DISCLAIMER: ninguno de los personajes pertenecen a mi persona, sino a SNK Playmore.

Capítulo tres.-¿Eso es un "sí"?

Ralf se quedó dormido en la puerta de Leona. Pensó en irse, pero él no era un hombre que se rindiera fácil, menos si se trataba de Leona: y quería dejárselo bien claro. En la mañana, alguien le quitó la pañoleta de la cabeza, despertó bruscamente, dispuesto a hacer pagar tremenda osadía.

-Apuesto a que se te congeló el trasero- dijo sonriendo Clark.

-Cállate y dame eso- rezongó el Coronel, quitándole la pañoleta de las manos.- ¿No saben nada de ella?

-Nada, nadita- respondió el de las gafas tendiéndole la mano para levantarlo.-Está ahí adentro, no salió. Está enojada, es todo. Vamos a comer algo, ya saldrá.

Ralf no quería irse con las manos vacías, accedió de mala gana. Leona nunca se había levantado tan tarde. Sabía que el Coronel se había quedado durmiendo afuera de su cuarto y le dio pena imaginárselo ahí, muerto de frío e incómodo. Pero aún estaba enojada: por una vez que se divierte y alguien se fija en ella, la traen a casa como a una niñita. A eso de las 7 alguien se oyeron voces fuera de su puerta, dedujo que eran sus compañeros. Se acercó y preguntó fríamente:

-¿Qué quieren?

- ¿Puedes abrir la puerta, Leona?- dijo la suave voz de Whip. Leona sólo repitió la pregunta.- Realmente sentimos mucho lo de anoche, es sólo que nos sentíamos preocupados por ti…

- ¿Qué me dicen del Coronel? ¿Saben que empujó a Iori y se portó como un imbécil?

-Leona, Yagami es un patán- se defendió Ralf- Se aprovechó de que estabas borracha…

-¿Se aprovechó? Por favor, Coronel- dijo molesta Leona. Abrió la puerta lo suficiente para que Ralf la viera- Yo quería que me besara.- Sin saber porqué, el Coronel sintió como si lo hubiera pateado en medio de los… de los ojos. No cabía duda de que lo que había enfadado a Leona era el hecho de que no pudo estar más tiempo con Yagami. Después de unos momentos de incómodo silencio en los que Clark y Whip se sintieron más aislados y fuera de lugar que una mula en un supermercado, la chica del cabello azul cerró la puerta y les ordenó que se marcharan. Whip miró a Clark y se lo llevó del brazo. El Coronel se quedó unos instantes más, aún paralizado.

-Usted también, Coronel.- ordenó Leona, que se había percatado de su presencia. Él iba a decir algo, pero no supo qué, así que se marchó.

En toda la semana, Leona no fue a comer con ellos. Se sentaba en un rincón y comía a toda prisa. A ellos no les pareció extraño, pero les daba tristeza no poder estar con ella. Whip nunca había visto a Ralf tan triste, y ella sospechaba que él, así fuera un galanazo con otras chicas, sentía algo por Leona. Le pareció haber visto un destello de lágrima en los ojos del Coronel y no lo soportó más:

-Suficiente, iré a hablar con ella- avisó levantándose, decidida.

-No lo hagas, deja que se le pase- aconsejó Clark.

-No se le va a pasar así nada más- contestó ella, caminó hacia Leona, y con firmeza (sin dejar de lado su dulzura) le preguntó:

-¿Podríamos hablar un momento, Leona, por favor?- Sus amigos se aliviaron de que no la hubiera golpeado.

Leona no respondió de inmediato. Se sentía mal por cómo los había tratado, aunque no lo parecía, ella los quería más que a sí misma. Así que aceptó que sí le pudieron pasar cosas malas estando borracha. Ellos hacían que su vida no fuera deprimente, y odiaba no poder hablar con nadie más que con su padre, y aún más que el Coronel no la molestara ni intentara hacerla reír. Entonces asintió y Whip habló:

-Sé que nos equivocamos y lo sentimos, pero debes saber lo que significas para nosotros, en especial al Coronel. Él pensó que Yagami se estaba pasando de listo. Sé que no fue la mejor idea, pero él te quiere mucho y nosotros también. ¿Es mucho pedir que nos perdones y volvamos a ser el equipazo de antes?- Leona la miró y supo que ya no podía estar enojada con ellos, así que levantó su plato.

-¿Adónde vas?- preguntó Whip, intrigada.

- Con los grandulones-contestó sonriendo ella- Extraño sus idioteces.

Caminó hacia los dos amigos, que temieron que les lanzara una granada, y preguntó:

-¿Puedo sentarme con ustedes?

Los dos atinaron a decir "claro, claro, claro" al mismo tiempo, a decir verdad con voz de tontos.

-Leona : ¿no estás enojada…?- empezó Clark, pero ella lo interrumpió.

-Dejemos el pasado atrás, antes de que me arrepienta- Clark se preguntó si el mundo se había vuelto loco al verla sonreír. Entonces Whip le pidió que la ayudara con unas cajas en su oficina y se fueron. Al llegar, vio que la chica del látigo sacaba una botella de su escritorio y ahí lo entendió: ella quería dejar solos a Ralf y Leona.

- Yo te iba a pedir que me prestaras uno de tus videojuegos, pero tu idea es mejor- dijo sonriendo y sacándose la gorra.

- ¿Por qué no te sacas los lentes y me ayudas con mi lista?- le dijo ella, acercándose más a él.

-Te propongo un trato-dijo él mientras la sostenía del mentón.

-No lo entiendo...Pensé que estabas enojada conmigo- dijo Ralf titubeante.

-Lo estaba, pero usted es una persona muy importante para mí, no puedo enojarme por algo así. Sólo espero que la próxima vez sea más delicado con mis pretendientes- dijo ella, sonriente. Él asintió a manera de promesa, pero sentía una molestia, como si tuviera plomo en el estómago.

-¿Qué andarán haciendo Clark y Whip?- preguntó Ralf, tratando de distraerse de aquello.

-Me parece que es obvio, Coronel-dijo pícaramente Leona- Hace tiempo que esos dos se andan echando ojitos, nada raro que estén en alguna misión secreta, si sabe a lo que me refiero…

Ralf sonrió. Nunca la había escuchado hablar de esa manera, tan abierta y divertida, pero en el fondo sabía que la nueva Leona terminaría siendo algo más de Iori y esa idea no le agradaba en lo absoluto. Leona llegó a su habitación, se cambiaba de ropa cuando su celular sonó.

-¿Hola?- dijo mientras distendía su cama.

-Estaba pensando que hace mucho frío como para que me dejes aquí solo-dijo una voz conocida.-Mira por tu ventana.

Se le aceleró el corazón. Corrió a espejo a arreglarse y al abrir la ventana, lo vio ahí, sonriendo y saludándole. Saltó; Iori quedó impresionado.

-¿Cómo lograste entrar sin que te maten?- preguntó Leona. Nadie nunca había logrado entrar.

-Bueno, tengo mis métodos. No podía dejar de pensar en ti. Sabía que no te dejarían salir, así que tenía que encontrarte yo. Mira traje esto- le puso su lazo en las manos- Te lo olvidaste la otra noche… Bueno, en realidad te lo saqué para tener una excusa para verte.

-¡Claro! Sin mi lazo no puedo vivir…- ironizó ella, sonriendo.

-Me gusta tu pelo suelto…-dijo él, colocándole delicadamente el mechón que le cubría el ojo derecho detrás de la oreja. Se acercó aún más y la besó. Cuando se separó de ella, le susurró:

-Leona: ¿quieres ser mi novia?

Ella lo pensó, empezó a caminar de un lado a otro. Había algo en él que le gustaba, más allá de lo físico, y era que el sabía lo que era tener sangre Orochi. Por alguna razón desconocida, Ralf cruzó su mente, sabía que a él no le agradaba Iori. Pero ella nunca se había enojado cuando él estaba con alguna chica. Lo cierto es que a ella le caía mejor el Coronel estando soltero, aun que no cambiara nada en él cuando salía con alguien. Pero ya no podía poner a los demás antes que ella, así que corrió hacia Iori y se lanzó hacia él, derribándolo al suelo, y ahí lo besó.

-¿Eso es un "sí"?- preguntó él, riéndose.

-Es un maldito "por supuesto"- respondió ella, y lo besó una vez más.