Nos leemos abajo amores! :3
Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)
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"La pasión es una obsesión positiva. La obsesión es una pasión negativa."
Paul Carvel.
Capítulo 10
Bella estaba sentada en una de las incómodas sillas de la comisaría de policía en la que trabajaban tanto Jacob, como Sam. Una taza humeante había sido colocada delante suya hacía tan sólo unos minutos, por Leah, una de las oficiales que también se ocupaba de su caso. A su lado, cogiéndola de la mano, estaba Rosalie, su salvavidas personal. Cuando notó que la rubia la estaba observando atentamente, ella le sonrió para tranquilizarla. Su amiga temía que se pudiese volver a derrumbar, pero eso ya no volvería a pasar, su intención era cambiar y lo haría. Dejaría de llamarse Isabella Swan si no lo hacía.
Jacob la había llamado a declarar, para así poder llevar a cabo la denuncia contra James. El muy imbécil no se había dado cuenta de que los ascensores contaban con cámaras de seguridad, y todo lo que hizo estaba grabado. Bella sonrió ante aquel pensamiento, cada vez lo estás haciendo peor James, quién te ve y quién te ha visto. En una carpeta, sostenía las dichosas fotos que él había tenido la vergüenza de tomar. Era un repugnante acto posesivo, lo sabía, ¡y lo peor era que no tenía ni el más mínimo derecho a hacerlo! Él seguía creyendo que lo suyo era un matrimonio, no, perdón, un permanente estado de esclavización.
No sabía lo que se le había podido pasar por la cabeza para cometer tales actos, pero estaba cien por cien segura de que estaba loco. Algún problema mental debía de tener, le había visto hacer cosas raras, seguir unos rituales que no conseguía entender. Cada vez que él la agredía no parecía sentir ni un poco de remordimiento o culpa, solamente le sonreía cual idiota. Frunció el ceño, que se fuera a tomar viento aquel miserable, ella iba a declarar, que lo encarcelaran y así ella podría vivir por fin tranquila. Sintió a Sam posicionarse a su espalda e inmediatamente supo que Jacob estaba por venir.
Y no se defraudó, éste apareció con un gran expediente entre sus manos. Lo dejó caer en la mesa y Bella se estremeció por el ruido que éste produjo. Una vez él se hubo sentado, Bella lo miró atentamente, a espera de sus preguntas. Sin embargo, éste la sorprendió.
—Isabella, no la vamos a interrogar —la mirada de ella estaba confundida. —Ya sabe lo que dicen, una imagen vale más que mil palabras, imagínese lo que un vídeo nos ha podido producir.
— ¿Para qué me ha llamado, entonces? —la confusión no había menguado.
—Queremos que hable con uno de nuestros psicólogos —éste se apresuró a levantar las manos y aclarar su afirmación. —No nos entienda mal, Isabella. Queremos que haga un perfil psicológico de James.
— ¿Por qué? —ya podía hacerse una idea de la respuesta...
—Según hemos podido observar, no comparte las típicas características que con un violador —la miró cauteloso. —Queremos que nos cuente lo que sepa sobre su vida y cómo era su comportamiento durante el período en el que estuvo conviviendo con él.
—Por supuesto.
Veinte minutos después se encontraba en una habitación reservada, con la típica ventana/espejo de las interrogaciones, esperando la llegada del especialista. Cuál fue su sorpresa al ver a Jasper Whitlock, vestido de negro, de pies a cabeza, usando unas gafas que le resbalaban por su blanca y perfecta nariz, y con una pequeña grabadora. No la reconoció inicialmente, sin embargo, una vez leyó su nombre en el groso historial que antes había tenido Jacob, la miró sorprendido. Por suerte, supo mantener la bocaza callada y comenzó con las preguntas.
—Buenos días, Isabella —su voz estaba tensa. — ¿Le molestaría que haga preguntas personales, con precisos detalles de todo por lo que ha pasado?
—No.
—De acuerdo —esta vez la voz del rubio flaqueó ante la respuesta corta y seca de ella.
Las primeras cuestiones fueron de lo más simples, dónde le conoció, qué amigos tenían en común, cómo era su personalidad, si había tenido muchas mujeres en su vida... Las respuestas eran fáciles. Sin embargo, la que más le costó fue la evolución que tuvo desde que se conocieron hasta el presente. Si se paraba a pensarlo, James era un ser más raro de lo que había imaginado. No se detuvo nunca a analizarlo tan atentamente como lo estaba haciendo ahora.
Inicialmente, él había sido el hombre más encantador que había conocido en toda su vida, casi parecía idolatrarla. Que la reconfortase después de sus largas y pesadas discusiones con su madre, había hecho que terminara de perder la cabeza por el chico. Ella era joven, estúpida y no podía ni imaginar lo que le esperaba. En varias ocasiones el monstruo que James llevaba dentro, había intentado salir, con gestos violentos e irracionales.
Un día, habían ido al estreno de una nueva película de acción y terror, cuyo protagonista era un caníbal que disfrutaba con la tortura. Bella no sabía porqué había aceptado, sin embargo, casi se le sale el corazón del pecho cuando vio sonreír a James en medio de una de las escenas más espeluznantes y terroríficas de la película. Pero, no acabó ahí todo, cuando salieron del cine se encontraron con que una prostituta estaba apoyada sobre su coche. Según parecía, había sufrido algún tipo de mareo, ya que tenía los ojos entrecerrados y la mano derecha sobre su frente húmeda. James le ordenó que se quitara pero la mujer no parecía oírle, así que éste le propinó un par de golpes lo suficientemente fuertes como para que Bella oyera distintos crac.
Pensó que él estaría sobrexcitado por la película, y que eso no volvería a pasar porque siempre había demostrado ser un hombre pacífico que no se metía con nadie, pero otra vez estaba equivocada y acciones como estas se volvieron a repetir, gracias a Dios sin estar ella presente. Lo averiguaba cuando le veía ensangrentado y James sólo le decía que había ayudado a algún pobre inocente de ser robado, asesinado, violado, etc. Mentira, pensaba Bella cada vez que aquellas excusas salían por la viperina boca del hombre. Nunca le había visto hacer un acto solidario por alguien, nunca, y no creía que de pronto lo hiciera. Sin embargo, Bella hizo oídos sordos.
A lo largo que pasaban los días, él volvió a su estado de novio preocupado y deseoso de darle todo lo que, según él, ella merecía. Cuando ocurrió el terrible encuentro entre ellos en la fiesta, se dio cuenta de que se había engañado completamente, creyendo que aquellos despreciables actos de antaño no volverían a salir a la luz. Pues bien, se vio obligada a casarse con un violador, que disfrutaba pegando a personas más débiles que él, eso sí, con una sonrisa siempre pegada a su maldito rostro. Cuando averiguó que también estaba utilizando a su madr... es decir, a Renée, su cabeza no paraba de dar vueltas y vueltas, ¿qué buscaba de ella? Nada que una mujer joven le pudiese ofrecer, de eso estaba segura. ¿Entonces? Pronto descubrió la respuesta: dinero, ¡cómo no!
Al poco de estar casados, se enteró que tenía grandes deudas de juego, y estaba totalmente convencida de que Renée le pagaba todas y cada una de ellas, ya que por el seguro de vida de mi padre recibimos 300.000 dólares. Sin embargo, Bella consiguió zafarse de toda aquella mierda cuando se escapó, después de que James dejara sin un dólar a su madre, y a ella destrozada física y psicológicamente.
— ¿Cómo consiguió dar contigo? —preguntó la suave y contenida voz de Jasper.
—No lo sé —Bella se encogió de hombros. —Sólo sé que después de seis años sin verme, empezó a acosarme otra vez.
Después de que él la encontrara en Nueva York, las cartas con amenazas comenzaron a llenar su apartamento, pidiendo dinero y siempre recordándole que era de su propiedad, que legalmente era una McCarty. Ella le había suplicado que firmara los papeles del divorcio, que le pagaría cuanto quisiese, pero que los firmara de una vez. Él siempre se negó.
Inicialmente, sus cartas tenían un cierto deje amable, dentro de lo que cabe. Sin embargo, viendo que ella aceptaba y le entregaba todo lo que deseaba, se volvieron más exigentes y dominantes. En lo que llevaba de ese año, nunca se había presentado físicamente para asustarla, pero podía hacerse una idea del porqué esta vez sí.
—Bella —Jasper se removió inquietamente en su silla y se pasó una mano por el pelo, —porque puedo llamarte así, ¿verdad?
—Sí, no se preocupe señor Whitlock.
—No te voy a mentir, estamos ante un caso de psicopatía —. Bella le miraba atentamente, absorbiendo toda la información que el rubio le podía dar. —Podríamos clasificarlo como un psicópata de "Factor 1", más específicamente de la "Faceta 1" según la tabla realizada por Robert Hare. James cumple las características de ese sector: locuacidad y encanto superficial, estafador/engañador y manipulador, entre otras. Según me has ido contando, este hombre va cumpliendo una serie de ciclos, los cuales se van sucediendo cada vez más rápidos y con mayor intensidad. Debes tener cuidado Bella, porque James se ha obsesionado contigo. Éste recibe cierto placer sadomasoquista por medio de la violación y la violencia que te generó. A su vez, el dinero es uno de sus principales motivos de acción, así que le daremos lo que quiere.
— ¿Cómo? —preguntó Bella confundida. ¡No quería darle ni una miserable moneda!
—Quédate tranquila —respondió alzando las manos. —Nosotros te proporcionaremos dinero falso para que se haga el intercambio. Toda clase de negocio está legalmente obligado a entregar y de avisar de las falsificaciones que reciba, y debido a una marca especial que contienen esos billetes, le podremos seguir la pista vaya donde vaya, hasta que le cojamos —en aquel momento Jacob entró por la puerta. Bella lo miraba insegura.
—Todo lo que le ha dicho Jasper es cierto, Isabella —le aseguró. —Sam ya tiene la cantidad que necesitareis, así que por ahora te puedes ir a casa y descansar tranquila.
—Entonces, ¿por eso las fotos... —dejó la pregunta sin terminar.
—Sí, Bella —respondió Jasper. —Debido a aquellas fotos, te atacó, para "recordarte" que eres posesión suya.
— ¿Podré deshacerme de ellas o son una parte importante del caso? — decidme que sí, ¡os lo ruego!
—Por ahora las mantendremos nosotros —le dijo Jacob serio. —Por si es necesario presentarlas, pero este tranquila, nadie más las verá.
—Gracias —la voz de la morena no sonaba muy segura, aún así les estrechó la mano fuertemente. Aquellas malditas fotos la enseñaban a ella y a Edward Cullen en su apartamento cuando tuvieron aquel momento de pasión desenfrenada. No quería que nadie las viera, una cosa era cambiar y otra ir enseñando lo que hacía en su intimidad.
Sólo esperaba que Jacob cumpliera su palabra.
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Edward estaba tirado en su sofá de cuero negro mirando al techo enfurruñado. Era sábado y quería dormir hasta la hora que le diese la gana pero no, su hermano Garrett, tuvo que aparecer a las nueve de la mañana y despertarlo de un caliente y húmedo sueño con Bella. Cuál fue su sorpresa al saber que él venía a hablarle de lo mismo, pero con malas noticias.
—Ayer por la tarde la trajeron al hospital con un corte en el bajo abdomen, demasiado profundo para que hubiese sido sólo un intento de robo, como dijeron los policías —le contó su hermano.
— ¿Está bien? —se maldijo por dentro. Sabía que tenía que haber ido tras ella, no haberla dejado sola. Pero como el cabrón que era, no lo hizo.
—Todo lo bien que se puede estar con diez puntos —Garrett se encogió de hombros. —Es muy terca.
—Tengo que ir a verla... —susurró para sus adentros Edward pero su hermano lo oyó.
—Se la llevaron a la comisaría nada más salir.
—Ah… —fue lo único que fue capaz de decir.
—Maggie y yo vamos a ir al centro comercial a comprar algunas cosas para el bebé —la emoción se notaba tanto en su mirada como en su tono de voz. —Van a venir también Alistair y Emmett.
— ¿Por qué siempre tengo la sensación de que nos arrastras contigo para tener apoyo contra tu mujer? —gimió Edward mientras se tapaba la cara. —Si no hay otra opción...
—Llamaré a los chicos para decírselo —antes de irse se giró y le señaló con el dedo. Edward tenía ganas de cogérselo y metérselo por donde le cupiese... —Maggie esta más sensible de lo normal, así que ni se te ocurra rechazar nada de lo que te compre.
Bufó. Él sólo quería ir a ver a Bella, se sentía como un cerdo por lo que le había dicho y, en cierto modo, culpable por lo que le pasó. Pero no sabía cuándo volvería a su casa ya que estaba en la comisaría. Antes de que su hermano se marchara lo oyó gritar:
—En una hora te pasarán a buscar. ¡Y tenemos una conversación pendiente tú y yo!
Mierda, mierda, pensó. Sólo en ese momento se dio cuenta de que le había hablado de una tal Bella Swan... una fría y extraña mujer a la que quería impresionar. Su tono de voz en la llamada, no presagiaba nada bueno y eso encendió las lucecitas rojas a su hermano. Y lo peor de todo era que tendría que aguantar a su enérgica cuñada.
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Una vez en su casa, Bella se tiró en la cama. Giró la cabeza hacia su armario, el 85% estaba vacío. Todavía se seguía preguntando qué habría pasado con su ropa. Después de pensarlo durante las noches, había llegado a la conclusión de que James no pudo ser, él nunca se había fijado en detalles tan insípidos como aquél, y no creía que fuese a empezar entonces. Por tanto, volvió a su anterior idea de que Alice fue una de las causantes de que, de un momento a otro, su guardarropa se quedase vacío. Se levantó lo más lento que pudo y se dirigió a la habitación de la enana.
— ¡Aliiiiiice! —gritó furiosa. Abrió la puerta de golpe y la encontró en la posición más rara que alguna vez pudo haber visto para pintar.
— ¿Qué haces encima de la cama? —Bella frunció el ceño. La enana tenía cada pie a cada lado del lienzo. —Vas a manchar las sábanas, si no lo has hecho ya —, desconcertada miró como esparcía la pintura. Cogía la brocha y hacía un movimiento el cual formaba manchas sobre el lienzo. Durante el proceso, se manchó a ella también.
—Tranquila, he puesto un protector encima —Alice, al ver la cara de su amiga, suspiró y empezó a explicarle: —He ido a mi estudio pero no me venía la inspiración. Cuando llegué aquí, no sé cómo, pero no he podido parar de pintar. Éste no es uno de los mejores, pero puede decorar el salón —se encogió de hombros.
—Sí... Esto… ¿Alice? —Bella recordó porqué había ido y se apresuró a preguntar. — ¿Tiraste toda mi ropa? —la enana se quedó paralizada.
— ¿¡Yo! —la expresión de inocencia que puso, la delató completamente. Bella enarcó una ceja a la par que se cruzaba de brazos. —Vale, sí. Cuando estuvimos recogiendo todo, vi mi oportunidad e hice lo que debías haber hecho hace mucho tiempo. ¡Y no voy a permitir que te vuelvas a comprar esa ropa de abuela otra vez! Me da igual que te opon...
—Para Alice. Pensé que podríamos ir al centro comercial a comprar algunas cosas un poco más... —paró por un momento pensado en la palabra exacta, no quería decirle "para poner cachondo perdido a Edward Cullen", — ¿sexy?
Los ojos de Alice se abrieron desmesuradamente y se bajó de la cama de un salto. Sin decir palabra, fue hasta su armario y después al baño. Bella salió sigilosamente de la habitación y fue hasta su teléfono. Llamó a Rosalie y a Irina para que las acompañaran. Esa tarde iba ser una de chicas, y la quería disfrutar tanto como pudiera. Por supuesto, las dos rubias aceptaron encantadas y se presentarían en su casa en media hora. Bella fue a ponerse algo cómodo: jeans, jersey y unas convers. Por encima, se puso la primera chupa que le regaló su padre. Cuando salió a encontrarse con Alice, Bella se quedó bocabierta.
— ¿¡Tacones! —exclamó horrorizaba mientras los señalaba. — ¿¡Me lo estás diciendo enserio!
—Nunca se sabe a quién te puedes encontrar —contestó orgullosa la duende.
El timbre de la puerta sonó y Bella fue a abrir. Un enorme y descomunal hombre estaba esperando, podía jurar que no cabía ni de alto ni de ancho. La morena estaba clavada en el suelo con la boca abierta y los ojos como dos platos cuando de repente oyó una familiar voz.
— ¡Félix, hazte a un lado amor! —y apareció Irina, la cual no le llegaba ni al pecho al que parecía ser su novio.
—Pero qué... —comenzó a decir Bella pero quedó interrumpida por el fuerte abrazo que le dio la rubia.
—Me he traído a Félix para que Sam vaya a descansar, y pasar tiempo con su familia —de un segundo a otro el aludido estaba a su espalda.
—Se lo agradecería mucho, hoy es el cumpleaños de mi hijo y no me lo quiero perder —su cara estaba esperanzada.
—Por supuesto que sí —aceptó Bella sonriéndole. —Vaya y que tenga un muy buen día, Sam.
—Gracias, señora.
Después de aquello, todas nos fuimos al coche. El camino fue de lo más movidito. Las chicas no querían ir al centro comercial a comprar la ropa, decían que allí no estaban las grandes marcas. Fuimos a Chanel, Yves Saint Laurent, Dolce&Gabanna, Calvin Klein, Louis Vuitton, Balenciaga, Christian Louboutin, Jimmy Choo... Bella estaba exhausta para cuando llegaron al centro comercial. Había conseguido convencerlos de que fueran a tomar un helado. Bella disfrutó restregándoles que la mayoría de las tiendas a las que habían ido, se encontraban allí también y, gracias a ello, las chicas la arrastraron a Victoria's Secret como castigo.
Durante todo el tiempo que estuvieron allí, ella no tuvo ni voz ni voto. En el raro caso de que le preguntasen si le gustaba algo, empezaban a hablar antes de que pudiese contestar. No sabía cómo, pero acabó en la caja, con una montaña de ropa interior de encaje, con tres mujeres a su lado sonriendo como unas locas y pagando un recibo descomunal.
Tres horas después, por fin estaban sentados en donde Bella quería, con un helado de chocolate y vainilla delante. Félix resultó ser de las personas más agradables que había conocido y estuvieron conversando sobre el viaje que tenían planeado, él e Irina, para visitar a sus padres. La rubia volvió a rogarles que los acompañara. Según palabras de su novio, eran aterradores, amorosos, pero que no se cortaban ni un pelo en decir lo que pensaban y en preguntar cualquier cosa que se les pasara por la cabeza.
—Voy un momento al baño, chicos —dijo Bella.
—Te acompaño —Rosalie se levantó de la silla y ambas cogieron sus bolsos.
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¿Por qué me pasa esto a mí?, se preguntó Edward. En sus manos tenía más de diez bolsas, llenísimas cabe decir, todas con ropa para el bebé, para su hermano, para Emmett y también para él. Tenía ganas de estrangular a Maggie, pero viéndola con aquella barriga hinchada y la cara de emoción, éstas menguaban. Edward se quería ir a su casa, ¡estaba harto ya!
—Alistair, ¿cuántas posibilidades tenemos de escabullirnos sin ser vistos? —susurró Edward.
—Pocas —contestó éste brevemente, ante la mirada calculadora de Maggie. — ¿Por qué me está mirando así? —Emmett rió.
—Te está escaneando —dijo Edward.
— ¿Escaneando?
—Sí —apoyó Emmett. —Básicamente para meterse ahora contigo. Primero empezará a hacer preguntas sobre...
— ¡Alistair! —exclamó una cantarina voz que se acercaba hasta ellos interrumpiendo así al grandullón. —Ven conmigo y cuéntame sobre ti.
Viendo que su cuñada se alejaba con Alistair, Edward fue a sentarse en un banco. Emmett y Garrett lo imitaron.
—No sé cómo puedes aguantarla —suspiró Edward. —No te confundas, la quiero... Pero es demasiado hiperactiva para mi gusto.
—Con lo tranquilito y pacífico que eres tú, Garrett —dejó caer Emmett.
—Sí —su hermano se quedó pensativo durante unos momentos. —Nos complementamos a la perfección.
—Si tú lo dices... —murmuró Emmett.
— ¿Y qué hay de ti, Em? —repuso Garrett divertido. El grandullón empezó a reírse.
—No querrás saberlo, pero...
— ¡No, no, otra vez no! —lo interrumpió Edward a la par que se tapaba los oídos. —Prefiero no quedarme traumatizado por el resto de mi vida —viendo que Garrett sí quería, continuó: —Me voy al baño... ¡Después no me digas que no te advertí, hermano!
Dicho esto se fue.
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Bella estaba apoyada sobre el lavabo observando a la rubia. En aquel instante se estaba retocando sus perfectamente perfilados labios rojos. Su pelo estaba suelto con ondas californianas que la tenían muerta de la envidia. Sus curvas se marcaban perfectamente a través de los jeans negros y la camiseta en forma de pico. Para su sorpresa, ella también se había puesto tacones, y no unos cualquiera, si no unos stilettos de Louboutin de infarto. Bella se giró un poco para ver su reflejo en el espejo, e inevitablemente se comparó con la rubia. Ni punto de comparación, pensó.
—Puedes estar igual o mejor que yo, Bells —dijo Rosalie, sorprendiéndola. La rubia tenía una sonrisa pintada en la cara.
—Ni en mis mejores sueños —rió en respuesta.
— ¿Cuánto te apuestas? —la retó. Había un brillo en su mirada que hizo que Bella se estremeciera de anticipación.
—Pero yo no gano nada —quedar espectacular para ir a ver a Cullen, le susurró su subconsciente. Su cara debió de haber expresado algo, ya que Rosalie le dijo:
—O sea que lo que me han contado es verdad... —una sonrisa maléfica se extendió por sus labios. — ¿Cómo me dijeron que se llamaba?¿Edmund?
—Edward —la corrigió inmediatamente y se arrepintió al instante. La muy puta tenía una sonrisa de satisfacción pintada en su bonita cara, lo había hecho a drede, lo normal era que nunca se acordara de los nombres de ningún hombre.
—Te apuesto quinientos dólares a que, después de que me ocupe de ti, no va a poder ni articular palabra —su mirada la tentaba. ¡Qué cojones! Te prometiste a ti misma pasar página Bella. ¡Acepta la apuesta!, le decía la vocecilla.
—Quinientos dólares, entonces —extendió la mano y Rosalie se la cogió.
—Sólo una pregunta. ¿Por qué este repentino cambio de guardarropa?
—Primero, porque Alice me tiró la que tenía —empezó la morena. — Segundo, porque he decidido pasar página y disfrutar de cuanto placer me ofrezca la vida. Y tercero, porque no pienso dejar que el chulito ése, venga a insultarme. Si me cree una zorra, habrá que serlo, ¿verdad?
Para ese entonces, las dos ya estaban riendo y atravesando la puerta de salida. Sin embargo, cuando estaban a punto de girar para ir con sus amigos, alguien la cogió de la cintura y la apretó contra sí. Inmediatamente supo de quien se trataba. Su olor la inundó como una bala, dulce y seductor. Inconscientemente se relamió los labios.
—Cullen —ronroneó. —No esperaba encontrarte por aquí.
—He sido obligado —contestó mientras la apretaba más fuerte. Mmm, qué bien se siente... pensó la morena.
—Yo también... —no lo estaba, ¡qué mas daba que mintiese! Se dio lentamente la vuelta y lo agarró de la nuca. ¿Podría estar más guapo?, se preguntó. Una sonrisa se extendió por su cara, Bella veía el deseo que había pintado en la semblante del hombre. Te vas a quedar con las ganas Cullen. —La semana que viene no voy a ir a la agencia —desvió su mano izquierda hasta sus labios y pasó uno de sus dedos por encima.
— ¿No? —su ceño se frunció y ella dirigió su dedo hasta el lugar, haciéndolo desaparecer.
—Quiero saber que va a estar en buenas manos —llevó su mano derecha hasta su cinturón y tironeó levemente de él. Sintió como se le entrecortaba la respiración.
—E-eso te lo puedo asegurar, Swan —la aludida sonrió traviesa. Con la izquierda tiró de él para darle un corto beso. Justo cuando sintió que él iba a profundizarlo se apartó bruscamente.
—Qué pena que esas manos sólo puedan estar atendiendo la agencia —Bella iba dando pequeños pasos hacia atrás, alejándose. Al acabar de decir aquella frase no pudo evitar volver a lamerse los labios cuando lo examinó de arriba a bajo. Qué bueno está el condenado, gimió en su interior.
Antes de darle tiempo a decir nada, salió disparada. Giró la esquina y se chocó contra Rosalie, la cual tenía la mandíbula por los suelos. Bella simplemente rió y tiró de su mano para que avanzaran. Ella misma estaba incluso más sorprendida que la rubia por haber hecho aquello. La Bella de hacía unas semanas se habría reído en su cara, pero quería cambiar, y tenía pensado hacer aquello tanto como pudiese. Se había estado perdiendo mucha diversión por un gilipollas que se había obsesionado de su dinero. James, vete a tomar viento; Edward, bienvenido seas.
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¿Qué coño?, pensó estupefacto Edward. Estaba parado mirando el lugar por el que se había marchado. ¿Quieres jugar, Swan? Furioso, giró sobre sus talones y fue hacia el banco. Observó que Garrett miraba asustado el suelo y Emmett se carcajeaba fuertemente. Me dirigí hacia este último. Él conocía a Bella desde hacía bastante, según me había dicho, y tenía que tener su número de teléfono.
—Emmett, ¿me puedes dar el número de Isabella Swan? —demandó, su cara contraída por el enfado.
— ¿Para qué? —se estaba limpiando las lágrimas y Edward empezó a perder la paciencia.
—Necesito hablar con ella de un asunto urgente —sintió la intensa mirada de su hermano sobre él. Que piense lo que le dé la gana, pensó.
Cuando Emmett le dictó el número, le escribió un mensaje:
"A este juego hacen falta dos, Swan. Y créeme cuando te digo que estoy encantado de participar. Mañana a las 9.30 pm te paso a buscar a tu casa. No acepto un no por respuesta, así que estate preparada.
Tu compañero de diversión,
Edward Cullen."
Hola a todas! ¿Qué os ha parecido la apuesta? Promete bastante jajaja
Muchísimas gracias por los alerts, favs y rr: ¡sois un amor de mujeres! :P Y por supuesto, ¡muchísimas gracias también a mi beta Verónica! :D
marian24: me alegra que te esté gustado! Besitos! Tata XOXO: yo pienso lo mismo que tú: más cabeza en algunas ocasiones! jaja Y acertaste completamente con James! Espero te haya gustado :3 Besitos! ErandiLina: pero por lo menos espero haberte recompensado con éste capítulo que es un poquito más largo de lo normal? *ojitos dulces+pucherito* :P Te aseguro que la camisa de fuerza no va a ser la única cosa que James consiga! Me alegra que te hayan gustado :) Besitos! Maricoles: es éso y mucho más el hijo de su madre! XD Era una especie de advertencia lo que le hizo :S Besitos y nos leemos! corimar cautela: la que nos espera con nuestra nueva Bella! Está hecha toda una zorrona jajaja Mmmm, me gusta "Mister hermoso", ¿deberíamos llamarle así? :P Besitos! liduvina: muchísimas gracias por todos tus comentarios. Me alera que te esté gustando! :D Besitos! sandra32321: espero que te lo siga pareciendo :P Gracias por tu comentario! Besitos :)
Muchísimas gracias a todas otra vez y como lo ha llamado corimar cautela, ¿qué os parece el sobrenombre de "Mister hermoso" para nuestro Eddie, chicas? (En el caso de que ya se esté utilizando en algún otro fic, retiro lo dicho, no me gusta plagiar).
Nos leemos corzones!
Valentine :3
