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Aquí os dejo el siguiente capítulo, que espero sea de vuestro agrado. Espero vuestras opiniones! :)
Valentine
Capítulo 2
Las notas de la marcha nupcial fluían mientras Bella veía como Angela se iba acercando poco a poco al altar, cogida del brazo de su padre. Estaba simplemente preciosa, el vestido blanco contrastaba con su pálida piel. El pelo castaño estaba sujetado en un recogido a lo alto de la cabeza, dejando despejada su cara. Un pequeño rubor le cubría las mejillas, dándole un toque adolescente. Sus labios estaban perfilados con un labial nude, y sus ojos adornados únicamente con unas pestañas postizas que resaltaban el marrón de sus ojos.
En la mano derecha sujetaba el ramo de rosas blancas que casi llegaba a mitad de sus muslos, teniendo el toque recargado que le faltaba al vestido. Sus zapatos blancos asomaban mientras avanzaba. De repente, esos zapatos blancos se juntaron con unos negros. Bella elevó su mirada hacia la pareja. Ella tenía una sonrisa reluciente en su cara mientras que sus ojos estaban vidriosos. La cara de él no difería mucho de la de ella, la felicidad salía por cada poro de su piel. Parecía que estaban en una burbuja que sólo ellos podían haber creado.
Algo parecido a unos pinchazos en el pecho inundaron a Bella y un nudo se formó en su garganta. No quería que eso pasara allí también, ya había sufrido bastante, y también se había humillado demasiado.
Intentando obligarse a hacer lo que debía, desvió la mirada hacia el ramo de flores que tenía entre las manos. Las suyas eran rosas de color lila. Se sentía un poco incómoda, los vestidos de las damas eran de corte de sirena. Ella había planteado la posibilidad de que fueran de estilo griego, pero Alice se negó a llevar algo que pudiese estropearle la figura y la hiciese parecer más baja y gorda, palabras textuales.
Bella tenía un estilo mucho más conservador que el de su amiga. Las faldas de tubo nunca las utilizaba, y eso que Alice le compraba una cada vez que se iban de compras con la esperanza de que las utilizara algún día. Por lo menos, la última vez que fueron, es decir, ayer, la pequeña se resignó a comprarle un vestido, que no era del gusto de Bella totalmente.
Sin embargo había disfrutado de la salida de chicas, habían pasado una tarde muy agradable. Pero lo mejor estaría por llegar, o eso es lo que decían todas las chicas. Por la noche tocó despedida de soltera.
Levemente, giró la cabeza y observó a Alice. Su pelo corto y normalmente alocado, estaba ondulado y caía levemente sobre su cara. Era tan delgada que no se podía creer todo lo que pudo haber bebido la noche anterior. Nadie diría que fuese capaz de beberse dos botellas de vodka ella sola.
Un leve sonrisa asomó a los labios de Bella cuando recordó la escena de Alice con el boy. Cómo no, la despedida fue toda una locura. La pequeña duende había aceptado subir al escenario y sentarse en la mítica silla mientras el hombre se desnudaba.
Lo gracioso no era el hecho de que su amiga le hubiese manoseado más que todas las presentes juntas, si no que, una vez que se quitó la ropa interior, se le ocurriera la magnífica idea de preguntarle si "hacía trabajos especiales". Todas las mujeres estallaron en carcajadas, como era normal, pero el boy pareció pensárselo por unos segundos. Desafortunadamente para Alice, el hombre no aceptó.
Bella aguantó la risa cuando se dio cuenta que Alice la estaba mirando con los ojos entrecerrados. Su amiga sabía perfectamente en qué estaba pensando, Bella no había desaprovechado la oportunidad de reírse un poco a costa de Alice. Sabía que ella no se enfadaba, pero era tan divertido ver como por lo menos lo intentaba....
La castaña giró por fin la cabeza y dejó en paz a Alice. Pero su mirada fue inevitablemente hacia el lugar que ocupaban los pajes del novio, y sobre uno en concreto. Todavía no sabía cómo se llamaba, pero eso debía de darle igual y debía de parar de pensar en él, se obligaba a pensar. No obstante, su cuerpo parecía no querer cumplir sus órdenes ya que el hombre fue sometido a un crítico examen físico.
Su pelo seguía igual de "peinado" que cuando le dejó muriéndose del dolor en el pasillo. La cara prefirió saltársela para proseguir por su cuerpo. Su complexión era delgada, pero no lo suficiente como para parecer un palillo. Según lo que dejaba ver el smoking tenía los músculos en el lugar que debía, ni mucho ni poco, no como el hermano de Alice, Emmett, que tenía más músculos que todas las personas que se encontraban en aquella boda juntos. No es que le desagradara, pero no era su tipo. El hombre en cambio tenía un deje de sofisticación y clase en su forma de andar, de estar, hasta incluso de hablar.
Y, ahora sí, decidió deleitarse un poco con su cara, que debía reconocer era muy hermosa, y en especial sus labios. Finos pero carnosos a la vez, una combinación extraña pero demasiado sensual para lo que Bella podía soportar.
Decidió girar la cara antes de que él se diera cuenta de que le había estado mirando, sin embargo ya era demasiado tarde, Edward había visto todos y cada uno de los movimientos que había hecho esa cruel y despiadada mujer, ¡mira que intentar dejarle sin descendencia! Pero estaba decidido a pagarle con la misma moneda, sólo que de una manera mucho más placentera.
Detrás de aquella máscara que ponía ante el mundo estaría la mujer más apasionada del mundo. Ya lo había comprobado en un par de ocasiones y esperaba no equivocarse esta vez tampoco.
El pelo de ella estaba liso y recogido en una coleta alta despeinada, dándole un toque de lo más sexy y picante. No hace falta decir que el vestido que llevaba puesto le quedaba como anillo al dedo. Se marcaban todas y cada una de las curvas que tenía, haciéndole perder la cabeza. Pero lo que más le encantó fue el intenso escrutinio al que estuvo sometido. Estaba acostumbrado a que le mirasen de aquella manera, pero de Isabella Swan era de lo más novedoso. Pudo ver algún tipo de sentimiento asomar sus ojos y, según pudo distinguir, la excitación era el componente básico.
De repente sitió un codazo y quitó la mirada del escote de la chica para mirar al hombre que tenía enfrente, era Emmett. Le miraba de manera divertida, pero a la vez le estaba mandando una silenciosa advertencia, probablemente para que no se acercara a Isabella, pero estaba seguro de que ella sabría cuidarse solita y en cualquier circustancia.
- Sí, quiero – dijo Angela sacando a Edward de sus pensamientos.
- Ben Cheney, ¿aceptas a Angela Weber como tu futura esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
- Sí, quiero – contestó el novio mientras la miraba embobado.
- Entonces, yo os declaro marido y mujer – replicó el cura -. Puedes besar a la novia.
Después de esas simples palabras, Ben le quitó el velo a Angela y, poco a poco, se fue acercando hasta que sus labios se unieron.
El beso pareció durar una eternidad, por lo menos para el criterio de Bella. Se alegraba enormemente pro su amiga y lo único que quería hacer ahora era ir a felicitarla, pero los invitados decidieron no esperar a que los novios salieran y los abordaron allí mismo.
Por increíble que parezca un fotógrafo apareció de entre los invitados y empezó a hacer fotos a montones. Primero con toda la familia, segundo con los padres de ella, después con los padres de él, para después acabar haciéndose una la prima tercera del hermano de la cuñada de Angela con los novios.... En resumen, todo el mundo menos las damas.
Pasados unos minutos, cuando parecía ya imposible que volvieran a ver algún día a su amiga, ésta fue corriendo hacia ellas y las cogió para que fueran todas mientras le decía al fotógrafo que faltaban todavía esas fotos. Por fin el señor, llamado Piers Bertrand, un guapísimo francés, pareció reparar en ellas.
Hizo que se juntaran todas como una piña mientras gritaban el tan típico "¡Patata!". Hicieron una foto los pajes y el novio. Después todos juntos y por último la pareja sola. Angela tenía una mano apoyada sobre su hombro mientras que la otra estaba en el pecho de él. Ben la atraía hacia el con un brazo mientras la miraba desde su posición. Fue una escena tan tierna y empalagosa que Bella tuvo que girarse, no quería volver a sentir aquella emoción que la inundó minutos antes.
Poco tiempo después, todas estaban en el coche camino al banquete que se celebraba en la mansión de la rica abuela de Angela, Martha Weber. Durante el camino la conversación no cesaba, la novia no estaba, por supuesto, y las damas, como buenas mujeres que eran, empezaron a criticar a la rubia que llevaba ese recogido tan horroroso, o a la pelirroja que llevaba el vestido demasiado corto para estar en una Iglesia.
Bella estuvo callada durante el camino, con la espalda apoyada en el asiento, mientras miraba hacia el infinito. Repentinamente sitió como alguien apoyaba la cabeza en su hombro y enroscaba el brazo con el suyo. Era Irina. La rubia la miraba a través de sus pestañas casi blancas, con una expresión de niña buena que no era muy propia de ella.
- ¿Quieres pedirme algo en especial? - preguntó cautelosa.
- ¿Tiene algo de malo que quiera abrazar a mi queridíiiiisima amiga el día de la boda de otra de nuestra queridíiiiiisima amiga? - contestó con otra pregunta mientras apretaba más el brazo de Bella.
- Ese queridíiiiiiisima te hace sospechosa, Irina – rió Bella -. Anda, dí, qué quieres.
- Es que verás – comenzó -. Necesito que me hagas un favorazo, en realidad que me hagáis un favorazo.
- ¿Nosotras? - se metió la pequeña Alice con su siempre entusiasmada voz -. Tú también querías con el boy, no mientas, te vi como le estabas mirando. Se podía leer qué querías: sexo, pasión, desenfreno...
- Para, para – la cortó Irina mientras levantaba las manos y las colocaba en frente suya a modo de escudo -. Esa eras tú zorrona.
- Me ofendes, que lo sepas – dijo a la vez que cruzaba los brazos y levantaba la barbilla.
- Total – prosiguió dando un suspiro, Alice no tenía solución -. Hace pocos meses conocí a un chico, se llama Félix.
- Mmmm, Félix – murmuró Alice cerrando los ojos - ¿Es guapo, rubio, moreno, qué tal en la cama, cuánto es pocos meses, es un follamigo o ya relación? - la pequeña duende dijo esas preguntas tan rápido que las dos mujeres que tenía enfrente se la quedaron mirando como si tuviera dos cabezas en vez de una -. ¿Qué?
- Eres una pervertida – murmuró Bella mientras reía.
- ¡¿Yo? - exclamó Alice – Pero si no he dicho nada "pervertido"...
- ¿Y no te lo parece que quieras que Irina nos cuente su experiencia en la cama con su... lo que quiera que sean?
- Uff – suspiró Irina mientras cerraba los ojos y se relamía los labios – Es el mejor que he tenido, ¿tú sabes lo grande que es su poll...?
- ¡Irina! - gritó Bella - ¡Yo que intento defenderte y mira como me sales! Pervertidas, que sois todas unas pervertidas.
- No, lo que pasa es que tú eres demasiado pudorosa – dijo Alice a la vez que ponía los ojos en blanco -. ¿Hace cuánto no follas con alguien?
- No te pienso contestar a esa pregunta – respondió rápidamente -. Y menos cuando lo haces de esa manera, ¡mal hablada! - ante este último comentario tanto Irina como Alice estallaron en carcajadas dejando a una enfurruñada Bella.
- Eso quiere decir que ya hace más de seis meses – Bella abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar, sin saber qué decir -. No me jodas Bella, ¿más de seis meses? - la aludida se hundió en su asiento y se tapó la cara con las manos mientras gimoteaba.
- Hace más de un año – susurró.
- ¿Soy yo, o es que ha dicho más de un año? - preguntó una muy atónita Irina.
- Vamos a ver – empezó Alice recolocándose en su asiento -. ¿Cuánto es más de un año?
- ¿Tanto importa? - lloriqueó Bella -. Pues a ver, ¡dejadme contar! - exclamó al ver que sus amigas bufaban -. Vale, vale, hace bastante más de un año que no he... esto... mantenido relaciones sexuales... con nadie.
- Te haces de rogar eh – susurró Irina.
- ¡Está bien! - dijo después de unos momentos -. Desde que abrí la agencia y empecé a tener un montón de trabajo, lo fui dejando de lado, y nada, pues eso... Tampoco es que lo eche mucho de menos.
- ¿Que no haces qué? - casi gritó Irina -. Tenemos que llevarla urgentemente de fiesta – se giró y empezó a hablar con Alice -. Mañana podemos ir de compras y coger todo lo necesario.
- Pero aquí no hay sitios por donde podamos salir – se lamentó Alice.
- Ya encontraremos algún local – murmuró Irina mientras jugueteaba con su labio, signo de que estaba tramando alguna idea -. Me apuesto lo que quieras que el fotógrafo conoce sitios estupendos donde podríamos ir.
- ¿Quién? - preguntó confundida Alice.
- ¡Oh, vamos! - protestó Bella alzando las manos al cielo -. No me digas que no te diste cuenta de que Piiiiiiiiiiiiers te estaba mirando todo el rato.
- Que va – rió en respuesta -. Pero puede que sea buena idea que hablemos con él. ¿Estará también en el banquete?
- Sí, pero se marcha pronto, a las seis – contestó la rubia -. Así que tendremos que hablar con el en cuanto lleguemos porque ya son casi las cuatro.
- Que sepáis que no estoy de acuerdo con lo que estáis haciendo – Bella las miró duramente, pero segundos más tarde su expresión se dulcificó un poco -. Por cierto, qué favorazo nos ibas a pedir?
- Bueno, menos mal que Tanya no está aquí – bufó la rubia -. Se lo habría contado a todo el mundo.
- ¡Es tu hermana! - la regañó Bella.
- No me mires así, es sólo mi hermanastra – Irina frunció el ceño mientras hablaba -. Además, todas sabemos que es mas puta...¡Y dejad ya de liarme que al final no termino nunca las frases que empiezo! - vociferó molesta -. A ver, conocí a Félix, llevamos saliendo desde hace un año más o menos y me quiere presentar a sus padres. Ellos viven en Miami, y he pensado que quizás me podríais acompañar para no estar tan sola.
- ¡Miami! - el chillido de Alice dejó sordas a las dos mujeres -. ¡Veranito, veranito, vacaciones, vacaciones, fiesta, fiesta!
- Oye, ¿ésta a vuelto a fumarse algo? - le preguntó Bella a la rubia.
- Perdona, – la corrigió Alice – éso pasó sólo una vez, en la fiesta que di en mi casa el verano pasado porque me dieron a probar. Que me sentara mal es otra cosa.
- ¿Mal? - las voz de Irina subió dos octavas mientras pronunciaba aquella simple palabra - . Parecía que estabas de todas las maneras menos mal Alice, y eso que no te fumaste el porro entero.
- Mejor, no quiero volver a repetir experiencia.
- Sí, te llevas mejor con el vodka – dejó caer Bella.
- Os gusta mortificarme, ¿verdad? - la mirada de Alice estaba clavada en las dos mujeres que tenía delante. Poco tiempo después se dio cuenta de que no olvidarían lo que pasó en la despedida de soltera de Angela y suspiró resignada -. ¿Cuándo queréis ir?
- Dentro de un mes, o quizás un poco menos. ¿Entonces venís?
- Claro que sí – respondió Bella antes de que Alice chillara otra vez -. No vamos a dejar a nuestra amiga sola ante el peligro.
El coche se paró, las tres mujeres se miraron una a la otra, sonrieron y bajaron una a una del coche. El lugar era el sitio más hermosos que Bella había podido ver. Decir queera una mansión enorme era quedarse corto. Una reja separaba la propiedad de la calle, un camino de piedra conducía hasta una entrada de ensueño y unas escaleras a cada lateral guiaban hacia una puerta doble de madera esculpida.
Sin embargo, la mejor parte era el jardín. Se podría decir que era unas cinco o diez veces el piso que Bella compartía con Alice. En ese momento, había dos carpas colocadas, una para las mesas y la otra para lo que parecía ser la pista de baile, la cual estaba vacía. Pero sin duda, la abuela de Angela poseía el mejor y más divertido laberinto. Bella aún recordaba las veces en las que Angela y ella se escondían allí para evadirse del mundo y, de vez en cuando, deseaba poder volver a hacerlo.
No obstante, en esa ocasión esa preciosa parte fue dejada de lado, para darle más relevancia a la zona del banquete. Las tres fueron y ocuparon sus respectivos asientos, todas en la misma mesa, justo a unos pasos de la mesa de bebidas, lo cual agradecieron enormemente. Los invitados fueron apareciendo poco a poco, pero de manera tan lenta, que no fue a partir de las cinco cuando pudieron sentarse a comer.
El menú era exquisito, como era de esperar, pero la única bebida que se servía era champán, lo cual decepcionó profundamente a Irina y Alice. Una vez que acabaron de comer, la tarta fue servida y los discursos recitados y oídos por todos los presentes, las chicas salieron a la pista de baile, en parte por tener un poco de diversión, en parte por la cantidad de champán ingerido.
Bella se lo estaba pasando como nunca, hacía tiempo que no pasaba un buen rato y lo agradeció muchísimo, se sentía feliz, algo que no esperaba que volviera a sentir alguna vez. Pero era raro, tenía el presentimiento de que algo malo iba a pasar, sin embargo lo intentó ignorar, sólo quería que aquel sentimiento tan cálido que inundaba su pecho siguiese allí un rato más.
Eran ya las siete y media cuando las chicas se volvieron a sentar en sus asientos, riendo.
- Ya veis – rió Bella -. Os he emborrachado y os habéis olvidado de Piiiiiiiiers.
- Callate que tú estás igual – la risilla tonta no cesaba. Las tres estaban en un estado de embriaguez que no debía ser normal.
- Creo que voy a ir a por un poquitín de... - comenzó Bella mientras levantaba un dedo como si hubiese tenido la mejor idea del mundo -, de... de... ¡de champán! Creo que no estoy lo suficientemente borracha.
Las dos mujeres vitorearon sin ninguna vergüenza a Bella, la gente de las mesas contiguas las miraban con mala cara, pero estaban tan ebrias que ni siquiera lo notaron. La muchacha fue acercándose a la mesa con paso lento, no quería caerse ya que se rompería la cabeza debido a los tacones que llevaba puestos.
Antes de llegar a la zona de la bebida se paró y procedió a quitarse los salones(*). Mientras lo hacía, tarea difícil debido a que no veía muy bien, desvió la mirada hacia la pista de baile ya que algo le llamó la atención. Pero los malditos zapatos no querían salir, así que se los dejó puestos y continuó caminando, restándole importancia.
Una vez llegó, cogió la primera botella que vio y se giró, clavando su mirada en algo que no se esperaba para nada. El miedo y la angustia se apoderaron de su cuerpo, aquellos ojos azules, duros y fríos, la observaban atentamente mientras su dueño bebía de una copa. Parecía que la estaba matando sólo con mirarla de esa manera. Bella se giró sobre sí misma rápidamente, dejando la botella otra vez en su lugar y, sintiéndose mucho más despejada que antes, salió corriendo hacia el laberinto.
Hasta llegar allí habrían unos seis metro, sin embargo ella sintió como si fuesen treinta. Miró por encima de su hombro y vio como él se levantaba e iba en su dirección. "Ésto no puede estar pasando" no paraba de decirse mentalmente una y otra vez. Sus peores temores se habían hecho realidad, y justo en el día que había vuelto a sentir algo parecido a lo que llaman felicidad.
Sin poder evitarlo, las palabras que la llevaron hacia su propio infierno se marcaron con fuego en su mente, "James McCarty, ¿aceptas a Isabella Swan como tu esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe? - Sí, acepto". Aquellas últimas palabras no paraban de repetirse. El camino parecía que seguía siendo igual de largo que la principio, quizás era su impresión o quizás no avanzaba por el hecho de que los tacones se le clavasen en la hierba.
Pero lo que era cierto fue que él la estaba siguiendo. No sabía que hacer, ¿correr? No era una opción factible, estaba ebria y la cogería antes de que pudiese dar un paso. ¿Huiría otra vez? Si ya la había encontrado una vez podría hacerlo las veces que quisiera. El terror parecía haberse apoderado de la totalidad del cuerpo de Bella, no había ni una sola célula de su cuerpo que no lo sintiera.
Volvió a mirar hacia atrás, pero ya no estaba. Igualmente, prefirió seguir avanzado. Su mirada seguía clavada en el sitio en el que le había visto por última vez cuando, de repente, se chocó con algo duro. Unos brazos la rodearon y la inmovilizaron. "Hasta que la muerte nos separe, Bella".
(*)Supongo que lo sabréis, pero igualmente prefiero aclarar jeje. Los tacones tipo "salón" son los de toda la vida, planos, terminados en una ligera punta y el tacón de la altura que se prefiera.
