivo pero Owen insiste, hasta que un terrible brillo color plata sale de entre la maleza y se estrella en una de las cabañas incendiándola.
-¡SELENITAS! ¡SELENITAS! ¡NOS ATACAN LOS SELENITAS!-se escuchan los gritos de pánico, mientras la gente atemorizada corre hacia sus casas en terrible caos; de entre el bosque surgen los guerreros de armadura plateada con sus lanzas poderosas y un carro de plata tirado por Unicornios Lunares. A la cabeza de aquel ejército destaca Seiya de Kinmoku, que avanza dando tajos de su arma de plata y matando a quien se interpone en su camino, sea hombre, mujer o niño mientras sus hombres atacan las casas de madera sacando a la gente y congregándola en el centro del pueblo.
Owen mira aquel terrible guerrero de cabello negro y cruel mirada azul y sus recuerdos de niño se disparan…aquel mismo hombre y aquellos mismos ojos partiendo por la mitad a su padre…lleno de una ira terrible se abre paso entre la gente que huye atemorizada.
-¡OWEN! ¡OWEN!-le grita aterrado Zafiro al verlo caminar hacia el peligro, pero este no escucha y sigue caminando directo al general Selenita.
-¡Aprésenlos a todos! ¡Tomen una soga!-grita Seiya con fuerza, Zafiro y Kelvin corren tras su amigo y lo detienen derribándolo al suelo y sujetándolo.
-¡Déjenme! ¡Debo pelear contra él!-estalla Owen forcejeando.
-¡Owen no seas idiota! ¿Con qué vas a pelear? No tenemos armas…hay que volver al castillo y hablar con Lord Endymion-opina el castaño.
-¡Kelvin tiene razón hermano! como siempre dice tío Endymion, vive hoy, pelea mañana, no podemos hacer mucho por ellos sin armas…vamos por ayuda-lo convence Zafiro, y por muy fuerte que sea la ira del ex príncipe de Atlantis contra el asesino de su familia, debe reconocer que su hermano adoptivo y su amigo tienen razón, así que se calma y los tres chicos se alejan discretamente escapando a la masacre.
En el centro de la aldea, todos los pobladores han sido acorralados por los selenitas y sus lanzas. Un hombre de largo cabello plateado y ojos azules, arriba del carro con la jaula mira todo con rostro impasible mientras los soldados a las órdenes de Seiya de Kinmoku han colocado una horca y eligen a un hombre al azar entre los de la aldea a pesar de las protestas de una llorosa esposa a quien uno de los guerreros patea con fuerza. El joven es colocado en la horca y el general Selenita habla al pueblo antes de colgarlo.
-¡Escuchen esto terrícolas! ¡Digan a su soberano que esto es lo que les ocurre a todos los que osan interponerse en el camino del rey Domhnal Argento y que esto es un escarmiento a su rebeldía! ¡Nos llevaremos a algunos de ustedes para que sirvan como esclavos y si continúan construyendo murallas, el escarmiento será peor! ¡Ahórquenlo!-ordena Seiya mientras sus hombres jalan la soga y asesinan al pobre aldeano ante los gritos de dolor de su esposa. A una orden de Artemis, los soldados selenitas suben al carro jalado por unicornios a hombres, mujeres y niños y emprenden la huida dejando la ladea destruida. Seiya sube a un unicornio negro y se empareja al consejero lunar que va subido en el carro.
-Fue muy sencillo…veremos si Endymion Chiba es tan tonto como para intentar atacarnos y nos da el pretexto que necesitamos para reducir a polvo su recién construido reino-opina el guerrero.
-Parece muy seguro del triunfo, general-insinúa Artemis.
-Tan seguro, que he programado mi nave personal para volver sola a la Luna, con rumbo definido y lista para mi retorno triunfal, ¿Le he comunicado que al regresar me casaré con la princesa, consejero Artemis?-inquiere Seiya sabiendo que su entronque con la familia real no era bien visto por los consejeros, provocando una mirada molesta del hombre.
En el castillo de Erusion, el hombre de cabello negro y ojos azules mira inquisitivo al chico más joven que camina en círculos por la sala con evidente gesto de furia relatando apasionado los hechos que vivió en la aldea.
-¿Qué quieres hacer?-pregunta Endymion a su sobrino.
-¡Atacarlos! ¡Con todo lo que tengamos!-furioso el joven de cabello azul.
-Eso es lo que esperan que hagamos. Quieren un pretexto para volver a lazarse sobre nosotros y aplastarnos. La muralla fue un reto que no van a perdonar, pero saben que no hemos dado motivo…quieren provocarnos-inteligente el rey de Erusion.
-¡Entonces no hacemos nada!-aun sumamente molesto el joven Thalassa.
-A Domhnal le encantaría dejarme en ridículo delante de las demás tribus, sabe que de esa forma entorpecería las recién reanudadas pláticas de unidad debido a las cuales están aquí los demás soberanos, así que no haremos nada-determina el rey bajando su brazo en que destaca el muñón sin mano ahora sano.
-¡No entiendo, tío Endymion!…no sé por qué no me dejas ayudar a esa pobre gente-insiste Owen impetuoso.
-Escucha muchacho, hay que ser inteligentes, no actuar de forma poco reflexiva, tenemos en nuestras manos la vida de muchos. Si vamos a hacer algo debemos hacerlo con contundencia e inteligencia-advierte Endymion caminando y colocando su mano sana en el fuerte hombro de su sobrino-pero no podemos hacerlo solos…
-¿Volverás a pedir la ayuda de los otros reyes?-infiere el joven de cabello azul.
-Comienzas a pensar como rey, pequeño León-declara orgulloso Endymion y ambos salen de aquella habitación hacia la sala del trono, donde los demás reyes aguardan. Endymion entra seguido del joven y se coloca en medio de la asamblea.
-¿Contaré con el apoyo de los nobles para defender nuestro Planeta?-pregunta decidido el rey de Erusion, pero un silencio de los reyes es la única respuesta. En una esquina del salón el hombre de cabello plateado corto y mirada gélida responde airado.
-¡No seguiré de nuevo a nadie a una guerra sin sentido!-opina Diamante Black, de tierras del este-Hace ocho años otro iluso como tú pidió lo mismo y mira lo que ganamos- Owen lo mira con furia, aún recuerda aquella reunión en el palacio de Atlantis donde tan mala impresión le causó ese tipo y sus recuerdos terribles de aquella noche se pierden cuando lo vio huyendo del peligro-los selenitas solo buscan pretextos para aplastarnos como insectos…no seré parte de esto.
-Entonces por qué has venido, Black-duda Endymion igualmente molesto.
-Pensé que quizá el joven Thalassa me dejaría comandar a su armada invencible de niños -burlón el gobernante del Este al recordar a los chicos de Erusion que entrenaban con el príncipe. El jovencito de cabello aguamarina cruza sus brazos y lo mira con altivez.
-No tengo costumbre de dejarme mandar por nadie-responde Owen con orgullo propio de un príncipe.
-Excepto por Endymion, a él lo obedeces como si fueras un perro-indica burlón Black.
-Endymion me salvó la vida cuando era un niño, tú huiste-acusa el ex príncipe de Atlantis provocando un murmullo de los soberanos reunidos y una crispación de ira en las manos de Diamante Black. A lo lejos, una puerta lateral se abre y el alto guerrero pelirrojo con el tajo en el rostro aparece llamando a su señor. Endymion se acerca a escuchar las nuevas de Rubeus-así que entenderás que cuando pienso en reyes, pienso en él, y cuando pienso en cobardes…-pero Endymion prudente corta la acusación de su impetuoso sobrino.
-Mi informante ubicó las naves selenitas, aterrizaron al otro lado del bosque, por el lado Oeste-informa el rey Endymion a sus compañeros-¿Quién será el valiente que se enfrentará a ellos?-inquiere levantando con su mano sana una espada. Un silencio temeroso de los señores de los reinos vecinos es la única respuesta ante la mirada burlona de Diamante Black. Owen decidido, atraviesa el salón y coloca su fuerte mano en la espada de Endymion, siendo el único valiente que recoge el reto. Endymion sonríe al ver el valor del joven León, pensando en lo orgulloso que estaría Andrew de verlo.
-¿Se puede saber qué plan tienes, joven Thalassa?-inquiere uno de los señores. El joven con la espada de su tío en su mano da unos pasos adelante y se dirige con seguridad de quien sabe mandar a la asamblea.
-Solo necesito dos corredores veloces-afirma con decisión dejando admirados a los reyes vecinos, complacido y orgulloso a Endymion y furioso a Diamante Black.
Bosque Oeste de Erusion.
La caravana selenita atraviesa los densos bosques de Erusion en dirección al lugar donde habían dejado sus naves. Artemis, el consejero del rey, va conduciendo el carro tirado por unicornios que lleva la jaula con los rehenes terrícolas que ya agotados de quejarse se han quedado en un resignado silencio. Algunos soldados a pie y otros en unicornios blancos y negros avanzan protegiendo la comitiva. Al frente de esta comisión montado en su unicornio negro avanza el general Seiya de Kinmoku con su mirada penetrante de glaciales ojos azules atenta al camino y al menor ruido o movimiento de la abundante vegetación del lugar, siempre alerta con la lanza plateada en su mano. Un extraño presentimiento propio del soldado que conoce el peligro hace presa de su corazón y detiene la caravana con un gesto de su mano mientras sus ojos observan como queriendo penetrar en la maleza que inunda todo aquel bosque.
-¿Qué pasa general?-inquiere preocupado Artemis, pero Seiya no responde hasta que una flecha salida de entre las plantas se dirige justo a él pero la detiene con una mano. El desconcierto de la armada Selenita es evidente.
-¡NOS ATACAN!-grita un soldado Selenita al ver como dos jóvenes terrícolas con arcos y flechas salen de entre la maleza del bosque lanzando ataques hacia los selenitas. Furioso Seiya Kou grita.
-¡Id tras ellos ustedes cinco!-cinco jinetes selenitas montados en unicornios espolean su montura para seguir a los dos arqueros, quienes emprenden una huida corriendo con agilidad inusitada entre las lianas, árboles seguidos por los unicornios. Los chicos que huyen llegan a una planicie sin árboles siendo ya casi alcanzados por los jinetes selenitas, cuando un grito agudo resuena en el bosque y de entre la maleza surgen más de una veintena de hombres que comandados por un chico de cabello azul aguamarina rodean a los jinetes de unicornios atacándolos y derribándolos de estos.
En medio del bosque, la cabalgata selenita sigue detenida, Artemis, asustado, mira hacia todas direcciones.
-General Kou, hay que avanzar hacia las naves e irnos ahora mismo-sugiere el consejero.
-¡No nos moveremos de aquí hasta que regresen mis hombres!-precavido Seiya, acostumbrado como siempre a las batallas que presentía algo extraño en ese inusual ataque terrícola.
-¡Señor regresan los hombres!-señala uno de los jinetes y todos miran regresar por entre los árboles del bosque a los jinetes de armadura plateada, que llevan en la punta de sus lanzas unas cabezas humanas como trofeo-¡Traen cabezas!-felices y entre risas comentan los soldados selenitas, pero los ojos de Seiya de Kinomoku se clavan en las caras de sus hombres, extrañamente llevan puesto el manto cubriendo sus rasgos, eso no le gusta nada, pero antes de que pueda decir algo más los supuestos selenitas se lanzan sobre ellos y quitándose las capas pueden ver que no son sus compañeros sinos chicos terrícolas y que las cabezas que llevaban en sus lanzas son las de sus propios compañeros.
-¡Al ataque!-grita un joven de cabello aguamarina que dirige el ataque montado en un unicornio blanco, y justo en ese momento de entre la selva salen más chicos terrícolas de armaduras azules que se lanzan sobre la ahora diezmada armada selenita.
-¡Detengan a esos malditos!-escupe Seiya, sus seis hombres y dirige su caballo hacia el chico que parece el líder, quien lo mira acercarse y espolea su unicornio directo hacia él. Seiya de Kinomku se coloca la lanza en posición de guardia de frente apoyada en su antebrazo, firme y segura para derribar al joven selenita, sin embargo, Owen sonríe al adivinar la guardia y coloca su propia lanza inclinada hacia abajo sonriendo de lado.
-¡Ven maldito!-responde furioso el joven ex príncipe de Atlantis; el guerrero de coleta negra y el joven de cabello aguamarina chocan en el primer ataque y para sorpresa de Seiya el muchacho en el último segundo del choque levanta la lanza plateada de forma inclinada y abriendo su guardia clava ésta en su costado, que aunque protegido por el peto plateado, hace que el golpe lo derribe al suelo. Seiya de Kinmoku cae pesadamente a tierra rodando en esta y lanzando improperios.
-¡Estúpida rata! ¡Jamás en más de diez años alguien me había derribado!-estalla el general selenita incorporándose y tomando la lanza del suelo, mientras Owen hace girar a su montura y baja de esta, moviendo con maestría la lanza plateada selenita-¡Dónde demonios aprendiste a manejar la lanza, escoria!-estalla Seiya.
-Le sorprendería saber, general, que usted mismo me enseñó-es la respuesta del chico, Seiya presiona los puños en su lanza, furioso de la seguridad del joven, y gira esta. Amos caminan en círculo, amenazantes y midiendo sus fuerzas mientras a su alrededor los terrícolas y los selenitas siguen luchando.
-¡Ahora verás, maldito perro, te cortaré por la mitad!-estalla Seiya furioso. Owen sonríe de lado y tomando la lanza en sus manos la arroja lejos de él, mientras desenfunda la espada de su cinto.
-Estoy listo, general, pero haré esto a mi manera. Me he preparado ocho años de mi vida para este momento…¡Por Atlantis!-grita valiente Owen Thalassa, príncipe de Atlantis y se lanza en estocadas certeras hacia su contrincante, quien se ve en verdaderos apuros para detenerlas, algo es diferente en la forma de ataque de este muchacho, muy diferente a todos los guerreros que Seiya de Kinomku ha enfrentado antes, es como si este chico leyera y conociera sus movimientos, cada intento de Seiya por colocar su lanza en guardia es abatido por una sucesión de rápidas estocada de la espada del chico y no le permite siquiera moverse. En un intento suyo por atacarlo, abrió la guardia del lado derecho para levantar la lanza y Owen, veloz clavó la espada de su padre en la juntura de la armadura donde el peto no le protegía. Un alarido de Seiya fue la respuesta.
-¡Rata del averno! ¡Si crees que sabes todos los secretos del manejo de la lanza estás equivocado!-escupe furibundo Seiya y se arroja sobre el chico quedando con ambas armas cruzadas y mirándose amenazantes, y es entonces que Seiya quien da un golpe con la cabeza al joven de cabellera aguamarina desconcertándolo y haciéndolo retroceder con la frente herida y la sangre que sale de esta-¡No todo es pelear con técnica, basura terrícola!-se burla Seiya entre risotadas.
Owen, que se recupera del fuerte impacto, intenta reaccionar justo cuando el general selenita lo ataca con la punta de su lanza y sus rápidos reflejos le ayudan a girar a la izquierda, pero no puede evitar que el filo de la larga arma desgarre su costado, abriéndole una larga herida. Seiya al ver el efecto que tuvo su ataque, con el mango de la lanza golpea a Owen en la cara y lo derriba al suelo.
-¡Se acabó tu suerte, rata!-escupe el general dispuesto a terminar con la vida del joven, pero el sonido de armas atrás de él lo hace mirar hacia la jaula de los rehenes terrícolas donde no queda rastros alguno del consejero real, Seiya apuesta que debe estar oculto en el bosque, pero lo que le preocupa es que un chico de baja estatura y encrespado cabello castaño trepa con agilidad por los barrotes de la jaula y comienza a quitar los candados con tajos certeros de una lanza de plata que debió quitar a alguno de los soldados muertos-¡Eso no lo permitiré!-estalla Seiya olvidándose del joven de cabello aguamarina y caminando furioso haci la jaula de rehenes, sabiendo que perderlos significaba su fracaso ante el rey de la Luna.
Lleno de ira se detiene a una distancia prudente y tomando la lanza en sus manos, la arroja con fuerza directo al chico terrícola que es atravesado por la lanza de parte a parte por el abdomen cuando intentaba quitar los candados.
-¡Kelvin!-grita Owen poniéndose de pie y limpiando la sangre que corre por su cara al ver la horrible muerte de su amigo, y una ira muy grande hace presa de él. Toma su espada del suelo y con un grito de batalla se lanza sobre Seiya de Kinmoku que apenas tiene tiempo de sacar su arma del cuerpo del chico terrícola cuando las fuertes estocadas de la espada del joven selenita lo obligan a defenderse.
-¡Maldito carnicero! ¡Pagarás por tantas vidas que has tomado!-estalla Owen con los ojos azules inyectados de furia atacando con toda su fuerza a su enemigo. Seiya Kou no logra reaccionar del todo, la furia con que ese chico, a pesar de sus heridas lo está atacando jamás la había visto en ningún enemigo-¡Esto es por mi pueblo!-estalla Owen girando su espada e hiriendo en el brazo a Seiya-¡Esto es por tía Rei y su bebé!-sigue furioso dando otro tajo veloz en el hombro de Seiya que grita de dolor-¡Este es por Kelvin!-declara Seiya hiriendo ahora el costado del hombre, cuya armadura no basta para defenderlo de la fuerza, de un giro de su espada, Owen despoja al general Selenita de su lanza y lo patea en el pecho obligándolo a caer de rodillas-¡Y esta es por mis Padres!-grita el ex príncipe de Atlantis y con su poderosa espada corta de un solo golpe el cuello de Seiya de Kinomoku. Los ojos azules desorbitados del general selenita no pueden creer lo ocurrido, un terrícola, lo había vencido.
Owen Thalassa de Atlantis respira entrecortadamente con la espada y la ropa bañadas de la sangre del general selenita, el cual se desploma en el suelo en un charco de sangre.
-¡Owen! ¡Hermano!-grita llegando a su lado Zafiro-¡Los vencimos!-declara el joven abrazando a su amigo, Owen mira en torno, donde todos los selenitas han sido abatidos por sus jóvenes compañeros de Erusion, pero luego camina asustado hacia el cuerpo de su amigo herido.
-¡Kelvin!-dice tomando la cabeza del chico y levantándola, el joven herido de muerte solo logra escupir sangre.
-¡O…Owen!...¡Moriré!...dile a Molly…dile…-pero no logra acabar porque una tos terrible lo acomete y muere. Owen conmovido cierra los ojos de su amigo y da unos pasos atrás.
-Fue un valiente-declara Zafiro, sin embargo, Owen comienza a ver todo borroso, siente un terrible sopor que hace presa de él y como sus miembros se comienzan a paralizar. Los chicos de Erusion se reunían en torno a Owen, a quien todos reconocen como su líder.
-Owen, ¿Qué haremos ahora?-le preguntan, pero él ve como todo se hace borroso y escucha más lejanas las voces de sus amigos mientras se desploma en el suelo-¡Owen!-gritan los chicos de Erusion al verlo caer al suelo. Zafiro corre asustado junto al cuerpo de su hermano y lo levanta sacudiéndolo con fuerza.
-¡Owen! ¡Owen! ¡No me hagas esto hermano! ¡Despierta!-lo sacude el joven con fuerza, pero no hay respuesta. Lloroso, Zafiro deja en el suelo el cuerpo de su hermano adoptivo y mira la profunda herida de su abdomen, luego toma sus signos vitales junto al cuello…nada…
-Zafiro…él está…está…-no se atreve uno de los jóvenes a preguntar.
-Muerto-declara Zafiro con dolor, luego se pone de pie y limpia las lágrimas de su rostro con el dorso de su mano-¡Kelvin Gadalson y Owen Thalassa cayeron como héroes! ¡Rindámosles los honores adecuados!-habla el joven Chiba y tanto él como sus compañeros sacan sus espadas colocándolas frente a ellos y alzándolas en alto lanzan un grito de batalla en honor a los dos caídos.
-¿Qué vamos a hacer ahora, Zafiro?-cuestiona otro de los jóvenes guerreros.
-Procurar que reciban el funeral adecuado. Pero no haremos una pira funeraria, como es costumbre, sino que los enviaremos en las naves selenitas hacia la galaxia. Al no tener rumbo fijo se perderán en el Universo y quizá se quemen al llegar al sol-ordena Zafiro, sus compañeros asienten y se acercan hacia los dos cadáveres levantándolos. Zafiro camina hacia el claro del bosque donde se hayan las naves selenitas, una gran nave y tres pequeñas formando un grupo -¡Albus y Néstor! ¡Usaremos las dos naves pequeñas y en cuanto a la grande, revisen que no haya más soldados dentro.
Los dos chicos corren a cumplir sus órdenes entrando en la gran nave selenita.
-Señor Zafiro…encontramos a esta rata selenita escondida entre los matorrales-habla otro de los jóvenes de Erusion lanzando al suelo al hombre de túnica y cabello blanco que tiembla de miedo ante la presencia del joven guerrero de cabello azul y mirada feroz. Zafiro coloca su espada en el pecho del hombre.
-¿Quién eres?-cuestiona.
-Ar…Artemis Valjean…consejero…del rey Domhnal- entrecortado responde el hombre. Zafiro levanta su espada hasta el cuello del selenita que tiembla de miedo.
-Vamos a ser benévolos contigo, más benévolos de lo que tu rey y tus soldados lo han sido, te permitiré vivir, pero volverás a la Luna y le dirás a tu rey que los terrícolas estamos hartos de ser sus esclavos, que desde ahora el reino de Erusion no permitirá más atropellos ni pagará más tributos o les ocurrirá lo mismo que esta vez…¡Entendido!-grita Zafiro presionando con su espada el cuello del selenita.
-¡Entendido!-exclama este terriblemente asustado.
-¡Dejen que se vaya!-ordena Zafiro. El joven guerrero lo libera de sus ataduras y este corre apresurado a una de las naves pequeñas, la cual enciende y despega, perdiéndose luego en el cielo en una estela de luz.
-Señor Zafiro…están listos los dos cuerpos-habla otro guerrero. Zafiro camina hacia las dos pequeñas naves donde han sido colocados el cuerpo de Kelvin y el de Owen. Se acerca al cuerpo de su amigo de cabello castaño quitándole un colgante del que pende un trozo de cabello rojizo, que era de su novia y llevaba como amuleto, presiona un botón plateado cierra la nave. Luego se hace a un lado y la pequeña nave selenita se eleva en el cielo, hasta llegar arriba, y se pierde en el espacio.
-Le daré esto a Molly, para que sepa que moriste con valor y pensando en ella. Buen viaje con los dioses, amigo-declara Zafiro; después el joven terrícola camina hacia la segunda nave y mira con mucha tristeza al joven de cabello aguamarina a quien con el paso de los años había llegado a apreciar de verdad como un hermano, le coloca ambas manos sobre su espada-Ve con tus padres, valiente hermano, reúnete con ellos por la eternidad. Aprendí de ti a ser valiente y no dejaré que la lucha que iniciaste termine-promete Zafiro y presiona el mismo botón cerrando la nave selenita que despega por el cielo. Los demás chicos de Erusion miran como las dos estelas de luz de las naves de sus amigos se pierden en el cielo.
-Señor Zafiro...¿Qué hacemos con la nave selenita más grande?-inquiere un joven al sobrino del rey.
-Le preguntaremos a tío Endymion, por lo pronto hay que volver a Erusion, pero antes hay que sepultar a los caídos. Pueden ser selenitas pero es lo honorable-declara este, ellos asienten y se congregan jalando los unicornios selenitas que habían obtenido luego dela batalla para cumplir su orden.
Mientras tanto, en la inmensidad del espacio, las dos naves pequeñas con los cuerpos de los guerreros de Erusion caídos en batalla se dirigen directamente al sol, sin embargo, una de las naves cambia de rumbo intempestivamente, dirigiéndose a la Luna. La pequeña nave atraviesa la atmosfera selenita y aterriza como si tuviere un piloto automático en el "Mare Serenitas" levantando a su paso el agua plateada de este, hasta llegar a la arena blanca donde atraca y se detiene, aunque por la fuerza del impacto, rueda y se estrella en un pequeño túmulo de cuarzos blancos. Ante el impacto de la nave la puerta se abre y el hombre de cabello aguamarina que iba en ella sale cayendo inerte a un lado de la nave. En torno la noche selenita cae y a lo lejos el planeta azul brilla con fuerza.
Dos siluetas cubiertas con mantos blancos se perfilan por la playa cercana al "Mare Serenitas".
-¡Princesa! ¡Por favor trate de razonar! ¡No puede huir de palacio!-llama desesperada la mujer mayor de cabello azul.
-No hay nada que razonar, Luna, no me casaré con Seiya de Kinmoku porque no lo amo y si me quedo en Palacio mi padre buscará la forma de obligarme y no lo permitiré-firme la joven de coletas rubias.
-¡Pero princesa, piense lo que hace! ¿A dónde irá? ¿Cómo conseguirá una nave si todas están en palacio?-tata de disuadirla Luna.
-¡No me importa a dónde me vaya, lo que me importa es que mi padre no me encuentre jamás! No voy a acabar como mi madre, teniendo una vida vacía y triste sin amor-declara firme Serena, la Nana corre y se coloca delante de ella.
-¡No permitiré que haga una locura, antes…-pero las palabras de Luna son cortadas al ver a su señora con los ojos fijos en algo delante de ellas.
-¡Mira allí! ¡Una nave selenita!-la princesa rubia corre hacia la nave que se haya derribada en la arena y la rodea con curiosidad.
-¡Princesa no se acerque puede ser peligroso!-la llama Luna, pero la joven rubia no le presta atención y llega al lado de la puerta de la nave mirando azorada al hombre herido de cabello aguamarina tirado en la arena blanca.
-¡Un hombre!-asombrada Serena, quien se hinca al lado del herido y toca su cuello, luego se agacha y coloca su oído en el pecho del joven
-¡Princesa no se acerque a ese hombre! ¡Es un terrícola!-aterrada la Nana al reconocer las vestimentas-¿Está…muerto…?-cuestiona la mujer.
-No, solo está paralizado, sus latidos son muy débiles, no se siente su pulso, vamos ayúdame a llevarlo a la cabaña de mi madre-apremia Serena.
-¡A la cabaña de su madre! ¡Pero Princesa!
-¡Ayúdame y cállate! ¡Es una orden!-le reclama la rubia, la Nana mueve la cabeza negativamente y termina por ayudar a su señora
-Esto va a tráenos muchos problemas, muchísimos, estoy segura-refunfuña Luna mientras jala el cuerpo del herido por la arena junto con su princesa…
NOTAS FINALES: Avanza la historia, ocho años cambian mucho las cosas, ocho años en que el mar se volvió más fuerte, valiente y apuesto y la Luna más hermosa, sabia y soñadora. El encuentro del Mar y la Luna está escrito en las estrellas, una gran historia de amor está por escribirse ¿Será posible que ese amor se realice aun contra la guerra de dos reinos?...esta historia aún tiene mucho que escribir. ¡Con todo el esfuerzo del mundo, ya nos dirás si lo logramos, tortuga!
ATTE: Dupin y el Mejor Detective del Mundo =)
