Capitulo V
ISLA EMBER PARTE I
El viento salado tocaba suavemente su cara, revolviendo su cabello y haciéndola sentir vitalizada, aunque al mismo tiempo depresiva. Frente a ella la enorme charca de agua conocida como océano se movía lentamente, y las suaves olas creadas por el vaivén del barco mientras se habría paso en el mismo le recordaba que, por ese momento que no era ella la que producía esas olas.
Jamás pensó que extrañaría tanto su agua control como en esos momentos, preferiría mil veces ser azotada por Azula, vivir en una habitación, que por más hermosa que fuera era una prisión, que estar ahí, rodeada de su elemento, sin poder controlarlo. Y peor aun, con esa compañía.
- Estoy ansiosa de pasar el fin de semana en la isla Ember – dijo Ty Lee mientras observaba la isla a la que pronto llegarían – será muy divertido estar en la playa sin hacer nada.
Se imaginaba estando en la arena, acostada, con una enorme sombrilla y una deliciosa bebida de piña-coco. Si, Ty Lee definitivamente iba a disfrutar ese fin de semana.
- Hacer nada es perder el tiempo – corto con rudeza las dulces palabras de la malabarista chica de circo – Nos enviaron a vacaciones forzadas, me siento como un niño.
Katara escuchaba las quejas del príncipe en silencio, decía que se sentía como un niño, pues actuaba igual que uno. Quejándose a cada momento.
- Cálmate – hablo Azula por la rabieta de su hermano – papá se reunirá con sus consejeros sin que nadie moleste. No es nada personal.
Después Ty Lee comenzó a platicar con Azula sobre si tenían una casa en la isla Ember, platica que a Katara no le dio importancia por escuchar, seguía mirando el océano. Si alguien alguna vez le hubiera dicho que se iría de vacaciones con el príncipe de la nación del fuego, su hermana y dos amigas una seria y frívola y la otra loca y sin cerebro se moriría de la risa solo para después alegar de completa locura a esa persona. Pero al parecer todo puede suceder, desde volar en un bisonte, convertirse en maestra agua, hasta conocer a una maestra tierra ciega. Creo que ni la tía Wu hubiera predicho eso. Pero que más daba, su vida ya había dado muchos cambios. ¿Qué importaba una loca situación como esa? Solo se agregaría a su lista. Aun recordaba la manera en la que llegó ahí.
Después de su plática con Zuko, no volvió otra vez a verlo, no al menos de esa manera, entrando por las sombras a su habitación. Al día siguiente de su encuentro con él, se le pidió que escribiera la carta hacia el Polo Norte para que solicitara la rendición del mismo.
Le pareció irónico que le pidieran a ella que escribiera tal mensaje. Hacerlo solo la hiso sentirse como una traidora. No protestó por ello, ni dijo nada. De la forma más calmada y complaciente se dedicó a redactar la carta de rendición. Pero que mas daba, sabia cual seria la respuesta de la tribu. Además tenia cosas mas importantes de la cuales preocuparse, como su escape.
Desde que llegó había planeado enterarse de todos los sucesos y planes del señor del fuego, por ello estaba ahí. Tenia aliados. Por desgracia no le dieron buena información los primeros días y decidió que debía irse, especialmente por las condiciones en las que se encontraba. Le dijeron que Azula había dado el permiso a los hombres que la custodiaban de hacer lo que quisieran con ella, esa fue su señal de salida, pero las cosas cambiaron cuando fue trasladada a otra habitación. Por el momento se dio cuenta que estaba a salvo, así que decidió esperar un poco más, gracias a eso se entero de ciertas cosas, pero entre mas tiempo pasara en la nación del fuego más peligroso se volvía. Especialmente desde su encuentro con Azula y Zuko, esos dos no eran mas que problemas, lo mejor era que entre ellos mismos se destruyeran. Aunque por el momento estaba tomando partido con Zuko, todo cambiaria cuando ella se fuera.
Ya había decidido su escape y los planes se llevarían acabo esa noche, pero una noticia sorpresa la hiso dudar de su huida. Una junta del señor del fuego con sus consejeros. Ayu se lo había dicho esa misma mañana cuando le llevaba el desayuno.
- Es seguro que se reunirán, ya se mandaron a llamar a los consejeros, se verán durante dos días – aseguró
- Deben planear algo muy grande para que la junta dure tanto tiempo.
- Así es.
- ¿Sabes cuando es?
- No, solo sabemos que se llevara acabo.
Se tomo su tiempo para pensar. Si se iba, podría enterarse por otros medios de lo que se hablo en dicha reunión, pero seria más difícil y pondría en riesgo a las personas que le ayudaban. Por otro lado, si se esperaba, se enteraría más pronto de lo que sucedería pero eso significaba retrasar su huida al menos tres días, pues el señor del fuego se volvía muy inseguro con sus oficiales y consejeros y después de cada reunión importante, mandaba a vigilar a cada persona participe en dichas juntas, así como la seguridad del palacio. Y eso podría ser un problema al momento de querer escapar, un lapso de tres días era el que, forzosamente tendría que esperar, y todo podría pasar en ese tiempo, como el recibir la respuesta de la tribu agua del Norte y no podía quedarse cuando eso sucediera. Azula estaba muy a la defensiva con ella y solo esperaba una oportunidad para convencer a su padre de deshacerse de ella y Zuko solo actuaba por conveniencia, pero si llegase el momento en que se dieran cuenta que ella, no seria del todo necesaria, él no metería las manos al fuego por ella. De eso estaba segura.
Lo mejor seria irse. Si, era la mejor opción, después se enteraría de lo sucedido en la reunión en un lugar seguro lejos de ahí. Se arriesgaría demasiado si se quedase.
Le dijo a Ayu que todo seguiría según lo acordado, esa noche escaparía.
Para su sorpresa fue llamada por el señor del fuego. Uno de los soldados se lo informó y se esperaba a la princesa de la tribu agua del Sur en el salón del te del señor del fuego.
Vestida como una dama de la tribu agua, la hermosa princesa fue escoltada hasta el lugar donde la esperaban.
Durante ese tiempo no había salido mas que en una ocasión que fue cuando se le llamó para ser presentada. Desde ese momento un fuerte rumor sobre ella se había corrido por todo el palacio. Algunos decían que era la joven mas bella que jamás habían visto, otros que sus ojos eran mas bellos que cualquier mar alrededor de la nación del fuego. Y los mas ridículos era que ella era la reencarnación de La, el espíritu del océano. Pero sin duda la maestra agua había causado gran conmoción en el palacio y solo esperaban alguna oportunidad para ver si aquellos rumores eran ciertos, sabían que se haría una fiesta en su honor y de esa manera seria presentada formalmente ante la nación del fuego, pero al enterarse que la princesa había sido llamada por el señor del fuego y saldría de su habitación, más de algún curioso quiso cerciorarse con sus propios ojos aquellos rumores y verla.
Mientras caminaba podía sentir el murmullo y las miradas de los sirvientes y de uno que otro soldado que, la seguía con la vista o incluso giraban su cabeza hacia ella cuando pasaba cerca. Pero Katara era ajena a aquella ciega admiración que provocaba. Lo único que le venia a la cabeza era que, si la miraban, era simplemente para mostrarse satisfechos del gran logro de la nación del fuego, de su nuevo trofeo. Además de que, tal vez, les parecía extraño ver a alguien tan diferente a ellos. Ver a una real y genuina campesina de la tribu agua que se hace llamar princesa. Tal vez incluso la comparaban con las damas nobles de ahí, las cuales, tuvo la mala suerte de toparse con una. Solo fue por un momento, no hubo reverencias ni cambio de palabras, pero Katara pudo escuchar muy claramente lo que dijo la mujer justo después de haber pasado junto a ella.
- No tiene nada de especial. No entiendo por que la idolatran tanto.
Un sucio comentario que le dejo en claro que era más que rechazada en ese lugar. Eso solo aumento sus ganas de salir de ahí. Definitivamente había tomado la decisión correcta en huir esa noche. Esperar al baile solo para ser mostrada y humillada no era algo que tenia en mente. Se imaginaba la cara que pondrían cuando se enteraran que ya no estaba ahí, que había escapado. Se rio por dentro. Daría lo que fuera por ver esas expresiones en la cara del señor del fuego y de sus hijos, pero ni modo, después se lo contarían. Ahora tendría que ver, para que fue llamada.
La primera idea que cruzó por su mente era que ya habían respondido la carta que había escrito a la tribu del norte, pero le resultaba imposible, apenas hace un día que se había enviado, y sabia que tomaría al menos dos días mas en llegar, mas otros días en responder, y tomando en cuenta que, primero, debían debatir si aceptar o no, entonces esa idea quedaba descartada, la respuesta tardaría al menos una semana en llegar. Tal vez era solo eso, tomar el té, por que, ¿A que otra cosa se le llamara al salón del té si no era para tomar té? Aunque debía admitir, se sentía un poco nerviosa.
Los guardias se pararon frente a una enorme puerta de madera, dos de los soldados la abrieron y quedó impactada con lo vio dentro.
No era el salón del té que ella pensaba encontrar, una sala amplia con una mesa de piso, al señor del fuego sentado en la cabecera rodeado de llamas y todo tapizado de múltiples colores en rojos, como era típico de ahí. Pero en su lugar encontró un amplio salón con la vista mas hermosa que jamás pensó encontrar en la nación del fuego.
El piso del gran salón era de madera en color crema entrelazada con hilos rojos. La pared del mismo color adornada con cuadros de paisajes de la nación del fuego en pintura de agua diluida, pero eso no era lo mas impresionante, la sala en si estaba sin mueble alguno, lo que mas resaltaba era la vista que poseía, unas cortinas de color rojo trasparente sujetas en los cuatro pilares dejaban ver la joya oculta en el palacio, la sala de té del señor del fuego.
Un hermoso y cristalino lago rodeado de abundante vegetación, y piedras, árboles cubrían a la perfección las paredes que rodeaban el palacio dando la impresión que se encontraban en un bosque. En medio de aquella hermosa agua estaba un kiosco con un techo en forma de carpa alzada, como las típicas casas de la nación del fuego, cubierta con teja roja, en cada punta del techo una figura de un dragón dorado lo adornaba. Para llegar a él un camino de enormes piedras lisas estaban situadas en el agua. Patos-tortugas nadaban con tranquilidad. En una de las orillas del lago, un enorme árbol de duraznos luna nacía de ahí, sus hermosas flores estaban abiertas, y con el delicado toque del viento desprendían un suave aroma. La maestra agua se quedo sin habla. En ninguno de sus mas remotos sueños pensó que existiría un lugar tan bello como ese.
Los guardias le indicaron que se dirigiera al kiosco. Con el corazón envuelto en una extraña sensación de admiración se dirigió al camino de piedra que la llevaría al kiosco. Pudo entonces darse cuenta de tres cosas: Una, el lago, no era un lago, si no un enorme estanque que se llenaba de agua subterránea dando la ilusión de que se trataba de un lago, era probable que existiera un rio debajo del palacio, lo que le resultaba muy extraño puesto que la ciudad estaba situada en la boca de un volcán extinto. Dos, el lugar era más grande de lo que había pensado, cuando salió, noto que había mucho espacio cubierto de hermoso pasto corto, y del lado por donde ella caminaba podía ver un amplio jardín con hermosos árboles de durazno luna y cerezos. Tres, había una persona en el Kiosco y esa era el Señor del Fuego.
Estaba de pie, frente a una mesa, al ras del piso, la estaba esperando. Cuando Katara finalmente llegó a donde se encontraba él, noto también que el Kiosco era más grande de lo que se veía por fuera. Era lo suficientemente amplio para albergar al menos ocho personas cómodamente, pero en ese momento era solamente dos. Ella y el señor del fuego.
Al llegar frente a él Katara noto una sonrisa en el señor del fuego, era extraño verlo sonreír, le saludó cordialmente haciendo una inclinación, el le respondió de la misma manera y después le pidió que se sentara. Otra cosa extraña, pues según le habían dicho, ella solo podía sentarse después de que el señor del fuego lo hiciera y solo después de él podía tomar lugar. Pero en esta ocasión era al revés y ella no dudo en sentarse cuando él se lo pidió.
Después de que ambos tomaran lugar, el señor del fuego comenzó a hablar.
- Espero que este disfrutando su estadía aquí en el palacio princesa.
La cordialidad de aquel hombre le parecía de lo mas extraña, pero debía corresponderle de la misma manera, sin importar lo raro que fuera.
- En efecto, han sido unos días muy placenteros - dijo dándole la razón
- Me alegro que así sea.
La conversación debía continuar y, como antes no había tenido la oportunidad de preguntar y ahora se le estaba presentando, dijo lo siguiente.
- Creo que para ser una prisionera, usted se ha tomado muchas molestias conmigo.
- No quiero que se vea como una prisionera princesa, si no, como una invitada.
Le sorprendió que la llamara invitada. Por lo que le respondió con lo siguiente.
- En mi tribu, los invitados pueden marcharse cuando lo deseen.
El señor del fuego miro con seriedad a la maestra agua por un momento, y después dijo.
- Usted es una invitada muy especial a la cual no me puedo dar el privilegio de verla partir, pero le aseguro que cuando la guerra acabe y me apodere de las demás naciones…
Un miedo y odio inmenso crecieron en Katara al escuchar esas palabras, hablaba con tal seguridad de que lograría sus objetivos que un deseo de saber sus planes la embargó, pero supo disimular su reacción y el señor del fuego no se dio cuenta de las emociones que causaban sus palabras.
- Usted… - continuo – será libre de ir al Polo Norte.
Y eso la dejo más extrañada. La dejaría ir, lo extraño es que dijo Polo Norte y no Sur. Oh si, había olvidado que el creía que todavía estaba comprometida con Haack. Era normal que le dijera que viviría ahí.
- O si usted gusta – agregó - puede a quedarse a vivir aquí, en el palacio.
De acuerdo, las cosas ahora si que eran extrañas. ¿Cómo responder a eso?
Tenia que salir de ese tema, por alguno motivo no le gustaba por donde iban las cosas, la mirada que le dedicaba la hacia sentirse, insegura.
- Debo decir que este es un lugar muy bello - trató de decirlo lo mas calmada posible para cambiar de tema – Pero hay algo que me estado preguntando, Me han dicho que esta es la sala del té, pero no veo que nos hayan servido té.
El hombre sonrió.
- Es muy perspicaz – le dijo a manera de halago.
Pero no sospechaba lo muy perspicaz que era Katara en realidad. Se dio cuenta que, en esa parte del palacio, era un lugar apartado y podía asegurar que era casi secreto, los muros no debían de ser muy altos, pues los arboles podían cubrirlos con facilidad, lo que también señalaba que no había residencias detrás de los mismos pues no se alcanzaban a ver techos de casas. Algo que también noto es que las torres de vigilancia no llegaban a ver hasta esa zona, el cielo era limpio, y nada mas que la llanura de la boca del volcán se dejaba ver. Y lo que más le sorprendió era la nula existencia de guardias en esa zona. Los únicos que pudo notar, eran los que la habían escoltado y que se encontraban solo dos en el salón por donde entró. Los demás esperaban afuera.
Oh si, era muy perspicaz.
Inmediatamente escuchó como la puerta del salón se habría y después de unos momentos las sirvientas dejaron unos utensilios que le resultaron muy familiares a Katara.
- He escuchado – comenzó a hablar el señor del fuego – que la tribu agua posee una forma de preparar el té.
La impresión fue grande, no sabia que las tradiciones de su tribu fueran conocidas por el señor del fuego, las tribus aguas eran muy celosos en cuanto a sus costumbres, recordó en ese momento que supieron que las mujeres no podían ser maestros agua, entonces que supiera que existe una ceremonia del té no debería ser una excepción. ¿Cómo lo habrán investigado?
- Me tome la molestia de mandar hacer cada uno de los utensilios que se necesitan, espero que sean de su agrado.
Katara observó que efectivamente todos y cada uno de los utensilios requeridos estaban ahí. Se impresionó que supiera a detalle como son. En el reino tierra no encontró ninguna tienda de té que los poseyera, o supiera de ellos.
- Espero y me muestre como preparan el té los de la tribu agua, escuche que es así como una ceremonia.
- En efecto lo es – comenzó – en nuestra tribu – tomo el pañuelo y lo doblo delicadamente – solo las mujeres casadas pueden realizar la ceremonia del té – comenzó a limpiar cada utensilio que utilizaría – y las mujeres comprometidas – sirvió el polvo de té con finura en un recipiente de cerámica – solo lo realizan una vez – vertió el agua caliente en el recipiente – el día que reciben su collar de compromiso – comenzó a agitarlo, primero lentamente y después rápido creando espuma en la superficie – la ceremonia se realiza para los padres del novio – paso el líquido de un recipiente a otro de un color rojo intenso con figuras florales – primero se le sirve a la madre pues ella es quien decidirá si aceptarla o no – giro el recipiente sobre la palma de su mano hasta que la figura de la flor quedara de frente – y al final se le sirve al padre – le entregó el bol con el té al señor del fuego haciendo una delicada reverencia, como es debida en la ceremonia – después de que ambos padres beben – el señor del fuego bebía el líquido – aceptan el compromiso.
Al terminar de degustar solo mostro una ligera sonrisa – Delicioso – dijo finalmente.
Por supuesto que estaba delicioso. Había aprendido la ceremonia desde los 6 años, cuando observaba a su madre, una vez casada, es tradición que las mujeres realicen la ceremonia en ocasiones especiales o cuando se tiene invitados, Katara había observado a su madre hacerla muchas veces, pues al ser la esposa del líder le correspondía en la mayoría de los casos realizarla la ceremonia. Era tradición que a los diez años se les instruyera a las niñas aprender a realizar la ceremonia, parecía fácil, más no lo era. Especialmente si se realiza en un lugar como el polo sur, si te tardabas demasiado el agua se enfriaba, si lo batías de más, perdía el sabor y la consistencia, y si lo hacías demasiado rápido sabia amargo.
A eso le sumabas la postura que debía tener durante toda la ceremonia. La posición de tus manos, la forma de sostener los utensilios y depositarlos en su lugar una vez utilizados. Todo era un arte, y un fastidio, de nada serbia hacer buen té si no tenias la postura correcta y tampoco al revés.
Le había tomado dos meses aprenderse las posiciones y la postura y cuatro más en preparar el té de manera correcta. Su abuela había sido muy estricta con ella en lo que a la ceremonia se refería, incluso Katara llegó a decir que le resultaba más fácil convertirse en maestra agua que en realizar correctamente la ceremonia del té.
Pero como siempre, sus principios y obligaciones iban por delante, y como futura reina del polo Norte debía aprender correctamente la ceremonia. Aunque el compromiso ya estaba estipulado y no seria rechazada al momento de hacer la ceremonia, eso no impedía que debía realizarla correctamente.
Hiso un leve inclinación con la cabeza en modo de aceptación por el cumplido.
Al terminar colocó el recipiente en la mesa Katara lo tomó y comenzó a limpiarlo. La ceremonia no solo es hacer el té y servirlo, si no también limpiar el recipiente.
- Me gustaría que hiciera un viaje.
Detuvo la rutina de limpieza para pensar las palabras del señor del fuego ¿Había dicho que quería que hiciera un viaje?
- Existe una isla no muy lejos de aquí, la Isla Ember, es muy conocida por sus hermosas playas, seria grato que la visitara.
Resultaba muy extraño que la invitara a un viaje a una isla, es decir ¿Qué no era una prisionera? Oh si era su invitada, pero aun así ¡ERA EXTRAÑO!
- Será un honor para mi aceptar su invitación.
Le respondió con calma. Que mas da, me voy esta noche, de nada sirve ser grosera. Katara reía por dentro. Pudo ver el rostro de satisfacción del Señor del Fuego.
- ¿Y cuando será el viaje? – era una pregunta normal que debía realizar.
- En una hora saldrán rumbo a la isla.
Maldición.
Y ahí estaba. Su estupidez y confianza la traicionó. ¡POR LOS ESPIRITUS! ¿QUIÉN IBA A SABER QUE ESE MISMO DIA PARTIRIA A LA DICHOSA ISLA? y ahora estaba ahí. ¿cuál fue la mayor sorpresa? que no iría sola.
Al llegar al puerto, se impresionó al ver a cuatro personas conocidas.
- ¿Qué hace ella aquí? – gritó Zuko al ver a la maestra agua y a la sirvienta que siempre la acompañaba.
Había sido obligado a pasar dos días en la isla Ember junto con su hermana, la cual decidió invitar a Ty Lee y a Mai, y por si fuera poco ahora resulta que la maestra agua también va a ir. Que estupidez era esa.
- Que grosero eres hermano. Nuestro padre la invitó.
- ¿Y por que lo hiso? – siguió gritando - ¿Sabes lo ridículo que es enviar a una maestra agua a una isla rodeada de agua?
Todo era absurdo, ¿En que rayos pensaba su padre? Ella era una prisionera. Suficiente tenia con que viviera cómodamente y ¿ahora resulta que también puede salir a pasear? ¿Qué acaso todos se estaban volviendo locos?
- Cálmate Zuko, ella no puede usar sus poderes con el agua ¿Lo olvidas?
Ese punto hiso que Zuko tratara de calmarse un poco. Y con rudeza dijo.
- No me hare responsable si trata de escapar. Mi padre debe estar consiente de lo que hace.
- No te preocupes, si trata de escapar – Azula miró a Katara – la mataremos.
Ya se le hacia demasiado raro que fuera invitada a un viaje siendo ella una prisionera, con lo que Azula acababa de decir era más que claro que deseaba que ella hiciera el intento de escapar para deshacerse ella de una vez por todas.
De manera inquisitiva y con malicia le dirigió una mirada a la maestra agua, Azula sabia que seria difícil resistirse a la tentación de escapar, era la oportunidad perfecta, una isla, agua, y sin guardias. Lo haría, la maestra agua intentaría escapar y cuando eso sucediera ella estaría ahí para darle fin a su vida. Seria perfecto.
Ya no le importaba mucho que ella contara que el avatar estuviera con vida o no, Azula sabia que si estaba vivo, sus mejores espías se lo habían confirmado, lo habían visto en una de las ciudades cerca de la capital. Les ordenó que no le hicieran nada, que lo dejaran. Ella sabia lo que pretendía el avatar y su grupo de amigos. Pero lo que le dio mas satisfacción era que la maestra agua ya no era necesaria, aunque se había aliado con Zuko en no revelar la verdad de quien lo había matado, ya de nada le serviría eso. Ahora que el avatar estaba vivo, nada se interponía en su camino de tomar el trono y humillar y hacer sufrir a su hermano.
Primero le quitaría a la campesina, lo haría sufrir quitándole a su amante, fue fácil convencer a su padre de que los acompañara en ese viaje, la mataría en la isla provocándole sufrimiento a Zuko y después cuando el avatar y sus amiguitos decidan atacar, el deshonor y la desgracia hundirían a su hermano, convencería a su padre de lo inútil que era y que lo desterrara o lo encarcelara.
Todo era perfecto. Su plan era perfecto.
Llegaron a la isla. Ty Lee se emocionó. Mai no había dicho nada en todo el camino, tenia una expresión de desagrado en su cara. Zuko estaba impaciente y molesto mientras que a Azula se le veía extremadamente feliz. Katara no dijo nada en todo el viaje. Si algo planeaba debía estar muy alerta.
En el muelle los esperaban las dos ancianas gemelas Lo y Li.
- Bienvenidos a la Isla Ember niños – saludaron al mismo tiempo.
Los seis pares de ojos miraban las enormes y lujosas casas que se veían, solo para caer en la pequeña, en comparación de las demás casas, y sencilla casa donde se hospedarían. Cuatro se decepcionaron, mientras que Katara y Ayu miraban con asombro la belleza del lugar. Una lo disimulaba más que la otra.
Al entrar la casa era hermosa, pequeña y acogedora, tenia un balcón con vista al mar, una mesa para siete personas, estaba decorada, con tapices, cortinas y alfombras en tonos rojos y morados, resultaba placentera ver esa combinación de colores y algunas poseían bordados con flores rosas, en si todo daba la apariencia de una casa de playa, lo único malo era…
- Huele a asilo de ancianos – dijo Zuko haciendo realidad los pensamientos de la maestra agua. Pero tenia toda la razón.
- Me pregunto por que – habían sido las primeras palabras de Mai desde que subieron al barco, aun que lo dijo secamente, al menos había hablado.
La respuesta era obvia, estaban en la casa de la playa de Lo y Li y como ambas eran ancianas, no era de extrañarse que la casa oliera a ancianos.
Ty Lee se detuvo frente a un cuadro.
- ¿Quiénes son estas hermosas mujeres?
El cuadro representaba a dos mujeres de cuerpo completo en traje de baño en una pose de espejo. Era un cuadro viejo.
- ¿Qué no se nota? – dijo una de las ancianas.
- Somos Li y yo.
- Somos Lo y yo.
Dijeron al unísono mientras hacían la misma pose del cuadro, Zuko tuvo que contener un gran asco de vomito en su boca al ver a las dos ancianas en tremenda pose. Definitivamente en sus años de juventud fueron hermosas pero ahora… creo que no tenían la edad para andar haciendo aquellas poses. Todos mostraron un rostro de desagrado.
- Sabemos que están molestos por que los obligaron a pasar aquí este fin de semana – hablo una de las ancianas.
- Pero la isla Ember es un lugar mágico, solo habrán su mente.
- Solo denle una oportunidad.
- Puede ayudarle a entenderse a si mismo y a los demás – dijeron al mismo tiempo.
- La playa – dijo una tomando una piedra de la mesita que estaba a su lado – tiene la capacidad – le paso la piedra a su hermana.
- De suavizar hasta la roca más áspera – completó la otra mientras frotaba la piedra.
Azula bostezó a manera de aburrimiento o en otras palabras no le importaba lo que acababan de decir.
Después las hermanas aplaudieron de manera sincronizada y dijeron:
- Hora de ir a la playa – mientras se quitaban su atuendo, dejando ver un traje de baño algo anticuado y un exceso de piel que no deseaban ver. Zuko se llevó sus manos a los ojos tratando de evitar ver a dos ancianas en traje de baño. Definitivamente ese fin de semana lo odiaría.
Comenzaron a acomodar sus cosas en las habitaciones, por lo que Ayu le pregunto a Katara donde seria la de ellas.
Ayu viajó con la princesa por petición de Katara, aunque estaba repuesta aun no había sanado del todo de sus heridas en la espalda y necesitaba de su ayuda para colocarle el ungüento. La pregunta de Ayu dio a lugar a un tema de discusión entre los jóvenes sobre quien dormiría con quien.
- Mai – dijo Azula – dormirás con la campesina… A menos que Zuko quiera dormir con ella – terminó de decir maliciosamente en voz baja, para que solo Zuko la escuchara, pero Katara y Mai pudieron escuchar perfectamente.
Azula sabia del enamoramiento de Mai hacia Zuko, que mejor que ella para estarla vigilando. O quien sabe, incluso podría encargarse de la campesina, de todas formas seria divertido verla sufrir.
- Que lo haga Ty Lee – dijo fríamente Mai, para después dirigirse a una habitación. Estaba molesta y Azula rio por lo bajo por la actitud de ella.
Al final Ty Lee, sin reproche de que dormiría con la maestra agua y con su natural alegría se dejo caer en una de las camas. Era una habitación algo pequeña, las camas estaba dispuestas en cada pared, cubiertas por cortinas de diferentes estampados y en colores morados, rosas y rojos. De las paredes y vigas de madera colgaban diferentes objetos, desde conchas de mar, caracolas y una que otra baratija.
- Pero que suave es esta cama – expresó – y este diseño me encanta – dijo tocando suavemente uno de los cojines.
- Si, es hermoso – dijo Ayu – Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que vine a la Isla.
- ¿Enserio? – hablo Ty Lee.
- ¿Ya habías venido antes? – pregunto Katara compartiendo un poco la expresión de asombro de Ty Lee.
Ayu se puso nerviosa, no sabia que responder, se había puesto al descubierto ella sola.
- Eh… si… - dijo con nerviosismo – acompañamos a una familia una vez. Hace mucho tiempo.
- Por supuesto, eres una sirvienta después de todo – hablo Ty Lee.
Respiró con tranquilidad pero Katara no parecía muy convencida. Algo ocultaba Ayu.
- ¡Bueno, vamos a la playa! – gritó con entusiasmo Ty Lee.
Minutos después todos se encontraban camino a la playa. Bajaron a la playa pública y después de que Azula decidiera acomodarse en el lugar donde unos niños estaban construyendo su castillo de arena y después de destruir el mismo, empezaron a sacar sus toallas y sombrillas para disfrutar de la playa.
Ty Lee inmediatamente fue objeto de atención de varios chicos haciendo todo lo que ella le pidiese. Observó a su hermana que miraba con un poco de recelo como su amiga tenia un sequito de admiradores atendiéndola como reina, volteó hacia otro lado y miro a Mai que se escondía debajo de su sombrilla, era mas que evidente su cara de molestia, a Mai no le gustaba la playa, pero bueno a ella no le gustaban muchas cosas. Después desvió su vista a la maestra agua que se hallaba con la sirvienta. Pudo ver que llamaba la atención de algunos jóvenes.
Katara vestía un traje de baño completo en color rojo, con la espalda completamente cubierta, tal vez por no querer exponer sus heridas, en su cadera llevaba un pareo que cubría la mitad de uno de sus muslos dejando al descubierto el otro. El ajustado traje dejaba ver la figura de ella, marcaba su estrecha cintura y resaltaba el tamaño de su busto, el pareo enmarcaba su cadera, su cabello estaba trenzado pero la trenza caía sobre su hombro y no sobre su espalda. Era la primera vez que la veía vestir ropas de la nación del fuego a si como su típico color, y debía decir que el rojo le quedaba bien.
Después de que unos chicos amablemente les ayudaran a colocar las sombrillas ambas chicas los despidieron, pero los dos jóvenes las invitaron a tomar algo refrescante pero ellas se negaron con un "mejor después y gracias" y así se acostaron debajo de la sombra.
Pensaba en las palabras de la maestra agua, en su advertencia sobre Azula. Desde que le dijo que ella buscaba el poder, él no podía mas que estar atento al comportamiento de su hermana y verificar si era verdad aquello. Pero después de esa noche no dijo nada más y tampoco volvió a mencionarle nada relacionado a la maestra agua. Parecía que todo era normal.
Por otro lado, lo que le había dicho respecto a la maestra agua tampoco había caído en saco roto, aun sospechaba de las intenciones de ella, de mantenerse callada en lo referente al avatar y de que solo lo hacia para molestar a Azula. Aunque ese detalle era un punto a su favor. El también había disfrutado de ganarle al menos, en esas dos ocasiones.
Pero resultaba confuso. ¿Quién de las dos decía la verdad? Le resultaba molesto no saber en quien confiar.
Katara observaba a los niños jugar en la arena y los mas grandecitos haciendo surf en la playa, comenzaba a extrañar hacer eso. No era que no pudiera hacerlo, pero sin su agua control no era divertido. Escucho como una niña comenzó a llorar lo que hiso que se fijara en ella. Se le había caído la bola de nieve de sabor de su cono en la arena y lloraba desconsolada, después miro como un niño unos años mas grandes que la pequeña y que la acompañaba, pasaba su bola de nieve al cono de ella, devolviéndole la sonrisa a la niña. Después la tomo la mano y caminaron juntos.
No pudo evitar pensar en Sokka, de niños aunque ella era más madura que él, en ocasiones se portaba como un hermano mayor y la cuidaba de esa misma manera. Cómo en la ocasión en que, cuando ella estaba practicando su ceremonia del té, estuvo deprimida, pues no podía lograrlo, pero Sokka le estuvo animando y el se bebía cada intento de té que ella preparaba, no fue hasta el quinto cuando ella también decidió probarlo y se dio cuenta que ¡Sabia horrible! y todo ese tiempo él lo estuvo bebiendo sin quejarse solo para que ella no se desanimara. Sokka era realmente un buen hermano. Algo idiota e impulsivo, pero su hermano a final de cuentas.
Recordarlo le resulto un poco doloroso mientras observaba a los dos niños perderse en la distancia, entre la arena y la gente de la playa. ¿Qué estaría haciendo en esos momento? ¿Estaría preocupado por ella? ¿Dónde estaría? ¿Estaría comiendo bien? Sin querer una angustia la embargó. Y ese día mas que nunca deseo regresar con él, volver a verlo. Pero le resultó difícil evitar que al pensar en su hermano pensara también en Aang. Solo le rezaba a los espíritus y a Yue que él estuviera a salvo, que hubiera sobrevivido.
- ¿Le sucede algo? – preguntó Ayu mientras se sentaba a su lado - ¿Por qué llora?
Al escuchar esa pregunta se extrañó, llevo su mano a su cara y se dio cuenta que efectivamente había un rastro de lagrima en ella. Al parecer se había emocionado demasiado al recordar a su hermano.
- No es nada – le dijo con una sonrisa – estaba recordando es todo.
Ayu pudo sentir la pena de la princesa, de seguro extrañaba mucho a sus amigos y ahora cuando al fin tenia la oportunidad de irse para buscarlos no podía hacerlo. Ella sabia por experiencia propia lo que era que te separasen de tus seres queridos.
- ¿No piensa intentarlo aquí? – preguntó con voz baja. Katara supo de inmediato a lo que se refería.
- No – le dijo con voz suave y baja – Es demasiado extraño que este aquí en primer lugar - mirando hacia la dirección de ambos príncipes – No se, pero siento que Azula trama algo.
- ¿Cree que ella se dio cuenta y por eso la trajo aquí?
- Tampoco lo creo, La junta que mencionaste al parecer inicia hoy. Además si lo supiera no me hubiera detenido, me hubiera querido atrapar en el acto, no antes.
Esa seria la forma de actuar de Azula, la dejaría creer que no sabe nada y después la atraparía en ese momento, apunto de escapar.
- Pero que lindas chicas.
Dos jóvenes se habían acercados a ellas sin que se dieran cuenta. A Katara y a Ayu les dio un salto el corazón pues temieron que pudieran ser escuchadas.
- ¿Les importaría que les invitáramos un delicioso helado?
Las dos se miraron como tratando de buscar alguna respuesta una en la otra.
- Claro ¿Por qué no? – dijo Katara con la mejor sonrisa fingida que pudo hacer.
Inmediatamente y con solo hacer aplaudir un hombre apareció casi de la nada con cuatro conos con nieve en color rojo. Tomó el cono con nieve y lo probó, un intenso sabor de fresa y cereza inundó su boca dejando salir una exclamación de gusto que no paso desapercibida para ninguno de los presentes ahí cercas.
- Esta delicioso – exclamó la maestra agua.
- Oh es fresa y cereza – dijo Ayu – ¡Tenia tanto tiempo sin probarlo!
La expresión gustosa de ambas chicas hiso que los chicos se sintieran satisfechos.
- ¿Es su primera vez en la isla? – preguntó uno.
- No – respondió Ayu – ya he venido antes, pero es la primera vez de la… de mi amiga – estuvo a punto de decirle princesa, había olvidado que le había dicho que la llamara por su nombre, al menos mientras estuvieran en la playa. No quería llamar la atención.
- Oh ya veo – dijo el chico sin notar el ligero nerviosismo de la joven - ¿Quieren que les mostremos la playa? – invitó.
Iban a responder pero alguien más lo hiso en su lugar.
- No, no lo harán – Zuko se había acercado a ellos con una expresión de pocos amigos, al parecer los había escuchado.
Tenia rato observándolos, desde que Katara dejo en claro su nuevo gusto por el helado de fresa con cereza. Miraba con algo de recelo a los dos chicos. Estaban conversando muy íntimamente con las dos, entendía que la acompañante de la maestra agua era bonita, cualquiera chica con esas curvas llamaría la atención de cualquier hombre, pero era en Katara en quien se concentraba, ella era claramente diferente a otras chicas que estuvieran en la playa, aunque había algunas de piel morena por el sol, ninguna poseía sus ojos azules que llamaban demasiado la atención, además del traje de baño que vestía, aun que no era para nada revelador dejaba muy en claro su figura.
- ¿Disculpa? – exclamó uno de los chicos.
- No irán con ustedes a ningún lado – decretó el príncipe.
- Oye ¿Quien te crees amigo? – alegó el otro.
Ayu y Katara observaban, una con asombro y la otra con un ligero temor hacia el príncipe, nunca lo había visto tan molesto.
- ¿Qué acaso eres su novio?
Zuko estuvo a punto de gritarle quien era pero Katara se adelantó.
- ¡NO ES ASÍ! – dijo con la intención de calmar las cosas. Zuko se veía que estaba a punto de matar al chico y ella sabia que si era capaz de hacerlo. - Es solo un amigo que nos esta acompañando, pero el tiene razón, no podemos ir. Gracias por el helado.
La dulce mirada de Katara y su hermosa sonrisa hicieron que los dos chicos no se sintieran tan ofendidos por su rechazo. Se despidieron de ellas con cordialidad, pero al príncipe le dedicaron una mala cara, la cual el también les devolvió con ferocidad. Una vez que se fueron comenzó Katara a atacarlo.
- ¿Se puede saber que te pasa?
- ¿Qué me pasa? – le dijo casi indignado - ¿Qué te pasa a ti? Eres una prisionera, el que estés aquí no quiere decir que puedas andar haciendo lo que quieras.
- Gracias por recordármelo y sé cual es mi lugar, pero eso no te da derecho a hablar por mi – le respondió molesta.
- Eres MI prisionera, y tienes que hacer lo que yo te diga – le dijo entre dientes con enojo.
Katara estaba a punto de gritarle cuando Ayu intervino.
- Por favor no peleen – dijo casi con miedo, ambos príncipes se veían sumamente molestos, ahora entendía por que, las dos veces que se habían visto habían terminado peleando, ambos poseían temperamentos casi iguales y se enojaban con facilidad.
Ambos se dieron cuenta que efectivamente no estaban en un lugar adecuado para discutir Katara dejo de lado su orgullo y con molestia le dijo a su amiga.
- Vamos Ayu – le dijo mientras se daba la vuelta y empezaba a caminar lejos de él.
- ¿A dónde crees que vas? – le dijo Zuko tomándola por el brazo obligándola a voltearse y a mirarlo.
- Al baño, ¿O que? ¿Te tengo que pedir permiso para poder ir? – Después de decirlo se libro de su agarre y continuo su camino sin rumbo. Ayu la alcanzó después de despedirse apropiadamente del príncipe dejándolo atrás muy molesto.
Apretaba sus puños con fuerza. Maldita mujer ¿Quién se cree ella? Era su prisionera, su vida estaba en sus manos y cree que puede andar por ahí coqueteando con quien ella quisiera. Recordó el incidente del baño y en ese momento le costo creer que ella realmente no tuvo la culpa de eso, si con solo mirar la estúpida forma en que les sonreía a esos dos idiotas parecía que lo disfrutaba, ¿Acaso pensaba que era ciego y no lo notaria?
Mai había escuchado todo.
- Holgazanes – escucho la voz de su hermana llamándolos a todos – Vengan es nuestro turno.
A lo que Azula se refería era a un juego de voleibol. Zuko deseaba descargar su enojo y su hermana le daba una buena oportunidad de hacerlo. Se quito su camisa y se dirigió hacia la improvisada cancha de arena donde jugarían.
Por otro lado Katara caminaba molesta. Ella sabia perfectamente cual era su lugar, no era estúpida. Cada maldito día recordaba que era una prisionera y las marcas en su espalda le decían que no podía hacer agua control. Zuko era un estúpido con sus aires de grandeza.
- ¡Eres tan odioso! – grito mientras pateaba la arena para descargar su ira.
- Katara – Ayu le habló.
Volteó y miró a su amiga acercándose apresuradamente hacia ella.
- Es la primera vez que me llamas por mi nombre – le dijo en tono calmado y alegre.
- Sí – Ayu le dio una cálida sonrisa, Katara se la regresó y por un momento olvidó su enojo.
Ambas comenzaron a caminar por la playa, al final de cuentas Katara deseaba conocer un poco de aquel lugar y Ayu le serbia como guía.
Cuando caminaron lo suficiente decidieron regresar. Al llegar a donde estaban sus cosas, observaron que no estaban los demás, su vista se dirigió al grupo de personas que observaba un partido de voleibol. Pero lo que más le llamo la atención a la maestra agua fue la única figura masculina en el grupo de mujeres que peleaba contra el otro equipo. Zuko se hallaba sin camisa jugando, llamando la atención de muchas chicas, su cuerpo estaba bien formado. Tenia una espalda ancha, en su pecho y abdomen se dejaban ver sus muy bien marcados músculos y sus brazos fornidos no pasaban desapercibidos, tenia piernas tonificadas que se movían con agilidad y golpeaban el balón con increíble fuerza. Definitivamente el príncipe de la nación del fuego era todo un hombre.
- Tenia razón – dijo Ayu – El príncipe esta como quiere – termino de decir pícaramente.
- ¡Ayu! – dijo Katara a manera de llamarle la atención por el comentario. Pero después de decirlo le resultó difícil negarlo, por lo que ambas se soltaron a reír.
Zuko se sintió mucho mejor después de darles una paliza a los del otro equipo. Y luego de que su hermana les dijera un discurso de derrota y humillación a los perdedores un par de muchachos se acercaron a ellos. No pudo nada mas que mirarlos con repudio. Solo con mirar su apariencia y caras arrogantes se dio cuenta de sus intenciones. Si se acercaban era obvio que lo hacían por las chicas.
- Voy a dar una fiesta esta noche – dijo el mas grande - ¿Podías venir?
Y tenia razón, se habían acercado a Ty Lee.
- Claro – respondió la chica – Adoro las fiestas.
- Tu amiga también puede venir – dijo el otro que lo acompañaba refiriéndose a Mai. La cual solo lo miro con indiferencia.
¿Y que pasa con nosotros? – reclamó Azula por no ser invitada - ¿no piensan invitarnos?
Los chicos miraron entre ellos dudando si invitarlos o no.
- ¿No saben quienes somos verdad? – dijo Azula, al ver la cara de desconcierto de los dos extraños.
- ¿Nos conocen? Somos Chan y Won Yan – se presentaron.
Zuko estaba hasta la coronilla de tener que soportar a otro par de idiotas que con aires de reyes de la playa. Creyó que se había calmado pero su enojo regresó gracias esos dos. Pero ahora no se quedaría con los brazos cruzados, les daría una lección. Los trataban como iguales y ya se estaba hartando de eso. Caminó apresuradamente hacia ellos dispuesto a desquitarse, pero Azula le impidió el paso.
- ¿Y bien? – pregunto de nuevo la princesa.
- Esta bien pueden ir – dijo el mas grande con cara de idiota – pero les advierto que los chicos mas importante de la nación del fuego van a ir a la fiesta así que sugiero que se comporten.
-Haremos lo posible – aseguró Azula.
Zuko molesto, se dirigió a por sus cosas, ya había tenido suficiente de playa por un día. Para su sorpresa se encontró con Katara y Ayu recogiendo también sus cosas.
- Veo que ya regresaron – les dijo a manera de acusación, como si fuera un padre regañando a sus hijos.
- Sí y ya nos vamos – le respondió de la misma manera Katara, mientras caminaba de regreso a la casa en compañía de Ayu.
Por la tarde mientras comían, Zuko todavía se encontraba molesto por la actitud de los últimos dos tarados que habían platicado con ellos. Y le reclamó a su hermana.
- ¿Por qué no les dijiste quienes éramos?
- Supongo que me sorprendió – le dijo tranquilamente – estoy acostumbrada a que me halaguen y me veneren.
- Deberían – opinó Ty Lee.
- Si, lo se – Afirmó Azula – y eso me encanta.
Katara escuchaba en silencio, se sentía muy fuera de lugar en aquella mesa. Era tan extraño que estuviera comiendo con aquellas personas que le resultaba casi imposible de creer.
- Pero – continuo la princesa de la nación del fuego – quise ver como nos trataría la gente si no supiera quienes somos.
Ese era un buen punto, pero Zuko ya había vivido esa experiencia cuando estuvo en Ba Sing Se y en otros lugares en sus tiempos de persecución del avatar, y le resulto de lo mas desagradable y al mismo tiempo fascinante. El no tener que llevar la responsabilidad de quedar bien y cuidar las apariencias fue algo liberador, pero por otro lado se había enterado de la verdadera opinión de la gente sobre la nación del fuego y sus habitantes. El conoció el repudio y el rechazo de ser de la nación del fuego y peor aun, por ser un maestro fuego.
- Como las olas del mar que borran nuestras huellas en la arena – comenzó a hablar una de las ancianas – la isla Ember nos entrega a todos una nueva vida.
Katara sintió esas palabras, desde que había llegado a la nación del fuego había sido tratada como prisionera y después como princesa, aunque seguía siendo una prisionera tenia mas comodidades, pero en la isla, se convirtió en una chica más. Y eso, aunque le doliera admitirlo le gustó. Cuando viajaba con Aang y los demás siempre estaban a la espera de ser atacados y eso era un poco agobiante, pero se volvió mas difícil cuando comenzaron a ser "buscados" teniendo que esconder sus identidades en mas de una ocasión. Aunque estaba en una situación difícil, ese viaje resultaba un respiro para ella.
- Esta isla revela nuestro verdadero yo – termino de decir su hermana.
Y después de hacer unos movimientos sincronizados dijeron al mismo tiempo.
- ¡A la fiesta!
Resultaba gracioso verlas hacer esos movimientos.
- ¿Katara nos acompañaras a la fiesta? - Preguntó Ty Lee – Se que no te invitaron pero creo que podrías ir.
- Gracias Ty Lee, pero no creo que me dejen ir – lo último lo dijo claramente dirigido a Zuko – de todas formas estoy un poco cansada, preferiría descansar.
Zuko se molestó por la respuesta de la maestra agua, pero no dijo nada. No iba a ir así que al menos no podía estar enojado por ello.
Antes de partir Azula le dio una advertencia a Katara cuando estaba a solas en la mesa del balcón mientras bebía té.
- No intentes nada campesina, no deseo ser yo quien te tenga que matar por intentar huir.
- A puesto que en verdad deseas que lo haga – le respondió tranquilamente - Pero no te preocupes, como te dije antes, estoy muy cansada y prefiero quedarme aquí.
Azula sonrió con gran disgusto y se fue de ahí. Solo espera maldita campesina, tus días están contados. Pensaba con satisfacción.
Disfruta de esta noche, por que será la última…
