DISCLAIMER: ninguno de los personajes pertenecen a mi persona, sino a SNK Playmore.

Capítulo nueve.- Lo que soy.

-¡Ella no es tu hija, Comandante! Los dos sabemos de dónde viene, quiénes eran sus padres, y quién los mató también-le dijo Goenitz mientras luchaban- No importa lo que hagas, ella nunca dejará de ser lo que es.

-¡Ella no es un mounstruo, COMO TÚ!-gritó Heidern.

-¿Estás seguro de eso?- le contestó sonriente Goenitz, señalando a Leona, que parecía dispuesta a acabar con Whip.

-¡Whip, no!- gritaba desesperado Clark, mientras luchaba con Yashiro que, incontrolable, trataba de matarlo.

Whip trataba de zafarse de Leona, pero ella era demasiado fuerte. Ralf tampoco podía ayudarla: se las estaba viendo con Shermie y Chris. Whip estaba muy herida, y cuando pensó que era el fin, alguien apartó a Leona, lanzándola por los aires. Era K', y la chica distinguió a Máxima ayudando a Ralf, y a Kula congelando a Yashiro.

-¿Cómo llegaron aquí?- le preguntó Whip a su hermano, mientras él le ayudaba a levantarse.

-Vi cómo se llevaban a Leona la otra noche, y dimos con este lugar- le respondió K', pero en ese momento Leona lo derribó. K' le dio una patada que la mandó a unos cuantos metros lejos de él.

-¡No la lastimes, estúpido!- le gritó Ralf, que ya había logrado junto con Máxima encerrar a Shermie y a Chris en una habitación que había cerca, y corrían a ayudar a los demás.

-¡¿Qué?! ¡¿Te diste cuenta de que trata de matarnos?!- le respondió enfurecido K'.

-¡Ya lo sé! ¡Pero recuerda que ella no controla lo que hace!

-¡¿Y cómo pretendes que…?!- iba a responder K', pero Leona volvió a derribarlo. Mandó al diablo a Ralf, y justo cuando le lanzó una bola de fuego a la enloquecida Leona, Iori se interpuso entre los dos y recibió el impacto. Al parecer, había logrado volver a la normalidad. Leona escapó y Whip corrió a ayudar a Iori a levantarse.

-¿Le ibas a lanzar fuego, maldito?- dijo Iori amenazador, incorporándose con ayuda de la chica- ¿Te diste cuenta de que ella no quiere hacer daño?

-¿Acaso se han vuelto locos?- resopló K', no creyendo lo que oía.

-Iori… ¿cómo lograste…?- preguntó Ralf.

-No tengo la menor idea, amigo, sólo sé que luché con todas mis fuerzas- le dijo él. Ahí le empezó a caer bien al Coronel el pelirrojo.

-Vamos a buscar a Leona, Goenitz escapó- avisó Heidern, algo herido. Corrieron en la dirección en la que Leona se había ido, había un camino de sangre que los guió hasta un depósito, y vieron a Leona en el suelo, chillando y retorciéndose, Ralf e Iori corrieron hacia ella.

-¡Puedes hacerlo, Leona! Tú eres más fuerte que él. Hazlo, ¡como la otra vez! ¡Tú no eres un monstruo!- le susurró el Coronel, agachado a su lado, sosteniendo su mano. Y nuevamente Leona gritó descontroladamente, y volvió a la normalidad, mirando a Ralf, quien se rompió parte de la ropa para amarrársela en la herida. Cerró los ojos y se desplomó en los brazos del Coronel.

-Hay que sacarla de aquí- propuso el pelirrojo, mirando desconfiado como Ralf acariciaba el rostro de Leona. Pero en ese momento escucharon un grito, y al darse vuelta, vieron a Goenirz sujetando un cuchillo en la garganta de la aterrada Whip.

-¡Déjala ir!- gritaron a la vez K' y Clark.

-Un solo movimiento y su hermoso cuello quedará partido en dos-advirtió Goenitz.

-¡Está bien! ¡No nos moveremos, pero no le hagas daño!-rogó Clark, desesperado.

-No hay necesidad de hacerle dañó-dijo Goenitz, sonriente- siempre y cuando me regresen a Leona i a Iori. Que vengan conmigo y la dejaré intacta: no me volverán a ver.

Todos se quedaron quietos, hasta que Kula decidió actuar, y le lanzó hielo a la cara a Goenitz, y luego se abalanzó sobre él. Él no podía ver nada, y soltó a Whip, pero al sentir a Kula golpeándolo, le clavó el puñal en la pierna. Ella chilló de dolor y cayó al suelo.

-¡Kula!- gritó K' y atacó a Goenitz, pero éste lanzó un relámpago que rompió todos los vidrios que quedaban en el edificio. Todos se cubrieron (Ralf envolvió a Leona con su cuerpo), y cuando levantaron la vista, Goenitz había vuelto a escapar.

-Nunca más hagas una estupidez así, ¿oíste bien?- advirtió furioso K' a Kula.

-Ah… ¿Acaso no funcionó?- dijo ella sonriente, mientras él la levantaba y llevaba en brazos con los demás.

Leona estaba acostada en una cama, dormía intranquilamente. Iori estaba a su lado, le sostenía la mano. Ella se movía bruscamente y balbuceó.

-No te vayas más, Ralf… Te amo…

Iori se quedó atontado. En el fondo sabía que Leona no lo amaba a él, y más en el fondo, sabía que Leona sólo estaba con él porque compartían el mismo dolor, la misma maldita sangre. Algo dentro de él se derrumbó, y con lágrimas rodando por sus mejillas, susurró:

-Leona…

Ella sólo se retorció más y masculló:

-Ralf…

El corazón del joven se partió, entendió que lo que pasaba entre ella y el Coronel venía desde antes, por no decir desde siempre. Había visto las señales, pero las pasó por alto. Supuso que Leona no quería estar con Ralf, para no hacerle daño. Entonces, con todo su dolor, decidió dejarla ir. La besó por última vez y le dijo:

-Yo sí te amé, pero no es conmigo con quien debes pasar tu vida.

Ralf estaba fuera de la habitación, nervioso, caminaba de un lado a otro. De repente vio a Iori salir de ahí y le preguntó:

-¿Cómo está?

-Estará bien- contestó Iori- Cuando se despierte, ¿puedes entregarle esto?- puso un papel doblado en sus manos. Ralf se extrañó, y al caer en la cuenta le dijo:

-¿La vas a dejar? ¿Cuándo más te necesita?

-No es a mí a quien necesita. No soy el dueño de su corazón- respondió Iori.

-La dejarás destruida, ¿lo sabes, no?- le dijo Ralf, muy serio.

- No lo creo. Sé que la cuidarás bien- respondió sonriendo Iori- ¿No es así?

-Con mi vida, si es necesario.

Iori sonrió una vez más, y se marchó, dispuesto a retomar los objetivos que Leona le había hecho desviar, y cuando salió del hospital, sintió que el sol salía de nuevo.

Ralf entró a ver a Leona. Al sentir su presencia, Leona abrió los ojos lentamente. Él le sonrío.

-Volviste…- dijo Leona.

-Claro que sí. ¡Sin mí son un desastre!- le respondió él.

Ella sonrió, y después preguntó:

-¿Dónde está Iori?

Ralf borró la sonrsa de su rostro:

-Me pidió que te diera esto- le dio el papel, y se marchó.

Leona abrió y empezó a leer, con un nudo en la garganta, en la carta decía:

"Leona:

Lamento haberme ido sin despedirme. Pensé que sería mejor así. Te mereces saber la razón, aunque ya la conoces, sólo que no querías aceptar para no lastimarme: no es a mí a quien amas, y los dos lo sabemos muy bien. Nuestro destino no es estar juntos; tú sabes bien con quien debes estar. Yo te amo, y es por eso que debo dejarte encontrar tu felicidad.

Recuerda, Leona, que encontraste lo que todos buscamos: así que no lo dejes ir. Espero que sean muy felices juntos, y que podamos ser amigos, después de todo… "

Se puso a llorar desconsoladamente, pero reconoció que Iori tenía razón. El tiempo con él había sido el mejor de su vida, pero ya era tiempo de que Ralf supiera lo que ella sentía por él.