Hola a todas! Primero agradecer los favs, alerts y coentarios, sois un amor! :D
Sin más dilación, aquí os dejo el capítulo, un poco más largo que el anterior ;)
Capítulo 5
El molesto pitido del despertador resonó en la cabeza de Bella. Alice se removió a su lado, cogió la almohada que tenía Irina sobre la cabeza y la arrojó contra el atronador chirrido. La rubia se levantó y, dando un grito a modo de reproche, le quitó la almohada a la duende.
Murmurando lo que parecía una sarta de insultos contra Irina, Alice se levantó haciendo que la cama se moviera como si estuviesen en una montaña rusa, o eso le pareció a Bella. Con un chillido demasiado agudo, Alice les ordenó que se levantasen ya o perderían el avión. Parecía que la pequeñaja no estaba de humor esa mañana.
Cuatro horas más tarde las tres estaban tumbadas una sobre otras en la sala de espera del aeropuerto. Cada una de ellas con las gafas de sol puestas y los vasos de café desperdigados por algún lugar en un radio de medio metro. Por suerte sus maletas las habían dejado y no se les ocurrió la magnífica idea de traer bolsas de mano.
La gente a su alrededor hablaba sin parar, los niños corrían y Bella sentía que ya no podía más. Un teléfono comenzó a vibrar. Los gruñidos por parte suya y de Irina hicieron reaccionar a Alice, la cual lo cogió rápidamente.
Bella no sabía qué era peor, escuchar las quejas de Alice o escucharla reír como una tonta a la vez que se escribía mensajitos con vete a saber quién.
Pero pareció que Dios había oído sus plegarias y por fin se oyó por los megáfonos la ronca voz de un hombre que anunciaba el embarque de las personas con destino a Nueva York. Desperezándose de su asiento, Bella cogió su bolso y el café que resultó estar en la silla de al lado.
Durante todo el viaje, Alice no paró de hablar con el misterioso hombre, por lo que habían deducido la rubia y Bella, del que no quería ni mencionar palabra. Irina, sentada a la izquierda de Bella, le dijo que costase lo que costase lograría sonsacarle información a la duende.
Si se paraba a pensarlo, los cambios de humor de Alice se daban bastante en la última temporada. Ahora estaba sonriendo, ahora hablaba por teléfono y después de colgar se ponía tan furiosa que parecía una bomba a punto de estallar. Al principio no le había dado mucha importancia porque suponía que su ayudante, Jennifer, habría roto algo como siempre hacía. Bella le había advertido que la echara, peor Alice siempre se arrepentía en el último momento.
Picada por la curiosidad dirigió sutilmente la mirada hacia el teléfono que escondía no tan bien como ella pensaba. Los dedos de Alice volaban demasiado rápido sobre el teclado y no podía acabar las respuestas que el misterioso hombre le daba. Pero por los me dijiste que ibas a venir; no, no la he visto; sí, me está persiguiendo; ya lo sabes, yo solo te quiero a ti; y, tienes que conocer a mis padres... La mandíbula de Bella se abrió bruscamente haciéndola parecer una completa idiota. ¿De verdad había leído yo sólo te quiero a ti y tienes que conocer a mis padres?
- ¡Mary Alice Brandon! - la sorprendió Bella – ¿Se puede saber por qué no nos cuentas que un hombre te está diciendo que te quiere a ti y quiere que conozcas a sus padres?
- ¡El qué! - gritó Irina ganándose una mirada de reproche por parte de la azafata más cercana. La furia parecía haber arraigado peligrosamente en ella –. ¿Cómo era lo que me decías ayer? Cómo es que te has dejado "cazar"; imagínate conocer a sus padres, te harán la...
- La vida imposible – la interrumpió Alice dando un suspiro -. Sí, por desgracia aún me acuerdo de lo que dije ayer, pero no es lo mismo.
- ¡Cómo no va a ser lo mismo! - le echó en cara la rubia conteniendo la voz esta vez -. No esperes que te cuente nada la próxima vez que me pase algo, si tú no lo haces yo tampoco – ya empezaban otra vez... Irina se cruzó de brazos y volvió a ponerse recta en su asiento frunciendo el ceño.
- Alice – empezó cuidadosamente Bella una vez recordó algo importante -. ¿Desde cuándo llevas saliendo con ese chico?
- No estoy saliendo con él, lista – esto último iba claramente hacia Irina, ya que le envió una mirada envenenada. Después de un momento volvió a su posición inicial y adoptó la misma postura que la rubia -. Es sólo uno de mis amiguitos.
- Claaaro, como si los follamigos quisieran que sus "amiguitas" conocieran a sus padres – murmuró Irina lo suficientemente alto como para que Alice la oyera.
- No intentes negarlo Alice – advirtió Bella.
- Está bien – casi escupió -. Le conocí hace siete meses, su esposa compró uno de mis cuadros y él estaba en la última exposición, a la que por cierto no pudisteis venir.
- ¿¡Te estás follando a un tío casado! - gritó en susurros Irina con los ojos abiertos como platos -. No te creía tan zorra -. Inesperadamente la rubia empezó a reírse descontroladamente -. ¡Esa es mi Alice!
- ¿A ti te gustaría que Félix se liara con otra mientras está contigo? - espetó Bella haciendo que Irina enmudeciera -. Eso mismo pensaba yo -. Se giró hacia Alice, la cual la estaba mirando con aquellos ojos azules vidriosos -. Alice, ¿no fue la semana pasada cuando, si no recuerdo mal, estuviste con otro tío?
- No – dijo ásperamente mientras la miraba como si tuviera tres cabezas -. Bueno, sí... no... sí... ¡yo que sé! - se cubrió la cara con las manos mientras suspiraba sonoramente -. Era el mismo, sólo que no os lo dije porque no quería que montarais la misma escena que ahora.
- No es ninguna escena Alice – contestó Bella mientras la miraba con preocupación -. No habríamos sorprendido sin duda, pero nos habríamos alegrado, ¿a que sí Irina? - preguntó dándole un puntapié a la rubia para que saliese de aquel extraño enmudecimiento.
- ¿Eh? Sí, sí claro que sí Alice – después de menear la cabeza para retirar los oscuros pensamientos sobre Félix con otra mujer y las posibles maneras de descuartizar la, Irina volvió a centrar toda su atención en Alice.
- Se llama Jasper Whitlock – dijo con un suspiro -. Sé que no está bien lo que hago, que mi familia es propensa a los divorcios por la misma razón, pero no pude evitarlo. Es el hombre más amable, cariñoso, divertido, fuerte, atento, y qué hablar de su habilidad en la cama – se relamió los labios -. Me estoy poniendo cachonda sólo de pensarlo.
- ¡Alice! - reprochó Bella -. Un poco de seriedad mujer...
- Vale, vale. Su mujer se llama María.
- Pero Alice, está casado...
- Lo sé – dijo con frustración -. Pero me ha dicho que están divorciándose – la ilusión brillaba en la mirada de Alice. Bella no podía hacer otra cosa que rezar porque fuera cierto, ya que sabía que en el 99% de los casos nunca dejaban a sus esposas, pero esperaba de todo corazón que así fuera.
- Espera un momento, ¿Jasper Whistlock has dicho? - preguntó Irina mientras le temblaba el ojo izquierdo -. Si no recuerdo mal, estamos trabajando en un proyecto para una tal María Whistlock... renombrada diseñadora...
- Sí, eso también lo sé – sollozó Alice mientras volvía a taparse la cara -. No sabes lo difícil que es verle cuando estoy en la agencia con la puta esa – la rabia teñía la voz de Alice, pero Bella no era capaz de decirle ni una sola palabra, estaba como petrificada. ¿María Whistlock? Esa mujer les haría ganar muchísimo dinero, era demasiado caprichosa y mimada para su gusto, pero era hermosa como una diosa. Odiaba reconocerlo, pero aquí el papel de zorra lo tendría su amiga y la víctima sería su clienta.
- ¿Ella sabe algo ? - fue lo único que le salió, y aún así sentía la garganta reseca.
- Creo que sí – contestó -. Pero ella también tiene sus líos así que le da un poco igual no pasar las noches con su marido, lo que de verdad quiere es joderme a mí.
- ¿Cuánto tiempo lleva diciéndote que se iba a divorciar de ella? - esta vez fue Irina la que habló.
- ¿Tres meses, quizás dos? - Alice las miró suplicando clemencia -. Sé lo que me vais a decir, que no la va a dejar nunca, pero me lo ha prometido, y él es un hombre de palabra.
- Alice... - empezó Bella -. Hablas como si le conocieras de toda la vida y sólo lleváis viéndoos siete meses.
- ¿No podríais sólo desearme suerte y alegraros por mí? - el dolor inundaba las palabras de Alice mientras que ésta no podía evitar que las lágrimas salieran sin permiso de sus ojos.
- Señores y señoras, les rogamos abróchense los cinturones, el avión ejecutará el aterrizaje en breve. Gracias por elegir American Airlines.
- Ya hablaremos más tarde de ésto Alice – advirtió Irina.
Durante todo el camino a casa no pudo parar de pensar en lo que les había contado su amiga. ¿Qué iba a hacer de ahora en adelante? No podía perder la cuenta de Whistlock ya que valoraba más de lo que podía perder. Y lo peor de todo era que la mujer se pasaba casi todos los días en la oficina para verificar que su proyecto avanzaba adecuadamente, algo que le fue indiferente hasta ese momento. ¿Cómo iba a mirarla sin que sus ojos expresasen "mi mejor amiga se está tirando a tu marido"?
A parte de ésto, Bella tenía que mantener una seria conversación con la pintora. Según había dicho durante el camino a la recepción de la boda, Alice no quería volver a probar la maría, pero no sabía de dónde había sacado tres porros. Quizás era su exagerada imaginación pero, ¿estaría recurriendo Alice a las drogas para refugiarse del hecho de que el tal Jasper no dejara a su mujer?
No sabía la respuesta a ninguna de las preguntas que se había formulado hasta el momento, pero confiaba en que Alice fuese lo bastante fuerte como para resistir el dolor que todo aquello podría causarle.
De repente se dio cuenta de que estaba a unas tres manzanas de su casa. Un sentimiento de alivio recorrió el cuerpo de la la joven, sin embargo éste pronto desapareció cuando se dio cuenta de que debía ir ala oficina a recoger algunas muestras que le habían dejado sus ayudantes el viernes pasado.
Tras indicarle al conductor la nueva dirección recostó la cabeza sobre el respaldo de la banqueta cerrando los ojos. No pudo evitarlo, sus pensamientos volaron hacia aquel oscuro y húmedo laberinto, aquel en el que se había sentido deseada, en el que un hombre alto y espectacular la había besado ferozmente y sin su permiso, o eso quería pensar ella.
Sintió que un leve calor se formaba entre sus piernas, así que decidió poner fin al curso que estaba tomando su pensamiento.
Tras otras cuantas manzanas más, Bella pagó al taxista y bajó rápidamente para entrar en el enorme edificio. El guarda la saludó amablemente, como solía hacer. Subió al ascensor y apretó el botón 16. Pacientemente, esperó a que las puertas se abriesen cada dos o tres pisos y, cunado al fin llegó, atravesó el vestíbulo como alma que lleva el diablo.
La secretaria se quedó con el saludo en la boca, pero el mensajero que había traído el ramo de flores había insistido en que se las diera a Bella tan pronto como llegase. Lauren fue hacia el despacho de la morena y llamó suavemente, recibiendo un seco pase.
- Señora Swan, han llegado estas flores esta mañana – dijo mientras dejaba a las susodichas encima del escritorio de una sorprendida Bella -. Si me permite el atrevimiento, me parecen un poco sencillas para que un hombre se las regale a una mujer.
- Gracias por tu observación Lauren, espero no tener que recordatle cuáles son tus obligaciones para con esta empresa – la mirada dura que Bella le lanzó la dejó de piedra, nunca podía entablar cualquier tipo de conversación con esa arpía. Apunto estuvo de gritarle malfollada a la cara -
- A saber quién es el loco quien le ha mandado estas flores a la víbora – murmuró mientras se volvía a dirigir hacia la puerta.
- Un fallo más Lauren y recoges tus cosas – a la aludida se le erizó el vello de la nuca, no quería que la volviesen a despedir, sólo hacía dos semanas que trabajaba allí -. Yo no soy tan comprensiva como Alice, no dudaré en echarte. Si yo fuera tú le advertiría lo mismo a tu hermana Jennifer.
- Si, señora – con esto salió por la puerta. Una vez estuvo segura que no podría oírla empezó a insultar como si de un camionero se tratase.
Bella siguió buscando por todo el despacho, no lograba encontrar su proyecto personal, ¿qué demonios había hecho con él? Si no recordaba mal lo dejó junto a las otras.
- ¡Mierda! - exclamó mientras se daba un golpe en la frente -. Me lo llevé a casa. Si es que soy tonta...
Estuvo a punto de salir del despacho cuando las flores volvieron a llamar su atención. A ella no le parecieron nada sencillas, de hecho un poco pomposas. Se acercó con desgana y cogió la tarjeta. Una vez hizo esto, el olor a rosas le llenó las fosas nasales, ¿quién le habría podido enviar flores? Sin duda, eso era nuevo.
Abrió la tarjeta y leyó: Una ofrenda a mí nueva socia. Cullen.. ¿Cullen?¿Nuevo socio? No se acordaba de nada. Con un suspiro de resignación se metió la tarjeta en el bolso y salió por la puerta con los proyectos bajo el brazo. Una vez pasó por delante de la secretaria le ordenó que metiera las flores en un jarrón y les pusiera agua.
Aunque se mataba pensándolo, no recordaba que fuera a tener ningún nuevo socio. Así que decidió llamar a Emmett. Después de dos timbrazos, el oso respondió:
- ¿Qué coño quieres? - la voz ronca y grave le indicó a Bella que lo había despertado.
- Buenos días a ti también, Emmett – rió -. Por casualidad no sabrás quién es Cullen, ¿verdad?
- Es el nuevo socio del que te hablé ayer – dijo dubitativo tras un par de segundos -. ¿No te acuerdas?
- ¿Ayer? - repitió sorprendida. Con la resaca con la que se levantó no le extrañaba que no se acordase de nada -. Esto...
- Da igual – la interrumpió Emmett -. Mañana va a venir para ver las condiciones del acuerdo.
- ¿Acuerdo?
- Bella, ¿estás bines? - Emmett parecía realmente preocupado. No era normal en ella estar tan despistada -. Fuiste tú la que me dijiste que ahora que empezabas a expandirte necesitarías a otro socio que ayudase en la financiación.
- Sí – respondió Bella mientras chocaba la cabeza contra la entrada del ascensor, la cual se abrió de repente haciendo que Bella casi cayese dentro -. Entonces mañana nos vemos. Adiós.
¿Qué le pasaba? Sin duda la noche anterior no le había sentado muy bien, ni el alcohol ni la maría, y, aunque ella no quisiese reconocerlo, el encontronazo con aquel hombre la había dejado más indispuesta de lo que querría estar.
Lo único que sabía de él era que se llamaba Edward y fue uno de los pajes del novio, por tanto uno de sus mejores amigos. Pero Ben nació en Inglaterra, así que lo debería de haber conocido allí. Pero las cosas no le cuadraban, ¿cómo podría haberle conocido allí si tenía acento americano? Puede que hubiese estudiado en alguna universidad inglesa. O puede que Ben hubiese venido a estudiar a EEUU, ahora mismo no recordaba ese dato.
Sin duda, no podría encontrarla allí, pero sabía su nombre, algo que podría ser un inconveniente. Sin embargo, el deseo, que volvió a aparecer como un Fénix de sus cenizas, no la dejaba en paz desde el laberinto. Hacía mucho tiempo que un hombre no la hacía sentir de esa manera, y pudo jurar que sintió fuego corriendo por sus venas. ¿Cómo era posible?
Sin saber cómo, ya había llegado a su apartamento. Justo cuando iba a abrir la puerta vio que esta estaba ya abierta. Maldijo mentalmente a Alice, siempre la dejaba así. Pero lo que se encontró cuando entró no fue precisamente la escena que se había imaginado.
Todos los muebles estaban fuera de su sitio, los libros que antes llenaban las estanterías estaban desperdigados por todo el salón. Los cuadros había desaparecido, al igual que la televisión y los demás aparatos electrónicos.
Desesperada, inspeccionó toda la casa para darse cuenta de que todo estaba igual de saqueado. Pero parecía que el ladrón se cebó con su habitación, la peor de todas. Su preciosa cama con dosel estaba rota, la ropa del armario arrugada y en su mayor parte destrozada. Al igual que en las otras habitaciones toda la tecnología fue robada, sin embargo lo que más angustia le dio fue no vio su portátil. Todo su trabajo estaba metido en el maldito disco duro.
Corrió dentro de la habitación y empezó a rebuscar enloquecidamente. No lo encontraba, no lo encontraba. Su mente no paraba de repetir esas tres palabras, las cuales parecían resonar cada vez más alto. Cuando llegó a la cama y levantó la manchada colcha, se encontró con su portátil y un sobre amarillo encima.
Confundida y aliviada al mismo tiempo, abrió el sobre para encontrarse con la portada de la peor revista de prensa rosa de EEUU y una carta. Decidió leer primero la carta.
Mi muy estimada esposa,
Como habrás podido comprobar he cogido una pequeña parte de lo que me pertenece. Pero no creas que aquí va a acabar todo. Por suerte, ayer estuve en la mansión de la tan agradable y simpática abuela de tu amiga Angela.
Y ¿sabes qué? Saqué unas fotos muy comprometedoras para ti pero muy beneficiosas para mí. Ya sabes lo que viene ahora, ¿no? Quiero que me ingreses 100.000$ en la cuenta habitual si no quieres que la revista, que tan cortésmente te que adjuntado, salga mañana por la mañana. No sabes lo que les encanta a estas perras difamar información, y lo bien que pagan por ello.
Te dejo el portátil como una muestra de mi preocupación por tu trabajo. No quisiera que quedases en la ruina.
Siempre tuyo y con amor,
James.
Rápidamente cogió el teléfono y marcó el número del detective que se encargaba de su caso. Ésto no era nada nuevo para Bella, era la tercera vez, y siempre con las mismas condiciones. Aunque quería evitarlo, no podía dejar de sentir el mismo miedo y la misma angustia que la arrinconaban y la hacían terriblemente vulnerable.
- Detective Jacob Black – contestó una voz grave y fría -. ¿En qué puedo ayudarle?
- Sr. Black – comenzó Bella -. Soy Isabella Swan, ha vuelto a pasar otra vez.
- ¿Está segura que ha sido el Sr. McCatry?
- Sí, no me cabe duda – respondió inmediatamente -. Esta vez ha dejado incluso una nota específica con todo lo que quería, no ha llamado.
- De acuerdo. Estaremos en su casa dentro de un cuarto de hora.
- Por favor, con la mayor discreción posible – susurró la mujer.
- No se preocupe, puede contar con nosotros.
Una vez hubo colgado, se dejó caer sobre la cama y lloró como hacía mucho no hacía. ¿Por qué le pasaba ésto a ella? ¿Qué había hecho mal para que la vida la castigara tan duramente en el ámbito personal y le sonriera en el profesional? Sin embargo, hacía ya tiempo que se dio cuenta de que James buscaba el dinero que le daba la empresa, lo que, si no sucedía algo que parase a su marido, haría que ni el trabajo le aportara cosas positivas.
Después de hacerle tanto daño y de abandonarla, la perseguía allá donde fuese. Después de la última vez creía que por fin había escapado de él, le había dado el 70% de los beneficios que había conseguido en el último año. Posteriormente, se escondió en París, donde nadie la conocía. Pero volver a verle en la boda, ya que ahora estaba segura de que no fueron alucinaciones suyas, le dejó claro que volver a desaparecer ya no era factible.
Como bien dijo el detective, tras quince minutos se encontraban en su casa registrando todo. Ella estaba sentada en la cocina bebiendo un fuerte café con la mirada perdida en el horizonte. Una mano en su hombro le llamó la atención. Era el Sr. Black.
- Sé que no le hace ninguna gracia Isabella, pero hemos de instalar cámaras, cambiar su alarma y la cerradura, y asignarle un guardaespaldas.
- ¡Pero sé cuidarme sola! - le reprochó -. Lo llevo haciendo toda mi vida.
- Lo comprendo pero no podemos dejarla desprotegida diga lo que diga – sin esperar respuesta se giró hacia la puerta y volvió a entrar con otro hombre. Éste era de piel oscura, pero no mucho, su pelo era negro y corto casi al cero. Sus cejas estaban fruncidas, sus ojos marrones fríos y su boca formaba una perfecta línea. Alcanzaba la altura del Sr. Black, lo cual era decir mucho ya que éste medía a lo sumo un metro noventa y cinco. Su complexión era atlética pero con músculo más grandes debido, seguramente, a las horas de entrenamiento en el gimnasio -. Si me permite, le presento a Sam, será el encargado de su protección durante el tiempo que sea necesario.
- Un placer conocerlo – dijo Bella después de tomar aire y volver a adoptar la apariencia profesional. No le gustaba expresar sus emociones y mucho menos que aquel hombre viera que el miedo teñía su mirada.
- El gusto es mío, Sra. Swan – respondió mientras estrechaba la mano que ella le ofrecía. Bella pudo jurar que si el apretón hubiese durado unos segundos más, hubiese acabado con algún dedo roto.
Mmmm... ¿Alice con un hombre casado?¿James saqueando la casa de Bella? y ¿Bella con guardaespaldas?
¿Qué opinais sobre ello?
Espero vuestras respuestas ^.^
Muchisimos besillos,
Valentine :)
