Hola a todas!
Como siempre, agradecer reviews, alerts, favs! Sois un encanto ;)
Sin más dilación os dejo el capítulo!
Capítulo 6
Llovía.
Parecía que el tiempo no iba a estar de su parte aquel día. Debido a lo acontecido el día anterior, Bella se quedó sin la mitad de su guardarropa, quedando con las prendas que muy cariñosamente Alice le había comprado. Con un suspiro de aceptación cogió una de las muchas faldas de tubo y se la puso. Le pareció que casi no podía andar con ella, pero era preferible a ir en bragas y sujetador.
Por encima, se puso una blusa holgada, la cual arregló con un cinturón. A punto estuvo de coger los tacones, sin embargo las manoletinas la llamaban a gritos. Cogió unas al azar, el bolso y se marchó.
Con un suspiro de alivio, vio que Sam estaba en al puerta principal esperándola. Después de una noche en vela llegó a la terrible conclusión de que el Sr. Black llevaba razón, necesitaba un guardaespaldas.
Una vez llegaron a la empresa, Bella fue directa a su oficina, sin saludar a nadie. Seguramente, Irina ya estaría allí preparando la dichosa campaña publicitaria para Maria Whistlock la cual, gracias a Dios, parecía no estar.
Dejó su bolso sobre la mesa y apretó el botón del teléfono que la comunicaba con su secretaria.
- Jessica, tráeme un café bien cargado y avisa a Emmett de que venga inmediatamente a mi despacho.
- Ahora mismo Sra. Swan.
En no más de dos minutos las dos cosas estaban en su despacho. El abogado lucía una sonrisa espléndida y radiante. ¿Dónde quedaba la seriedad que Bella exigía en su agencia? Parecía que debería de recordar a todo el personal las normas...
- ¡Qué guapa te has puesto hoy, Bella! - rió el oso -. El Sr. Cullen estará encantado de que se le reciba así.
- Emmett – empezó cansada Bella -. Me duele la cabeza así que no empieces, ¿estamos?
- Aquí vuelve la siempre profesional Isabella Swan – se mofó -. ¿Sabes? Te sienta bien eso de desmelenarte, no siempre tienes que estar tan alerta.
- Lo único que tengo es el trabajo – le reprochó mirándole duramente -. Ya lo sabes.
- Sí, pero... - la voz del hombre quedó interrumpida por el golpe en la puerta. Segundos después apareció la castaña cabeza de Jessica, la cual lucía una mirada que no le había visto nunca.
- ¿Qué quieres Jessica? Si necesitas decirme algo, existen los teléfonos, no estamos en el jodido siglo quince – su voz era ya un susurro enfurecido.
- Así que lo que pasa es que traes un humor de perros – silbó Emmett por lo bajinis. Éste se ganó una mirada llena de rencor.
- Esto... Un tal Sr. Cullen está esperando fuera – dijo Jessica -. Dice que es importante que la vea, a usted y al Sr. McCarty.
- Dile que pase – las palabras de Bella salieron sin gana alguna, mientras se dejaba caer en la cómoda silla de su escritorio.
Pero lo que Bella no podía esperar era que el hombre que la había estado atormentando desde su vuelta a NY, fuera el socio que había conseguido Emmett. ¿Se trataba de una broma de mal gusto?¿Había venido él con intención de vengarse de ella? No, definitivamente, éso no podía estar ocurriéndole.
A todo ello, se le añadía el aire de triunfo y vanidad con el que venía. Sus ojos verdes la miraban detenidamente, examinando cada milímetro de su cuerpo. A punto estuvo de creer que metía las manos en los bolsillos para esconder alguna posible reacción de su cuerpo, sin embargo, pronto sacó una tarjeta de visita.
- ¿Les cacheo, Sra. Swan? - preguntó una grave voz a su espalda. Por poco le da un ataque al corazón, se había olvidado completamente de Sam. Ni siquiera le había oído mientras entraba.
- No, no hace falta Sam – los dos hombres miraron curiosos y asustados al gigante que había detrás de su silla, vestido de traje y con el ceño fruncido mientras los escrutaba.
- ¿No nos lo vas a presentar? - preguntó Emmett, el cual, al igual que ella, sólo se dio cuenta de la presencia de su guardaespaldas en aquel momento. Y mira que era difícil no verle...
- Mi nuevo guardaespaldas, Sam – empezó mientras movía la mano señalando a cada persona -. El de la silla es Emmett, abogado, y el que acaba de entrar, un posible socio – Sam asintió simplemente.
- Bueno, pues yo creo que podemos empezar, ¿verdad? - dijo con una sonrisa un tanto forzada aquel hombre seductor de pelo del color del bronce. ¿Bronce?¿No era castaño? Bella movió la cabeza de un lado a otro para alejar aquellos pensamientos, a ella debería de darle igual, tendría que darle igual.
- Esto, sí, claro – dijo Emmett mientras nos extendía a cada uno una pequeña carpeta -. Aquí dentro se encuentran los papeles que estipulan la manera de actuar del nuevo socio y, por ende, la cantidad de dinero que deberá "inyectar", por decirlo de alguna manera, a la agencia, para que así está pueda llevar a cabo la expansión de la que se habla en este nuevo sobre que ahora os voy a dar.
Aquellos papeles por fin hicieron lo que sólo un milagro parecía poder producir, Bella se concentró totalmente en aquel proyecto que había planeado durante los últimos nueve meses. La expansión no constaría de más agencias, sino un agrandamiento de la misma, teniendo como consecuencia, más plantilla que poder poner a trabajar en nuevos proyectos.
La idea era brillante, sin embargo, Bella no estaba cien por cien segura de querer firmar aquel contrato con el hombre que se encontraba sentado frente a ella, el cual parecía estar absorto en lo que Emmett decía. Decidió alejar la mirada de Edward Cullen, pero lo que no pudo evitar, fue el ceño que parecía haberse anclado entre sus cejas. La morena no dejaba de reprocharse que hubiese podido pensar que no volvería a ver a Cullen. Aquel maldito era el dueño de la mejor agencia de publicidad de Los Ángeles, y no sabía qué coño estaba haciendo en NY. Pero lo que más la extrañó fue que tampoco sabía cómo no le había reconocido en la fiesta de Angela.
Una idea escandalosa para Bella, pero tan agradable que hizo que escalofríos de placer recorrieran su espalda, se gravó a fuego en su mente. ¿Sería que había venido a burlarse de ella porque le dejó de aquella manera en el laberinto? Rezaba porque no tuviera razón, porque él estuviera sentado en aquella silla por el mero hecho de amar su trabajo y por el deseo de multiplicar su dinero en otra parte que no fuera la calurosa y siempre excéntrica Hollywood.
Si se paraba a mirarlo, con aquellos ojos verdes enmarcados por unas espesas y castañas pestañas, ese pelo color bronce despeinado tan cuidadosamente y la tez un tanto morena; no parecía para nada el perfil de hombre que se fijaría en una simple mujer como era ella. A él le pegaban más las rubias despampanantes como Tanya. Y era mejor así, Bella se ahorraría problemas. Sin embargo, él no parecía estar de acuerdo con sus conclusiones ya que le encontró mirando detenidamente un punto fijo de su pecho.
Sutilmente, Bella desvió la mirada hacia la pantalla del ordenador, ahora negra, para ver qué había de interesante en ella, y casi se le desencaja la mandíbula. La blusa había caído hacia adelante y los malditos primeros dos botones se habían desabrochado dejando entrever el sujetador negro de encaje que le había regalado Irina por su cumpleaños.
Rápidamente, y sin querer disimular lo más mínimo, arregló el desastre y le miró duramente, haciendo que en la mirada de él se entreviese un deje de humor pero uno mucho mayor de lujuria pura y dura.
Bella intentó volver a centrarse en el trabajo. Después de aquel momento, el atractivo hombre del cual había logrado olvidarse hacía sólo unos segundos, volvió a su mente sin darle tregua alguna. Quería parar de una jodida vez la reunión, la cabeza le dolía más que antes.
- Vale, sí – espetó de golpe, dejando a un sorprendido Emmett y a un complacido Edward -. Que firme los papeles y que se vaya, ya no tiene mucho más que hacer aquí.
- Bella... - empezó de nuevo el oso con el mismo tono de preocupación que oyó el día anterior por el teléfono – Uno de los requisitos para que él dé el dinero, es la activa participación en la agencia. Lo acabo de decir...
- Parece que mi nueva socia a estado un poco distraída – se burló Edward a la par que firmaba los documentos.
- En ese caso – dijo a regañadientes la morena -, si va a trabajar conmigo Sr. Cullen le dejaré bien claras tres cosas: el respeto y la profesionalidad son fundamentales en esta agencia, si carece de ellas yo me veré obligada a prescindir de su contribución. Segundo, si quiere participar, se le asignará un despacho en el cual podrá trabajar, y del mismo modo un equipo altamente competente, evidentemente elegido por mí, mediante el cual realizará su trabajo. Y, por último, no se aceptan relaciones entre los empleados de esta agencia, si bien usted se tiraba a su secretaria en LA, aquí no pasará lo mismo, y mucho menos con la mía. ¿Ha quedado lo suficientemente claro? - a medida que Bella iba enumerando las interminables condiciones, se fue poniendo poco a poco en pie y apoyando las manos sobre escritorio de manera amenazante.
- Claro como el agua – Bella sintió una inmensa satisfacción al ver que las facciones de Cullen habían pasado de la victoria a la furia. Seguramente no estaría acostumbrado a que le diesen órdenes. La morena apretó el botón que la comunicaba con la secretaria y le ordenó que llevase al Sr. Cullen a lo que sería su despacho -. Por el momento es un almacén de materiales, pero supongo que podrá decorarlo a su gusto en lo que resta de día.
Una llamada en la puerta interrumpió la réplica de Edward. Como era predecible, Jessica apareció en menos de lo que canta un gallo. Sus ojos tenían el mismo brillo, que ahora clasificaba como lascivo. Los labios pintados de rojo se curvaron en lo que pretendía ser una sonrisa seductora y brillante que, sin embargo, sólo llegó al nivel de una mala mueca.
Edward le correspondió a la sonrisa un tanto asustado, o eso creyó apreciar ella. La morena se volvió a sentar y se dio la vuelta para coger unos papeles. Para qué intentaba engañarse, se giró con la intención de coger cualquier cosa con tal de no ver la baba que se le caía a la perra de Jessica y la posibilidad de que Cullen aceptase lo que su secretaria le ofrecía tan descaradamente.
- Un última cosa Cullen – dijo fríamente mientras seguía dándole la espalda -. Recuerde las condiciones que le acabo de exponer. No seré ni mucho menos compasiva ni con usted ni con nadie quien se vea implicado en posibles acciones futuras. Revise el contrato y verá que hay una cláusula concreta que le habla de lo mismo – ya se había encargado ella de buscarla entre todo el montón de papeles que les había dado el abogado. Quería ver la expresión del hombre. Sabía que lo que diría no era ninguna amenaza mortífera, ni siquiera llegaría a asustar, pero tenía el presentimiento de que él no estaba allí sólo por el dinero, por tanto, se volteó la silla -. Si da un paso en falso, se irá inmediatamente de esta empresa sin llevarse dinero alguno.
- Espere un momento – respondió bruscamente. Todo deje de diversión o deseo había desaparecido de su mirada. En su lugar estaba un fuego chispeante, el provocado por la furia -. No he cometido ningún error hasta ahora y no...
- Sólo lleva aquí una hora Sr. Cullen – interrumpió descaradamente Bella mientras se apoyaba cómodamente y cruzaba los dedos sobre su regazo.
- ...y no soy tan estúpido como un niñato recién salido de la universidad. Llevo trabajando en este oficio más tiempo del que tú vives en esta ciudad, así que agradecería que se me concediese el respeto del que tanto alardeas poseer pero que parece que no sabes practicar. Si yo me fuera, mi dinero lo haría conmigo.
- Ahí estás equivocado Edward – comenzó Emmett mientras miraba con pesar a su amigo -. Acabas de firmar un papel en el que está específicamente redactado lo que ella de acaba de decir. Tú te vas, tu inversión no.
Edward miró furiosos a su amigo, si se le podía considerar amigo de ahora en adelante, claro está. El grandullón estaba sentado mirándole apesadumbrado pero sin parecer querer ayudarle en lo más mínimo. El muy cabrón le había metido en ésto. Había aceptado gustosamente porque quería llevar a cabo la pequeña venganza sexual contra Bella, pero parecía que tendría que realizar grandes esfuerzos para no acabar sin una parte de su riqueza. Maldito Emmett, pensó.
No obstante, lo que más le jodió fue el hecho de que el diablo de ojos chocolate estaba sentada como si nada en aquella asquerosa silla, mirándole con una superioridad y frialdad que hacían que le hirviese la sangre. Más motivos que añadile a su vendetta.
Sin decir nada, y dejando que ella ganara por esta vez, abandonó la habitación desechando la grandiosa y atrayente idea de dar un portazo. No quería perder su dinero tan pronto, y si lo hacía, primero quería probar a aquel menudo y atractivo demonio llamado Isabella Swan.
Sabía exactamente como empezar a barajas sus posibilidades. Aquella noche llamaría a su puerta.
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Lo único que había podido sobrevivir al robo había sido la alfombra de lana dorada, los demás muebles estaban estropeados de una u otra manera. Dicha alfombra conseguía cubrir el 60% de la habitación, lo cual hacía que no pareciese que la estancia se encontraba tan vacía. Por suerte, la chimenea que ocupaba el centro de la pared principal no estaba dañada y pudo encender el fuego. No le gustaban las calefacciones y en noviembre ya hacía bastante frío.
Alice se había marchado dejando solamente una misteriosa nota en la que decía que no la esperase hasta dentro de dos o tres días. No quería ni pensarlo, pero lo más probable es que hubiese hecho una escapada romántica con su amante. Sólo esperaba no tener que ver a Maria y tener que darle explicaciones por su ausencia. La duende no era una empleada suya, pero era más normal verla por la agencia que su madre la viera por su casa, y eso que vivía a no más de diez kilómetros del apartamento que compartían.
Debido a que en ese momento su ropa también estaba en la basura, tuvo que conformarse con llevar una camisola de noche que dejaba poco a la imaginación. Suerte que venía con una bata a conjunto. El tema de la ropa le había estado comiendo el coco desde que llegó a su casa. ¿Por qué había roto James su guardarropa? No tenía sentido. Había pensado que quizás hubiese sido Alice ya que era una compradora-compulsiva y no le gustaba nunca nada de lo que llevaba, pero eso sería muy poco propio de ella. No estaba tan loca.
De repente, oyó el timbre de la puerta. Silenciosamente fue hasta la entrada, ya que Sam se había marchado hacía poco. Miró a través de la mirilla para saber quién era pero no había nadie. Lentamente, abrió la puerta y vio que en el suelo había un álbum de fotos.
Extrañada se agachó y cerró la puerta. A la vez que pasaba por la cocina por el vaso de vino que se había echado antes de cambiarse, cogió la comida italiana que encargó por teléfono. Fue hasta el salón, se tumbó y apoyó en el lugar en el que había colocado unos almohadones.
Cuidadosamente abrió el álbum y quedó petrificada cuando vio el contenido de éste. En las primeras hojas estaban las fotos de su boda con James y sin poder evitarlo los recuerdos volvieron a ella.
Flashback.
- ¡Debes hacerlo niña ingrata! - le chillaba su madre.
Bella estaba sentada en el pequeño e incómodo sofá de su salón. Los brazos abrazaban sus piernas mientras ella se balanceaba de adelante a atrás. Simplemente no podía articular palabra. El maldito test de embarazo había dado positivo.
- Deje que lo piense – dijo una suave y tranquilizante voz, o eso es lo que quería aparentar el malnacido que se sentaba demasiado cerca de ella -. Todavía lo está asimilando. Es duro para una niña de su edad, sólo tiene diecisiete años, quiere vivir la vida.
- Quieras o no quieras te vas a casar con él, Isabella – escupió su madre mientras la cogía del pelo y tiraba de él para que su mirada quedase a su alcance.
- No... no quiero – lloriqueó después de que ella la soltase y James la rodease por la cintura. Intentó alejarse pero no pudo.
- Tienes que aceptar de una vez las consecuencias de tus actos, niña estúpida – bramó en respuesta su madre -. Tuviste una vida demasiado buena con tu padre, y ahora que él está muerto recibes lo que justamente mereces.
- ¡Pero él me violó! - chilló sin poder contenerse, parecía que había podido superar brevemente el período de enmudecimiento. Sin embargo,la cara de su madre se puso completamente roja de furia.
- ¡Como vuelvas a decir éso no esperes que sea yo quien detenga a tu futuro marido de acallarte! - vociferó a la vez que le daba una cachetada que le volteó completamente la cara. Los dedos de James se apretaron fuertemente contra la carne de su cintura, bajando lenta pero fuertemente hasta llegar a sus nalgas, haciéndole recordar las nauseabundas caricias que cubrieron su cuerpo mientras la forzaba sin contemplación alguna.
- ¡Es verdad! - gritó con todas sus fuerzas mientras las lágrimas salían a borbotones de sus ojos. Su madre se cruzó de brazos y le sonrió triunfante a la vez que le decía:
- Te lo advertí niña estúpida. Ahora recibirás lo que meritas – con una atroz carcajada salió de la habitación. James empezó a mover más su mano.
Sin embargo, no fue para seguir acariciándola, si no para sacarse el cinturón que sujetaba sus pantalones. Lentamente se fue levantando a la vez que una maquiavélica sonrisa se extendía por su rostro.
- Date la vuelta – ordenó.
- No... - susurró débilmente la muchacha. La expresión del hombre cambió radicalmente a una inundada por la rabia.
- ¡La vuelta he dicho! - exigió por segunda vez. La tomó del brazo y la tiró al otro lado del sofá en la posición que él requería. Sin más dilación, empezó a pegar con todas las fuerzas que poseía. Ella chillaba cada vez que uno de sus golpes le llegaban.
Una vez hubo acabado y de advertirle a Bella que no siguiera hablando de lo que a los demás no les importaba, abrió la puerta y mandó a su madre a curarle las heridas.
- Cuidala bien – la sonrisa había vuelto a su cara -. No quiero que quede ni una sola marca en su perfecta piel.
- Por supuesto que lo haré, James – contestó la mujer pareciendo más un robot que un ser humano.
Fin flashback.
Cerró el álbum lo más rápido que pudo y lo tiró directamente al fuego que bullía en el interior de la chimenea. Había intentado borrar esos recuerdos de su mente, pero no podía, por alguna razón permanecían en su cabeza.
Otro timbrazo la sacó de sus pensamientos. Agradecida se volvió a acercar y abrió de golpe. Justo en el momento en el que hacía éso, el arrepentimiento la llenó por completo. Si en el lugar de Edward Cullen hubiese estado el hijo de puta de su marido, no creía que hubiese podido haber permanecido viva.
Espera un momento, ¿Edward Cullen había dicho?
- ¿Quién te ha dado mi dirección? - preguntó ferozmente.
- ¿Tanto importa quién y cómo? – respondió él a la vez que la miraba de arriba a bajo con total desvergüenza. De repente ella se acordó de la ropa que llevaba puesta y corrió al interior a ponerse la bata.
- No te he dicho que puedas pasar – dijo, esta vez con menos agresividad, cuando oyó que la seguía y cerraba la puerta.
- Mmmm... - contestó -. La bata es todavía más pequeña Bella – gimió. De repente su garganta de Edward estaba terriblemente seca.
- A qué has venido – rebatió ella secamente haciendo caso omiso a su puntualización.
- ¿Tan malo es venir a la casa de tu socia y querer compartir un tiempo con ella hablando? - paulatinamente fue acercándose a ella. Bella cuadró los hombros, subió la barbilla y enarcó una ceja. Ese simple gesto le excitó sobremanera. Tras dos pasos más los dos se encontraban tan cerca que podían sentir el calor que desprendían - O bien podríamos pasárnoslo bien de alguna otra forma. Tú decides.
Bella sintió que se estremecía cuando él pronunció esa frase tan simple pero a la vez tan llena de responsabilidades posteriores.
Ella decidía.
Mmmm... ¿Bella celosa de Jessica?¿Fue obligada a casarse con James? y... ¿Edward en su casa sin estar Alice? Ésto último presagia cosas interesantes... jaja
Bueno, me gustaría agradecer otra vez a los comentario y responder por aquí a Nefertiti85, por si alguna de vosotras os habéis preguntado lo mismo. Ya que lo mencionas, querida amiga, sí, una vez que releí lo escrito, me pareció que lo dejaba todo muy en el aire. Como todas habéis podido observar, he puesto un flashback que explica el principio del sufrimiento de nuestra protagonista. La situación con Tanya se irá explicando por medio de otros flashbacks a lo largo de la historia, como comprenderéis no puedo empezar a contar su pasado por un punto intermedio si no explico antes por qué llegó ahí.
Por tanto, a partir de ahora intentaré ir contando poco a poco lo que le sucedió a Bella. Eso sí, mi intención es centrarme completamente a la relación ExB, siendo así las intromisiones de James bastante superficiales en lo que se refiere en el presente de la historia. Él aparecerá más en el pasado. El drama está presente porque es uno de los componentes base que moldean a nuestros personajes, eso hay que aclararlo también.
Me gustaría mucho saber vuestras opiniones en cuestión de lo que respecta al fic! ^.^ Siempre son bien recibidas críticas constructivas, así que no os cortéis ;)
AVISO: a partir de ahora actualizaré cada viernes ;)
Muchisimos besitos,
Valentine :)
