DISCLAIMER: ninguno de los personajes pertenecen a mi persona, sino a SNK Playmore.
Capítulo seis.- Única y maravillosa
La puerta cayó, derribada por Clark, quien junto a Whip sacaron al Coronel y a Leona, y los llevaron al hospital. A Ralf tuvieron que darle muchos puntos por lo profundo de sus heridas. Estaba acostado, descansando, cuando el doctor entró en su habitación.
-Jones: ¿cuántas veces debo decirte que uses casco?- preguntó el doctor, y Ralf se rió, pero momentos después se puso serio y preguntó:
- ¿Cómo está ella, doc?
-Viva- respondió, algo apenado. Ralf se estremeció.- No ha querido tomar los medicamentos ni probar alimento alguno. Tampoco ha dejado de llorar. Preguntó por usted. Fuera de eso no dijo nada más.
-Necesito ir a verla…
-Necesita descansar, no está en condiciones de…
-¡Por favor, doc!- rogó Ralf- ¡Estoy bien! Después descansaré todo el año, con gusto.
-Oh, está bien. Está al final del pasillo.
Ralf se paró a duras penas y comenzó a caminar. No había en él un solo lugar que no le doliera. Entró: Leona estaba tapada con la sábana. Se notaba que estaba llorando. Se sentó a su lado.
-Aléjate de mí, ya sé lo que te hice. ¡Soy un monstruo!- sollozó la muchacha.
-Claro que no. Tú lo derrotaste. Venciste. La persona que me hizo esto no eres tú: recuérdalo.
Ella se destapó la cara. Tenía los ojos hinchadísimos y mirarla daba pena. Se recostó y abrazó a Ralf, llorando desconsoladamente sobre su hombro, mientras él le frotaba la espalda. Después de unos instantes, en los que Leona ya se había calmado, el Coronel se levantó para irse, pero ella le tomó la mano.
-No te vayas… Cuando estoy contigo no me siento tan indefensa.
Él se quedó ahí, sosteniéndole la mano, y de pronto ella la atrajo hacia sí. Él no sabía lo que pretendía, hasta que la vio recorrerse hasta el extremo de la cama. Sabía que lo regañarían, pero aún así se acostó a su lado, y ella recostó su cabeza en su pecho, nuevamente.
-Pocos son los recuerdos que me quedan después de entrar en disturbio; pero esta vez me acuerdo de tu voz- dijo ella con la mirada perdida. Él se sonrojó un poco, al recordar que le había dicho a Clark que estaba enamorado de ella.-Me llamabas y me dabas ánimos. Tú me diste la fuerza para vencerlo, sin ti, jamás hubiera podido…
-¡Claro que sí! Tú puedes hacer lo que sea sin ayuda de nadie- le dijo él.- Recuerda que eres única y maravillosa. Nada ni nadie puede detenerte, Leona…- en eso entró el doctor, y al verlos se avergonzó un poco, pero aún así, dijo:
-¿Qué está haciendo, Jones?
-¡Está bien, ya me voy, ya me voy!- dijo levantándose. Leona sonrió y dijo:
-Es mi culpa: yo le dije que se acostara.
-Me alegra que estés más animada, Leona, pero el Señor aquí presente debe guardar reposo… Como tú. Ahora, dime ¿tomarás los medicamentos?- preguntó el doctor. Ralf la miró arqueando una ceja, expectativo.
-Está bien, las tomaré… ¡Con un demonio!-dijo sonriendo la muchacha.
-Buenas noches, Leona- dijo tiernamente el Coronel.
-Buenas noches…- respondió ella, y él salió por la puerta. Afuera se encontró con Clark y Whip, que estaban abrazados. Sonrió y comentó:
-¡Por los calzones de Heidern! ¡Consíganse una habitación!
La muchacha soltó una risita nerviosa y se puso algo colorada. Clark sonrió y dijo:
-Mañana en la tarde ya pueden volver a casa. Vinimos en la camioneta, los llevaremos. ¿Cómo están?
- Eh, yo estoy bien, aunque la espalda me está matando…
-Es que la edad ya afecta, ¿verdad, Coronel?- dijo sonriendo maliciosamente Whip.
-¿Qué dijiste? Ahora verás…- exclamó Ralf, y comenzó a hacerle cosquillas. Clark se acercó a la ventana para ver a Leona, y ésta lo saludó con la mano. Entonces él se sacó los lentes y le guiñó un ojo. Ella lo imitó, sonriendo, algo sorprendida porque pocas veces lo había visto sin lentes.
-¡Ya basta!- chilló Whip riendo dolorosamente. Ralf se detuvo: ya se había vengado.- Nos vemos mañana, Ralf- lo abrazó y se fue. Clark estaba por seguirla, pero el Coronel lo detuvo.
-¿Van a volver a la base?- preguntó serio.
-Naa, queda lejos. Nos quedamos ¿por qué?
-¿Se van a quedar solos, toda la noche en la camioneta, sin nada que hacer?- dijo Ralf con una sonrisa que no podía delatar más la razón de la pregunta.
-Cierra la boca- dijo su amigo, devolviéndole la sonrisa- Te vimos ahí adentro con Leona, siendo tú no hablaría. Imagínate que el Comandante se entere cómo consolaste a su pequeña…
Ralf rió y lo empujó, (así se demostraban cariño esos dos: a lo bruto), y mientras Clark se iba, miró una vez más por la ventana, para asegurarse de que Leona estuviera bien. Ya estaba dormida, y Ralf decidió ir a dormir. A medianoche (o quizá más) estaba durmiendo como oso, cuando escuchó unos ruidos, pero le dio pereza y siguió durmiendo. Entonces una voz susurró:
-Ralf…
Se movió un poco y abrió los ojos. Vio una silueta a pocos centímetros de él, en la oscuridad y gritó como nena. Pero una mano tapó su boca:
-¡No grites!- reconoció esa voz de inmediato, y prendió la luz.
-¡Leona, cariño, no hagas eso! Casi me causas un infarto… - dijo, recobrando el aliento. Pero vio que ella estaba empapada en lágrimas- ¿Qué te pasó?- preguntó, sentándose.
-Lamento haberte asustado… Pero tuve una pesadilla… y necesitaba venir a comprobar que sólo… que era un sueño…- se tapó la cara, llorando.
- Tranquila… ¿cómo entraste?
-Afuera no había nadie… Parece que hubo un accidente y todos fueron a ayudar…- él le secó las lágrimas- No quiero estar sola… aún tengo miedo.
-No te dejaré sola- dijo él, distendiéndole las frazadas, y ella se acostó a su lado. Él la miró fijamente- Nunca tengas miedo si estoy yo cerca, ¿oíste bien?- Ella asintió suavemente y no tardó en quedarse dormida, pero esta vez tranquila, abrazada al Coronel.
-Ustedes son incorregibles- dijo una voz cerca de ellos. Era el doctor. Ya era de día.
-Lo siento, doctor, es que soy sonámbula- dijo sonriendo Leona, que le costaba abrir los ojos.
-No sea aguafiestas, doc, sólo vino a darme los "buenos días"- comentó Ralf, travieso.
-Tendré que informar al Comandante de esto- dijo serio el doctor, y tanto Ralf como Leona se pusieron pálidos como si hubieran visto un fantasma- ¡Sólo estoy bromeando, gente! ¿Y después el aguafiestas soy yo?- dijo riendo al tiempo que a los otros dos les regresaba el color a la cara. Después de almorzar, se encontraron con Clark y Whip. En el camino de regreso, Leona estaba inquieta.
-¿Qué pasa?- preguntó Whip.
-Eh, nada…- respondió Leona, titubeante- Bueno, sí pasa algo. Clark: ¿podríamos pasar por…- miró distraídamente al Coronel- …la casa de Iori?- Hubo un silencio sepulcral. Clark la miró por el espejo: no podía negarle algo así. Después miró a su amigo, que se había empeñado en mirar por la ventana.
-Por favor… necesito saber cómo está.
-Está bien, dime dónde es- Cuando llegaron, Leona bajó a toda velocidad y llamó a la puerta. Nada. Se acercó a la ventana y gritó su nombre. Momentos después, una voz débil susurró:
-Leona… aquí estoy.
Ella no lo pensó más y rompió el vidrio. Los demás la esperaban en el coche, y después de unos instantes de silencio incómodo y eterno, vieron a Leona ayudando a Iori a salir de la casa: estaba muy herido. Los tres bajaron a ayudarlo. Lo subieron al coche, Iori acostó su cabeza sobre las piernas de Leona. Whip no tuvo otra opción más que quedarse atrás.
-Vas a estar bien, Iori…- decía Leona acariciando su rostro.
-No importa si estaré bien… Esta vez no herí a nadie- contestó él. Ralf sintió pena por Iori, después de todo, él también pasaba por lo que Leona tenía que soportar. Pero aún así, hubiese dado lo que fuera por estar ahí, en vez de Yagami.- Lamento todo lo que te dije, Leona. Pero escucha… Te amo, lamento que haya tenido que pasar esto para darme cuenta…
Ella se sintió incomodísima. Ralf estaba ahí, esto no podía estar pasando. Cruzó miradas con él, y éste siguió mirando por la ventana: la sangre le hervía. Si para ellos dos la situación fue incómoda, para Clark y Whip fue peor que entrar desnudo a un convento. Lo llevaron al hospital y lo ayudaron a bajar. El Coronel se quedó en la camioneta. Al rato volvieron Clark y Whip, se subieron y volvieron a la base. No se dijo nada más en todo el camino.
