Este capítulo ha sido beteado por Verónica Pereyra (Beta FFAD)
www. facebook groups / betasffaddiction
Capítulo 14
Ojo por ojo, diente por diente.
—Refrán—
La tarde de chicas marchaba estupendamente bien, más aún sabiendo que Alice estaba en una de las tiendas más caras como es Chanel, con la maravillosa intención de comprarse todo un carro de ropa. Bella no podía saltar más de la felicidad, pero lo intentaba ocultar tras unos: "¡Te queda precioso, Alice!", "Te envidio por no tener ese cuerpo, nena"; o un poderoso: "Si no te lo compras, estás loca". Como siempre, la enana era demasiado fácil de convencer, en lo respectivo a la ropa, claro está; así que pronto Bella se descubrió pensando en qué podrían tener los demás. Quería dejar a la pareja de gays en último lugar, y seguir el camino con las que se hacían llamar amigas. Bien, ahora era el turno de Irina, ¿pero qué le podría hacer a ella? No era ninguna adicta a las compras, y ni mucho menos guardaba sus tarjetas de crédito con recelo y egoísmo como hacía Alice. Tampoco estaba soltera para poder liársela con algún pervertido.
Bella estaba sentada en uno de los taburetes que había colocados estratégicamente por toda la boutique, observando atentamente cada movimiento de la rubia. Su cerebro trabajaba a mil por hora, sin embargo, ninguna buena idea cruzaba su mente. Hasta que de pronto, el móvil de la susodicha empezó a cantar alegremente la canción del momento. Rápidamente, Irina lo sacó y miró asustada a la pantalla del aparato. Con cautela, se lo llevó a la oreja y saludó tan bajito que Bella apenas pudo oír el: "Hola, mamá".
¡Ajá! Osea que lo que necesita es un buen escarmiento por parte de sus padres. ¡Oh, nena, como lo voy a disfrutar! —pensó triunfante Bella.
Yendo hacia ella, como si no tuviera ninguna mala intención, por supuesto; se paró a su lado fingiendo mirar entre la ropa, pero con su oído bien pegado a la conversación.
—Mamá —siseó enfadada—. Ya te he dicho que no te lo voy a presentar por ahora… ¡Y qué si estoy conociendo a sus padres! Además, las chicas han venido conmigo.
Tan fuerte fue el grito que provenía del teléfono, que hasta Bella tuvo que hacer un gesto de dolor por casi haberse quedado sorda. Sin duda, fue un firme y furioso "¿¡Qué ellas van y nosotros no!?". La madre de Irina, Amanda, era una buena mujer, amable, respetuosa, amorosa; el único problema que presentaba era que tenía un malhumor… Mejor no estar presente cuando eso pasara. Así que, Irina estaba teniendo una de aquellas conversaciones madre-hija, y Bella ya sabía lo que tenía que hacer.
— ¡Está bien, está bien! —exclamó Irina mientras levantaba las manos a modo de exasperación —. Te lo presento en un mes… ¡Chitón, mamá!
¡Ole tus ovarios, nena! En la vida le hubiera dicho "chitón" a tu madre —se carcajeaba Bella en su interior.
Sigilosamente, volvió a su amado taburete, mientras "ojeaba" entre las prendas expuestas. Por suerte, todas estaban tan sumidas en su búsqueda por algo que no había tenido el interés de escuchar, que toda la escena de su sesión de mal espionaje, pasó desapercibido.
En el momento en el que su culo tocó el mullido asiento, Irina guardó el móvil no sin antes mirarlo ceñuda y soltar un bufido descarado. Bella soltó una pequeña risita, y sacó su propio teléfono. Buscando cuidadosamente en la agenda, encontró el número que quería: la casa de la familia Volturi, los padres de Irina.
Marcó rápidamente, y tras tres timbrazos, una voz femenina y llorosa, contestó. Por un momento, el corazón de Bella se rompió en dos al sentir el sufrimiento del rechazo de su hija, pero pronto se recuperó ya que sabía que, aparte de que fuera su venganza privada, estaría ayudando a su amiga en cierta manera.
— ¡Hola, Amanda! —saludó alegremente, intentando que aquel entusiasmo la contagiara—. Soy Bella, ¿qué tal estás?
—Ay hija, que gusto oír de ti —rió un poquito y Bella se sintió más aliviada—. Pues mira, aquí los dos solos en casa. Irina ya me ha contado que estáis conociendo a la familia de Felix.
Antes de que las lágrimas, que creía habían caído antes, volvieran a aparecer, Bella dijo:
—Por eso mismo te llamaba —sin esperar respuesta, continuó—. Estaba pensando en darle una sorpresa a Irina, y vamos a cenar esta noche fuera… Así que, ¿por qué no os venís Caius y tú? Me parece que los padres de Felix también van a estar… no estoy segura…
Parecido al grito ensordecedor de hacía unos minutos, uno similar se estampó contra los tímpanos de la morena, haciendo que, automáticamente, la mano que sostenía el aparato saliera volando hacia un lado para aliviar aquella molestia. Cuando creyó que ya había pasado, lo volvió a acercar.
—Ay, Bella —la nombrada predecía que Amanda estaba dando saltitos. ¿Había olvidado decir que aparte de ser amable, respetuosa y amorosa también era un poco hiperactiva? —. Qué alegría me da oír eso. Ahora mismo cogemos un vuelo y esta tarde estamos allí. ¡Cuidaos mientras tanto!
Y colgó. Bastante propio de Amanda si se paraba a pensarlo. Encogiéndose de hombros, se volvió a levantar y caminó hacia la caja, lugar donde todas estaban congregadas.
Bien, el momento ya ha llegado —en su interior Bella estaba saltando como una chiquilla de cinco años, como si le hubiera regalado la barbie que tanto deseaba.
Se colocó junto a una Rosalie ceñuda y cruzada de brazos. Por las bolsas que colgaban de su muñeca, supuso que ella ya había pagado. Sus ojos azules la enfocaron y la sonrisa de la morena tembló un poco. Había enfado en ellos, enfado mezclado con otra cosa, venganza. La confianza que había sentido hacía unos momentos parecía romperse poco a poco, como hielo derretido.
—No sé quién habrá metido al orangután ese en mi cuarto —empezó y Bella respiró más tranquila pero no del todo, sabía que Rose pronto la descubriría, siempre lo hacía—, pero me las va a pagar.
— ¿Os peleasteis? —preguntó la morena, tanteando un poco el terreno. Sabía que entre aquellos dos había cierta tensión sexual, ya que la última vez que Rose estuvo en Nueva York, Emmett dormía en su casa. Varias veces los había encontrado en posiciones un tanto comprometedoras…
— ¡Por supuesto que sí! —bufó recordando alg —. El muy gilipollas intentó besarme.
—Ahora no me vengas con que no te gustó que te metiera la lengua hasta el fondo —intervino Irina, mientras levantaba las cejas sugestivamente. Ella también había acabado y los nervios de Bella aumentaban cada vez más.
— ¡Cállate! —ordenó Rosalie con voz firme y fría, pero lo que no pudo ocultar fue el sonrojo que asomó sus mejillas. Irina empezó a dar saltitos y la señaló con el dedo índice.
— ¡Tenía razón! —canturreó. Rose le envió una mirada envenenada haciendo que la otra rubia se riera.
Y toda la conversación fue interrumpida por el grito que Alice dio, aquel chillido que Bella tanto había esperado. La cajera la miraba asustada e intimidada, y eso que era más alta que la enana… Todas se miraron extrañadas y Bella puso en su cara una expresión de tonta que no podía con ella. Mejor parecer eso, a que se le notara a leguas que ella era la culpable.
— ¡Pero eso es imposible! —exclamaba una y otra vez la enana—. Compruébelo.
—Se lo estoy diciendo —contestaba la cajera con voz baja—. Lo he hecho tres veces y el banco me la deniega.
Frenética, Alice empezó a buscar en su bolso y pronto sacó su monedero. Le tendió otra tarjeta y tuvo el mismo efecto, denegada. Y otra, y otra, y otra… Hasta que furiosa las cogió todas y salió echando humo por la cabeza, farfullando lo que parecía una sarta de insultos nada agradables, hacia los familiares de los gerentes del banco.
Las chicas la siguieron silenciosas pero confundidas, por lo menos las dos rubias, Bella estaba que tiraba cohetes. Parecía mala amiga, pero peor era apostar en tu contra por un tipo al que ni siquiera conocían…
Con la cabeza alta y una sonrisa oculta, Bella seguía a las chicas, cada una de ellas enfadadas por una razón, a excepción de una todavía ignorante Irina de que sus padres iban a venir aquella noche.
Al llegar al coche, Alice se sentó en el asiento de copiloto y se cruzó de brazos con el ceño fruncido cual niña pequeña a la que le han negado su juguete favorito. Bella se acomodó en su sitio y fingió juguetear con el móvil.
Había visto su correo, el periódico diario, y el tiempo cuando un mensaje hizo que su teléfono vibrara, al igual que alguna parte de su anatomía de la que no quería pensar en aquel momento.
Asegurándose de que las demás estuvieran a su bola, abrió el mensaje y lo leyó con parsimonia.
No te creas que porque por ahora hayas escapado de mí, lo conseguirás en un futuro. No eres lo demasiado fuerte como para conseguirlo, Swan.
PD: ¿alguna vez has oído ese refrán que dice ojo por ojo y diente por diente? Dentro de poco lo harás en todos los aspectos posibles.
Su boca cayó un poco y sus ojos se abrieron. ¿Aquel tipo no paraba nunca? No podía negar que su ego femenino estaba por las nubes y más allá, pero Edward en verdad no descansaba hasta conseguir lo que quería. Y Bella se lo daría gustosa, sin embargo, él tenía que esperar hasta que su querida alarma tocase y la jodida apuesta hubiera expirado.
No contestó, prefirió dejarlo en un suspense frustrante y agónico, para Edward, por supuesto. Tampoco podía negar que no se lo hubiera pasado de puta madre la noche anterior, y que esa pequeña muestra de lo que él le podía dar hacía que empezara a chorrear, como decía Riley.
Apoyó la cabeza contra el respaldo y cerró los ojos. Había cambiado mucho desde los últimos días. Hacía poco más de tres semanas que conocía a Edward y ya había puesto su mundo patas arriba. ¿Eran acaso así todas las relaciones de tipo sexual? ¿Tenían el poder de modificar tanto a una persona? ¿O más bien era la perversión que sus amigos habían conseguido grabar a fuego en su mente lo que la llevaba a ser tan zorra? Sí, porque debía reconocerlo, se estaba comportando como una auténtica puta, y le encantaba.
Sonrió levemente mientras pensaba aquello. ¿Acaso esa era una de las malas cualidades que posee una mujer y por la cual se la puede despreciar? Con anterioridad solía pensar así, pero ahora aquello había cambiado, en ese momento veía que aquel era el mejor comportamiento del mundo. Y el más divertido, obviamente. A parte de proporcionar diversión ante cómo los hombres se encabezonan y hacen el ridículo, conducía al mayor placer que Bella había podido experimentar jamás. En toda su vida de mosquita muerta lo había pasado como el culo, y si la vida le daba limones, ¡ella iba a hacer limonada!
De repente sintió que el coche se paraba y las puertas se abrían. Cuando ella procedió a hacer lo mismo, realizó que tenía un hambre feroz. Pero, ¿cómo podía evitar a Edward ahora? ¿El dueño de sus últimos y más húmedas fantasías? Temía que no pudiera contenerse y le saltara como la gata en celo que sentía cada vez que estaba a su alrededor. Y él, definitivamente, no se lo pondría para nada fácil.
Con la cabeza gacha, intentando pasar desapercibida, entró en la casa y se dirigió rápidamente a la cocina. Según el reloj de su teléfono sólo eran la una y cinco, y nadie estaría comiendo entonces. Pero la suerte quiso que sí lo estuvieran haciendo, y al entrar todos la miraran atentamente.
Bella se removió incómoda, sintiendo como si todo el mundo supiera lo que había estado haciendo la noche anterior. ¿Sería así siempre? Porque no le gustaba ni un pelo. Diciendo un brusco y rápido "hola", se fue a sentar al lado opuesto del lugar en el que estaba Edward, algo que no permaneció desapercibido para él, el cual la miró escéptico y bajó la mirada para continuar con su pollo asado.
Segundos después de mi entrada, aparecieron las chicas.
— ¡Hola! —saludó una demasiado entusiasta Irina. Se acercó a Felix y le dio un casto beso en los labios. Cuando me quise dar cuenta, los estaba mirando atentamente y desvió la mirada hacia su regazo, pero podía notar otra mirada sobre ella, era Edward, lo presentía. Y no tenía que levantar la cabeza por ninguna razón o toda la fuerza de voluntad que estaba reuniendo se iría por el desagüe.
— ¿Qué tal las compras, nena? —le preguntó con aquella voz tan ronca y profunda que caracterizaba a Felix.
—Muy bie…
— ¿¡Cómo que bien!? —espetó Alice malhumorada.
— ¿Qué pasó mi amor? —la tranquilizó el rubio que tenía por amante, cogiéndola por la cintura y sentándola en sus piernas. Cuando sus ojos conectaron, toda la furia de la enana pareció desvanecerse e instalarse en su lugar unas lágrimas para nada características de ella.
—Nada, es sólo que… —comenzó ella, sin embargo el móvil de Bella comenzó a sonar estrepitosamente, haciendo girar todas las miradas hacia.
—Esto… lo siento… —a prisa, se levantó de su taburete y salió fuera, sintiendo aquella penetrante mirada en su espalda.
Una vez estuvo lo bastante alejada, apretó el botón de "Contestar" y saludó cordialmente.
—Isabella, soy Jacob —aquellas simples palabras hicieron que la espalda de ella se tensara como un acordeón.
—Dígame —se apresuró a decir—. ¿Lo han encontrado?
—Verá, señorita Swan… —el policía se encontraba evasivo. ¿Qué coño habría pasado? —. No se preocupe, por ahora todo está bien. Sin embargo, ahora mismo la que nos preocupa es usted. ¿Se encuentra en su casa?
La aludida dudó antes de contestar.
—No, estoy en casa de los suegros de una amiga.
—Bien —Bella oyó el suspiro de alivio que soltó el hombre al otro lado de la línea —. Será mejor que se quede allí mientras toda la situación se recupera.
—No —se negó ella—. No haré eso.
—Isabella… —la regañó él, como a una niña pequeña cuando hacía una jugarreta.
—Ya ha oído lo que he dicho, señor Black — aseveró con voz firme y monótona—. El lunes estaré en mi despacho. Mande a Sam si así se queda más tranquilo, pero no voy a dejar mi trabajo por ese malnacido.
Al otro lado de la línea no se oía nada, sólo silencio. ¿Habría colgado? No, porque seguía oyendo, aunque débilmente, la acompasada respiración del hombre.
—Está bien, Isabella —accedió en un final—. Pero por favor, manténgase en un lugar seguro.
—Por supuesto, señor Black —aseguró en seguida—. De eso no tiene que preocuparse. Adiós.
Antes de colgar, Bella pudo oír un claro "Claro que lo tengo que hacer", pero lo ignoró y colgó de cualquier forma.
La morena se dejó caer en uno de los sillones del salón y apoyó la cabeza en una de sus manos, suspirando con frustración, no podía tener ni un día tranquilo.
De repente, oyó que la puerta de la entrada se abría y que unos pasos dudosos entraban, tras lo cual se escuchó un claro y nítido:
— ¿Hola? —era una voz femenina, muy familiar para Bella.
Levantándose se acercó hacia la entrada y se quedó de piedra ante la pareja que allí se encontraba: ¡los padres de Irina! La mujer, al verla allí parada, se acercó corriendo y la abrazó con una energía envidiable. Bella no tuvo más que hacer que responder con una rara risa que imitaba la de ella. ¿¡Cómo coño habían logrado llegar tan pronto!?
Alertados por los gritos y las risas, los padres de Felix, y éste incluido, fueron corriendo. De igual modo que Bella, se quedaron ellos, en principio extrañados y después alegres y sorprendidos. Obviamente, habían visto la clara igualdad entre la madre de Irina y ella.
— ¡Ay madre mía! —Amanda se acercó corriendo hacia un estupefacto Felix y lo abrazó como pudo—. ¡Tú debes ser el novio de la malvada de mi hija!
Apareciendo en aquel instante por la puerta, Irina soltó un grito ahogado.
— ¿¡Mamá!? —parecía que los ojos se le iban a salir de la cuenca e inmediatamente las preocupaciones anteriores de Bella fueron sustituidas por un pecho hinchado de orgullo de sí misma y satisfacción—. ¿Qué estás haciendo aquí?
Amanda fue y la estrechó de igual manera que a su novio.
—Hija, no seas pesada —respondiendo únicamente eso, y dándole unas palmaditas en la cara, se giró y procedió a saludar a sus consuegros.
De allí en adelante, el entusiasmo de los suegros, se mezcló con la incomodidad de los tortolitos, los cuales se miraban incriminatoriamente el uno al otro. Tras las presentaciones formales, los padres de Irina pasaron a la cocina y los acompañaron con conversaciones vergonzosas sobre la tierna infancia de los novios. Bella agradecía aquello, le daba un respiro de todo lo que tenía que afrontar.
Y entre risa y risa, llegó la tarde. Todo el grupo estaba reunido en el salón, siguiendo con la interminable charla que se había empezado desde el mediodía. Había estado evitando a Edward durante todo el encuentro, sin embargo, ahora se encontraba sentada a su lado en el sofá. Bella intentaba que sus pieles no se tocaran por nada del mundo, pero parecía que él estaba contribuyendo a ello, ya que la estaba ignorando completamente, ni una sola mirada desde la cocina, ni una sonrisa… Y esas era las que más extrañaba. No sabía bien por qué pero la reconfortaba ver aquella familiar curvatura, los brillantes dientes blancos que escondían una lengua rosada y comestible. Le estaba comenzando a coger un cariño que tampoco entendía. ¿Sería sólo por la atracción que sentía por él? ¿O algo más? Rogaba porque así no fuera, ya que si llegara a pasar, sabía que él se cansaría rápidamente de ella y la dejaría tirada en algún rincón, con el corazón roto y sin pegamento con el que arreglarlo.
Se removió en su asiento, cruzándose de piernas y dándole ligeramente la espalda. Se estaba cansando de aquellos estúpidos juegos de niños pequeños. Aceptaba la apuesta, aceptaba que la infantilidad que de ello surgía se disputara entre sí. ¡Pero lo que no quería era que a causa de eso su relación/lo que sea que pudieran tener, se estropeara! Mucho le había costado superar el trauma de ser maltratada de aquella forma tan íntima, como para que con el primer hombre con el que se sentía realmente atraída se alejara y no la quisiera volver a ver.
Pero, ¿qué podía hacer? No le gustaba el infantilismo, pero su orgullo no le permitía perder. Así que intentaría no hacerlo, si después de aquello su "lo que sea que tuvieran" no seguía, ya vería qué haría.
Edward también se removió y sus brazos se tocaron, haciendo que Bella se sobresaltara y lo mirara con fuego en los ojos. ¡No podía evitarlo y en cierta manera era completamente frustrante! Sin embargo, él la seguía ignorando, parecía que ella fuera una almohada más del sofá, y que no le importaba llegar a machacarla para asegurarse su propia comodidad.
La morena frunció un poco el ceño y volvió a prestar atención al parloteo. Ahora se habían unido Rose y Emmett. Bella no pudo evitar el desconcierto al ver que su abogado estaba medio abrazando a la rubia. ¿¡Qué coño!? Pensó.
Aún en aquel estado, dirigió perezosamente los ojos hacia Irina.
—No me parece justo que nos pongáis a parir a nosotros solamente —se quejaba. Empezó a escudriñar la habitación y me miró malvadamente—. Bells.
¡Oh, no! ¡Oh, no! ¡Ya sabe que fui yo, joder! —gritaba en su cabeza la aludida.
—Sí, sí, Bells —la secundó Alice.
¡Mala puta! —la acusaba. Todo su maldito plan había caído. Ahora no podría vengarse de Riley… Pero podría con las dos, ¡sí señor!
—Tú eres siempre tan perfecta, Bells —Rose le enviaba dagas con la mirada—. Nadie te imaginaría haciendo mal a nadie.
¡No con las tres Dios mío, no tres!
— ¿En serio? —preguntó mientras reía nerviosamente. Sus dedos estaban enroscando un mechón de su oscuro cabello.
—Sí —secundó Irina—. ¿No recuerdas aquella vez que fuimos a la cabaña que tiene Alice en Canadá…?
— ¡No! —exclamó interrumpiéndola, pero se calmó al ver que se estaba delatando—. No me acuerdo.
Volvió a concentrarse en su mechón y a mirarlo despreocupadamente.
—Pues yo sí —rió inocentemente Rose—. Verán señores — empezó girándose hacia los dos pares de padres. Bella no pudo hacer más que girar aún más su cuerpo y echarse hacia abajo, para intentar ocultar el sonrojo monumental que tenía en la cara—, Bella acababa de terminar la carrera y de salir completamente recuperada del psi… Da igual —carraspeó—. Y fuimos a celebrarlo en unas mini vacaciones.
Irina tomó el relevo:
— ¡Nos quitó a todos los chicos! —su voz sonaba indignada, y Bella sabía que iban a exagerar lo sucedido. De hecho, ya lo estaban haciendo, sólo le quitó al rubito que había ido a por Alice, porque a ella no le gustab —. Por supuesto, nunca la había visto tan suelta desde lo que pasó con James…
Bella levantó la cara automáticamente y la miró intensamente. Un grito ahogado se oyó en la habitación.
— ¿Quién es James? —preguntó fríamente Edward, el cual Bella pensaba que no le volvería a hablar en la vida.
—Nadie, nadie —apresuró a decir Rose, pero al hombre ya no lo detenía nadie.
— ¿El mismo que te hizo lo del ascensor, Bella? —su voz era afilada esta vez, demasiado acusatoria para los ahora sensibles sentidos de la aludida.
—Yo… —la morena no sabía qué decir, así que sólo salió corriendo de la habitación.
Notó que los pasos de él la siguieron segundos después, así que subió corriendo a la habitación. Se tiró sobre la cama y agarró una de las almohadas como si de un salvavidas se tratara. Sus ojos estaban abiertos pero sin soltar lágrima alguna. Sentía que ya no podría hacerlo, demasiadas había derrochado ya por aquel hijo de puta como para volver a hacerlo.
Edward entró embravecido al cuarto y cerró de un portazo.
— ¿Es que acaso él tampoco fue suficiente para ti? —la acidez de sus palabras caló hondo en la morena, pero prefería no pensar en eso por el momento.
—Déjame, Edward —contestó en un murmullo.
— ¿Te crees que te puedes comportar como la puta que eres, y después evitar lo ocurrido durante todo el día? —en aquel punto, su voz estaba al borde del grito.
—Vete —continuó ella con el mismo tono de antes—. Ignórame como lo has hecho hasta ahora.
—Estás tú soñando que me voy a ir ahora mismo —rió sin ganas—. Ahora mismo me vas a dar las explicaciones necesarias, Isabella Swan.
Sin poder aguantar aquel dolor que se había ido formando con cada palabra que él decía, se levantó y le gritó con toda la fuerza que sus pulmones le permitieron:
— ¿¡Y tú quién coño te crees que eres para pedirme explicaciones!? —sus ojos estaban nublosos y sólo entonces realizó que estaba llorando y se maldijo por lo débil que era—. ¡Vete de aquí si no quieres que te corte los huevos y se los dé a los cerdos de merienda!
— ¿Así que por eso tienes un guardaespaldas? —Edward se había cruzado de brazos y la miraba asqueado—. ¿Se los cortaste a él también y ahora necesitas ayuda para que no venga a darte tu merecido?
La mano de Bella actuó antes de que su cerebro mandara ninguna orden, estampándose sonoramente contra la mejilla de aquel tipo. Sentía que las lágrimas salían cada vez más fuerte y salió corriendo hacia el baño, gritando antes de cerrar la puerta:
— ¡Vete de aquí y búscate a otra zorra a la que seducir, chupa pollas!
Sollozando despavorida, cerró con cerrojo y se dejó caer al suelo, abrazándose a sí misma. ¿Cómo le había podido hacer algo así él? ¿Por qué aquella afilada daga se clavaba en el medio de su alma y la torturaba moviéndose de un lado hacia el otro? ¿Por qué seguía llorando por aquel estúpido de James? ¿Por qué?
Y todas las preguntas fueron resueltas con una simple oración, una que muy sabiamente le dijo su padre antes de su muerte:
El amor, hija, mueve fronteras pero también las destruye. No renuncies a él porque es lo más bonito que hay en este mundo, pero no te dejes dominar por él, o te destruirá.
Entonces no lo había entendido, pero en aquel momento parecían las palabras más sabias que le podían haber dicho. Se había enamorado y ni siquiera se había dado cuenta. ¿Qué podría hacer ahora? Él prácticamente la odiaba, igual que lo había hecho James. No había sido demasiado buena para él… merecía a alguien mejor…
La auto-tortura continuó y continuó hasta que sintió que su móvil estaba sonando. Temblorosa, lo cogió y apretó rápidamente el botón de "Contestar" al ver el número de Jacob.
— ¿Señor Black? —preguntó nerviosa, aguantando los sollozos.
—No, Bells —y su mundo se resquebrajó totalmente ante aquella voz suave y masculina que la había atormentado en su adolescencia.
—James…
—Jacob está aquí, a mí lado… —rió a carcajada limpia—. ¿Sabes lo valiente que pueden ser estos policías? Un dedo cortado y todavía no me ha dicho dónde estás.
El terror la inundó al escuchar esas palabras. ¡No! No le podía haber hecho eso a Jacob, él era demasiado bueno en su trabajo como para dejarse atrapar por él.
—Sé que me estás mintiendo, James —contestó lo más firmemente que su voz fue capaz.
Otra vez la risa inundó su oído derecho.
—Te lo enviaré envuelto en papel regalo si quieres —de repente, el tono de él cambió a uno demandante y colérico—. ¿¡Dónde estás maldita perra!?
Tomando una fuerte respiración, Bella tomó el valor necesario para decir lo siguiente:
—En el puto coño de tu madre, hijo de puta —y colgó.
No, Jacob Black no está al lado de ese psicópata —se aseguró a sí misma.
¿Hola? ¿Sigue habiendo alguien por allí? XD Siento muchísimo el retraso, de verdad. He estado súper ocupadísima, y ahora con el insituto, último año y eso... Pero continuaré jejeje Advertiros de que sólo quedan 5 capítulos para el final, con este incluido corazones!
Como siempre, muchísimas gracias a mi beta, un amor de mujer que mejora mis capítulos! Y a vosotras, por supuesto, por los favs, revs y alerts :)) Aquí os dejo las contestaciones, porquitos pero siempre me hacen mucha ilusión :))
felicytas: uff, yo en su lugar hubiera mandado al plan a tomar... ejem ejem "vientos" XD Me alegro que te haya gustado, pero ¿qué te pareció al pelea? ay ay ay... Muchas gracias por tu comentario! :))
TaNiiaGG: gracias por tu apoyo corazón! ¿Qué te pareció? :)) Muchas gracias por tu comentario ;))
corimar cautela: me alegra que te haya gustado y siento la tardanza! :S Espero que este también haya hecho el mismo efecto :D Muchísimas gracias pro tu rr corazón! ;))
abby: me alegra muchísimo que te haya gustado nena! Espero que este también te haya agradado, y el carácter de Bella se ha visto en su máximo esplendor con la última frase, eh? jajaja Me encanta esta mujer XD Muchísimas gracias por tu comentario! ;))
Otra vez, mil gracias a todas! :DD
Muchísimos besitos y nos vemos con suerte el fin de semana que viene!
Valentine :3
