GF2023

SI ELLA SUPIERA

Por: JillValentine.

CAPÍTULO 1

Llegaste tú.

Aprendes que la edad no garantiza la sabiduría, no garantiza un aumento de la inteligencia. Consideramos que las personas mayores son más sabias, pero últimamente se llega a la conclusión de que algunas personas nacen con la capacidad de ser sensatas. La sabiduría es algo natural incluso cuando son jóvenes. Hubo un momento en que Terry pensó que era sensato, hasta que se dio cuenta de que no lo era. Al fin y al cabo, si hubiera sido sensato, habría escuchado a Elynor, mientras íbamos en coche rumbo a la iglesia cuando le preguntó si estaba totalmente seguro de casarse con Susan. Si hubiera sido sensato, habría escuchado a Richard cuando dijo que debería tomar el lugar que le corresponde poser el primogénito. Si fuera sensato habría escuchado a su madre cuando le dijo que tenía que pasar el mayor tiempo posible con su hija, porque los niños crecen deprisa y uno nunca puede recuperar esos años de infancia. Pero no era sensato y debido a eso vivió parte de su vida en un agujero negro y con ello los años que no volverá a recuperar nunca. Como los años perdidos tratando de buscar que fue lo que hizo mal, como pelar una cebolla. Siempre hay otra capa, otro error del pasado o un recuerdo doloroso que surge, que lo remite a otra época anterior, y así sucesivamente, pero quizás si fue en alguna vez sensato.

En el verano después de un viaje cuando tenía dieciocho años, conoció a una chica llamada Candy. Ella fue la primera mujer a la que amo de verdad y como el romanticismo y la nostalgia suelen ir de la mano, todavía piensa en ella. No es fácil olvidar a un ser perfecto en todos los sentidos. Candy tenía muchas más cualidades aparte de su aspecto físico, rubia, de bonita figura y con los ojos más impresionantes de color verde. Era sonriente, amable con todo el mundo e inteligente, una mujer que casi todos consideraban perfecta para Terry. Elynor y Richard la adoraban, Y Terry fue su primer amante, pero más que amantes, eran amigos. No solo podían hablar de cualquier cosa, sino que a ella parecía tener en sus manos la solución a cualquier obstáculo que él tuviera que enfrentar. Candy era su roca, hasta que Terry conoció a Susan y Terry lo jodio todo. Una noche de amigos en un Bar. Una copa llevó al flirteo y después terminaron en la cama, El típico cliché, lo se. Y sin embargo sigue siendo el maldito cuchillo para terminar con el amor y los sueños de los enamorados.

—Te tengo que decir algo… —Terry le dijo a Candy, otro típico cliché , antes de confesarle todo. Quería el perdón de Candy, pero ella se marchó furiosa y llorando, diciendo que necesitaba tiempo. Tres días después Candy llamo y le dijo que todo había terminado. Con el corazón destrozado y mientras los meses iban pasando Terry intento mitigar algo de su culpa desciendo que Candy merecía más que nadie tener a alguien mejor, a otro que no fuera a tener un hijo, fruto de la noche de amigos en el Bar. Alguien puede saber ¿Cómo se sabe cuándo otra persona es la que conviene? ¿cómo podía ser Candy la persona adecuada? ¿Como puede ser Susan la esposa que desea? Susan y Candy eran tan distintas, como la noche y el día, Hasta la relación que mantuvo con Susan fue diferente antes de hacerla su esposa. Quizás de haber conocido a Susan antes de la propuesta no estuviera ahora lamentando no haber sido sensato. Si de algo sirve, puede decir que no tuvo mucho tiempo antes de que empezara a preparar biberones y cargar con las toallitas húmedas para los cambios de pañales.

Candy

Nací en algún lugar de los angeles. Mis padres me abandonaron en la calle cuando era una niña de dos años. La hermana Maria me acogió y me llevó a vivir con ella a un lugar donde más niños y niñas abandonados vivían bajo su yugo. Después entendí que era un orfanato. También allí vivía la señorita Poni. Días después supe que la señorita Poni era la directora del orfanato. La palabra orfanato no era el nombre para el lugar que era mi nuevo hogar, para mí era simplemente el hogar de Poni. Mi nombre verdadero no lo tengo. Me llamaron Candice Blanca. Me gusta el sonido del apellido White. Yo quería encajar con mi nueva identidad, así que cada vez que tenía la oportunidad, daba White como mi apellido. Nunca usé el nombre Candice. Odio mi nombre. Con Candy, puedo vivir. Le digo a la gente que soy Candy White. Una guerrera. Me gusta el sonido de eso más que Candice Blanca.

—Señorita Poni , ¿quién me puso el nombre?

—La hermana Maria lo hizo, escogió un nombre italiano. Candice es italiano. Más de una vez, le comenté a la hermana María. Dijo la señorita Poni.

—Quizá mis padres no estan muertos y viven en algún lugar de Italia. Me gustaba hacerle bromas a la señorita Poni. Se ponía tan roja que yo no podía evitarlo. Ella era la mejor persona del mundo, y aunque se la pasaba quejándose de mis travesuras, me quiere mucho. Me hubiese burlado de ella por eso, excepto que yo también la quiero.

—Shh, jovencita descolocada. Tus padres seguramente te amaron mucho.

—¿Cuáles? ¿Los qué me abandonaron o los que viven en Italia? La señorita Poni frunció el entrecejo y no respondió. Nunca me pegó, pero a veces parecía que lo iba a hacer.

—Sé que mi papá y mi madre eran buenas personas —dije. Quería decir «a pesar de que nunca supimos en verdad quienes eran». Yo era una niña pequeña, pero no solo entendía que nosotros los humanos tenemos toda clase de problemas, sino que también la señorita Poni y la hermana Maria eran el tipo de personas que iba juntando los pedazos rotos de los corazones que habían quedado en las caritas de los niños abandonados. Yo sabía todo sobre recoger los pedazos. En el orfanato conoci a Annie, ella y yo éramos parecidas. pero no como las gotas de agua. Parecidas en la manera de como llegamos a vivir, prometimos siempre estar unidas, A los pocos años Annie fue adoptada, había sido duro para mí aprender a vivir con tantos niños, cómo depender de la señorita Poni y la hermana María, cómo confiar en ellas. No estaba acostumbrada a cuidadores responsables. Recuerdo que me enseñaron a ser responsable. Lo primero que recuerdo en mi vida es a la hermana María entrando al dormitorio, y mostrándome cómo hacer la cama, cómo limpiar, qué comprar, cómo hacer todas las cosas maternales que se suponía que tenía que estar haciendo una madre. Creo que yo tenía alrededor de cinco años. La señorita Poni era linda y dulce, La hermana María no era tan buena por hacerme hacer la cama, limpiar, comprar y cocinar, como la señorita Poni que era mas consentidora, pero aprendí hasta que en algún momento era yo la que lo hacía todo por la hermana María. Recuerdo que me hacía salir de la cama a las cuatro de la mañana para que fuera con ella a las compras. Era un almacén local, un sitio muy pequeño, y yo empujaba el canasto de una punta a la otra y lo llenaba con todo lo que necesitábamos para el mes. Los trabajadores pensaban que era tan tierno ver a una niña de pocos años haciendo las compras, pero para el momento en que tuve ocho o por ahí, ya se habían acostumbrado. Cuando era la hora de dormir. La señorita Poni iba a asegurarse de que no me fuese a la cama hambrienta o con frío. Después de todo no sólo se ocupaba de todos los niños o las cosas para dirigir el hogar de Poni, sino que siempre notaba todo lo que yo hacía para ayudar, cosa que nadie había hecho nunca antes. Como iba creciendo me mostró un lugar para poner las prendas que yo había juntado en una bolsa de almacén. Me hizo mi propia almohada, y cuando todos los niños que éramos nos metimos en la única cama que teníamos para dormir, se aseguró de que todos estuviésemos bien arropados, no habia excepción y eso que ni siquiera éramos sus hijos. Veía cosas que los otros niños no. Eran simplemente ingenuos. La señorita Poni hacía todos los esfuerzos posibles para mantenernos. La hermana Maria me mostró que la responsabilidad es una clase de valentía, y yo la respetaba por ello. Vi cómo ambas mujeres se aseguraban de que los niños estuviesen alimentados antes de comer ellas, cómo se privaban para que nosotros tuviésemos ropa para ponernos. Vi los infinitos zurcidos, puntadas y arreglos con cinta de embalar que hacían que las prendas y zapatos durasen mucho más luego de que debiesen haber sido enviados a la basura.

Con el paso de los dias, y luego meses vi como uno a uno los niños del hogar de Poni eran adoptados, mientras otros iban llegando, mientras yo crecía y crecia. Vivíamos a base de estampillas para alimentos, más todas las ayudas de asistencia pública que la señorita Poni podía conseguir. Ya que la gente cada vez donaba menos. Yo no entendía muy bien cómo funcionaba eso, pero reconocía a una trabajadora social cuando veía una. Vino una a inspeccionarnos a nosotros y a la casa, y hasta abrió las alacenas de la cocina para ver si estábamos gastando las estampillas alimentarias en comida y no en otra cosa. La señorita Poni era responsable. En el hogar de Poni llegaban niños y niñas de todas las edades, a los que llegaban a la edad de dieciséis años los mandaban a vivir a otro tipo de hogar. Me empezaba a preocupar, yo no queria ser enviada a ningún otro lugar, y para ser sincera no quería qie me adoptara ninguna familia. Cuando era muy pequeña, recuerdo que si llegue a ilusionarme con tener una mamá y un papá, pero luego pensaba que si me adoptaban no iba a volver a ver a la señorita Poni, y la hermana María. ¿Quien les iba a ayudar con las compras, las camas, y a cuidar de los más pequeños? Entonces hice todo lo que estuvo a mi alcance para evitar que alguna familia me alejara de mi hogar. Evitaba pensar en la edad de dieciséis. Fui a la escuela como todos los demás niños en el mundo. En el hogar de poni, la señorita Pony y la hermana María solo daban clases hasta el tercer grado. El gobierno exigía que los niños mayores de nueve años fuésemos a la escuela pública. A si que cinco días iba a la escuela y después de un tiempo entendí que mi cerebro era una esponja cuando enviaban mis calificaciones al hogar de pony los resultados eran los mejores.

A los doce años, le pedí a mi consejera escolar que me diese un permiso laboral, pero me dijo que de ninguna manera. Tenía que tener quince, más tantos meses. No iba a quedarme con un no como respuesta, En la escuela aprendí a convivir con toda clase de estudiantes y de costumbres muy diferentes a las que yo habia sido instruida . Como fui creciendo también las cosas en el vecindario fueron cambiando. Había desde pandilleros, hasta niños de iglesia. Me gane la simpatía de todos, y todos me conocieron, Siempre me respetaron y cuidaron de mi. Tambien me hice amiga de todos los empleados de los restaurantes de comida rápida de mi vecindario.

—Póngame para tres o cuatro horas por día —dije al gerente del restaurante de hamburguesas—. Por favor.

—Una cosa es segura, pequeña. Necesito un permiso laboral y un número de seguridad social.

El número de seguridad social era fácil. La hermana María y la señorita Poni se encargaban de esos tramites legales. Sin una tarjeta de seguridad social para cada niño, no podían conseguir la ayuda del gobierno. Volví con el gerente y le di el número social. Cuando regresé, me dijo en su oficina.

—Regresa cuando tengas el permiso laboral, y luego regresa cuando tengas la edad. Pasaron los meses.

De alguna manera tenia que conseguir el trabajo. Deseaba un futuro y solo iba a conseguirlo si iba a la universidad, pero sobre todo deseaba ayudar al hogar de poni. Las cosas se ponían más difíciles y la ayuda que daba el gobierno no alcanzaba para ropa de los niños que como yo iban creciendo. Ahora el gobierno se llevaban a los varones de edad de dieciséis, pero era para mandarlos a entrenamiento militar.

Así me encontré visitando la oficina en la escuela. Mi consejero era el profesor de Ingles. El. Sr.Troy, él tipo que me habían asignado, siempre estaba ocupado. Nunca miraba a quién le hablara podía escuchar cuando lo necesitaba, para lograr mi propósito tuve que ponerme toda dramática. Y aunque mentir no es lo mío, era por una buena causa.

—Las cosas están mal en casa. Necesito ayuda. Nos quedamos sin leche esta mañana y no había dinero para comprar más, profesor, necesito un permiso laboral. El desayuno era algo importante en casa, ya sea que solo fuese cereales, bananas y leche, tortillas enrolladas alrededor de huevos revueltos, o lo que sea."Que la señorita Poni me perdone". Esta mañana la hermana María acababa de llenarme de panqueques antes de que me fuera a la escuela. Los panqueques son baratos, deliciosos y no te quedas sintiendo vacía. Se aseguraban de que todos comiésemos, aun cuando ellas no lo hiciesen. —Estamos a punto de morir de hambre en el hogar de Poni —dije. Mi consejero me miró. No podía interpretar su expresión, pero el hecho es que levantó la mirada. Sus ojos, noté, eran de un color grisáceo. Tenía un mechón de cabello blanco en la parte de arriba de la cabeza como un muñeco troll.

—En el restaurante de hamburguesas me contratará si tengo un permiso. — El concejero sacó mi expediente, dio una mirada rápida , y volvió a guardar el expediente.

—Necesitas otros dos años y otros meses —dijo.

— Profesor, ¿qué tal si hace una excepción? Mi hogar está en problemas. —La hermana María me hubiese dado una patada en el trasero por decirle esto al consejero. Con diez bocas para alimentar, ¿cómo podríamos no estar sufriendo? La señorita Poni y la hermana Maria pasaban privaciones con bastante frecuencia, pero nosotros, los niños, nunca lo hacíamos. Teníamos montones de pan, arroz, papas, tortillas y los varones comían como si estuviesen en un concurso. Yo tenía dos conjuntos de ropa interior, un jean gastado, dos faldas, tres blusas y dos camisas. Todo comprado barato al Ejército de Salvación o a la Caridad. No había dinero para el lavadero, llevar mis prendas a máquina todos los días era mi sueño. Yo lavaba mi ropa en el lavabo del baño.

—¿Me estás diciendo la verdad? Quizá quedarme sin desayuno no era verdad, pero si alguien tenía problemas de dinero, esos éramos nosotros. Diez minutos más tarde, salí de su oficina con el permiso. Vine directo desde la escuela a mostrarle al gerente del restaurante de hamburguesas . Al día siguiente, fui a trabajar.

La noticia no fue muy bien recibida en el hogar de Poni, sobretodo en la hermana María.

—No vas a dejar de asistir en la escuela. En el momento que tu promedió este decayendo dejarás de trabajar.

—Lo prometo —respondí. En serio. Deseaba ir a la universidad. No era que solo me gustase la escuela. Tenía facilidad para aprender. Era buena en matemática y muy buena en inglés. Me gustaba pensar en que pronto estaría en la universidad.

Pero entonces lo conocí. Un chico como cualquier otro, o eso pensé el día que lo vi, pero en realidad había algo que hacía que no consiguiera dejar de verlo. Algo en él me hizo sentir un cosquilleo. Por su puesto que me miró, no había manera de que pudiera haber pasado desapercibida. Al fin y al cabo yo era cajera en el restaurante de hamburguesas y fui yo la que tomo la orden que él hizo de su comida.

Se que haber conocido a Terry, fue una enseñanza dura para la experiencia del dolor de mi corazón roto. Gracias a su traición supe que los hombres son unos imbeciles y también aprendí que se ama sólo una vez. Todavía me sigue doliendo. Pero en serio, Terry y yo teníamos una relación perfecta, éramos amigos, y los mejores amantes a pesar de que no hay con quién comparar eso. Cuando me confesó su desliz intenté perdonarlo , pero entonces supe que no podía y que no volvería a sentir la confianza que había entre los dos, antes de que él lo jodiera todo. Aunque Terry me estuvo buscando después de que le dije que no podíamos seguir juntos , fui yo quien puso la distancia entre los dos. Un año después supe que Terry era padre y que se había casado. Al parecer me olvidó muy pronto. Así pues con el corazón roto me había propuesto una meta, un nuevo comienzo.

continuará...