¿Anthony, Albert o Terry? Una historia con tres finales, elijan con cual se quedarán.


capítulo 2

La tarde de ese día Albert tocó la puerta de su antiguo hogar, iba vestido como era él, solamente Albert. Sus pantalones azules, botas, camisa y chamarra.

Candy le abrió al instante decidida a decirle quienes habían ido a su casa, pero al verlo no pudo hacer otra cosa más que contener el aliento y corresponder al abrazo que Albert le daba.

-hola Candy, ¿dormiste bien?-preguntó entrando a la casa

-eh…sí, bien-respondió dudosa

-qué bueno porque no creo que regresemos hasta la noche, ¿ya comiste algo? ¿Nos vamos?- preguntó pasando una mano por su cabello rubio.

Candy suspiró al ver ese gesto y luego se reprendió por hacerlo, entró a su habitación y tomó una bolsa en la que guardó lo necesario para una joven de la época, salió de la habitación y minutos después ya estaba caminando del brazo de Albert entablando una agradable conversación como esas muchas que solían tener durante las noches en las que cenaban juntos.

Caminado llegaron cinco manzanas lejos del apartamento y ahí había un auto que los esperaba listos para pasear donde solo él sabía. Albert ayudó a Candy a subir y después de conducir por cuarenta minutos llegaron a una enorme área verde rodeada de árboles.

-pensé que ya que estás de vacaciones necesitabas algo de paz-dijo Albert cuando se adentraron en medio de los árboles

-es hermoso Albert, nada como un buen árbol para relajarse-bromeó y Albert comenzó a reír a carcajadas-creo que esas costumbres no se me quitaran nunca-dijo reflexionando lo que había dicho

-si lo hicieran ya no serías tú-dijo él con dulzura-vamos por aquí-la guio entre los árboles hasta llegar a una especie de claro donde había un par de cestas acomodadas sobre un mantel de cuadros rojos y blancos.-cuando tengas hambre abriremos esta-dijo él señalando una de las cestas

-¿qué hay en la otra?-preguntó Candy curiosa

-ya verás-respondió él poniéndose de rodillas, dio tres golpes en la cesta y la abrió despacio, Candy esta ansiosa esperando ver qué había dentro cuando de pronto vio cómo brincaban hacia afuera dos animales; uno blanco y otro negro.

-¡Clint! ¡Puppé!-exclamó emocionada recibiendo a sus dos peludos amigos en los brazos. Los dos animales al verla la reconocieron en seguida y fueron a demostrarle su cariño por medio de lengüetazos y arrumacos-¡no saben cómo los he extrañado!-dijo Candy ya sentada en el sueño jugando con el par de animales

-y alguien más vino también-intervino Albert para después silbar y un enorme perro salía de entre los árboles

-¡Miena!-dijo con la misma emoción con la que había recibido al otro par de animales.

-sabía que los extrañabas y ellos a ti-dijo Albert sentándose también; buscó algo dentro de la cesta y sacó algunos juguetes con los que entretuvo a los tres animales.

-¿qué es esto?-preguntó Candy metiendo su mano en la cesta para sacar una gaita perfectamente bien acomodada en el interior-¡trajiste una gaita!-exclamó llena de sorpresa

-no es solo una gaita, es la que tocaba la primera vez que te vi- Albert la tomó con cuidado y segundos después ya estaba tocando la melodía que Candy conocía tan bien-¿quieres intentarlo?-preguntó Albert señalando el instrumento

-no sé cómo hacerlo-dijo ella

-yo te enseño, ven- Candy se acercó a él y con cuidado tomó la gaita en sus manos, Albert las colocó de la manera adecuada mientras le daba una rápida lección para aprender. Después de varios intentos fallidos una nota tras otra comenzaron a salir del instrumento tocado por Candy, pero ella se detuvo comenzando a reír-¿qué pasa?-preguntó Albert

-que después de tantos años sigo creyendo que parecen caracoles arrastrándose-respondió entre risas y como aquella vez Albert también comenzó a reír-pero es hermoso el sonido-dijo después mirándolo a los ojos. Albert también la miraba fijamente, para él era la mujer más bella que había conocido y tenerla en ese momento a su lado lo hacia feliz de una manera inimaginable.

Candy le sonrió y acarició su mejilla. Por su mente pasaron algunos felices recuerdos al lado de Albert, desde los más recientes cuando se dio a conocer su identidad y él le agradeció por su apoyo en esos momentos, cuando vivían juntos, las veces que lo vio en Londres, aquella primera vez en la Colina de Ponny. En ese momento supo que había sido muy afortunada al conocerlo, él era un hombre maravilloso, de un gran corazón, inteligente, agradable, simpático, responsable y sin olvidarse que era muy atractivo no había duda que Candy estaba al lado de un hombre perfecto.

-sé que es muy precipitado pero, ¿has pensado en lo que te dije ayer?-rompió aquel silencio Albert para distraerse y no besar por sorpresa a Candy

-yo…sobre eso…-

-lo siento, no debí preguntar eso, sé que debes pensarlo bien, olvidémoslo por un momento ¿si?-dijo él levantando su dedo índice para indicarle que callara

-gracias-le dijo ella con dulce voz mientras besaba su mejilla-por todo estar todo este tiempo a mi lado

-gracias a ti por permitirme estarlo-respondió él de la misma manera.

Después de estas pequeñas frases intercambiadas los dos se levantaron del pasto y se pusieron a jugar con el trio de animales que estaba más que entusiasmado por estar con Candy. Corrieron, brincaron, treparon árboles, se escondieron unos de otros hasta que el hambre se hizo presente en la fiesta y regresaron al lugar donde estaban las cestas y comenzaron a consumir lo que Albert había preparado ese día. Algunos emparedados, jugo, algunos dulces y un postre que encargó a una de las mucamas ya que la repostería no era su fuerte.

Después de terminar de comer y recostarse un rato para descansar en medio de risas y bromas regresaron al estruendo de la ciudad.

-¿vas a dejar las cosas aquí?-preguntó Candy al ver que Albert no tomaba las cestas

-cierto, lo olvidaba-sonrió distraído regresando por las cestas

-¿y ahora a dónde?-preguntó ella nuevamente

-a dejar esto al auto-señaló con la cabeza una dirección y Candy comprendió que Albert era la persona más precavida que había conocido jamás

-de acuerdo-dijo ella siguiendo la dirección hasta llegar a uno de los autos de la familia donde dejaron las cosas en la parte de atrás y la pareja de humanos y los tres animales subieron para tomar otro camino.

Pasados unos veinte minutos manejando Albert se detuvo al fin frente una tienda donde vendían modernos aparatos musicales. Entraron a la tienda y Albert preguntó cuál era el mejor para llevarlo a casa. El hombre que atendía le mostró algunos enseñándole cómo usarlos hasta que se decidió por uno y lo compró.

-quiero que lo tengas en casa y te diviertas-dijo Albert mientras pagaba

-¡oh! Albert no debiste hacerlo-dijo ella algo apenada ya que a pesar del tiempo no se acostumbraba a algunos lujos que la familia Andley le daba

-por favor Candy, consérvalo y cuando yo vaya a visitarte escucharemos la música que a ti y a mi nos gusta-dijo él con una cara que no podía negarle nada

-bien-aceptó ella-pero con una condición, que cenes conmigo hoy y me enseñes a usarlo

-de acuerdo-dijo él entre risas.

Salieron de la tienda y el día ya se había ido volando, así que después de dar una vuelta por la ciudad fueron hasta el departamento de Candy donde Albert cargó el aparato musical y lo hizo entrar en la morada. –Algo pesado-dijo después de dejarlo en el piso. Candy fue por un vaso de agua y él lo bebió rápidamente- gracias, y ahora a probar esta cosa….-Después de algunos minutos el fonógrafo estaba listo para usarse

-¿me concede esta pieza señorita?-preguntó Albert extendiendo su mano galantemente después de hacer una reverencia. Candy sonrió divertida y apoyó su mano en la de él para comenzar a bailar por la sala de la casa…


A la mañana siguiente Candy despertó sin querer hacerlo, lo que ella quería hacer en esa semana libre era dormir pero al parecer no podría hacerlo ya que a las diez de la mañana abrió los ojos y aun acostada se estiró tanto como pudo y después de algunos minutos se levantó, fue al baño a lavarse la cara para terminar de despertar y luego a la cocina para hacerse su desayuno armonizando con la música que emitía el nuevo aparato de su casa. Después de esto regresó a su recamara y se arregló para salir, cuando terminaba de cepillarse el cabello llamaron a su puerta y ella fue inmediatamente a abrirla y claro que al hacerlo ya no se llevó la sorpresa que había tenido la primera vez que Terry apareció frente a ella

-hola-saludó él con su mejor sonrisa

-hola-respondió ella inhalando profundamente para guardar en su memoria el perfume del joven que percibía perfectamente-pasa-dijo haciéndose a un lado para que él entrara

-¿ya estas lista?-preguntó él una vez dentro

-solo dame un minuto-respondió ella caminado hasta su recamara para tomar su bolso.

Salieron del edificio y entre una extraña y tímida plática por parte de ambos fueron acercándose hasta el centro de la ciudad hasta entrar a un parque donde había varias personas yendo y viniendo por todos lados

-¿qué es esto?-preguntó Candy al ver las ropas de la gente que representaban distintas épocas de la historia, desde trajes de caballero de la época de las cruzadas, caballeros a capa y espada, mujeres con ampones vestidos y elaborados peinados hasta ropas más sencillas igualmente representando varias épocas

-festival de teatro-respondió Terry mirando todo su entorno emocionado

-¿en serio?-

-sí, me enteré ayer y quise venir a ver cómo era

-aquí es donde todo mundo actúa ¿no?-dijo ella recordando una nota del periódico de días pasados

-exacto-afirmó él

-esto no es justo-dijo ella-aquí no son profesionales y tú si lo eres, si actúas opacarás a todos-dijo ella son darse cuenta que sus palabras eran un cumplido para Terry

-pero no vine a actuar, solo a ver, tal vez pueda aprender algo más-respondió él-¿te conté que estoy tomando clases profesionales de actuación?

-no, ¿en verdad?-preguntó sorprendida

-sí, Robert me presentó con uno de sus amigos y le dijo que yo era muy bueno- presumió-y que quería que me enseñara algunas técnicas

-debe ser grandioso estar con alguien a quien le guste la actuación tanto como a ti

-lo es, aunque la esposa de mi maestro dice que parecemos dos locos cuando interpretamos alguna escena. A veces nos emocionamos demasiado ahora que lo pienso-dijo entrecerrando los ojos recordando algunas veces

Se adentraron más en el parque y encontraron varios pequeños escenarios con jóvenes usando el vestuario de algunas obras de Shakespeare u Oscar Wilde.

Candy y Terry se detenían cada tanto para escuchar a los actores y sus grandes horrores como los califico el profesional.

-vamos Jack hazlo bien-exclamó una joven de cabello rojizo de no más de 17 años

-lo intento-respondió un muchacho de cabello castaño de la misma edad

-si no lo haces bien nunca serás como Terry Grandchester-se quejó la joven y la pareja se lanzo una divertida mirada al escuchar estas palabras

-otra vez con él-se quejó ahora el joven-ni siquiera lo conoces, te aseguro que si pasara frente a ti en este momento no lo reconocerías-la retó

-tal vez no, pero sé que es un gran actor y mis papás me llevaran a Nueva York cuando estrene su próxima obra se defendió la joven

-ven-dijo Terry a su acompañante tomando su mano para caminar hacia los jóvenes-hola-saludó a ambos y ellos correspondieron-¿necesitan ayuda? Mi compañera y yo trabajamos en un teatro y tal vez podríamos ayudarles con su escena-se ofreció con amabilidad con la que Candy se sorprendió demasiado

-¡trabajan en un teatro! ¿Dónde? ¿Aquí?-

-no, en Nueva York

-¡wow!-dijeron los muchachos con sorpresa

-¿entonces? ¿Los ayudamos?

-¡claro!-aceptó la joven llamada Nataly

-bien, ¿qué obra ensayan?

-Romeo y Julieta-respondió Jack extendiéndoles el guion

Una vez más las miradas de Candy y Terry se cruzaron con complicidad y comenzaron a leer, de hecho solo lo hizo Candy ya que Terry sabia de memoria todos los diálogos:

Desde el balcón, sale Julieta con su camisón de dormir, con el pelo suelto, nerviosa, volteando a ver el cielo estrellado, mientras murmura…)

JULIETA.— ¿Cómo?, ¿mi único amor, nacido de mi único odio? Hasta hace muy poco que no te conocía, ahora que te conozco y ya es tarde no puedo vivir sin ti: ha nacido el amor, ¡la fuerza brutal que me obliga a amar a quien es mi enemigo!

(Se oye la voz de la Nana).

NANA.— ¿Qué dices pequeña, de qué te quejas?… ¿qué es lo que dices? Esta interpretación la hizo Nataly que escuchando el sentimiento que llevaba la voz de Candy, como una chiquilla comenzó a soñar con el amor verdadero.

ROMEO.— ¿Qué luz es esa que se asoma por la ventana? ¡Ah! ¡Es el Oriente y Julieta es mi Sol! Amanece tú, Sol… mata a la envidiosa Luna que siempre está enferma y por eso vive pálida de dolor, pues que tú, doncella en belleza, la aventajas… ¡Es ella, sí… es ella… ¡ay!… es mi amor! Si supiera que estoy aquí… Habla y no dice nada… pero qué importa: veo que hablan sus ojos y son a ellos a los que les voy a responder… Dos estrellas del cielo entre las más hermosas han rogado a sus ojos que, en su ausencia, brillen en las esferas hasta su regreso… ¡Ah!, ¡si habitaran su rostro las estrellas!, el brillo de sus mejillas podría sonrojar a las estrellas, como si fuese la luz del día que nos ilumina como si fuera una lámpara. Entonces, sus ojos en el cielo alumbrarían tanto los caminos del aire que hasta los pájaros se pondrían a cantar engañados creyendo que ya no es de noche.

Miren, cómo sostiene su mano la mejilla. ¡Ah!, si yo fuera guante con esa mano podría acariciar su rostro

Al terminar esto Terry dejó salir un suspiro que sus espectadores creyeron que era parte de la actuación, pero en realidad ese gesto salía de su corazón con dirección a otro.

-¡viste cómo se hace!-exclamó Nataly golpeando el hombro de su compañero

Terry dio una clase de cinco minutos a la joven que era la más interesada en la actuación, cosa que ella le agradeció infinitamente cuando se despedían.

-no puedo creer lo que hiciste-dijo Candy cuando se alejaron-honestamente nunca creí que hicieras algo así

-Robert me ha enseñado muchas cosas-respondió Terry

Estuvieron ahí por un par de horas, en una utopía para Terry al tener las dos cosas que más amaba en el mundo, el teatro y la compañía de Candy

-¿comemos ya?-preguntó Terry al terminar su tour

-claro, tengo mucha hambre-respondió ella y se dirigieron a un restaurante que había cuadras después. Cuando entraron fueron conducidos a una mesa de la segunda planta del lugar, ahí después de tomar una soda ordenaron de comer.

-¿qué has hecho todo este tiempo Candy?-preguntó Terry una vez que comenzaron a comer y el ambiente se tornó serio

-he trabajado mucho-respondió ella

-¿y qué más?

-pues, nada más-dijo ella aunque por su mente cruzaron las imágenes de dos personas a las cuales quería demasiado

-¿ayer qué hiciste?

-arreglé mi departamento…todo el día-mintió asintiendo con la cabeza-pero no hablemos de eso, mejor cuéntame qué has hecho tú, supe que estuviste en Inglaterra un tiempo, ¿cómo te fue?

-bien…tuvimos una gira exitosa y….me encontré a mi padre al termino de una función-contó jugando con los cubiertos

-eso es bueno Terry, y qué pasó

-conversamos un rato y al día siguiente desayunamos juntos. Hablamos de lo que nos había pasado desde la última vez que nos vimos. Resulta que sus hijos están sufriendo en el San Pablo, como es la costumbre, su esposa está Dios sabe dónde en compañía de una sobrina suya y mi padre parece un hombre soltero, disfrutando de la vida. ¿Sabes? Es curioso, a pesar de todo parece feliz, hasta tiene ganas de viajar a América

-seguramente si lo hace ustedes la pasarán muy bien juntos-dijo pensativa

-tal vez, y tal vez la próxima semana tenga noticias de él-

-Candy, ¿has pensado sobre nosotros dos?-preguntó de pronto y ella no hizo más que abrir los ojos como platos y dudar en su respuesta.-solo piénsalo bien Candy, no debo presionarte y no quiero hacerlo, solo quiero que seas feliz-la tomó de la mano y la besó como todo un caballero.


El tercer día era el último, ese día hablaría con Anthony y él le explicaría todo lo que había pasado en esos años. Dónde había estado, por qué no regresó antes, en sí, qué había sido de la vida de Anthony mientras ella había pasado por tantas cosas.

-hola Anthony-saludó ella primero al abrir la puerta-ya estoy lista-sonrió antes que el joven dijera algo-¿nos vamos?

-cuando gustes-dijo él ofreciéndole su brazo como todo un caballero.- ¿qué quieres hacer?-preguntó una vez que pusieron un pie en la calle

-no lo sé, ¿no tienes nada planeado?

-la verdad es que no, Chicago ha cambiado mucho desde la última vez que estuve aquí, ahora todo es diferente.

-ya veo-dijo pensativa-entonces yo te llevaré a reconocer todo ¿está bien?-dijo ella entusiasmada

-sí Candy, quiero conocer todo-

-vamos entonces-le indicó una dirección y ella tomada de su brazo lo llevaba hasta unas calles que ella conocía muy bien

-¿a dónde vamos?-preguntó él

-mmm, dijiste que me querías conocer otra vez ¿no?- él asintió mirando su entorno-bueno, pues hay algo que debes saber de mí. Soy enfermera y trabajo ahí-señaló el edificio al que Anthony le daba la espalda, él giró y miró el lugar de trabajo- actualmente trabajo con niños, es muy divertido ya que con ellos siempre puedo ser yo, aunque no te niego que hay momentos difíciles, cuando llegan enfermos y cuando se van ya que a muchos de ellos no los vuelvo a ver, aunque eso es lo mejor, no me gustaría que regresaran enfermos nuevamente y….-respiró ya que se le había acabado el aire para hablar- lo siento, a veces hablo demasiado, ¿te aturdí?

-para nada-sonrió él-así es como te he recordado siempre- dijo con ternura y ante estas palabras Candy se sonrojó como solía hacerlo cuando era una chiquilla y solo al recordar su nombre se ponía roja

-¿tú que haces?-preguntó ella-¿en qué trabajas?

-bueno pues, estudié leyes aquí después de mucho tiempo de vivir en Viena

-¡en Viena!-exclamó con sorpresa

-sí, pero salí de ese lugar antes que estallara la guerra, regresé a mi país y comencé a estudiar en Washington, volví hace un par de semanas para el aniversario de la muerte de mi madre

-¿fuiste a Lakewood?-preguntó ella

-no, no pude hacerlo, no quería volver a ese lugar al que de alguna manera amo, pero que me provoca mucha inquietud-respondió él acercándose a Candy-no me has preguntado algo muy importante-ella frunció las cejas extrañada-¿cómo fue que te encontré?-ella sonrió y se dio cuenta de ese detalle al que no le había prestado atención- te vi cuando estabas en la tienda comprando las cosas para tu casa, te escuché hablar con el encargado y casi me voy para atrás cuando me di cuenta que eras tú, no supe qué hacer en ese momento así que dolo seguí tus pasos y supe donde vivías. Te vi sola y tuve la necesidad de acercarme, pero debía pensar bien las cosas para evitar que algo te pasara, aunque mi plan no resultó muy bien ya que te desmayaste

-sí, sobre eso…creo que estaba bajo mucha presión y verte fue una gran sorpresa-se excusó Candy

-no tienes que explicarme eso, yo sabía que iba a ser difícil…para todos

-¿para todos?-

-sí. Oye no tienes hambre, creo que ninguno de los dos ha desayunado

-tienes razón. Conozco una cafetería que está a una calle, ¿te parece si vamos allá?

Caminaron juntos a la cafetería donde ordenaron huevos, café y jugo. Anthony le contó algunas cosas sobre Viena y dijo algunas cosas en alemán que Candy aprendió divertida por el acento.

-lo único que me dolió fue dejarlos a ustedes, a Stear, Archie y a ti, ustedes siempre estuvieron conmigo y no quiero imaginar lo que pasaron con mi supuesta muerte-

-fue duro para todos, los inventos de Stear funcionaban menos de lo habitual, Archie se descuidó un poco, no demasiado ya que detesta estar mal presentado y yo…me costó mucho trabajo aceptar que te habías ido y hubo ocasiones en las que inventaba mil y una excusas para que tú mágicamente aparecieras y cuando menos me lo esperaba, ahí estabas, frente a mi.

-te juro que quise regresar muchas veces pero tenía miedo y comencé a valerme por mí mismo. Llegué a Europa viajando de cargador en un barco, con ayuda del capitán del barco que conocía a mi padre llegué hasta él y me llevó a Viena. Mi padre nunca dijo nada porque yo se lo pedí y hasta ahora no ha dicho nada a nadie.

-¿él está contigo?

-si, ahora está en Washington esperándome

-pero dijiste que habías rentado un apartamento aquí, ¿te piensas quedar en Chicago?

-eso depende de muchas cosas Candy-dijo lanzando la indirecta-pero no hablemos de eso y cuéntame sobre ti, pero primero dime algo de mis primos

-bueno pues….la pregunta es difícil

-¿por qué? ¿Qué ha sido de Archie?

-él también es abogado, bueno apenas comenzó a estudiar, quiere ayudar a la familia, tiene una novia con la que tal vez se case

-y Stear…

-él…se enlistó en la guerra hace algún tiempo y…

-¿volvió?-preguntó esperando lo peor

-no, no Anthony, Stear no volvió

-tal vez…tal vez esté en Suiza comenzando a ser un artista-dijo Anthony con cierta esperanza

-¿en Suiza? ¿Por qué?

-al termino de la guerra se rumora que hay un grupo de refugiados en Suiza desarrollando ciertas ideas modernas-dijo Anthony refiriéndose a la corriente Dadaísta que surgió al término de la Primera Guerra Mundial, una corriente artística que se caracteriza por no burlarse del arte.

-no sabía eso, pero sería como un milagro, otro milagro, aunque lo dudo

-nada perdemos con tener una esperanza-le dijo dedicándole una sonrisa.

Cuando terminaron de desayunar salieron de la cafetería y caminaron sin rumbo fijo, pasaron por algunas tiendas, caminaron unas calles más y compraron unos dulces que mientras comían terminaron llegando al campanario de una iglesia.

-¿te acuerdas?-preguntó ella divertida

-todo ese día lo recuerdo-respondió él-¿te parece si lo hacemos de nuevo?

-no creo que podamos

-dime dónde quedó esa Candy que se atrevía a todo-enarcó una ceja y ella se dio cuenta que él tenía razón y Anthony estaba sacando a relucir a esa Candy que se atrevía a todo.

Como pudieron, después de correr y subir cientos de escalones llegaron hasta la enorme campana de la torre y justo en ese momento, cuando tenían el mundo a sus pies la campana comenzó a repicar, haciendo que ambos gritaran y se llevaran las manos a las orejas para después comenzar a reír justo como aquella vez…


Hola, gracias a todas por leer esta nueva locura mía que esta vez no tiene ni pies ni cabeza pero la tenía en mente y tenía que sacarla. =)

Como vimos, en este capítulo Candy ya pasó el día con cada uno, el próximo capítulo es uno de los tres finales y depende de ustedes quien será la primera pareja de Candy. el chico que reciba más comentarios diciendome que es lo que les agrada de él será el primer final.

GRACIAS A

Anónimo, hola, si creo que es demasiado loco pero espero les guste ese fic sin tanto drama solo un gran enredo :)

sofía Amaya, hola, aquí otro capítulo, de quién quieren que sea el primer final?

cyt, hola, gracias por leer y comentar, acepto que Terry es diferente pero Albert y Anthony no se parecen tanto...espero te guste este cap.

luna 2, hola! solo a mi se me acurriría algo así? puede ser...a veces divago mucho jaja pero espero te guste y creo que ya sé a quien elegirás pero aun así por fa, ayuda con eso :)

dajannae8, hola! es el momento a quién elegiste?

Val rod, Anthony...siii...Anthony es tan...tan...me encanta =) y es cierto hay pocos fics sobre ellos...eso no me agrada jaja

Lila, hola, prometo que nadie sufrirá aquí, son tres finales, así que todos tendrán su vida feliz con Candy, no sufrirá Albert :)

keilanot2, hola, es q fue lo más loco que se ocurrió para revivir a Anthony, como dije no hay mucha lógica...

luca, hola, se quedará con Terry...y con Albert y con Anthony, pero primero con quien?

Moonlightgirl86 hola! gracias por leer y por comentar, espero te gustara este capitulo

PaolaCornwell-Burgess-Weasley, hola! Terry...ay! ese hombre...bueno los tres hacen que dude...

roweloRENA, hola, me gustó eso de uno para cada comida...sería interesante jaja

LUPITA1797 hola, muchas gracias por tu felicietación, la vdd es que ha sido un gran año donde me han pasado grandes cosas y las he disfrutado mucho y solo me resta agradecerles a uds :)

bermone, hola! jaja la fumé verde...ya aprendí algo nuevo, muchas gracias por tu comentario, espero te guste el cap.

Michelle WALG, hola, muchas gracias por tus palabras y tu apoyo, espero te guste este capítulo =)

Arual, hola, aquí el otro capitulo, espero te guste :)

Sharon de Cullen, hola! el fic no será muy largo y no se quedará incompleto, ninguna historia mia lo hará.