Capitulo VII

DOLOR

El camino de regreso a la capital fue muy sombrío, la experiencia que tuvieron les había dejado un mal recuerdo a todos. Zuko se había encerrado dentro de su camarote durante todo el viaje. Ayu lloraba en momentos, Ty Lee la consolaba, no la conocía pero sentía que no podía dejarla sola, en ocasiones se contagiaba de la tristeza de la chica y ella también lloraba. Solo Azula y Mai actuaban con indiferencia. Se encontraban en la terraza del barco, observando el obscuro mar, en el cielo no había ninguna y la Luna no brillaba con la misma luz, se veía opaca sin vida, pareciera estar de luto por la perdida de la maestra agua. Ty Lee apareció.

- ¿Ya dejo de llorar la sirvienta? – le pregunto Azula sin tacto a su amiga cuando la vio llegar.

- Si… - dijo Ty Lee encogiéndose de hombros, se le veía triste – se quedo dormida.

Azula dio una cara de fastidio – No entiendo por que tanto escandalo.

Ty Lee se sintió mal por el comentario de Azula. Entendía que no se llevaba bien con la maestra agua, pero, aun así no le gusto mucho que se expresara de esa manera.

- Ella… - Ty Lee no hallaba las palabras – se sacrifico por nosotros... – dijo con tristeza.

- Nadie se lo pidió – dijo con indiferencia - Además ¿Que no se supone que no podía hacer agua control? – le recriminó – Imagina lo que nos hubiera hecho si no hubiera muerto, podría habernos matado y huir. A veces resultas ser demasiado inútil Ty Lee.

Ty Lee bajo la cabeza por el regaño de Azula. La hacia sentirse muy mal. Pero Mai intervino.

- Déjala en paz, ella no tiene la culpa – aunque nunca se lo demostrara, Mai apreciaba mucho a Ty Lee y aunque Azula era de temer, no le permitirá que le hablara así a su amiga.

- ¿Qué? ¿Tu también estas de su lado? - le dijo con indignación – Te recuerdo que esa campesina era la amante de Zuko – Mai sintió con fuerza esas palabras. Ty Lee no se creía lo que había dicho Azula – Tú mas que nadie debería estar feliz de que estuviera muerta. Ahora tienes el camino libre Mai, ¿Por qué no vas y lo consuelas? – termino de decir con satisfacción.

La forma en que lo dijo Azula la ofendió, la hacia ver como una cualquiera que se entregaría sin importarle nada. La odio por eso. Debía reconocer que sintió un profundo odio por la maestra Agua cuando se entero que ella y Zuko eran amantes y mentiría si dijera que no sintió alivio cuando vio que ella murió. Pero aun así, Azula no tenia toda la razón.

- Aunque así fuera – le dijo Mai sin temor de confrontarla – Eso no evita que sienta algo de respeto por ella – así era, le costaba admitirlo, pero se había sacrificado por ellos, así como lo había dicho Ty Lee, a pesar de su odio hacia la maestra agua, no podía pasar por alto aquel gran detalle – Y te recuerdo Azula – dijo antes de bajar – Ella también salvó tu vida.

Mai bajo de la terraza del barco con la frente en alto. No se arrepentía de lo que había dicho. Paso frente a las puertas de los camarotes, se detuvo frente a uno. Se quedo de pie fuera de él. Era el camarote de Zuko. Le dolía pensar que entre él y la maestra agua hubo algo más que algo físico. Recordó como la había amenazado cruelmente cuando hablo mal de ella. Y como miro con furia cuando él la abrazó antes de dejarla ir. En ese momento confirmo que efectivamente había algo entre ellos. Pero todo cambió cuando vio su reacción. Cuando él vio que ella, había muerto.

En el momento que vio como el muro de roca y hielo se rompían cayendo sobre ella, cubriéndola en agua y hielo, grito con fuerza su nombre. Mai observaba con sorpresa y temor lo que pasaba y solo el grito de Zuko hiso desviar su mirada de la horrible escena que se llevaba acabo en la bahía. Su cara era de terror profundo al ver como el mar destruía todo rastro de la muralla de hielo junto con la maestra agua. En una acción desesperada lo detuvo de ir hacia ella, de dirigirse a la playa.

- ¡ZUKO NO! – le grito mientras lo sujetaba del brazo impidiendo su andar.

- ¡DEJAME! ¡ME NECESITA! – le reclamo él tratando de zafarse de su agarre.

- ¡YA ES MUY TARDE! – sus palabras parecieron hacer efecto en él. Pues finalmente se detuvo.

No quería que se fuera, aunque sonara egoísta no quería que fuera tras ella, que se pusiera en peligro. Él dirigió su vista a la playa. Con horror vio que no había nada. Solo el mar que regresaba a la normalidad y el volcán que al parecer había dejado de hacer erupción. Se dejo caer, pareciera que, por la impresión ya no tenia fuerzas, se quedó junto a él. Golpeó la tierra con fuerza agachando la cabeza y unas cuantas gotitas cayeron en la tierra. Mai las observó, aunque solo fue por un instante el había llorado, lo abrazó tratando de consolarlo y para su sorpresa el se aferro a ella con fuerza. Un segundo sollozo hiso que levantara la vista. La sirvienta también lloraba Ty Lee a su lado la consolaba. El cuerpo de Zuko temblaba, entonces se dio cuenta. El si sentía algo por ella. Y ahora la había perdido. El dolor que sentía era la prueba de ello.

Después de que el peligro había pasado, los demás habitantes comenzaron a regresar a sus casas en silencio. Todos habían sido testigos silenciosos del sacrificio de la maestra agua. Zuko en compañía de un grupo de voluntarios, entre ellos los dos chicos con los que había discutido y golpeado durante la fiesta, se dedicaron durante el resto de la noche y parte de la mañana siguiente a encontrar su cuerpo, pero toda búsqueda fue inútil. No lo encontraron, había sido llevado por el mar. Lo único que se encontró fue su collar que se le fue entregado a Zuko. Al atardecer de ese día los habitantes de la Isla hicieron un pequeño funeral en su honor. Aunque no era de la nación del fuego, todos mostraron respetos por la maestra agua. Recolectaron la flor de la Isla y como era tradición ahí, cada habitante colocó flores en una corona junto con una vela encendida en el centro del arreglo, y la depositaron en el mar.

- Que la Luz de nuestras velas te guíen al mundo de los espíritus – dijo Lo

- Y que la flor de Cakile – flor típica de la isla – cubra tu lecho en el que ahora descansas - dijo Li

- Princesa de la Tribu Agua, descansa en paz – dijeron al mismo tiempo.

Después de que habían regresado de la inútil búsqueda de su cuerpo Zuko ya no era el mismo. Mai lo noto. Su rostro se mantuvo estoico mientras despedían a la maestra agua. Observó como, en su mano, llevaba el collar de ella. Juntos, Zuko y la sirvienta depositaron la corona en el agua, él encendió la vela y el mar se llevó la ofrenda. La chica lloro desconsolada, Zuko la abrazó en silencio. Después de eso, no volvió a hablar.

Esa misma noche partieron de regreso a la capital.

Era entrada la noche cuando llegaron al muelle Mai se disponía a avisarle a Zuko pero no fue necesario, se lo encontró en el pasillo. Se había cambiado de ropa por unas mas elegantes y presentables en color rojo y negro, su cabello lo llevaba recogido y su semblante seguía siendo el miso. Su mirada era fría sin vida pero al mismo tiempo atemorizante, por primera vez Mai vio al señor del fuego en él.

- Ya hemos llegado – le dijo. Pero él paso de largo, ni siquiera la miró.

Era extraño su comportamiento. Nadie mejor que Mai sabia que Zuko era una persona fácil de leer y difícil de ocultar sus sentimientos. Pero en lugar de verlo dolido o con tristeza se veía vacío y serio. Como si no le hubiera importado la muerte de la maestra agua. ¿Se había equivocado respecto a él?

Desembarcaron. Unos palanquines los esperaban en el muelle. Ty Lee y Mai se irían juntas, se despidieron de los príncipes. Zuko no dijo nada y se subió al palanquín. Azula lo acompañó.

- Y bien hermano – comenzó a hablar Azula mientras se acercaban al palacio - ¿Quién le dirá la gran noticia a nuestro padre? – hablo con indiferencia.

- Yo lo hare – respondió rápida y secamente. Ya había planeado ser él quien se lo dijera, lo estuvo pensando durante todo el camino. No dejaría que Azula manchara su memoria hablando como sabría, descortésmente de ella.

- Bien, al fin y al cabo ella estaba bajo TU cuidado.

Las maliciosas palabras de Azula tenían por objetivo hacerlo sufrir. Quería que se retorciera de dolor y angustia por la perdida de la maestra agua. Que buen final tuvo. Aunque habría deseado ser ella quien le pusiera fin a su vida, la muy tonta decidió hacerse el héroe y pago por ello, había observado como sufrió por su muerte en el instante en que fue arrastrada por el mar. Si, él sentía algo por ella, se reía por dentro. Zuko de seguro estuvo llorando como niña por su muerte en el camarote, ahora le tocaba a ella ponerle sal a la herida. Pero, aunque le dijo esas palabras con la intención de hacerlo sentir culpable no vio reacción alguna en él para su satisfacción. Su semblante no cambió.

- Bueno como sea, no es como si en verdad te importara, quiero decir… puedes encontrar a otra que tome su lugar.

Azula sonrió de satisfacción por lo que dijo, pero de nuevo, Zuko no decía nada. Ni siquiera había cambiado de expresión. Eso la molestó bastante. Llegaron al palacio y Zuko bajo primero del palanquín.

Al llegar al palacio un hombre los estaba esperando. Zuko se fue con él. Azula se fue a su habitación. Estaba demasiado cansada como para ir a ver a su padre. Por boca del príncipe el Señor del Fuego escucho lo que en verdad había pasado en la Isla Ember. Inmediatamente se supo en el palacio que algo grave había pasado mas desconocían que la princesa de la tribu Agua había muerto. Escuchó con decepción como había muerto la princesa. Atento a las palabras de su hijo el señor del fuego noto algo diferente en él. Se le veía serio y frio mientras relataba lo sucedido. Cuando termino Zuko dijo lo siguiente:

- Ha sido mi culpa – dijo seriamente pero sin emoción mientras se inclinaba ante su padre – Yo estaba encargado de su cuidado y vigilancia.

- No te lamentes hijo – levanto su cabeza y regreso a la postura original – La princesa había tomado una decisión.

Si lo había hecho.

- Sus acciones – continuó – Solo demuestran una cosa.

Su bondadoso corazón y amor, que sin importarle que eran personas de la nación del fuego, ella dio su vida por ellos.

- Su lealtad a la nación del fuego. Y su sacrificio por nosotros nos demuestra que estamos en el camino correcto – seguía hablando - Confiaba en nuestros ideales y no dejaremos que su muerte sea en vano. Continuaremos con nuestro objetivo y le demostraremos al mundo que solo bajo nuestro reinado existirá la verdadera paz.

Una intensa llama de odio se dejo ver en sus ojos. Lo que ella había echo no tenia nada que ver con la "lealtad" que decía. Katara se había sacrificado por que creía que era lo correcto, por que sabia que podía ayudarlos y no dejaría que nadie saliera lastimados si ella podía hacer algo al respecto. Esa era su verdadera naturaleza. Su verdadero comportamiento. En varias ocasiones se lo había demostrado, cuando Azula había atacado a su tío en el reino tierra, ella se ofreció a curarlo aunque eran enemigos y cuando estuvieron en las cuevas, hiso lo mismo con él al intentar sanar su cicatriz. A ella no le importaban si eran de la nación del fuego o no. El sabia que hubiera hecho lo mismo por ellos que por otros. Pero no dijo nada, como siempre, se mantuvo firme en su semblante serio. Era el Príncipe de la Nación del Fuego, no podía mostrar debilidad y menos delante de su padre.

- ¿Lo anunciaras? – preguntó después de escuchar la estúpida idea que se había hecho su padre respecto a Katara.

- Solo a los nobles y consejeros – dijo sin importancia.

- No lo hagas – el señor del fuego miro con seriedad a su hijo, ¿Acaso le estaba ordenando que hacer? Zuko noto la mirada se su padre y continuó – La rendición de la Tribu del Norte podría verse afectada con su muerte. En el peor de los casos pensaran que es una trampa y que nosotros la matamos. Entonces nos declararan la guerra. Por otro lado si deciden creer que se sacrificó por nosotros, que nos apoyaba, lo verán como un acto de traición y como ella falleció no verán necesario el hecho de rendirse. Te sugiero que esperes a que recibas la respuesta por parte de la Tribu Agua antes de anunciar su muerte.

El señor del fuego se quedo impresionado por lo que su hijo le decía. Hablaba con seguridad, como un gran estratega, y por un momento pensó en que Azula le haría una sugerencia igual. Definitivamente su hijo había cambiado, ahora era un digno príncipe de la nación del fuego.

- ¿Y que diremos a los demás? Notaran su ausencia, especialmente en el baile.

- Diles que la princesa fue presa de una enfermedad y que por su bienestar decidiste dejarla en la isla mientras se recupera. Eso nos dará tiempo para obtener la respuesta por parte de la Tribu Agua. Cuando la tengas, podrás decir que ella falleció a causa de esa enfermedad. Nadie dudara de tu palabra.

Definitivamente se sintió orgulloso de su hijo.

- Bien, eso aremos – dijo finalmente el señor del fuego – Puedes retirarte hijo.

Zuko se levantó y haciendo una reverencia hacia su padre salió de su salón. Todo había salido bien, al menos hasta ese momento.

Cuando escucho a su padre decir que ella había fallecido por que creía en sus ideales y en su causa, le dio rabia. No podía permitir que tales mentiras se corrieran en nombre de ella. Jamás lo permitiría, que su propia tribu, incluso que sus amigos se enteraran que falleció salvando a personas de la nación del fuego por que estaba de su lado, era algo que jamás se perdonaría, pues la tratarían como una traidora, y ella no se merecía eso. Se merecía que se reconociera su sacrificio, que la tomaran como ejemplo no como su padre decía si no como todo lo contrario. De que debían olvidar esa absurda guerra, el odio hacia otras personas solo por su nacionalidad, el tomarlos como menos, todos eran iguales y no podía permitir que su padre cambiara eso. No dejaría que el sacrificio de Katara fuera en vano.

No pudo dormir en toda la noche. Tomaba el collar de Katara y cada vez que lo veía la miraba a ella. Su sonrisa, su figura en la playa, cuando peleo con ella por primera vez, cuando la ató al árbol y le quitó ese mismo collar y la forma en que le grito por haberlo tomado. Este según la había escuchado era el recuerdo mas importante para ella, y ahora era el de él. lo apretó con fuerza, no lloraría. El no era merecedor de llorar por ella.

Las luces del alba comenzaron a salir, Zuko se levanto de su enorme cama, sin haber dormido nada. Decidió que era momento de entrenar. Estuvo al menos dos horas haciendo uso de su fuego control contra los pobres hombres que se enfrentaban a él. Los eliminaba a todos de manera rápida y efectiva, por algún motivo su fuego control estaba al máximo y su concentración inquebrantable. Era otra forma de decir que se estaba desquitando. Dejando salir su dolor de esa manera.

- Que interesante sugerencia le diste a nuestro padre – Era Azula – Nunca pensé que tú le dirías eso.

Se había enterado por su padre lo que Zuko le había dicho y la decisión que tomaron después respecto a la muerte de la maestra agua. Estaba desconcertada, no espera tal reacción por parte de su querido hermano. Espera encontrarlo inconsolable destrozado, pero era todo lo contrario, parecía que no le importaba en lo mas mínimo su muerte, ya había dudado de él cuando habían llegado a la capital por su seriedad, pero ahora le resultaba absurdo que se mostrara tan indiferente por la muerte de ella. Y eso no la hacia muy feliz.

- ¿Te molesta que halla sido yo quien tubo esa idea y tu no? – le dijo sin emoción.

- Por favor no me hagas reír – dijo con burla. Pero Zuko no se lo creyó – es solo que no creí que te encontrarías así.

- ¿Qué quieres decir? – le dijo seriamente.

- Pensé que estarías llorando y sufriendo por la muerte de la maestra agua.

Si algo conocía a la perfección de Azula es que disfrutaba de hacer sufrir y engañar con su perorata de palabras. Pero esta vez no le daría el gusto, sabia que intentaba usar a Katara para hacerlo caer en su juego. Que decepción se llevaría.

Se acerco a ella y con la misma seriedad de hace un momento le respondió.

- ¿Y por que lo estaría?

- Oh ¿acaso piensas que no lo note? Tu dolor por su muerte – aclaró – Te veías tan patético abrazando a Mai mientras llorabas.

Tenia razón. Estaba usando la muerte de Katara.

- Que tonta eres – le respondió. Azula se quedo desconcertada, era la primera vez que Zuko se dirigía a ella de esa manera – Solo estaba calentando el terreno – dijo con indiferencia apartándose de su hermana mientras iba por una toalla y se secaba el sudor, miro con gusto la cara de Azula – Mai ahora piensa que me duele la muerte de la maestra agua, pero ahora que no esta, sabe que tiene el camino libre para acercarse a mi. Y estoy seguro de que tu también le hiciste saber eso ¿o no? – miro fijamente a Azula, por su mirada sabia que estaba en lo correcto – Solo tengo que esperar a que venga a consolarme.

Así que su hermano estuvo haciendo el tonto con la campesina todo ese tiempo.

- Entonces todo lo que paso en la isla fue solo un engaño – dijo finalmente Azula con rencor de que ella también había sido engañada.

Zuko la dejo con esa idea y simplemente la miro y sonrió maliciosamente.

- Valla Zuzu quien lo diría. No pensé que fueras capaz de todo eso.

- Oh hermanita – le dijo mientras tomaba su camisa y se paraba frente a ella – No tienes ida de lo que soy capaz de hacer.

Con esas ultimas palabras salió del patio de entrenamiento dejando a una sorprendida y molesta Azula detrás. Pero ella no estaba muy complaciente con las palabras de su hermano. Disfruta mientras puedas Zuko, tu suerte pronto cambiará.

El día paso de lo mas normal. Azula no volvió a molestarlo respecto a la maestra agua, aunque de vez en cuando hacia uno que otro comentario durante la cena. El no le tomo importancia, pero fue su padre quien le puso un alto a sus palabras cuando se hubo hartado de ella. Eso fue digno de ver. Ozai reprimiendo a su hija favorita. Eso por supuesto no hiso muy feliz a Azula.

Por la noche Zuko no recobraba el sueño, pasaría otra noche en desvelo. Entonces sintió algo. alguien estaba afuera de su habitación, podía sentirlo. Se levanto con rapidez de su cama y se dirigió a la puerta. No había nadie, el pasillo estaba en silencio y en penumbra. Miro entonces en el suelo un pergamino. Lo desenrollo y decía lo siguiente:

Debes conocer la verdadera historia

de la muerte de tu bisabuelo,

te revelara tu propio destino.

Miro hacia el pasillo vació otra vez. Entró de nuevo a su habitación encendió una lámpara y volvió a leer el pergamino. ¿Qué significaba eso? lo aventó quedando sobre la lámpara. Al hacerlo noto como un segundo mensaje oculto detrás del pergamino quedaba al descubierto a causa del fuego. Lo levantó de nuevo y leyó:

Los sabios del fuego

guardan la historia secreta

en las catacumbas del hueso de dragón.

Bien, alguien parecía muy interesado en revelarle esa verdad acerca de su bisabuelo, la primera persona que le cruzo por la mente fue su tío el le hablaba a menudo de cosas del destino. Sintió algo en su pecho, bien si su tío quería que investigara, lo haría.

Con cautela se dirigió a donde le indicaban. Las catacumbas del hueso de dragón. el lugar donde residían los retos de dragones que fueron cazados por sus antepasados. No entendía como podía encontrar "su destino" en aquel lugar o que tenia que ver con la muerte de su bisabuelo. Pero bueno, ya nada perdía. Ya estaba ahí. Observó como uno de los sabios se dirigía al centro de la plaza del templo y haciendo uso de su fuego control, hiso abrir un pasadizo en el suelo.

Así que ahí era donde se encontraban las catacumbas.

Espero unas horas, y cuando lo creyó conveniente el se acerco a la entrada e hiso lo mismo que el sabio. Golpeo el centro de la figura que se hallaba en el suelo y el pasadizo se abrió. Bajo unas escaleras en caracol que lo llevaron a las catacumbas. Un pasillo largo iluminado por grandes antorchas y adornado con las cabezas de los dragones daban la bienvenida al príncipe. Llegó a una enorme puerta de piedra, con la figura de Sozin tallada en ella. Toco el centro del cuerpo de su antepasado justo en la marca de la nación del fuego y dejo salir una llama. Al hacerlo un mecanismo se activó y la puerta se abrió. Entró al recinto. Zuko encendió una lámpara, La escultura de un dragón se dejaba ver. Frente a él había varias cajas con diferentes etiquetas. Estaban todas polvorientas y llenas de telarañas. La que mas le llamo la atención fue la que decía:

El testamento del señor del fuego Sozin.

Sin dudarlo lo tomó y comenzó a leer. Se dio cuenta que Sozin la había escrito en su lecho de muerte. Hablaba de sus momentos felices en compañía de su mejor amigo. Roku. Zuko hiso una pausa, espera ¿Qué ese no era el nombre del avatar anterior? Siguió leyendo con mas curiosidad, entonces se dio cuenta de que efectivamente era el avatar. El avatar Roku y Sozin habían sido los mejores amigos. En el decía de la tristeza que le dio ver partir a su amigo y como le entrego su corona en símbolo de su amistad.

Su reencuentro se dio doce años después. Para ese entonces Sozin ya había cambiado, en su interior ya había planeado el expandirse a otras naciones, el compartir con el mundo la gloria de la nación del fuego. Pero su amigo pensaba algo diferente y le negó su ayuda así como dio su desaprobación por las ideas de Sozin. Sin embargo eso no lo detuvo. Continuo leyendo y se entero que años después su bisabuelo había conquistado una colonia del reino tierra y como Roku, molesto por su acción, le dio una lección al señor del fuego advirtiéndole que jamás lo volviera hacer. Fue así como así entero que la entrada del palacio fue destruida a causa del avatar.

No se hablaron durante veinticinco años hasta que sucedió lo del volcán. Al leer esa parte, Zuko sintió un vuelco en su pecho y leyó con entera atención.

- La isla de Sozin estaba a ciento sesenta kilómetros de distancia, pero aun así podía oír el estruendo y ver la nube negra extendiéndose. Nunca había visto nada como ese catástrofe.

La Isla Ember. Ellos en la orilla de la playa viendo el volcán en erupción. El temblor y la ola acercándose a ellos… los recuerdos volvían con fuerza en Zuko y se formaban como un nudo en su garganta y un fuerte dolor en su pecho.

- Roku combatía el volcán, pero yo sabia que incluso, siendo el avatar no podría solo.

Que idiota fue. ¿Cómo pudo haber sido capaz de dejarla ir? Unas gotas cayeron en el viejo y polvoso pergamino humedeciéndolo. El sufrimiento lo agobiaba.

- Fui en su ayuda, no podía dejarlo solo.

- ¡DEJAME! ¡ME NECESITA!

- ¡YA ES MUY TARDE!

Había sido tarde, el no pudo ayudarla como Sozin lo había hecho con Roku. El dolor se volvió mas grande.

Termino de leer con decepción al enterarse que Sozin abandonó al avatar, dejándolo a una muerte segura en el volcán. Y como después, aprovechando el poder del cometa atacó a los nómadas aire y la conquista por parte de la nación del fuego dio inicio.

Zuko se sintió devastado, el leer ese pergamino solo lo hiso sentirse miserable, el se veía así mismo como Sozin y al avatar Roku como Katara. El le había pedido su ayuda así como ella en las cuevas de Ba Sin Se ¿y que hicieron? Los traicionaron. Los traicionaron de la misma manera dejándolos a su suerte. Ella había sido como el avatar, noble y buena, sacrificándose por lo demás dando su vida por otros, por personas miserables que no valían la pena, por él. Y al igual que el avatar que murió entre fuego y lava, ella lo hiso entre hielo y agua. Que irónico pensó.

El sufrimiento dio paso al odio.

¿Por qué le estaban enseñando eso? ¿Por le recordaban ese enorme dolor que sintió al perderla? Sin dudarlo se dirigió a la prisión donde estaba su tío.

- Tu me enviaste esto ¿verdad? – le gritó – Ya descubrí la historia secreta o mejor dicho ¡La historia que casi todos conocen! – estaba perdiendo el control de si mismo - ¿Qué planeabas al hacerme saber esto? Te estas vengando de mi ¿¡VERDAD!?

Al escuchar esas palabras, Iroh miro a su sobrino, por alguna extraña razón lo notaba diferente, triste y dolido.

- Quieres recordarme lo inútil y miserable que soy. ¡Que soy igual que Sozin! – Zuko se rompió – Que solo causo daño a las personas que quiero, y cuando mas me necesitan los traiciono – Se dejo caer llorando amargamente con los brazos en el suelo, las lagrimas que no habían salido, lo hacían ahora, el dolor que trataba de ocultar se hiso presente y en ese momento supo que jamás la recuperaría. - No hice nada para salvarla – sollozaba - No debí dejarla ir…

Iroh entendía su dolor. Había escuchado lo que le había pasado a la maestra agua, aunque trataban de mantenerlo en secreto, un guardia se había ganado su confianza se lo había dicho. El también lamentaba su perdida. Aunque la había conocido por poco tiempo, logro estimar a la maestra agua.

- Zuko…

- Yo la deje morir tío – hablaba entre sollozos – ¿Por qué no soy capas de estar al lado de las personas que amo?... No pude decírselo… Ella nunca lo supo…

La revelación de los sentimientos de su sobrino le dieron un vuelco al corazón del dragón del oeste. Lloraba, sufría la mas grande de las penas de un hombre, la perdida de la mujer amada.

- Ella eligió su destino Zuko, así como tu debes elegir el tuyo – el príncipe seguía con la cabeza baja llorando – la historia que quería que supieras no era la de tu bisabuelo Sozin. Tienes más un bisabuelo Zuko.

Por un momento dejo de llorar escuchando las palabras de su tío.

- ¿Qué… quieres decir? – le pregunto mirándolo con sus ojos rojos y llorosos.

- Sozin fue el abuelo de tu padre. El abuelo de tu madre, fue el avatar Roku.

Su cara paso de la tristeza al asombro total. ¿Qué le acababa de decir su tío? Ni siquiera tenia las palabras para expresar como se sentía por esa noticia.

- ¿Por qué… me dices esto? – con trabajo logro articular esa pregunta, el shock de la noticia seguía en él.

Iroh miro a su sobrino, aun con la pena que lo agobiaba el debía saberlo.

- Por que comprender la pelea entre tus dos bisabuelos te puede llevar a entender mejor la batalla que hay dentro de ti – le dijo con calma - El bien y el mal siempre están en guerra en tu interior. Es tu naturaleza, tu legado.

Su tío lo sabia, sabia que no estaba seguro de lo hacia, que, ni el mismo entendía que estaba bien y que estaba mal. Estaba confundido y de lo único que estuvo seguro fue de sus verdaderos sentimientos hacia ella, pero la perdió antes de decírselos. Dolía, su confusión dolía. Y lo habían llevado a cometer las peores decisiones. Si él no los hubiera traicionado en Ba Sing Se ella ahora…

Vio como Zuko reaccionaba a sus palabras con dolor y arrepentimiento.

- Pero hay algo positivo.

Zuko levanto la cabeza de nuevo, y miro a su tío.

- Lo que ocurrió en generaciones pasadas alguien puede resolverlo y… – habló con seriedad – …Ese eres tu – Zuko no lo entendía – Gracias a tu legado tu puedes limpiar los pecados de nuestra familia y la nación del fuego – el rostro se Zuko se volvió serio – En ti esta, junto con la disputa, el poder de devolver el equilibrio al mundo.

Sus palabras le dieron fuerza. Motivación. Pensó en ella, en su sacrificio, en como, por mucho tiempo había pelado por ese cambio, por eso ayudaba al avatar, por que ya no deseaba un mundo con guerras y sufrimiento. El equilibrio debía ser restaurado. La determinación brillo en sus ojos y Iroh se dio cuenta que estaba listo.

Se paro, retiro un ladrillo del muro y saco un bulto envuelto en tela.

- Este es un artefacto real – dijo mientras lo desenvolvía. Zuko se puso de pie – que solo deben llevar los príncipes – era una corona de la nación del fuego y efectivamente, era la corona que usaban los príncipes.

Zuko la tomo. Teniéndola en sus manos pudo sentir la importancia de aquel objeto. Miro a su tío. Había tomado una decisión.

Iroh vio por primera vez lo que siempre había visto en él. Un verdadero príncipe con corazón noble. El era capaz de cambiar el destino del mundo y convertirse en lo que estaba destinado. En el Señor del Fuego. Uno diferente, más fuerte que los anteriores y con mucho más poder. Ahora todo dependía de él.

- Ya no quiero vivir con arrepentimientos y dudas – hablo su sobrino por primera vez, miro como se agachaba haciéndole una reverencia poniendo su frente en el piso – Lamento todo lo que te hice, siempre trataste de guiarme por el camino correcto, y yo solo te hice sufrir, pero nunca perdiste la fe en mi. Quiero decirte que mas como un tío te veo como un padre. Se que no me merezco tu perdón – dijo con profundo arrepentimiento y sinceridad – Pero quiero que me creas cuando te digo que a partir de ahora haré lo correcto. Cumpliré con mi verdadero destino.

Ya no haría las cosas mal. ahora, estaba mas seguro que nunca de lo que debía hacer, de lo que hace mucho tiempo debió haber hecho. Las cosas, hubieran sido tan diferentes si su confusión no lo agobiara. Pensó en Katara… como deseaba que las cosas fueran diferente. Pero ahora ya estaba decidido. Solo deseaba el perdón de su tío, aunque sabia que no lo merecía, pero ahora no lo defraudaría.

Levanto la cabeza y lo que vio lo sorprendió - ¿Tío…?

Su tío, el una vez grande y poderoso Dragón del Oeste. Lloraba a moco suelto.

Sin poder decir algo más Iroh tomo a su sobrino y lo abrazó fuertemente. Zuko quedo impresionado por la reacción de su tío, pero sintió un gran alivio. Las rejas de su celda no impedían que ambos, tío y sobrino se dieran aquella muestra de afecto.

- Tío voy a sacarte de aquí, y cuando lo haga iremos a buscar al avatar.

Iroh miro con sorpresa y duda a su sobrino.

- No me refiero a ir tras él y capturarlo, si no, a unirnos a él – comprendió que esas palabras no habían sido las adecuadas.

- ¿El avatar esta con vida? – le pregunto.

- No lo se, no estoy seguro, pero confío en que Katara lo pudo salvar – el mismo fue testigo de su increíble poder, aunque estaba seguro que aquella chica había muerto, ella logro devolverle la vida, no dudaba que hiciera el mismo esfuerzo por el avatar y lo haya salvado. Se entristeció al recordarla – Algo me dice que él esta con vida.

Iroh no dudaba de las palabras de su sobrino.

- Si es así, entonces debes ir con él – le dijo – yo no puedo acompañarte.

Zuko miro con desconcierto a su tío.

- ¡Pero yo puedo sacarte de aquí!

- No se trata de eso príncipe Zuko. Es tu destino ahora, ayudar al avatar y el mío es el de estar en Ba Sing Se.

Trato de comprender a su tío. Deseaba que estuvieran juntos, pero no era así. Se separarían por ahora, pero se volverían a encontrar. Zuko se despidió. Ambos se desearon buena suerte en sus viajes. Antes de que se marchara. Iroh le dijo lo siguiente:

- Zuko – el se detuvo en la puerta y volteó – Lamento lo que le paso a la maestra agua.

El bajo la mirada, y la tristeza lo agobió momentáneamente, Inmediatamente después miro de nuevo a su tío - Yo también – y se marchó.

El día del eclipse estaba cerca. El sabia que ese día atacarían, la invasión se llevaría acabo el día del sol negro. Si el avatar estaba vivo, el estaría ahí. Pero, por desgracia dudaba de su éxito. Ellos ya sabían de su ataque y la preventiva y el contra ataque ya estaban planeados. Aunque se adentraran a la ciudad no podrían ganar y su padre estaría muy bien custodiado y seguro en el bunker.

Pero antes de marcharse debía hacer algo. Algo que por mucho tiempo tubo miedo de hacer. Pero ahora todo era diferente, él era diferente. Enfrentaría a su padre.

El día llego y como supuso, su padre desde temprano junto con todos los miembros del consejo y los nobles fueron enviados a los bunker. El por otro lado, se estaba preparando para su confrontación. En su habitación preparó su bolso de viaje. Solo lo escencial. Tomo el retrato de su tío. Era algo escencial para él, un par de muda de ropa, dos mantas, un saco para dormir, dinero y por supuesto sus espadas Dao. Las cuales puso en su espalda. Miro su mesa de noche, estaba olvidando algo muy importante. Un collar con una piedra azul. Lo tomo y lo ató en su muñeca. Estaba listo.

Antes de adentrarse al complejo subterráneo, pudo escuchar el estruendo de la batalla. El eclipse había comenzado. Corrió por los túneles y se detuvo frente a la puerta de hierro donde se hallaba su padre, miro el collar atado en su muñeca, lo apretó con su mano, y pidió a Katara que le diera fuerzas.

Abrió la puerta. Ya no había vuelta atrás.

Su padre se hallaba tranquilamente sentado en la improvisada cámara real de aquel bunker bebiendo té. Custodiado por sus soldados. Al mirarlo se sorprendió.

- ¿Príncipe Zuko que haces aquí?

- Estoy aquí para decirte la verdad – su seriedad y postura era de firmeza así como su voz. Ya no era el niño que le temía a su padre y buscaba vehementemente su aprobación. Ahora era un hombre que se enfrentaba a la persona que lo había hecho sufrir por mucho tiempo.

- Contar la verdad en medio de un eclipse – dijo con soberbia – esto puede ser interesante – y con una señal de su mano, la escolta del señor del fuego abandonó la cámara. Una vez solos. Zuko comenzó.

- Primero que nada, en Ba Sing Se, fue Azula quien derroto al avatar no yo.

- ¿Por qué me mentiría al respecto? – dijo sin interés. Pero estaba curioso por saber la respuesta de su hijo

- Por que el avatar no esta muerto – la cara de disgusto de su padre fue grande, pero el continuó – Ella desea convertirse en el señor del fuego, y conmigo de regreso eso no seria posible. Por eso lo dijo. Si tu al final te enterabas de que el avatar estaba con vida serias a mi a quien culparías, y Azula conseguiría su objetivo.

- ¿Te das cuenta de lo que estas diciendo? – le dijo con fuerte disgusto.

- Lo estoy padre – Katara había tenido la razón, no dudaría de sus palabras, no ahora - Ella siempre fue tu favorita y no permitiría que yo tomara el lugar que ella cree que le corresponde. Y en cuanto al Avatar, estoy casi seguro que es él quien conduce esta invasión.

- ¡Fuera! Sal de mi cámara si sabes lo que te conviene – le gritó.

- Hay algo más, padre – lo cayó – Nunca más recibiere ordenes de ti.

Así es, ya jamás recibiría ordenes de un tirano como él. Había tomado sus propias decisiones y sabia que eran las correctas.

- ¡Tu me obedecerás a mí o este será el ultimo aire que respires! – amenazó.

- ¡Piensa otra vez! – le dijo Zuko desenvainando sus espadas de manera amenazadora – ¡Te diré lo que pienso y tu me escucharas!

El señor del fuego no era idiota. Se sorprendió de que su hijo supiera usar las espadas Dao, el no lo sabia. Pero por la manera en las sostenía podía ver que sabia usarlas. ¿Por cuánto tiempo estuvo guardando ese secreto? No podía enfrentarlo. no sin su fuego control y el evidente enojo de él.

Debía reconocerlo, aunque Azula poseía el talento del fuego control, pero Zuko tenia el semblante, la fuerza y determinación de él. Y en ese momento era como verse así mismo. Escucharía lo que tuviera que decir.

- Por mucho tiempo lo único que quise es que tu me quisieras. Que me aceparas – le dijo con reproche y odio. Se odiaba así mismo por haberlo deseado – Pensé que era el honor lo que yo quería, pero en realidad solo estaba tratando de complacerte. Tu, mi padre – su postura se puso más rígida y apretó con mas fuerza sus espadas – Quien me abandono solo por hablar fuera de lugar – el odio iba en aumento – Mi padre, quien me desafió, aun siendo un niño de trece años a un Agni Kai. ¿¡Cómo puedes siquiera justificar un duelo con un niño!? – le gritó con reclamo.

- Te estaba enseñando a respetar – se justifico el señor del fuego.

- ¡Fue cruel y despiadado!

- ¡Y tu no aprendiste nada!

- Te equivocas – le respondió con enojo - Aprendí todo. Cuando crecí, me enseñaron que la nación del fuego era la mejor civilización de la historia, y que de alguna forma la guerra era una forma de compartir nuestra grandeza con el resto del mundo. ¡Pero que increíble mentira era esa! – le reclamó – la gente del mundo esta aterrada por nosotros, ellos no ven nuestra grandeza ¡Nos odian! Y lo merecemos. Y sabes que es lo más irónico – con amargo dolor dijo lo siguiente – Que aun existen personas que creen que merecemos una oportunidad – Katara llegó a su mente - Hemos creado un tiempo de terror y si no queremos que el mundo sea destruido debemos corregir eso.

Ozai se rio por las palabras de su hijo.

- Tú tío lo hiso ¿no? – la sinvergüenza de su padre lo hacia perder la cordura.

- Sí lo hiso. El es único que has sido un verdadero padre para mí – respondió con orgullo, y el disgusto de su padre se dejo ver.

- Oh, eso es hermoso – se burlaba de sus palabras – tal vez el pueda enseñarte el camino del té y el fracaso.

Aunque odiaba que dijera eso no podía perder la cordura. Estaba ahí por algo más importante y estaba apunto de decírselo.

- He venido aquí para hablarte de mi decisión más importante – Su postura no había cambiado se mantenía firme y sin vacilación le dijo a su padre – Voy a unirme al avatar y le voy ayudar a derrotarte – la seguridad y firmeza de sus palabras provocaron el enojo de su padre.

- ¿En serio? – le dijo con evidente enojo y disgusto – Dado que ahora eres un completo traidor y quieres matarme – comenzó a hablar - ¿Por qué esperar? – lo tentó – Estoy sin poder y tu tienes tus espadas ¿Por qué no intentarlo ahora? – le dijo con autoridad, casi como si se lo estuviera ordenando.

Zuko rompió su postura.

- Por que tengo mi propio destino. Y el derrotarte es el destino del avatar – le respondió con seguridad.

Ya no había nada mas que decir, guardo sus espadas y se dispuso a salir de ahí.

- ¡Cobarde! – le grito su padre - ¿Te crees valiente solo por enfrentarme? Pero solo lo hiciste durante el eclipse. Si tienes el verdadero valor te quedaras aquí hasta que el sol salga de nuevo – pero Zuko continuaba caminando ignorándolo por completo, al ver que no reaccionaba dijo algo que seguro si llamaría su atención - ¿No quieres saber que le paso a tu madre?

Como el lo había predicho. Zuko se detuvo justo en la puerta y se dio la vuelta. Eso es hijo, quédate aquí para que pueda castigarte por tu insolencia. El eclipse estaba terminando.

- ¿Qué paso esa noche? – mas que una pregunta sonó como una orden.

Le contaría la verdad solo para retenerlo mas tiempo.

- Mi padre, el señor del fuego Azulón me ordenó hacer algo impensable a ti. Mi único hijo. Y yo iba a hacerlo – el odio creció Zuko, ¿Cómo pudo haber sido capaz de llamarlo padre? – Tu madre lo descubrió y juro protegerte a toda costa. Ella sabia que quería el trono y propuso un plan. Un plan en donde yo me convertiría en el señor del fuego.

¿Cómo pudo ser tan cobarde? Se decía con odio Zuko.

- Tu madre cometió una vil traición esa noche. Ella sabia las consecuencias y las aceptó. Por traición fue exiliada.

- Entonces esta con vida – lo dijo por impulso al escuchar esas palabras. Por mucho tiempo había pensado lo contrario. Todavía existía la posibilidad de encontrarla.

- Tal vez – dijo sin interés, pero cambiando drásticamente de actitud dijo - Ahora me doy cuenta que el exilio es un castigo muy misericordioso para los traidores. Tu pena será mucho mas dolorosa.

Sentía como el eclipse pasaba y el su poder regresaba. Inmediatamente con sus manos creo dos relámpagos que envió en su dirección tomándolo desprevenido. Su hijo sufriría su castigo en ese momento. Pero, para su sorpresa Zuko logro atrapar su rayó y lo desvió hacia él. No le dio directamente pero provocó una explosión a sus pies elevándolo y haciéndolo golpearse contra la pared. Cuando se recupero. Zuko ya no estaba.

Corría, eso había estado cerca, su padre lo había tratado de matar con un rayo. Daba gracias a su tío que lo había enseñado a desviar los rayos. Se preocupo por él, pero sabia que estaría bien, el se lo había dicho, escaparía por sus propios medios, debía confiar, ahora solo debía concentrarse en buscar al avatar.

El fuego control había regresado, lo que significaba que los grandes globos de guerra estarían en el aire muy pronto. No tendrían oportunidad. Como había supuesto el avatar no llego hasta donde su padre, la segunda parte del contraataque se estaba llevando acabo, los globos destruirían los botes por los que llegaron dejándolos atrapados, si todo iba como el pensaba, la única ruta que le quedaba por huir seria por aire. Pero los grandes globos de guerra los estarían esperando ¡Globos! eso era. Escaparía en uno de ellos. Si el avatar lograba huir en su bisonte volador, el lo vería y seria más fácil seguirlo.

Corrió entonces hacia los hangares donde los globos se encontraban, para su gran sorpresa había alguien más ahí, tratando de encender uno. Una persona que no pensaba encontrar ahí.

- Ayu… - dijo su nombre y la aludida volteó.

- Príncipe Zuko… - La sorpresa de ella se hiso grande al verse descubierta por el príncipe, pero la determinación pudo mas que el miedo – ¡No me detendré! – le gritó. Zuko no entendió – Voy a unirme al Avatar y lo ayudare a vencer al señor del fuego ¡Así que no trate de detenerme por que no lo haré!

Aunque lo había dicho con valor y tenacidad, Ayu temblaba por dentro. El era el príncipe de la nación del fuego y un maestro fuego, y ella, una simple sirvienta que una vez fue una noble. Detenerla era muy fácil. Pero ella estaba determinada a llevar acabo su objetivo. Lo haría por ella. Por la princesa, por Katara.

Vio con temor como el príncipe se acercaba a ella y subía al pequeño globo donde se encontraba, y como, con terror se paro frente a ella. Tomo el mechero del globo y con gran tranquilidad le dijo:

- Necesitas de un maestro fuego para hacerlo funcionar – Ella se quedó en shock, inmediatamente después de que dijera esas palabras encendió el mechero del globo y este se comenzó a elevar.

- ¿Qué esta haciendo? – estaba consternada por la acción del príncipe.

- Lo mismo que tu. Me uniré al avatar.

La impresión de sus palabras la dejo sin habla, pero una inmensa alegría cubrió su rostro. Ella sabia, sabia que el príncipe no era tan malo. Había reconocido su mirada cuando veía a la princesa en la playa, era de amor, sentía algo por ella, lo sintió, pensó con tristeza. Estaba segura que si hacia esto, lo hacia también en nombre de ella.

Zuko tubo razón. El bisonte del avatar logró esquivar el ataque de uno de los grandes globos. Y pudo deducir a donde se dirigían.

- ¿Hacia donde van? – dijo Ayu. Mas que una pregunta era un comentario al ver como se alejaba el animal volador.

Al templo Aire del Oeste – le respondió Zuko. Ese había sido el primer lugar a donde se dirigió cuando empezó su búsqueda del avatar, estaba seguro que era ahí a donde se dirigían. Y ellos irían ahí también.


Gracias por seguir esta historia (^-^)