Capitulo VIII

EXPLICACIONES

Los ánimos del equipo avatar estaban por los suelos. Habían perdido en su misión de invadir la nación del fuego y de vencer al señor del fuego y además, tampoco habían podido recuperar a Katara. Pero que mas podían hacer, había sido una trampa, los estaban esperando y ahora, con suerte habían podido escapar. Se encontraban caminado hacia el templo aire del oeste, lugar que Aang conocía y donde se quedarían hasta que planearan que hacer.

- Esto es humillante – dijo Sokka sin ánimos.

- Te refieres a la gran paliza que nos dio la nación de fuego o por tener que caminar al templo aire del oeste – dijo Toph.

- Ambos – respondió sin ánimos. Su orgullo como guerrero había sido aplastado.

- Lo siento amigos, pero Appa se cansa de llevar a tanta gente – se excuso Aang acariciando a su bisonte. Si, había sido doloroso y humillante esa derrota pero ahora lo importante era que estaban bien, bueno, parte de ellos.

- ¿Cómo estará el resto de las tropas? – pregunto Teo a Haru.

- Seguramente camino a prisión. Mi padre recién salió y ahora vuelve de nuevo – dijo con lamento.

El equipo siguió caminando hasta que Toph se detuvo, haciendo que los demás lo hicieran también.

- Oigan llegamos puedo sentirlo.

Pero frente a ellos solo había un gran cañón. Nada de templo.

- Eh… Toph, creo que tus pies necesitan un oculista – dijo Sokka, pues no veía nada parecido a un templo en aquel lugar.

- No tiene razón – dijo Aang – hemos llegado. Sokka seguía sin entender, el no veía nada.

- Guau, es increíble – Toph que miraba con sus pies y podía apreciar la estructura invertida del templo, el cual no se hallaba en la superficie, si no debajo de ellos.

El equipo subió en Appa para poder descender y llegar finalmente al templo. Construido en la parte interna del cañón, el Templo se erguía en varias torres y casas dentro y fuera de la roca de manera invertida. Era increíblemente digno de admirar.

- Es tan diferente al templo aire del norte – dijo Teo comparando ambas estructuras - Me pregunto si hay cuartos secretos.

Y como si fueran cómplices en travesuras El Duque y el intercambiaron miradas y sin perder mas tiempo se fueron a explorar. Aang inmediatamente al escuchar las palabras "cuartos secretos" quiso unirse a la excursión. Pero Haru lo detuvo.

- Vallan ustedes chicos nosotros tenemos cosas de que hablar – Teo y El Duque asintieron y se marcharon.

- ¿Por qué no puedo ir? – reprocho Aang como el niño que era.

- Debemos decidir que vamos hacer ahora.

- Así es Aang – apoyo Sokka – Y ya que eres el Avatar tal vez deberías participar.

Como niño regañado y haciendo un reproche accedió a la dichosa junta, donde nada mas Sokka, Haru, Toph y él eran los partícipes.

- ¿Y cual es el plan? – pregunto sin ganas.

- Bueno, se me ocurre, que el nuevo plan, es el viejo plan. Debes dominar los cuatro elementos y enfrentar al señor del fuego antes de que llegue el cometa – dijo Sokka.

- Huy si que bien – dijo con sarcasmo Aang mientras jugaba con una piedra – No hay problema por supuesto que lo hare – su motivación realmente dejaba mucho que desear – Y donde conseguiré a un maestro fuego que me enseñe ¿eh? – reclamó – además ¿que hay de Katara? – dijo – ¿No haremos nada por ella?

- Ya te lo dijimos Aang – le dijo Haru – cuando fuimos a la prisión nos dijeron que ella nunca estuvo ahí.

- Y como sabían que íbamos a atacar este día, tal vez la enviaron a otro lugar, para que no pudiéramos rescatarla – dijo Sokka.

- Aun así creo que es más importante que la rescatemos – dijo sin ánimos el joven avatar. Tratando de evitar el tema de tener que encontrar a un maestro fuego que le enseñe fuego control.

- Vamos Aang, estamos hablando de la princesita – hablo Toph – Conociéndola de seguro armo tal escandalo que la enviaron lejos solo por no tener que aguantarla y si esta en otra prisión lo mas seguro es que ahora mismo este planeando una revuelta. No me impresionaría que nos alcanzara un día de estos liderando a una bola de prisioneros.

- Toph tiene razón. Además ella es muy fuerte, no se dará por vencida fácilmente – apoyó Sokka.


- ¿Cómo les diremos que la princesa ha muerto? – preguntó Ayu al príncipe.

Se encontraban en una parte del bosque, cerca de una de las entradas que conducían al templo aire. Zuko desinflaba el globo, suspiro por la pregunta. Ella tenia razón. ¿Cómo decirles una noticia como esa? Primero debían convencerlos de que ahora el era bueno y después explicarles como murió Katara por tratar de salvarlos a ellos y a otras cien personas de la nación del fuego. Ahora que lo pensaba bien. No seria muy fácil.

- No lo se – dijo con pesadez después de pensarlo – Pero tenemos que hacer el intento. Tal vez no nos crean, pero… debemos hacerlo.

- Yo iré con usted.

Zuko asintió con su cabeza. Se sentía mejor teniendo a alguien a su lado. Le daba mas valor.


Aun así no tengo quien me enseñe fuego control – reprocho pues nadie lo apoyaba con su plan de ir por Katara.

No habían planeado rescatarla, pues sabían, que lo mas probable era que se encontrara en la nación del fuego. En la capital. Así que aprovecharían la invasión para también rescatarla a ella. Pero todo había sido inútil y no lograron si quiera acercarse al señor del fuego y a ella no la encontraron.

- ¿No hay ningún maestro fuego que quiera enseñarte? – pregunto Haru esperando una respuesta positiva.

- Conocimos a uno pero… creo que seria difícil volver a verlo – dijo Sokka.

- Bueno, como no hay quien me enseñe fuego control iré a dar un paseo por el templo – Dijo Aang con alegría corriendo rápidamente hacia el borde de donde se encontraban y abriendo su planeador se tiro al vacío, para después empezar su vuelo.

Todos observaron que era inútil hablar con él en esos momentos, aunque era el avatar, aun seguía siendo un niño, y se comportaba como uno. Haru suspiró.

- Tiene que haber alguien que le enseñe fuego control.


- No puedo hacer esto.

Zuko se estaba arrepintiendo, podía enfrentarse a un ejercito de maestros fuegos sin usar su fuego control, entrar a la inquebrantable fortaleza de hielo de la tribu Agua del Norte, enfrentarse a su propio padre. Pero no podía simplemente ir ahí, con ellos, a decirles la verdad. No podía confrontarlos.

- Yo se que puede – le animo Ayu - yo también estoy nerviosa, pero si el avatar es como la princesa me había contado yo se que el nos creerá.

- No es solo eso, es que… Todo este tiempo yo los estuve siguiendo. Estuve tras ellos y en mas de una ocasión peleamos, especialmente con ella. Ellos no me creerán que ahora estoy de su lado. Y cuando pregunten por Katara yo…

Ayu pudo ver lo difícil que seria, especialmente para él decirles la verdad. Ahora se daba cuenta de ello. Ambos eran de la nación del fuego. Coloco una mano sobre el hombro del príncipe. Seria duro y si, se arriesgaban a que los rechazaran, pero debían hacerlo. Zuko, aunque no dijo palabras sintió el apoyo de Ayu. Siguieron su camino hacia el templo donde, pudieron ver al bisonte. De acuerdo, era la hora. Zuko miro el collar de Katara y de nuevo lo apretó con su mano. Por favor Katara, que ellos entiendan y que me acepten.


- Aang debemos hacer planes sobre nuestro futuro – le regaño Sokka cuando lo alcanzaron y lo hicieron aterrizar de nuevo en el templo.

- Y tenemos que hablar sobre tu fuego control – dijo Haru.

- Esta bien, podemos hablar de eso mientras le enseño la mesa gigante de Pai Shu, es increíble – dijo con ánimos, no por hablar si no por enseñarles el templo.

Él realmente no deseaba hablar de ello pero prefería evitar todo tema relacionado al fuego control.

- Eso tendrá que esperar – dijo Toph y señalando hacia atrás todos voltearon. Appa se movió y dejó ver a dos personas.

Aang se sorprendió, era Zuko acompañado de una chica. Inmediatamente tomo su postura de pelea, Toph, Sokka y Haru hicieron lo mismo. Al ver como reaccionaron se dieron cuenta que no seria tan fácil convencerlos, Ayu reacciono entonces y comenzó a hablar.

- ¡Por favor no!... – gritó tratando de evitar una confrontación – No venimos a hacerles daño.

- Vinimos a unirnos a ustedes – hablo Zuko con seguridad.

Los cuatro se miraron con sorpresa y extrañeza. ¿Habían escuchado bien? En ese momento. Appa gruño a los recién llegados, Ayu grito y se escondió detrás del príncipe. Nunca había visto un bisonte volador. Pero Appa hiso algo que no se imaginaron, lambio a Zuko, el solo dejo salir una mueca de disgusto por estar ahora casi empapado de saliva de bisonte. Lo peor es que lo lambio una segunda vez. Maldición, pensó, ahora la vaca voladora del avatar se había enamorado de mi. Ayu estaba sorprendida y sin querer dijo:

- ¿Este es Appa? – habló con asombro y temor sin querer salir detrás del príncipe, Appa la lambio también a ella.

Aang miraba con extrañeza como su querido amigo actuaba como si nada con ellos. Además aquella chica conocía el nombre de Appa, estaba seguro que jamás la había visto.

- Sabemos que es difícil de entender – hablo Zuko cuando Appa termino de darles el pegajoso saludo – Pero deben de creerme cuando les digo que he cambiado. A continuación hiso lo que jamás creyeron ver en sus vidas. Zuko se arrodilló frente a ellos inclino su cabeza y sus manos a los costados – Lamento en verdad haberles hecho tanto daño, y todo lo que les hice en el pasado.

Se quedaron estupefactos por lo que veían, no solo ellos, Ayu estaba impresionada. El príncipe de la nación del fuego, el que una vez juro que atraparía al avatar y lo entregaría a su padre, el que los persiguió por tierra y mar durante mucho tiempo, ahora, estaba frente a ellos, postrado pidiendo por su perdón. Ayu quiso llorar. Él realmente estaba arrepentido

– Pero ahora – continuo el príncipe – Busco enmendar mis errores y hacer lo correcto.

Listo lo había echo, era la segunda vez que se disculpaba de esa manera. Realmente deseaba que le creyeran. Sintió como alguien se arrodillaba junto a él.

- Por favor – era Ayu haciendo lo mismo que el príncipe – Acéptenos, Solo queremos poner fin a esta guerra y ustedes son los únicos que pueden lograrlo.

La sorpresa era grande. Ninguno de ellos creía lo que veía, Zuko se les quería unir y no solo eso, se los estaba pidiendo de esa manera. Sokka, Aang y Haru se miraron entre ellos. No sabían que decir ante esa situación.

Se produjo un silencio incómodo. Ellos seguían con la cabeza baja.

Sokka miró a Aang, Haru también lo hiso como diciéndole que dependía de él.

- Yo… - Comenzó a hablar Aang. Zuko y Ayu levantaron sus rostros – Es una decisión muy importante y no puedo tomarla solo. Tendré que hablarlo con mis amigos.

Ayu y Zuko se miraron.

- Lo comprendemos – dijo Zuko. Bueno al menos era algo. pudieron haberlos lanzado al precipicio con una ráfaga de aire o sepultado en tierra. Al menos los habían escuchado. Todo quedaba en ver que decidían.

Se reunieron dentro del templo. Ayu y Zuko se quedaron en la gran terraza junto con Appa, que extrañamente se acostó al lado de Zuko.

- Bien eso es extraño – dijo Sokka.

- ¿Creen que nos estén tratando de engañar? – dijo Haru.

- No - Dijo Toph – Ambos decían la verdad.

- Pero no deja de ser extraño – seguía insistiendo Sokka.

- Creo que deben ver el lado bueno de esto - hablo Toph – el esta arrepentido, y quiere unirse a nosotros, además Aang necesita aprender fuego control.

- ¿Esperas que el príncipe de la nación del fuego le enseñe fuego control? – dijo Haru.

- Solo digo que necesita un maestro fuego y ahí afuera hay uno que estaría dispuesto a enseñarle.

Ese era un buen punto.

- Hay algo que me gustaría confesarles - hablo Aang - ¿Recuerdas Sokka, cuando tu y Katara se enfermaron y Zhao me capturó?

- ¿Te refieres a esa vez que nos hiciste chupar ranas congeladas? – le reclamó – ¡Cómo podría olvidarlo! ¡Tuve una verruga en esa cosa que cuelga del paladar por un mes! – grito indignado por lo que le paso.

- Como sea, el punto es – siguió Aang ignorando el disgusto de Sokka – que fue Zuko el que me libero. Arriesgó su vida por mi.

Aang miro hacia donde se hallaba Zuko y la chica que lo acompañaba. Extrañamente Appa no dejaba de lamberlo y el se quejaba de eso. La otra chica se reía de ello. ¿Quién era ella? Sokka y Haru también miraban hacia esa dirección.

- ¿Quién es ella? – pregunto Sokka.

- ¿Te refieres a la chica? – pregunto Toph.

- Si. Nunca la habíamos visto.

- Pero a Appa parece agradarle – agregó Aang

Haru suspiro – La decisión es tuya Aang – le dijo al chico, este miro a Sokka

- Si el dice que cambio entonces hay que creerle, además aun necesitas aprender fuego control – fue la respuesta de Sokka con una sonrisa en su cara.

- Si – apoyo Toph – Y el también puede decirnos donde esta Katara.

Ese era un gran punto a su favor. Aang asintió y la decisión fue tomada.

Zuko se estaba molestando por la maldita mascota del avatar. ¿Por qué rayos tenia que estarlo lamiendo a cada rato? Ayu se reía de él.

- No es gracioso – se quejo.

- Le agradas – dijo con una sonrisa – príncipe ¿Por qué no les dijo lo que le paso a la princesa?

Bajo la mirada – Primero debemos saber si confían en nosotros, si no, aunque le digamos lo que paso en realidad, no nos creerían.

Ayu asintió con su cabeza. Tenia razón. Había que esperar cual era la decisión que tomaran.

- Pero… ¿y si no deciden aceptarnos? - dijo, pero no obtuvo respuesta por parte del príncipe.

Inmediatamente después, llegó el grupo del Avatar, ellos se pusieron de pie para escuchar el veredicto. Zuko sintió que su corazón latía demasiado rápido. Era el momento de la verdad.

Aang se paro con seriedad delante de ellos. Miraba fijamente a Zuko y después de un largo silencio dijo:

- Les creemos – y con una gran sonrisa les dio la bienvenida al equipo avatar.

Todos los demás les sonrieron. Zuko dejo salir un respiro de alivio. Al fin sentía que hacia lo correcto y se sentía bien que lo hubieran aceptado. Pero había algo mas que no podían pasar por alto. La pequeña alegría dio paso a la tristeza, ellos debían saber y si confiaban ahora en ellos debían saber la verdad, no podían perder más tiempo.

Zuko miro a Ayu y esta entendió lo que iba a hacer.

- Hay algo más que deben saber. Y es importante que lo sepan – dijo con una seriedad diferente a la de hace unos momentos.

Con dolor Ayu dijo – Tiene que ver con la princesa, con Katara – bajo la mirada tristemente. Zuko miro al suelo, al ver la expresión de ella compartiendo el sentimiento.

Al ver la expresión de los recién llegados Aang solo pudo pensar que algo no iba bien.

- ¿A que se refieren?

Lo más difícil estaba por comenzar. Ahora tenían que explicarle al avatar y a sus amigos como había fallecido Katara.

- No es algo fácil de explicar – dijo Zuko – Creo que deberían sentarse por lo que les vamos a decir.

Aang cada vez se ponía más nervioso. No le gustaba para nada la actitud que estaban tomando Zuko y la otra chica. Sentía un muy mal presentimiento.

Todos tomaron lugar y se sentaron dentro de una recamara principal del templo aire. Sokka estaba inquieto y deseaba saber que había pasado con su hermana.

Ayu miro a Zuko y le pido permiso para empezar.

- Mi nombre es Ayu Jibao y fui sirvienta en el palacio del Señor del fuego. Yo estuve al servicio de la princesa mientras estuvo en el palacio.

- ¿En el palacio? – pregunto Haru - ¿Por qué Katara estuvo en el palacio?

- ¿Y por que la llamas princesa? – pregunto Toph. Pensando que solo ella podía llamarla de esa manera. Pero como insulto mas no como una manera real de dirigirse a ella.

- Por que lo es – respondió Sokka – Nuestro padre es el líder de nuestra tribu, por lo tanto nosotros somos como los príncipes, al ser sus hijos.

- ¿En serio? – dijo Aang sorprendido.

- A si es – dijo Zuko – mi padre se dio cuenta que era una princesa y ordenó que ella viviera en una de las habitaciones del palacio. Ayu estuvo con ella desde ese momento. Planeaba usarla para obtener la rendición de la Tribu Agua del Norte, Por que sabían que ella se casaría con el príncipe de ahí.

Ayu asintió con la cabeza.

- Valla así que la princesita en verdad era una princesa y se dio la vida en el palacio del señor del fuego ¿Quién lo diría? – dijo Toph – y yo que pensé que la habían mandado lejos o la tendrían encerrada.

- No siempre fue así – dijo Zuko – Ella estuvo encarcelada y… - dudo por un momento pero continuo – Azula la estuvo torturando por tres días.

La sorpresa de todos fue grande.

- ¿Qué le estuvo haciendo Azula a mi hermana? – grito Sokka.

- La princesa recibió latigazos en su espalda por que se negó a hablar de ustedes – le respondió Ayu con dolor – ella nunca dijo nada, y por eso… fue que… la lastimaban.

La cara de sorpresa y horror no se dejo esperar en ellos. Sokka apretaba sus puños con fuerza y odio por lo que le habían hecho a su hermana.

- Su lealtad hacia ustedes fue intachable – Zuko deseaba dejar eso en claro, especialmente cuando se enteraran de lo que paso después.

- Dices que ella estuvo encarcelada y después vivió en el palacio – hablo Haru - Y… ¿Donde esta ahora?

Todos voltearon a verlos esperando una respuesta, pero no se esperaban sus reacciones. Ayu bajo la mirada al igual que Zuko. Pero ella sollozaba.

- La princesa… - comenzó a decir mientras rompía en llanto – ya no esta con nosotros.

Zuko cerro con fuerza sus ojos tratando de reprimir su dolor.

- ¿Qué quieres decir? – pregunto Aang temeroso escuchar la respuesta.

Entonces Zuko comenzó a contarles toda la verdad. Todo lo que paso en el palacio. Omitiendo algunas cosas por supuesto. Les dijo de cómo el la tomo bajo su cuidado, y como ella le reveló las intenciones de Azula, así como la rendición de ella y la carta a la tribu agua. Pero ahora llegaba el momento más doloroso, contar lo que paso en la Isla Ember. Mientras hablaba, Ayu lloraba con más fuerza por los recuerdos. Zuko se mantuvo firme pero el dolor era grande. Sokka negaba con su cabeza, Toph estaba retraída, no decía nada. En Haru solo podía verse el dolor en su rostro. Pero fue Aang el que se atrevió a hablar.

- ¡Es una mentira! – grito poniéndose de pie – ¡Katara no puede estar muerta! ¡Estas mintiendo!

- No, no está mintiendo – Afirmó tristemente Toph. Nadie mejor que ella sabia que estaba diciendo la verdad.

Zuko también deseaba que fuera una mentira, que todo fuera una absurda mentira y lo que paso en la Isla Ember no fuera verdad, si no un mal sueño, pero no era así. Había ocurrido y Katara ya no estaba con ellos.

Aang no lo creía, no deseaba hacerlo. Trataba de ver que no era verdad. Pero la mirada de tristeza de Zuko, el llanto de la otra chica y la confirmación de Toph hacían que todo fuera realidad.

- Pero no puede ser verdad – dijo como última alternativa – Ella odiaba a las personas de la nación del fuego. ¡Ella nunca haría nada por salvarlos y menos dar su vida por ellos! – gritó.

- ¡En eso te equivocas! – por primera vez desde que estuvo llorando Ayu hablo. Su rostro estaba cubierto en lagrimas pero su voz fue firme y fuerte, llamando la atención del avatar y de todos los presentes – Al parecer la princesa nunca te lo conto – dijo un poco dolida por las palabras del avatar, al referirse de esa manera a Katara - La princesa durante dos años estuvo ayudando a soldados de la nación del fuego.

Todos quedaron sorprendidos por las palabras de Ayu. Incluso Zuko.

- ¿Qué? – hablo Zuko con el mayor asombro jamás visto en su cara.

- Como les dije antes – comenzó – yo hace a algunas horas fui sirvienta del palacio del señor del fuego. Pero no siempre fui una criada – conto la historia de su familia pero al llegar al punto donde su hermano regreso conto lo siguiente – Cuando mi hermano volvió yo estaba muy feliz y el me conto lo que les había pasado, la verdadera historia. Me dijo que habían si habían sido atacados por maestros tierra, con mucho trabajo pudieron escapar en el barco, pero por desgracia fueron victimas de una tormenta. Quedaron a la deriva, se dieron cuenta por el clima que se hallaban cerca del Polo Sur – Sokka presto atención - Cuando escaparon de los maestros tierra, eran veinte personas, pero después de la tormenta y días de estar expuestos al frio y a tormentas de nieve, solo quedaron doce. Entre ellos mi hermano. No podían hacer nada. Pensaron que era el final. Hasta que llegaron a tierra firme, si así se le pudiera llamar. Desembarcaron para poder buscar ayuda, pero no había nada, solo nieve y hielo. De nuevo pensaron que ya no tenían salvación, hasta que la vieron a ella. A la princesa – de alguna forma el rostro de Ayu se iluminó. Todos la escuchaban atentamente – Me dijo que era apenas una niña de trece años, que cuando los vio no se asusto, no se veía que eran de la nación del fuego pues llevaban mantas y cobijas encima de ellos, pero dijeron que después de unos momentos ella corrió y se fue. No pudieron seguirla. Pensaron que había huido por temor. Aun así, la princesa regreso. Los encontró en la orilla, donde se hallaba el barco. Jalaba tras ella un trineo. Con ropa y alimentos. Ella fue su salvación, pero lo que más recuerda mi hermano fueron sus palabras.

- He dicho que son maestros tierra. Vístanse y quiten ese emblema de la nación del fuego de su barco si quieren salir de aquí. Los están esperando en mi tribu.

Ayu sonrió – mi hermano dijo que su almirante había quedado sorprendido de recibir tales ordenes de una niña – Zuko se lo imaginaba – pero lo hicieron, ninguno protesto ni preguntó por que. Fueron guiados hasta la tribu agua del Sur. Ahí fueron atendidos y curados. Estuvieron ahí por dos semanas hasta que se hubieron recuperado por completo y arreglado su barco. Se dieron cuenta que no todo era como ellos pensaban. Escucharon lo que la nación del fuego había hecho a la tribu, de cómo se llevaron a sus maestros agua y como años después regresaron y mataron a la esposa del líder. Para su sorpresa era la madre de aquella niña que los había traído. La princesa de la Tribu Agua del Sur. Katara.

- Recuerdo ese día – hablo Sokka - Katara estaba acomodando un trineo con cosas, cuando mi padre le preguntó que estaba haciendo. Ella le respondió que había visto a un barco del reino tierra en las costas. Traían maestros tierra que se habían perdido debido a la tormenta. Mi padre quiso ir con ella para supervisar eso, pero ella se negó.

- ¡No! – ellos creen que aquí hay maestros fuego. Por eso debo de ir yo. Ellos confían en mi.

- Al final mi padre la dejo ir. Y efectivamente regreso con los "maestros tierra" – hiso una pausa - Quién iba a decir que eran maestro fuego – termino de decir con una risa amarga.

- No lo entiendo – dijo Aang – Katara siempre decía que odiaba a la nación del fuego. ¿Por qué ayudaría a maestros fuego entonces?

- Yo se la respuesta – dijo Ayu – Cuando se enteraron lo que había pasado en la tribu, especialmente a la madre de la princesa, pensaron que seria una trampa, por que tiempo que llevaban ahí se dieron cuenta del odio que sentían hacia los de la nación del fuego. Así que el Almirante Qian le pregunto a ella directamente. ella le respondió...

- "No por que un hombre de la nación del fuego arruino mi vida significa que todos sean iguales. Usted es un ejemplo de eso. Hiso todo lo que le dije en lugar de amenazarme y destruir mi tribu"

Guardaron silencio, esas eran palabras de Katara. No había duda.

- Mi hermano me dijo que cuando partieron hicieron un juramento. Primero, era que jamás volverían a creer en lo que les decían en la nación del fuego, respecto a la guerra. Después, juraron que Ayudarían a todas las personas que inocentes que pudieran. Y que, sobre todo. Verían la manera de terminar esta guerra.

"No solo ayudaron a prisioneros de guerra a escapar si no también ayudaron a algunas familias de nobles o grupos que fueron sentenciados como traidores. A la mayoría los mandaron a la Tribu Agua del Sur.

- ¡Espera! Quieres decir que toda esa gente que ahora esta en el Polo Sur ¿Son refugiados de guerra y maestros fuego? – exclamo Sokka.

- ¿No lo sabias? – pregunto Zuko.

- ¡Por supuesto que no!

- No me extraña – respondió Toph.

- ¿Qué excusa dijeron para poder quedarse? – pregunto Zuko.

- Dijeron que eran refugiados del reino tierra, que sus aldeas habían sido invadidas y no tenían a donde ir, y que en el Polo Sur era el lugar indicado para empezar de nuevo. Mi padre les creyó y el que estuvieran llegando tantos refugiados lo hiso tomar la decisión de irse y ayudar en la guerra.

A si que hay personas de la nación de fuego viviendo en el Polo Sur. Pensaba Zuko.

- ¿Cuántas familias hay? – le pregunto a Sokka.

Sokka se quedo pensativo – Hay alrededor de ocho – Y como si se diera cuenta de algo sorprendente dijo – ¡Espera! ¡Algunos de los hombres se casaron con mujeres de mi tribu y viceversa!

Al parecer la idea del mestizaje era algo que le sorprendió. Pero Zuko sintió un poco de envidia de aquellos hombres que estaban ahora con la mujer que amaban sin importarles su nación.

- Hay algo que quisiera saber – dijo Aang - Por qué si estaban en contra de la guerra, cuando Zuko llego al Polo Sur por mi ¿por que no hicieron nada? Pudieron haber hecho fuego control y pelear.

Sokka supo que tenia razón, pudieron haber ayudado, pero no lo hicieron. No usando su fuego control.

- Tenían miedo – respondió Zuko – he vivido por experiencia propia lo que puede pasar cuando alguien de otra nación se entera que eres un maestro fuego. Tal vez pensaron que si se ponían al descubierto serian discriminados o fueran forzados a dejar el Polo Sur. No puedes culparlos por eso.

Todos guardaron silencio. Hasta que Haru hablo.

- Si lo que dices es cierto – dijo seriamente - ¿Tienes aliados en el Palacio? – le preguntaba a Ayu.

Ayu inmediatamente noto por donde iban las cosas.

- Si – le respondió.

¿Y por que no la ayudaron? – le pregunto fríamente.

Zuko se quedo impresionado. Y Haru tenia razón. Katara había sido la principal razón de que estuvieran ayudando a otras personas, ¿Pero por que a ella no la habían ayudado? Sobre todo si tenían gente en el palacio.

- Eso es cierto – apoyó Toph – Lo menos que pudieron haber echo seria ayudarla.

Todos miraron expectativos a Ayu esperando por la respuesta.

- ¿Y creen que no lo intentamos? – respondió con pena – en el instante en que llegó los guardias que la custodiaban eran nuestros aliados. Ellos la iba a sacar esa misma noche pero ella se negó.

Se sorprendieron. No esperaban escuchar esa respuesta.

- Dijo que quería quedarse el tiempo que fuera necesario para obtener información acerca de los planes del señor del fuego. Pero con el paso de los días y al ver como ella era lastimada. No pudieron soportarlo más. Planearon su escape cuando el Señor del fuego dio la orden de moverla a una habitación. Pero… - miro a Zuko. él inmediatamente recordó ese día. El estuvo ahí. Se maldijo internamente.

- ¿Qué paso? - Pregunto Aang.

- Fue mi culpa – dijo Zuko – esa noche fui a verla, era la primera vez que la veía desde que había llegado a la nación del fuego. Y cuando la vi… - recordó la horrible escena – No sabia que Azula la había tratado de esa manera y pensé que esos hombres tratarían de hacerle mas daño, así que fui yo quien la llevó a la habitación.

- Desde ese día tratamos de sacarla nuevamente, pero ella se negó. Ahora que se encontraba en esa posición le seria más fácil enterarse de algo. Yo era su intermediaria. Al paso de los días la princesa estaba consiente que su posición en el palacio no era estable. Especialmente por los planes de la princesa Azula. La hacían estar en peligro. Así que se decidió por escapar. Planeamos su huida y todo estaba listo pero. Ese día precisamente, fue el día en que viajamos a la Isla Ember.

Zuko se maldecía por dentro. Todos guardaron silencio. Ya no había nada que hacer, ni los lamentos servirían. Se hiso un gran silencio

- Aunque la princesa ya no este aquí. Nosotros continuaremos su legado – hablo Ayu – Terminaremos esta guerra.

Las palabras de Ayu cayeron con fuerza en todos los presentes. Tenia razón. Continuarían con lo que ella había empezado dos años atrás. Desde que ayudo a esos maestros fuegos y después se unió al avatar Katara había deseado hacer la diferencia. Ponerle fina al sufrimiento de tantos años. Y ahora lo consideraban su deber terminarlo.

Sokka se puso de pie con el rostro serio, camino un poco hacia el centro de donde estaba todos y extendió su mano.

- Por Katara – dijo.

Segundos después se paro Aang hiso los mismo.

-Por Katara.

Toph, Haru y Ayu se levantaron. El último fue Zuko. se miraron seriamente. Y dijeron al mismo tiempo.

- ¡Por Katara! – y sellaron el pacto.

- Ah… por cierto – dijo Sokka – Le tienes que enseñar fuego control a Aang – le dijo a Zuko señalando con el pulgar al avatar.


Muéstrame tus flamas – le ordeno Zuko.

El suspiró. Tomo posición y cuando tenia que salir la llama, no salió nada. Sonrió apenado.

- Creo que necesito un poco mas de entrenamiento, ¿quizás una demostración?

Zuko suspiró - Esta bien, mejor apártate un poco – le sugirió y Aang retrocedió.

Respiró y comenzó su demostración. Las intensas llamas de Zuko salían despedidas con una intensidad y fuerza como nunca antes. Incluso el mismo se sorprendió, y por poco lastimaba a Aang.

- Oye eso estuvo genial pero ten más cuidado – advirtió el chico.

- Lo siento, pero no creí que fuera tan intenso – se disculpo Zuko – es tan extraño – se miraba las manos.

- ¿Qué quieres decir?

- Nunca había sentido tanto poder.

Aang no entendía.

- Bien tu turno – ordenó al joven Avatar.

Aang comenzó a lamentarse de tener a Zuko como maestro. No seria nada fácil.

Técnicas de respiración, entrenamientos y posiciones que se le enseñan a los niños, meditación. ¡Rayos! Zuko estaba perdiendo la paciencia. No podía producir ni una simple flama, vamos ni siquiera un chasquido. Llevaban todo el día en ello. Cuando el sol se oculto se dio cuenta de que era suficiente.

- Suficiente por hoy – le dijo con enfado. Pero miro la expresión de Aang se había desanimado.

- Lo siento yo… - trato de disculparse, simplemente no podía hacer fuego control.

- Escucha Aang – le hablo Zuko – tiene que haber un motivo por el que no puedas hacer fuego control.

- No lo hay – dijo desanimado – simplemente no puedo.

Zuko sabia que no era verdad. Algo le ocultaba, nadie no podía hacer fuego nada mas por que si.

- Escucha – le dijo – cuando yo era niño, era un desastre con mi fuego control. Mi hermana era la prodigio.

- ¿Enserio?

- A si es, incluso he llegado pensar que nunca podre estar a su altura.

- Pero el fuego de hace un momento fue sorprenderte, nunca había visto uno igual – le expreso el avatar.

- Lo se, incluso yo mismo me sorprendí ¿recuerdas? Pero creo saber por que paso eso – Aang lo veía con mucha atención – mi tío solía decirme que el alma del fuego es alimentado por nuestro sentimientos, entre más furioso estés tu fuego será bravío y descontrolado, si estas calmado y en paz, tu llama será certera y controlable. La razón por la que pude crear ese fuego fue por al fin me encuentro en paz. Ya he encontrado mi objetivo, mi destino. Ahora tu tienes que encontrar el tuyo.

- Pero yo ya se mi destino – dijo Aang con pesadez – tengo vencer al Señor del Fuego, tu padre – no se escucho tan animado.

- Si es así, entonces debe haber algo más. ¿A que le temes?

Aang recordó como había lastimado a Katara cuando empezó a hacer fuego control la primera vez.

- Yo... temo lastimar a las personas.

Zuko sospecho que había algo más que eso. Pero no le preguntó.

- El fuego no solo es destrucción. Si no también es dador de vida Aang, recuerda eso.

Se marcho para dejarlo solo. Tenia mucho en que pensar, y tenia que arreglar ese problema por si mismo, el no podía intervenir.

Se adentro al templo. Ya era de noche. En uno de los pasillos se encontró a Sokka, miraba todo lo que la tenue luz le permitía ver hacia el exterior. Tenia una mirada vacía, sin vida. Zuko pudo entender su sentimiento. Al pasar junto a él lo saludo.

- ¿Cómo va el entrenamiento? - Le preguntó.

Zuko dejo salir un suspiro - ¿Así de mal? – le dijo Sokka al ver su reacción.

- No puede crear fuego. Creo que hay algo que lo cohíbe y eso se lo impide.

- Creo saber por que le pasa eso. Cuando trato de hacer fuego control la primera vez, lastimo a Katara.

Se sorprendió al escuchar eso.

- Katara uso su poder de curación y quedo bien, pero Aang no. Se sintió culpable, y dijo que nunca más haría fuego control.

Así que era eso - Yo.. temo lastimar a las personas – Eso podía ser un problema. Pero debía encontrar la forma de hacerle ver que el fuego no es solo para lastimar.

- Zuko… - le hablo Sokka - Ella… sufrió?

Su corazón dio un vuelco. Se refería a Katara. Pensó en ella y en como la muralla de hielo y agua la cubría, desapareciendo para siempre. Aun le dolia recordarlo.

- No – le respondió – Estoy seguro de que no lo hiso.

- Ella siempre veía por los demás, sin importarle las consecuencias.

- Lo se.

Zuko recordó que aun tenia el collar de Katara, estaba en su bolsillo, Ahí lo había dejado por que no quería quemarlo por accidente durante el entrenamiento. Decidió que era mejor que su hermano lo tuviera. Era lo correcto. Iba a hacerlo cuando Ayu se acerco a ellos gritando.

- ¡Zuko!

Sokka y Zuko voltearon a ver a Ayu como se acercaba asustada y agitada por correr.

- ¿Qué sucede?

- ¡Un globo de la Nación del Fuego! ¡se esta acercando!

Se miraron con sorpresa. Miraron hacia fuera y efectivamente, a lo lejos vieron como un globo descendía hacia el interior del acantilado. Inmediatamente se movieron. Corrieron hasta donde estaban los demás, les advirtieron, apagaron la fogata y se mantuvieron ocultos.

- ¿Por qué nos escondemos? – pregunto Sokka a Zuko – Solo son dos soldados, podemos hacernos cargos de ellos.

- No - le respondió - Es un globo de reconocimiento, Si no regresan sabrán que estamos aquí, lo mejor será que piensen que no hay nadie.

- ¿Dónde esta Aang? – pregunto Haru.

Maldición, Aang se quedo en la explanada donde estaban entrenando, y no le avisaron.

- Se quedo afuera – le respondió Zuko. Deseando que el maestro aire no se descubriera – Sokka, ve con él - Sokka inmediatamente se fue hacia donde habían estado entrenando.

El globo aterrizó en la explanada de la entrada del templo. Dos soldados bajaron del globo.

Aquí es – dijo el primero en bajar, el casco de la armadura no les permitía ver sus rostros. – Quédate aquí yo iré a investigar – hiso aparecer una flama en su mano y se adentro al templo.

Zuko y los demás se quedaron quietos mientras el soldado pasaba cerca de ellos, por desgracia fue en dirección hacia donde Sokka se había ido. El segundo soldado se quedo en el globo. Parecía algo impaciente y bajo del mismo. Comenzó a caminar por la entrada del templo, cerca de la fuente. Después camino hacia donde Appa había estado echado. Zuko sintió correr un sudor frio. Podían descubrirlos.

Aang caminaba por los pasillos de regreso a donde estaban todos, cuando escucho que alguien se acercaba, una flama iluminaba levemente hacia al frente, pero después se apagó de manera súbita.

¿Zuko? – El era el único maestro fuego. Pero no era el. Al salir de las sombras vio a un soldado de la nación del fuego parado a unos metros de él.

Observaba como halcón como el segundo soldado se acercaba a donde Appa había estado. Se detuvo justo en ese lugar. Zuko solo esperaba que no encontrara nada. Realmente lo deseaba.

Toph estaba igual de nerviosa que Zuko, ella podía sentir las vibraciones en la piedra y sabia donde estaba parado el soldado, pero había algo extraño en él. Algo familiar en su figura, pero no estaba segura, la armadura que llevaba estropeaba su visión de reconocer al que se encontraba debajo de la misma. Le hiso saber a Zuko su inquietud.

- Hay algo extraño con ese soldado – le dijo en un muy bajo susurro.

- ¿Qué quieres decir?

- Se me hace conocido.

Zuko solo pudo pensar en una persona conocida que pudiera andar ahí. Azula.

Vio con horror como se agachaba y juntaba algo del suelo, observó con mas cuidado. Era pelo del bisonte.

Oye – hablo el sondado – tu eres el Av…

Y Aang lo mando a volar con una ráfaga de aire. Hiso que se estrellara hasta el fondo del pasillo donde su golpe causo un gran estruendo. ¿Qué hacían Soldados de la nación del fuego ahí?

- Aang – era Sokka – vienen soldados de la nación del fuego – le dijo, un poco tarde.

Escucharon como el hombre comenzó a quejarse en el suelo, Aang tomo posición de ataque.

- ¡No, espera! – le grito el soldado antes de recibir una segunda ráfaga de viento.

Un estruendo llamo la atención del soldado. Se levanto inmediatamente para ir hacia con su compañero. Zuko supo que era el momento de actuar. Salió y lo atacó con fuertes llamaradas. Pero el soldado logro esquivarlas saltando hacia atrás. Que, para su mala suerte quedo dentro de la fuente callándose en ella y empapándose todo. Zuko No perdió tiempo y lo atacó por segunda vez. Pero esta vez las llamas fueron detenidas, no por fuego, si no por una barrera de agua. E inmediatamente un chorro fue enviado a su dirección. El lo logro esquivar.

Se quedo impresionado ¿Un soldado de la Nación del Fuego haciendo agua control?

- ¿Quién eres? – le gritó.

- ¿Ya te olvidaste de mi?

Esa voz… Toph sonrió. El soldado se llevo las manos a la cabeza y se quito el casco.

Zuko abrió los ojos con gran impresión. No lo podía creer.

- ¿Qué quieres decir que estas de nuestro lado? – le gritó Sokka al soldado que estaba en el suelo mientras lo amenazaba con su espada.

- Así es, no soy de los malos, soy de los buenos – le dijo.

- ¿Y que haces aquí? – le pregunto Aang aun con desconfianza.

- Vine a traer a una persona. Alguien conocida por ustedes.

El rostro del soldado quedo al descubierto, y lo primero que vio Zuko, fueron esos hermosos ojos azules que creyó que no volvería a ver.

- Katara…