Capitulo VI

ISLA EMBER PARTE II

Una vez que se fueron, Ayu se sentó junto a Katara, y juntas observaron el atardecer.

- Los atardeceres en la isla Ember son tan hermosos – dijo con gran nostalgia.

- Lo dices con mucho sentimiento – dijo Katara, y entonces se decidió en hacerle una pregunta – Ayu, ¿Cuándo fue la última vez que viniste a la isla?

Por algún motivo Katara sentía que Ayu escondía algo y, por la situación en la que se encontraba veía necesario el enterarse de que era, Katara confiaba ciegamente en ella, ahora era momento que Ayu confiara en ella también. Pero al hacerle la pregunta pudo notar como su rostro se ensombrecía.

- Fue hace cinco años – dijo con melancolía.

Ayu miro hacia atrás, se aseguró que no hubiera nadie. las ancianas Lo y Li no se hallaban cerca, así que decidió contarle a la princesa un poco de ella. O mejor dicho la verdad sobre ella.

- La última vez que vine a la isla Ember tenia diez años, y esas fueron mis últimas vacaciones familiares – Guardo un poco de silencio y después de tomar un poco de valor dijo – también fue la última vez que vi a mis padres.

Sintió un fuerte nudo en su garganta. ¿Qué fue realmente lo que había pasado? Pero en ese momento tuvo miedo de preguntar. Podía ver que le resultaba doloroso hablar de ello.

- Lo siento, no quise hacerte recordar – se disculpó.

- No – le respondió Ayu – Usted confía en mí, creo que es correcto que yo le tenga que contar esto.

Katara no supo que responderle y mejor guardo silencio. Si ella estaba dispuesta a contarle no la presionaría.

- Yo… - comenzó Ayu – no siempre fui una sirvienta. Es decir no pensé que lo seria. Mi familia, pertenecía a la nobleza – la impresión de Katara fue grande – Hace cinco años vinimos aquí de vacaciones, mi padre era el señor de una de las colonias en el reino tierra, yo tenia cinco años cuando nos mudamos, recuerdo que estaba muy emocionada. Mi padre era un hombre muy ocupado, pero se dio un tiempo y organizamos un viaje a la nación del fuego. La isla Ember era nuestro destino. Cuando llegamos yo estaba emocionada, me resulto un lugar muy hermoso y junto con mi hermano pasábamos todo el día en la playa – se veía feliz cuando dijo esas palabras, sin embargo cambio cambio drásticamente su expresión - Pero no duramos mucho tiempo. A los dos día de haber llegado, unos soldados vinieron y se llevaron a mis padres.

No sabíamos que pasaba, mi hermano Zheng y yo estábamos asustados. Fuimos llevados a la capital junto con nuestros padres. Y ahí fue la última vez que los vi. Al llegar a la capital mi hermano y yo fuimos sometidos a muchas preguntas. Nos preguntaban si éramos fieles al señor del fuego, si alguna vez había escuchado a mis padres hablar de traición y cosas así. Todo era extraño, cuando me reuní con mi hermano después de aquel tortuoso interrogatorio el se veía muy molesto pero nunca lo vi asustado, yo sabia que el sabia lo que estaba pasando.

No regresamos a nuestra casa esa noche, dormimos en una celda. Al día siguiente nos enteramos de la verdad. Mis padres habían sido acusados de traición. Fue lo único que nos dijeron, también ese día me separaron de mi hermano. Al parecer se mostraron piadosos con nosotros, mas debíamos mostrar nuestra lealtad al señor del fuego y a nuestra nación. Mi hermano que era un maestro fuego, fue obligado a entrar al ejercito, solo tenia trece años, el no se negó, tampoco opuso resistencia. lo último que me dijo antes de marcharse fue : "Se fuerte Ayu, regresaré" y no lo volví a ver.

En cuanto a mi, como mis padres habían sido acusados de traición, perdieron su estatus y yo quede a la deriva, nadie quería aceptarme, ni siquiera mis propios familiares. Solo una mujer se apiadó de mí y tomo mi responsabilidad, era una de las sirvientas del palacio. Que mejor manera de probar mi lealtad sirviendo al señor del fuego.

Paso el tiempo y yo no sabia nada de mi hermano. Escuchaba rumores de que en ocasiones los nuevos soldados eran usados como pruebas para tácticas militares y por lo general eran enviados al frente, cada vez que escuchaba eso, deseaba con todas mis fuerzas que no fuera verdad y que mi hermano se encontraba bien. Pero, el no saber nada de él en mucho tiempo me hacia pensar lo peor. Pero un día recibí una carta de él. Fue como la gloria para mí, sabia que estaba con vida, y desde entonces recibí muchas cartas más. Cada semana me enviaba una y me contaba lo que sucedía en el mundo, no me contaba mucho, supongo que temía que nos acusaran de traidores.

Estuvimos así tres años, hasta que paso lo que más temía, dejaron de llegar las cartas. Durante un mes no supe nada de mi hermano y yo me sentí devastada. Cada día pensaba lo peor. Me enteré que el regimiento al que pertenecía habían sido atacados por maestros tierra y que todos los maestro fuego habían muerto. Yo me quería morir, pensé que Zheng había muerto. Pensé que me había quedado sola en este mundo, fueron los peores días de mi vida, ¿y sabes que era lo peor de todo? Que ni siquiera recordaba su rostro o como era – Ayu estaba llorando - Y entonces una tarde él regresó – su rostro se llenó de Luz - Jamás me había sentido tan feliz como ese día. Lo vi tan diferente, pero al mismo tiempo en mis recuerdos el tomo forma, era él, me sentía feliz de tenerlo a mi lado.

El me conto lo que había pasado – Ayu miró por primera vez a Katara durante todo su relato, pudo ver sus ojos llenos de lagrimas y los de ella también estaban igual - Lo que en verdad paso – le tomo la mano y la apretó.

Katara ya sabia el resto de la historia. La sabia perfectamente.

- Gracias – dijo Ayu rompiendo en llanto – Muchas gracias - Y Katara también lloró.


Azula se sentía fastidiada, al parecer sentirse como una chica normal no le estaba divirtiendo. Ty Lee estaba rodeada de su grupo de seguidores que no la dejaban mover ni un solo dedo, pues ellos hacían todo por ella. Zuko tenia también a algunas chicas rondándole e incluso Mai, la antipática y sombría Mai ¡Estaba conversando con un chico! ¿Qué acaso ella era la única que no era capaz de socializar? ¿Que no veían lo grandiosa que era? Ella era la princesa de la nación del fuego, ¡Deberían de estar matándose por tener su atención!

Observó con disgusto como Ty Lee se desasía de sus admiradores golpeándolos a todos.

- Me alegra que estés aquí – le dijo parándose junto a ella – Estos tipos no me dejaban tranquila, parece que les guste mucho.

Y aparte le echaba en cara su exitosa popularidad entre los chicos.

- Vamos Ty Lee no puedes ser tan inocente – le dijo con fastidio.

- ¿Qué quieres decir Azula?

- Esos chicos solo te perseguían por que les resultaba muy fácil, no eres un reto para ellos, no es que en verdad tu les importes.

Los sentimientos de su amiga se rompieron y estalló en llanto y por un momento lamentó haberle dicho esas palabras, olvidaba que Ty Lee era muy sensible.

- De acuerdo, de acuerdo cálmate no quise decir eso – le dijo mientras le tomaba las manos y lograba que dejara de llorar – escucha tal ves lo dije por que me sentía un poco – y en voz baja le dijo – celosa.

Le costaba demasiado admitirlo pero era verdad.

- ¿Qué dices? ¿Tu celosa de mi? – dijo con gran asombro – Pero si tu eres la chica mas bella e inteligente que existe en el mundo.

- Y tienes razón en todo eso. Pero por algún motivo cuando conozco chicos actúan como si les fuera a hacer algo horrible.

Ty Lee sonrió – pero probablemente si les harías algo horrible. Creo que se sienten intimidados por ti – le dijo – Escucha, si quieres gustarle a un chico, obsérvalo mucho y ríete de todo lo que diga aunque no sea divertido – le aconsejó.

- Pero eso suena muy tonto y superficial – dijo con aburrición - ¡Intentémoslo! – hablo después con entusiasmo. Quería poner a prueba la teoría de su amiga.

- Claro – dijo Ty Lee. Opto una pose de chico y a grueso la voz – Oye tu delicioso bom bom – comenzó su actuación – Dime que te parece esta fiesta ¿eh?

Azula rio como desquiciada fuertemente.

Escucharla reír de esa manera llamó la atención de todos. Zuko miro casi con pena ajena la humillación de su hermana. Pero al menos eso calmo las preguntas de las chicas que lo rodeaban. Que fastidio desde que llegó un grupo de chicas se le acercó y no dejaban de hacerle preguntas o comentarios respecto a lo bien que se veía, incluso algunas dijeron que su cicatriz se veía sexy, pensaban que había sido en combate, algo así como una marca de guerra. Él las dejo que hicieran sus propias conclusiones. Pero ya comenzaba a hartarse, comenzó a pensar que asistir a esa estúpida fiesta había sido una mala idea, por otro lado la maestra agua se había quedado sola, ¿Cómo rayos se le había ocurrido dejarla sola con Li y Lo? Eran unas ancianas, y Azula no lo sabia pero aun sin su agua control ella era muy fuerte, peleaba muy bien, no le costaría nada derribar a dos ancianas.

- Vaya vaya ¿A quien tenemos aquí?

Esa estúpida voz se le hiso muy familiar. Giró la cabeza y se encontró con los mismos idiotas con los que había coqueteado Katara en la playa.

- Si tu estas aquí – continuó hablando – quiere decir que la otra chica también.

Se molestó bastante porque aparentemente buscaban a Katara.

- Ella no esta aquí – le dijo secamente para quitarle las ilusiones de verla. ¿Quién se creía? Katara era SU prisionera. Y no le daría la libertad de estar con tras personas y menos con un pedante como él.

- ¿No vino?... ¿O no la dejaste venir? – dijo en tono acusatorio.

- Qué conveniente ¿verdad? – hablo el otro idiota – A ella no la dejas estar con nadie mientras que tu disfrutas estar rodeado de chicas. No creo que a tu novia le guste eso – termino de decir con malicia.

Zuko estaba a punto de perder la poca paciencia que tenia pero la terminó de perder cuando las chicas que lo rodeaban, al escuchar la palabra "novia" comenzaron a hacerle preguntas.

- ¿Tienes novia?

- ¿Y por que no esta aquí?

- ¿Es bonita?

- No creo que sea mas bonita que yo.

- Yo puedo ser mejor que cualquiera de ellas.

- Solo por que tengas la casa más grande en toda la Isla no te hace la mejor.

- ¿Quién es la mejor para ti Zuko?

- Si dinos quien es la mejor.

Y su paciencia se la llevo la luna.

- ¡No me importa ninguna de ustedes! – les gritó haciéndose que se callaran – Y ustedes dos – hablo dirigiéndose a los dos chicos – Manténganse alejados de ella – les advirtió – O si no…

- O si no ¿qué? – le retó uno de ellos.

- Esto – coloco su mano en su pecho, y con su palma empujo fuertemente al chico hasta golpear la pared y terminar en el suelo. Las chicas se quedaron mudas.

- ¿Cómo te atreves? – comenzó a gritar el otro chico indignado - ¿qué no sabes quienes somos? Lo pagaras muy caro imbécil.

- A mi nadie me llama imbécil – dijo aun más molesto y de igual manera lo golpeó enviándolo por el mismo lugar que su amigo cayendo este encima del otro.

- Zuko – la voz de Mai lo hiso girarse hacia donde estaba ella. Miro como las demás chicas también lo observaban con algo de desaprobación. Se molestó por ello y fastidiado salió del salón hacia el balcón.

Estaba molesto e irritado, sus puños casi sacaban fuego. Ellos tuvieron la culpa yo no. Fue su error hablarme de esa manera, tiene su merecido. Pensaba mientras se paraba en la orilla del balcón. Miraba el mar, donde el hermoso reflejo de la luna llena se veía ligeramente distorsionado por el sueva vaivén de la marea. Ver el mar le recordó a ella, por ella era el mar, controlaba sus aguas. ¡ESPERA UN MOMENTO! ¿por qué estaba pensando en ella? Esa estúpida campesina lo hacia perder la razón y no sabia por que. Hace un momento la había defendido ¿Por qué había hecho eso? ¿Acaso eran necesarias las explicaciones? Se corrigió así mismo. Era SU prisionera y nadie la podía ver más que él. ¡Nadie más! Solo él la había visto, besado y tocado como ningún hombre, especialmente esos idiotas jamás lo harían. Se sentía en todo su derecho sobre ella. Era suya y de nadie más. Le había asegurado que estaba de su lado, que lo apoyaría, Entonces ¿¡Por que rayos había coqueteado con esos tipos!? Apretaba con furia el borde de madera hasta casi romperlo y dejarlo negro por el eminente calor que desprendía su mano.

- ¿Qué es lo que te sucede? – preguntó Mai al acercarse a él, lo que hiso que saliera de sus desquiciados pensamientos.

- ¿Qué quieres Mai? – le dijo secamente. Lo ultimo que necesitaba era un sermón.

- Quiero saber cual es tu problema. Estas perdiendo el control por cualquier cosa, y actúas de manera impulsiva – le recriminó.

- Al menos yo siento algo – le dijo con sarcasmo - Lo único que tu haces es sentir odio por todos o mostrarte indiferente.

- Me preocupo por ti – le dijo un poco dolida por su comentario.

- ¿Te preocupas por mi? – le gritó – En estos cuatro años que estuve lejos ¿Te preocupaste por mi? Después de que mi padre decidió darme una lección permanente sobre mi rostro y enviarme al exilio ¿Acaso lo hiciste?

- Zuko yo… - Mai deseaba confesase, decirle sus verdaderos sentimientos. Que ella en verdad se preocupaba por él, que lo amaba.

- Por muchos años creí que si mi padre me aceptaba seria feliz – le corto él – ahora estoy de vuelta y mi padre me habla – rio con ironía – incluso piensa que soy un héroe, eso suena perfecto ¿verdad? Debería estar contento ¡Pero no lo estoy! ¡ESTOY MAS ENOJADO QUE NUNCA Y NO SE PORQUE!

Mai notaba su frustración y no lo entendía. Si ahora tenia todo lo que quería ¿Por qué estaba enojado como el decía?

- Hay una sola pregunta que debes responder ¿Con quien estas enojado?

- ¡Con nadie! Solo estoy enojado – le gritó

- Eso no puede ser real, tienes que estar enojado con alguien – le atacó – ¿es con tu padre?

- ¡No!

- ¿Tu tío? ¿Azula?

- No – siguió negando cada vez mas desesperado por no tener una respuesta.

- ¿Es con la maestra agua?

- ¡NO!

- ¿Entonces con quien?

- ¡ESTOY ENOJADO CONMIGO MISMO! – gritó finalmente dejando salir una fuerte llamarada de sus puños que se perdieron en el aire.

Mai guardo silencio, y después de un momento le preguntó.

- ¿Por qué?

- Por que estoy confundido – le respondió él ya más calmado – Por que ni siquiera estoy seguro de la diferencia del bien o el mal.

El rostro de su tío cuando lo apresaron en las cuevas de Ba Sing Se, las palabras de su padre, Lo que le paso con Katara. Había hecho todo lo que creía correcto, pero no se sentía como si lo hubiera hecho realmente, y cuando hiso algo malo pero que era bien según su nación, según su padre, se sentía terrible.

¿Qué le estaba pasando?

- Hay algo que si me preocupa – dijo Mai acercándose a él – Me preocupas tú.

Lo abraso por la espalda. Sintió el abrazo de ella y por alguna razón no se sintió completo, se dio la vuelta quedando de frente. Mai se inclinaba hacia su boca, y el también se acerco. Pero solo segundos antes de que el beso se materializara cerró los ojos, y lo que vio fue el rostro de la maestra agua, el recuerdo de sus besos y la forma en que se posesionó de sus labios llegó con fuerza en su mente haciéndolo retroceder.

Ella perdió la paciencia. Era la tercera vez que la rechazaba y se había hartado.

- ¿Por que me rechazas? – le pregunto fuertemente separándose de él.

- Yo.. no se – hablo bajando la mirada, para después clavarla en el mar. Mai observó como miraba con otros ojos el agua y sus celos estallaron.

- Es ella ¿cierto? La chica de la tribu agua. Ella te gusta.

Zuko no creía las palabras de Mai, ¿Le estaba echando en cara que le gustaba Katara? Mai al no obtener respuesta por parte de Zuko asumió que era verdad.

- Solo por que te abrió las piernas logro conseguirte – le grito con furia.

- ¿Cómo te través? – el humor de Zuko cambió drásticamente volvía a enojarse.

- ¡No es mas que una sucia zorra que se acostó contigo por conveniencia!

- ¡CALLATE! – en un impulso tomo el cuello de Mai y comenzó a apretarlo – QUE SEA LA ULTIMA VEZ TE VUELBA A ESCUCAHR HABLAR ASÍ DE ELLA – le advirtió para después soltarla e irse de ahí.

Al verse libre del agarre de Zuko, Mai se llevó sus manos a su cuello, la estaba ahorcando y casi la asfixiaba, sus piernas apenas pudieron sostenerla y se dejo caer en la fría madera. Esa maldita y sucia campesina. Todo era culpa de ella. Pero la haría pagar por ello, la haría pagar por haberle quitado a Zuko. Su mirada de odio se hiso grande.

Salió de la fiesta más enojado que nunca. Comenzó a caminar por la playa sin rumbo y apresuradamente. No perdonaría a Mai por como se dirigió a Katara. No entendía por que tanto su odio hacia ella. Era una simple campesina, no era nadie.

- ¿Entonces por que la defendiste? – decía la voz de su conciencia.

La defendí por que si y ya. No hay nada especial, además era absurdo que pensara que le gustaba. Era ridículo.

- Si es así, ¿Por qué pensaste en ella cuando te iba a besar?

Se detuvo por esa pregunta. ¿Por qué había pensado en ella? No es que fuera su primer beso y tratara de compararlos, ese había sido con aquella chica de Ba Sing Se. Pero ni siquiera había pensado en ella cuando iba a besar a Mai, o cuando beso a Katara. Además estaba bajo los efectos de aquel dichoso afrodisiaco, no podía contar ni como beso, nada de lo que hicieron contaba por que no estaban consientes de lo que hacían.

- Pero tu si querías besarla. Tu empezaste – seguía insistiendo la voz.

Yo había empezado.

- Y no te conformaste solo con sus labios.

No, no lo hice, bese su cuello y no solo eso, la vi desnuda, toque su suave piel, especialmente ese punto.

Comenzó a sentir que un calor inmenso se apoderaba de su cuerpo y que sin querer se hiso evidente sus intenciones por la manera en que reaccionó esa parte de su cuerpo. Si no hubiera estado herida, si él no la hubiera lastimado sabia que no se hubiera podido detener. Maldición tenia que calmarse, no podía ser que comenzara a desear a la maestra agua, a la campesina. Era ridículo.

Pero entonces una visión lo hiso darse cuenta de su error.

En la playa escuchó unas risas provenientes del mar, estaba ligeramente obscuro iluminado solamente por la línea de antorchas que se hallaban en arena, dejaba ver claramente dos personas moviéndose con gracia en el mar. Y una de ellas la reconoció perfectamente.

Se encontraba jugando en el mar junto con la chica que le servía. No estaban en lo mas profundo, el agua les llegaba un poco mas arriba de la rodilla y ambas se aventaban agua la una a la otra, mientras esquivaban dando brincos las olas que se acercaban.

Su piel mojada, su cabello, aunque recogido en la trenza se le adherían algunos mechones húmedos en su rostro. Se movía con gracia cuando trataba de saltar una ola y su risa hacia eco en la solitaria playa.

- Es hermosa, admítelo.

Si. Lo es - Pero eso era algo que él ya sabia.

Katara disfrutaba de aquellos momentos, que, aunque no podía hacer agua control se estaba divirtiendo de igual manera, con Ayu. Después de que le contó toda su historia, y lloraran de alegría y felicidad, decidieron darse un baño en el mar, aunque fuera de noche, ¿Estaban en la playa o no? Debían disfrutar de esos momentos y ambas se propusieron que por el tiempo que estuvieran ahí, se lo pasarían en grande. Y ahí estaban disfrutando de su baño nocturno en el mar.

Ayu la tomo desprevenida y la lanzó al agua, pero al caer, se agarro de ella jalándola y ambas cayeron, una encima de la otra, soltaron a reír a carcajadas. Al ponerse de pie Katara fijo su vista en el cielo y miro la luna. Era noche de luna llena, cuando su agua control esta al máximo. Dejo salir un suspiro. ¡Nada de lamentaciones! Se dijo a si misma.

- Una carrera

- ¿Qué? – dijo Katara.

- Una carrera hasta esa bolla - señaló hasta donde se hallaba la estructura flotante con una llama en la cima – Quien llegue al último es un oso-ornitorrinco apestoso – grito Ayu mientras corría adentrándose al mar para después ponerse a nadar en la dirección de la meta.

Katara tuvo que correr de igual manera. No seria un oso-ornitorrinco apestoso.

Ambas nadaban con todas sus fuerzas esperando llegar primera, en un impulso, se sumergió para así, obtener mas ventaja y salió a la superficie justo enfrente de la bolla, corto la distancia hasta ella y la toco con satisfacción.

- ¡Gane! – anuncio su victoria. Pero al voltear no veía a su amiga.

- ¿Ayu? – silencio – Si es una broma no es gracioso, ¡Sal! – comenzó a preocuparse.

Miró después como algo chapoteaba en la superficie. Levantaba sus manos.

- ¡Katara! – alcanzó a escuchar la voz de Ayu – Es… un… ca… calambre – logro decir mientras se mantenía a flote con dificultad.

El fuerte calambre en su pierna la inmovilizaba casi por completo impidiéndole mantenerse a flote. Trataba con todas sus fuerzas de nadar pero le resultaba imposible si quiera mover la pierna. Hacia un enorme esfuerzo pero sentía como perdía las fuerzas. Katara inmediatamente nadó hacia ella pero al llegar al lugar donde se encontraba Ayu, no estaba. Con horror se sumergió.

Vio la figura de Ayu hundiéndose. Tenia los ojos cerrados, estaba conteniendo la respiración, trataba en vano con una mano tratar de nadar, la otra la tenia sujeta a su pierna izquierda.

Nadó hacia ella, con dificultad logro alcanzar su mano y trato de jalarla hacia con ella, puso su mano en su cintura y paso el brazo de ella por sus hombros para así salir ambas a la superficie, pero se dio cuenta que estaban muy en lo profundo, ya no podía contener mas la respiración, y ahora jalando el cuerpo de Ayu era un esfuerzo doble, no aguantaría hasta llegar a la superficie, en un intento desesperado alzó su mano para tratar de alcanzar inútilmente llegar arriba, pero no pudo, sus piernas no parecían hacerla avanzar. Perdió las fuerzas.

- lo siento – fue su último pensamiento.

Pero después de haberse dado por vencida una fuerza la jalo hacia arriba, sintió que algo cálido le sujetaba con firmeza su mano, una calidez que ya había sentido antes. Al sentir el aire dejo que una gran bocanada de oxígeno entrara a sus pulmones. Unas manos rodearon su cintura y Katara pudo ver a su salvador.

Zuko que había observado todo desde la playa, se dio cuenta, cuando ambas chicas se adentraron a nadar que algo no iba bien, no después de escuchar la voz de Katara buscando a su amiga. Pudo ver como una se hundía mientras que la otra hacia lo mismo al ir por ella. No se la pensó dos veces al ver que no salían para introducirse al mar aun con su ropa puesta. Se sumergió y vio como ambas se hundían cada vez más. Vio el débil nado de la maestra agua en su intento de salir y como se había dado por vencida, eso lo impulsó a ir con más rapidez hacia con ella. La sujeto de la mano y jalando a ambas chicas, las saco a la superficie.

Solo deseaba no haber llegado tarde, pero cuando escucho la fuerte toma de aire de la maestra agua, pudo darse cuenta que estaba bien. La tomo por la cintura para asegurarse que no se hundiera por el peso de la otra. Pudo ver por un instante miedo en sus ojos pero al mismo tiempo una extraña alegría. Tomó a la otra chica, que al parecer estaba inconsciente y ambos salieron del mar.

Con temor Katara se arrodillo junto a Ayu, no respiraba. Zuko ya se lo temía, ella había permanecido mas tiempo debajo del agua que Katara.

- ¡Ayu! – le gritaba – ¡Ayu por favor reacciona!

Con desesperación y miedo Katara comenzó a aplicarle una técnica de respiración que le enseñaron en su tribu para esas ocasiones, acomodó la cabeza y cerrando su nariz junto sus bocas pasándole aire por la misma, después entrelazó sus manos y colocándolas en su pecho empezó a ejercer una presión pausada en intervalos de tiempo.

Zuko observaba el intento de resucitar de la maestra agua, la escuchaba contar cuando hacia presión en su pecho y después volvía a pasarle aire de boca en boca.

- Ayu no te puedes morir – decía llorando sin dejar de hacer el trabajo – No puedes hacerlo, No me puedes dejar sola – en ese punto le grito.

No quería decirle pero su esfuerzo parecía en vano, ella no reaccionaba.

- Katara… - con pesadez le hablo, debía detenerla, era demasiado tarde para su amiga.

Trato de detenerla, pero ella le gritó.

- ¡NO! – le gritó apartándose de sus manos para continuar resucitando a su amiga, ella no se rendiría – Puedo hacerlo YO puedo hacerlo – le gritaba.

Miro la luna, estaba en lo más alto y completamente llena. No tenia su agua control. Pero actuó como si lo tuviera.

Comenzó a hacer movimientos con sus manos como si pudiera controlar el agua. Lo hiso tres veces, era inútil hacerlo pero Zuko no le dijo nada, solo observaba en silencio la gran determinación de ella por salvar a su amiga. No tenia su agua control y se sintió horrible por eso, se sentía culpable, si tan solo ella tuviera su habilidad, su amiga no… cerro los ojos con tristeza.

Un Brillo llamó su atención, abrió los ojos y lo que vio le pareció sorprendente. El agua reaccionaba a los movimientos de Katara. Un guante de agua luminoso estaba en el pecho de la chica y después de un par de movimientos con sus manos expulsó el agua de los pulmones. Ayu comenzó a toser vomitando el agua, Zuko inmediatamente reacciono y la coloco de lado, para que no se ahora con esa misma agua. Miró a Katara, estaba llorando con su rostro cubierto por sus manos.

- ¿Qué… paso? – logro decir Ayu con dificultad.

Katara dejo su pose al escuchar la voz de su amiga y la abrazó con fuerza mientras lloraba. Ayu se veía confundida.

- Pensé que te había perdido – le dijo entre sollozos Katara.

Después miró a Zuko. Extendió su mano y tomando la de él apretó con débil fuerza.

- Gracias Zuko – le dijo Katara, con lagrimas en los ojos – Tu nos salvaste.

Su corazón latió más fuerte, una gran calidez inundó su pecho. Nunca había recibido una mirada de profundo agradecimiento como lo estaba haciendo ella. La maestra agua le sonreía y se veía feliz. Había hecho algo bien, por primera vez sentía que hacia lo correcto. La sonrisa de ella, sus lagrimas de felicidad, se veía tan frágil, quería estar con ella, abrazarla y que ella le dedicara mas sonrisas como esas solo para él. Quería ser el objeto de su felicidad.

- La amas… - dijo de nuevo la voz.

Era verdad, en ese momento, se dio cuenta que amaba a Katara. La verdadera razón por la que fue a salvarlas fue por que un miedo intenso se apoderó de él. Un gran miedo de perderla y él no podía soportar esa idea. Moriría antes que eso. Apretó con mas fuerza su frágil mano. No la dejaría ir. No ahora que estaba seguro de sus sentimientos.

- Gracias príncipe Zuko – esta vez era Ayu quien daba su agradecimiento.

- No me las des – dijo bajando un poco la mirada – dáselas a Katara – la miró – fue ella quien te salvó.

Lo miraba de esa manera, de esa forma que a él le hacia sentirse querido, que le decía, bien hecho acompañado de un te lo agradezco. Se sintió dichoso.

Katara quiso soltar su mano, pero el la retuvo. No quería separase de su toque, la sujeto con mas firmeza. Ella se dio cuenta que no la quería soltar, pero con una sonrisa le dijo.

- Tenemos que llevar a Ayu a la casa.

El entendió. Pero en lugar de soltar su mano, se levanto antes que ella, la jalo para que se incorporara, después de unos segundos se separo, para levantar a Ayu. Estaba débil y caminaba con dificultad. Pero al sentir que el príncipe la iba a cargar, se puso nerviosa.

- No es necesario su alteza – le decía – Yo puedo caminar sola – dijo nerviosamente por sentir el agarre del príncipe.

- No puedes – le dijo él. Y la cargó en sus brazos. Ayu estaba que se ponía de mil colores. El príncipe de la nación del fuego cargándola a ella, una simple criada. Nadie se lo creería.

Katara observó divertida como su amiga se sonrojaba. Bueno, al parecer eso significaba que estaba bien, caminaba junto a ellos y miró sus manos. Había podido hacer agua control, no se explicaba como. Miro la luna. La imagen de Yue llegó a su mente. Sonrió. La había ayudado. Ahora estaba segura, que nunca más perdería su agua control.

Zuko se detuvo al ver que Katara no lo acompañaba, giró con Ayu en sus brazos y ambos miraron a la maestra agua observar la Luna. Había podido hacer agua control, después de que se suponía que no podía. Era increíble, su fuerza y determinación la llevaron a lograr lo imposible. Definitivamente Katara era ese tipo de persona. Hacia lo imposible realidad. A sí como hacer que se enamorase de ella un príncipe de la nación del fuego.

Ayu noto la mirada del príncipe hacia la princesa. Era una mirada cálida llena de sentimiento. No podía equivocarse. El la amaba. Katara volteó hacia ellos y la mas bella de las sonrisas les dio a los dos. Ayu sonrió. Incluso Zuko lo hiso y con esa sonrisa caminó hacia su dirección.

Un fuerte estruendo hiso que se detuviera a medio camino. Zuko casi cae con Ayu, pero por suerte, esta pudo recuperar parte de su fuerza y se mantuvo de pie cuando se aflojo el agarre del príncipe, se quedo de pie junto a él. Con sorpresa y miedo los tres miraron algo rojo brillando a lo lejos. Uno de los volcanes cercanos a la isla estaba haciendo erupción. El cielo nocturno se tiño de rojo.

- ¿Qué esta pasando? – Gritó Ayu.

- Es el volcán, esta haciendo erupción – aclaró Zuko.

Los tres observaban como despedía chorros de liquido rojo y fumarolas.

- Había personas en esa Isla? – preguntó Katara.

- No – le respondió Zuko. Notó como ella dejo salir un suspiro de alivio.

- Aquí están – la voz de Azula hiso que voltearan a su derecha. Ella junto con Mai y Ty Lee se acercaban – Lindo espectáculo ¿no creen?

Voltearon en dirección al volcán que seguía con su trabajo, resultaba hermoso y atemorizante a la vez.

- Es… ¿peligroso que nos quedemos? – preguntó Ty Lee con preocupación al ver como escupía no solo magma si no también rocas salían volando del volcán.

- No. Estamos lejos, no nos pasara nada – le respondió Zuko tranquilizando a su amiga.

- ¿Y que hacían ustedes aquí? – pregunto Azula.

No había pasado por alto que los tres estaban mojados, pero lo mas extraño era que su hermano aun llevaba su camiseta puesta, o había decidido nadar vestido o alguien lo había mojado. Katara sintió una ligera preocupación, Zuko la había observado hacer agua control, si le decía a Azula podía ser la escusa que necesitara para atacarla, pues no estaba dispuesta a dejar que Ty Lee la volviera a prohibir de su habilidad. Pelearía. Aunque Azula era una muy buena maestro fuego, en ese momento estaban rodeados de agua y además era luna llena. Lo malo es que eran cuatro contra uno. Recordó como Zuko la había traicionado y se puso del lado de su hermana. Las cosas no serian tan diferentes en esta ocasión. Cerro sus puños, estaba lista para atacar.

- Nada. Ya nos íbamos – la respuesta de Zuko hiso que se detuviera de sus planes.

Zuko pudo ver la reacción corporal de Katara, se estaba preparando para un ataque, lo podía notar, pero no permitiría que algo le pasara, no ahora que sabia de sus sentimientos hacia ella.

Ni Ayu ni Katara dijeron nada, y como vieron que Zuko comenzó a caminar hacia la casa, ellas hicieron lo mismo.

Katara respiro un poco aliviada, pero no estaba tranquila. ¿Por qué la había defendido? Y una segunda pregunta llego ¿Por qué las había salvado cuando se estaban ahogando? Resultaba un poco extraño. Pero no le preguntaría. Zuko no era el tipo de personas que le gusta dar explicaciones por lo que hace.

Sin embargo un segundo estruendo acompañado de un fuerte temblor hiso que al menos Mai, Ty Lee, Katara y Ayu cayeran en la arena. Observaron hacia el volcán como los hilos rojos de magma se hacían mas intensos. Al parecer estaba en la cúspide de su erupción. Pero hubo algo que la preocupo de sobre manera a Katara, algo que solo ella pudo sentir. Un mal presentimiento la cubrió y vio como el mar retrocedía poco a poco. Sabia lo que eso significaba.

- ¡Zuko! – gritó con fuerza llamando la atención no solo de él si no también de los demás – Debemos llevar a las personas hacia dentro de la Isla. ¡El mar esta retrocediendo!

Los demás miraron hacia el agua, notaron como había retrocedido una parte de la misma dejando un rastro obscuro en la arena húmeda.

- ¿Y eso que? – Dijo Azula sin entender el escandalo de la maestra agua.

- ¡Una ola, se aproxima una ola! – grito con desesperación. Todos volvieron a mirar hacia el mar, el agua había retrocedido aun más, la boya incluso ya no se veía, había sido arrastrada a las profundidades y con sorpresa observaron como una enorme pared de agua se acercaba.

Sin tener que dar más explicaciones los seis corrieron hacia el interior de la isla advirtiendo a quien se encontraran en el camino. Los gritos no se hicieron esperar, las demás personas de la isla sabían que algo había mal después del temblor, la ola se alcanza a ver, para ese momento ya no dejaba ver el volcán que se hallaba detrás que seguía en trabajo de erupción. Katara supo que eso no era bueno. Se detuvo a mitad de camino y observó la enorme ola. Después miro las personas que corrían con desesperación. No lo lograrían. Era demasiado grande, cubriría la Isla por completo. Sin pensarlo dos veces, corrió en dirección a la playa. Zuko se dio cuenta que Katara ya no estaba con ellos y miró como ella iba en la dirección contraria.

- ¿Qué haces? – le dijo cuando la alcanzó tomándola del brazo.

- Tengo que hacer algo, no lo lograran sin mi ayuda.

- No – le dijo con desesperación – estaremos bien, vamos – la jalo hacia con él.

-¡No!

Ella no se movió. Zuko giró y al verla a los ojos supo que no podía hacer nada para detenerla. Tenia la misma mirada que cuando trato de salvar a Ayu hace unos momentos.

- Te puedo ayudar.

- No – negó ella – Ayúdalos a ellos – le dijo refiriéndose a las demás familias que corrían.

No quería separarse de ella. No quería, su corazón le estaba doliendo, algo le decía que no la dejara ir. Por impulso la abrazo con fuerza apegándola mucho a su cuerpo. Sintió su cuerpo frío y deseo darle calor. Tan frágil y tan fuerte.

- Regresa, es una orden – le dijo al oído con gran aflicción. Ella dejo salir una pequeña sonrisa y asintió con la cabeza. Después se separo de ella.

Inmediatamente al verse libre Katara se dio la vuelta y corrió. El la vio hasta que su figura se desvaneció. Llego a los muelles, se subió a uno de los barcos pequeños y comenzó a dirigirlo hasta quedar en un punto frente a la isla, no muy lejos de la playa. Entonces comenzó a realizar movimientos con sus manos y su cuerpo, en un punto alzó sus manos y al rededor de la bahía dos muros de agua se alzaron en cada extremo, cuando alcanzaron un punto alto los congeló. Repitió el movimiento, y otro muro de agua se alzo donde el otro terminaba. Con rapidez fue uniendo ambos extremos de los muros congelados donde ella se encontraba.

Desde un punto lejano Zuko observaba la maniobra de la maestra agua. Estaba creando muros de hielo alrededor de la bahía de la isla en forma de V era una idea brillante, así como los cascos de los barcos, esa forma de V invertida permitía que la ola rompiera con suavidad en el muro sin llegar a derrumbarlo. Miro como desde la pequeña embarcación donde se encontraba, creaba la unión de los dos muros, reforzándola con mas capas de hielo. Quedando ella dentro de la fortaleza que acababa de construir.

- ¡Ya viene! – gritó alguien.

Al terminar, Katara elevó un poco el agua debajo del barco donde se encontraba la congelo, quedando sujetada firmemente. Ahora seguía la segunda parte, la más difícil, resistir el impacto de la ola. Llevó sus manos al frente, para mantener firmes los muros de hielo. Ella se encontraba justo en la unión.

La ola llegó.

Escucho crujir el hielo por la presión del agua al golpear, pero se mantenía firme. Por la forma en que construyó los muros, en v, el agua se esparció a los costados de la Isla, evitando así su inundación. Lo estaba logrando, solo tenia que resistir un poco mas.

Todos miraban asombrados la hazaña de la maestra agua y su resistencia en evitar que la ola inundara la Isla. Ayu había quedado asombrada por su increíble poder cuando la vio alzar los muros de agua y después congelarlos y ahora estaba tratando hacerlo resistir. Zuko sentía mil emociones, preocupación, asombro, felicidad, admiración, miedo. Era tanto y no podía estar seguro de que sentimiento era exactamente. Pero había algo que no cabía a dudas. Ella era definitivamente muy fuerte. Sin embargo, aun sentía aquella preocupación y un mal presentimiento lo rodeaba. Y ese mal presagio se hiso realidad. Escucho como los muros crujían y comenzaban a ceder.

En uno de sus costados el agua había comenzado a filtrarse por una grieta. Moviendo solo una de sus manos, hiso llevar agua y la congelo en la grieta. Pero otra mas apareció y otra, con horror escucho como el hielo crujía. No podía ser, estaba tan cerca. Se concentro en mantener los muros aun con el creciente peligro de que estos se derrumbasen, pero ella no se daría por vencido.

Tal vez fue coincidencia que ella recuperara su agua control en ese momento o que justo esa noche había luna llena. Pero sin importar las circunstancias, se encontraba en el momento indicado en el lugar indicado. No dejaría que esas personas murieran. Aunque fueran de la nación del fuego y le hubieran causado mucho daño en el pasado no significaba que tuvieran que pagar por los errores de otros. La Imagen de Zuko llegó a su mente. Hubiera sido bonito…

No podía mas, estaba en su límite.

Sonrió para si misma – ¿mamá estarías orgullosa de mi? – unas lagrimas cayeron por su mejilla, sin poder detenerlo más la presión y la fuerza del agua derrumbaran los muros de hielo.

Junto con ella…