¡Buenos días, FanFiction! Lo sé lo sé, me he tardado siglos esta vez, pero ya les he explicado por Facebook mis problemas: Falta de tiempo, inspiración y ganas, pero gracias a sus comentarios me he animado un poco y saqué algo de tiempo para traerles el cap.

Espero y les guste, gracias a todos los que siguen este fic, me hacen muy feliz. ;u;


12. Fantasma inesperado

Ocultó hábilmente el miedo que la carcomía por dentro con una mirada decidida, sacando de lo más profundo de su ser todo el coraje que era capaz de invocar.

Todo lo que pudo observar por unos momentos fue una silueta envuelta en penumbras, que avanzaba a paso tranquilo hacia ellas. Tomándose todo el tiempo del mundo, notoriamente convencido de que podía hacerlo gracias a la superioridad que sentía con respecto a las demás.

Con las manos guardadas en los bolsillos, el sujeto se detuvo bajo un as del brillo de la luna que proporcionaba una tenue iluminación blanquecina, gracias a que uno de los agujeros del techo permitía su entrada. Su ropa vieja y algo sucia no arruinaban verdaderamente su aspecto. La gabardina oscura y rasgada hacía juego con el pantalón de mezclilla y las botas, resaltando más el color negro ónix de sus ojos. Las pupilas mantenían un inusual color blanco, al igual que unos mechones despeinados de su cabello oscuro se encontraba teñido con aquél tono claro.

Maka se destensó completamente, y sintió un enorme alivio recorrerla de inmediato. Soltó un gran suspiro de alivio, y hasta se permitió sonreír un poco.

¿Eso era todo? ¿Tanto drama por un simple Vampiro? Verdaderamente, sí comprendía que estaba ante otro peligroso Nosferatu, pero el hecho de que no se tratara de él la aliviaba de sobremanera, casi como si estuviese segura de que ningún otro podría lastimarla.

Sin poder evitarlo, ella dejó escapar una pequeña risa, ganándose una disimulada mirada por parte de Anya. La risa se intensificó hasta convertirse en una sonora carcajada, casi como si se estuviese riendo del chiste más gracioso del mundo, hasta que se vio obligada a llevar una de sus manos a su boca para intentar apaciguar aquello. Pero no podía. Se sentía tan feliz que podría estallar en cualquier momento. Se puso de pie, todavía intentando contener un poco las risas, hasta que logró aminorarlas un poco.

—Lo… lo siento…— Dijo una vez pudo calmar suficiente la carcajada como para hablar, llevándose una mano a uno de sus ojos para limpiar de la comisura una pequeña lagrimita que había surgido de tanta risa. —Es sólo que… no puedo creerlo…— Ni ella sabía a quién le hablaba. Simplemente estaba dejando salir libremente sus pensamientos por su boca. —Tanto drama, tanta cosa para… ¿Esto?— Y volvió a carcajearse, caminando unos pocos pasos hacia el sujeto, que miraba en la misma postura la escena, con una sonrisa ligeramente divertida y mirada confiada.

Anya se pregunto seriamente si su compañera había terminado de volverse loca al ver tan extrañísima reacción, y Maka finalmente pudo calmar su risa.

—Pero me alivia bastante saber que todo el tiempo estuve equivocada…— Agregó ella, otra vez sin saber quién era su oyente. La sonrisa se mantuvo en su rostro, y sus ojos ligeramente entrecerrados denotaban un gran relajamiento, casi como si se hubiera olvidado que estaban a punto de pelear. —Perdona mis modales, creo que mejor te saludo como es debido— Se dirigió estrictamente al muchacho, con una expresión y tono de voz tan suave como si le estuviese hablando al propio Hero.

Y entonces se desdibujó. Apareció en menos de un segundo delante de él, incrustándole un potente puñetazo en la mejilla que lo mandó a volar lejos, hasta hacerlo impactar fuertemente contra una de las paredes.

Anya, todavía en el suelo, lidiando con su herida, observó ligeramente anonadada el lugar por donde había impactado el enemigo. Con la misma y tenue perplejidad, centró su mirada en la rubia, encontrándola ahora con una pequeña sonrisa confiada y el ceño ligeramente fruncido. Sus ojos verdes habían recuperado aquél brillo de valentía y fuerza, y entonces lo supo. La Maka que conocía había regresado finalmente.

Jacqueline acababa de llegar en ese instante. Entró por uno de los huecos del techo y aterrizó también sin dificultad alguna en el suelo, con sus sentidos alerta y sus ojos con un notorio brillo rojo, indicando que estaba lista para la acción.

Ahora la risa divertida y estridente provino del muchacho, todavía sin moverse del lugar donde había chocado. Logró incorporarse lentamente, y luego se sacudió el polvo y restos de escombros de su gabardina, sin aminorar su carcajada.

—¡Esto es mejor de lo que esperaba!— Exclamó extasiado. —Estás loca…— Afirmó una vez pudo cortar su risa. Pero la misma expresión de él, con sus ojos abiertos por la emoción y sus pupilas ligeramente contraídas, le daban una imagen mucho menos cuerda. Su amplia sonrisa divertida tampoco ayudaba mucho.

Maka enarcó una ceja ante su comentario. ¿"mejor de lo que esperaba"?

—Permíteme regresarte el saludo como es debido— Se inclinó hacia adelante ligeramente, haciendo un ademán con sus manos como si estuviera haciéndole una reverencia a la realeza. Y su sonrisa se ensanchó.

Jacqueline dejó sus afiladas garras al descubierto, lista para atacar. De un solo salto, fue directo hacia Maka, pretendiendo atacarla por la espalda. Lo habría conseguido, de no ser porque ella se giró y con una increíble precisión le asestó un fuerte codazo en la cara, lanzándola lejos.

La afectada de inmediato comenzó a retorcerse de dolor en el suelo, llevándose ambas manos hacia el rostro y gritando de forma estridente.

Tanto Maka como Anya adoptaron posiciones defensivas.

—¿Qué rayos te sucede?— Inquirió Maka, con el ceño fruncido y una mirada fulminante, acercándose hacia ella. —Estamos en plena batalla, no es momento para tus estúpidos ataques de celos— Siguió reclamándole, con cierta indignación.

—¡Idiota!— Bramó ella, todavía adolorida y retorciéndose. —¡No fui yo, maldita vieja!

Las dos restantes tomaron con extrema cautela esas últimas palabras, antes de llegar a la misma conclusión y voltearse para ver al otro.

El Vampiro de cabello negro permanecía cómodamente sentado sobre uno de los escombros, observando la mar de entretenido la escena.

—¿Te gustó mi saludo?— Le preguntó a la Nosferatu, claramente divertido.

Maka entrecerró los ojos.

—Con que ese es tu poder, ¿ah?...— Musitó más para ella misma, a modo reflexivo.

Antes de siquiera poder pensar más a fondo en ello, tuvo que girarse para evadir a tiempo el nuevo ataque que Jacqueline le lanzaba. Anya se puso de pie y trató de detener a su camarada, pero le era difícil con esa herida en el brazo, y pronto se dio cuenta que lo más que hacía era estorbar.

En medio de la pelea, que consistía más en esquivar por parte de ella, Maka intentó descifrar con más detalle la forma en la que funcionaba el poder del enemigo, centrándose en los movimientos de la otra. No obstante, el no concentrarse lo suficiente en la batalla le salió caro cuando se vio acorralada contra una pared.

Jacqueline preparó sus garras para dar el último golpe, y la rubia aprovechó para poner en práctica una idea que le había surgido al tratar de comprender el mecanismo de todo aquello. Antes de que su rival pudiera atacarla, ella le incrustó un fuerte rodillazo en el estómago que la obligó a doblarse y escupir sangre, para acto seguido golpearle la cabeza y dejarla inconsciente.

Observó ahora a su enemigo, no muy confiada todavía, y avanzó unos pocos pasos hacia él.

—Ahora que está inconsciente no puedes controlarla— Afirmó, esperando por su reacción. Y si estaba en lo cierto, la hipnosis debería haberse roto también.

Pero él volvió a carcajearse con su comentario.

—¿De verdad?— Entrecerró sus ojos. —Yo que tú no me confiaría mucho.

—¡Maka-san, detrás de ti!— Le advirtió Anya cuando vio el cuerpo de la otra levantarse.

La de ojos verdes giró en redondo para bloquear a tiempo su ataque, y con un improvisado movimiento la lanzó lo más lejos que pudo. Aprovechó para retroceder y observar con cautela. ¿Cómo era posible que se levantara? Se suponía que ese sujeto ya no sería capaz de controlarla una vez inconsciente. Y entonces recapacitó.

Aquello no era hipnosis, sino otra cosa.

En el momento que la vampiresa inconsciente volvió a arremeter contra ella, Maka se las arregló para observar de reojo al pelinegro mientras esquivaba el ataque. Lo analizó de pies a cabeza, buscando algo que lo delatara. ¿Telequinesis? ¿O tal vez era un marionetista?

Tomó impulso contra una pared para saltar contra la otra y bloquear el siguiente ataque, al mismo tiempo que buscaba en su cuerpo algo que indicara su segunda teoría. Pero no parecía estar siendo controlada por nada externo.

—¡Maka-san, cuidado!— Le advirtió nuevamente.

Ella la miró, y la vio lanzarse al ataque también, a la par de la inconsciente Jacqueline.

De un enorme salto, Maka cortó la distancia e interpuso unos cuantos metros entre ellas.

—Mi cuerpo se mueve solo— Le aclaró Anya, frustrada, tratando de recobrar el control.

—Lo sé— Contestó pensativa, ideando otra forma para detenerlas. Pronto, su mirada se fijó nuevamente en el Vampiro, y sin pensarlo dos veces volvió a desdibujarse para lanzarle una patada en la cara, incrustándolo más en la pared y deteniendo justo a tiempo el ataque de las otras dos.

Anya cayó de pie, y la otra se desplomó como una muñeca de trapo. La de ojos celestes movió un par de veces los dedos de sus manos, verificando que hubiera recuperado el control.

—Ya me puedo mover.

—Perfecto— Contestó ella, para luego pasarle sin mucho cuidado el cuerpo de Jacqueline, casi como si se tratara de un simple costal de papas. —Vete y llévatela contigo. Dile a Shinigami lo que viste, yo me encargaré de esto.

—¿Segura?— Inquirió, acomodando a la otra de forma que se le facilitara su traslado.

—Completamente— Afirmó, para luego centrar su vista en el sujeto. —Después de todo, para derrotar a un monstruo se necesita otro monstruo— Ella misma sonrió con amargura ante el comentario, y Anya no insistió más.

De la espalda de la otra vampiresa se desplegaron un par de alas negras, casi idénticas a la de los murciélagos, y tras tomar un pequeño impulso alzó vuelo para salir por uno de los agujeros en el techo. No le agradaba dejar tirada a su suerte a una camarada, pero considerando la situación, ellas sólo empeorarían las cosas.

Maka aguardó hasta ver que las otras se alejaban por completo de su campo de visión, y luego centró su vista en los escombros que tapaban al otro.

—Ya puedes dejar de fingir que estás inconsciente, ¿Quieres?— Espetó, cruzándose de brazos.

Con una tenue risa burlesca, los escombros salieron volando ante una oleada de poder, y entonces él se puso de pie para encararla.

—Ahora que se fueron las molestias podré pelear contigo seriamente— Decía el de cabello negro mientras se sacudía ligeramente el polvo de su gabardina. —Estuve buscándote por mucho tiempo, señorita Albarn— Agregó con la misma diversión, guardando apenas una de sus manos en el bolsillo de la gabardina.

Ella entrecerró ligeramente los ojos. Entonces las cosas sí resultaban ser como lo sospechaba. Desde aquél comentario que le había llamado la atención comenzó a preguntarse al respecto.

—¿Quién eres y cuál es tu asunto conmigo?— Preguntó sin rodeos. Estaba molesta. Molesta porque ese sujeto se había metido con gente inocente sólo para llegar hasta ella.

—Pensé que nunca preguntarías— Comentó con el mismo cinismo, procediendo a caminar un poco por entre los escombros, pero sin acercársele en lo más mínimo. Parecía estar bordeándola, como el tiburón que rodea en círculos a su presa antes de atacar. Esa era exactamente la sensación que desprendía. —Mi nombre es Ragnarok, y he estado vagando por las distintas dimensiones por muchos años en busca de alguien fuerte— Apoyó su pie sobre un escombro del tamaño de un balón de fútbol, y tras hacer presión, lo desintegró. —Alguien de mi misma especie— Añadió, ahora alzando su vista nuevamente para mirarla a los ojos. —Pero claro, fue más difícil que encontrar una aguja en un pajar, gracias a que estamos casi extintos.

Ella esperó paciente a que terminara el relato, observando con extremo cuidado cada uno de sus movimientos.

—Entonces un cierto día escuché sobre uno de los nuestros que podría encontrarse en Death City— Dejó de bordearla para caminar ahora hacia otra dirección, dándole la espalda. —Se rumoraba que podría estar involucrada con el Shibusen… sí, una asquerosa traidora— Se volteó ligeramente, para mirarla con una sonrisa divertida que evidenciaba sus ansias de sangre. —Pero la verdad, me importa muy poco ese detalle— Admitió, terminando de girarse hacia ella para volver a encararla. —Lo único que me interesa, es pelear con alguien que pueda siquiera estar a mi altura.

Tras finalizar su explicación, Maka dejó que el silencio se adueñara cómodamente del lugar por unos cuantos minutos, en los que se limitó a simplemente observarlo con la misma expresión firme y seria. Notó al poco tiempo que el otro comenzaba a impacientarse, casi como si esperara alguna respuesta o comentario siquiera, y entonces ella enarcó una ceja.

—¿Y?— Fue todo lo que dijo.

Ragnarok pareció confundido, y hasta algo ofendido con eso.

—¿Cómo que "y"?

—Sí, estoy esperando— Se cruzó de brazos y dejó de lado su fachada seria para entrecerrar los ojos y alzar ligeramente la barbilla en un gesto escéptico. —¿O vas a decirme que eso fue todo?

Él la miró fijamente y con la frente sutilmente arrugada, no comprendiendo para nada a lo que se refería y olvidándose de su expresión burlona.

—¿Qué quieres decir?— Frunció un poco el ceño, poniéndose a la defensiva.

—¿Hiciste todo eso sólo para pelear con alguien "fuerte"? ¿De verdad desperdiciaste tanto tu vida para buscar a alguien de nuestra raza… sólo para buscar pelea?... No eres un idiota, eres el rey de los idiotas— Afirmó con la misma expresión de antes.

Pudo ver cómo un ligero tic empezaba a apoderarse de una de las cejas del muchacho.

—Vaya, realmente perdí las ganas de pelear contigo— Suspiró la vampiresa una vez más, deshaciendo su postura y relajándose todavía más. —Qué decepción… ni siquiera tiene caso que me quede. Será mejor que te largues por donde viniste y comiences a hacer algo productivo con tu vida— Agregó como un sermón, dándose media vuelta y comenzando a retirarse de lo más aburrida.

El tic en la ceja de Ragnarok se extendió hasta tomar uno de sus ojos. Apretó los puños con fuerza, sintiendo su sangre hervir. ¡¿Cómo se atrevía esa mujer a decirle eso?! ¡Ni que fuera su madre o algo por el estilo para sermonearlo de aquella forma!

—¡Oye, pecho plano!— La llamó. —¡No he terminado contigo, y soy yo quien decide si te vas o no!— Sentenció molesto, apareciendo justo detrás de ella para perforarle la espalda y sacar su mano ensangrentada del otro lado.

Entonces ella sonrió y ladeó el rostro para mirarlo, mostrándole su ojo izquierdo del mismo rojo sangre.

—Eres en verdad idiota… mira que atraparte con un truco tan simple…— Comentó satisfecha, deshaciendo su cuerpo en una masa totalmente negra que se convirtió luego en unas cuantas cadenas, gruesas y pesadas, atrapando por completo al otro.

El Vampiro tardó en comprender del todo la situación, hasta que ya era demasiado tarde como para hacer algo. La vio aparecer frente a él sentada sobre su guadaña plateada y flotando en el aire como si fuese una bruja.

Maka aprovechaba para analizarlo con detalle, atenta a cualquier movimiento que pudiera delatar la activación de su poder. En teoría, si lo dejaba allí atrapado debería de poder generar alguna reacción.

Ragnarok entonces emitió una pequeña risa por lo bajo, apenas audible, que luego fue en aumento hasta resonar por todo el lugar.

—A diferencia tuya, mi poder es uno de verdad— Espetó con altanería. —Vaya, creí que con la reputación que tenías podría entretenerme un poco más… una lástima que no estés ni cerca de mi nivel— Agregó con falsa tristeza.

Ella entrecerró con fastidio los ojos, antes de notar un extraño cosquilleo recorriéndole el brazo derecho. Fue tarde cuando se atrevió a mirar qué sucedía, puesto que para cuando se dio cuenta, su propia mano ya tenía firmemente atrapado su cuello, comenzando a ejercer presión para ahogarla.

Ahogó un gemido adolorido y llevó su otra mano hacia su muñeca para detenerla, al mismo tiempo que intentaba tener la mente clara para analizar bien qué cosa con exactitud la estaba controlando. Al principio pensó que se trataba de telequinesis, pero la descartó al notar un factor extraño… algo que no podía definir bien, pero que sin duda lo sentía.

La risa estridente de su enemigo volvió a obligarla a llevar su vista hacia él, fulminándolo de paso con la mirada.

—Eh ahí el problema con los ilusionistas… todos son débiles físicamente— Se mofó una vez más, intentando librarse de las cadenas.

Ella sonrió confiada.

—¿Ah sí?...— Su voz sonaba ahogada debido a la presión sobre su cuello, pero no por ello se mostró rendida. —Lástima para ti… tal vez puedas controlarme físicamente… pero no a mi cerebro— Su ojo rojo comenzó a brillar con intensidad, a la par del otro de brillo verde. —Y mientras pueda pensar, las ilusiones no se irán.

Justo en ese instante, hizo que las cadenas comenzaran a presionar sobre su cuerpo del mismo modo que él lo estaba haciendo con la mano de ella. Ante su nueva jugada, notó que el agarre de su mano se aflojaba, y aprovechó para recuperar el control y tomar su guadaña. Antes de darle la oportunidad de tomar el mando, clavó con extrema profundidad la afilada hoja en uno de sus hombros, haciéndole salir grandes cantidades de sangre.

Maka volvió a retroceder en el aire por precaución, sin deshacer el efecto de sus anteriores ilusiones. La reacción que obtuvo por su parte logró confundirla un poco, después de todo, no era muy normal ver con esa enorme sonrisa en el rostro al tipo que acababas de apuñalar para que se desangre de a poco.

Y sus dudas no tardaron mucho en despejarse. Pronto comprendió cuál era el verdadero poder de su enemigo, al ver que la sangre flotaba a su alrededor, casi como si tuviera vida.

El líquido carmesí flotante se separó en equitativas cantidades, que lentamente se fueron moldeando hasta adoptar la forma de dagas afiladas. Él controlaba la sangre, por eso podía mover a su antojo a las otras personas. Todo lo que tuviera sangre corriendo por sus venas estaba a su completa disposición.

Al ver sus intenciones, se propuso usar su arma para bloquearlas. Pero él fue más rápido.

—No, no, no~— Canturreó divertido, y Maka sintió que sus dedos se forzaban a soltar el mango de su arma. —Ahora eres como una simple marioneta, a completa disposición del marionetista— Definió sin perder aquella sonrisa perturbadora.

El sonido que produjo la guadaña al caer al suelo se mantuvo como eco por todo el lugar, y la vampiresa no pudo hacer otra cosa más que tratar de resistirse. Pero fue inútil. Sus brazos se extendieron hacia los costados, y ella quedó suspendida en el aire gracias a su propio poder, dando la impresión de estar crucificada por una cruz invisible.

Ambos atacaron al mismo tiempo.

Ragnarok hizo impactar todos y cada uno de sus cuchillos de sangre en el cuerpo de ella, al tiempo que Maka encendía las cadenas con un atroz y sediento fuego, que lo hizo soltar unas cuantas quejas al sentir cómo se derretía y cocinaba su cuerpo.

Ambos se resistieron lo más que pudieron a gritar, y luego se fulminaron mutuamente con la mirada.

—Mi ataque… sí fue de verdad— Bramó él, en un intento de risa para disimular el dolor del fuego que todavía lo rodeaba.

—Mis ilusiones son más efectivas…— Ella estaba en la misma situación, reprimiendo el dolor de las dagas enterradas en su cuerpo, no dispuesta a rendirse ante su adversario.

El Vampiro volvió a reír forzadamente.

—¿Crees que ganaste?— Trataba de sonar normal, minimizando al máximo el sufrimiento de su voz. —Al final tú serás la que termine verdaderamente herida.

Y Maka sonrió. Casi como si hubiese estado esperando a que él dijera aquello.

—Oh, ¿De verdad?— La negrura de su atuendo se extendió por todo su cuerpo hasta revestir por completo su silueta, y en su cara lo único que quedó fue la luz roja de su ojo.

En el mismo instante que Ragnarok abrió la boca para exclamar unas palabras, perplejo, sintió el fuego aminorar su calor, y el verdadero filo de la hoja de la guadaña contra su cuello. La rubia se encontraba detrás de él, ilesa, y mirándolo completamente divertida. Su sonrisa victoriosa la delataba, y la silueta negra de ella que había permanecido allí flotando se desintegró de a poco.

—Yo gano— Anunció triunfante, terminando por borrar del todo aquél fuego.

El de cabello negro continuaba sin salir de su asombro. Fue doblando las rodillas de a poco hasta que estas cayeron al suelo, y entonces se volteó para mirarla entre molesto y confundido. No lo entendía. No había forma. Nadie nunca había podido contra él, y definitivamente no había manera de que hubiera perdido contra una maldita ilusionista.

—¿Desde cuándo…?-

—Desde el mismo instante en que miraste mi Ojo Sangre— Lo cortó con la respuesta, sin quitar su sonrisa vencedora y satisfecha. —A partir de ese momento quedaste atrapado en mi ilusión— Agregó, para luego reír un poco. Pero no como antes, sino ahora de forma más moderada y de buen humor. —¿Sabes? Tienes razón. Una vez quedas expuesto al poder de alguien, te transformas en el muñeco del marionetista… ¿Ahora comprendes tu lugar, marioneta?— Retiró un poco el filo de la guadaña, dejándole claro de aquella manera que no tenía intenciones de matarlo.

Y de todas las reacciones que esperó, la sorprendió con otra de sus carcajadas divertidas, haciéndola arquear una ceja y tensarse un poco por si acaso. ¿Pretendía seguir? ¿Qué no le había dejado claro que la victoria era de ella?

—Debo reconocer que después de todo no eres tan debilucha como pensé— Admitió, sin deshacerse de aquél tono tremendamente altanero.

Maka de inmediato frunció el ceño ¡¿Cómo que no era tan "debilucha"?! ¡Acababa de vencerlo!... realmente estuvo tentada a cortarle la garganta, e incluso volvió a arrimar peligrosamente el filo de la guadaña a su cuello, haciendo que el otro se sobresaltara ante aquello.

—Te admito esta victoria— Se apresuró a decir, al sentir sus claras intenciones asesinas. —Pero la próxima te patearé el trasero— Dictó con total seguridad, recordándole sin poder evitarlo a Black Star.

Se lo pensó por unos momentos, y lentamente fue alejando el filo de la hoja, para alivio de él. Tal vez, no sería mala idea…

—De pie— Ordenó.

Ragnarok enarcó una ceja, con cierta incredulidad.

—¿Ah?— Espetó desafiante, y bastó que ella volviera a acercarle la guadaña para que se comportara y le hiciera caso.

—Irás a juicio por alterar la paz y el orden, además de atacar a ciudadanos inocentes— Sentenció autoritaria, sujetando firmemente las cadenas para impedirle cualquier movimiento extraño.

—Ciudadanas— La corrigió, ladeando ligeramente el rostro para verla. —No muerdo a los hombres.

—Como sea— Ya estaba comenzando a fastidiarla. —Dejaremos que Shinigami decida tu castigo, ahora camina.

—Oye oye, no te creas la gran cosa sólo porque me tomaste desprevenido para vencerme, no puedes andar por ahí dándome órde… ¡Auch! ¡Hey!— Se quejó molesto al sentir aquella patada en su trasero.

—¡Que camines!

El Vampiro se estremeció, y gracias a aquella mirada presintió que la próxima vez lo patearía en "otra parte". Tragó grueso y se resignó a hacer lo que le pidiera por ahora. Hasta que volviera a enfrentarla y saldara cuentas por esa derrota.

CONTINUARÁ…


No sé por qué últimamente cada vez que releo un cap mientras lo voy subiendo, voy cambiando de idea y me va gustando menos...

En fin, sé que este fue bastante corto, pero fue más que nada para hacer entrar en escena a uno de los últimos Nosferatu y mostrarles cómo pelean entre ellos, así que el próximo capítulo será ya más interesante, ¡todavía falta lo bueno!

Le regalaré chocolates virtuales a quienes comenten el cap y me digan qué tal les pareció. Recuerden que su opinión como lectores siempre es importante para el autor, y realmente me gusta saber qué piensan de mi trabajo, y si siguen odiando a Maka(?).

Kmi-nyan~