Autora.
Gotham siempre sería una ciudad de gusto adquirido. Oscura aún en sus mejores épocas, la urbe poseía una población hostil a los extraños; un habitante de Gotham no creía en lo saludos esporádicos o en los vecinos amables. No, la gentileza se hallaba por fuera de su vocabulario. Gotham creía en el caos, pero también en la mano de hierro que los regía desde las sombras.
Mucho se podía interpretar de una ciudad cuyo héroe local era la versión negativa y oscura de un Ángel de la Guarda. Hubo intentos de vigilantes novatos o héroes reconocidos que intentaron domar a Gotham, pero ella se los tragó, engulléndolos como natilla en navidad, mientras Batman miraba indiferente.
Batman... esa era una fórmula matemática que funcionaba. Cada vez más padres llegaban a sus casas tras el trabajo, menos adolescentes eran violadas por ir de fiesta, menos ancianas eran golpeadas y robadas, así que sí, Batman servía. ¿Batman trae consigo a niños? A Gotham no le interesaba: los niños forrados en kevlar, los maleantes torturados por pizcas de información, los sujetos golpeados en los callejones, las mujeres criminales que se orinaban encima producto del miedo, ese no era problema de la ciudad. Cada quién se valía por su cuenta en Gotham; y si tenías la mala suerte de ser atrapado por Batman con las manos en la masa, que Dios tuviese piedad de tu alma.
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Bruce.
«Un desquiciado en la 132 con 15. ¿Vas por mí?»
Dick vio el mensaje al instante, él tenía abierto mi chat, pero tardó 27 segundos en contestar. Quizá mi hijo ya se estaba cambiando.
«Tú estás más cerca.»
Alcé una ceja. Mi niño de quince años era un muchacho juguetón, con él se obtenían mejores resultados siguiéndole la cuerda.
—¿Bruce?
¿Hm? Ah sí, mi nombre fuera del abismo era Bruce Wayne.
—Disculpa, querida —esbocé una sonrisa a mi acompañante. Me tomó varios años desarrollar una sonrisa lo suficientemente creíble para los demás —. Estoy comprobando que todo marche bien en casa. Mis hijos deben acostarse pronto.
Por su expresión facial, supe que ella quería revisarme el teléfono y comprobar por sus propios medios mi versión de los hechos, mas fue sabia y se contuvo. Era nuestra primera cita, el comportamiento tóxico requería de un mes de noviazgo como mínimo, tiempo que ella y yo jamás pasaríamos juntos.
—Te espero en la barra —con un gesto amable, ella se retiró.
Aunque revisé la vida de esa mujer de cabo a rabo antes de invitarla a salir, en este momento no lograba recordar su nombre.
«Estoy atrapado en la tertulia benéfica del museo. Si llevas la pelea al parque de la 132 podré verte desde la terraza.»
Envié le mensaje sintiendo un brote de diversión. Dick amaría la propuesta.
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Dick.
«Prepárate para el asombro, B.»
Mandé el mensaje y le lancé mi teléfono a mi hermanito. Dami ocupaba la silla de Bruce en lo que yo terminaba de vestirme y Alfred cuadraba las coordenadas del Tubo Zeta. Sin esos tubos, nuestra vida se complicaría a toneladas.
—¡Esto es injusto! —se quejó Damián a viva voz desde su elevado puesto frente a la gran computadora de la Baticueva —. Es mi turno de golpear al loco.
Sonreí.
—A la próxima, no insultes a tu maestra de biología.
Dami resopló de una forma adorable. Cerré mi cinturón utilitario en mi cintura. Estaba listo.
—Es una hurraca, hasta Drake lo dice.
—No se preocupe, amo Damián —medió Alfred con su pesado tono inglés, cargado de autoridad y equilibrio —. Esto es Gotham, tendrá su oportunidad en 72 horas.
Ambos nos reímos, pues era cierto. Monté en mi motocicleta y aceleré. La alta velocidad mientras se atravesaba un Tubo Zeta -que me desintegraría y me volvería a formar en otro punto del planeta en el lapsus de un parpadeo- era emocionante y atemorizante. El tubo me dejó en un callejón a dos cuadras de los hechos, hacia donde zigzagueé en la moto.
—¡Llegó Nightwing!
Por supuesto, en esta ciudad la gente era lo suficientemente estúpida para asomar las narices en medio de los problemas. Y los chismosos jamás dejaban atrás sus celulares y cámaras, buscando usar el desorden para aumentar sus visualizaciones en TikTok e Instagram.
Sonriente, les di un espectáculo.
—Oye, viejo —grité con la voz que yo usaba como Nightwing. Mi voz como Dick era distinta a la de Nightwing, pero no mucho, solo variaba mi acento: Dick era un romaní, tenía el acento de nuestro idioma, Nightwing no poseía ningún tipo de acento o muletilla verbal. Bueno, sin acento excepto cuando yo... —. Vaya a romper los vidrios de la casa de su abuela —cuando yo me decidía a imitar un idioma.
Vi a lo lejos al Comisionado Gordon rodar los ojos.
0oOo0
Bruce.
Si Dick no brindaba un show, no era Dick. La moto de mi hijo se retiró de forma épica con el mecanismo de conductor ausente. Oh sí, un gran show.
Con morbo e interés, los administradores de la tertulia remplazaron el monótono video repetitivo de la causa benéfica que enseñaba un proyector por el noticiero local, permitiendo a los presentes visualizar y oír lo que sucedía a unas calles.
—Quiero a Batman, no tengo nada que resolver contigo, copia barata.
Fruncí el ceño. A Dick no le gustaría que lo tratasen así.
Efectivamente, el muchacho se irguió molesto.
—Di lo que quieras, señor mal geniudo. Batman se encuentra muy ocupado para atenderte en estos momentos, así que yo soy tu oponente.
El rubio se mostró furioso.
—¿Ocupado con qué? —gruñó. El camarógrafo tuvo la brillantez de hacer un acercamiento a los peleadores, que tenían una distancia de tres metros entre ellos —. Vine a derrotarlo, ¿qué puede haber más importante?
Dick sonrió con malicia.
—Estoy completamente seguro que la chica a la que Batman le enterraba las bolas en el momento que salí de casa es más interesante que tú.
Maldito mocoso, pensé. A mi alrededor, en el estudio de televisión y los espectadores en la calle alzaron las cejas. Un hombre más débil, o más humano, se habría sonrojado.
—Batman tiene novia —dije y esbocé una sonrisa socarrona falsa.
Ya estaba imaginando las burlas de la Liga, de Billy y, sobre todo, de Bárbara.
—Siempre pensé que era un hombre homosexual —comentó mi acompañante.
... vaya, enserio olvidé su nombre.
La artista morena no erraba, pero yo no era homosexual. A palabras de Alfred, yo era lo suficientemente depravado como para no interesarme a quién llevaba a la cama. El sexo cumplía su función: era sucio, estimulante y me relajaba. ¿Qué importaba con quién yacer?
El rubio en la pantalla frunció el ceño.
—Lo que sea —escupió y señaló con un gesto cruel al adolescente frente a él —. Te venceré y él tendrá que venir, no creo que deje morir a su hijo mayor.
Apreté la mandíbula. Nadie amenazaba a mi familia.
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Dick.
Agudicé los ojos cuando el sujeto metió sus manos en sus bolsillos. De ahí él no extrajo un arma, sino unas manoplas de acero. En respuesta, cogí de mi cinturón utilitario mis bastones de acero. Este tipo parecía saber lo que hacía, su ropa era profesional, las púas en sus botas eran de metal y no juguete, y su postura era defensiva. La lucha me divertiría un buen rato.
No perdí tiempo e inicié la acción arrojando un batarang. El manual de Batman dictaba que el ganador de un combate era el que diese el primer movimiento. El tipo de combate no importaba, podía ser físico, empresarial o romántico.
El tipo se movió y yo me le fui directo con una patada falsa que ocultaba una patada giratoria. Ese truco mío finalizaba la mayoría de los combates con pendejos callejeros, de los que juraban que por pelear en su barrio con unos cuantos muchachos que alzaban pesas, ya estaban listos para mi velocidad sobrehumana. El rubio, para mi sorpresa, bloqueó mi patada y la contratacó. Nuestras piernas chocaron con el sonido de dos varas metálicas golpeándose. Las piernas de este tipo estaban tan endurecidas como las mías.
—Esto será interesante —comenté alzando los puños. El sujeto sonrió.
—Adelante.
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Autora.
Los choques de acero entre manoplas y bastones estremecían a los presentes y a los millones de internautas y televidentes que observaban desde sus pantallas el combate. La fuerza entre ambos podría parecer igual en primera instancia, pero Nightwing se medía, él obedecía a su padre al no atacar con la intención de romper huesos -fuerza guardada para momentos especiales-. El rubio, llamado Larry, sí usaba su fuerza sin importarle nada, mas él no se estaba agotando.
Dos oponentes muy parejos, poseyendo un entrenamiento mortal que los hacía tan resistentes como el plomo.
0oOo0
Dick.
Ok, este tipo era bueno. Le di un golpe directo a la cara y él no se inmutó y continuó como si nada.
Mi asombro le permitió a él conectarme un golpe en el pecho, mandándome para atrás varios pasos.
—Tu padre es bastante irresponsable por permitir que vengas acá —dijo él. Retiré el cabello de mi frente y lo miré —. ¿Cuántos años tienes? ¿Siquiera 18? ¿Unos 17?
—Quince primaveras tienes que cumplir —continuando con la tónica latina, canturreé la canción más popular entre las señoritas del sur de nuestro continente.
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Bruce.
—¡¿Quince años?! —oí exclamar a un hombre más adelante. Mis ojos no se despegaban de la proyección. El criminal y Nightwing retomaron su intercambio de golpes; este sujeto estaba bien entrenado, ¿sería parte de la Luz? ¿De la Liga de Asesinos? ¿Se trataba aquel encuentro de un intento de toma de la ciudad?
—Pediatras han determinado que la edad de los Robin oscila entre 8 y 11 años de edad —añadió una mujer mayor; era la señora Walker, dueña de una empresa industrial enfocada en el acero —. Lo que a nosotros nos tiene que importar es que ellos hagan el trabajo, y lo hacen.
Cada vez la pelea se alejaba más de los vidrios rotos, pero aún era pronto para garantizar que Dick cumpliría su promesa de arrastrar el enfrentamiento al parque.
—Discrepo —mi acompañante se introdujo en la conversación —. Son niños. ¿Qué edad tienen ellos, Bruce?
Por un momento, un brote de pavor me inundó.
—¿Qué? —mantuve mis ojos en la pantalla y mi rostro plano. Internamente, encendí cada alarma de mi cerebro.
—¿Qué cuántos años tienen los Robin? —repitió mi acompañante —. Tú eres un benefactor de la Liga de la Justicia, y todos sabemos que Oliver Queen ha tenido acceso a las instalaciones de la Liga, incluso sale con Canario Negro, así que me imagino que tú conoces a los Robin.
Miré a la morena, lucía expectante. Sin brillo malicioso en los ojos, sin una sonrisa irónica, ningún gesto cómplice. ¿Era una pregunta verídica o traía un motivo oculto?
Respondí con lentitud.
—Conozco solamente a Nightwing, Batman no le da acceso a cualquiera a los niños. Ellos son dos pequeños muy protegidos.
La morena bufó.
—¿Protegidos? ¡Hay que ver cómo terminaron! Uno brutalmente asesinado y el otro, según las malas lenguas, torturado.
Volví la vista a la transmisión mordiéndome la lengua.
Mis preciosos hijos.
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Dick.
—¡No que yo no estaba a tu nivel! —tras el susto de ser sorprendido por una estrella ninja que me lanzó ese sujeto, no me quedaba sino burlarme —. Las armas voladoras significan una cosa: ¡mordí más de lo que podía comer!
—Cállate —gruñó el rubio metiendo la mano en su bolsillo —. Eres un fastidio con boca, ¿cuándo dejas de hablar?
—Te presentaré a mis hermanos. Nunca le preguntes a Red Robin su opinión sobre las películas de Disney, porque no se callará hasta...
Me lancé a un lado, ¡el tipo trajo una granada!
... bueno, casera y de corto alcance -más pólvora y luces que daño real-, pero una granada, al fin y al cabo. Rodé en el suelo y me enderecé quedando acuclillado en el suelo a una distancia prudente.
—¿Cómo no te ha matado Batman a estas alturas? ¡Ven acá y pelea! ¿O no eres hombre?
—Oye, hace unos momentos acusabas al murciélago de negligencia, ¿ahora sí soy un hombre?
Con una mueca sardónica me levanté y lancé mi propio explosivo de bajo alcance.
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Billy.
—Le voy diez dólares a que Dick le gana al sujeto antes de que acabe la hora —anunció Oliver.
Lamí la pasta naranja de los Doritos pegada en mis dedos y giré el rostro para ver al arquero rubio. La Liga se reunió en la sala de entretenimiento de la Atalaya para ver el combate de Dick en pantalla gigante. Estábamos aquí miembros antiguos, los de confianza.
Miré junto a los demás el reloj digital de la pared: 9:42 p.m.
—Aún se le ven energías a ese sujeto —consideró Barry.
—¿Seguro? —y con una mueca burlona, Oliver puso un billete de diez dólares en el centro de la mesa de café.
Flash sonrió con suavidad y sacó su cartera.
—Yo digo que Nightwing va a desesperarlo tanto que el tipo va a entregarse a la policía —dijo colocando sobre el dinero dos billetes de cinco dólares.
Observé con diversión a mis pares, otros se unían a la apuesta.
—Yo creo que Batman es tan sobre protector que acudirá a romperle la cara al idiota por atreverse a tocar a su pajarito.
La declaración fue recibida con una risotada. Superman agregó su billete.
—Y yo que Batman es tan sádico que no intervendrá sino hasta que Nightwing haya hecho papilla a ese pobre incauto que no sabe en qué lío se metió.
Fui quién más rió de las palabras del Hombre Halcón.
—Quién sea que lo venza, ese sujeto se va a ir con al menos un hueso roto —dije sin dudar, metiendo mano en mi bolsa de Doritos.
—¿Te atreves a darle peso a tus palabras? —se burló Hal señalando a la mesa de apuestas. Aquaman y Superman intercambiaron una mirada de preocupación. Antes de que ellos pudieran protestar, deposité con dramatismo en la mesa un arrugado billete de diez dólares que saqué del bolsillo de mi sudadera.
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Bruce.
—Es increíble... no tengo palabras —el suspiro de admiración de la presentadora me llenó el pecho de orgullo. Pasarón las diez de la noche y el combate no daba señales de terminar, más cámaras se unieron a la refriega, convirtiendo el encuentro en un hecho internacional que solo ensalzaba a mi hijo —. Casi ochenta minutos de combate ininterrumpido ¡y ambos tienen energía para continuar!
Oh, Dick, cariño, has trabajado tan duro, susurré mentalmente encantado con el rendimiento de Nightwing. La pelea, un impresionante mano a mano, estaba a unos pocos metros del parque. Solo unos minutos más.
No obstante, mi emoción no era compartida en la terraza.
—Se acercan, deberíamos marcharnos —comentó Ian, el hombre que se sorprendió al oír la edad de Dick, a Selena, mi acompañante de la noche. Ante mi concentración en las noticias, ese par se pusieron a coquetear en voz baja, creyendo que yo no lo notaba.
Claro, el tontuelo Bruce Wayne no se daría cuenta si un perro se le sentara en la cara. Internamente, rodé los ojos.
—Pues… —la morena me miró.
—Yo me quedo, toma el chófer si quieres —le dije.
La mujer se mordió el labio. La meditación de ella era muy simple: ¿el hombre coqueto que se la cogería en un penthouse o el tipo multimillonario?
—Me quedo contigo.
Asentí sin prestarle atención; ella se iría a la primera señal de verdadero peligro.
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Dick.
—¡Oye!
—Cuidado con los civiles —le indiqué al rubio después de que por un mutuo error nos empujáramos y tropezáramos con las personas que grababan con sus celulares —. Y ustedes, aléjense o no se quejen —les grité.
Los dos ocupamos las posturas defensivas frente a frente. Él me sonrió.
—Lo reconozco, eres bueno. Mi nombre es Larry, pero supongo que no me dices el tuyo.
—Adivinaste —arrugué los ojos con diversión.
Larry alzó una ceja y me enseñó su mano. Mutuamente chocamos palmas antes de continuar nuestra larga faena. Media hora después, una de las mancuernas de Larry se rompió destrozándole los nudillos, mas él se la retiró de la mano sin muecas; era un sujeto muy curtido en el arte del dolor.
Se logró el cometido, llegamos al parque.
0oOo0
Bruce.
—Lo siento, me voy, me llevo a tu chófer.
Sabia elección, ninguna tonelada de atención y joyas valían exponerse al peligro de permanecer cerca de la pelea. Afuera, apenas me inmuté. Gordon y Bullock estaban abajo buscando un buen sitio para ver la riña y esta terraza era el lugar perfecto. Yo contaba con cinco minutos antes de que tener que hacer mi acto de playboy descomplicado frente a uno de los hombres que más respetaba.
Efectivamente, al rato, Bullock ingresó a la terraza seguido del comisionado. Los dos combatientes volvieron a caer en el uso de las armas, los bastones de Nightwing se fueron a volar en el momento que, justo cuando la policía entraba al recinto, él fue lanzado contra una caminadora de la sección de equipos de ejercicio estáticos del parque.
—Civiles fuera, esta terraza se ha convertido en un lugar de riesgo.
Un abucheo general no evitó que las personas restantes se retiraran a regañadientes, abandonando en el proceso los bocadillos de la tertulia, a los cuales Bullock atacó sin consideración con la modestia, según vi al girarme para examinar la situación.
—Señor Wayne, buenas noches —el comisionado se acercó con respeto a mí. Yo debería sentirme más culpable por acostarme con su hija, pero Barbara era una pequeña cosita deliciosa —. Como dijo mi compañero, es preferible que se marche o vea la pelea desde su teléfono en otra sala del museo.
—Vamos, comisionado —alargué la voz con despreocupación —. El espectáculo está increíble, no esperará que me pierda la oportunidad de verlo en vivo y en directo, ¿verdad?
El oficial frunció el ceño y desistió. Gordón se unió a los otros policías que subieron a la terraza, recostándose conmigo en la baranda de seguridad para observar al niño que nosotros vimos desarrollarse como un superhéroe independiente y que ese día tenía la atención del mundo puesta en él.
Sí, Dick era mi mayor orgullo.
Los minutos y los golpes continuaron y a los peleadores, nadando en su sudor, se les acabaron oficialmente las armas. Como un movimiento desesperado, Larry le apostó a su última navaja y ciertamente logró perforar el uniforme de Nightwing, rasgarle la piel y hacerlo sangrar, pero el arma pronto se unió al montón regado en el suelo.
Herida superficial, inofensiva.
—Son tres horas desde el inicio de esta batalla… yo supongo que tendrá que acabar en unos minutos, digo, tienen que descansar, ¿no? —la mujer fruncía el ceño y separaba los labios impactada, igual que el resto del mundo.
Te superaste Dick, eres un hombre hecho y derecho, hijo mío, pensé con una sonrisa cariñosa que eliminé de inmediato, pues no estaba a solas. A tres horas y 20 minutos, examiné la situación. La pelea fue dual y equitativa, ambos guerreros compartían síntomas de cansancio extremo y deshidratación, reflejado en sus muy merecidas pausas de cinco o siete segundos, no obstante, Larry, que atacó desde el inicio sin medir fuerzas, lucía ligeramente más recompuesto. La realidad era dura: Dick no ganaría sin una idea ingeniosa o...
—¿Dónde está Batman, hijo?
O aceptando la sugerencia velada del comisionado, que usaba su radio transmisor para comunicarse con el joven a través de la frecuencia del comunicador prendido de la oreja de Nightwing, de solicitar refuerzos.
—Viendo la telenovela, comisionado —rió jadeante.
Gordón frunció el ceño.
—Es en serio hijo, ¿dónde está Batman?
¿Qué decir? ¿Misión secreta, misión espacial, herido y fuera de combate?
Nightwing no pudo responder de inmediato, en su descuido él fue estampado brutalmente contra la caminadora fija. La periodista de la pantalla soltó un grito ahogado, hubo exclamaciones entre los que rodeaban el parque: Dick escupió sangre por la boca. Por reflejo, caminé a la pantalla para ver el acercamiento del rostro de mi hijo, sacando mi celular. Resistiéndose a perder, Nightwing se impulsó hacía arriba y le conectó un gancho de derecha a Larry en el rostro, tambaleándolo el suficiente tiempo para contestar.
—Puedo encargarme, comisionado —gruñó volteando los ojos hacia la terraza.
Asentí, entendiendo esas palabras no solo para el comisionado, sino para mí. Guarde mi celular, confiando en mi hijo.
0oOo0
Autora.
Garrafal error; aquel inusual descuido de Bruce Wayne era el inicio del fin.
Él iba a lamentar ese instante el resto de su vida.
La pelea siguió con golpes lentos y cansados, los dos hombres estaban agotados y débiles, descuidando sus defensas; por lo mismo, Larry logró conectarle a Dick un certero conjunto de patadas. Con el cuerpo moviéndose en piloto automático -producto del agotamiento-, Dick esquivó los golpes con movimientos circulares. Girando sobre sí mismo para esquivar, la adrenalina de Nightwing no le permitió notar que una de las púas filosas de las botas de Larry tocó su rostro, rasguñando sobre su ceja y arrancando su máscara de un tirón.
—¡No! —dijeron Bruce y el comisionado al mismo tiempo.
Ellos no fueron los únicos en captar el incidente, Bullock, los policías y, peor aún, los camarógrafos que rodeaban el parque a la distancia segura establecida por los uniformados, lo vieron. Hubo una exclamación colectiva.
—¡¿Quién es?!
Bruce captó con el rabillo del ojo que uno de los oficiales cercano a él sacó su celular para grabar a escondidas de Gordón, que lo hubiese regañado. Fue precisamente el comisionado quien descubrió la identidad de Nightwing.
—¡Es Dick! ¡El hijo de…! —miró al hombre a su lado sin creérselo. Millonario y policía intercambiaron una mirada, bastó eso para que Gordon lo supiera. El policía con el celular giró su cuerpo con la boca abierta, tratando de grabar lo sucedido.
No me lo puedo creer, el sentimiento del policía sería pronto compartido por millones de personas.
—¡¿Usted?! —gritó Bullock, para agregar luego con la voz baja, más por incredulidad que por cautela —. ¿Usted es Batman?
Era sobrado decir que Nightwing era el hijo del gran murciélago, dar con uno era atrapar al otro. Gordón paseó los ojos por la batalla.
—Hay que avisarle —el hombre levantó su radio para notificar a Nightwing, pero Bruce se lo rapó de las manos.
Hubo un parpadeo confuso, la figura jovial de Bruce Wayne se marchó dando paso a la fuerte estructura de Batman, la cual imponía en cualquier situación.
—No. Él está a un paso de perder, el otro sujeto tiene una mayor reserva de energía. Si desconcentramos a Nightwing, lo matarán.
—Hay que avisarle —repitió el comisionado. Batman lo pensó un instante y activó el radio; aguardando un segundo, empleó su voz natural, profunda y rica.
—Soy yo. Rompe su raíz.
—Pero los ataques tan agresivos están prohibidos.
La voz -aun infantil- de Dick, se filtró por la radio, el policía que grababa no se había detenido, ellos mismos soplarían su tapadera ante la sociedad. Bruce se tragó una larga hilera de palabrotas.
—Perderás, él te supera en resistencia —miró a su hijo esquivar una serie de puñetazos mientras hablaban —. Rompe su raíz.
—Está bien, Batman.
Hubo otra ronda de exclamaciones en la terraza, pero más notoriamente en el parque; por supuesto, el video del policía era un directo en internet que el público veía. Nadie alcanzó a hacer preguntas, el sonido seco y frío de los huesos rotos detuvo las conversaciones. Ninguno se atrevió a despejar los ojos de los combatientes.
Nightwing había disparado una patada a primera vista muy simple, patética a comparación con sus anteriores movimientos elegantes y fluidos, pero la patada usó la fuerza de la cadera de Nightwing, sumado a la fuerza de velocidad correspondiente al movimiento de rotación que este dio con su pierna muy floja, sin contraer los músculos, partiendo desde las 6 en punto e impactando a las 12 en punto. El resultado fue la rotura del fémur derecho de Larry, cuya pierna impactó con su pierna izquierda, perforando el hueso de esta.
El grito de dolor fue señal de victoria y de huida.
—Sal de ahí de inmediato —y entregándole la radio al comisionado, Wayne se despidió de este con un asentimiento, marchándose de la terraza con pasos rápidos.
0oOo0
Dick.
—Claro —dije al comunicador con temblores.
Aun con la orden flotando en mi cabeza, me di un minuto para respirar apoyando las manos en las rodillas y apartando la vista de Larry, quien lloraba con justa razón: los huesos de su pierna derecha se habían salido de su pierna, dando una visión sangrante y horrible yo prefería ignorar a favor de apartarme el cabello de la frente. Al hacerlo, mis dedos enguantados acariciaron los cabellos oscuros de mi ceja descubierta.
... ¿qué?
Algo va mal, me susurró en la mente antes de caer en cuenta que no portaba su máscara. Giré sobre mí mismo buscando un espejo o algo. El reflejo de las vitrinas de los locales frente al parque me sirvió para detallar mi imagen sudada y desenmascarada.
Por unos instantes, el vacío fue lo único en mi cabeza.
—¡Vete!
Levanté la cabeza, pasmado. El grito del comisionado me trajo de vuelta, a mí y a la multitud que me rodeaba paralizada, debatiéndose entre el terror y el morbo que provocaba la herida de Larry. Cámaras... miré fijamente una de ellas con el pánico burbujeando dentro de mí.
—No —murmuré. Convoqué mi moto de golpe, con mi cuerpo reactivando todos los motores. El vehículo no demoró en aparecer y esa fue la señal que reinició el movimiento entre los periodistas y chusmas curiosas; los policías no podrían contenerlos ni milésimas de segundo. Me arrojé sobre mi moto mientras esta aún andaba, huyendo de la escena y olvidándome del malherido Larry.
Mi identidad había sido revelada. Peor, la identidad de Batman había sido revelada.
