Capitulo II

PRINCESA DE HIELO

Pasaron tres días para que las heridas de Katara sanaran. Gracias a Ty lee, no podía usar su agua control por lo que sus heridas habían tardado demasiado en sanar. En ese momento estaba cambiándose de ropa ayudada por una joven que, desde que estaba en esa habitación se convirtió en su dama de compañía, Ayu la ayudaba a vestirse y a bañarse, pues al principio estaba demasiado débil como para hacerlo ella misma.

Se desprendió de las vestimentas, se miro en un espejo y al darse la vuelta vio las cicatrices de su tortura. Se molesto bastante, si tuviera su agua control, habría desaparecido todo rastro de aquellas heridas, pero por ahora solo se conformaría con que hayan sanado un poco. Al menos ahora ya no le dolían tanto como los primeros días.

Ayu colocó un ungüento en las heridas para después cubrirla con vendas, lo mismo hiso en su muñecas. Al terminar la vistió con un traje típico de la nación del fuego pero la diferencia era que los colores no eran en diferentes tonalidades de rojo, si no que eran de tonos azules y turquesas. Desde que estaba ahí nunca vistió nada que representara la nación del fuego, lo que parecía sumamente extraño, incluso la habitación, su habitación no era como lo esperaba. Era muy lujosa y ostentosa pero no había indicios en color rojo o el emblema de la nación, a excepción de los barrotes que le recordaba que era una prisión, se podía decir que estaba con muchos lujos y comodidades, lo que a ella le parecían extraños. Algo había mal en todo eso.

- Ayu, sabes ¿por qué me tienen aquí?

- Creo que el señor del fuego ya sabe de su identidad – le susurro la chica mientras terminaba de arreglarle el cabello.

- Eso podría ser un problema.

- Yo creo que fue lo mejor. De lo contrario estaría aun en ese calabozo, sufriendo, o peor aun muerta – la joven no pudo dejar escapar un pequeño lamento.

Ayu y Katara tenían la misma edad, aunque era de la nación del fuego, se había ganado la confianza de la maestra agua, ¿y por que no? Era por así decirlo, una aliada.

- No Ayu, no te lamentes, si me tienen aquí, y si es como tu dices porque ya saben quien soy, significa que me van matar después o aprovecharse de mi posición – en un tono aun mas bajo preguntó - ¿Qué sabes de ellos?

- Todo esta listo, pero aun esta pendiente la fecha – le respondió la joven con el mismo cuidado con que Katara le preguntó.

Tocaron a la puerta lo que asustó a ambas, por un momento respiraron nerviosas, ¿las habrán escuchado? Katara le indico a Ayu que abriera la puerta y esta así lo hiso, un soldado estaba afuera, entro y dijo lo siguiente:

- El señor del fuego desea verla.

Katara respiró profundo seria la primera vez que vería al señor del fuego.

En un edificio separado construido de piedra y roca se encontraba un desconocido encubierto, caminando por los estrechos pasillos tenuemente iluminados por las antorchas.

- ¿Quién anda ahí? – le ordeno un guardia.

Solamente levantó la cabeza para que tuviera que reconocerlo.

- Príncipe Zuko.

Inmediatamente después tomo al hombre del cuello, estrellándolo contra la pared sentenció:

- Quiero ver a un prisionero tu me dirás donde esta y no le dirás nada a nadie.

El hombre guió al príncipe a donde se encontraba al que buscaba. La puerta de Hierro se abrió y dentro de la misma prisión se hallaba otra jaula de barrotes y metal, ahí, se encontraba sentado el hombre a quien buscaba.

- Tío – se inclinó mirando la decrépita apariencia del hombre que una vez admiró - Te he traído pan de ciruela, se que no es tu favorito, pero es mejor que la comida de aquí – metió entre los barrotes una pequeña cesta envuelta y la acercó al hombre. – Se que tengo todo lo que anhelé pero no me siento seguro, no, siento la satisfacción que debía sentir. Creo que el avatar esta con vida, pero esa maldita mujer no me ha dicho nada, creo que me estoy volviendo loco. Por favor tío necesito de tu consejo – grito desesperado el príncipe, pero la única respuesta que recibió fue que el hombre le diera la espalda. - ¡BIEN! – le gritó – ¡Si eso es lo quieres quédate aquí para siempre viejo decrépito! Pudiste haber regresado conmigo siendo un héroe, ¿por que no te pusiste de mi lado? ¡Ahora te quedaras aquí a pudrirte!

Con ese último grito salió de la celda. Furioso consigo mismo y con su tío - El era el culpable de que estuviera en esa situación no yo - Se convencía así mismo el príncipe aun que por dentro no podía soportar la culpa.

Salió de aquel sótano como si lo estuvieran persiguiendo, tomo un camino diferente y después un pasadizo para entrar al palacio. Antes de salir se quito la capa y la coloco donde siempre, hiso presión en el lugar adecuado y salió del obscuro pasadizo. Caminó como si nada hasta que fue interceptado por un guardia.

- Su alteza, príncipe Zuko.

El aludido volteó.

- Se le espera en el salón del Fuego.

Dejando atrás la desesperación que cargaba se dirigió al salón de su padre.

Zuko se impresiono, había pasado mucho tiempo desde que estuvo en ese lugar. La última vez había quedado marcado y ahora era llamado para estar ahí. Toco su cicatriz.

En él estaban los generales y hombres de altos rangos del ejercito, así como uno que otro noble de alto poder. En la cabecera se hallaba el señor del fuego. Zuko tomo su lugar al lado derecho de su padre y Azula en la izquierda. Al ver que todos estaban presentes el señor del fuego habló.

- Cómo muchos sabrán, el avatar ha muerto, ya no existen los obstáculos en nuestros caminos y con la caída de Ba Sing Tse, no queda duda que gobernaremos las tres naciones por completo.

- Aún quedan ciudades por conquistar – declaro uno de los generales. No todo en el reino tierra nos pertenece.

- Eso se arreglará muy pronto – exclamó Azula. – Cuando el Gran cometa llegue aprovecharemos su poder y destruiremos todo a nuestro camino. Que mejor que construir una nueva nación desde las cenizas.

Ozai se sintió orgulloso de su hija, ya sabia de aquella opinión y él mismo la había apoyado.

- Aun queda el Polo Norte, la última vez no tuvieron mucho éxito con la conquista – opinó otro.

- Son un grupo muy duro de vencer, aun con el poder del cometa eso no garantiza nuestro éxito.

- Pero tenemos algo que nos puede dar la ventaja. Hace unos días cuando mis hijos regresaron trajeron con ellos a una prisionera.

Zuko puso vital atención a las palabras de su padre.

- Era una de las acompañantes del Avatar, sabemos que existen grupos de resistencias y pensamos obtener información de ella, pero como sabrán, son tan testarudos – exclamo con diversión el señor del fuego – Aun así me enteré que ella en particular es un pieza clave para obtener la victoria sobre esta guerra.

Dejando a todos aun con la incertidumbre, el señor del fuego continuó.

- Les presento a la princesa de la tribu agua del Sur – extendió su mano hacia la puerta de entrada y todos voltearon a ver hacia allá.

Las puertas estaban abiertas y en medio se encontraba ella. Vestía un traje como los de la nación del fuego pero en tonos azulados, a diferencia de otros trajes este tenia detalles de flores y pétalos en tonos más claros que la tela y con una falda más amplia, su cabello suelto adornado con broches de flores blancas y azules se acomodaban por un lado de su cara, un ligero maquillaje y labios en tono rosado terminaban la apariencia de la joven princesa.

Al entrar realmente llamó la atención de todos los presentes. La miraban asombrados, aunque tenia quince años claramente se podía ver que poseía una belleza deslumbrante y que en un futuro lo seria aun más.

Zuko no creía lo que veía, durante mucho tiempo estuvo luchando contra ella y se enfrentaron innumerable veces, pero ahora era irreconocible. Después de salir de la impresión empezó a comprender las palabras antes mencionadas de su padre. ¿Era una princesa?

Katara sintió todas las miradas sobre ella. Se incomodó pero no le importó, ella caminó con su frente en alto hasta que se sentó donde le habían indicado, en la cabecera de la mesa. Había escuchado la presentación del señor del fuego. durante mucho tiempo había sido perseguida, ella y sus amigos por la nación del fuego, y ahora se encontraba frente a los líderes de aquella nación. Miro casi con desprecio a Ozai. Su mirada se dirigió también al príncipe. Al final obtuvo lo que quería. Pensó para si misma. Después miró a Azula.

Nadie decía nada, el señor del fuego fue quien rompió el silencio.

- Bienvenida a la Nación del fuego Princesa – exclamó Ozai.

Katara no respondió. ¿Era una broma? Le estaba dando la bienvenida tan cortésmente después de lo que le hiso sufrir hace unos días. Solo hiso que su enojo aumentara.

- Muchos no lo saben, pero la princesa es una maestra agua – continuo hablando el señor del fuego.

- No sabia que existían maestras aguas – dijo un hombre – según sé solo los hombres son los que pueden llegar a convertirse en maestros.

Katara se sorprendió de que supieran aquel dato.

- Eso aumenta solo su valor – dijo otro.

- ¿De que nos sirve eso? – exclamó Zuko – que sea maestra o no, eso no nos dará la clave para ganar sobre el polo norte, ella es del sur, tu mismo lo dijiste padre.

- Es que mi padre aun no ha dicho la mejor parte – hablo Azula – la princesa es la prometida del hijo del líder del Polo Norte, ella se convertirá en la próxima reina.

No supo que decir después de escuchar a su hermana, realmente le resultaba revelador todo aquello. Y él, que fue el que más tiempo paso detrás de ella nunca lo supo. ¿Pero acaso tenia que saberlo? el solo estuvo concentrado en la captura del avatar, no en la identidad de sus acompañantes, solo sabia que eran de la tribu agua y ya.

- Si planean usarme para obtener la rendición del Polo Norte, mejor mátenme de una vez, por que no lo conseguirán – dijo con seguridad Katara.

- No es solo la rendición lo que podemos obtener de ti, princesa – hablo Azula - eres el símbolo de nuestra victoria, si se sabe que te hemos capturado, solo significara que la tribu agua sufrirá el mismo destino que tu. Ya no quedará esperanza para nadie. Aun si murieras - dijo finalmente mirando a Zuko. Este le sostuvo la mirada sabiendo las intenciones de su hermana.

Katara miró con verdadero enojo a la princesa del fuego, ya sabia ella que harían eso. Usarla, por mucho tiempo siempre odio que la tratasen de esa manera, aun así en este caso en especial lo odiaba más.

Su presentación había llegado a su fin y fue enviada de regreso a su habitación. Al llegar soltó un grito de furia. Realmente odiaba todo lo que estaba pasando. Aun que no quisiera reconocerlo, la nación del fuego se hacia cada vez más fuerte y en verdad ya casi no quedaba esperanza. Su pecho se encogió al pensar en Aang.

- Aang, en verdad deseo que no hayas muerto – sin poder controlarlo dejo caer unas lagrimas.

- Princesa… - Ayu se acercó a ella – por favor no llore.

- Lo siento Ayu - se secó las lagrimas – no quise preocuparte.

- Princesa… ¿es verdad?... ¿es verdad que el Avatar murió? ¿qué el príncipe Zuko lo mató?

Katara se quedó sorprendida. ¿Zuko mató al avatar? eso era una mentira.

- Ayu ¿Quién dijo que el príncipe Zuko mato al avatar?

- Todos lo dicen desde que llegó. Fue por eso que pudo regresar, por que lo había matado, ¿eso es verdad princesa? ¿en verdad el avatar esta muerto?

- No lo se Ayu, pero no hay que perder la esperanza, ese día se que lo salvé, pero no estoy segura.

La joven, pareció tener un poco más de esperanza. Pero Katara no entendía por que decían, que Zuko lo había matado, cuando fue Azula quien lo hiso.

En el salón del señor del fuego aun continuaban planeando el ataque, y lo que harían con la princesa.

- Lo mejor seria exhibirla- propuso uno de los generales - de esa manera todos sabrían que poseemos a la princesa de la tribu del agua, los rumores se dispersaran, pronto llegarían a los oídos de los maestros agua y de ahí todo será fácil.

- Tiene toda la razón – apoyó otro - mostrar al mundo que no solo hemos derrotado a la ultima ciudad libre del reino Tierra, si no también que tenemos a la princesa del agua, sentenciando la caída de la misma.

- En ese caso haremos un baile en su honor –aseguró el señor del fuego.

- Los de la tribu agua no tendrán opción deberán rendirse.

- ¿Y si no lo hacen? – comentó Zuko – si es así como la princesa dijo, a ellos no les importara sacrificarla solo por el bienestar de todos.

- El avatar a caído, solo es cuestión de tiempo para que todos formen parte de la nación del fuego, les ofreceremos un trato que no podrán rechazar. Su rendición y la promesa de que no destruiremos su país a cambio de la seguridad y bienestar de la princesa - Aseguro Ozai.

- Pero si ella muere – agregó Azula - solo será el detonante de la guerra, demostraremos que no somos misericordiosos y que a todos los que no deseen cooperar con nosotros le espera ese destino. No debemos mostrar compasión padre.

- Si lo entiendo, pero ella es muy valiosa Azula, una joya que valorar.

La mirada del señor del fuego no paso desapercibida por el joven príncipe. Azula miró a su hermano con diversión.

- Te importaría que pudiera quedármela mi señor – El hombre que dijo aquel comentario llamo la atención de todos los demás – Así como usted lo dijo, es una joya muy valiosa y no le importará que otros también la "valoren".

Las dobles intenciones eran fácilmente perceptibles, no solo por el señor del fuego si no también por los demás presentes.

- Creo que no seria justo que solo tú la "valoraras" general Hiug – comentó otro.

- Tal parece que usted también la quiere comandante Feng – encaró otro.

- Vaya quien diría que se volvería tan popular la princesa – agregó Azula con indiferencia y diversión.

- Todos la quieren ¿eh? – dijo el señor del Fuego.

- Yo la quiero.

Voltearon a ver al dueño de aquellas palabras.

- Tu también Zuko – dijo Azula – No pensé que tuvieras esos gustos.

- Fui yo quien mato al avatar y la trajo a ella a la nación del fuego – encaró a su hermana con seguridad – la merezco.

Nadie podía objetar al príncipe, el señor del fuego vio la determinación en su hijo y no pudo si no sentirse orgullo de él.

Azula vio que su mentira le estaba beneficiando demasiado a su hermano. Pero no le tomo demasiada importancia, podía quedarse con una sucia maestra agua.

- Bien creo que te lo has ganado – declaro finalmente Ozai.

Ese tema no se volvió a tocar y solo quedaron asuntos triviales, al finalizar todos se levantaron. Cuando el señor del fuego salió llamo a su hijo. Zuko se acerco a su padre y ambos caminaban por los pasillos del palacio.

- La determinación que mostraste hace un momento es la adecuada hijo. Solo aprende a usarla de manera correcta.

El príncipe no podía creerlo, ¿su propio padre lo estaba halagando?

- No deseaba darle a nadie la princesa, pero tampoco puedo crear el favoritismo entre mis generales entregándosela solo a uno. Pero así, como tu dijiste, te pertenece por derecho propio. Tu te la has ganado.

Zuko rio para si mismo con ese comentario. El no deseaba nada de ella, simplemente le dio asco saber las intenciones de aquellos hombres. Además no estaba pensando cuando dijo eso, fue solo por impulso.

- Ella estará a tu cuidado – siguió hablando el señor del fuego. después de eso, consulto con él las decisiones tomadas en el salón hace un momento y el dio su sincera opinión.

En la prisión un hombre entraba a darle la cena a uno de los prisioneros más importantes. Al abrir la puerta miró al anciano, estaba todo desaliñado, con la mirada perdida.

- Mírate nada más, antes eras el gran general, el Dragón de Oeste, uno de los mas respetados y temidos de la nación del fuego – dejo caer la bandeja con la comida mirando divertido como el que una vez fue un gran general se acercaba a ella con desesperación y así tomar algunos de los alimentos que estaban en el suelo – Ahora no eres nadie.

Salió de la pequeña prisión. el prisionero al verse solo, se quito la parte superior de su prenda, dejando ver no el cuerpo de un anciano si un maduro y musculoso pecho. con su mano se sostuvo de uno de los barrotes que creaban su jaula, y comenzó a subir y bajar el peso de su cuerpo, intercambiando con cada mano después de un tiempo. El Dragón del Oeste estaba regresando.

Zuko había obtenido lo que quería, había durante la reunión el había sido escuchado y tomado en cuenta, que mas decir cuando proclamó a la princesa de la tribu agua como suya. Por un momento se sintió el príncipe perfecto, el hijo del cual su padre se sentiría orgulloso, pero no era él. Todo por lo que había luchado ¿Era realmente lo que él quería?

Paso el resto de la tarde divagando en aquellos pensamientos.

- Te ves cansado.

Volteo a ver quien le hablaba. Era Mai.

- Deberías de tomarte un rato libre ¿no lo crees?

Zuko suspiró, sabia que Mai iba tras él, pero a él no le interesaba la chica.

- Yo puedo ayudarte a relajarte – se acerco a él y al estar muy cerca, lo besó.

El no la rechazó, tal vez al final si deseaba esa relajación. Mai comenzó a acariciarlo bajando sus manos a su pecho y después un poco más. Zuko reacciono en ese momento, se separo de ella. Su cuerpo estaba cansado, pero no era de esa manera como deseaba relajarse. O bueno, al menos no con ella.

- Lo siento Mai... no estoy de humor para esto.

Se dio la vuelta dejando a la chica con el rostro desconcertado y la palabra en la boca. Por segunda vez había sido rechazada y eso había sido muy humillante.

No deseaba darle vuelo al enamoramiento de Mai. Aunque se había ofrecido a confortarlo, mas allá de eso no pasaría. Sin darse cuenta se acercaba a los aposentos de la princesa de la tribu agua. Se acercó sin que los guardias lo notaran por lo que pudo escuchar una conversación que tenían.

- Es muy hermosa.

- Ni que lo digas.

- ¿Crees que el señor del fuego la convierta en su concubina?

- Tiene muchas de donde escoger.

- Pero no una de la nación del agua.

- Muy tentador ¿verdad?

- Si no la hubieran cambiando de lugar, tal vez ya la hubieran tocado otros hombres.

- La princesa Azula nos había dado permiso de hacer lo que quisiéramos con ella, pero esa misma noche la sacaron de ahí. Hubiéramos podido disfrutarla – sonrieron con maliciosita los guardias.

Zuko que había escuchado todo, llego con enojo al lugar en donde se encontraban los guardias. Estos al verlo se pararon adecuadamente y le hicieron una reverencia.

- ¡Ustedes dos serán destituidos de inmediato! llamen a otros guardias para que tomen su lugar – ordeno el príncipe con evidente molestia. Después entro a la habitación de la chica.

Los guardias se quedaron pasmados por la orden del príncipe.

Al entrar no encontró a la maestra agua. Se alarmo. ¿Había escapado? ¿Cómo rayos lo había conseguido? Quiso llamar a los guardias, pero recordó que el mismo los había quitado de su puesto, maldijo su decisión, reviso toda la habitación buscando un indicio que le dijera por donde había escapado, se dirigió a la ventana, pero no encontró un hueco ni nada, los barrotes estaban en perfecto estado. Sabia que no podía usar sus habilidades con el agua. Ty Lee la había golpeado en sus puntos clave para evitar que pudiera controlar el agua, según ella eso duraría al menos una semana, y solo habían pasado cuatro días. Se maldijo por se tan ingenuo, ella sabia pelear no necesitaba su agua control para poder escapar, pero aun así no sabia como rayos había salido de ahí.

Se dio la vuelta y vio algo que había pasado desapercibido. Detrás de un biombo, con algo de ropa colgando del mismo, se encontraba una entrada, cubierta nada mas que por una cortina de hilos gruesos que servían como puerta. Se acercó y pudo ver en su interior.

No encontró un hueco por donde la chica hubiese escapado, ni un hoyo cavado en el suelo, pero lo que vio hiso que se detuviera en el marco de la puerta.

Tenia el cabello recogido, su cuerpo húmedo, estaba semi desnuda con la bata apenas colocada, colgando ligeramente sobre sus brazos cubriendo solamente su trasero dejando a la vista todo lo demás, el vapor del agua caliente la rodeaba dándole una imagen fantasiosa. Había entrado al baño y ella al parecer se acababa de bañar.

La cortina que creyó que era de hilos en realidad era de tubos de madera que cuando lo tocas hace un ligero sonido. El cual se hiso cuando Zuko entro al baño.

- Regresaste pronto Ayu – Katara volteo, al escuchar ese típico sonido de la madera golpeando pero en lugar de encontrar a su amiga encontró al príncipe Zuko con un muy notable sonrojo en su cara y que a su vez tenia una impresión y sorpresa que jamás creyó ver en él.

- Yo… lo lamento, no sabia – se excusaba el joven príncipe más rojo que un tomate mirando hacia el suelo pero no pudo decir más pues una jabonera le golpeó la cara. El golpe no se lo esperaba así que cayo hacia atrás tirando el biombo junto con él.

- ¿¡COMO TE ATREVES!? – grito Katara furiosa mientras terminaba de colocarse la bata y cubrir su desnudez.

- Fue un accidente, yo no quise… – Zuko tuvo que girar sobre el lugar donde se encontraba, pues un enorme jarrón fue a dar ahí estrellándose con fuerza en el suelo.

- ¡No eres mas que un maldito pervertido!

Antes de que el pudiera levantarse ella lo golpeo con sus pies haciendo caer de nuevo, el acto tomo uno de los pedazos del jarrón los lanzó después hacia él. Zuko con mayor agilidad esquivó los certeros fragmentos. Corrió hasta dirigirse cerca de la cama pero al voltear a verla Katara ya estaba con las manos sobre los barrotes de el dosel de la cama y ganado impulso golpeo con ambos pies al príncipe, impulsándolo al fondo de la misma provocando que el dosel se rompiera haciendo que cayera no solo encima de él si no de ella también cubriéndolos con las telas. Zuko fue el primero en salir de aquella envoltura, y pudo mirar como ella aun tardaba en salir.

- Escucha no fue mi intención, pensé que habías huido – trato de razonar con ella pero fue en vano.

Katara logro salir de entre las telas y después, quitándose el pasador en su cabello comenzó a atacar al príncipe.

Debía reconocerlo era muy habilidosa, aun sin su agua control resultaba ser muy peligrosa. El filo del largo y puntiagudo pasador de metal que había sido usado para sostener el cabello de la chica era ahora usado con otras intenciones, hacer daño. Y vaya que casi lo lograba.

Con un movimiento de ella logro rasgarle la ropa y no solo eso, herirlo. Se molestó bastante por ello, de no ser por sus buenos reflejos ella lo hubiera herido seriamente. En el ultimo ataque Zuko vio una apertura y la golpeo con fuerza, enviándola hacia la entrada del baño, cayendo con fuerza en el suelo mismo.

- ¡Solo cálmate quieres! – exigió el príncipe mientras trataba de acercarse a ella. Pero al hacerlo Katara aprovecho y lanzando dos certeras patadas lo golpeo en la cara. Con el mismo impulso se levanto y dando una maroma hacia atrás se alejo de él adentrándose al baño.

Zuko se repuso del golpe con un sabor extraño en su boca, llevó sus manos a hacia donde sentía el dolor, le había partido el labio. Escupió la sangre. En ese momento perdió lo cordura. Se abalanzo con fuerza hacia ella. Katara logro esquivar los primeros golpes pero el era demasiado fuerte.

Estaban destrozando el baño, rompieron varios frascos con jabones y cremas, entre ellos uno de color rojo, al romperse una extraña fragancia comenzó a inundar el lugar con su aroma.

Katara trato de usar el pasador pero él fue más veloz tomando la muñeca de ella mientras la alzaba sobre su cabeza, y con otra mano hiso lo mismo. Trato de usar sus piernas lanzando una patada pero el la inmovilizó colocando su rodilla entre ellas. De manera impulsiva casi la elevó apoyando su cuerpo sobre la pared y el sosteniéndola con su rodilla en forma de ancla sobre su entrepierna. Habían regresado a la misma posición de que hace unos días. La diferencia es que ahora no se enfrentaba a una Katara moribunda si no a una muy revitalizada con energías. Peleaba por soltarse de su agarre. Ante la desesperación del chico por la lucha de ella le gritó.

- ¡Quieres quedarte quieta de una vez! ¡Ya te dije que fue un accidente!

- ¿¡Por qué debería de confiar en ti!?, ¡No eres más que un sucio mentiroso!

El aroma del líquido rojo se volvía intenso.

- ¡Porque te estoy diciendo la verdad!

- ¿¡Así como dijiste que tu mataste al avatar!? ¿¡A esa verdad te refieres!?

Zuko se callo por un momento.

El aroma los inundó a los dos.

- Es por eso que me preguntaste si en verdad había muerto, te estabas asegurando de que el trabajo de tu hermana estuviera realizado. Que cobarde eres al quedarte con un mérito que no te mereces. – dijo con malicia, furia y rencor la maestra agua.

- ¡CALLATE! ¡Tu no sabes nada!

- No eres más que un cobarde que no tuvo le valor de decir la verdad solo porque estabas tan desesperado por regresar a las faldas de tu padre que no te importo mentirle.

- Eres una maldita perra.

- Al menos no soy una mentirosa.

Después de esas palabras trato de zafarse de nuevo del agarre del príncipe, moviendo su cuerpo con ímpetu. Pero lejos de lograr aflojarse estaba logrando algo más, algo que ni ella misma había sido capas de darse cuenta. Con los movimientos, el agarre de su bata se había soltado, dejando poco a poco a la vista su cuerpo desnudo, pero no solo eso, se sentía extrañamente mareada, y por alguna razón sentía una ligera sensación en su entrepierna, donde estaba la rodilla de él.

- ¡Deja de moverte! – grito por ultima vez Zuko, moviendo bruscamente a la maestra agua para mantenerla quieta.

Bajo con rudeza los brazos de ella colocándolos a los costados y apretando con mas fuerza su la rodilla en su entrepierna para que no cayese. Aun estaba ligeramente sobre el suelo. Al hacer aquel movimiento un gemido salió por parte de ella lo que hiso que la viera sorprendido.

Un suave pero embriagador aroma llenaba los pulmones de ambos. Ya no podían escapar de él, de sus efectos. Ahora sucumbirían ante el afrodisiaco.

Miro a la maestra agua frente a él. Respiraba agitadamente, pero tenia un extraño sonrojo en su rostro. Katara no era de piel tan morena como muchas otras maestras agua. Tenia un ligero tono amarillo haciéndola un poco más clara que las demás. Gracias a esa diferencia de tez Zuko pudo observar aquel sonrojo en ella. Así como ella vio el de él.

Se sentía extraño, un ligero mareo iba y venia, su respiración era profunda y agitada y la de ella también. Su rostro se veía diferente, sus ojos mostraban un azul diferente, parecían mas brillantes que antes, poso su vista en sus labios, estaban entre abiertos en una tonalidad rosa que le pareció apetecible.

Por otro lado Katara veía el rostro de quien la tenia capturada. Sus ojos amarillos brillaban intensamente como llamas encendidas. Tenia un ligero sonrojo. Estaba cerca de ella, se sentía extraña, pero sobre todo era aun mas extraña la sensación en su entrepierna, la rodilla de el causaba una fricción muy placentera.

Él movió su rodilla levemente por accidente pero el suave movimiento hiso que ella dejara salir otro gemido.

La miró y con asombro también vio como caía la bata de ella. Hasta ese momento se había mantenido por los brazos levantados, pero la bajarlos también cedió la delicada tela dejando al descubierto el cuerpo de la maestra agua.

No se sonrojo ni tampoco dijo nada. Solo lo miraba a él con esas gemas azules que pronto lo comenzaron a hipnotizar. Se acerco más a ella al hacerlo movió de nuevo su rodilla haciendo que ella gimiera otra vez. Miro hacia ese lugar y sin pudor ni vergüenza observó esa delicada parte de ella que estaba siendo tocada por su rodilla, de forma maliciosa hiso presión en ella. El lamento placentero no tardo en salir de sus labios solo para después se tomados por él.

La comenzó a besar con frenesí. No fue un beso tímido ni dudoso, fue fuerte y apasionado. Soltó sus brazos y ella inmediatamente los colocó en su cuello, aferrándose a él como si fuera la vida misma.

Le regreso el beso con furor y abrió delicadamente su boca dejando así que el entrara con su lengua en ella explorando cada rincón. Aquel beso no tenia nombre. A diferencia de su beso con Mai en esta ocasión sentía muchas cosas, deseo mas que nada. No quería detenerse, deseaba devorarla en ese momento.

Sus sentidos se habían perdido, los abandonó la razón y solo se dejaban llevar por sus instintos. Bajos instintos que nunca pensaron que despertarían de esa manera. El deseaba su cuerpo, ella que la poseyera y nada se los impediría.

Abandono sus labios solo para reclamar su cuello dejando marcas de fuego en su piel y haciendo más presión sobre la entrepierna de la chica haciendo que las mas dulces reacciones salieran de ella. Por alguna razón le encantaba escucharla y no pararía hasta hacer aquellos gemidos más intensos.

Trato de cercarla a él tomándola, abrazándola pero al estrechar su cuerpo con el suyo ella dejo salir un grito de dolor. Sorprendido por aquel grito se separó de inmediato. Como si fuera un pinchazo, aquel grito rompió el hipnotismo en que ambos se encontraban.

El dolor de las heridas hiso que Katara reaccionara. Y el también. Zuko se encontraba confundido y pudo ver lo mismo en ella. Se separo de la maestra agua. al verse libre, Katara se dio cuenta de su desnudes y trato de cubrirse con la bata que aun, milagrosamente se mantenía en sus brazos.

El príncipe de la nación del fuego no dijo nada y como si hubiera visto algo terrible salió de ahí, dejando a una muy confundida Katara en el baño. Sus piernas le flaquearon y cayo en el suelo sin importarle el cristal y vidrios rotos que se hallaran en el mismo.

- ¿QUÉ DEMONISO ACABABA DE PASAR?

Era la pregunta que se encontraba en la cabeza de ambos príncipes.