Soundtrack: Ave Maria (Ópera)— Schubert * Beethoven's Silene – Ernesto Cortazar * Not afraid – Eminem * What doesn't kill you makes you stronger – Kelly Clarkson * Take care – Drake feat. Rihanna


Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)

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"El miedo es un sufrimiento que produce la espera de un mal."

Freud


Capítulo 9

Un fuerte jadeo se oyó.

Era Bella.

James le sonreía con suficiencia. Paseó su mirada por su cuerpo como si se tratara de un trozo de carne. La piel de la morena se estremeció de asco. Las rodillas le fallaban y sentía el pulso acelerado de su corazón en el pecho, tan rápido como el de un colibrí. Oyó un pequeño clic y rápidamente dirigió la mirada hacia el lugar de procedencia del sonido.

Había quitado el seguro.

La sonrisa maliciosa no desapareció del rostro de James. La empujó lentamente hasta que él mismo quedó dentro del ascensor. Apretó el botón del piso —5. No, a los aparcamientos subterráneos no, te lo suplico; rogaba en silencio. Estaba segura que se su mirada transmitía todo aquello, sin embargo, luchó para recomponerse. Adoptó la máscara de frialdad y profesionalidad que la caracterizaban y sus labios dibujaban una mueca de asco.

Quedaron mirándose durante varios minutos, él de manera engreída y ella con indiferencia. La expresión de James cambió de un momento a otro, se volvió violento. Empujó a Bella contra la pared del fondo y la cogió del cuello mientras acercaba su cara a la de ella. La morena sentía ganas de vomitar. Giró la cara, él estaba oliendo su cuello. Su mano derecha seguía sosteniendo la pistola, sólo que ahora ésta apuntaba a su sien. La que estaba en su cuello bajó rápidamente hasta el principio de su blusa. Le arrancó los botones con fiereza. Ella aguantó el llanto que pugnaba por salir.

Su apestosa mano se dirigió a uno de sus pechos, acariciándolos por encima del sujetador. Se apretó más contra ella, haciendo que sintiese el bulto de sus pantalones. Pasó una de sus rodillas por entre las de ella. En un principio se resistió con todas las fuerzas que tenía. Se movía desesperadamente, ya no aguantaba más, no quería volver a sentirse sucia y marcada. Sin embargo, la pistola que él sujetaba se apretó tanto contra su cabeza que sintió como la sangre emanaba. Callando estoicamente, dejó que él se metiera entre sus piernas. Y con más ira contenida permitió que él arremetiera contra ella como si fuera una vil puta en un callejón.

Sentía como la lengua de él se resbalaba ansiosa y brutalmente por su mandíbula. Advirtió como la mano que antes estaba en su pecho se dirigía salvajemente hacia el comienzo de su falda. Cuando notó que empezaba a meter los dedos dentro de ella, opuso resistencia violentamente. Empezó a dar patadas, a mover los brazos y, sin poder evitarlo, a gritar. Gritar como una loca. Le empujó con todas sus fuerzas y, antes de lo que a él le hubiese gustado, se alejó del cañón del artefacto, cuya bala se estrelló contra la superficie en la que antes estaba la cabeza de la morena.

El miedo la poseyó, naciendo desde su pecho, inundando cada poro de su piel, cada célula, cada maldito átomo. Sus ojos estaban abiertos por el terror y su boca abierta por la sorpresa. Estaba arrinconada en la esquina, abrazándose con los brazos. Se dejó caer hasta el suelo cuando vio que él apretaba el botón de emergencia y el ascensor paró. James se acercó, cual pantera al acecho de su presa. Se paró a unos pocos centímetros de ella y paseó la pistola por su cara, acabando en la barbilla, la cual subió duramente. Bella sintió dolor en el cuello.

Él volvía a tener aquella maldita sonrisa que no la dejaba descansar en las noches de tormenta. La misma sonrisa hambrienta que daba a entender que la iba a tener. ¿Por qué tuvo que irse de aquella manera de la oficina? Si lo pensaba en aquel momento, lo que dijo Edward aunque doloroso, dejaba claro lo que las personas pensaban de ella, y eso a Bella le daba igual.

Observó detenidamente al hombre que tenía delante. Estaba consciente de que el terror se leía en su cara, pero ya nada le daba igual. No tenía un amor por el que luchar, ni amigas por las que preocuparse, ya que, al parecer, ellas creían que estaba envidiosa de sus vidas. Lo estaba, pero no era una envidia mala, se alegraba enorme y profundamente por ellas. Pero los comentarios de Alice no fueron agradables precisamente. Ya nada me da igual, pensó mientras cerraba los ojos y reía levemente. Sintió como James se tensaba a su lado y, poco después sintió una patada en uno de sus costados. Gimió de dolor, pero sonrió tristemente, recordaba aquel dolor.

— ¿De qué te ríes, zorra? —la pregunta estaba cargada de odio, Bella lo sentía. Él volvió a golpearla.

Ya nada importa. Bella seguía manteniendo los ojos cerrados. Se dejó caer sobre la superficie dura y fría que había a su espalda y, callando firmemente, dejó que él se divirtiera a su gusto. Estaba total y plenamente convencida de que allí, en aquel maldito ascensor, él por fin acabaría con el trabajo de hace años. No le había dado el dinero que pedía, y eso lo había enfurecido. Las lágrimas calientes y húmedas rodaban sobre sus mejillas.

Sintió como la cogía del cuello y la levantaba bruscamente. Ya no veía sentido alguno en resistirse, James conseguiría lo que quería, Bella lo sabía y le daba igual. No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada, había dicho una vez Nietzche. Bien, pues eso era lo que ella estaba haciendo en aquel momento. Abrió los ojos y le desafió con la mirada. Eso le enfureció más si cabía. James sacó algo de su bolsillo, que Bella no alcanzó a ver. Sin embargo, cuando un filo punzante le atravesó el bajo vientre, tuvo una ligera idea de lo que fue, un cuchillo, al igual que había hecho la primera vez que volvió a verlo tras su huida a París. Supo inmediatamente que el corte estaría hecho encima de la cicatriz de su operación.

Emitió un pequeño gemido de dolor. Él sonrió en respuesta.

—Eres mía, Isabella —su voz provocó escalofríos de pavor a Bella. — Mía, Isabella, mía.

La cara de James estaba a escasos milímetros de la suya. Sus dedos quemaban por la fuerza con la que sostenía sus mofletes. Él se apartó para volver a pulsar el botón y que el ascensor funcionara de nuevo. Ella le miraba recelosa. Cuando las puertas se abrieron él desapareció como el viento, dejando tras él miles de fotos que llenaron el lugar.

Bella bajó su mirada y no pudo creer lo que vio. Cayó de rodillas al suelo y sintió como las lágrimas volvían a brotar de sus ojos, nublándole completamente la vista. Recogió lo más rápido que pudo y apretó el botón para que las puertas se cerraran. Como respuesta a aquello, creyó oír la risa siniestra de James. Todavía seguía allí.

Encontró su móvil en la esquina contraria a donde ella se encontraba, y llamó rápidamente a Sam. En menos de un minuto, ella estaba en la planta de su agencia, andando patosamente. Ya no había nadie, se habían ido a comer, eran las tres. Continuó caminando hasta su despacho. Se apoyó en el pomo de la puerta. El aire le faltaba, el corazón palpitaba demasiado fuerte y rápido, y el dolor punzante, tanto de su cabeza como de su vientre, la mareaban. Dirigió su mano al lugar donde la había apuñalado. Estaba llena de sangre.

Sus piernas le fallaban y su vista también. Necesitaba cerrar los ojos y descansar un momento, sólo un momento, después llamaría a una ambulancia. De repente, sintió el suelo frío y unos gritos a lo lejos. Estaba demasiado cansada para prestar atención, algo negro la rodeaba y le presagiaba descanso. Con un último suspiro de dolor, se dejó caer en aquella promesa.

Por fin.

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Se oían pasos rápidos por el pasillo de la casa de Irina. Sam la había llamado, Bella estaba gravemente herida. Necesitaba ir a verla, darle dos hostias bien dadas a Alice para que reaccionara, y que fueran las dos a visitar a su mejor amiga. La duende se encontraba en el salón, sosteniendo un bol de helado y mirando apenada la televisión, estaban anunciando su película favorita, la de las tres: Un paseo para recordar. Los sollozos comenzaron de nuevo. La pequeña todavía no procesaba lo que le había dicho a Bella, la había herido, lo sabía. Y, lo peor de todo, era que lo había hecho intencionadamente, quería hacerle daño. No me lo perdonarás jamás, Bella; lloraba en su interior.

Oyó como Irina entraba deprisa en la estancia, con la angustia pintada en la cara. ¿Qué habría pasado? ¿Acaso Bella...?

—Alice —la rubia jadeaba por el esfuerzo, —Bella está en el hospital.

— ¿Qué...? — su voz fue un susurro.

No, Bella, ¡no!

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Los ojos de Bella se fueron abriendo lentamente. Una luz cegadora entraba por algún sitio de la habitación en la que se encontraba. Se llevó el brazo a la cara y sintió como un olor a medicina le inundaba las fosas nasales. Con cuidado, se fue incorporando en la cama, y advirtió que se encontraba en un hospital. Giró la cabeza en busca de alguien, pero no había nadie.

Sin importarle el dolor que pudiese sentir, se tiró de vuelta en la cama, de lado. Sintió como algo caliente empapaba las mantas y, cuando las subió, resopló, estaba sangrando otra vez. Impasible, apretó el botón de la enfermera. Dos minutos más tarde, una señora mayor se encontraba a su lado, mirándola con pena, odiaba eso. Con el ceño fruncido, dejó que le pusieran los puntos otra vez. La señora Cope, como le había dicho la enfermera que se llamaba, terminó rápidamente. Cuando se fue, Bella suspiró pesadamente. ¿Y ahora qué hago? Esa pregunta le llenaba la cabeza. Los médicos le dirían que tendría que estar, por lo menos, una semana en el hospital, estaba segura. De cualquier forma, se iría a su casa, siempre podía acogerse el alta voluntaria. Pero intuía que no llegaría con facilidad hasta su casa, y que tendrían que ayudarla a hacer casi cualquier cosa.

A la llegada del doctor, éste le explicó su situación. Como ella había supuesto, tendría que pasarse un tiempo, no especificado por el médico, en el hospital. Bella se negó rotundamente, no podía ser productiva si se quedaba tumbada en una cama a saber por cuánto tiempo.

—Sabe que no conseguirá que me quede postrada en esta cama, doctor... — ¿le había dicho cómo se llamaba? Lo dudaba.

—Cullen —el hombre le sonrió amablemente – Pero lámeme Garret, por favor.

—Como decía Garrett —empezó de nuevo, ¿había oído Cullen? No debía ser su imaginación —ya estoy bien, por tanto no veo la necesidad de seguir aquí.

—Usted no es médico Señora Swan.

—No, no lo soy —aceptó ella con el ceño fruncido. —Pero sé lo que me conviene. Señora Cope, ¿me podría traer la ropa, por favor?

—Por lo menos, quédese hasta mañana por la mañana —suplicó el doctor. Bella sonrió en su interior, le estaba sacando de sus casillas, pero no iba a permanecer allí. —Es de noche y todavía no está en condiciones para conducir.

— ¡Sí que lo estoy! —contraatacó ella indignada. —No me han disparado Doctor Garrett, es sólo un rasguño lo que tengo.

—Un rasguño de dos centímetros de profundidad y cinco de largo para ser exactos —el doctor se cruzó de brazos y la miró desafiante. Bella le contestó de igual manera, pero al ver que él no cedería, se rindió.

—Si me voy a quedar aquí, agradecería que me dejaran un teléfono para poder llamar a una amiga que venía en camino desde Francia —su voz era baja y enfurecida.

— ¡Eso sí que lo podemos hacer! —exclamó alegre el médico, ganándose otra mirada de odio por parte de Bella. —Tome, aquí tiene —, le tendió su móvil.

Marcó el número de Rosalie, no tendría sentido que llamara a sus amigas, no le cogerían el teléfono. La rubia respondió justo cuando Bella estaba a punto de colgar. Se la oía asustada y jadeante. Seguramente habría estado corriendo todo el camino desde París a Nueva York, y que ahora estaba haciendo lo mismo para encontrar un taxi que la llevara hasta la otra punta de la ciudad.

— ¡Bella! —exclamó aliviada. — ¡Gracias al cielo que estás bien! Me llamó Sam y me dijo que estabas en el hospital, ¿sigues allí?

—Sí, Rose —contesté enfurruñada mientras le daba una mirada significativa a Garrett. —Me tienen retenida contra mi voluntad hasta mañana por la mañana.

—Bien, eres muy cabezota cuando quieres —rió un poco nerviosa. — ¡Ey, tú, hijo de puta! ¡Te voy a arrancar la cabeza de un mordisco como no salgas de mi taxi!

—Cómo extrañaba a mi siempre educada Rosalie —Bella soltó una carcajada pero, inmediatamente cesó, los puntos tiraban cuando hacía eso. El doctor la miró extrañamente y ella decidió cortar la llamada. — Tengo que colgar, te espero aquí —una sonrisa triste cruzó su cara y colgó.

Le tendió el teléfono a Garrett, el cual seguía teniendo la mirada clavada en ella. Se estaba empezando a sentir un poco incómoda.

—Mmm... ¿Quiere algo más doctor? —se estaba retorciendo las manos. Los ojos azules de Garrett la escrutaban detalladamente.

—Es que acabo de recordar que... —volvió a mirar los papeles con la información de la paciente. Sí, es ella, Isabella Swan. ¿Qué coño querrá hacer mi Edward con ella? —Estupideces mías, nos vemos mañana cuando le dé el alta —antes de irse se volvió y la apuntó con el dedo índice. —No quiero entrar y ver que ya no está.

Bella no contestó, se volvió a tumbar y reposó la cabeza sobre la almohada. Cerró los ojos e intentó relajar los músculos. Estaban adoloridos por los golpes, maldito James, ¡maldito! Se juró ser fuerte. Ya no dejaría que él la utilizara de aquella manera. Cada vez que la golpeaba, se había prometido enfrentarlo. Cada vez que le enviaba aquellas cartas, en las que le pedía dinero y la amenazaba, se había prometido que ya no dejaría que la volviera a dañar. Pero como una estúpida, rompía cada una de ellas. Cobarde, le gritaba su subconsciente y era verdad. Pero eso ya acabaría, ya no estaba sola, tenía a Rosalie.

Sonrió, ya no estoy sola.

Algo la sobresaltó, se había quedado dormida. Abrió velozmente los ojos: era su amiga, había chocado con el sillón. Bella se rió y llamó la atención de la rubia, la cual la miró primero irritada y después preocupada. Se acercó y apretó a la morena en un abrazo hercúleo. Bella lloró de alegría, hacía tanto tiempo que no la veía, cuatro años ya. Rosalie se sentó en el sillón y le sujetó fuertemente la mano.

Estuvieron en un cómodo silencio, mirándose únicamente, se lo estaban diciendo todo de aquella manera. Aún así, Bella le contó todo lo sucedido. Su amiga la escuchaba atentamente y la morena observó como apretaba la mandíbula y su mano con más fuerza en algunas partes. Por otro lado, Rosalie le contó cómo iban las cosas por París: la librería marchaba estupendamente desde que habían hecho la página para la venta online y que su relación con Marcus acabó, hacía poco. Según le contó, el gran hijo de perra, le había puesto los cuernos en su propia cama, con una niñata de quince años.

La conversación fluía y fluía. Bella también le contó lo ocurrido con Edward, desde el principio Bella, ella no te va a juzgar, se alentó. A Rosalie ya no se le podía abrir más la boca. Le contó cómo, después de la discusión con Alice, la había tachado de zorra. Por la cabeza de la rubia sólo pasaban maneras de descuartizas y de torturar a aquella cosa, como lo había apodado. Cuando estaba a punto de compartir sus ingeniosas ideas, dos personas entraron a la habitación, alteradas.

Eran Irina y Alice. El corazón se le paró a Bella y quitó rápidamente la mirada, no quería verlas. Rosalie se levantó amenazante y se puso frente a la cama. Con lo alta que era, les sacaba una cabeza a las otras dos mujeres.

— ¿Qué hacéis aquí? —la voz de Rosalie era cortante y fría.

—Venimos a ver a nuestra amiga —respondieron seguras. Ellas sólo la habían visto una vez en su vida, y no fue un encuentro muy agradable. El piloto del avión casi lo estrella y ella estaba de un humor de perros.

—Pues ella no quiere veros —los brazos de la rubia estaban en jarras, impidiéndoles así, que vieran a Bella. —Y mucho menos a ti —señaló con desprecio hacia Alice. No me ha perdonado, lo sabía.

— ¡Quita de ahí, bicho! —le gritó Irina mientras la apartaba de su camino. —Nos da igual que no te apetezca vernos.

— ¿Dónde estabas cuando te llamé en la oficina? —preguntó ella en respuesta. La miraba atentamente, sin ninguna expresión en la cara.

—Alice vino a mi casa llorando —contestó Irina de igual manera. Sabía que a Bella sólo se le podía enfrentar de aquella manera.

— ¿Llorando por qué? —intervino Rosalie. — ¿Por haber acusado a Bella de cosas que no son ciertas? —, miró a la duende de arriba abajo y continuó. —Con eso sólo dejas ver que no confías en ti lo suficiente, ni qué decir del hombre ese, como para aceptar los consejos de una amiga que, seguro, ha sufrido más que tú y lo único que intenta es ayudarte.

—Lo sé —los ojos de Alice estaban empapados. —La ira pudo conmigo, Bella. No sé qué me pasó, cuando me di cuenta de lo que dije intenté seguirte, pero tú no me dejaste.

—Da igual Alice —Bella dejó escapar un suspiro. Volvía a retorcerse los dedos. — ¿Lo decías en serio? —su voz era baja y se quebró al final de la frase. La pequeñaja no pudo aguantarlo más y se tiró a sus brazos.

—Mi alter ego habló por mí —enterró su cabeza en el pelo de Bella. —Sabes lo puta que es Mary.

—Deberías de haber visto como estaba tirada en mi sofá, devorándose mis reservas de helado —le reprochó Irina, la cual se había cruzado de brazos.

—Ah, pues será mejor que dejes de hacerlo enana —el veneno salía por la boca de Rosalie -, porque tu culo ya es lo bastante gordo como para que te estés cebando como una cerda.

— ¡Rose! —exclamó cansada Bella. —Déjala ya, ¿no ves que dice la verdad? —la rubia se quedó mirando a Alice.

—Eso ya lo veremos —tenía los ojos entrecerrados. —Cuídate las espaldas, Mary Alice Brandon, nunca sabes lo que puede pasar.

Después de aquello, las tres se quedaron en su habitación, charlando de todo y de nada. Por supuesto, las pullas de Rosalie hacia la pequeña Alice no faltaron, pero así era ella. Cuidaba a Bella sobre todo y sobre todos, no dejaría a nadie sin despellejar. Las dos rubias empezaron a llevarse bien desde el momento en el que cayeron en la conclusión de que los italianos tenían la media de los penes más grandes de Europa. Bella meneó la cabeza, aquellas dos pervertidas no cambiarían nunca.

—Mira que ponerse a hablar de penes en un momento con éste... —le susurró Alice mientras la miraba con los ojitos suplicantes y vidriosos. Bella cogió su mano y le dio un dulce apretón.

—Pues deberías ver lo que puede hacer Rosalie en el peor de los momentos —giró la cabeza e hizo que la conversación fuese común. — Rose, ¿te acuerdas cuando hiciste la fiesta de Navidad en tu casa, pensando que tus padres estarían en Japón, trajiste boys, gogós, todo el mundo debía de ir en ropa interior provocadora, e instalaste unas barras por toda la primera planta?

—Sí... bueno —la rubia cogió un mechón de su cabello y empezó a retorcerlo. Soltó una leve carcajada. —Fue divertido.

—Sí, sobre todo cuando entraron tus padres y te vieron montándotelo con un africano sobre la mesa del comedor —Bella la miraba desafiante. Sabía que ahora ella diría algo que la haría avergonzarse.

—Al igual que tú, ¡cacho zorrón! —la apuntó con el dedo mientras miraba a sus otras dos amigas y les decía: —Aunque no lo parezca, ella estaba en la piscina, ¡con dos tíos! Imaginaos, un Brad Pitt, con sus músculos bien puestos, y a un Matt Bomer con ese culo prieto… —la rubia estaba haciendo todos los movimientos, señalando cada parte de la que hablaba, mientras se mordía el labio inferior.

—Simple curiosidad —levanté los hombros. Ellos fueron, aparte de Edward, Matt y... y ese, los que la tocaron de aquella manera.

—Ya, ya, curiosidad —Rosalie la miraba con los ojos entrecerrados.

Sus amigas continuaron conversando. Ella las miraba con una sonrisa. Se sentía tan bien volver a tenerlas. Nunca estuviste sola, le susurraba su subconsciente. Y así era, ella había sido la única que ponía piedras en su camino. Contaba con el apoyo, cariño, amor de sus amigas y, sobretodo, con una nueva confianza en sí misma. No volvería a dejarse pisar. Si James quería arrebatarle la agencia, no lo conseguiría; si intentaba de nuevo algo como lo pasado aquel día, ahí estaría Sam para darle la mayor paliza de su vida.

Recordó las fotos de ella fumando con sus amigos. Ni aunque lo soñase conseguiría demostrar que era marihuana, era la palabra de ella contra la de él, un don nadie. Durante la charla con las chicas, Sam había venido a ver cómo se encontraba. Bella le preguntó discretamente sobre las fotos que llevaba con ella cuando la encontró. El hombre le aseguró que las tenía en su poder, y que nadie las había visto. Bien, pensó.

Una alegría inmensa la inundó. Lo ocurrido había hecho que abriera los ojos. Cambiaría su manera de ser. Se había estado comportando como si no tuviese sentimientos, y estaba harta. Sentía que había sido una de las formas con las que poder sobrellevar su pasado. El dolor, cuando no se convierte en verdugo, es un gran maestro(*); y ella ya empezaba a aprender de sus errores.

Y lo primero que haría, sería ir por el bombón que trabajaba en el despacho de al lado. Si lo pensaba con detenimiento, aquel arrebato de furia le había sonado un tanto celoso.

Estupendo.

Vida sólo hay una, y prefería conocer todos los placeres que ésta pudiese darle, a seguir sufriendo en silencio.

Edward Cullen, prepárate, porque la fría Isabella Swan ha desaparecido.


(*) Frase de Concepción Arenal, escritora española vinculada al movimiento feminista del sigo XIX.

¿Qué pasa con James?¿Os compadecéis de Alice?¿Qué os parece el cambio de Bella?

Muchísimas gracias por todos los rr, favs y alerts, ¡sois un encanto y un amor! Y sobre todo a mi beta Verónica por ayudarme con las cosas que no tenían sentido! :P

TataXOXO: sí nena, nuestra Bella está un poco tonta estos días XD Besitos! EddieIlove: ¿verdad? Yo pienso lo mismo que tú ;) Besitos! Marian24: muchas gracias! besitos! CorimarCautela: pienso que cada una hemos pasado por una situación similar, y es de todo, menos agradable... :S Espero que te haya gustado el capi ;) Besitos! ErandiLina: si te digo la verdad... James está un poco loco el "pobre" XD En el siguiente capítulo se explicará mejor por qué se comportó de esta manera ;) ¡Alice recapacitó! Aunque Rosalie la vigila todo el rato... interesante jajaja Espero no haberte hecho sufrir mucho :P Y que te haya gustado :3 Besitos! Maricoles: sí, hija sí! si es que los chulitos es lo que tienen :P Besitos! Nefertiti85: me alegra oír eso! jajaja, eso significa que lo he hecho bien y que por lo menos he mantenido vuestro deseo de seguir leyendo :P Y muchas gracias corazón! Besitos!

Gracias otra vez! :DD

¿Me dejarán saber sus impresiones?

Muchísimos besitos,

Valentine :3