Esta historia es una reinterpretación desde el punto de vista de Hermione de la historia original con extractos literales de los libros y las películas.

Cápitulo 1: La carta

El último año escolar había sido el infierno en la tierra para Hermione Granger.

No la malentiendan, encontraba muy gratificante su desempeño académico debido a las excelentes notas que sacaba a costa de cientos de horas de estudio y lectura autoimpuestas, por supuesto. Los profesores no escatimaban en elogios hacia ella y había obtenido varios reconocimientos que le inflaban el pecho de orgullo. Lamentablemente esto acarreó otro tipo de problemas a los cuales aún no les encontraba solución.

Por ejemplo, estaba el asunto de los hermanos Williams: un par de niños molestos que se divertían a costa de acosarla constantemente con empujones y chistes sobre, como ellos solían llamarla, "La traga libros". También estaba Sophie, la hija de los Murphy, quien intentaba por todos los medios impedir que le quiten el puesto de mejor alumna que, según ella, le "pertenecía" debido a su procedencia real e inteligencia innata.

Por supuesto que la competencia sana le resultaba motivadora pero la niña tenía la pésima manía de pedirle a sus compañeros de clase que le escondan una y otra vez sus libros con el único fin de desquiciarla.

Incluso así ella podía tolerar esa situación después de todo, cuando uno tiene un futuro tan brillante por delante, no es necesario perder el tiempo en cuestiones vanas como hacer amigos.

Pero la gota que rebalso el vaso, sin dudas, era la muy poco profesional profesora Smith. Esa mujer estaba empeñada en encontrar error alguno en sus ensayos para poder rebajarle la nota a base de excusas ridículas de la índole "la fuente es poco confiable" o "las fechas históricas no están verificadas" o la peor hasta el momento "la letra sobresale del margen". ¿Cómo podía una persona brillante como ella concentrarse en sacar buenas notas cuando tenía que distraerse pensando si el último punto quedaba por debajo del renglón?

Debido a esto, y a otros varios motivos que no perdería tiempo en explicar, no podía estar más feliz cuando recibió su carta de invitación al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Claro que cuando aquella mujer tocó la puerta de su casa se generó un momento incómodo, después de todo su apariencia era un tanto... particular. Sus cabellos entrecanos estaban asegurados en un firme moño dándole a su nariz, ya de por si aguileña, una leve prominencia que hacía que mantenga en su cara una mueca remilgada. Pero sin dudas lo más extraño era su larga túnica verde esmeralda que flotaba vaporosamente detrás de ella cada vez que daba un paso.

Se presentó a sí misma como la profesora Minerva McGonagall y se acercó a entregarle una carta amarillenta sellada con lacre púrpura y una estampa de un escudo. En la carta, como la profesora les explicó, mencionaba que había sido aceptada en el dichoso colegio que, al parecer, era el mejor colegio de magia y hechicería de todo el mundo.

Al principio sus padres habían quedado totalmente descolocados y no podía culparlos después de todo ellos eran, según lo había aprendido unos minutos atras, algo que los magos conocían como "muggles" o seres sin habilidades mágicas. Se mostraron reacios a la idea, su madre le preguntaba a la profesora de manera lenta y pausada si necesitaba atención psicológica mientras su padre mantenía una mueca firme de disgusto en su cara. Cuando la profesora sacó su varita e hizo levitar algunos objetos fue el momento cúspide de la reunión y en el cuál, luego de intentar encontrar sin éxito el truco detrás de semejante despliegue, no tuvieron otra opción que aceptar lo que estaban escuchando.

-No querría ofenderla señora McGonagall... ¿pero está usted segura...? -

-Profesora, querrá decir, y por supuesto que estoy segura. Su hija presenta cualidades mágicas y sería conveniente, por tanto, permitirle asistir a Hogwarts para que aprenda a controlarlas-

Tras una hora más de charla, un sinfín de preguntas y muchos suspiros de resignación finalmente sus padres accedieron a llevarle en el día y horario al lugar indicado por la profesora para iniciar su primer año de clases.

Ella por su parte no cabía en sí de la emoción, la sensación de ser una extraña en su vida era algo que la acechaba desde hacía años y a la que no podía darle una explicación lógica. -Realmente tendría una segunda oportunidad- pensaba una y otra vez llena de optimismo –la oportunidad de encontrar un lugar al que pertenecer. -

Durante la visita Hermione, quién había digerido sorprendentemente rápido la noticia, le había suplicado una y otra vez a la profesora que le adelante el material que vería durante el año. Casi le había parecido ver una pequeña sonrisa ladeada en la cara de la mujer cuando le dijo que le enviaría algunos artículos que le serían de interés.

Una semana más tarde, ante la perpleja vista de los Granger, había recibido un paquete con una inmensa pila de libros con temáticas variadas como "Libro reglamentario de hechizos", "Historia de la magia", "Guía de transformación para principiantes", "Filtros y pociones mágicas" entre otros.

Cogió con ambas manos el tomo que más le llamó la atención, era grueso y pesado, de un color amarronado con detalles amarillos y verdes. Leyó en su título "La historia de Hogwarts" y se le dibujo una sonrisa en la cara -Empezaré con este- pensó emocionada.

Este sin duda sería un comienzo perfecto para su nueva vida.