Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)

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Capítulo 12

"El único deber es el deber de divertirse terriblemente."

Oscar Wilde

Gracias a Dios ya es viernes, pensaba Bella con un suspiro.

Había estado escondiéndose desde que Mister Hermoso le robara las bragas. Sí, increíble pero cierto. Seguía sin entender cómo lo hizo... Gracias a Sam había conseguido escapar de aquel chulo-playa que la volvía loca con solo una mirada. Rose tenía razón, por los pelos cae el lunes. Tenía que ser fuerte y aguantar hasta el lunes, sólo dos días más. Faltaban cinco minutos para que se fuera y el fin de semana podía pasarlo encerrada en casa ¿Qué podría suceder si procedía de esa manera? Nada, o eso esperaba.

Bella miraba ansiosa la hora que marcaba el ordenador, mientras escribía como una lunática un e-mail al viejo y asqueroso Mike Newton. Un minuto y estoy salvada, se repetía una y otra vez en su cabeza. Cuando el número de la hora cambió, la morena saltó como si la silla quemara, apagó el ordenador, cogió sus cosas y salió pitando de la oficina. Sam la estaba esperando en recepción y, cuando la vio, se apresuró a seguirla. Sin embargo, el destino quería ponerle ahora la zancadilla ya que se topó frente a frente con Cullen, y lo peor era que estaba irresistiblemente guapo. Llevaba un traje azul oscuro, una camisa blanca que tenía los dos primeros botones abiertos, y su muy sexy pelo tan desordenado como siempre. Bella reprimió un gemido e intentó pasar de largo tras asentir levemente con la cabeza. Sabía que él ya se figuraba que algo raro se cocía allí y estaba al 98% segura que lo averiguaría. Sólo esperaba que sus amigas no se fueran de la lengua.

Para su alivio, él siguió su camino sin casi mirarla, algo que le molestó sobremanera. ¿Cómo se atrevía a no mirarla? ¡Con lo sexy que se había vestido esa mañana! Meneó la cabeza para sacarse aquellos pensamientos contradictorios de su cabeza, lo primordial era ganar la apuesta, poder restregarles en la cara que había ganado.

Una vez en su coche, sintió el móvil vibrar. Mirando brevemente a Sam, contestó.

—Isabella Swan.

—Bells —era Irina—. ¡Tengo estupendísimas noticias para ti!

— ¿Cómo de estupendísimas? —preguntó una Bella cauta.

—Mis suegros decidieron invitarnos antes de tiempo a su casa —empezó a parlotear tan rápido que a la morena le costaba entenderla —, dicen que hace un tiempo maravilloso y que no podemos perdérnoslo. Les pregunté por las chicas, Riley y Demetri y me dijeron que cuanta más gente mejor, así que las chicas van a traer a sus churris, bueno Alice lo va a hacer. Y he invitado a Emmett también porque tiene un amigo allí que quiere que tu agencia haga una campaña publicitaria, por tanto necesitarás ayuda allí, y...

— ¿Qué... qué has dicho? —mi respiración se volvió superficial. ¿Jasper iba a venir con nosotras? Eso no podía ser posible.

—Pues lo que has oído —sentenció—. Así que mueve tu culo a tu apartamento, cógete un par de bikinis, tacones y vestidos, no vas a necesitar más. ¡Miami, allá vamos!

Bella no tuvo tiempo ni de contestar a su último grito de guerra. ¿Fin de semana en Miami, con Jasper el ogro malvado, Emmett el traidor, los suegros de Irina, sus alocadas amigas y un "posible futuro trabajo"? Eso último sonaba muy pero que muy raro, tendría que intentar averiguar. De repente unas palabras resonaron en su cabeza: necesitarás ayuda allí. ¿Qué clase de ayuda? Ciertamente no era así y la rubia lo sabía, ¿qué estaba tramando?

Sin darse cuenta, ya estaba frente a su edificio. Mientras subía el ascensor, se apoyó sobre la pared norte y golpeaba el móvil sobre sus labios, pensando. Lo mejor sería que hiciese la maleta y ya vería qué haría cuando la situación se le presentara.

Media hora después, Bella estaba tirando de su pequeña maleta de viaje hacia la puerta. Por órdenes expresas de Jacob Black, Sam tendría que acompañarla, sin embargo, después de una tediosa conversación con el susodicho, le había convencido de que lo mejor sería que se quedara en la ciudad. Él tenía una familia y Bella entendía perfectamente las responsabilidades y obligaciones que tenía para con ella. Antes de que su guardaespaldas se marchara, llamó a Jacob para asegurarse de que sabía lo que habían decidido.

Después de tres timbrazos, el policía contestó.

—Black —su voz era baja pero alegre.

—Buenas tardes Sr. Black, soy Isabella —Bella miró de reojo a Sam, el cual estaba moviendo una pierna nerviosamente. Pobre hombre, pensó la morena—. Verá, no va a ser necesario que Sam venga conmigo a Miami. Tengo ami...

—Sí, no se preocupe Isabella —la interrumpió el hombre con una breve risa al final—. Su novio llamó justo ahora para asegurarme que estaría a su lado para que nada le pasase.

Espera, ¿¡qué!?

—Perdone, no le he entendido bien —Bella tenía el ceño fruncido—. ¿Mi novio?

—Sí, Isabella —respondió amablemente—. Al día siguiente de haber venido usted a declarar, un joven de unos veintiséis - veintiocho años vino a asegurarse de que podíamos manejarnos para encontrar al cabrón que le hizo aquello, palabras textuales —la mandíbula de la morena estaba rozando el suelo.

—Esto... — ¿qué podía decir? No tenía ni idea de quién podía haber sido, posiblemente Emmett, siempre había bromeado con aquello.

—Le puedo mandar una foto del hombre, si eso la reconfortaría —Jacob sonaba inseguro.

— ¡Oh! Eso sería estupendo Sr. Black —suspiré aliviada mientras me golpeaba levemente la frente. Era el oso el que había ido, seguro—. Gracias.

—Tenga un buen viaje, Isabella —y colgó.

A los tres minutos a mi móvil llegó un mensaje, una foto. Cuando la abrió, sintió como sus ojos se salieron de las cuencas. ¡Era Edward chulo-playa/Mister Hermoso!

Furiosa, abrió un nuevo mensaje y escribió tan fuerte que le dolieron los dedos.

¡¿SE PUEDE SABER QUÉ HACES DICIENDO POR AHÍ QUE SOY TU NOVIA?! Agradece que este fin de semana no te vaya a ver, porque estarías muerto Cullen.

Bella esperó y esperó, pero no hubo respuesta.

De mal humor, salió dando un portazo tras decirle lo más amablemente posible a Sam que se fuera a su casa. Para colmo, ningún taxi paraba. El brazo derecho había estado en el aire durante diez minutos de reloj, y nada. Cansada, dejó caer el brazo. La cabeza siguió el movimiento. Por el rabillo del ojo, vio a una pareja de ancianos salir de un precioso y adorable coche amarillo. Salió corriendo hacia el lugar y pudo ver la cara de susto y terror de aquellas dos personas, seguramente pensarían que tenía algún tipo de problema metal. Se tiró dentro del coche y casi le grita al conductor la dirección del aeropuerto.

El taxista conducía como un loco, serpenteando entre los coches cual competidor de Fórmula 1. Bella se agarraba a lo que podía y, cuando llegó a su destino, le tiró el dinero al asiento delantero y salió pitando de allí. Rápidamente se hizo camino hacia dentro del edificio y divisó a sus amigos entre la multitud. Cuando estaba a punto de alcanzarles, sintió su móvil vibrar. ¡Cullen!

Lo sacó velozmente y leyó:

¿Y quién te ha dicho que no me vas a ver? Levanta la mirada, Bella.

Automáticamente hice lo que él decía en el mensaje y me quedé de piedra, allí estaba él, en toda su gloria, junto a mis amigos, con una estúpida y satisfecha sonrisa en la cara.

Un tornado rubio apareció en su campo visual. Bella la miró con furia, ¿le había invitado ella? Cuando Irina llegó a su altura, la morena le susurró fríamente:

— ¿Qué hace él aquí?

—Lo invitó Emmett —Irina puso las manos hacia arriba a modo de defensa y se encogió de hombros.

— ¿Y se puede saber dónde está ese traidor? —Bella frunció los labios mientras inspeccionaba el lugar.

—Ya está allí, arreglando todos los detalles para el trabajo que te dijo —la rubia volvió a encogerse de hombros, cogió su maleta y le dio una sonrisa amable. Sin embargo Bella sabía que ella también había participado de una manera u otra—. Vamos, que el vuelo sale en diez minutos. Ten tu boleto.

Tras una última mirada furiosa, Bella lo cogió y la siguió. Al llegar junto a sus amigos, saludó breve y secamente, no queriendo mirar ni a Jasper ni al chulo-playa que tenía al lado. Casi al instante una suave voz dio el último aviso para embarcar. La morena se agarró del brazo de Rosalie y salieron pitando de allí.

— ¿Qué está haciendo él aquí? —le pregunté sintiendo todavía la anterior rabia. Ella me miró inocentemente—. ¡Oh, vamos! ¿Tú también? —la incredulidad teñía la voz de la morena.

— ¿Te esperabas que no nos diéramos cuenta de que usas a Sam como recurso para no lanzarte como una loba sobre aquel bombón? —y encima me mira con burla la muy puta, pensaba Bella—. Sólo estamos haciendo que el viaje sea más interesante...

De repente, una idea cruzó la mente de Bella. Si Rosalie decía que era para que no tuviera oportunidad de ganar la apuesta, las demás también estaban implicadas. Avariciosas, rió en su fuero interno. Sí, un plan se le estaba empezando a formar en la cabeza, y con la que primero empezaría sería con la despampanante rubia que tenía a su lado.

Cuando estaban entregando los boletos a la azafata, la morena tenía una sonrisa espectacular pintada en su cara. La idea de ganar la apuesta y ver sufrir un poquito a sus amigas era demasiado atrayente. Era fácil hacer lo último, las conocía como la palma de su mano y, por tanto, también sus debilidades; sin embargo, lo realmente difícil sería evitar acostarse con el dios griego que tenía detrás. Giró su cara y miró discretamente sobre su hombro, Mister Hermoso le estaba mirando el culo. Su sonrisa se ensanchó todavía más a la par que giraba su cara y reía débilmente. Rose la miró extrañada.

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El vuelo había durando menos de lo esperado. Bella se había sentado estratégicamente entre Alice y Jasper. A parte de que no tenía un buen presentimiento con lo que estaban haciendo aquellos dos, quería que la enana se jodiera un poco por no poder estar haciéndose arrumacos con su amante/novio/lo que sea que sean.

Durante todo el viaje Bella había estado pensando en la situación en la que estaba con Edward Cullen. Era cierto que quería ganar la apuesta, pero cierto era también que quería cogerle de esas corbatas tan sexies que se ponía a veces, y llevárselo a cualquier sitio donde nadie les molestara y poder tirárselo hasta que sus fuerzas fallaran. Nunca había pensado que pudiera desear tener sexo tanto como lo estaba haciendo en esos momentos, debía de ser la frustración de no terminar. Pero aún por el intenso deseo que sentía hacia él, tenía que aguantar esos dos días, divertirse torturándolo, y cuando llegara el lunes...

A mitad del vuelo le había visto charlando de una manera demasiado cariñosa con una de las azafatas, una niñita de diecinueve años, con piernas largas y pelo negro. Que ella le tocara el brazo "accidentalmente" o que él le dijera algo en susurros a su oído habían sido cosas estúpidas a comparación de lo que vio a continuación.

La zorra piernilarga rió tontamente mientras se dirigía hacia la parte trasera del avión, mirándolo seductoramente antes de desaparecer dentro de uno de los aseos, ¡y el muy desgraciado la siguió! Diez minutos después, salieron colocándose cada uno sus ropas. Bella sólo veía puntos blancos y rojos, la sangre de sus venas hirviendo de cólera. Cogió su móvil y escribió disimuladamente:

¿Sabes Cullen? Si te corres tan rápido, olvida que existo. Yo necesito hombres que me satisfagan total y completamente, no eyaculadores precoces como tú.

PD: Suerte con la niñata esa, me da a mí que ya ha caído completamente enamorada de ti, suerte tendrás si te deja salir sin sonsacarte el número de teléfono, tu dirección y el número de tu cuenta bancaria.

Por suerte, Bella terminó antes de que los ávidos ojos de Alice vieran lo que estaba escribiendo, frustrada, la pequeña se puso su bufanda sobre los ojos. Cogió una de las revistas que había en el avión y fingió leer. Sintió una vibración debajo de su muslo, justo donde había escondido su BlackBerry. Dejó que pasaran cinco largos minutos, torturando al maldito chulo-playa. Por el rabillo del ojo vio que él tenía el ceño fruncido, apoyando su codo en el reposabrazos y tapándose la boca con la mano. Antes de coger su BB, Bella se aseguró de que Alice estuviera dormida. Sopló un poco y ella ni se inmutó. Bien.

Sacó el móvil y leyó:

¿Eyaculador precoz? Qué poco me conoces Swan. Te haría disfrutar durante horas y horas, pero tu actitud durante esta semana no ha sido muy buena, me esperaba que fueras más cariñosa conmigo.

Reí sonoramente y apreté el botón de "Responder" meneando la cabeza.

¿Cariñosa Cullen? ¿Necesito ser cariñosa para que sepas si quiero que me folles como un loco? Eso es claramente un punto en tu contra, parece que no conoces a las mujeres. Para ser el chulo-playa que eres me decepcionas.

Le miré intensamente, observando su reacción. Su boca se convirtió en una fina línea y se pasó una mano por el pelo. Lo vi escribiendo y a los pocos segundos recibí su réplica.

Vaya, en menos de diez minutos ya soy un chulo-playa y un eyaculador precoz, ahora Mister Hermoso/chulo-playa/eyaculador precoz. Que sepas Swan, que mi venganza será lenta y muy pero que muy satisfactoria.

PD: Deberías cerrar el correo cada vez que te vas de tu oficina, se pueden encontrar cosas bastantes interesantes. ¿2000 dólares, eh?

Mi boca se abrió de golpe, al igual que mis ojos. ¿Sabía lo de la apuesta? ¿Cómo? Una lucecita se encendió en mi cabeza, el miércoles la enana me había mandado un e-mail en el que dejaba bastante claro que "no creía que fuese capaz de aguantar una semana sin acostarse con Mister Hermoso/Edward Cullen". Mierda, sus amigas y sus malditos motes. Bella se llevó una mano a la cara y suspiró con resignación. Sus posibilidades de ganar se habían evaporado y desaparecido como si nunca hubiesen existido. ¿Lo hicieron alguna vez? La morena soltó un leve quejido. No, nunca las he tenido, lloraba en su interior.

Media hora más tarde, todos estaban esperando sus maletas. Gracias a que Bella sólo tenía una de mano, no tenía que esperar. Se sentó encima de su equipaje y comenzó a rebuscar en su bolso, por el mero hecho de tener las manos ocupadas y no martirizarse por ver al maldito cabrón coqueteando con la niñata piernilarga. Por el rabillo del ojo vio a una de las azafatas más mayores y los ojos de Bella se iluminaron. Se levantó rápidamente y fue corriendo tras ella.

— ¡Perdone! —la señora se detuvo.

— ¿Sí? —la mujer tenía cara de militar. Genial.

—Verá —Bella adoptó una posición de diva y una expresión un tanto arrogante—. He estado observando que una de las, que supongo, es una azafata novata, ha estado coqueteando y fornicando en el baño del avión en vez de estar atendiendo a los pasajeros —la cara de la mujer cayó y el júbilo de Bella crecía por momentos—. Si mira detrás de mí, hay un señor bastante atractivo, con el pelo cobrizo, que está con la azafata en cuestión.

—Le pido mis disculpas, señora...

—Swan —respondió la morena.

—Desde nuestra compañía le transmitimos una vez más mis disculpas —el ceño de la mujer estaba fruncido y la comisura de sus labios hacían una extraña y gratificante mueca.

—Espero que se proceda como es debido —la morena se quitó el pelo de los hombros con desdén—. Llevo viajando con vuestra compañía durante más de cinco años y espero sinceramente no dejar de hacerlo por esta tontería.

—Por supuesto —los ojos de la mujer brillaban con furia. Bella esperaba que despidieran a la chica y lo dejó caer "sutilmente".

—No es mi intención insistir tanto, sin embargo soy una mujer de estrictas creencias morales y, si no me equivoco, su compañía también. Confío en que American Airlines se libere de tan mala imagen.

—No se preocupe —la voz de la mujer bajó dos octavas—. Lo hará. ¿Quiere permanecer en el anonimato, Sra. Swan?

— ¡Claro que no! —exclamó indignada. Que la zorra y Cullen supieran quién había sido—. Mi nombre completo es Isabella Swan, por si lo necesita.

—Ahora mismo voy a hablar con ella y con mis superiores —me miró maliciosa, daba la impresión que la muchacha tampoco le caía bien a ella—. Y les haré llegar su petición, eso seguro.

—Un placer conocerla, señora… — ¿le dijo cómo se llamaba? No, no lo creía.

—Smith —la mujer le extendió la mano y Bella la cogió inmediatamente —Samantha Smith.

Y con eso, Samantha se fue. Bella volvió a ir al lugar en el que había estado antes, justo a cinco pasos de ellos. Y cuan gratificante fue oír como la mujer le decía que su comportamiento dejaba mucho que desear, que la compañía no formaba a su personal para que hiciera cosas tan indecentes como aquellas, etc. Pero lo que más grato fue oír su nombre y que la mujer señalara a Bella.

La perra piernilarga se acercó a paso rápido hacia ella, echando humo por las orejas y se plantó frente a ella. Gracias a los enormes tacones que Bella llevaba, estaban a la misma altura, y la sonrisa malvada de la morena se hizo más que evidente. De repente vio que la mano derecha de la perra se iba hacia atrás, claramente con la intención de propinarle una bofetada. Sin embargo, justo a cinco centímetros de su cara, cogió la mano y se la retorció hacia abajo, poniéndole los dedos en una posición imposible. Para que nadie viera lo que estaba ocurriendo se pegó totalmente a ella y le susurró al oído:

—Tengo el poder suficiente como para echarte de esta maldita compañía —la voz de Bella era ronca y baja—, así que no te metas con lo que no es tuyo.

— ¡Serás zorra! —empezó a gritar la piernilarga, pero Bella apretó más su agarre, haciendo que esta soltara un aullido de dolor. Bella rió levemente.

—No, cariño, eso lo eres tú —la diversión de su voz desapareció inmediatamente—. Vuelve a ponerle una mano encima y no volverás a escribir con ella lo que te resta de vida.

La soltó y volvió a sentarse en su maleta. La cara de la muchacha era un poema y Bella volvió a carcajearse.

— ¿Necesitas algún tipo de invitación especial para que te largues de aquí y que no vuelva a ver tu estúpida cara por toda la eternidad? —Bella enarcó una de sus cejas y la miró de arriba a abajo, para soltar un bufido y soltarle una última cosa—. ¿Sabes una cosa? De nada sirve la belleza si no tienes nada en la cabeza. Gracias a Dios, yo tengo las dos cosas.

— ¿Qué está pasando aquí? —Riley estaba a nuestro lado con una expresión seria, pero Bella podía ver en el fondo de sus ojos que estaba muerto de la risa.

—No te preocupes, la señorita ya se iba —Bella la estaba fulminando con la mirada. Después de dos incómodos minutos de silencio, la chica se fue sujetándose la mano adolorida, y el rubio empezó a reírse.

De un momento a otro, todos sus amigos estaban a su alrededor, unos preguntándose qué había pasado, otros atemorizados por la nueva Bella y otros carcajeándose, el único que no lo hacía era Cullen. Cuando se estaban marchando, ella le brindó una deslumbrante y seductora sonrisa, pero él ni se inmutó, sólo se acercó a ella y la cogió de la muñeca duramente. Bella frunció los labios, divertida e intentó soltarse, pero el agarre era demasiado fuerte.

— ¿Qué coño te crees que estás haciendo? —la voz de él era un susurro enajenado.

— ¿De verdad quieres que te dé una explicación? —Bella hizo la tentativa de mover la mano hacia los lados, sin intentar soltarse, y él la dejó hacer.

—Odio que me respondas con preguntas —Edward se pellizcó el puente de la nariz—. No te creía tan perra.

Bella se acercó a su oído y movió su mano hacia la entrepierna de él, y le acarició el paquete "accidentalmente". Los ojos de él se abrieron y Bella le ronroneó:

—Una perra que no come y que no deja comer —le lamió el lóbulo de la oreja y se zafó de su agarre para reunirse con Demetri, el cual los había estado observando durante todo aquel tiempo.

Cuando estuvo a su lado, él la miró interrogante.

—Una larga historia —Bella movió su mano para quitarle importancia—. Cuando queráis hacemos una noche de chicas y os lo explico todo.

El grandullón simplemente sonrió.

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Los padres de Félix nos estaban esperando en la entrada del aeropuerto. Como era de esperar, su padre también era un 4x4, sin embargo su madre nos sorprendió a todos, era tan pequeñita como Alice. Como nos habían advertido, fueron súper amables con todos nosotros, y eso que éramos un equipo completo de fútbol.

Cuando llegaron a la enorme mansión de la familia, todos se quedaron boquiabiertos. Estaba asentada al lado de una de las playas privadas, con el típico estilo de paredes blancas y tejas marrones. En medio de la fachada había un enorme baldón con largos sofás y mesas de estilo francés. Sin embargo, si el exterior les había parecido espectacular, el interior les dejó sin habla. Decorado de forma moderna, sin muchos muebles, pero sí con cuadros enormes que adornaban las paredes. Normal que no les importe que estemos todos aquí, pensó Bella. El patio trasero daba a la ya mencionada playa, azul como el cielo, que les invitaba a meterse en ella y afuera hacían 27 grados, suficiente para darse un baño.

Las chicas fueron las primeras en saber sus respectivas habitaciones, y Bella fue corriendo a dejar su equipaje, a cambiarse y coger una toalla. Cuando volvió a bajar, las chicas la estaban esperando. Después de unos gritos de emoción y de agradecimientos a Leontine, la madre de Félix, salieron a disfrutar del clima. No obstante, el hecho de que Edward se quedara hablando con ella no le pasó desapercibido. Se encogió de hombros y siguió andando.

En la playa habían dispuestas seis tumbonas. Todas salieron corriendo para acomodarse antes de que los chicos vinieran y se las quitaran. Segundos después, aparecieron Riley y Demetri, que se apresuraron a sentarse ellos también.

— ¿Nos vas a contar ahora qué pasó en el aeropuerto? —Alice se tumbó boca abajo y miró a Bella con ojos ilusionados.

—No nos puedes negar que algo ocurría —se burló Riley.

Con un suspiró, Bella dijo:

— ¿Sabéis lo de la apuesta? —les preguntó a la parejita. Los dos asintieron entusiasmados—. Bien, pues lo estoy consiguiendo y tengo que esperar hasta el...

—Mentira, usa a Sam como escudo para no encontrarse con Edward —bufó Irina mientras se echaba aceito bronceador.

—Bueno, sí —Bella frunció los labios—. Pero resulta que él sabe sobre ella desde el miércoles —se oyó un colectivo grito ahogado, pero la morena continuó—. Según él, me quiere hacer sufrir para que caiga rendida a sus pies y que le suplique —Bella gruñó.

— ¡Qué creído nos salió Mister Hermoso! —exclamó Rose.

—Sí, y lo peor es que ya sabe su mote —la mirada de la morena era dura—. Y una de las formas para rebajarme a hacer eso, y para que no gane la apuesta claro, es ponerme celosa con la zorra de la azafata.

—Sólo hablaban —dijo dubitativo Demetri.

—Pues en el avión se fueron a dar un revolcón a los baños —las cejas de Bella se juntaron en un profundo ceño—. Ahora ya es Mister Hermoso/chulo-playa/eyaculador precoz.

— ¡¿Cómo?! —se atragantó Riley.

—Que duró poco —Bella se encogió de hombros.

—También puede ser que fuera y sólo se manosearan, Bella —dijo Rose—. Tú misma has dicho que quiere darte celos, ahí lo tienes.

Bella se quedó pensativa. Cundo estaba a punto de contestarle llegaron los demás y cerraron el tema.

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Entraron a la casa riendo. Rose y Bella subieron las escaleras hasta el segundo piso, donde se encontraban sus respectivas habitaciones, pero Bella se arrepintió y volvió a bajar como alma que lleva el diablo. La rubia la miró raro, pero siguió su camino. Había llegado la hora de que empezara la dulce venganza.

Buscó a Leontine y la encontró en la mesa de la cocina, bebiendo un caliente y humeante té. La mujer se sorprendió al verla entrar tan a prisa, pero le sonrió cordialmente.

— ¿Os lo habéis pasado bien, hija? —su voz era dulce y realmente interesada. No como tu madre, le susurró su subconsciente. Meneó la cabeza para quitarse esos pensamientos y le sonrió de vuelta.

—Te quería pedir un favorcito, si no te importa claro —Bella puso la mejor cara de inocencia que tenía.

—Claro, dime.

—Verás, es que Rosalie no quiere venir a pedírtelo porque es un poco vergonzosa — ¿Rose vergonzosa? En la vida; reía en su interior—, y me ha pedido que te rogase, si hacía falta, que cuando llegue nuestro otro amigo, Emmett, le dijeras que podía quedarse en su habitación.

La cara de Leontine se tornó a una sorprendida.

—Ya sabes, son novios —añadió. No sabía si ella era de las tradicionales o no. Por si acaso.

—Ah, bueno, si ese es el caso —la mujer se encogió de hombros—. Se lo diré.

— ¡Gracias! —del entusiasmo, Bella fue y la abrazó con fuerza. Leontine rió en respuesta.

—Anda, vete, que tienes un regalito en tu cuarto —su mirada brillaba de manera cómplice. ¿Regalito?

—Gracias de nuevo —y con eso salió de la estancia.

Subió corriendo las escaleras. ¿Sus amigas le habían dejado algo allí? ¿Aquel vestido que había visto el martes en una página web? No, a ellas no les gustó, no pensaba que fuera eso.

Al abrir la puerta, todo seguía normal, a excepción de algunas cosillas colocadas encima de la cama. Se acercó lentamente y cogió lo más impactante: unas esposas. ¿Ese era su regalo? ¿Unas esposas? Su cara era de puro desconcierto, ¿qué haría ella con algo así? No mucho, desde luego. Volvió a bajar la mirada hacia las cosas y vio nata y un iPod, eso se ponía cada vez más extraño. ¿Qué mierda de regalo era ese? Aparte de que el iPod no era nuevo, ¿le habían decidido comprar uno de segunda mano? Tampoco veía factible aquella opción.

De repente sintió un brazo que la rodeaba fuertemente y la pegaba a sí. Bajó rápidamente la mirada y vio que se trataba de una extremidad de hombre, una que conocía bastante bien. La nariz del hombre se movía a lo largo de su nuca, a la par que la apretaba más.

—Ah —Bella soltó un involuntario jadeo al percibir como su nariz de él subía hasta su oreja y su experta lengua se paseaba por el lugar.

—Así, nena —su voz estaba ronca—. Así te quiero oír durante toda la noche.

—Uhmm —la mano libre de él bajó por el lateral izquierdo de su cuerpo, dirigiéndose a su centro. Pero se paró en su monte de Venus, presionándola contra su erección.

—Te vas a enterar de lo que es bueno —dirigió la lengua hasta su mandíbula—. No soy ningún eyaculador precoz, Swan.


Pido mil y una disculpas por no haber actualizado la semana pasada! Sonará al típico tópico, pero mi inspiración no llegaba, y no me apetecía forzar porque así me bloquearía más... Espero que la espera haya valido la pena con este capítulo :) ¿Perderá por fin Bella, o saldrá airosa una vez más?

Muchísimas gracias a mi beta Verónica, por ayudarme a mejorar el capítulo! Y por supuesto a todas las chicas que han dejado tanto alerts, favs como rr. Sois un amor!

Tata XOXO: a ver cómo se las aaña ahora Bella, y como tú, la apoyo incondicionalmente. Sólo te voy a adelantar que Edward va a pasar una noche muuuy mala jajaja Muchísimas gracias por tu comentario, los adoro! Besitos :) TaNiiaGG: aquí va el esperado capítulo Taa! jajaja Espero que te haya merecido la pena la espera ;) Muchísimas gracias por tu comentario! Besitos ;) ErandiLina: te sigue pareciendo uguetón después del revolcón con la tipa esa? *levantando las cejas sugestivamente* ¡A ver qué tal pasan la noche! jajaja Muchísimas gracias por tu comentario, de verdad! Besitos :D liduvina: me da a mí que esos dos no pueden estar separados por mucho tiempo jejeje Nos seguimos leyendo y muchas gracias por tu comentario! Beistos ;D felicytas: me alegra que te esté gustando! A ver ahora qué pasa, ¿perderá Bella o no? Humm... ya se verá jajaja *mirando con los ojos entrecerrados alrededor y susurrando* Yo tampoco puedo resistirme al chulo-playa, pero shhh, que esto quede entre nosotras ;) Muchísimas gracias por tu comentario! Besitos! :3 lesliok: me alegra que te haya gustado! Aquí tienes el cap, ¿qué te ha parecido? Muchísimas gracias por tu comentario, besitoos! ;)

Nos leemos el viernes que viene amores míos!

Muchísimos besitos a todos,

Valentine :3