¡Buenas mañanas! Acabo de escuchar en la tele a Ruiz-Mateos diciendo "Juro solemnemente..." y lo odio por atreverse a utilizar esa fórmula. En fin, vuelvo al tema.

Gracias a Mery Vedder, damcastillo, Cris Snape, Tsukimei02 y Justified October por el review de la anterior viñeta. O one-shot. O como se llame, ya sabéis que mi asignatura pendiente es clasificar las historias cortas.


2

George Weasley

Tiempo

Se despierta bruscamente, incorporándose en la cama y respirando agitadamente. No es hasta varios segundos después que se da cuenta de que está en su antiguo dormitorio, en la Madriguera, y comprende que no puede pasarle nada ahí. Ahora está a salvo. Ya no hay mortífagos por doquier.

Le basta desviar la vista a la cama de al lado para recordar que no son los mortífagos los únicos que han dejado de estar ahí.

Entonces mira el reloj de la mesita y descubre que son las cuatro y media de la madrugada. Ya se ha despertado dos veces antes, una a las dos menos cuarto y otra a las tres y diez. Generalmente, a George el tiempo se le pasa rápido. Tanto que siempre se sorprende de que lleguen eventos que hace un chasquido estaban a dos meses de distancia.

"¿Ya es Navidad? Juraría que ayer fue nuestro cumpleaños…"

"Nuestro Ronnie ya entra a Hogwarts… y pensar que hace nada aún no temía a las arañas"

"Joder, ¿el examen era hoy? ¡Pero si faltaban dos semanas!"

"Espera. ¿Bill se casa? ¿Ya? ¿No es muy joven aún y tiene que disfrutar de la vida loca y todas esas cosas?"

El último mes, en cambio, ha sido el más lento de su vida. A veces incluso pensaba que los relojes avanzaban hacia atrás y los días tachados en el calendario se des-tachaban y las páginas retrocedían a fechas anteriores.

George vuelve a tumbarse en la cama y observa la de Fred. Tiene la impresión de que era él el que hacía que el tiempo pasase rápido, y por eso ahora que no está todo es mucho más lento. Y no le gusta, porque no está acostumbrado. Porque cada segundo sin él le duele y ahora que el tiempo se ha vuelto tan caprichoso y cruel el sufrimiento parece no terminar nunca. No terminará nunca. George lo sabe.

Mueve el brazo para alcanzar una posición más cómoda, y se fija entonces en los largos cortes, aún sin cicatrizar del todo, que recorren su piel desde la muñeca hasta casi el pliegue del codo. Quizá eso no fue una buena idea. No; definitivamente, fue lo peor que se le podía haber ocurrido. Mamá llora más que nunca desde que lo hizo y tiene a sus hermanos, sus padres, Harry y Hermione entrando en su dormitorio cada dos por tres, porque temen que vaya a volver a hacerlo. Un temor que no es infundado, pero que no va a cumplirse. George está sufriendo mucho, pero no quiere que los demás sufran también, porque no lo merecen.

Se pregunta cómo sería todo si Fred estuviera ahí. Es una actividad que le causa más dolor, pero al mismo tiempo hace que olvide que está más solo de lo que lo ha estado en su vida, al menos durante unos minutos.

El tiempo pasaría rápido. Su hermano le ayudaría a meterse con Ron y Hermione, porque ambos sabían que esos dos están hechos el uno para el otro desde hace mucho tiempo. Le gastarían bromas a Percy y se alegrarían de que todo volviera a ser como antes de que el idiota de su hermano los dejara tirados por un Ministerio corrupto. Amenazarían a Harry para que tuviera mucho cuidado con lo que hacía con Ginny y luego aclararían que era una broma y después se pondrían serios de nuevo para confundirlo. Inventarían más cosas en la tienda y…

George deja de imaginar, consciente de que se está haciendo daño gratuitamente. La realidad lo golpea con fuerza en cuanto lo hace: no va a ocurrir nada de lo que ha pensado, porque está el pequeño pero crucial detalle de que le falta una persona con la que gastar bromas y amenazar al novio de su hermana pequeña.

Mira de nuevo el reloj. Son las cinco menos veinticinco. George no llora porque hace días que se quedó sin lágrimas, pero igualmente es horrible. Sólo han pasado cinco minutos y ha conseguido sufrir más de lo que lo haría en toda una vida una persona normal y completa.

Con un bufido, se levanta de la cama y sale de la habitación, mirando una vez más la cama de Fred, con el ridículo convencimiento de que, si lo hace las veces suficientes, su hermano terminará por materializarse ahí y todo volverá a ser como antes.

Baja las escaleras sin hacer ruido. Tiene la impresión de que, si hiciera algo en lugar de pasarse el día encerrado en su dormitorio y bajar sólo para desayunar, almorzar, cenar e ir al baño, el dolor sería más soportable, pero no tiene fuerzas para intentarlo. Él, que siempre ha sido un torbellino de energía, no es capaz siquiera de distraerse de su omnipresente agonía.

Cuando entra en la cocina, sin embargo, descubre a Percy entrando de puntillas en la estancia, sólo que por la puerta que da al jardín.

George no ha hablado mucho con su hermano inmediatamente mayor desde la Batalla de Hogwarts. Cuando se enteró de que había estado con Fred cuando murió y no hizo nada por él, le dio un puñetazo, rompiéndole la nariz, y le gritó cosas horribles que jamás ha pensado. Y, pese a que se disculpó por ello unas horas después de la bronca que le echó Charlie por ser lo suficientemente egoísta como para querer irse detrás de Fred, Percy lo evita desde entonces, porque es un completo imbécil y cree que George piensa realmente todo lo que le dijo.

Su hermano se muerde el labio con preocupación al verlo, pese a que George juraría que ha visto el rastro de una sonrisa en su rostro cuando ha entrado.

—Mm. Hola, George.

—Hola—responde él—. ¿De dónde vienes?—no es muy propio del prefecto perfecto Percy volver tan tarde a casa.

—Pues…—Percy vuelve a morderse el labio, nervioso y sin querer contestar—. Paseaba.

—¿Con quién?—George no se chupa el dedo y conoce a su hermano, y por primera vez desde lo que le parecen siglos le pica la curiosidad.

—Con…—Percy se sienta a la mesa y George lo imita—. ¿Te acuerdas de Audrey?

—¿Esa muggle que dijiste que habías visto el otro día?—Percy asiente—. Vaaaya. ¿Es guapa?

George no puede evitar sonreír un poco cuando ve que el rostro de su hermano se pone tan rojo que se confunde con su pelo. Nota las mejillas tirantes, como si tuviera los músculos que hacen su sonrisa anquilosados.

—Eso no te importa. Es muy simpática.

—¿Y por qué llegas tan tarde?

Percy respira hondo, resignado a que no podrá irse a dormir hasta que su hermano tenga la información que le ha pedido, y acto seguido empieza a contarle una historia francamente extraña sobre una muggle muy rara y muy torpe con la que había quedado a las siete, pero que cuando lo ha visto ha tropezado con sus propios pies en el Puente del Milenio y se ha caído al Támesis y por poco se ahoga, y la ha tenido que llevar a su casa y sus hermanos y sus padres se han empeñado en que se quedara a cenar, y una cosa ha llevado a la otra y…

Pero George no se entera del final de la historia, porque justo entonces se da cuenta de que está amaneciendo y mira el reloj, y descubre que son casi las ocho de la mañana.

George decide que va a quedarse más noches hablando con Percy. Porque ha estado casi tres años sin saber nada de él y porque a pesar de todo quiere a su hermano, pero también porque con esas conversaciones el tiempo pasa más rápido y él no tiene lapso para hacerse daño imaginando cosas y volviendo a la dura realidad después.