¡Hola, FanFiction!
Uff, muchas cosas han pasado. En fin, finalmente, después de siglos, les traigo la continuación, que espero y no me maten. Como siempre, me pasó lo que me pasa con todos mis fics, que después de un tiempo leo los caps que tenía escritos y no me siento satisfecha con mi trabajo, intento editarlos pero no quedan como deberían, y luego me da pena mostrarlos al público porque siento que no me quedó lo suficientemente bueno... Eh ahí la razón por la cual aún no actualizo Diamante Sangriento, cuando ya lo terminé de escribir, mil perdones.
En fin, mejor me dedico a presentarles el cap y... a leer~... por favor, no me maten...
11. Fantasma misterioso
El ambiente se había tornado por lo menos unas mil veces más tenso de lo que ya estaba, y a como estaban las cosas, se volvería todavía peor.
Maka apretaba fuertemente sus manos para intentar de des tensarse. Lo disimulaba un poco con los brazos cruzados y postura firme. Jacqueline mantenía ambas manos a cada lado de su cadera y cada tanto daba algún que otro golpecito al suelo con su zapato, delatando su notoria incomodidad.
La mirada verde y chispeante por la furia chocaba violentamente con la de color café, casi en las mismas condiciones.
De los otros tres ocupantes de la Death Room, Shinigami era quien más afectado parecía por semejante tensión. Su propia máscara lo delataba, incluso estaba comenzando a sudar frío.
No tardó en escucharse el sonido de unos tacones, avanzando a paso apresurado por el pasillo de guillotinas. De entre la oscuridad de dicho sector se fue asomando otra chica de ojos celestes. Su cabello rubio y largo se movía al compás de su caminar, y su vestido de alta clase se hondeaba de forma similar.
Las otras dos ni siquiera se voltearon para verla, no queriendo dar ninguna la retirada en aquél intenso duelo de miradas.
La recién llegada se formó junto a ellas, al lado de Jacqueline, y entonces el Dios de la muerte aplaudió un par de veces con sus enormes manos para llamar la atención.
—Anya-chan, qué bueno que hayas llegado~— Saludó despreocupadamente. —Ahora que todos los vampiros de Shibusen están presentes, daremos inicio a esta pequeña reunión.
¿Todos?
Maka entonces miró hacia ambos lados, centrando posteriormente su vista en el enmascarado.
—¿Y papá?— Preguntó al no detectarlo por ninguna parte.
—Spirit-senpai está de misión en estos momentos, por lo que no puede asistir— Lo excusó Stein, llevándose una mano hacia el tornillo en su cabeza para girarlo un par de veces.
—Ahora bien, deben testificar su inocencia antes de continuar. No es que desconfíe de ustedes, chicas, son sólo protocolos— Aclaró el Shinigami.
Anya carraspeó ligeramente, indicando que ella sería la primera. Colocó una mano a la altura de su corazón y la otra la levantó solemnemente.
—Yo, Anya Hepburn, juro por mi alma y por Shinigami-sama mi completa inocencia respecto a esta acusación— Habló con voz firme y a su vez intentando ser lo más recatada posible, deshaciendo luego su postura para darle lugar a las otras.
—Yo, Jacqueline O. Lantern Dupré, juro por mi alma y por Shinigami-sama mi completa inocencia respecto a esta acusación— Imitó los mismos gestos de la otra, y luego procedió a mirar con mala cara a la que quedaba.
—Yo, Maka Albarn, juro por mi alma y por Shinigami mi completa inocencia respecto a esta acusación— Ignoró por completo aquella mirada y mantuvo su voz firme y verdadera.
La vampiresa de Sangre Pura bufó por lo bajo.
—De seguro que fuiste tú, qué descaro…— Espetó en un susurro perfectamente audible para las otras dos.
—Es de mala educación echarle la culpa a alguien más por tus propias travesuras, ¿No te lo han dicho, Jacqueline?— Le respondió ella en el mismo tono, sin abandonar ni por un segundo su semblante serio con la vista fija en el enmascarado.
—¿Vas a inculparme, anciana?— Se giró para mirarla, con una clara advertencia en sus ojos y el ceño fruncido.
—Chicas, chicas~— Les llamó la atención el Shinigami. —No vinimos aquí para pelear.
Maka dejó mostrar a propósito una pequeña sonrisa satisfecha, haciendo que la otra le enviara una última mirada fulminante antes de volver a acomodarse en su lugar y centrar su vista en el espejo.
—Eso es todo por ahora, Anya, Jacqueline, pueden retirarse— Se apresuró a despedirlas Kid, con su mismo tono de voz serio de siempre.
—¿Por qué la prisa? También es importante que sepan lo demás para que nos ayuden a atrapar al culpable— Intervino Stein, mirando apenas de reojo al Shinigami menor.
Kid mantuvo en todo momento su semblante serio, pero la mirada que le envió al científico expresaba un claro reproche. No había verdaderamente mucha necesidad de aquello, todo lo que requerían de ellas era la declaración y lo único que harían allí si se quedaban sería observar a Maka en estado de histeria o peor.
Centró su mirada dorada en cualquier otro punto de la habitación, ligeramente molesto en su interior, pero no volvió a decir más nada.
Jacqueline hizo una mueca de fastidio y se cruzó de brazos.
—¿Nos quedamos o qué?— Le preguntó no muy contenta al científico.
—Hagan lo que quieran, chicas~ Maka-chan es la única que verdaderamente debe quedarse— Avisó el Dios de la muerte, haciendo que la aludida arqueara una ceja en busca de una explicación.
Y fue Stein quien se la dio, sin tacto y sin trabas, como normalmente lo hacía.
—Todos los ataques han ocurrido entre las ocho y las once de la mañana de hoy. Las víctimas fueron mujeres que rondaban los quince y veinte años de edad— Todas centraron su mirada en él atentamente, y entonces prosiguió. —Sus heridas eran menores, por lo que algunas se están recuperando en el hospital, no obstante, ninguna ha despertado hasta el momento— Hizo otra pausa para encender un cigarro y llevárselo a la boca con total tranquilidad. —Y la pista más importante que tenemos, consiste en que sabemos con certeza que se trata de un Vampiro Nosferatu— Se centró ahora en la vampiresa de ojos verdes, y Kid no se atrevió a mirarla.
Fue instantáneo. Maka de inmediato fue atravesada por un escalofrío que la congeló de pies a cabeza. Con los ojos sumamente abiertos y las pupilas contraídas comenzó a acelerar su respiración a los pocos minutos de sentir que de un momento a otro se le había ido todo el aire de sus pulmones. Intentó con todas sus fuerzas recuperarse y mantener la compostura, apretando con fuerza los puños de sus manos.
Habrían pasado por lo menos unos tres minutos. Unos extremadamente largos tres minutos.
Respiró hondo, y entonces Kid posó su vista dorada sobre ella. Se le hizo eterno el momento que tardó inhalando y exhalando con extrema lentitud, hasta que sus ojos verdes, notoriamente alterados, se centraron en el científico.
—¿Qué te hace pensar que es un Nosferatu?— Su voz había perdido su firmeza característica, sonando inevitablemente de forma consternada.
—Los Nosferatu son los únicos que muerden y no dejan marca, y ninguno de los cuerpos presentaba mordeduras, sólo algunas heridas menores— Le contestó de la misma forma inmutable que siempre.
—¿Eso es todo?— Una ligera molestia resonó en su voz, producto también del pánico que poco a poco comenzaba a surgir desde lo más profundo de su pecho, devorando con extrema velocidad cada parte de ella hasta infectar más su mente. —Saben que los otros Vampiros no necesariamente deben morder para extraerle sangre a la víctima. Ellas estaban lastimadas, ¿Verdad? Entonces tampoco debería ser difícil de suponer que quien sea que las haya atacado se hubiera limitado simplemente a cortarlas con algo y de allí…-
—Maka-chan— La interrumpió el Dios de la muerte. No hacía falta verle la cara para saber que se encontraba mirándola con una inevitable lástima, y sólo en ese instante ella comprendió la razón.
No se había dado cuenta de que estaba perdiendo cada vez más y más el control, ni que su voz ya delataba perfectamente su histeria, al igual que su rostro y la misma posición de su cuerpo. Frustrada y enfadada consigo misma, apretó con fuerza los puños e intentó relajar su postura. Con el ceño fruncido, fijó su vista al piso y de allí no la despegó por un buen rato, ignorando la mirada complacida de Jacqueline y su enorme sonrisa esplendorosa.
—Las heridas fueron sólo unos cuantos raspones, por lo que muy difícilmente el sujeto en cuestión podría haber extraído sangre de allí— Volvió a explicar Stein. —No hay duda, es un Nosferatu.
Otro escalofrío la recorrió, y ante el pánico, a su mente llegó la imagen de unos ojos celestes. Un celeste profundo y contaminado, cargado de locura y sed de sangre.
Tuvo miedo. Después de tantos siglos, volvió a sentir aquél miedo descomunal que tanto le había costado manejar. Trató de pensar en cualquier otra posibilidad, pero inevitablemente todo pensamiento la conducía directamente a él.
—Todas las pistas que necesitaban— Canturreó altanera y desbordante de diversión Jacqueline. —Ya puedes dejar de hacerte la inocente, estás atrapada, Albarn— Agregó con toda la intención, ganándose una mirada severa y filosa de Kid, la cual logró intimidarla un poco.
—Creo que ustedes dos ya pueden retirarse— Sentenció con su voz firme y seria, refiriéndose más exactamente a Jacqueline.
Ella frunció el ceño y sin más preámbulo se dio media vuelta indignada. Se tragó sus ganas de contestarle, pero con él no era buena idea buscar pelea. Le dedicó otra deslumbrante sonrisa maliciosa a la otra, para finalmente internarse en el pasillo de guillotinas y abandonar el lugar. Anya tardó un poco más y a diferencia de la primera, se limitó simplemente a observar por breves instantes a la rubia. Pocos segundos después, se encontraba siguiendo los pasos de Jacqueline.
El silencio predominó en el lugar como un pesado y asfixiante manto durante otros cuantos minutos en los que absolutamente nadie tuvo siquiera la intención de romper. Los otros tres ocupantes no hicieron otra cosa más que mirar a Maka, esperando alguna reacción por su parte.
Un suspiro cargado de tensión, eso fue lo que obtuvieron de ella antes de que volviera a alzar la vista.
—No hay forma de que haya sido él…— Musitó por lo bajo, intentando controlarse esta vez. El temblor en su voz se hizo notar, y el miedo en sus ojos prácticamente palpable y reconocible no hizo más que acumularse en el pesado ambiente para empeorarlo. —No tiene sentido… él no haría este tipo de cosas si quisiera…— Se silenció por unos momentos y bajó la mirada. No importaba cuántos siglos hubieran transcurrido, aquél tema seguía siendo estrictamente tabú para ella, y todos allí lo sabían. —No es su estilo… pero…
—No estamos diciendo que se trate de él específicamente— Stein fue el único valiente… o mejor dicho, lo suficientemente frío como para romper el nuevo silencio que amenazaba por invadirlos. —Es cierto que los Nosferatu ya son casi una especie extinta, pero no por eso debemos suponer específicamente que se trata de ese sujeto— Vio cómo Maka volvía a tensarse y hacía todo lo posible para luchar contra su histeria creciente. —Hasta me atrevería a decir que todavía quedan por lo menos otros dos además de ustedes tres— Fue contando con los dedos de una de sus manos para ser un poco más gráfico, y pasados unos escasos segundos volvió a guardarla en el bolsillo de su pantalón.
—Por lo menos dos más…— Repitió ella lentamente y en voz baja, con la mirada todavía oculta bajo la sombra que producía el fleco de su cabello. —Dos más en todo el mundo humano, el Infierno, Death City y las otras dimensiones contiguas… ¿Precisamente tiene que venir a este lugar? ¿No te parece demasiada coincidencia?
Kid se acercó un paso al notar que la voz de Maka volvía a tornarse histérica y hasta cierto punto aterrada, pero casi tan pronto como lo hizo, vaciló un momento y se quedó plantado allí. Le frustraba verla así, pero no podía hacer nada por ella.
Todo lo que pudo hacer fue limitarse a observar cómo el temblor de su cuerpo aumentaba, dándole un aspecto de fragilidad que poco a poco se hacía más fuerte y superaba al anterior, a la única vez que la vio de aquella forma.
—Vino por mí— Soltó de un momento a otro aquél pensamiento en voz alta y ahogada, en un susurro apenas audible pero corroído por completo por el puro terror.
Maka sintió que el suelo sobre el que estaba parada se desvanecía bajo sus pies, y sus piernas mismas ya no pudieron resistir el peso de su cuerpo. Se desconectó por completo de lo que la rodeaba y se abrazó a sí misma, sin poder evitar enterrarse con fuerza las uñas en su piel. No se percató para nada de que Kid la estaba sosteniendo para que no se cayera por completo, ni de que la llamaba con insistencia para que recobrara la cordura. Ya era muy tarde para eso, y todo lo que veía era sangre.
Aquellas imágenes que había encerrado bajo mil candados y arrojado a lo más recóndito de su mente volvieron a aflorar una tras otra ante sus ojos.
Sangre.
Los gritos aterrados del pequeño.
Otra salpicadura de sangre.
Una risa estridente y lunática.
Más sangre.
Y sus ojos celestes infectados con locura, que luego se llevaron todas las imágenes juntas en un torbellino de oscuridad que terminó por arrastrarla a ella también.
—Toma esto también— Dijo Maka, que con las manos enguantadas de cuero negro para no sufrir los efectos que pudiera generar cualquiera de esas cosas, le colocó aquél rosario de oro y plata en el cuello. —Ah, y esto también— Agregó tras pasarle un frasco de agua bendita en spray.
Hero sintió un leve estremecimiento al verse tan dotado de todo ese equipo anti-vampiros, y no pudo evitar mirarla con extrema preocupación y un rastro de inseguridad en sus ojos.
Tenía las manos repletas de crucifijos, estacas de madera, granadas de agua bendita y demás, haciéndolo sentirse bastante… incómodo.
—Pero…— Intentó reclamar, con una gran inseguridad. —¿Segura?... A ti nunca te ha gustado verme con algún amuleto anti-vampiro— Bajó un poco la mirada, volviendo a centrarla en todos los objetos que tenía en sus manos.
Ella le sonrió con ternura, pero el rubio de inmediato notó que aquella sonrisa era diferente a las de siempre. Ocultaba tras de sí un enorme y creciente pánico latente.
—Es sólo por precaución. Sabes que el Vampiro que estamos buscando es otro Nosferatu— Y sus facciones se endurecieron un poco, evidenciando cierta tensión. —Y si se trata de un Nosferatu, debemos atacar con el arsenal completo… Somos los más duros de matar— Aquello parecía ir más dirigido hacia ella misma que a otra cosa, pero el chico decidió no comentar nada al respecto.
Al no obtener ya más respuestas por parte del humano, la rubia dio media vuelta, con clara intención de retirarse de una vez.
—Espera— Pidió la voz del muchacho. Ella no se giró, pero le dio a entender que lo escuchaba. —Cuídate mucho.
Esas dos simples palabras hicieron que se le formara una sonrisa en el rostro. Una sonrisa verdadera que por un momento combatió toda la inseguridad y el miedo de su interior, y sin poder evitarlo volvió a dar media vuelta para encararlo. Dio unos pocos pasos para abrazarlo y darle un beso en la frente, sin perder en ningún momento aquella sonrisa.
—Y tú no andes haciendo cosas imprudentes por tu cuenta— Le revolvió el cabello con cariño, haciendo que él también se relajara un poco para poder sonreírle de la misma forma.
Hero asintió con la cabeza, y la vampiresa se dispuso a irse.
Maka se adentró en el pequeño sendero boscoso y se guió más por su olfato que por las indicaciones dadas anteriormente por Stein para llegar al lugar. Entró en un pequeño claro en cuestión de minutos, encontrándose allí con las otras dos.
Jacqueline permanecía de brazos cruzados y una clara expresión de fastidio, que se acrecentó más al verla.
—Llegas tarde, anciana— Le reclamó tras haberla taladrado con la mirada.
Anya, que permanecía con una mano apoyada en la cintura y con uno de sus elegantes trajes, se limitó a omitir comentarios y observar a la recién llegada.
—Ya estamos todas, ¿Alguna percibió algún rastro de sangre reciente o algo?— Fue lo primero que dijo la de ojos verdes al tiempo que examinaba los alrededores con la mirada, ignorando así el comentario de la otra.
—Nada. Sólo tenemos unos pocos rastros de sangre vieja de una de sus víctimas— Contestó con tono calmado la otra rubia, señalando con la mirada unas manchas de sangre seca, impregnadas sobre la corteza de un robusto tronco. —No obstante, sabemos que lo que buscamos permanece en esta área, tomando en cuenta que todos los ataques se produjeron por aquí.
—En ese caso, creo que deberíamos separarnos y buscar más adentro— Sugirió Maka, con un tono de voz aparentemente calmado, para lo que habían visto anteriormente en la Death Room. Pero se notaba que la calma era falsa, y en cualquier momento podría volver a entrar en aquél estado de histeria.
—Finalmente coincidimos en algo. Así no tendré que arruinar mi valioso olfato por tenerte cerca a la hora de buscar— Espetó Jacqueline, ya dándoles la espalda y preparándose para adentrarse en el bosque.
—Esperen— Pidió Anya. —¿No deberíamos ir juntas si precisamente estamos tratando con alguien peligroso?
—También lo pensé, pero nos tomaría mucho más tiempo— Admitió Maka, centrando su vista en ella. —Además, cualquier cosa que suceda, acudiremos de inmediato con sólo oler la sangre de alguna— Aseguró.
La de ojos celestes pareció meditarlo por un momento, para luego asentir y darle la razón.
—En ese caso, yo tomaré este camino— Señaló un sendero de rocas, eligiendo el camino que menos parecía poder ensuciarla.
Maka se adentró entonces al centro, eludiendo árboles y pasando por entre el terreno boscoso de tierra, lodo, raíces salidas, ramas y demás, sin importarle para nada ensuciar su atuendo de esa noche.
Había optado por llevar una falda de tablones corta y de color negra. Toda su ropa era oscura para mimetizarse un poco con el ambiente. Sus botas eran las de siempre, pero para que sus piernas no contrastaran tanto con la negrura del lugar llevaba puestas unas medias oscuras que llegaban hasta la mitad del muslo. La chaqueta de cuero negro hacía juego con sus guantes, y debajo apenas se notaba la sencilla blusa. Había optado por ir cómoda y con ropa que le permitiera facilidad de movimiento en caso de una pelea.
De todas formas, algún manchón de tierra que pudiera quedarle a su atuendo tampoco resaltaría demasiado.
En todo momento trató de mantener su semblante inmutable, por más que estuviera sola, ya que el enemigo podría estar cerca y aprovechar su debilidad. Apretó los puños con fuerza y su boca formó una línea recta para retener cualquier indicio de nervios o pánico que quisiera expresarse por fuera, tratando de mantenerlos siempre dentro.
Pero siempre algo iba a terminar de delatarla, y en esta ocasión, fueron sus piernas. Le temblaban, casi como una gelatina.
Le encestó un fuerte puñetazo al tronco de un árbol, logrando atravesarlo sin mayor dificultad y pudiendo así descargarse mínimamente. Respiró un poco más tranquila y luego de retirar su mano del hueco se abofeteó, literalmente. Alzó la vista para ver el cielo nocturno a través de las copas de los árboles y tratar de esa forma de despejarse un poco.
Dejó que el sonido del bosque la arrullara con el canto de los grillos y el sonido del viento moviendo las hojas. Su desarrollado sentido de audición le permitió escuchar a lo lejos el revoloteo de las alas de un búho, cazando algún escurridizo ratón. Cerró los ojos para imaginarse la escena.
Gran error.
Todo lo que pudo ver en su mente fueron esos ojos celestes observándola fijamente, adoptando el papel del búho y ella el del ratón.
Con un respingo ahogado abrió los ojos al instante, y se decidió a continuar con la búsqueda. Hacía realmente mucho tiempo que no estaba tan alterada, y aquello no hacía más que frustrarla cada vez más.
Se concentró en olfatear bien el aire, en busca de algún posible rastro que la llevara a lo que buscaba, pero nuevamente se detuvo. Tenía miedo de detectar ese aroma en el aire, tenía miedo de confirmar sus temores y encontrarse con él, pero por sobre todo, tenía miedo de que todo volviera a repetirse.
Cerró los ojos con fuerza y apretó los puños. Quería irse de allí, salir corriendo y no detenerse hasta estar lo suficientemente lejos.
Abrió lentamente los ojos, descubriendo con dolor que todo aquello le indicaba que todavía no estaba lista para enfrentarlo. Por más que ya hubieran pasado tantos siglos, a pesar de haberse unido a Shibusen y tras haberse vuelto indudablemente más fuerte que en aquél entonces, seguía siendo la misma. Completamente incapaz de hacer algo.
No reparó en que el aroma que llevaba el viento había cambiado hasta que aquél olor se intensificó. Abrió los ojos de golpe, volteando rápidamente hacia una dirección específica, de donde provenía la esencia.
La identificó al instante. Era el olor de la sangre de Anya.
Ágil como el cazador que era, saltó hacia la rama de uno de los árboles y se dirigió de aquella forma hacia el lugar indicado, dando largos saltos para apresurarse tanto como le fuera posible. A lo lejos pudo divisar la cúpula semi destruida y deteriorada de una vieja iglesia abandonada.
Entró de un salto en una de las aberturas del techo, cayendo de cuclillas al empolvado suelo que la esperaba abajo.
—¡Anya!— La localizó de inmediato y se apresuró para llegar hasta ella.
La muchacha se encontraba de rodillas, sujetando con fuerza su brazo sangrante y manteniendo una mueca de dolor en el rostro. Volteó a verla cuando sintió el llamado.
—Ten cuidado— Le advirtió antes de que la tocara. —No estoy segura de cómo lo hizo, pero es muy peligroso— Avisó, enfocando su vista nuevamente hacia el frente.
Maka de inmediato supo a qué se refería. Por un momento sintió su pulso dispararse violentamente, y sus ojos se abrieron a más no poder. Se quedó tiesa por unos instantes, sin sentirse todavía capaz de encararlo, hasta que unos pasos provenientes de la dirección donde la otra miraba se hicieron audibles.
Entonces se decidió. Frunció el ceño y trató de serenar su expresión, para así girar su cabeza y enfrentarse visualmente con el sujeto que buscaban.
CONTINUARÁ…
Mil perdones por el fail, sé que es decepcionante, pero no pude editarlo más que eso. Lo siento, últimamente mi modo de escribir se ha ido deteriorando, de verdad, mil perdones. Trataré de mejorar, siempre y cuando la U me lo permita.
Se despide: una escritora frustrada(?)
Kmi-nyan~
