Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)
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Capítulo 13
Cualquiera puede dominar un sufrimiento, excepto el que lo siente.
-William Shakespeare-
Edward jugaba sucio, pero Bella ya había planeado la manera de darle un escarmiento.
Sus expertas manos seguían acariciándola, haciendo que su espalda se arqueara. ¿Qué había de malo en jugar un rato? Nada. Así que se dio la vuelta y subió las manos hasta su cuello, rozando el vello que allí encontró, con las yemas de sus dedos. Él la empujó lentamente hacia la cama, cayendo finalmente entre un lío de almohadas.
Edward no soltó su agarre durante todo el proceso, pero ahora se apoyó sobre sus codos, sujetando su peso, mientras apretaba su entrepierna contra ella y mordía salvajemente el labio inferior de la morena. Bella se removió bajo su cuerpo, su piel picaba en busca de su cura, la piel del otro. Trasladando sus manos, arañó la espalda de Edward, provocando un ronco gemido de su parte. Sus uñas siguieron camino abajo y, cuando se toparon con el elástico de su bañador, jugueteó con él por un rato. Tímidamente, fue metiendo una de sus manos, descubriendo la tersa piel de su trasero. Inmediatamente la otra mano se unió y lo atrajeron más hacia ella, provocando que punzadas de placer se arremolinaran en su centro.
Sus bocas se separaron y cada una fue por su propio camino, la de ella siendo mordida por sus dientes mientras aguantaba gritos de satisfacción; la de él, calmando el ardor de su piel. Suavemente fue dando largos y húmedos besos desde su mandíbula hasta el centro de su pecho. Allí se desvió hacia uno de sus pezones, metiéndoselo rápidamente en la boca y succionando duro, tras dajar a un lado la molesta tela del bikini. Bella se arqueó mientras un largo gemido salía de su garganta. Sacando las manos de su bañador, las dirigió hacia su todavía húmedo y desordenado cabello del color del bronce, enrollando cada uno de sus dedos con un mechón, y tirando de él cada vez que el placer se intensificaba.
Abandonando su pecho derecho, se dirigió hacia el contrario y lo obsequió con la misma atención que a su hermano gemelo, haciendo que Bella se levantara hasta poder volar por entre las nubes. La morena sintió que las manos de Edward se dirigían hacia las suyas y, con un rápido movimiento las aprisionó por encima de su cabeza. Sabía lo que intentaba hacer, retenerla para que no pudiera escapar y que perdiera la apuesta, pero no lo iba a conseguir. Con un pequeño empujoncito, se colocó a horcajadas sobre él. Se dejó caer hacia adelante, colocando a propósito sus pechos a la altura de su boca. Cuando él procedió de la manera que ella esperaba, hizo un rápido movimiento y, en vez de ser ella la esposada, resultó serlo él.
Una sonrisa triunfante asomó a los labios de Bella, la cual se echó hacia atrás y observó su obra maestra. Con la misma lentitud de antes, se bajó de la cama y se dirigió hacia la maleta mientras tarareaba una canción cualquiera. Sus manos bailaban sobre los laterales de su bikini y fue deshaciendo los lazos mientras bajaba a rebuscar en su equipaje. Rápidamente, y sin dejar de cantar, cogió un par de medias y se levantó como lo haría toda una streeper, mostrando su mojado centro. Oyó como la respiración de él se volvía más superficial y sonrió con satisfacción.
Una vez de vuelta a los pies de la cama, dejó las medias a un lado de la nata y se dirigió al bañador de Edward. Torturándolo, paseó las yemas de sus dedos desde el comienzo de sus gemelos, pasando por sus tonificados y fuertes muslos, y acabando en el ya evidente bulto de su entrepierna. Bella se quedó en aquella zona, haciendo pequeños círculos sin apenas tocarlo. De la garganta del hombre salían pequeños y entrecortados gemidos, y sus ojos esmeraldas la miraban expectantes y deseosos, muy deseosos.
— ¿Qué vas a hacer, nena? —Bella podía entrever la lengua de él, la cual asomaba ligeramente entre sus dientes. Sus pezones se endurecieron al instante, produciéndole un dulce dolor que recorrió cada célula de su piel.
— ¿Nena? —preguntó mientras se mordía el labio inferior y levantaba el borde de su bañador, para volver a dejarlo caer con un sonido seco—. ¿Soy tu nena?
—Mía y sólo mía —contestó. Su voz había bajado dos octavas. Parecía que estuviera acariciando aquellas palabras una vez salieron de esa dulce boquita, y eso hizo a Bella temblar de puro deseo. Le sonrió socarronamente a la vez que deshacía el pequeño cordón del bañador y lo empezó a bajar sin prisa.
—No volverás a llamarme así —la mirada de Edward cambió sutilmente de un brillante y brillante verde, a un bravo y atormentado mar oscuro.
Bella le acabó de quitar los pantalones, sin querer mirar aún a su nuevo mejor amigo. Cogió las medias y amarró bien los tobillos de Edward, para evitar que pudiera moverse. Una vez acabó, cogió la nata y se tumbó a su lado, mirando con fiereza los jugosos y carnosos labios del hombre. Llevó su dedo índice hasta aquel lugar y pronto Edward se lo mordió juguetonamente.
—Es una pena que no haya puesto una de las medias en la nevera —se relamió los labios y dirigió su mirada hacia las partes nobles de Edward.
Su miembro estaba completamente erecto y duro, revelando unas pequeñas gotitas de líquido pre-seminal que le hacían la boca agua a la morena. Con el tubo de nata, esparció un poco de ella sobre la punta de su pene y le miró divertida.
—Mi amiguito habría disfrutado de lo lindo —y sin más se levantó y se metió la punta en su boca, lamiendo y succionando cada parte de aquel manjar. Las caderas de Edward empujaron hacia arriba, en busca de algo más de contacto, pero Bella se retiró antes de que lo consiguiera.
Con un sonido de negación, se subió a horcajadas, dejando que su miembro se pegara completamente a su estómago. Él intentó volver a moverse pero Bella empujó hacia abajo con las caderas, impidiéndoselo. Con el bote aún en la mano, echó su cabeza hacia atrás mientras se llenaba la boca de nata, dejándole así a Edward una vista privilegiada de sus pechos. El sonido de un jadeo grave llenó la habitación y Bella sonrió. Se apoyó sobre sus manos y rodillas, y se acercó a la boca de aquel increíble hombre, dejando que probara la deliciosa crema que él mismo había traído.
Sin embargo, el beso no duró todo lo que Edward hubiese deseado, ya que Bella comenzó a bajar la cabeza, a la vez que dejaba rastros de nata sobre su piel. Al llegar a su pecho, la morena hizo unas letras, BS, sus iniciales. Aprobó con la cabeza y se agachó a comerse lo que allí había. Cuando notó que ya no quedaba más nata que lamer, bajó por su estómago, perfilando cada musculito de su tableta con la lengua.
—Oh, Cullen —gimió mientras tiraba el bote a un lado, estaba vacío—. Qué bien lo voy a pasar.
— ¿Vas? —Susurró mientras movía su cadera en busca de algo de fricción—. ¿Qué hay de mí?
Bella se volvió a poner sobre sus rodillas y, sujetándose con una mano en el cabezal, se inclinó para besarle, dejando que sus lenguas se entrelazaran en una interminable batalla, entrando y saliendo, imitando a la perfección lo que ellos no podían hacer, no si Bella podía evitarlo. Y definitivamente lo estaba logrando.
Ahora apoyándose con las dos manos, bajó un poco su cadera, lo justo para que la punta de su pene tocara su tierna y mojada carne. Deslizándose de frente y hacia atrás, Bella dejó salir varios suspiros de alivio, a la vez que oía los gemidos lastimeros y desesperados de Edward. Intentó volver a subir la cadera y poder enterrarse en ella, pero Bella volvió a ser más rápida, cogiendo su miembro, fuertemente y apretándolo, provocando que la boca de él formara una perfecta "o" a la vez que sus ojos se cerraban.
Bella paseó su mano de arriba hacia abajo, dispersando el delicioso líquido que antes había tenido la oportunidad de degustar. Se colocó otra vez sobre él, y empezó a repetir los mismos movimientos de antes, hacia adelante, hacia atrás, hacia adelante, hacia atrás, una y otra vez; mientras que con la mano sujetaba su miembro quieto y le acariciaba de la misma manera pero en sentido contrario. Bella sentía que el placer se arremolinaba en su bajo estómago, fundiéndose con el fuego que ya sentía. Era plenamente consciente de que sus pechos se movían a su par, delante de las narices de Edward y sin que este pudiera tocarlos, chuparlos y lamerlos. Y eso la ponía terriblemente cachonda.
Y la morena necesitaba más, mucho más. Pero se tenía que conformar con aquello, con ser tocada de aquella manera sólo por fuera, privándose de aquella maravillosa sensación de posesión que había experimentado las veces anteriores. Él llenándola a ella completamente, ocupando el espacio vacío que había sentido durante años. Y lo único que podía hacer era masturbarse, llevar la otra mano hacia su entrada y penetrarse de una sola estocada, provocando intensos suspiros y jadeos de puro gozo. Y seguir así, conformarse con sus dedos cuando a justo tres centímetros tenía al dueño de sus más húmedos sueños, atormentado su clítoris. Pero, ¿qué más podía hacer?
Aunque fuera ella misma quien se estuviera complaciendo, lo estaba disfrutando como nunca antes, bebiendo de cada nueva sensación, de que los dedos de los pies se le doblaran cada vez que tuviera que intensificar los movimientos, de sentir la mirada penetrante y salvaje de aquel hombre atado a su cama, del sentimiento de poder que le otorgaba aquella posición... Pero aún así... Estaba maldiciendo al mundo por ser todavía viernes y no domingo.
Añadió otros dos dedos y su balanceo empezó a llegar a límites insospechados, acompañados por sus altos y agudos gemidos. ¿Estaría Edward disfrutándolo? No lo sabía, porque desde hacía rato sus oídos habían dejado de funcionar, siendo sólo era capaz de sentir aquel remolino que empezaba a llegar a su cúspide.
—Oh, Cullen —susurró entre jadeos—. Si esto es la puta hostia, no me puedo imaginar lo que es sentirte duro dentro de mí.
—Bella...
¿Había respondido él algo? Creía que sí, pero su mente y sus sentidos estaban concentrados en otra cosa, en ella y sólo ella. Sentía que estaba a punto de llegar, estaba tan cerca, tan cerca. Los movimientos frenéticos de ambas manos se volvieron desquiciados, unidos por jadeos altos y fuertes que avecinaban un espectacular orgasmo. Sus manos estaban terriblemente cansadas, pero no pararon, aumentaron a una velocidad inimaginable, y cuando menos se lo esperaba, estalló. Estalló en miles de pedazos, viendo estrellas verdes.
— ¡Aaaaah, Edwaaaaaard! —su gemido final salió alto y fuerte, llevando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y disfrutando de cómo sus paredes se cerraban sobre sus dedos.
Una vez sintió que su cuerpo se relajaba lentamente, se echó sobre el duro pecho de Edward, el cual seguía agitado, vigoroso y deliciosamente sudoroso. Cuando logró recuperar la respiración, apoyó su barbilla sobre uno de sus pectorales y lo miró soñolienta. Cuál fue su sorpresa al ver que él seguía manteniendo aquella expresión de profunda insatisfacción y frustración que le había visto durante toda la noche.
Notando que ella lo estaba observando, hizo lo que ella tanto había estado deseando, le rogó:
—No me dejes así Bella, por favor —su labio inferior sobresalía en un tierno puchero, mientras su cabeza y todo su cuerpo se seguía moviendo en busca de su liberación.
— ¿Me estás rogando, Cullen? —se burló, atormentado un poquito más al hombre—. Quiero volver a oírlo.
— ¡Sí, maldita sea! —rugió retorciéndose—. ¡Te estoy rogando!
Bella sonrió y se levantó perezosamente. Su miembro estaba más hinchado y más grande si era posible, logrando pasar de su ombligo cuando se volvió a sentar a horcajadas sobre él. La morena llevó sus dos manos a su pene, pero no las movió, estaba pensando en algo que la sacaría de muchas dudas.
—No, por favor —lloriqueó—. Ya te he rogado Bella. Tú ganas.
— ¿Te acostaste con la azafata en el avión? —la voz de Bella ya no era juguetona, era dura y fría, con un pequeño deje de miedo, que Edward no logró percibir por el estado en el que se encontraba.
—Eso ahora da igual —jadeó cuando sintió que la morena apretaba duramente su miembro.
—A mí no me da igual —su respuesta era baja pero clara. Él sonrió con socarronería.
—Creo que te vas a quedar con la duda —y de repente ya no estaba encima de él.
Cuando él abrió los ojos, Bella estaba tumbada a su lado, dándole la espalda, mientras apagaba la luces gracias al interruptor de la mesilla de noche.
— ¿¡Qué haces!? —preguntó en un grito desesperado. Vio como ella se encogía de hombros.
—Tú también te vas a quedar con la duda sobre tu inminente corrida —Bella sonaba indiferente—. Buenas noches.
Obstinado, no contestó nada y se decidió dormir. Pero era imposible, el enfado, más la frustración, más el deseo, más la puta erección que no bajaba ni a tiros, eran una muy mala combinación. ¿Qué más le daba a ella si se había tirado a aquella niñita? Él era un hombre adulto de treinta y un años, consciente de lo que hacía y, ni mucho menos, manteniendo una relación estable con Bella Swan. ¿Por qué aquellos insignificantes detalles tenían que importarles tanto a las mujeres?
Tras quince minutos, maldijo alto y claro y contestó a la maldita pregunta:
—No me acosté con ella, Bella —notó que ella se tensaba y se relajaba después de dos segundos. Pudo jurar que hasta había oído un suspiro de alivio, pero no estaba seguro. Notó que se daba la vuelta y lo miraba atentamente, sopesando alguna posibilidad. La de que estuviera mintiendo, claro—. Un hombre en este estado no te mentiría.
—Diría lo que la mujer quisiera oír para conseguir una buena mamada —su voz conservaba algo del recelo anterior.
—Me habías ignorado durante toda la semana y quería que vieras lo que te estabas perdiendo —confesó mientras la miraba suplicante, algo que creía no haber hecho en su vida.
— ¿Sabes que suenas como una adolescente hormonada? —se burló de él.
— ¿Pero te convence? —preguntó, esperanzado al ver que se volvía a poner sobre él.
—Señor Cullen —la sonrisa había vuelto a sus labios y Edward suspiró calmándose—, va a disfrutar del mejor sexo oral que haya tenido en su vida.
Y madre mía si no fue así. Lo había llevado a tocar el cielo, ya no con las manos, sino con los pies.
¿Cómo lo había conseguido Bella? Ella no tenía ni idea, era de las primeras veces que lo hacía. Pero parecía que la información no deseada que Rosalie le había obligado a escuchar, había surtido efecto; se lo tendría que agradecer más adelante, ahora tenía una tarea importante entre manos, nunca mejor dicho.
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A la mañana siguiente, una Bella completamente vestida, estaba saliendo de puntillas de la habitación. Eran las nueve y nadie estaba despierto a aquella hora en la casa. Su venganza número dos había empezado.
Recordaba que el día anterior Alice había dejado su bolso en la mesa del comedor. Corriendo lo más sigilosamente que pudo, fue hacia el lugar y rebuscó en su caro Valentino rojo. De paso, sacó su monedero y todas las tarjetas de este, que eran muchísimas hay que aclarar. Marcando en el móvil de la duende, llamó al banco más importante de todos ellos.
—Atención al cliente del Banco de América —respondió una voz femenina, desinteresada y monótona. Seguramente una mocosa rubia de bote, a la que habían obligado a ponerse a trabajar—. ¿En qué puedo ayudarle?
—Buenos días —saludó Bella imitando a la perfección la voz de Alice—. Verá, quiero bloquear las cuentas que tengo con ustedes por 48 h.
— ¿Su nombre?
—Mary Alice Brandon y mi número de identificación es el...
El bloqueo fue todo un éxito. Alentaba por ello, llamó a los demás e hizo lo mismo. Cuando hubo acabado guardó rápidamente todo y fue a la cocina a prepararse algo de desayunar, y casi muere de una apoplejía cuando ve a la enana mirándola raro. Tocándose nerviosamente la cabeza, fue hasta la nevera y sacó un poco de leche.
Todo estaba silencioso e incómodo. ¿Acaso la había descubierto? Oh, por favor, esperaba que no fuera así. Cuando se sentó enfrente suyo, Alice la seguía mirando de aquella manera.
— ¿Tengo algo en la cara? —preguntó molesta. Que le dijera de una vez si la había pillado o no, la espera era enloquecedora.
— ¿Tú eres la responsable de que Emmett esté en la habitación de Rosalie, ¿verdad? —Bella suspiró aliviada y compuso su mejor expresión de inocencia.
— ¿Y por qué debería de ser así? —rió brevemente—. Quizás ahora se llevan mejor, ellos sabrán lo que hacen con sus vidas.
El ceño de Alice se relajó y pareció creer lo que decían sus palabras. ¡Gracias al cielo!
—Sí, tienes razón —la duende agachó la mirada y observó la taza de té humeante que tenía entre sus manos.
— ¿Por qué no vamos a cenar fuera hoy? —Su plan estaba sano y salvo, así que podía continuar perfectamente con lo que había tenido en mente—. He oído que han abierto un restaurante carísimo, pero de excelente comida.
— ¡Sí! —Exclamó mientras los ojos se le iluminaban de emoción—. ¿Invitamos también a los padres de Félix?
— ¡Oh, Dios, no! —gritó horrorizada Bella. Quería abochornar a Alice, pero tampoco cuando los suegros de Irina estuvieran presentes.
—Claro... esto... vale —dijo la enana, confundida.
— ¡Hola a todo el mundo! —saludó una entusiasmada Irina, entrando por la puerta. Bella suspiró, quitándose un peso de encima. Si continuaban con aquella conversación Alice habría sospechado algo, sino averiguado cada detalle de su recóndito plan.
—Esta noche Alice nos invita a comer —la enana ni siquiera lo había propuesto, y le enarcó una ceja.
—Sí, es cierto —en un final se encogió de hombros y siguió con su té.
Irina se dirigió a hacerse algo de café. En medio del proceso, se giró y las miró moviendo las cejas de arriba a abajo, sugestivamente.
—Chicas, ¿soy la única que oí ayer por la noche los grititos de alguien? —Bella se petrificó en su asiento, pero lo intentó disimular lo mejor que podía.
—Algo escuché —murmuró Alice pensativa—. Yo creo que era tus suegros.
Bella oculto sus carcajadas. ¿¡Los padres de Felix!? Qué bien que sus voces sonaran de esa manera...
—Pues llevaban una marcha... —Siguió Irina mientras cogía su café y se sentaba a la mesa junto a ellas—. He de reconocer que me puse cachonda y me tuve que lanzar sobre Felix como una loba en celo.
Bella se atragantó y no pudo evitar reírse. ¿Cómo se suponía que tenía que tomarse eso?
— ¿Pasa algo? —El desconcierto teñía la voz de la enana. Cuando se pudo controlar, contestó:
—No, no —dejó la leche otra vez en la nevera y se dirigió a la puerta—. Voy a cambiarme.
—Pero si ya estás vestida —Irina mantenía el ceño fruncido mientras decía eso. Bella miró hacia abajo y se maldijo en su fuero interno, tenía razón.
—Bueno, a ponerme el bikini —hizo un gesto de lo más raro con la mano, en un vano intento de quitarle importancia al asunto—. Me quiero dar un bañito, eso es todo.
—Sabes que el agua está congelada, ¿verdad? —estaban empezando a sospechar y Bella lo notaba. Recordó brevemente la tarde anterior en la playa y, aunque era por la tarde y estaba caliente, seguía estando lo bastante fría como para no aguantar más de cuarto de hora.
—Sí —asintió con la cabeza a la par que metía las manos en los bolsillos de su vaquero—. Es muy bueno para la circulación y para la celulitis.
Giró sobre sus talones y salió a prisa de aquel lugar, antes de que todo se fuera al traste, no sin antes escuchar el "¿de qué celulitis habla? Si no tiene". Subió las escaleras corriendo y esquivó a una enfadadísima rubia que se dirigía hacia ella, con un breve lo siento.
— ¡Gracias por querer escuchar mis penas! —enfurruñada y con las manos en puños, Rosalie continuó su camino, musitando: —Con amigas como esta, ¿quién quiere enemigas?
Bella presintió que sabía que alguien le había dicho a Emmett que subiera a su habitación, pero que no intuyó que había sido ella. Bien.
Cuando llegó a la puerta de su habitación, entró tan sigilosamente como había salido, pero de nada sirvió ya que Edward no se encontraba sobre la cama. Murmurando una plegaria, se dirigió hacia su maleta y se cambió rápidamente de ropa. Cogiendo un ligero y vaporoso vestido, se lo metió por la cabeza y se volvió a escabullir.
Al llegar a la playa, agradeciendo que nadie la hubiera importunado por el camino, se dejó caer de espaldas sobre la arena. Suspiró y cerró los ojos, disfrutando de la sensación del sol sobre su piel. Después de que cinco minutos pasaran, sintió una sombra sobre su cabeza, y al abrir los ojos gritó como una posesa por la sorpresa.
— ¿¡Eres tonto o qué te pasa!? —enderezándose, se sujetó el pecho e intentó calmarse. Las risas de Riley todavía se oían y Bella le fulminó con la mirada—. Puedes parar ya.
—Dice Alice que te vayas vistiendo que nos vamos de compras —logró pronunciar entre carcajada y carcajada.
— ¿¡Compras!? —la morena abrió los ojos cayendo en la cuenta de que su plan se iría a cumplir antes de lo esperado—. En diez minutos estoy abajo.
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Como había prometido, en aquel tiempo, Bella ya estaba abajo, enfundada en unos gruesos vaqueros, portando cinco pares de braguitas y una importante capa de papel celofán al rededor de su entrepierna. Tenía que estar preparada para el posible ataque de venganza que surgiera por parte de Edward. Por misterios de la vida, había logrado esquivarlo durante lo que llevaban de día y cuanta mayor protección llevara encima, mejor.
Estaba esperando sentada en los pies de la escalera, ajustando la alarma para que sonara a las doce de la noche, cuando oyó las voces de sus amigas.
— ¡Vamos a tirar la casa por la ventana! —Esa era Alice, y sabía que tenía los brazos levantados en alto, en señal de triunfo—. ¡Cuidado Miami que Mary Alice Brandon ha llegado a la ciudad!
Bella se levantó y compuso una de sus mejores sonrisas, no pudiendo evitar morderse el labio inferior. Sí, Miami, vas a recordar a esta mujer durante toda tu vida. Y ella a ti, cuando vea que no puede pagar nada.
Hola a todas! He tardado un día por problemas técnicos chicas! :S ¿Qué os ha parecido? :)
Muchísimas gracias a mi beta Verónica por mejorar este capítulo! Y también muchas gracias por todos los favs, alerts y rr, ¡sois un amor!
lesliok: me alegra que te esté gustado, muchas gracias por tu comentario! besos :) Tata XOXO: le dejó con algo de ganitas jeje a ver qué hace Ed ahora... muchas gracias por tu comentario! Besos :) felicytas: ves que al final no pasó nada entre ellos? Y la mala perra de Bella continúa jejeje Muchas gracias por tu comentario! Besos ;) PRISGPE: sí, de eso se encargó Bella jaja Muchas gracias por tu comentario! Besos :) TaNiiaGG: ya lo continué corazón! Gracias por tu comentario! ;) Besos :) ErandiLina: que Eddie no es tan malo chicas! Sólo una adolestene hormonada ;) Shh, no le digas que me mata jajaja Y Bella/Bitch continúa todavía por un rato más! jejeje Ojalá los cielos te escuchen y Bella gane, quien sabe, quizás lo hace ;) Muchas gracias por tu comentario! Besos :)
Y me gustaría decirles que he empezado a subir otra historia, una de época, por si les interesa pasaros ;)
Muchas gracias otra vez, y nos leemos!
Valentine :3
