Capitulo XI

LA PLAYA

Esa noche Zuko se sentó junto a Katara y cuando ella le paso su plato con la cena y sus manos se tocaron, no las alejó. Cenaron todos juntos, en armonía. Zuko se sentía feliz. No solo por que había dicho sus sentimientos a Katara si no también por que ella le correspondía, y claro, lo que hicieron después de su declaración le alegraba bastante. Pero esa noche sentía todo diferente. Por primera vez en mucho tiempo se sentía como en una familia. ¿Esto era estar entre amigos? Siempre había sido un chico solitario. La única persona que se acerco a él fue su madre pero se fue de su lado, pero no perdía la esperanza de encontrarla. Y en ese momento se encontraba con las personas que jamás pensó alguna vez estar.

Hace casi un año su única misión era capturar al avatar, y ahora se encontraba cenando con él y sus amigos, pero también con una persona muy especial, la mujer que amaba. Katara estaba sentada a su lado obligando a El Duque a que se comiera los vegetales, Suki regañaba a Sokka para que comiera más despacio y los demás estaban entretenidos en platicas y otras cosas. Ceno muy gustoso esa noche.

- Ve a dormir Ayu yo me encargo – le dijo Katara cuando terminaron la cena y se disponía a lavar los platos sucios – Tu ya hiciste la cena a mi toca limpiar.

- Esta bien. Buenas noches Katara – le dijo y se fue a dormir.

Al terminar de limpiar y de acomodar Katara se fue a su habitación pero alguien la atrapó por la espalda a mitad del pasillo haciéndola entrar a un habitación vacía. Ella se sorprendió pero solo de manera momentánea. Un muy reconocido aroma le hiso saber quien era su captor. Al sentirse libre se dio la vuelta para ver al portador de esos ojos ambarinos que tanto le atraían y que después la estaba besando. Al separarse le dijo.

- Solo quería decirte las buenas noches.

- Vaya manera que tienes de hacerlo – y lo beso – Buenas noches.

La dejo ir con una sonrisa en su rostro. Ya en su habitación. No podía evitar sonreír, la felicidad era grande para él. Dejo que el sueño lo reclamara.

Un fuerte estruendo lo despertó. El y Aang se levantaron rápidamente y se asomaron por la ventana.

- ¡Es la nación del fuego! – grito Aang. Los grandes dirigibles de la nación del fuego comenzaron a verse para sorpresa de ellos. Continuaban aventando bombas hacia el templo.

- ¡Rápido tenemos que irnos! – le dijo Zuko y tomando rápidamente sus cosas salieron de ahí.

- Tengo que ir por Appa.

En el camino se encontraron a los demás y todos corrieron hacia la sala principal donde se encontraba Appa. Aang cerro con una ráfaga de aire las puertas de aquella sala salvaguardándolos de los ataques de los dirigibles. Toph y Haru abrieron un túnel en la pared.

- ¡Por aquí! – grito Toph. Todos se juntaron en la entrada del túnel pero Appa estaba renuente en salir.

- No puedo moverlo – dijo Aang mientras trataba de obligar al bisonte a que caminara – Appa odia los túneles.

- Tenemos que separarnos – dijo Sokka – ustedes – se dirigió a los demás – vayan por el túnel hasta el dirigible.

Katara se acerco a su padre y lo abrazó con fuerza.

- Nos volveremos a ver – le dijo – lo soltó y se dirigió a Appa. Sokka también lo abrasó. Después de soltar a su padre tomo a Suki.

Zuko iba en camino hacia Appa cuando alguien lo tomo por el hombro, era Hakoda – Te encargo a mi hija – le dijo el líder de la tribu impresiono de que le dijera eso, pero sin más el solo asintió con la que la protegería. Incluso con su vida de ser necesario. Después de que ellos se fueron Toph cerro el túnel.

- No podremos salir tan fácilmente – dijo Sokka.

- Yo los distraeré – hablo Zuko y salió de la sala.

Katara estaba con el alma en un hilo pero no pudo decirle nada. Confiaba en él. Zuko salió y haciendo uso de su fuego hiso explotar en el aire dos misiles que iban directos a ellos. Miro como uno de los dirigibles se elevaba frente a él con Azula arriba.

- ¿Qué haces aquí? – le gritó.

- ¿Qué no lo vez? – le dijo con malévola alegría – ¡Celebro que estoy por convertirme en hija única!

Y acto seguido lanzo una gran llamarada de color azul. Los misiles estaban quebrantando la superficie del templo donde se encontraban haciéndolo inestable. Zuko corrió por el frágil piso y usando un pilar como apoyo saltó hacia el dirigible donde se hallaba Azula. Lanzó dos llamaradas hacia ella. Las cuales golpearon en el blanco obligando a Azula a saltar, pero fue Zuko quien callo al vacío.

En ese instante Appa salió volando con una coraza de roca en su cabeza a manera de escudo. Azula lanzo llamas hacia ellos pero no lograron traspasar la roca. Se estaban escapando, pero no pudo permitirse el distraerse por el avatar. Se dio la vuelta y un dirigible que comenzó alzarse, con Zuko en él.

Desde Appa todos observaban. La pelea entre hermanos comenzaría. Zuko corrió por la superficie del dirigible y saltó. Mientras estaba en el aire Azula lanzo un torbellino de fuego azul el cual Zuko rompió con una patada. Al caer contraatacó. por mucho tiempo había deseado enfrentarse a su hermana, sabia que era fuerte pero ahora el también lo era, su fuego control se hallaba en un punto máximo y había sido bendecido por los dragones, eso elevaba aun más su poder. No le temía a Azula y en ese momento le demostraría de que estaba hecho.

Katara evitaba con su agua control que los misiles de los dirigibles los golpearan. Mientras que Aang intentaba dirigir a Appa de no estrellarse con los dirigibles que poco a poco se iban a cercando a ellos.

Aunque Azula lanzaba su fuego hacia Zuko, el los rompía con facilidad y poco a poco se acercaba a ella, en un momento ambos chocaron sus puños envueltos de fuego con gran fuerza. El impacto provoco una fuerte explosión haciendo que ambos príncipes cayeran al vacío. Pero cuando Zuko estaba en el aire inmediatamente Appa paso bajo él y Katara extendió sus brazos para atraparlo con éxito. Una vez en Appa, observaron como Azula continuaba con su caída.

- Ella no podrá hacerlo – dijo Zuko sabiendo que su hermana no tendría oportunidad de salvarse.

Pero Azula estaba lejos de morir ese día. Extendió sus piernas y lanzo una fuerte llamarada que la aventó hacia el costado del precipicio, una vez en la roca dejo que su prendedor se aferrara en él para quedar finalmente adherido a la piedra.

- Oh tal vez si… - debía reconocerlo. Su hermana era difícil de derrotar.

Llegaron finalmente a una península del reino tierra. Por suerte pudieron subir en Appa suficiente carga aunque la mayoría de las reservas de comida se quedaron en el templo aire. Al menos con lo que tenían seria suficiente por el momento.

- Wow acampamos – dijo Aang – es casi como en los viejos tiempos ¿no creen? - Habían pasado por tanto, se habían separado y ahora volvían a estar juntos, como cuando eran solo tres y se dirigían a la Tribu Agua del Norte.

- Si quieres sentirte como en los viejos tiempos – hablo Zuko – Podría perseguirte por un rato y capturarte - Todos rieron por el comentario de Zuko.

- O puedes atarme a un árbol y así esperar a que Aang llegue – comento también Katara.

- Oh cielos… - dijo Zuko llevándose una mano en la frente avergonzado – lo lamento por eso.

- ¿Ataste a la princesita a un árbol? – dijo Toph asombrada.

- Si lo hiso – aseguro Katara con una sonrisa.

- Y fue lo peor que pude haber hecho, no dejabas de gritar e insultarme. Estuve a punto de mejor dejarte abandonada ahí con los piratas y buscar a Aang por mi cuenta.

- Me lo imagino – dijo Toph - Cuando se la llevaron como prisionera a la nación del fuego, pensamos que ni siquiera llegaría, que la abandonarían en cualquier puerto o simplemente la arrojarían al mar.

- ¡Oye! – se quejo Katara pero todos comenzaron a reírse fuertemente – No soy tan molesta – pero las risas no pararon – ¡No lo soy! Ayu ¿verdad que no fui una molestia? – le dijo a su amiga para que la auxiliara y los contradijera.

- La verdad es que no – dijo Ayu, quien a pesar de estar de su lado también fungía como guardiana personal de Katara.

- ¿Ven? No soy una molestia – dijo Katara orgullosa.

- Según escuche te quedaste ahí por que querías información. Por eso no fuiste una molestia. De lo contrario hubieras escapado a la primera oportunidad – aclaro Toph.

- Tiene toda la razón – apoyó Zuko – Aun sin tu agua control resultas ser muy peligrosa y se me hacia demasiado extraño que no intentaras nada en esos días – dijo de manera sospechosa.

- Lo siento hermanita pero eres como una mamá. Cuando no nos gritas nos estas regañando por cualquier cosa. Estés presa o no. Nunca cambiaras –aseguro Sokka.

- Alguien no va a tener carne en el desayuno de mañana – sentencio Katara indignada.

Todos rieron por la platica.

- Esperen – alerto Toph – ¡Alguien se acerca! Por allá.

Se puso de pie apuntando hacia donde se encontraba Zuko. Todos se pusieron alertas. La obscuridad de la noche no dejaba ver pero se comenzaron a escuchar los pasos, la silueta comenzó a verse.

- Alto ¿quién anda ahí? – pregunto Zuko – Pero la figura siguió avanzando – Te lo advierto – dijo finalmente y lanzo una llamarada hacia el extraño a manera de advertencia. El extraño callo al suelo.

- ¡Lo mataste! – dijo Ayu con horror.

- Claro que no – dijo Zuko – ni siquiera lo toque.

- Aun esta vivo – dijo Toph.

Katara se acerco al extraño que estaba boca abajo en el suelo. Su ropa estaba desgastada, sucia y olía un poco mal. Se dio cuenta que parte de su vestimenta estaba quemada. Tenia golpes, raspaduras y cortaduras en su cuerpo.

- Ayúdenme esta muy mal – dijo hablándole a los demás para que fueran hacia ella.

Cargaron al extraño y lo pusieron cerca de la fogata. Katara comenzó a curarlo.

- Te pasaste Zuko – dijo Aang.

- Ya te dije que no fui yo – aclaro molesto.

- No – dijo Katara – estas heridas tienen varios días y aunque su ropa esta quemada, no veo quemaduras en su piel.

Katara comenzó a examinarlo, desvistiendo al extraño. Zuko se molesto un poco por eso. Le quito la desgastada camisa y comenzó a examinar y curar las heridas en su torso. Al pasas por su pecho, el se quejo.

- Se fracturo algunas costillas - declaro.

- ¿Puedes ayudarlo? – pregunto Ayu.

- No son recientes, tienen al menos un mes, pero puedo sentir que aun no ha sanado por completo. Creo que puedo hacer algo.

Después lo llevaron a la tienda de Katara, entre ella y Ayu trataron sus heridas y lo vendaron.

- ¿Creen que lo atacaron soldados de la nación del fuego? – pregunto Aang.

- No – dijo Zuko mientras tenia la camisa del desconocido en sus manos – Es un prisionero – aseguró.

- ¿Cómo lo sabes? – pregunto Sokka.

- Mira por ti mismo – le aventó la camisa a Sokka. Quien no vio nada extraño en ella - Mira las marcas en su pecho.

Sokka, Aang y Suki miraron en el. Una serie de números estaba marcado en él. Sokka lo reconoció de inmediato y Suki también. Cuando ella estuvo presa tenia un numero similar en su uniforme.

- Entonces ¿Escapo de una prisión? – dijo Aang.

- Probablemente – dijo Zuko.

Zuko miraba con desconfianza donde se encontraba el extraño junto con Katara y Ayu.

- ¿Crees que sea peligroso? – le pregunto Sokka.

- Todo depende – le dijo – De que sea un maestro tierra o un maestro fuego.

Desde que Katara curaban al extraño Zuko no se despego de la tienda en ningún momento. No le daba mucha confianza dejar a Katara con aquel prisionero. Pasó mas de una hora para que finalmente saliera. Zuko fue el primero en acercarse a ella.

- ¿Ha dicho algo?

Katara negó con la cabeza – Esta durmiendo ahora. Ayu le dio una medicina – agregó - Tiene golpes en casi todo su cuerpo y algunas cortaduras en sus manos y pies, también tiene heridas viejas que aun no han sanado del todo. A pesar de su físico esta deshidratado. Es como si hubiera estado sin beber agua por días. Tiene suerte de que lo hayamos encontrado o hubiera muerto.

- No creo que sea de mucha suerte que lo hayamos encontrado – dijo Zuko.

- ¿Qué quieres decir? – le pregunto con extrañeza Katara.

- Es un prisionero – y le mostro la camisa – Si se fugo puede representar problemas.

Katara tomo en sus manos la prenda desgastada y vio el número inscrita en ella. Inmediatamente encontró el parentesco a la camisa que Zuko, Suki y su padre llevaban cuando fueron rescatados de la prisión de la nación del fuego, solo que esta era café y no roja. Si era un prisionero y en esas condiciones en las que se hallaba quiere decir que había escapado hace no mas de tres o cuatro días pero también significaba…

- Lo pueden estar siguiendo – dedujo Katara al fin y en la inconveniencia que resultaba para ellos en tener a un fugitivo – ¿Hay alguna prisión por aquí cerca? – le preguntó

- No que yo sepa. Iba a preguntarte a ti si tus amigos habían organizado alguna fuga o algo.

- No – negó Katara.

No había nadie a quien rescatar o ayudar. Los únicos prisioneros que importaban se encontraban en la prisión de la nación del fuego y si este había escapado fue por alguien más. O incluso si lo habían hecho personas aliadas a ella, lo desconocía.

Al final tuvieron que esperar a que el extraño despertara. A la mañana siguiente pareció recuperar las fuerzas. Estaban todos sentados en la fogata mientras Ayu servía el desayuno.

- Quiero darles las gracias por haberme ayudado – hablo el desconocido.

El joven era de la edad de Katara. Tenia tez blanca y cabello largo castaño, atado a una coleta en su nuca. Sus ojos verdes y finas facciones.

- ¿Qué fue lo que te paso? – preguntó Aang.

- Escape de una prisión en el mar.

Se sorprendieron.

- ¿En el mar? – pregunto Sokka.

- Si – dijo el extraño – Soy un maestro tierra y me capturaron hacia apenas un año. Pensé que vendrían por mí pero no fue así – dijo con lamentación.

- ¿Qué vendrían por ti? – pregunto Katara – ¿esperabas un rescate o algo?

- Si. Verán – explicó – mi nombre es Sun Hee y soy primo del rey tierra Kuei.

La sorpresa no se dejo esperar en el rostro de todos, especialmente en una persona.

- ¿¡QUE!? – grito Sokka.

- ¿Eres el primo del rey Kuei? – volvió a preguntar incrédula Katara.

- ¿Cómo es posible que no nos hubiera hablado de ti? – dijo Aang.

- ¿Conocen a Kuei? – pregunto Sun Hee.

- Conocimos al rey tierra cuando estuvimos en Ba Sing Se. Días antes de que fuera tomada – Aclaro Aang.

Sun Hee suspiró – Se que la nación del fuego se apodero de Ba Sing Se, pero todo esto fue mi culpa – cerro los ojos en forma de dolor – Si tan solo le hubiera podido decir a Kuei la verdad – se lamentaba.

- ¿Te refieres a la verdad sobre la guerra? – Dijo Aang

- Así es. El idiota de mi primo está siendo controlado.

- Por Long Feng – dijo Sokka.

- ¿Cómo lo…?

- Nosotros fuimos quienes le dijeron respecto a la guerra. Sabemos que Long Feng lo estuvo engañando todo este tiempo – dijo Sokka.

- Long Feng fue quien me envió a esa prisión – Todos guardaron silencio. Sun Hee movía la cabeza a manera de negación y cerrando los ojos con lamento, después de un momento dijo – Durante toda mi vida viví en la ignorancia de lo que pasaba en el mundo. Long Feng se encargo muy bien de eso.

- ¿Te envió a prisión por que te enteraste de la guerra? – pregunto Aang.

- Así es – le respondió – Hace un año iba a realizar un viaje para conocer a alguien – aclaró – pero solo al salir de la ciudad me di cuenta de todo. No pude siquiera ir hasta donde quería. Regrese a Ba Sing Se para decirle a Kuei lo que pasaba en el mundo. Sobre la guerra contra la nación del fuego y todo. Pero Long Feng intervino. No pude acercarme a Kuei aunque lo tratara. Una noche mando a sus guerreros Dai Li por mi y ellos me entregaron a la nación del fuego, enviándome a esa maldita prisión – dijo con odio – yo pensé que Kuei notaria mi ausencia o mis padres. Por eso estaba seguro que me rescatarían, pero, con el tiempo me di cuenta que eso nunca pasaría. Me temo que ni siquiera saben donde estoy realmente o que fue de mi – dijo con resentimiento.

Todos podían entender el dolor del chico. Esperar por una ayuda que nunca llegaría. Si Kuei no sabia de la guerra cuando ellos llegaron, mucho menos de que su primo estaba en una prisión de la nación del fuego. Un año. Había sido un año lo que estuvo esperando. Y nada.

- Ellos creen que estas de Viaje para conocer el mundo – dijo Toph.

Miraron dudosos a la maestra tierra y después de un momento Katara hablo.

- ¿Cómo sabes eso Toph?

- Fue la excusa que le dieron a mis padres cuando no llego a visitarnos ese día – respondió sin más mientras continuaba con su desayuno.

Pero todos siguieron mirando a la bandida siega sin entender.

- Espera… - comenzó a hablar Sun Hee - ¿Tu nombre es Toph? ¿Toph… Beifong…?

Ahora todos estaban mas confundidos.

¿Se conocen? – preguntó Katara.

- El es mi prometido – dijo directamente la bandida ciega mientras terminaba su desayuno.

- ¿¡QUE!? - grito Sokka sin poder creerlo.

Ayu, Katara, Suki y Aang abrieron los ojos como platos. ¿El prometido de Toph? Miraron al chico, después a Toph, luego otra vez al chico y de nuevo a Toph, que acababa de escupir…

Estaban en un grande y completo Shock no solo ellos. Sun Hee solo reía un poco avergonzado. Les resultaba increíble que su joven amiga estuviera comprometida.

- ¿Cómo escapaste de la prisión? – Preguntó Zuko. A él no le importaba mucho quien era realmente, se había impresionado cuando dijo que era el primo del Rey del reino tierra, y el prometido de Toph pero ahora quedaban asuntos mas importantes que aclarar.

Sun Hee salió de la sorpresa recién recibida de conocer a su prometida para responder la pregunta – Escape por que hundí la prisión – esa respuesta sorprendió a Zuko. ¿Hundió la prisión? para ese momento todos habían salido del shock de la reciente noticia para prestar atención a las palabras de Sun Hee, él al ver la cara de duda en el chico le explicó.

- Después de seis meses me di cuenta que nunca vendrían por mi. También sospechaba que Long Feng había tramado algo para ocultar mi encarcelamiento. Me encontraba en una prisión en medio del océano. Estaba construida solo de metal. Entonces decidí aprender metal control.

Toph era la única maestra tierra hasta ese momento que podía hacer metal control, ni siquiera Bumi era capaz de hacerlo. Katara recordó como en un tiempo atrás ella también estuvo en una prisión similar, cuando Haru y su padre fueron llevados.

- Me tomo seis meses controlarlo – dijo con orgullo – Cuando finalmente lo logre, escape. Pero… - agregó – hundí por accidente la prisión. Al final no salió como lo planee y termine sobre una barca sin remos. Estuve en el mar por cuatro días hasta que la corriente me trajo a la costa. Ustedes son las primeras personas que he visto desde que escapé.

La sorpresa era grande, las dudas se despejaron pero la impresión perduró. Zuko le pregunto si sabia la localización exacta de aquella prisión pues podría haber el peligro de que los soldados lo estuvieran persiguiendo al ser alguien muy importante, pero no fue así. Sun Hee le aclaro que la prisión se hallaba a muchos kilómetros de distancia y que mientras estuvo ahí nadie supo de su verdadera identidad. Al menos eso era un alivio, pero no quería correr riesgos. Quería partir de ahí cuanto antes. Le pregunto a Katara después de que casi interrogaran a la maestra tierra y al nuevo sobre su compromiso,el tiempo que le tomaría que se recuperara de sus heridas para hacer un viaje y ella le dijo que un día, a lo mucho dos. Entonces se tomo la decisión que se moverían a un lugar más seguro a la mañana siguiente, pues, aunque él no era perseguido ellos si. Azula podría encontrarlos en cualquier momento y ese era un riesgo muy grande. Como Sun Hee no tenia a donde mas ir, de ahora en adelante los acompañaría, además de que, como era el ahora prometido de Toph, tampoco lo podían dejar atrás.

Partieron a un lugar donde estaba seguro que jamás los encontrarían. La Isla Ember.

- ¿No es extraño que nos estemos escondiendo del señor del fuego en su propia casa? – preguntó Suki a la mañana siguiente de que habían llegado ahí.

- No, ya les dije, mi padre no se aparece por aquí desde que éramos una familia feliz - Zuko y Aang habían estado entrenando en el patio de piedra de la vieja casa. en ese momento se hallaba limpiándose el sudor de su cuerpo – Además después de lo que paso en la isla, muchos de los habitantes regresaron a la nación del fuego. Así que estamos completamente seguros aquí. Seria el último lugar donde nos buscarían.

Aquella había sido la razón por la cual decidió que ir a la isla seria adecuado. Jamás pensarían en buscarlos ahí. Katara y Ayu sintieron algo de nostalgia por regresar a la isla, aunque Ayu aun recordaba muy tristemente lo que paso la última vez, ahora no eran mas que recuerdos. Se sentía feliz de que ahora podía recordar de otra manera la isla, no como algo doloroso y triste, si no con buenos y mejores recuerdos.

La casa se encontraba en una sección muy apartada del resto de las demás casas, poseía su propia playa privada. Era grande y tenia múltiples habitaciones, en total podía albergar a treinta personas más aparte los sirvientes. Se podía ver que alguna vez tuvo gran belleza y estuvo hermosamente decorada, pero ahora solo quedaba polvo y la ilusión de lo que una vez fue. Como se encontraban en una isla de la nación del fuego, lo correcto era que se vistieran como ciudadanos de la misma. Toph, Aang y Sokka ya tenían atuendos pues estuvieron viviendo en estados de la nación del fuego antes de la invasión Zuko y Ayu ni que mencionar, las únicas que no contaban con ropa eran Katara, Suki y Sun Hee.

Cuando llegaron Zuko le había recomendado a Katara que no saliera, podía ser reconocida por los pocos habitantes que se quedaron, en su mayoría los dueños de tiendas y puestos de restaurantes. Podían sorprenderse de verla con vida, aunque no la hubieran conocido en persona, todos la vieron cuando construía las murallas. Se les encargo a Ayu y a Toph ir de compras para ellos.

Katara se encontraba en una habitación junto con Sun Hee, lo curaba con su agua para sanar de manera más rápida sus heridas.

- Eres una maestra agua – le dijo el maestro tierra. Katara solo asintió con su cabeza - Nunca he conocido a un maestro agua – dijo con lamento.

Podía darse cuenta de lo pequeño y cerrado que era el mundo para él. Toda su vida vivir engañado sin tener conocimiento de lo que pasaba afuera de los muros. Debió ser una impresión muy fuerte cuando se entero de ello.

- Fue muy valiente lo que hiciste. Escapar por tu propia cuenta – le dijo.

- ¿Qué otra opción me quedaba? – le respondió él con un poco de enojo – Siempre creí que vendrían a rescatarme y no fue así.

- No fue culpa de tu primo o de tus padres, ellos no lo sabían – le dijo para aliviar el resentimiento del joven. Se veía molesto y estaba en todo su derecho, Kuei había sido un ignorante y por ello, Sun Hee había pagado las consecuencias.

El pareció comprender un poco las palabras de la maestra agua dejo salir un suspiro mientras cerraba los ojos.

- En esa prisión – comenzó a hablar – Pude enterarme de todo el daño que ha causado la nación del fuego. Me entere que fueron ellos los que destruyeron a los maestros aire y de cómo el avatar desapareció y ahora ha regresado – termino de decir.

- Así es, y Aang nos ayudara a terminar esta guerra – le dijo Katara.

- ¿Aang? – le pregunto dudoso.

- Si, el es el avatar.

- ¿QUE? – grito con sorpresa - ¿El niño de los tatuajes?

- Si – le dijo Katara. Podía saber el por que de su sorpresa – Aunque es solo un niño es muy fuerte créeme. Ahora mismo ya esta controlando los cuatro elementos, Yo fui su maestra agua al comienzo, Zuko le enseña fuego control y Toph es su maestra tierra.

Sun Hee dejo salir un "Ahh" cuando escuchó el nombre de Toph y dijo – Con razón esta aquí con ustedes.

- ¿Te sorprendió verla? Es decir – corrigió – Que ella fuera tu prometida…

- Solo me sorprendí de encontrarla aquí. Por lo que sabia sus padres la sobreprotegían mucho por ser ciega.

- Si… - Katara recordó que cuando la conocieron sus padres pensaban que era frágil y delicada solo por su condición pero resultó ser todo lo opuesto – Pero no te dejes llevar por su apariencia, es más fuerte de lo que crees. Incluso domina el metal control. Creo que le tomo un día aprenderlo.

- ¿ENSERIO? – preguntó con gran sorpresa – A mi me llevo seis meses y no lo logro dominar del todo.

- Bueno pues debo decirte que tengas mucho cuidado con ella - comenzó a hablar orgullosa de su amiga - Sabe cuando las personas mienten y es muy directa al dar su opinión. Se que parece una niña pero es una maestro tierra muy talentosa, no por nada es la maestra tierra del Avatar.

Sun Hee comenzó a reírse, Katara lo miraba con extrañeza ¿Qué se le hacia tan gracioso?

- Perdón – dijo al ver la cara de la maestra agua – Es que siempre me dijeron que era una señorita a la que había que tratar con cuidado y delicadeza. Pero me doy cuenta que es todo lo contrario – le dijo con una sonrisa – me alegra saber que mi prometida es fuerte.

Katara sonrió por la opinión que tenia hacia Toph. Como desearía que Haack le hubiera dicho aquellas palabras. Pero así como Ayu dijo ellos no estaban destinados.

- Ya llegamos princesita – Toph entro a la habitación junto con Ayu.

- Hemos comprado ropa para ustedes – Ayu puso un paquete en una de las mesitas de la habitación. De ahí sacó varias prendas en color rojo – estas son para ti Sun Hee – Se las entrego al chico – y estas son para ti Katara – ambos chicos las recibieron dando las gracias. Después de eso, Katara salió de la habitación junto con Ayu, dejando a los comprometidos solos.

Al salir Ayu fue a entregarle su ropa a Suki y Katara se dirigió a su habitación a cambiarse. El conjunto estaba compuesto por una blusa de un solo hombro corta un poco debajo de su busto, dejando al descubierto su estómago y ombligo, la falda era a la cadera abierta a los costados desde los muslos hasta la mitad de su pierna, de la falda caían otros trozos de tela en forma rectangular siendo mas largos de una orilla que de otra. Vio como también le habían comprado unas pulseras doradas y unos anillos para sus brazos del mismo color. Se coloco las sandalias y prefirió soltarse el cabello y hacerse un medio moño como era típico en la nación del fuego en la parte alta de su cabeza. Frente a ella había un espejo un poco sucio y manchado, pero le permitía ver bien su reflejo.

- Te ves muy bella.

La voz de Zuko hiso que Katara se asustara un poco, al darse la vuelta lo vio recargado en el marco de la puerta. Se acerco a ella.

- Gracias – le sonrió.

- Pero aun falta algo – le dijo. Hiso que se diera vuelta mirando de nuevo hacia el espejo. Por el mismo vio como Zuko le quitaba el collar de su madre. Quiso decir algo pero el le gano diciendo – No combina – le dijo – Y después de quitarlo coloco otro en su lugar, era de una seda roja un poco más obscura, en el centro poseía una piedra circular tornasol en tonos amarillos, naranjas y rojos, le recordó el mosaico en aquella habitación del templo aire – Listo – le dijo.

Katara se llevo una mano al collar tocando el fino grabado que poseía – Es hermoso – le dijo mirando por el reflejo del espejo el hermoso collar en su cuello.

- Pertenecía a mi madre - Zuko vio la cara de sorpresa de Katara por el reflejo. Colocó sus manos en la cintura de ella abrazándola por la espalda – Lo encontré escondido en su habitación en esta casa. Recuerdo que la ultima vez que venimos Azula lo perdió – dejando salir un suspiro dijo - Era su favorito. Casi siempre lo llevaba puesto, y quiero que tu lo tengas.

Katara miraba el reflejo de ambos por el espejo. Cualquiera que los viera creería que eran una típica pareja de la nación del fuego. Sonrió por la historia del collar, no podía decirle que no. Zuko la veía como el hombre enamorado que era y ella le daba la misma mirada. Acercó su rostro al de ella y la beso.

Habían pasado un par de días sin que la hubiera besado y sentía que no podía vivir sin sus labios, Katara coloco sus manos en el pecho de Zuko disfrutando del momento, ella también lo había estado deseando. Pero Zuko se separo de ella después de sentir el beso de manera más intensa, si seguían así muy pronto comenzarían a hacer otras cosas, y estando cerca de sus amigos no era buena idea llevar acabo tales muestras de afecto.

- Estaré en el patio con Aang - dijo Zuko al separarse de ella.

- Esta bien – le respondió. Katara entendió, sin necesidad de palabras el por que se separaba terminando el beso. Ella también había sentido ese impulso de querer hacer algo más, de demostrarse de otra manera su amor, pero no era correcto hacerlo. Hasta el momento nadie sabia de su relación y ambos preferían mantenerlo así – Yo ya termine de curar a Sun Hee, iré a dar una vuelta a la playa.

- No creo que…

- No te preocupes – le interrumpió ella adivinando sus pensamientos – Ayu me compro también esto – Tomo el sombrero Nón Lá que le trajeron y se lo puso – Creo que con esto puedo pasar desapercibida ¿No crees? – le dijo con una sonrisa.

Zuko le devolvió la sonrisa, se veía adorable con el sombrero, solo le advirtió que tuviera cuidado, de igual manera la playa estaba sola. Se había asegurado horas atrás después de un recorrido que en las casas de los nobles y ricos que había ahí estaban vacías. Como había predicho solo los dueños de puestos y tiendas que vivían por siempre en la isla se habían quedado.

Katara salió gustosa a dar su paseo a la playa. Pudo ver como parte de ella había sufrido ligeros daños, las casas se mantenían intactas pero algunos de los muelles fueron destruidos. Estuvo caminando sin darse cuenta que había llegado a la misma playa donde unas semanas atrás estuvo por primera vez. Se sentó en la arena y miro como el sol descendía haciendo que varios colores en naranjas rosas y lilas se fueran formando en el cielo, también pudo ver como un par de nubes amenazadoras de lluvia iban cubriendo el cielo. Decidió que era momento de regresar. Al levantarse vio con sorpresa a una persona que no creía volver a ver.

De pie y a unos metros frente a ella estaba Mai.

Desde que habían escapado de la prisión de su tío Mai y Ty Lee sabia que Azula no se detendría hasta encontrarlas. Pero Mai era más astuta que su amiga y podía pensar casi igual que ella. Lo primero que haría Azula seria pensar que ellas también huirían junto con el avatar, o que irían a un lugar en el reino tierra. Pero no era así, en el momento en que subieron al barco de su tío ella ya había pensado en un destino, en un lugar donde estaba segura que Azula nunca las encontraría. La Isla Ember. Por lo que había escuchado desde que la maestra agua había salvado la isla de su hundimiento esta había quedado sin visitantes y las familias de ahí regresaron a sus casas en la capital. Cuando llegaron la isla estaba prácticamente sola.

Desde que había llegado no dejaba de pensar en la maestra agua y en Zuko, ella pensó por un momento que si ella ya no estaba, podía tener una oportunidad con Zuko. Dejando pasar el tiempo poco a poco podía ganarse su corazón, pero las acciones de él la hicieron pensar diferente. En el instante en que se entero por medio de su tío que estaba en la roca hirviente fue rápidamente hacia allá. Por desgracia Azula también se había enterado y no tuvo de otra más que ir con ella.

Cuando llegaron fue la misma Azula fue la que le dijo que hablaría con Zuko para obtener información, mientras que ella se encargaría de buscar a sus amigos. Sabia que si Zuko estaba ahí no seria por que se dejo atrapar, no estaba solo. Y ella se encargaría de buscar a sus nuevos amiguitos.

Mai deseaba saber la verdad. El verdadero motivo por el que Zuko había tomado tan estúpida decisión. Aunque en el fondo deseaba que no fuera lo que ella pensaba. Pero conforme fue hablando con Zuko se entero que efectivamente había actuado por ella. Cuando hiso la pregunta más importante ella apareció. La maestra agua estaba viva. Su sorpresa había sido grande y se decepción también cuando los vio a los dos salir de la celda.

Cuando por fin logro salir de la prisión de hielo en la que se encontraba atrapada corrió inmediatamente al único lugar donde podrían estar. Se dirigió a la azotea. Ahí con sorpresa vio como Zuko y la maestra agua se enfrentaban a Azula y los otros a Ty Lee en los techos de los ferri pero su corazón dio un gran salto cuando se entero que cortarían las cuerdas. Miro de nuevo hacia el ferri y vio a Azula y a Ty Lee saltar al otro ferri que venia en camino dejando a Zuko y a los demás en una muerte segura. No podía soportarlo, no podía verlo morir. Ella lo amaba. Sin pensarlo atacó a los guardias y los ayudo a escapar.

Su tiempo en la isla la hacia recordar ese escena una y otra vez, pero siendo como es y en compañía de Ty Lee, quien demostró ser una gran amiga para ella pudo hacer que superara su mal de amores. Como cada tarde salía a pasear por la playa, siempre sola y sin la molestia de que hubiera gente en la playa le resultaba mas agradable. Pero en esa ocasión vio una figura sentada en la arena mirando hacia el mar. Conforme se fue acercando se dio cuenta que era una mujer, su falda y cabello lo demostraban aunque su sombrero no dejaba ver su rostro no le dio importancia, seguiría con su paseo. Amenazaba con llover.

Al notar que la mujer se levantaba no pudo evitar voltear a verla, pero grande fue su sorpresa al reconocer a aquella mujer.

La maestra agua.

Katara no sabia que decir, estaba impresionada de ver a Mai, ciertamente no se lo esperaba y ella tampoco. Ambas se quedaron de pie una frente a la otra. Quiso decir algo pero las palabras no salían. Vio como Mai continuaba con su camino dejándola a ella solo con su cara de asombro.

- Espera – le dijo Katara, cuando Mai se detuvo le dijo – Quería darte las gracias por tu ayuda en la prisión – después agregó – Me alegra que estés bien.

Mai sin voltear a verla le dijo – Ambas sabemos por que lo hice. No es necesario que me des las gracias.

- No entiendo…

- En esta misma isla – le corto Mai volteando a verla – tu nos salvaste la vida, solo te estaba devolviendo el favor - aunque su primer instinto fue por ayudar a Zuko también lo había hecho por ella - No me gusta deberle nada a nadie - termino de decir.

Por extraño que le pareciera Katara podía entender que era verdad pero, sentía como si a Mai le molestara algo.

Mai estaba molesta. ¿Qué hacia ella ahí? ¿Por qué estaba en la Isla Ember? Pero después calló en la cuenta de que si ella estaba ahí también lo estaría su grupo de amigos junto con el avatar y… Zuko. Al parecer no era única con la idea de esconderse en la Isla. Al verla recordó también lo que Zuko le contó en la prisión entonces comenzó a querer aclarar ciertas dudas respecto a ella.

- ¿Por qué lo hiciste? – le pregunto después - ¿Por qué nos salvaste de esa ola?

Se sorprendió de que le preguntara eso, pero le respondió con total sinceridad.

- Por que era lo correcto.

- ¿Lo correcto? – repitió Mai – Lo correcto hubiera sido que aprovecharas ese momento para escapar no para salvarnos. ¡Nosotros no te debíamos nada!

Pudo notar un cambio en la actitud de Mai, con el poco tiempo que estuvo conociéndola se dio cuenta que era fría, pero en esos momentos se veía algo molesta y a la defensiva.

- Te perseguimos a ti y a tus amigos, peleamos contra ti – continuaba Mai – lo menos que podrías habernos hecho era dejarnos ahí para nos ahogáramos.

- Yo no… lo veo así Mai – le respondió con calma – aunque ustedes nos estuvieron persiguiendo en el pasado, yo… no podía simplemente dejar que murieran de esa manera.

No lo podía creer. Mai estalló.

- ¿Cómo puedes ser tan hipócrita? – Katara la miro confusa pero no muy feliz por sus palabras – ¡La nación del fuego te hiso daño! ¡Atacó tu tribu! ¡Te quito a tu madre.

La lluvia comenzó a caer.

- Mis razones ya no importan Mai – le corto Katara molesta por las palabras de ella – Admito que la nación del fuego me hiso mucho daño en el pasado pero ahora las cosas son diferentes, decidí desde hace mucho tiempo que no tomare venganza por lo que me hicieron y no tengo por que odiar a cada ciudadano de la nación del fuego por ello.

- ¿Y si te dijera quien fue el que mato a tu madre?

Los ojos de Katara se abrieron con sorpresa sin creer las palabras que acababa de escuchar.

- ¡Mai! – Ty Lee se acercaba a ellas. Al empezar a llover había ido a buscar a Mai. Al estar cerca de su amiga vio con sorpresa al reconocer a quien estaba con ella – ¡Katara! – dijo con sorpresa y alegría ajena a la situación en que Mai y la maestra agua se encontraban.

Mai mantenía su mentón alzado y Katara la miraba con extrañeza. Cuando se dio cuenta del aura de ambas chicas se detuvo en medio de ellas, de nuevo se hallaba en esa situación, de cierta forma le recordó al enfrenta miento que tuvo Mai con Azula.

- ¿A que te refieres? – dijo Katara sin prestar atención en Ty Lee.

- Ya te lo dije. Se quien lo hiso – aseguró - ¿Estarías dispuesta a tomar venganza por su muerte? ¿0 seguirás con tu idea de no odiarnos?

Katara no dijo nada, la lluvia la empapaba pero no le molestó, miraba con desconcierto a Mai. Había tocado un tema muy delicado para ella, quiso tocar su collar pero recordó que no estaba ahí, Zuko se lo cambio por el collar de su madre, el pensar en él logro calmarse un poco.

- Me tiene sin importancia – dijo finalmente dándose la media vuelta para de ir de regreso hasta la casa donde todos se encontraban.

- Su nombre era Kya ¿cierto? – Katara detuvo su paso – Tenia el cabello castaño y ojos Azules – se dio la vuelta para mirar a Mai.

- ¿Mai? – Ty Lee miraba con miedo como su amiga le decía esas cosas a la maestra agua, sabia que algo no iba bien.

- ¿Cómo sabes todo eso? – le pregunto Katara.

- Por que fue mi padre quien mató a tu madre.

La sorpresa fue grande.

- Fue la última misión de mi padre antes de dejar su cargo en el ejercito - comenzó a contar - Escuche una conversación entre mi padre y mi tío cuando era niña. Dijo que se había encargado de la última maestro agua de la Tribu del Sur.

- Detente.

- Supongo que mintió para protegerte. ¿Sabes lo que le dijo a mi padre? Que podían llevarla como prisionera. ¿Pero adivina que?

- ¡Basta!

- ¡Ese día no llevarían prisioneros!

- ¡YA BASTA! – termino de gritar Katara entre el dolor y el odio. El mar se movía con ferocidad. Las olas golpeaban con fuerza los peñascos y las rocas.

- ¡ADMITELO! – grito Mai – ¡ADMITE QUE NOS ODIAS! ¡QUE DESEAS MATAR A QUIEN MATO A TU MADRE! ¡QUE DESEAS TOMAR VENGANZA!

- ¡NO! – Grito con furia Katara.

En ese momento la lluvia fue paralizada. Las gotas se detuvieron antes de caer a la arena Ty Lee miraba con asombro el poder de la maestra agua incluso Mai. Katara se dejo caer al suelo con lagrimas en sus ojos. Lloraba amargamente al recordar el terrible día en que le fue apartada su madre de su vida.

- Dime Mai – dijo Katara después de un momento y de manera calmada pero se podía ver dolor en sus palabras – ¿Qué ganaría yo con eso?- Mai la miraba dudosa - Mi madre no regresara si tomo la vida de tu padre - se puso de pie y mirandola de le dijo - Solo me convertiría en alguien igual a él.

Mai no dijo nada, pido ver su dolor y de cierta forma se arrepintió de haberlo provocado - ¿Me estas diciendo que no lo odias? - le dijo - ¿Que no quieres vengarte por lo que le hizo a tu madre?

- Yo decidí perdonarlo y dejar ir mi sufrimiento en lugar de permitir que me pudriera por dentro – después de decir esas palabras Katara toco el collar en su cuello, después dejo salir un suspiro, la lluvia comenzó a caer de nuevo y sintió como las suaves gotas limpiaran su alma agregó - Es difícil perdonar a las personas Mai, pero es más difícil olvidar el dolor que nos causaron, yo ya no vivo con dolor - Antes de darse la vuelta le sonrió a Mai que no pudo más que quedar impresionada por ese gesto hacia ella.

Ty Lee corrió hasta donde estaba Mai y la abrazo. Ambas vieron como se alejaba la maestra agua.

Desde lo lejos Zuko observó todo.

Al llegar a la casa, Katara extrajo toda el agua de su ropa secándola en el instante, hiso mismo con su cabello. Se dirigió a donde estaban todos, en el comedor. Ayu serbia la cena. Sokka peleaba con momo por unas frutas mientras que Suki se reía de él. Toph y Sun Hee platicaban del metal control, Aang y Zuko conversaban de las nuevas técnicas de fuego control. Se sentó al lado de Sokka quedando frente a Zuko y Aang. Él al verla le sonrió. Ella también lo hiso. Jamás se arrepentiría de sus decisiones, no odiaba a la nación del fuego, los había perdonado hace dos años cuando ayudo a esos soldados y ahora que amaba a Zuko se sentía en paz consigo misma. La decisión había sido muy difícil y olvidar no le fue fácil pero al enfrentarse a Mai se dio cuenta que ya no cargaba con el dolor de la perdida de su madre. Le ayudó a darse cuenta de eso. Disfruto de esa cena con mucha tranquilidad y alegría.

Mai y Ty Lee se encontraban en la casa de Lo y Li. Fue la única en la que pudieron entrar sabiendo que no serian descubiertas por sus dueñas pues se hallaban en la capital. Mai se hallaba sola en la casa, Ty Lee había ido a comprar la cena en uno de los puestos de la isla. Cuando todo se obscureció no le importo verse rodeada de obscuridad, no prendió ni una sola lampara. Se encontraba acostada en su cama pensando en lo que había pasado. En la maestra agua. Se volteo y al mirar hacia una esquina vio una figura entre las sombras.

¿Quién esta ahí? – pregunto poniéndose en posición de ataque tomando una de sus cuchillas en su mano.

El extraño salió a la poca luminosidad que había en la habitación. Mai lo reconoció.

- Zuko…

Su corazón latió con fuerza al verlo y la forma en que la miraba le dejaba ver que él no estaba muy feliz.

- ¿Por qué lo hiciste Mai? – le pregunto.

Ella bajo la mirada. Debía de suponerlo, él no venia a verla a ella, venia a preguntar sobre la maestra agua. Sabia a lo que se refería.

- Viste todo ¿verdad?

- Así es – le dijo con seriedad.

Mai se levanto de la cama – Solo quería aclarar las cosas, es todo – le dijo sin mas. Zuko no parecía muy convencido y le dijo – No are nada si eso estas temiendo, como ella dijo perdono a mi padre, así que no tengo que preocuparme de que valla a matarlo un día. Aunque eso no signifique que se lo merezca.

Zuko guardo silencio, le bastaba con esa respuesta. Mai no tenia la culpa de nada así que le pareció demasiado extraño todo lo que dijo a Katara. Se sintió orgulloso y un fuerte alivio cuando ella le dijo el por que no tomaría venganza. Definitivamente su corazón era mas noble de lo que él creía. Pero no estaba de acuerdo con lo que Mai había hecho. Sin embargo ya no quedaba más por decir. Solo quería saber sus intenciones y aunque no le respondió de una manera muy clara podía confiar en que ya no haría mas. Decidió salir de ahí. entonces Mai lo detuvo con una pregunta.

- ¿Qué piensas hacer cuando todo esto acabe? – le dijo.

Zuko no entendía el por que de la pregunta pero le respondió de igual manera.

- Arreglar los errores de mi padre y de la nación del fuego.

- No me refería a eso – le dijo Mai seriamente – Me refiero a la tuyo con ella.

Se sorprendió de sus palabras.

- ¿Qué…?

- No soy tonta – le corto – Se que la amas. Lo que te preguntaba era que pensabas hacer respecto a ella cuando esto termine.

Entendió sus palabras y sin vacilación dijo.

- La convertiré en mi esposa.

- Sabes que no te lo permitirán – le dijo ella – los consejeros y los sabios no permitirán que te cases con una extranjera y mucho menos que la conviertas en la señora del fuego.

No pudo escuchar respuesta por parte de él pues Ty Lee acababa de llegar.

- Mai, ya llegue. ¿Por qué todo esta tan obscuro? – dijo mientras entraba a la habitación.

Mai volteó hacia Ty Lee y después de verla desvió de nuevo la mirada hacia donde se encontraba Zuko pero él ya no estaba. Segundos después Ty Lee encendió una de las lámparas iluminando la habitación.

Zuko entro por la cocina donde se encontró a Katara preparando té, al verlo se impresiono bastante.

- ¿Zuko?... ¿Por qué estas todo empapado? – Katara pensaba que Zuko se encontraba dormido desde hace horas o haciendo movimientos de relajación o quien sabe que, pero jamás pensó que estuviera afuera en medio de la lluvia. Quiso preguntarle algo más pero sus labios fueron sellados por los de él.

No había podido evitar besarla. La amaba, la amaba demasiado. Las palabras de Mai lo siguieron durante todo su camino de regreso. Egoístamente había pensado solo en él y nunca en lo que pasaría en el futuro y Mai se lo había recordado. Eran tan diferentes, aunque tratara de negarlo sabia que un futuro con Katara no seria fácil de lograr, conocía las trabas y complicaciones que le podían poner una vez que se convirtiera en el señor del fuego si la elegía como su esposa y en ese instante cuando llego a la casa y la vio, toda su preocupación lo dejo. Katara era suya y no la dejaría ir.

Tomo sus labios con necesidad, con pasión y no le dio descanso hasta que sus pulmones exigieron aire. Sin perder mas tiempo la tomo de la mano y la llevo atreves de la obscuridad por los pasillos de la casa a una de las habitaciones más alejadas de donde se encontraban los demás. Al entrar cerro la puerta y continuo con lo que había comenzado.

Katara no dijo nada ni opuso resistencia, ella también lo deseaba y en esos momentos el instinto venció a la cordura. Zuko comenzó a besarla con más intensidad, mientras lo hacia comenzó a desvestirlo, la primera prenda en caer fue su camisa y sin pudor continuo con sus pantalones. Zuko sintió que le debía devolver el favor a Katara. Le dio la vuelta y comenzó a desabotonar su blusa. Después dejo caer su falda. En esta ocasión no quemo su ropa interior, si no que disfruto el desenvolverla y dejar al final descubierto su pecho. la cargo aferrando las piernas de ella en su cintura y la llevo a la cama que había ahí. El polvo no les impidió que se acostaran en ella y continuaran con su demostración de amor.

Besaba sus pechos y succionaba el delicado botón en la cúspide de los mismos. Katara tuvo que llevarse una mano a su boca para reprimir su canto placentero, su piel ardía donde él besaba y ella no deseaba otra cosa que convertirse en cenizas bajo su fuego. Comenzó a descender con su boca besando su estómago y su vientre. Tomo la última prenda que cubría su cuerpo y comenzó a retirarla. Al llegar hasta sus pies se dedico a quitarle sus sandalias, Katara levantó su pierna para que lo hiciera con mayor facilidad, al quitarle la última Zuko comenzó una cadena de besos que comenzaron en su pie. Se pregunto por que su piel era tan suave. Beso sus pierna su rodilla y la parte interna de su muslo. Katara sintió como poco a poco continuaba acercándose a esa parte intima de ella.

- Zuko… - quiso protestar pero su voz fue callada cuando el llego ahí. A su centro de mujer y las palabras dejaron de salir de su boca para que solo pudieran dejarse escuchar pequeños y suprimidos gemidos.

El deseaba hacerla suya completamente. Demostrarle que solo le pertenecía a él y a nadie más, que sin importar lo que él futuro les deparara jamás se separaría de ella por que ahora le resultaba imposible. Era adicto a su piel, a sus besos, a su sabor y nunca seria apartado de su nueva adicción. Disfrutaba con deleite como ella se movía bajo aquel intimo beso que le estaba dando. También noto como se llevaba su mano a su boca para evitar dejar salir un grito de placer. Pero a él también le estaba causando estragos su acción. Su excitación se volvía más grande a cada instante y cuando no pudo más dejo su placentera tarea para adentrarse en ella. Se quito su última prenda y la poseyó.

Entro con cuidado pero una vez dentro de ella los instintos lo gobernaron y comenzó el ritual mas placentero que jamás había tenido. La primera vez había sido algo increíble pero ahora el mandaba, el dirigía el ritmo. Observaba con deleite como los senos de Katara se movían al vaivén de sus embestidas. Y en mas de una ocasión tuvo que poner su mano en la boca de ella para evitar que sus crecientes gemidos hicieran eco en toda la casa.

Katara no cabía de placer sentía que moriría por ello. Zuko la estaba poseyendo sin tregua. El que el estuviera sobre ella, de alguna manera la hacia sentirse suya. En mas de una ocasión se besaban con intensidad sin que él detuviera de sus movimientos, pero sus besos se veía interrumpidos por los gemidos de ambos. En un punto sintió que su ritmo se volvía más profundo y rápido. Su espalda se arqueo y sus contracciones hicieron que él se viera envuelto en un inmenso placer, ambos culminaron.

Zuko quedo sobre ella apoyando sus brazos en la cama. Respiraba agitado, una fina capa de sudor los cubría a ambos. Por una extraña razón temblaba. Katara llevo sus manos alrededor de su cabeza y lo acerco a ella, beso su frente delicadamente y dejo que descansara sobre su pecho.

No la dejaría ir. No los separarían. Haría hasta lo imposible para estar junto a ella.


Esta historia ya casi se acaba ... (^-^)...