Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)

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"Podría simular una pasión que no sintiera, pero no podría simular una que me arrasara como el fuego"

Oscar Wilde.


Capítulo 11

¿Qué pensaba ese loco al mandarle aquel mensaje?

Eran las nueve y media del día acordado, por él cabe decir, y Bella estaba vestida con su peor chándal a propósito. Que te jodan, Cullen. Vas a tener que inventar algo mejor; pensó Bella. Pronto oyó el timbre de la entrada y fue a abrir lo más tarde que pudo. Cuando se encontró en la puerta, la abrió de igual manera y sintió unos deliciosos escalofríos recorrer su espalda. El condenado estaba más guapo de lo que le había visto hasta entonces, con unos jeans bastante ajustaditos y una camisa que se amoldaba a su cuerpo de igual manera. Para acabar por volverla loca, tenía los tres primeros botones abiertos, revelando el amplio y musculoso pecho que ya conocía. Decidió empezar a torturarlo otra vez, y se mordió el labio inferior. Sintió la mirada de Edward en aquella zona y sonrió satisfecha. Sin embargo, vio que el hombre tenía un gesto de reproche pintado en su cara.

— ¿Qué haces vestida así?

— ¿Ahora te metes también con mi manera de vestir? —atacó Bella mientras alzaba una ceja. —Ésta es una de mis mejores galas.

—Eso lo dudo mucho —susurró Edward en respuesta. — ¿Me vas a dejar pasar?

— ¿No íbamos a ir a una cena, o algo parecido? —dijo ella con indiferencia. En aquel momento se estaba mirando las uñas de la mano izquierda.

—Sí —le confirmó mientras la hacía a un lado. —Y voy a esperar hasta que estés decentemente vestida.

— ¿Me vas a elegir tú la ropa? —preguntó sensualmente con una sonrisa socarrona en la cara. —Primera puerta a la izquierda.

Dicho esto, se tumbó en los almohadones que seguían colocados en el suelo. Cada vez se le quitaban más las ganas de volver a decorar la estancia.

Quince minutos después y un par de gritos de impaciencia por parte de ella, Edward apareció con un vestido rojo, recatado y cubierto por la parte delantera, pero con una abertura muy poco decente en la espalda. Bella negó con la cabeza a la vez que chascaba la lengua. Se levantó y se lo quitó de las manos.

—Ese es para una ocasión especial —lo cogió y lo volvió a llevar al armario. Cuando vio que él la seguía, le cerró la puerta en sus narices y cogió la ropa que ya tenía preparada. Aunque intentase negarlo, sabía perfectamente que no iba a rechazar la oportunidad de ir a una cena con él.

Se puso unos pantalones de cuero, una blusa de tirantes oversize metida por dentro de los pantalones, un blazer y los complementos que le daban la vida al look: unos tacones decorados con tachuelas en forma de pinchos en la parte del tacón y el talón, y un clutch pequeñísimo del mismo estilo. Es decir, un total black que le sentaba de maravilla. Se alborotó el cabello rizado y se maquilló en un estilo que hacía su mirada más felina. Una vez arreglada, se miró en el espejo de cuerpo del baño y sonrió satisfecha.

Salió de su habitación y se dirigió hacia el salón. Su satisfacción y ego subieron hasta límites insospechados cuando él se dio cuenta de su presencia. La miraba como si se la quisiera comer y eso le encantaba. Se le acercó contoneando las caderas provocativamente. Bella pudo ver como Edward tragó en seco.

— ¿Nos vamos o vas a estar ahí parado por siempre? —preguntó Bella. Él carraspeó.

—Sí —le tendió el brazo pero Bella pasó por su lado, ignorándolo.

El camino hacia el lugar al que estuviesen yendo, fue tranquilo y silencioso. Él miraba enfurruñado hacia el camino y ella escondía una sonrisa. ¿Te crees que las zorras son fáciles, Cullen? Pues ésta no lo será; pensaba Bella.

— ¿A dónde me vas a llevar? —ronroneó la morena.

—He reservado en el MASA—iba a continuar diciendo algo, sin embargo, el sonido de un teléfono móvil llenó el ambiente. Edward me miró a modo de disculpa. —Cullen... ¿¡Qué!?... ¡Por supuesto que no! —silencio. —Me debes una buena Garrett —gruñó al aparato y colgó inmediatamente.

— ¿Pasa algo malo?

—No, sí, ¡yo que sé! —dio un golpe al volante, furioso. —Cambio de planes. Mi hermano se ha colado en la reserva que teníamos, llegó antes el muy hijo de puta y dijo mi nombre.

—Espera que llamo a mis amigos y vamos a algún sitio con ellos —suspiró Bella. ¡Joder! El restaurante era uno de los mejores de Nueva York. Cogió el móvil de su pequeño bolso y marcó el número de Demetri. Después de intentarlo tres veces con él y otras tantas con Riley, decidió intentarlo con Irina. Gracias a Dios, respondió.

— ¿Sí? —su voz sonaba pastosa.

—Soy Bella. ¿Estás con los chicos? —preguntó la morena.

—Sí, estoy con ellos —oyó como se reía. — ¿Mister Hermoso no estuvo a la altura?

—Ya te contaré. Te lo paso para que le expliques cómo ir.

Media hora después, Riley, Demetri, Irina, Felix, Alice, Rosalie, Edward y ella; estaban sentados en un reservado de la discoteca, con cinco botellas de alcohol delante y la música ensordeciéndolos. Edward estaba incómodo, lo notaba. Hablaba con sus amigos, pero no se soltaba completamente ya que las chicas le abordaban con preguntas y más preguntas. Parecía que le estaban haciendo un tercer grado: estremecedor.

Desvió la mirada hacia Riley y la quitó tan rápido como la había puesto, se lo estaba montando con Demetri y le parecía de muy mala educación quedarse mirando. Así, acabó observando a un callado Felix. Aunque sus rasgos estuviesen contraídos en forma de desagrado, Bella intuía que no se lo estaba pasando mal. Podía decir incluso que tenía la oreja pegada a la conversación del grupo de chicas y Edward, y que el grandullón intentaba contener las carcajadas. De igual manera, pudo adivinar que quería ir a bailar, básicamente porque iba marcando el ritmo de la música con el pie. Giró su mirada hacia Irina, la cual estaba enfrascada en una descripción de lo más extraña. No, no parecía tener la predisposición de ir a la pista de baile con su novio. Por tanto, Bella se levantó y fue hacia Felix. Sintió una mirada clavada en su espalda, más bien en su culo, cuando se agachó y le gritó a Felix que fuera con ella. Mira Cullen, mira. Quiero que te mueras de deseo y que te acabes arrastrando; reía en su interior Bella.

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¿¡Qué coño hace yéndose con el armario ése!? Se gritaba Edward. Algo le carcomía por dentro. Primero el cabrón de su hermano le fastidia la cena, después se vio arrastrado en una interrogación poco agradable, y por último, tenía que ver cómo Bella se contoneaba contra el tipo ese, el cual parecía muy contento, tenía que decir. Lo estás haciendo a posta, Swan. Te vas a enterar de lo que es bueno.

Con una disculpa se levantó del sillón y se dirigió hacia la pareja. Le tocó el hombro al tío ese, y cuando giró, le dijo que Irina lo estaba buscando. Bella lo miró con reproche, pero pudo ver en el fondo de su mirada satisfacción. ¡Será puta!, pensó Edward. La maldita sabía jugar bien sus cartas: con un simple baile había hecho que su sangre hirviera y que mintiera al hombre para poder estar en su lugar. Tenía que dejar de ser tan evidente en lo referente a su deseo hacia ella.

Una canción comenzó a sonar y la reconoció al instante: Give it to me, de Timbaland y Ottomix. La conocía gracias a Emmett, que no paraba de cantarla cada vez que iba a hacerle una visita. Se podría decir que era una de las canciones más bastas que Edward había oído hasta el momento, sin embargo, cuando observó que Bella empezaba a acercarse mientras la cantaba, cambió completamente de opinión. Ella le había agarrado de la nuca y se había pegado totalmente a él. Edward aferró su cintura automáticamente, la acercó más si era posible y empezó a moverlos a los dos. El oír su voz pegada a su oído mientras cantaba el estribillo hacía que su pantalón se encogiera, pero que la escuchara gemir como lo hacían en la canción, le volvió total y completamente loco. Ella metió una de sus rodillas entre las piernas de Edward, haciendo el contacto más íntimo. Movía sus caderas en círculos, torturándolo. Su tórax imitaba los movimientos, rozando su pecho con el de él. Casi le da un infarto cuando notó los pezones duros de ella. ¡Mierda! ¡No lleva sujetador!, gimió en su interior Edward.

Llevado por la pasión del momento, bajó sus manos hacia su trasero: pequeño, duro y ligeramente respingón; y la apretó contra su creciente erección. Las manos de ella habían pasado de su nuca a su pelo, revolviéndoselo mientras volvía a gemir tan alto que estuvo seguro que la oía toda la discoteca. Lo llevas claro Cullen, te va a ganar: ¡juega sucio!, le gritaba su subconsciente. Se negaba a creerlo pero sabía que tenía razón. Edward empezaba a ver estrellas cuando Bella le pasó la lengua por la mandíbula. Se dirigió hacia la boca de él y rozó con sus perfectos labios los suyos, de un lado hacia el otro. Intentó acercarse a ella y besarla como se debía, pero ella retrocedía el camino que él ganaba.

— ¿Celoso, Cullen? —en su voz se denotaba un claro deje burlón, pero Edward ni siquiera tuvo la oportunidad de prestarle atención cuando ella bajó una de sus manos y rozó "accidentalmente" con sus dedos su entrepierna. La fricción que Bella ya hacía por su baile junto a aquella leve caricia, le hicieron perder la razón. ¿Dónde estaba, con quién? No lo recordaba y se la sudaba, sólo quería llevarla a algún lugar y hundirse en ella.

Pero no tuvo ni la mínima oportunidad. De repente sintió frío y la vio desaparecer con una sonrisa en la cara. Edward oyó que la música cambió. La gente empezaba a abalanzarse a bailar y le cerraron el camino. Permaneció clavado en el sitio con la boca abierta, sin moverse. Se había ido.

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Bella corrió hasta los baños. Por el rabillo del ojo vio que las chicas la seguían. Cuando entró, dejó salir unas sonoras carcajadas. Segundos después, sus amigas entraron.

— ¡Choca esos cinco! —gritó una emocionada Alice mientras levantaba las dos manos en alto. Bella repitió el acto con las otras dos rubias.

—He perdido la apuesta incluso antes de que obraras tu magia conmigo, Rose —rió Bella mientras se apoyaba en una de las puertas.

—Te lo dije —la rubia fingió buscar algo en su bolso. —Ahora te doy mi cuenta bancaria para que me hagas la transferencia.

Todas rieron.

—En serio Bella —continuó Rosalie. —Tendrías que haber visto la cara de desconcierto total que tenía el pobre.

— ¡Sí! —la secundó Alice.

—O sea que quieres continuar las sesiones de sexo salvaje de tu casa, ¿o me equivoco? —Irina la miraba con una ceja alzada. ¡Argh! Sabía que llegaría el momento en el que sacarían a colación eso, pensó Bella. La morena se miró al espejo, arreglándose el pelo, dejando así un silencio dramático. Después de unos momentos, miró a cada una seriamente, para después exclamar:

— ¿¡Por quién me tomáis!? —las chicas resoplaron al ver la respuesta ofendida de Bella. — ¡Por supuesto que sí! —gritos de euforia llenaron el baño.

— ¿Por qué no mejoramos la apuesta, señoras? —la voz de Irina sonaba maliciosa y todas nos la quedamos mirando, expectantes. —Bella, sabes que yo te quiero mucho, pero la nueva faceta de perra que te has sacado de la manga no va a aguantar.

— ¿Qué propones? —demandó Alice, sus ojitos brillando por la ilusión.

—Digo que me apuesto la misma cantidad que vosotras, a que Bella no va a ser capaz de esperar más de una semana.

—Yo no creo que vaya a aguantar ni eso —rió Rosalie. —Casi se lo folla en medio de la discoteca...

—No intentes protestar, Bella, porque es inútil —la interrumpió Alice levantando una mano. —Yo digo que hasta el jueves de la semana que viene. Dos mil dólares en juego, chicas. Que gane la mejor —la duende extendió la mano hacia nosotras.

—Hecho —Bella levantó orgullosa la barbilla. Una semana y se reiría en la cara de todas ellas.

Cuando volvieron al reservado, Edward había desaparecido, únicamente los dos tortolitos y Felix seguían allí. Sintió que algo vibraba en su bolso: el móvil. Lo cogió rápidamente y acertó, Edward le había mandado un mensaje.

Esto se pone a cada momento más interesante. Juegas sucio y lo sabes, sólo recuerda que no eres la única, Swan. Vas a acabar rogándome y estaré encantado.

E.C.

Sintió que alguien se colocaba a su lado, era Rosalie. Ésta se acercó a su oído y le susurró:

—Antes del martes caes, mon amie, caes —. Bella se estremeció ante aquel presagio. Lo más seguro era que su amiga estuviese en lo cierto, pero lucharía con todas las fuerzas que tuviese para que no fuera así.

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Era lunes y Bella sentía cosquillas en su estómago. Nervios, pensaba. Desde el sábado noche no había parado de pensar en él, en los punzadas de placer que se habían producido gracias a la fricción de sus caderas, en cómo sus alientos se entremezclaban, en cómo su cabello cobre la llamaba a meter los dedos dentro, en cómo disfrutaba viendo la forma en la que él la miraba con sus penetrantes ojos verdes. Vas a perder Bella, admítelo; le susurraba su subconsciente. Pero… ¡No! No iba a caer tan pronto, no habían pasado ni cuarenta y ocho horas, no iba a caer tan rápido. Claro está, siempre que tuviese tanta voluntad como para aguantar.

Las puertas del ascensor se abrieron y dieron paso a una ajetreada y bulliciosa oficina. Llegaba tarde y aquel día tenían que repasar los últimos detalles de una de las campañas para poder presentársela al cliente, Mike Newton. Y maldita sea, también era la primera reunión en la que Cullen estaría presente. La pondría nerviosa, lo presentía, y necesitaba estar en sus cinco sentidos, nada podía salir mal.

Jessica la informó amablemente, nótese la ironía, de su tardanza y de que el cliente había retrasado la reunión. ¡Mierda!, se gritaba en su interior. Malhumorada, fue hasta su despacho y cerró la puerta de un portazo. Tiró el bolso sobre el escritorio y se dejó caer en su silla. Se tapó la cara con las manos y permitió que un grito saliera de su garganta. Aquella mañana se había levantado con el pie izquierdo: se le cayó el café sobre la falda, estuvo buscando durante media hora las llaves de su coche y cuando por fin las encontró, se le rompió el tacón de uno de sus zapatos. A todo esto, había que sumarle la torpeza que adquirió debido a las ganas que tenía de volver a ver a Edward; Mister Hermoso, según Irina. ¡Lo último que le faltaba era que Mike Newton llegara tarde!

Oyó unos suaves golpes en la puerta y con un gruñido, le indicó a la persona que pasase. Levantó la mirada y su corazón dio un vuelco. Maldito corazón, se regañó. Él avanzó hacia ella con paso decidido, esbozando una reluciente sonrisa. Bella lo recorrió con la mirada y se le hizo la boca agua. Tuvo que tragar en seco y menear la cabeza para alejar los pensamientos lujuriosos, ya que si no, perdería demasiado pronto. Por lo menos esperaba aguantar hasta el miércoles y perder con algo de dignidad. Edward se sentó en una de las sillas frente a su escritorio y cruzó las piernas.

— ¿Algo de lo que advertirme antes de la reunión? —preguntó. Miró su reloj. —Que por cierto, llegas más tarde de lo habitual. ¿Soñando conmigo y no queriéndote levantar? —Ladeó la cabeza. —Sólo tienes que llamarme, Swan, y en menos de lo que canta un gallo estaré en la puerta de tu casa.

—Te sobrevaloras, Cullen —atacó Bella.

—No lo creo —una sonrisa socarrona iluminó el rostro de Edward. —No después de oírte gritar mí nombre de esa manera. De no haber estado tus amigos, habrías tocado el cielo con la punta de tus dedos, a no ser que ya lo hubieses hecho, claro está.

—La verdad es que fue pasable —la morena se miró las uñas de las mano derecha con indiferencia. Alzó los hombros antes de mirarlo directamente a los ojos. Sólo Dios sabía que estaba mintiendo y rezaba porque no se notase. —Nada que no me hayan hecho antes. Que gima y grite, no quiere decir que lo haya hecho realmente.

— ¿Qué quieres decir? —la voz de Edward se tensó levemente y su ceño se frunció un poco también. Ella sonrió en respuesta.

—Quiero decir, Edward, que quizás estaba fingiendo —. Bella se levantó de la silla y fue hasta la puerta. —Con respecto a la reunión, quédate lo más atento posible para que veas cómo nos desenvolvemos en estas situaciones, nuestros métodos pueden ser diferentes a los tuyos —antes de salir, le guiñó un ojo. El buen humor de Bella había regresado. Gracias Cullen, le agradeció en su fuero interno.

Sin embargo, ni siquiera pudo traspasar la puerta ya que sus manos la agarraron del brazo derecho, y la tiraron hacia adentro otra vez. Edward cerró la puerta de un golpe con la mano que le quedaba libre, y estampó a Bella contra la entrada. El hombre respiraba fuertemente, Bella podía notar que estaba cabreado. Para intentar calmar los humos, puso la cara más inocente que tenía: le dio una tímida sonrisilla y le miró entre las pestañas. Oyó cómo soltaba un gruñido, y se apoderaba violentamente de sus labios. La morena gimió cuando sintió la lengua de Edward sobre sus labios. Bella se abalanzó sobre él y enrolló sus brazos alrededor de su cuello. Mordió el labio inferior de Edward y tiró hacia atrás, haciendo que él la siguiera. Esto provocó que la cogiera de las caderas y la obligara a enroscar sus piernas a la cintura de él.

Edward invadió la boca de ella, con fuerza, demostrando algo del enojo que había sentido antes, ahora transformado en pasión pura y dura. El hombre dirigió su mano derecha a la pierna de Bella. En aquel momento agradeció que llevara vestido de vuelo, si hubiese llevado una de las piezas ajustadas que él había visto en su armario, no creía que hubiese podido siquiera ponerla en aquella posición, sin romperle el vestido, claro. Acarició la parte interna de su muslo. Sintió como la respiración de ella cambiaba. Bella empezó a quitarle la corbata mientras él seguía su camino hacia su entrepierna. La acarició por encima de la ropa interior, ¡me vas a matar de lo mojada que estás!, gimió mentalmente. Lentamente, paseó sus dedos de arriba abajo, notando así como Bella se estremecía y jadeaba en su boca. Apartó el pequeño trozo de tela y empezó a torturarla con pequeños círculos sobre su sobrexcitado clítoris. La boca de Edward se dirigió hacia la oreja de la morena, besando, lamiendo y chupando durante todo el camino. Ella se removía entre sus brazos, moviendo la cadera para que el roce con su mano fuera más rápido. Edward metió uno de sus dedos dentro de ella. Rápidamente la volvió a besar, no quería que todo el edificio oyera los gemidos de placer de Bella, sólo la quería para él. ¡Pues entonces no te la pretendas tirar en la oficina idiota!, le gritó su subconsciente. Vete a la mierda, le contestó.

Bella no paraba de tocarlo por todos lados, de moverse contra su mano. Sentía como su erección estaba a punto de estallar. Sacó la mano de ella y se bajó la bragueta. Se colocó en su entrada y gimió de alivio. La miró a la cara con una sonrisa de suficiencia y, cuando estaba a punto de entrar en ella, alguien tuvo que tocar la puerta. Y no una, si no tantas veces que parecía que la iba a derribar.

Bella reaccionó al oír los golpes. ¡A este ritmo, ni al día de Alice no voy a llegar!, se reprochaba internamente. Inmediatamente se dio cuenta de quién era, Sam. Le había dicho que si el señor Cullen pasaba más tiempo del necesario en su despacho, les interrumpiera, que tirara la puerta si era necesario. Y el pobre estaba cumpliendo su tarea. Ya se lo agradecería más tarde. Fingió mirar el reloj y puso una cara de desesperación y desconcierto.

— ¡Mierda! —gritó sobreactuando. Rogaba porque no se le notara. — ¡Faltan diez minutos para que el señor Newton llegue!

—Puedo terminar en ese tiempo —Bella sintió como la punta de la polla de Edward entraba en su interior y ahogó un gemido. Lo tiró hacia atrás y se volvió a poner en pie. ¿De dónde había sacado la fuerza para moverlo? No tenía ni idea, pero lo agradecía. Él profirió un grito de furia.

—Dos veces nos han interrumpido ya, Bella —mostró el número con los dedos que había estado en su interior hacía dos minutos, los cuales todavía relucían por su humedad. No pudo evitarlo, le cogió la mano y se metió los dedos en la boca, chupándolos. Cerró los ojos y gimió involuntariamente. Los golpes en la puerta la volvieron a sacar de sus pensamientos.

— ¡Lo sé Edward, lo sé! —gritó ella a media voz, soltándolo y alejándose de él como si quemara. Claro que quema, hace que la sangre te hierva en las venas, que parezca que tu piel se convierte en lava, que te ponga a cien con sólo mirarte. ¡Estás jodida e irremediablemente cachonda ahora mismo y tienes una reunión en unos minutos!, su razón le chillaba dentro de su cabeza. Se llevó una mano a la cabeza y se mordió el labio.

Estaba jodidamente tentada a mandar a tomar vientos a Mike Newton y a olvidarse de la estúpida apuesta. ¡Estaba claro que no podría aguantar! Los toques en la puerta volvieron a llamar su atención. Bella lo miró desconcertada y suplicante. Edward resopló, se arregló la ropa y salió dando un portazo. Frustrada, fue hacia la estantería de atrás de su escritorio y cogió lo más horrendo que allí había: un cerdo de cristal; y a punto estuvo de estamparlo contra el suelo, pero se contuvo a tiempo. Era un regalo de su padre, no quería tener que lamentarlo más tarde, además de que tenía que comportarse como una adulta. Inspiró y espiró un par de veces, intentando tranquilizarse. Cuando más o menos lo hubo conseguido, salió hacia la sala de reuniones.

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Había estado allí encerrada durante más de dos horas y el viejo de Mike Newton seguía con su verborrea sobre lo que no le agradaba del proyecto, que al parecer era todo. Bella estaba cabreada. Cabreada por la apuesta que pretendía ganar, te puede más el orgullo... Gilipollas es decir poco de lo que eres ahora, susurraba su subconsciente. Cabreada por lo mal que le había salido el día; cabreada por el simple hecho de que había estado horas y horas con su equipo, trabajando en un proyecto nuevo e innovador, y la momia de Newton quería cambiarla complemente por algo más clásico; ¡y terriblemente cabreada porque la zorra de Jessica estaba presente, susurrándose cositas al oído con su nuevo socio! Por supuesto, él le contestaba de igual manera a la rubia de bote.

Bella pareció ver un brillo lujurioso en los ojos de Edward, un brillo que recorrió el cuerpo de su secretaria de arriba abajo, y un maldito brillo que hizo que su boca se torciera en la sonrisa más sexy que le había visto. Ese hombre la estaba volviendo loca. Era lo que vulgarmente se llama un chulo-playa, pero era tan guapo, tan viril... ¡Tan de todo! Rabiosa, cogió su móvil y le envió un mensaje. Menos mal que había decidido guardar su número.

Vaya, vaya, Cullen. Así que coqueteando con mi secretaria. Puedo ver como se le cae la baba desde aquí: asqueroso.

Swan.

Bella vio que él sacaba disimuladamente el teléfono y miraba el mensaje. Tres segundos después, él alzó la vista hacia ella, con la jodida sonrisa torcida otra vez pintada en su cara. La morena se cruzó fuertemente de piernas y miró hacia la gorda y roja cara de Newton. Sintió que su móvil vibró entre sus manos.

Mmmm... Quizás ella pueda darme lo que el destino no quiere que pase entre nosotros.

Cullen.

Le miré furiosa y apreté el botón de "Responder":

¿O sea que te van las rubias de bote/cabeza huecas/acosadoras? Mucha suerte con ello, pero entonces vete despidiéndote de esta empresa y de tu dinero.

¡Bye, bye!

Celos, lo que Bella sentía eran unos profundos celos que amenazaban con salir y golpear a la mujer que osaba sentarse al lado de su Edward. ¿Tu Edward, Bella?, se rió en su cara su subconsciente. Frunció el ceño y volvió a intentar ignorar que Jessica le estuviese tocando el brazo provocativamente, y que ésta bajara la mano hacia abajo, a saber dónde.

No perderé mi dinero Swan, lo sabes.

Bella contestó rápidamente:

Pues entonces dile a Jessica que si quiere seguir conservando su trabajo y su brazo, deje de intentar tocar lo que es mío.

Ya está, lo soltó sin querer, pero lo soltó. Edward tardó segundos en responder:

¿Tuyo? ¿Estás insinuando acaso que te pertenezco? ¿Desde cuándo? Ilumíname, te lo ruego.

Se estaba burlando de ella. Lo miró intensamente. Él se había tapado la boca con el dorso de la mano, pero aún así pudo ver la sonrisa que escondía detrás.

Mío desde el momento en el que decidiste ir a mi casa y en el que tu polla entró en contacto con mi vagina. Sí, Edward, te lo estoy diciendo claramente. Te estoy diciendo que te quiero dentro de mí, te quiero ahora, en esta sala de reuniones, con todos mirando. Quiero sentir tu longitud y tu dureza, que me pongas a mil y que me hagas gritar. Quiero comerte entero y que tú me hagas lo mismo. Quiero todo eso y más, Cullen. Estoy totalmente convencida de que me lo puedes dar sin que te lo repita dos veces. Te lo estoy diciendo ahora, Cullen, pero yo no suplico. A la tercera va la vencida, pero te haré sufrir, como la zorra que dijiste que era, eso te lo aseguro.

Bella presionó el botón de enviar y miró atentamente la reacción de Edward. Notó que carraspeó y que se removía en el asiento antes de que sus miradas se cruzasen. La morena sonrió levemente con triunfo. Pronto recibió una respuesta:

No esperes que sea yo el que suplique, Swan. Perdí el control momentáneamente, pero ya no pasará. Tampoco esperes que yo me quede quieto cuando tú muevas ficha para torturarme. Yo también tengo mis trucos.

¡Ja!, pensó Bella. Eso habrá que verlo, Cullen. Sin embargo, su sonrisa se borró inmediatamente después de que leyera el final de mensaje:

Por cierto, tu tanga huele deliciosamente bien.

¿¡El qué!? Atemorizada miró hacia el otro lado de la mesa. Edward sostenía lo que parecía ser un pañuelo entre sus dedos. ¡Pañuelo mis cojones!, se gritó en su fuero interno. Era negro y de encaje, lo podía ver desde aquí. Y el condenado lo estaba paseando por debajo de su nariz mientras me miraba jocosamente. Sintió como se volvía a mojar y apretó aún más las piernas.

¡Maldito seas, Mister Hermoso!, le reprochó internamente. ¿Cuándo había logrado quitárselo?


Hola a todas! ¿Qué os ha parecido? Las chicas se mojan y se apuestan 2.000$ ¿quién creéis que va a ganar? :P

Muhcísimas gracias a mi beta Verónica por mejorar el capi :DD Y muchísimas gracias también a los favs, alerts y rr, ¡unos encantos y unos amores sois todas!

PRIGSPE: a mí también me lo parece :P Gracias por tu comentario! Besitos! Tata XOXO: gracias por tu comentario! Si es que Ed es un chulo-playa... Va a necesitar que Bella le torture mucho :P Besitos! eddieIlove: gracias por tu comentario! James ya sufrirá, eso te lo aseguro ;) Besitos! CorimarCautela: no hace falta que diga que en este capítulo se ha vuelto más zorra todavía? *ojitos buenos* El apodo me encanta, por cierto :P Y como habrás visto le he sacado partido! :DD Gracias! Besitos :) Maricoles: mmmm.. la nueva Bella sacó sus garras jeje A ver qué pasa entre esos dos :P Gracias por tu comentario! Besitos :) Liduvina: me alegra que te guste! Gracias por tu comentario :) Besitos!

Gracias y gracias otra vez :) Espero vuestras opiniones!

Muchísimos besitos a todas,

Valentine :3