No hay despedidas
Capitulo V
Ya la situación se había calmado, ya se había resuelto el caso, los chicos de dirigen a sus respectivas casas. Cobra piensa en pasar a explicarle lo sucedido a la madre de Kinana, pero se sentía avergonzado y decide pasar en unos días, para darle tiempo a que la mama se calme ya que debía estar furiosa.
Ya habían pasado tres días, ya el problema con la deuda de Racer se había resuelto, esos días fueron días que la pequeña Kinana no había ido a clases. Cobra ya decidido, se dirige en compañía de Racer a casa de Kinana para pedirle disculpas a la mama de la pequeña por los problemas causados. Mientras se acerca, ve a un taxi partir del frente de la casa de la pequeña. La mente de Cobra le ignora y se concentra en encarar a la mama de Kinana. Al llamar a la puerta, le recibe la madre. Al verle la mujer le insulta mientras el intenta disculparse y pedirle ver a Kinana. Como era posible que su pequeña estuviese con unos delincuentes, que ya no permitiría semejantes juntas y debido a eso le había mandado lejos, con su padre, escucha Cobra, decir de la mama de su amada. Cobra queda en shock al oírle, ya era tarde, en unos minutos el tren partiría de la estación.
Reaccionando con rapidez, Racer le dice que hay que impedirlo. Cobra rompe el shock en el que estaba y decide dirigirse a la estación. La madre de Kinana, le grita que no se acerque a ella, que ya era tarde, pero el hace caso omiso a sus palabras. El solo podía pensar, en Kinana, el no volver a verla.
Cobra y Racer, corren como nunca antes lo habían hecho, solo les había tomado unos 16 minutos llegar a la estación de trenes, habían corrido a todo dar. Saltando las cercas, entrando a la estación, Cobra sin pensar solo comienza a gritar "Kinana" a todo pulmón, con la esperanza que le escuche. El observa el tren, ya comenzando a moverse, a punto de partir.
Kinana, estaba del lado de la ventana llorando, por marcharse sin por lo menos haberse despedido. No podía hacer nada en contra de la voluntad de su madre. Pensando en que los chicos le odiarían por esto. La pequeña se veía hundida en sus pensamientos negativos, hasta oír una voz que le llamaba, su corazón comenzó a acelerarse junto con el tren. Al percatarse que la voz proviene de afuera, abre la ventana y se asoma a ver, y sus ojos se maravillan al ver a su amor allí, buscándole, un grito se escapa de sus pequeños labios.
COBRA… - Grita la pequeña intentando llamar su atención.
Cobra oye esa voz que tanto le encanta, pronunciando su nombre. Al voltearse, ve a su pequeña en una ventana lejana del tren, que estaba moviéndose y acelerando a cada segundo que pasa.
KINANA… - Grita el pelirrojo, mientras corría para alcanzarle.
El joven ya sentía como su cuerpo le pesaba, estaba cansado por haber corrido tanto y sin descansar un momento, sin tomar respiro había comenzado a gritar. Eso ya le había dejado sin fuerza, pero aun así seguía corriendo sin parar, para alcanzar una puerta para entran al tren. Pero ya era tarde, jamás alcanzaría aquel tren, el tren que estaba a punto de llevarse su alegría y su sonrisa.
Kinana… escúchame… te amo, recuérdalo – Se escuchaba gritar entre jadeos al joven ya exhausto.
El corazón de la pequeña, parecía que se fuera a partir, por las palabras del joven, y la cruda realidad que le golpeaba su pequeña mente. Él no podría alcanzar a subir el tren, Kinana quería gritar pero las palabras no le salían estaba muda, no sabia que decirle. Cual podrían ser sus últimas palabras.
Ya casi, llegando al borde de la estación, las lágrimas brotaban de los pequeños ojos esmeraldas de la pequeña Kinana. Cobra no parecía importarle los límites y sin pensarlo salto el borde, cayendo en los rieles, siguió corriendo, intentando alcanzar el tren. Kinana le sorprendió la acción de Cobra, saltar el borde y seguir corriendo por los rieles. Hasta que las palabras tienen por fin la fuerza para salir de su boca.
TE AMO – Grito la pequeña, mientras el tren se alejaba cada vez mas.
El pelirrojo, oyendo aquel grito, con una lágrima, decide utilizar el último aliento que le queda.
Yo… también, TE AMO – Grita el joven antes de que el cansancio lo jale al suelo.
Cobra como última estancia cae al suelo mientras corre, ya su cuerpo no daba más. La pequeña al verle hay, alejándose cada vez mas. Tapándose el rostro con sus pequeñas y temblorosas manos, estalla en llanto, mientras retomaba su asiento. Cobra se ve tendido en el suelo por el cansancio, Racer le había seguido.
Estas bien? – Pregunta Racer preocupado.
Estoy bien – Responde Cobra, completamente serio.
Y Kinana? – Pregunta Racer, mientras ayuda a Cobra a levantase.
Se ha ido – Dice el pelirrojo, apartándose de Racer.
El joven, le costaba asimilar lo que había sucedido, acababa de perder a la única persona que amaba, era como volver a sentir aquella tristeza de nuevo, la misma que sintió al perder a sus padres.
El joven, sin decir palabra alguna, vago aquel día por la ciudad. Ya se hacían las 9:00 pm y la ciudad se veía cubierta por nubes grises y luego de un rato las gotas comienzan a caer, mas que gotas de lluvia, el solo las distinguía como lagrimas, lagrimas que el trataba de no derramar. Aquella caminata bajo la lluvia continua, hasta que una sombrilla se posa sobre el. Eran sus amigos, Racer, Ángel y Mayonaka, el pelirrojo cae de rodillas, ya no podía contener las lágrimas, era como si le apuñalasen desde dentro. Ángel, se agacha para ayudarle a levantar, pero se queda petrificada al ver como las lagrimas brotaban de los ojos de Cobra, ella siempre les vio serios y fijos, y el verles hundidos en aquel dolor le producía tristeza, ella de igual manera cae de rodillas eh intenta abrazar a Cobra. Este se ve envuelto en los brazos de Ángel, al sentirles ya no puso resistencia alguna y con un grito desgarrador, se deja terminar de caer en Ángel, y las lagrimas que intentaba mantener encerradas son liberadas.
Racer y Mayonaka, se sentían de igual forma, con Ángel, siempre Cobra fue el punto fuerte del grupo y el verle de esa manera, destrozado, les rompía el corazón.
Los días, pasaron desde ese momento, intentando volver a la normalidad como si nunca hubiesen conocido a la pequeña Kinana, pero fue en vano, aun estando juntos sentían el silencio, hacia falta oír la sonrisa de la pequeña. Aceves Cobra parecía olvidarse de lo sucedido y de ves en cuando se quedaba en la entrada del instituto, como si esperase a alguien, pero luego se veía golpeado por la realidad y los recuerdos, se marchaba con una mirada que solo reflejaba tristeza y una muy grande. Ya no vería aquella luz que provenía de aquellos ojos color esmeralda y esa melodía que se producía con la sonrisa de la pequeña Kinana.
Al igual que este mundo, la vida da giros inesperados, ya sean lentos o rápidos, buenos o malos, pero lo importante es que siempre seguirá girando y nunca se sabe que te puedes encontrar en el siguiente giro de la vida, de tu vida…
