Capitulo XIII
CRUZADA
Ozai partiría en la flota conformada por los dirigibles para presenciar y llevar acabo el mismo la destrucción del viejo mundo y crear uno nuevo desde sus cenizas autoproclamándose el Rey Fénix. Antes de partir había dejado en claro que la persona que le sucedería como señor del fuego, seria Azula. Ese día, la llegada del cometa seria su coronación.
No podía sentirse más satisfecha. Venció a su hermano, su sueño se haría realidad, su padre controlaría el mundo y ella seria el señor del fuego. Con satisfacción recibió la noticia y se preparaba para su gran momento.
Las criadas limpiaban y cepillaban su cabellos, limaban sus uñas y otra sus pies. Una última sostenía un bol con cerezas las cuales comía de vez en cuando. Si iba a convertirse en el señor del fuego debía verse bella. Tomo una cereza y al masticarla sintió algo en sus dientes. Lo escupió en su mano.
- Dime ¿Que tengo en mi mano? – le pregunto a la chica que sostenía el bol.
- Un hueso de cereza princesa – le respondió tímidamente.
- Correcto – le dijo - ¿Y que día es hoy? – el tono de voz que usaba Azula solo ponía mas nerviosa a la pobre criada.
- Es el día de su coronación.
- Si así es – exclamo seriamente - Entonces dime ¿Por qué el día mas importante de mi vida decidiste dejar un hueso en mi cereza? – le dijo mientras le aventaba el hueso a la cara.
- No fue mi decisión – se excuso – fue un pequeño error.
- ¿Pequeño error? – repitió Azula disgustada - ¿No te das cuenta de lo que hubiera pasado si no lo hubiera sentido a tiempo?
- Supongo que… ¿Se habría ahogado? – respondió con mucho temor y nerviosismo. Las demás chicas observaban como la princesa se molestaba a cada segundo.
- Si. Entonces entiendes la gravedad de tu crimen.
El corazón de la chica se detuvo. Bajo el bol y e hiso una reverencia en el suelo pegando su frente al mismo.
-Lo entiendo princesa, por favor perdóneme – le dijo tratando de ocultar su evidente miedo.
- Oh esta bien – dijo Azula satisfecha del ruego de la chica – Ya que este es un día especial, mostrare misericordia – la chica soltó un suspiro de alivio - ¡Estas despedida! – grito después Azula - ¡Deja este palacio de inmediato! – le ordenó. Con la cabeza baja y sin darle la espalda se retiró. Después ordeno a las demás que continuaran con su trabajo.
Al finalizar con su sesión de belleza se dirigió al salón del trono que ahora era suyo. Tomo su lugar en el centro, en lugar de llamas rojas había llamas azules. Había tomado la decisión de realizar una limpieza en el palacio.
- ¿Todo esta bien princesa? – los guerreros Dai Li habían sido llamados.
- ¡De hecho nada de esto esta bien! – les dijo molesta - ¿Saben cuanto se demoraron en llegar aquí?
- Unos minutos supongo – respondió el líder de los Dai Li sin comprender la actitud de la princesa hacia ellos.
- Cinco para ser más precisos – declaro - Y en ese tiempo un asesino puede entrar, acabar conmigo y ¡Salirse con la suya!
Mis disculpas princesa.
- ¿Es así como trataran a su nuevo señor del fuego? – les reclamo molesta – ¿Con tardanza y deslealtad?
- ¡El Dai Li jamás la traicionaría! – dijo ofendido.
- Apuesto a que le dijiste lo mismo a Long Feng antes de que lo traicionaras y te unieras a mi – le echo en cara - ¡Están despedidos! – les gritó.
- Pero…
- ¡Adiós! – termino de decir callándolo. Con disgusto los guerreros salieron de la sala.
Todo ese día Azula se la paso despidiendo a todos los sirvientes y guardias del palacio hasta que no quedo ninguno.
- Azula – Lo y Li entraban a la sala – Ya sabemos lo que paso.
- ¿Por qué has despedido a todos tus sirvientes? – dijo la otra.
- A tus agentes Dai Li.
- Y a los maestros fuego imperiales.
- Ninguno es confiable – expreso la princesa – tarde o temprano todos me traicionaran. Cómo lo hicieron Mai y Ty Lee – termino de decir con rencor.
- Azula estamos preocupadas por ti y tu bienestar – dijeron al mismo tiempo.
Pero Azula no encontró mas que disgusto y desconfianza en esas palabras.
- ¿Mi padre les pidió que vinieran a conversar conmigo? – les dijo – El cree que no puedo con la responsabilidad del señor del fuego. Pero seré el mejor líder que esta nación puede tener – declaró con seguridad.
- Seguro lo serás pero considerando todo lo que paso hoy…
- Tal vez sea mejor que pospongas tu coronación – sugirieron.
- ¿¡Qué!? – dijo indignada – ¿¡Cual de ustedes dijo eso!? – las hermanas se apuntaron una a la otra – Que lastima dijo Azula, solo hay una forma de resolver esto – y divertida dijo – deben combatir entre ustedes ¡Les ordeno que peleen en un Agni Kai! – termino de decir.
- Pero… no somos maestros fuegos – declararon ambas hermanas por la orden de la princesa.
- De cuerdo esta bien. Lo estas despedida – dijo señalando a Li – Li te puedes quedar – dijo señalando a Lo y se marcho de ahí dejando a ambas hermanas dudosas sobre quien se iba y quien no.
Ahora se hallaba sola, mientras se arreglaba para su coronación, pero no le importaba. Prefería estar sola que acompañada de traidores. Ella siempre estuvo sola.
Trataba de arreglar su peinado pero simplemente no podía y en un arranque de furia corto mechones de su cabello. Se sintió satisfecha y se miraba con gran orgullo en el espejo, pero la imagen que reflejaba no era la de la princesa segura y confiada, la de gran poder, si no una versión retraída y paranoica de ella misma.
-Que lastima, siempre tuviste un cabello hermoso…
Azula miro por el espejo el reflejo de su madre detrás de ella.
- ¿Qué estas haciendo aquí? – le preguntó con molestia.
- No quería perderme la coronación de mi propia hija.
- No finjas estar orgullosa – le reclamó – Se lo que piensas de mi. Crees que soy un monstruo – dijo tratando de ocultar su dolor de aquellas palabras.
- Creo que estas confundida – le respondió su madre – Toda la vida has usado el miedo para controlar a las personas como a tus amigas Mai y Ty Lee.
Azula exploto al escuchar el nombre de sus amigas traidoras.
- ¿¡Qué otra opción tengo!? – le grito – Confiar es de tontos. El miedo es la única forma confiable. Incluso tu me temes.
- No, yo te quiero Azula. En verdad.
Las palabras del fantasma de su madre no las podía creer. Nadie jamás le había dicho que la quería en mucho tiempo y le costaba creerlo. Con desesperación tomo el cepillo y lo arrojo al espejo mientras lloraba.
El cielo estaba obscurecido y el cometa dejaba un rastro naranja a su paso. Appa se acercaba a la ciudad imperial.
- ¿Cuándo darán el golpe tus amigos? – pregunto Zuko.
- A estas alturas ya deberían de haber tomado la ciudad. Harán todo en secreto para que Azula no se entere. Ayu me dijo que las últimas noticas departe del palacio era que tu padre iba a dirigir personalmente la flota y el ataque contra el reino Tierra.
- Solo espero que Aang pueda lograrlo – expreso Zuko.
- Lo hará - dijo Katara.
Ambos se miraron. Zuko se sentía feliz de que una mujer como Katara lo amara y de que él se hubiera enamorado de ella. Mirando atrás jamás lo hubiera creído o imaginado, pero si ese era su destino estaba más que complacido con él. Miro su cuello y ahí estaba el collar de su madre. Recordó las palabras de Mai, estaba cerca de convertirse en el señor de fuego y con ello conlleva grandes responsabilidades como la de encontrar una esposa y tener un heredero. El sabía lo que le esperaría, lo obligarían a casarse con alguna noble de la nación del fuego, pero él no podía pensar en otra mas que en Katara como madre de sus hijos.
Ella era un princesa, una guerra, era fuerte y sabía en su interior que haría perfectamente su papel como soberana de la nación del fuego. Ese era su lugar. Pero no podía asegurarlo del todo. Había prometido a su tío que traería estabilidad a la nación del fuego, pero si se oponían a su matrimonio con Katara solo traería problemas. Que difícil decisión.
- Katara – tenia que decirle que sin importar lo que sucediera el siempre la amaría y que haría lo imposible por lograr estar juntos en el futuro – Yo…
Pero fue silenciado por un beso. Ella lo sabia, sabia de sus preocupaciones no era tonta. Siempre supo que desde el comienzo lo suyo por más hermoso que fuera no podría ser. Ella era una princesa de la Tribu agua y él príncipe de la nación del fuego. Sus tradiciones y costumbres los habían separado desde un principio y ahora que el se convertiría en el señor del fuego no podía mas que ser un gran abismo entre ellos. Pero aun así, Katara lo había aceptado. Prefirió su momento de amor y dicha a vivir una vida de arrepentimientos. Se sentía feliz de haberlo tenido, de amarlo y sentirse amada aunque fuera por solo unos momentos, no se arrepentía. Pero también estaba segura de que nunca amaría a otro hombre como a él. Simplemente no podía.
Después de besarse no se dijeron nada. Con sus miradas podían decirse todo. Zuko la abrasó fuertemente después de eso. Pero sus preocupaciones debían esperar. Legaron a la capital de la nación del fuego. Ahora su destino era Azula.
Azula se encontraba de rodillas. Detrás de ella un sabio del fuego con la corona alzada en sus manos y detrás de él otros sabios eran los únicos testigos de la coronación del nuevo señor del fuego.
Por ordenes del Rey Fénix Ozai corono como el Señor del Fuego… - no pudo terminar la ceremonia.
- ¿Qué estas esperando? – le reclamo Azula molesta - ¡HASLO! - le ordenó, pero el anciano no se movió. Miraba hacia el frente.
Appa descendió frente a ellos dejando ver a Zuko y ha Katara sobre él.
- Lo siento hermana pero hoy no te convertirás en el señor del fuego – sentenció Zuko y después bajo de Appa.
Azula rio - ¿Y quien se convertirá en el Señor del Fuego? ¿¡Tu!? ¡No me hagas reír!
- ¡Ríndete Azula! – dijo Katara parándose al lado de Zuko.
– Oh miren ¿A quien tenemos aquí? supongo que tu quieres convertirte en la señora del fuego – dijo divertida mirando a Katara - ¿Quieres convertirte en el señor del fuego? – le dijo a Zuko - ¡Bien! Acabemos con este solo tu y yo hermano. La pelea que siempre debimos tener. ¡AGNI KAI! – gritó Azula.
- La tendrás – dijo Zuko con satisfacción.
Azula sonrió, ahora no solo seria el señor del fuego, tendría la satisfacción de matar a su hermano y demostrarle finalmente que ella era mas fuerte. Mejor día no podía ser.
- Zuko… - trato de hablarle Katara
- Lo se… pero confía en mi – le dijo – Hay algo extraño en ella. No se como explicarlo, pero es como si estuviera dispersa – la patética imagen de Azula demostraba que tenia razón. Había algo muy diferente en ella – Siendo así, no quiero que te lastime – dijo finalmente.
Katara solo asintió y se aparto para ver el combate entre los dos hermanos. Confiaba en Zuko, en ese año en que los estuvo siguiendo ella fue testigo de su creciente poder, ya no era el mismo maestro fuego que conoció aquella vez cuando llego al polo sur. Ahora era más fuerte. Mas maduro. El podría contra Azula, pero temía el alcance que pudiera tener ella.
- Siento que esto deba terminar así hermano – dijo Azula mientras se desasía de su capa.
- No es verdad.
Ella vacilo con sus movimientos como si fuera una muñecas descompuesta y después atacó. Una ola de fuego azul fue en su dirección y Zuko contraataco con la misma ola de fuego. Las llamas azules y rojas chocaron provocando una elevación entre ellas. El despliegue de poder que les daba el cometa era asombroso. Katara observaba con fascinación y temor el enfrentamiento.
El fuego salía desbocado de ambos maestros provocando incendios en los edificios cercanos, no podían vacilar, no podían dudar o seria el fin. Zuko se mantenía firme. Azula molesta por el alcance que podía llegar a tener su hermano lanzó una patada al aire y dejo salir todo su poder en la intensa llama dirigida a Zuko, pero el rompió el fuego fácilmente esparciendo las llamas. Azula se veía cansada y Zuko aprovecho para atacarla. Con miedo vio como el fuego se acercaba a ella ferozmente y apenas pudo lograr esquivarlo. Al hacerlo se dirigió con furia hacia su hermano y deslizándose con ayuda de sus llamas lo atacaba. Zuko desasía y rompía su fuego para después atacarla de igual manera. Azula giraba velozmente alrededor de él sin dejar de lanzar sus llamas, pero Zuko creaba una barrera de fuego impidiendo que así lo alcanzara sus ataques. Después girando sobre sus manos y lanzando sus piernas al aire lanzo varias ondas de fuego que detuvieron el andar de Azula provocando que se callera fuertemente rodando hasta lograr detenerse. Se levanto con dificultad.
- ¿No habrá rayos hoy? – Tentó Zuko. Podía ver el cansancio de su hermana. No era ella misma - ¿Qué ocurre? ¿Temes que los pueda desviar? – Le expresó.
Azula se molesto enormemente por lo que decía Zuko. La hacia ver débil. ¡ELLA NO ERA DEVIL!
- ¡TE MOSTRARE MIS RAYOS! – le grito y comenzó a sacar chispas de sus dedos de manera terrorífica.
Zuko respiro y tomo posición listo para recibir el ataque. No se atrevía a usar sus propios rayos, aun no lo controlaba del todo, preferiría desviar los de ella y usarlos en su contra.
Continuo moviendo sus brazos y las chispas alrededor de ella le indicaban que ya estaba lista. Pero Azula no vio a Zuko como su objetivo si no a alguien más. A cierta fastidiosa campesina que se encontraba lejos observando. Sin dudarlo apunto hacia ella y dejo salir su poder electrificante.
Miro con horror la dirección hacia donde había dirigido su ataque. Katara se impresiono al ver como era ella el objetivo de Azula. Pero antes de que pudiera hacer algo. Zuko se interpuso en el camino recibiendo todo el ataque. Logro atrapar el rayo y desviarlo antes de caer al suelo. Katara miro con horror como Zuko caía envuelto en estática, su corazón se detuvo ante la impresión, después de que calló al suelo vio como el se retorcía de dolor. El poder del rayo había sido grande y su cuerpo apenas pudo soportarlo.
- ¡ZUKO! – le grito con un fuerte dolor y preocupación.
Quiso acercarse a él pero Azula le envió un rayo que por poco la alcanzó. Reía desquiciadamente, Zuko tenia razón Azula estaba diferente no era la misma, parecía estar fuera de sus cabales y ahora se había convertido en su nuevo objetivo de ataque.
Esquivaba cada rayo que le lanzaba así como sus llamaradas. No era lo mismo combatirla ahora que se hallaba con la influencia del cometa, su poder había incrementado bastante y con falta de cordura la hacían más peligrosa, pero no se rendiría. Le hiso frente esquivando hábilmente uno de sus ataques, se protegió con un muro de hielo que ella rompió fácilmente con sus llamas pero al romperse el escudo Katara contraatacó, había quedado muy cerca lo suficiente para golpearla en el estómago, en ese instante siguió golpeando su cuerpo sin descanso. Hasta que con un último golpe haciendo uso de su agua control la mando a volar lejos. Azula cayo a uno de los techos de las edificaciones que rodeaban el atrio del palacio. Por un momento pensó que lo lograría, miro a Zuko y quiso ir con él pero un rayo le impidió el paso.
- ¡Maldita campesina! – le grito con furia y continuo atacándola. Enviando rayos y llamaradas en su dirección.
Corrió a refugiarse en los pilares. Pero no podía durar mucho tiempo ahí. Logro esquivar con dificultad una fuerte explosión donde se encontraba. Callo de rodillas sobre unas rejillas. Tenia que terminar con ella. Miro con asombro atreves de las rejillas como agua corría por debajo de donde ella estaba. Ahí tenia su solución para vencer a Azula. Levanto su vista y vio unas cadenas. Corrió hacia ellas.
- Te encontré sucia campesina – le dijo Azula.
Katara no se movió dejo que ella se acercara. Pero Azula sospecho y se detuvo. Envió un ataque de agua hacia ella para que se moviera, al esquivarlo Azula quedo sobre las rejillas y quedando peligrosamente frente a ella lanzó su ataque, pero instantes antes de dejar salir su fuego, Katara elevo el agua debajo de ellas envolviéndolas en una burbuja de agua inmovilizando a las dos.
Quedaron estáticas dentro de la prisión de agua, Katara exhaló rodeándose de burbujas que le permitieron moverse. Al hacerlo junto las manos de Azula sin que esta pudiera hacer algo al respecto, la hiso hincarse y amarro sus manos a la rejilla con la cadena. Una vez asegurada hiso descender el agua. Pudieron respirar finalmente.
Katara corrió inmediatamente hacia con Zuko. Estaba boca abajo con los dientes apretados del dolor. Lo volteó con cuidado. Miro en su pecho la quemadura en forma de estrella inmediatamente colocó agua sobre esa zona y empezó a curarlo.
- Por favor, por favor, por favor – se decía Katara, con lagrimas en los ojos. rezando que no fuera demasiado tarde. No podía verlo morir, no podría vivir sin él.
Los soldados se acercaron a ellos y los rodearon.
- Rápido – grito Azula – ¡Atrápenlos y libérenme! – les ordenó. Pero ninguno se movió ante las palabras de la princesa de la nación del fuego.
- Princesa ¿Se encuentra bien? – dijo el líder de los soldados imperiales dirigiéndose a Katara.
- Ayúdenme a llevarlo a dentro – les dijo. Inmediatamente los soldados cargaron con cuidado el cuerpo del príncipe. Y se fueron de ahí dejando a Azula rabiando por la traición de sus soldados.
Afuera de la habitación de Zuko se reunieron los almirantes, generales y demás que estaban en contra del señor del fuego, esperando con angustia algún noticia respecto al estado del príncipe. Una hora después salió Katara.
Al abrir la puerta se encontró con un rostro muy familiar para ella. El Almirante Qian.
- Princesa – le hiso un reverencia y todos los demás lo imitaron, Katara no se sentía digna de aquella muestra de respeto - ¿Cómo se encuentra el príncipe?
Su rostro se entristeció – He curado su herida, pero el no despierta – sus ojos se llenaron de lagrimas y sin poder soportarlo rompió en llanto.
El Almirante miro como a un padre a la princesa y sin poder resistirse la abrazó consolándola, ella lloro en su pecho. Los demás hombres veían con pena el sufrimiento de la princesa.
- El príncipe es un hombre fuerte – dijo Qian – ha pasado por mucho y no se rendirá. No ahora que tiene una razón muy importante porque vivir – termino de decirle viendo como el rostro de ella se calmaba. A esas alturas todos sospechaban del romance entre ellos. Pero Katara no entendió de esa manera sus palabras.
- Tiene razón - dijo un poco mas calmada - Zuko ahora se convertirá en el señor del fuego y es algo muy importante para él – el almirante supo que ella no entendió a lo que se refería – Por favor - les hiso una reverencia - ¡Ayuden a Zuko a restaurar el equilibrio y el orden en la nación del fuego! – les dijo con lagrimas en los ojos.
Todos los hombres estaban en shock, la hermosa princesa de la tribu agua del sur, la que inició todo. La que salvo la vida de ocho de los ahí presentes, la única que les dio el valor de levantarse contra el señor del fuego, quien salvo a la isla Ember y a sus habitantes poniendo en peligro su propia vida y ahora vencía a la indomable y temida princesa Azula. Les pedía reverenciándose humildemente ante ellos que la ayudaran a restaurar la paz.
No pudieron mas que sentirse orgullosos del corazón noble de tan maravillosa persona.
- Si me lo pide alguien tan hermosa como usted es difícil negarse – dijo uno de los generales haciendo que los demás sonrieran por le comentario.
Katara abrió los ojos con sorpresa. Los hombres ahí presentes la miraban con una sonrisa. El Almirante Qian coloco una mano sobre su hombro y le dijo.
- No tiene que pedírnoslo princesa, es por eso que luchamos.
Cuatro días después Zuko habría los ojos por primera vez.
Sintió una presión en su pecho y se quejo del dolor al tratar de incorporarse lo que hiso que mejor se resignara a quedarse acostado. Miro el techo y se le hiso muy familiar el dosel y las telas en rojo que lo cubrían. Miro a sus lados, reconociendo el lugar donde se encontraba, no había duda, estaba en su habitación. Se llevo una mano a su frente tratando de recordar lo que había pasado. Su pelea con Azula, el rayo que ella lanzó hacia Katara. Entonces lo recordó. Se llevo su manos a su pecho. Había sobrevivido. Con dificultad se incorporó y logro sentarse en su cama, vio los vendajes en su pecho y hombro. ¿Qué había pasado después de eso?
Se levanto y se coloco una bata, mientras lo hacia. Alguien entro a la habitación.
- ¡Zuko! – dijo Iroh con sorpresa de verlo despierto y de pie.
- Tío – dijo algo cansado, pero con una sonrisa en su rostro.
- ¡Estas bien! – dijo mientras lo abrazaba con fuerza, Zuko solo dejo salir un quejido de dolor por la muestra de afecto de su tío – Nos distes muchas preocupaciones muchacho – le dijo al separarse.
- ¿Cuanto tiempo estuve dormido?
- Hoy son cuatro días – le dijo.
La cara de Zuko era de desconcierto ¿Tanto tiempo? Se decía. Dejo salir un suspiro y la primera persona en quien pensó fue en Katara.
- Tío ¿Dónde esta Katara?
Iroh sonrió al escuchar que mencionaba a la princesa de la tribu agua, pero le dio la mala noticia.
- Ella regreso al Polo Sur.
Se impresiono por la notica que le acababa de dar. No podía creer que ella se había ido. Sintió un dolor en su pecho muy diferente al de hace unos momentos.
- ¿Por qué? – le pregunto con desconcierto.
- Uno de los seguidores de tu padre no pudo ser detenido y escapó junto con una armada de cinco barcos para atacar el Polo Sur a manera de venganza. Ella y sus amigos junto con el Almirante Qian fueron a detenerlos. Se fueron hace dos días – noto como el rostro de Zuko se relajaba pero no se veía feliz.
- Entiendo… - se sintió un poco triste. Podía entender por que se había ido. Pero no pudo evitar la melancolía de no verla.
- Ella te dejo esto – busco en sus bolsillos y de ellos saco un bulto envuelto en una fina tela roja, se la entrego a Zuko, la desenvolvió con cuidado y ahí encontró su collar, el collar Azul que había pertenecido a la madre de Katara – Dijo que entenderías.
Sí. El lo entendía.
A los dos días llego el Almirante Qian con el ministro de guerra que Zuko reconoció inmediatamente. Lo encarcelo por su osadía. Pero vio tristemente como había regresado solo. Ni Katara ni los demás lo acompañaron de regreso. Cuando pregunto por ellos le dijo.
- La princesa y los demás van a regresar para su coronación y para el tratado de paz entre las naciones.
Su tío le informo que como no sabían cuando despertaría por su delicada situación la coronación se aplazó pero todos estuvieron de acuerdo en regresar para la coronación del príncipe y aprovechando el momento se haría la firma de los tratados de paz.
Después de tanto deliberar el tiempo para llevar acabo su coronación Zuko deicidio que se haría en dos meses a partir de ese día. Era tiempo suficiente para poner las cosas en orden en la nación del fuego. Aun en contra de los deseos de muy pocos, Zuko se mantuvo renuente en su decisión.
Iroh no le reprocho su decisión, y sabia que su sobrino no corría peligro de algún ataque o algo así. Las personas que ahora estaban de su lado lo apoyaban incondicionalmente. Su lealtad hacia Zuko y los consejos que le daban sobre como actuar o que hacer en determinadas situaciones que se presentaban resultaron ser muy acertadas y buenas. Aquel grupo de hombres que sufrieron un cambio en su vida gracias a la maestra agua, seguían cumpliendo la petición que su muy preciada princesa les había pedido de todo corazón el día en que venció Azula. Se lo habían contado todo cuando llego a la capital.
Zuko Se dio cuenta que los aliados que estuvieron en contra de su padre se habían encargado muy bien de regresar a las tropas para traerlas de regreso a la nación del fuego, mientras que otras se quedaron para ayudar a refugiados y otros daños causados durante el día del comenta. Pudo identificar por fin quienes eran estos "aliados" se sorprendió que fueran personas de tan alto cargo. Había cuatro Almirantes, tres generales, dos de los ministros de guerra de su padre y tres señores que gobernaban las colonias conquistadas por la nación del fuego. Además del segundo al mando de los soldados imperiales, así como seis de las más prestigiosas familias de nobles.
Mantener en orden las cosas fueron mas fáciles de lo que pensaba. Los aliados eran mas que los recién obligados convencidos consejeros de su padre, por lo que las decisiones que Zuko tomaba era apoyadas inmediatamente por sus ellos, así como dar mejores opiniones o puntos de vista respecto a esas mismas decisiones. Gracias también a la ayuda de su tío que se quedo con él esos días, pudo entender más su función que le esperaría como señor del fuego.
Estuvo trabajando mucho. Todas las noches se veía envuelto en papeles que autorizar pero que por ahora debían esperar. Uno de los sabios insistía en que debía coronarse lo más pronto posible. Zuko se molesto tanto por su hostigamiento que recordó como el en pasado un sabio había ayudado al avatar a encontrase con Roku en el solsticio de verano. Inmediatamente ordenó su liberación junto con los demás sabios, Shyu agradeció por su liberación. Zuko le pregunto si era posible destituir al Alto Sabio ya que lo había fastidiado bastante. Shyu río por el comentario y le dijo que la orden de los sabios se dirige de manera independiente al dominio del señor del fuego. Pero que aun así, si se convertía en el señor del fuego podía tener la autoridad de destituirlo de su cargo si cree que no esta actuando conforma a la tradición manda. O los mismos sabios podían solicitar un voto de no confianza para quitarlo de su puesto.
Al menos vio que tenia solución. Le pidió que le diera una lista de los que estuvieran en contra del Alto Sabio para conspirar y quitarlo de su poder, sospechaba que era aún fiel a su padre y eso podría ser un gran problema en el futuro, especialmente en el futuro que el estaba planeando.
Otra de sus acciones fue liberar a los prisioneros de guerra que no habían contado con la suerte de ser ayudados por los aliados. Entre ellos los padres de Ayu y Zheng. Se enteraron que habían estado en la misma prisión donde estuvo Sun Hee y cuando el escapo había liberado también a muchos prisioneros.
El había dicho que era un metal control, pero que aun no lograba controlar bien su nueva habilidad. Zuko había pensado que le costaba trabajo realizar tal control pero resulto que su problema era en que no podía controlar las proporciones de su habilidad. Cuando había planeado liberarse derrumbando una de las paredes, termino por remover toda una sección a lo largo del batallón donde se encontraba liberando a veinte presos junto con él. El hundimiento se fue causando por accidente cuando derrumbo uno de los soportes principales de la estructura al hacerle un enorme hoyo en él. La familia de Ayu había logrado escapar ese día y se mantuvo oculta hasta que escucharon que el señor del fuego Ozai había sido derrocado. Con gusto y lagrimas se reunieron con sus hijos y de la misma manera otras familias regresaban a su hogar.
El descontento de algunos nobles no se dejo esperar. Veían como perdían parte de sus privilegios y como los "campesinos" ahora se posicionaba como gente de su misma clase. Zuko ignoraba todos esos reproches. Esas personas no hacían mas que velar por sus intereses y no les importaba que le pasara a los demás mientras estuvieran viviendo cómodos. No les quito privilegios como le hubiera gustado pero los mantenía advertidos que él no toleraría hostigamientos entre las familias de los nobles.
Los Soldados enfermos y heridos por la batalla comenzaron a llegar, y las peticiones de ayuda no pudieron ser ignoradas. Zuko envió una carta al Polo Norte solicitando que le proporcionaran ayuda enviando a algunos curanderos a la nación del fuego. Realmente esperaba que aceptaran aunque entendería si se negasen. Grande fue su sorpresa al recibir la respuesta diciendo que enviarían a veinte de sus mejores curanderos así como medicina y demás ayuda clínica, no pudo mas que enviar un barco por ellos en agradecimiento. Llegarían en tres días.
Iroh se encontraba en la sala de té del palacio. Habían pasado muchos años desde la última vez que estuvo ahí. Desde que había decidido acompañar a su sobrino en su exilio y su búsqueda del avatar. El había mandado a crear esa particular habitación que mas bien era un hermoso jardín.
Cada día los consejeros decían que Zuko actuaba como un buen líder y que después de su coronación no había dudas de que se convertiría en un gran gobernante. A pesar de ser muy joven, mostraba la disciplina y el entendimiento adecuado para su posición.
Bebía muy tranquilamente y gustoso su té sabiendo que su sobrino se hallaba en muy buenas manos y todo esto había sido logrado gracias a los esfuerzos tanto de su sobrino como de los hombres que confían en él. Podría partir a Ba Sing Se tranquilamente y abrir su tienda de té. Bebió gustoso.
- Tío – le hablo Zuko entrando al Kiosco
- Príncipe Zuko - no había notado cuando llegó - Descansa y toma un poco de té, este último mes has estado muy ocupado – le dijo con típica calma que siempre poseía.
- Para ti es fácil – le dijo mientras se sentaba y su tío le servía una tasa de té – Solo estas aquí descansando tranquilamente. Ahora entiendo porque no querías convertirte en el señor del fuego – le reprocho – no querías cargar con todo el trabajo.
Iroh sonrió por las palabras de su sobrino.
- Bueno debo admitir que ya no estoy en condiciones para hacerme cargo de todo eso. Tu eres joven y fuerte, yo ya estoy viejo y me canso con facilidad.
- Si, se te nota – dijo no muy convencido mientras bebía su té. Sabia que su tío era muy perezoso y gustaba de no hacer nada. Estaba mas que consiente que se hallaba en buena condición, pues él solo pudo escapar de la prisión, y también se enfrento a los soldados de la nación del fuego en Ba Sing Se. Eso de la edad solo eran puros inventos para no hacer nada. Pero aun así agradecía que pudiera estar ahí con él.
- Vengo a pedirte – continuo Zuko – Si pudieras ir a recibir el barco con los curanderos de la Tribu del Norte. Llegaran mañana.
- ¿Yo? – dijo un poco sorprendido – Pero fuiste tu quien escribió la carta solicitando su ayuda Príncipe Zuko. Lo correcto es que seas tu quien los reciba.
- Lo se. Pero simplemente no puedo. Tengo muchas juntas mañana, ya las había estado aplazado y no puedo postergarlas más. Por eso te estoy pidiendo a ti que lo hagas. Tu eres igual de importante que yo tío.
Iroh no pudo negarse, Zuko lo miraba como un padre y que lo representara en ocasiones de importancia como esas demostraba lo mucho que lo estimaba.
- Todo esta listo – le explicó Zuko - Se hospedaran en la parte norte del palacio. Los enfermos y heridos están siendo atendidos en el pabellón de enfermería así que estarán cerca de ellos en caso de una emergencia. Esperamos un total de veinticinco personas, veinte curanderos y cinco maestros agua. El barco llegara a puerto a media mañana. tío que no se te olvide.
- Ahí estaré - Vio como su sobrino se levanto para irse cuando le preguntó – ¿Has sabido algo de… Katara?
Zuko bajo la mirada – No tío, no he sabido nada – y se fue de ahí.
Iroh sintió un poco de pena por su sobrino. Recordó lo que paso con la maestra agua antes de ir por el ministro que amenazaba con destruir su tribu. Se encontraban en la habitación de Zuko. Ella estaba sentada a su lado mirándolo con el gran amor que se tenían. Iroh se sintió feliz de que su sobrino y la princesa se amaran como solo unos pocos son capaces de amar, pero también se sentía mal por la pena que ella pasaba de no saber cuando él iba a despertar. A pesar de que estaba a salvo. Zuko simplemente no despertaba.
- Por favor cuídelo – le dijo sin mirarlo, su vista estaba fija en Zuko - así como usted lo dijo. Zuko esta destinado a convertirse en un gran hombre y líder para la nación del fuego. Prométame que lo guiara en su camino - volteo a verlo.
- Lo dices como si fuera un adiós – le dijo al reconocer esa mirada en ella.
- Por que lo es – le dijo mirando de nuevo a Zuko.
- Yo pensé…
- Se cual es mi lugar - le dijo Katara sin despegar la vista de Zuko – cuando acepte mi compromiso con el príncipe Haack lo hice porque era lo mejor para mi pueblo. Pero rompí con él y puse en peligro la paz de mi propia tribu. Pude incluso llevarlos a una enemistad por mis acciones egoístas – después volteo a ver a Iroh - No quiero que eso pase aquí. Zuko debe restablecer el equilibrio de la nación del fuego y para lograrlo no solo bastara con sus acciones, si no también con las personas que lo rodeen y lo acompañen en su camino, ellos se convertirán en símbolos de esa nueva era – termino de decir.
Iroh se quedo sin palabras, ella no rechazaba a Zuko, lo dejaba ir para que pudiera lograr su destino. Ella no estaba triste ni adolorida. Se veía serena y tranquila. Supo reconocer esa mirada, ese tipo de mirada la poseían las personas que vivían por los demás, que se auto sacrificaban por el bien de otros sin importarles su propio bienestar. Aun así se sentían felices por esas decisiones.
Después vio como se acercaba al cuerpo durmiente de su sobrino y le depositaba un tierno beso en sus labios. Se separo de él y acercándose a Iroh le entrego el collar azul de su madre.
- Entrégueselo por mi, por favor. El lo entenderá – hizo una reverencia despidiéndose de él. Y se marcho.
¿Qué clase de persona era ella? la princesa de la Tribu Agua del Sur. Era capaz de no solo cambiar los corazones de los hombres si no también su destino. Un solo acto realizado por ella y había creado grandes cambios en el mundo. Y aun así. Ha dado tanto y recibido tan poco.
A la mañana siguiente Iroh estaba en el muelle principal donde solo los miembros de la realeza desembarcaban junto con una escolta de bienvenida esperando a los curanderos de la tribu agua. El barco llego y al dejar ver a sus recién llegados visitantes todos se quedaron sorprendidos de ver a los curanderos.
Un grupo de hermosas mujeres vestidas de azul bajaron del barco. Además de los cinco hombres que las custodiaban. Las primeras en bajar fueron Yugoda y Katara. Se sorprendió de ver a la maestra agua. Las dos mujeres eran las lideres y encargadas del gran grupo que traían. Se acercaron a Iroh.
- La nación del fuego les da la mas cordial bienvenida miembros de la Tribu Agua del Norte y Sur – aclaro al ver a Katara – Es un placer volver a verla princesa y déjeme decirle que se ve mas bella que la última vez – se dirigió a Katara.
- General Iroh por favor, llámeme Katara – le dijo con una sonrisa para después abrazarlo – permítanme presentarlos. General Iroh ella es Yugoda, mi maestra en curación.
- Es un placer conocerlo general Iroh – hablo Yugoda.
- El placer es mío – respondió.
Después de esa presentación el grupo fue escoltado hasta el palacio del señor del fuego.
- No sabia que tendría el placer de verte Katara, pensé que te vería hasta el día de la coronación de mi sobrino – le dijo Iroh.
- Eh… si – dijo un poco nerviosa – me encontraba en el polo norte cuando llego la carta de Zuko y me pidieron que viniera.
Iroh sonrió, si tan solo su sobrino no hubiera sido tan obstinado hubiera visto primero a Katara. Pero bueno, el se lo pierde.
Llegaron al palacio y el grupo de mujeres fue escoltado hasta donde serian sus habitaciones, todos los soldados y demás hombres que veían a tan encantador grupo no podían si no estar mas que anonadados de tanta belleza. En el grupo había mujeres entre los trece y los veintiún años. La mayor era Yugoda con sus sesenta y dos años y la más joven Juma con trece. Entre las mujeres se podía ver una variedad en tonos de piel, desde el mas obscuro a un tono de morena clara y sus ojos iban de un azul celeste a uno profundo como el océano. Los hombres que las acompañaban notaban con orgullo como miraban a las mujeres de su tribu.
Iroh las escolto a sus habitaciones y después las invito a un almuerzo de bienvenida, pero Yugoda se negó. Ellas ya habían comido en el barco y su misión ahí no era ser tratadas como invitadas de honor, iban a curar y los enfermos no esperaban. No le quedo de otra que llevarlas hacia el pabellón de enfermería.
La llegada de las hermosas curanderas causo gran revuelo en el palacio. Las quince mujeres se dedicaron todo el resto de la tarde a curar a soldados de diferentes tipos de heridas, habían desde infecciones estomacales, golpes, cortaduras y quemaduras entre otras. Cinco de ellas, las mayores, se dedicaban a realizar procedimientos mas elaborados como la restauración y cura de órganos internos, otras se especializaban en tratar huesos rotos y quemaduras y las más jóvenes en sanar molestares como infecciones, fiebres y dolores. Katara se encontraba en el segundo grupo y estuvo curando de quemaduras a cinco soldados. Por desgracias no podía dejar la piel a como estaba antes, quedaba una mancha rosa en el lugar, pero los soldados se iban más que contentos por las atenciones que recibían.
Los cinco hombres ayudaban no solo en proteger a las mujeres, si no en mantener quietos a algunos de los hombres que no podían estarse quietos por el dolor. En ocasiones resultaba imposible curarlos sin provocarles algo de daño, pero aunque gritaban y se quejaban al final terminaban contentos.
Su primer día fue muy largo y con gusto antes de caer el sol se retiraron terminando su jornada de labor. Habían logrado curar a un total de treinta hombres, lo que era un gran logro para su primer día.
Los doctores del palacio habían quedado fascinados por las habilidades de las curanderas y trabajando en conjunto con ellas lograron grandes resultados. No podían mas que sentir admiración y respeto hacia ellas.
Cansadas y hambrientas aceptaron gustosas el banquete que el general Iroh les había ofrecido esa mañana. Cenarían en compañía de el general, el príncipe y otros invitados importantes.
- Princesa - le pregunto Juma la menor de todas las curanderas mientras caminaban rumbo a sus habitaciones - ¿Es verdad que el príncipe de la nación del fuego es muy apuesto?
- ¿Qué? – dijo Katara asombrada por la pregunta.
- ¡Es cierto! – dijo Lavali la hermana mayor de Juma y de la misma edad de Katara – le pregunte a una de las sirvientas y me dijeron que era muy apuesto, que aunque tiene una cicatriz en su rostro, es muy varonil – termino de decir entre risas.
- Yo le pregunte a uno de los soldados si era un fuerte maestro fuego y me dijeron que si – hablo Hari otra chica de la edad de Katara - Pero después me dijo que él también era muy fuerte.
- Bueno podrán saberlo esta noche cuando lo veamos en el banquete - les dijo a todas.
- ¡Estoy tan nerviosa! – dijo Jume - ¡Conoceremos a personas importantes!
- ¡Me alegra tanto que haya traído mis vestidos de fiesta! – dijo Lavali.
Debía admitirlo ella también estaba nerviosa por ver a Zuko de nuevo, había pasado más de un mes desde la última vez que lo vio y no podía evitar sentir esa sensación en su pecho. Había pensado que lo vería cuando llegaron, pero solo vio a su tío, se sintió un poco decepcionada, durante toda la tarde también estuvo con una ligera esperanza de verlo, pero tampoco fue así. ¡Que ridícula! El ahora tiene asuntos más importantes que atender, se convertiría en el Señor del Fuego y andar visitando los pabellones de heridos no era algo en lo que debía perder el tiempo. Lo vería en el banquete, ella era ahora una simple invitada no tenia por que esperar un trato especial por parte de él.
Una sirvienta se dirigió a Katara mientras estaba conversando con las chicas y las demás caminado hacia las habitaciones para prepararse para el banquete.
- Princesa – dijo la mujer haciendo una reverencia - por ordenes del general Iroh me ha pedido que la escolte a su nueva habitación.
Las chicas miraron con asombro a Katara.
- Pero… es que…
- Ve Katara – le dijo Yugoda – El señor Iroh se tomo la molestia de preparar una habitación para ti y como Princesa y representante de la Tribu Agua del Sur no puedes rechazarlo.
Katara se sentía muy cansada como para ponerse a alegar por lo que acepto no de muy buena gana ¿Dónde quedo el "no estamos aquí para ser tratadas como invitadas de honor"? La maldita habitación estaba hasta el otro extremo del palacio. Y por alguna razón comenzó a hacerle un poco familiar aquella parte por donde andaban. Noto también que todas personas que se topaban con ella le hacían una reverencia, tanto soldados como criados y se dirigían a ella como princesa. Se detuvo frente a una puerta y la mujer la abrió gustosa.
La habitación era sorprendente. Era muy grande más que la anterior donde estuvo prisionera. Estaba decorada con tapices y cortinas en azul, turquesa y blanco. Su cama era ridículamente grande cubierta de sabanas azules con bordados en flores, el dosel era blanco y poseía un hermosa vista a los jardines.
- Sus cosas ya están guardadas, ¿Desea que haga llamar a una muchacha para que le ayude a arreglarse?
- No, pero quisiera saber por qué estoy aquí.
- Usted es una de las invitadas de honor del príncipe Zuko. Y se nos ordenó que durante su estancia en el palacio estaríamos a su entera disposición- le dijo sonriente la mujer – El baño esta listo y en una hora vendrán a escoltarla al lugar del banquete.
- Gracias – le dijo Katara.
La mujer antes de salir le dijo – Me alegra mucho que este aquí Princesa, Gracias por todo lo que ha echo por nosotros.
La gran sonrisa de sinceridad y gratitud de la mujer solo hiso que Katara se sintiera feliz, pero no entendía el por que le había dado las gracias por lo que había echo, supuso que se refería a su ayuda con los enfermos.
Sin perder mas tiempo se dedico a disfrutar de su baño tranquilamente, tuvo un día largo después de todo. Al terminar se puso las cremas y lociones que había en el baño y miro con recelo un extraño frasquito con líquido rojo en su interior, ni siquiera se atrevió a tocarlo. Seco su cabello haciendo uso de su agua control y lo cepillo con delicadeza, su cabello era largo y decidió llevarlo suelto. Se dirigió al gran armario y vio sus hermosos vestidos, algunos regalos de su nuevo abuelo Pakku y otros que se le hicieron muy familiares pero que no eran suyos. Observó como uno de los vestidos ya lo había visto antes. ¡Era uno de los usó mientras estuvo como prisionera en el palacio! También pudo ver otros que no eran suyos y jamás había visto pero iguales de hermosos. ¿Quién habrá hecho todo eso? tal vez pudieron haberse equivocado. Se decidió por uno de los vestidos que su abuelo Pakku le regaló.
Abrió uno de los cajones del armario donde estaban las peinetas y demás adornos para el cabello, con sorpresa miro también como había mas de los que ella había traído. Comenzó a dudar si la habían llevado a la habitación correcta. Pero entonces miro el collar de la madre de Zuko. Lo colocaron delicadamente sobre una caja sin tapadera sobre seda amarilla. Toco el collar. Era su hermoso recuerdo. El recuerdo de su amor. Suspiro. Se le haría tarde. Se dio prisa y eligió una sencilla diadema con pequeñas flores azules de un costado, combinaba a la perfección con los detalles del vestido. Se maquillo y peino como Ayu le había enseñado meses atrás. Como no tenían mucho que hacer durante su encarcelamiento en el palacio le había enseñado a peinar su cabello y a maquillarse. Aunque no quedo esplendorosa si se sintió satisfecha con su resultado. Dio gracias a su amiga por sus clases de belleza.
Al terminar vio su apariencia en el espejo de cuerpo completo. Se veía bella. Cómo la princesa que era. Segundos después tocaron la puerta y supo que su escolta había llegado.
Abrió la puerta y a Zuko se le cayó la cara de sorpresa cuando la vio.
Después de todas las juntas de esa tarde sobre la distribución de los recursos y la manera de compensar a el reino tierra por los daños causados además de otras temas relacionados al tratado de paz. Zuko se sentía exhausto, había dado gracias de que su tío se hiciera cargo de los curanderos de la tribu del norte. Se hallaba en su despacho revisando algunos papeles.
- Al fin te encuentro – Iroh entro a la habitación
- ¿Qué pasa tío?
- Solo quería informarte que tus invitados de la tribu del norte han realizado un buen trabajo. Hoy han a curado a mas de treinta de los soldados.
- Zuko se impresionó de escuchar el gran progreso de los curanderos. terminarían más rápido de lo planeado.
- Me alegro de escucharlo, pero supongo que no solo has venido a decirme eso.
- No. esta noche daremos un banquete en su honor. Y es necesario que tu estés presente.
- ¿Un banquete? ¿No había dicho que se les daría una almuerzo para ellos cuando llegaran? – le pregunto a su tío.
- Decidieron mejor dedicarse a lo que fueron llamados que ser atendidos con honores.
Por un extraño motivo pensó en Katara. Ella seria una de las personas que dirían eso.
- Y ahora quieres que vaya al banque ¿cierto?
- Es tu obligación – le dijo Iroh – también me tome la libertad de invitar a otras persona para que conozcan a las… a tus invitados.
Zuko suspiró. Pero su tío tenia razón, debía ir y darles la bienvenida, le estaban ayudando bastante y no podía comportarse grosero.
– Esta bien tío. Pasare por ti en unas horas.
- ¡No! – le dijo Iroh. Zuko lo miro extrañado – yo escoltare a otra persona. Y tu deberes escoltar a otro. Es uno de los más importantes miembros de la tribu del norte que ha venido a ayudar y es tu deber fungir como su escolta y darle tus agradecimientos.
- Si tu lo dices… - dijo no muy convencido.
Iroh se fue mas que satisfecho. Zuko sintió que su tío se comportaba un tanto extraño, pero no le tomo importancia. Mejor salió rumbo a su habitación para cambiarse.
Una vez listo se miro al espejo. Su cabello estaba creciendo rápido. En unos meses lo podría tener tan largo como todos los señores del fuego anteriores. El aun era un príncipe. Tomo la corona de Roku, de su bisabuelo y se la colocó. Se sentía orgulloso de ser quien era. Salió de ahí rumbo al lugar donde se encontraba el miembro importante de la tribu del norte. Un sirviente lo guio a donde se hallaba dicho miembro. No sabia su nombre pero con decir "importante" y "tribu del norte" lo llevaron directamente a donde se encontraba. Se impresiono de saber que no estaba en ala norte junto con los demás. Si no en el ala este. ¿Por qué su tío lo había llevado ahí? Ahí se hospedarían sus invitados de honor, el equipo avatar, pero supuso de que si era importante su tío decidió instalarlo ahí.
Hizo que lo llamaran. Tocaron la puerta y cuando salió el dichoso miembro importante no cabía de la sorpresa. Katara estaba frente a él luciendo hermosa con su atuendo de la Tribu Agua. Recordó como se veía la primera vez que la vio cuando su padre la presentó a sus consejeros y oficiales, lucia igual de bella. No pudo decirle nada por la sorpresa de verla.
- Zuko – fue Katara la que hablo. Ella también estaba sorprendida de verlo. No se esperaba que fuera él quien la escoltara. Pero después de un momento Zuko no le decía nada. Estaba parado frente a ella mirándola como… idiota – ¿Te encuentras bien?
- Si – dijo Zuko saliendo de su asombro – Es solo que… te ves muy bella.
- Gracias – le dijo un poco sonrojada por el cumplido.
- ¿Qué haces aquí? – le pregunto sin pensarlo.
Katara se sorprendió de que le preguntara eso y no pudo más que recordar lo que paso en el templo aire cuando el comenzó a comportarse extraño de ella.
- Soy curandera Zuko y vine a ayudar – le respondió.
Zuko se lamento por su estupidez. Por supuesto que era una curandera. ¡Fue ella quien te salvo idiota!
- Lo siento yo…
- Esta bien, no te preocupes – le dijo sonriendo – Tienes cosas muy importante en las que pensar ahora.
Con una sonrisa era capas de desarmarlo. La amaba demasiado. Se dio cuenta de ello
- Vamos – le dijo ofreciéndole su brazo. Katara paso su mano sobre él y juntos, fueron guiados hacia el lugar donde se llevaría acabo el banquete.
Se sentía feliz. Ella estaba ahí con él, a su lado. Durante todo el camino pudo sentir como eran admirados por los sirvientes y demás soldados que se encontraron por el camino, todos se inclinaban con respeto ante ellos y Zuko se sintió de lo más normal con eso. Su Tío si que se la había jugado bien. Él lo sabia y por eso lo mando por ella. Se las vería después con él.
Llegaron al salón donde se llevaba el banquete, al parecer eran los últimos en llegar. El guardia los presentó.
- Su Alteza, el Príncipe de la Nación del fuego Zuko y la Princesa de la Tribu Agua del Sur Lady Katara.
Las puertas se abrieron. Todos guardaron silencio al ver entrar a la pareja.
... (^-^) ...
