¡Hola!
Gracias a Gaby Sara, Cris Snape, Roxy Everdeen, damcastillo y Mery Vedder por los reviews de la historia anterior.
3
Parvati Patil
Guapa
Cuando despertó, envuelta en ese dolor insoportable, apenas pudo asimilar las palabras, impregnadas de tristeza, de su hermana. ¿Cómo podía ella haber perdido una pierna? Le dolía absolutamente todo, y en esa palabra, pese a que Parvati estaba demasiado aturdida como para constatarlo, debía de estar dicha extremidad. Seguro que también le dolía. Seguro que Padma estaba mintiendo, o exagerando, como siempre.
Han pasado seis meses desde aquello. Ahora, Parvati sabe que su hermana no le mintió. Demasiado bien lo sabe. Donde antes tenía una pierna que un gran porcentaje de sus compañeros de colegio deseaban, ahora no hay nada. Un fantasma.
Y Parvati no quiere salir. ¿Para qué? ¿Para que todo el mundo vea una sombra mutilada de lo que fue? Ella no piensa hacer el ridículo gratuitamente. No quiere que los niños la miren con asco y los adultos con lástima, quiere sentirse de nuevo hermosa. Como era antes.
Una tarde de noviembre, de las últimas que habrá soleadas, se encuentra en su habitación, en la casa de sus padres, observando cómo la luz del astro rey hace que la nieve que cayó hace unas noches brille con luz propia, y lamenta que ella ya no pueda hacerlo, y se le hace un nudo en la garganta.
Por Merlín, quiere llorar. Hasta que se le sequen los ojos y más. Hasta que alguien se compadezca de ella y le devuelva su pierna izquierda. Sus padres han investigado en el mundo muggle y le han dicho que pueden hacerle una de mentira (que, de hecho, ya han encargado y todo), pero Parvati no está segura de quererla. Seguiría siendo una imitación de lo que era antes.
Escucha que llaman al timbre. Supone que será Lavender, o tal vez Padma, que a finales de julio se fue a vivir a un piso con su novio, pero siempre encuentra un momento para estar con ella. Parvati se permite sonreír en ese punto. Al menos, tiene la certeza de que siempre podrá contar con su hermana.
Sin embargo, cuando llaman a la puerta de su habitación, la joven comprende que no se trata ni de su hermana ni de su amiga; ninguna de las dos toca jamás antes de entrar.
—Adelante—autoriza, extrañada.
Es Dean. Parvati se siente morir. De todas las personas, él es la última que la muchacha quiere que vea lo que le han hecho. Él tampoco salió ileso de la Batalla; la larga cicatriz que nace en la base de su cuello y muere en su ombligo, recuerdo de un certero sectumsempra, lo demuestran. Sin embargo, su amigo sonríe al verla.
—¡Hola!—la saluda alegremente—. Últimamente estás perdida.
Parvati enrojece y baja la vista, avergonzada y tratando de no llorar. Por Merlín, ojalá Dean deje de mirarla tan fijamente. La pone nerviosa y hace que su pierna ausente le duela más que nunca.
—No quiero salir—murmura.
Dean se deja caer en su cama, frente a ella.
—¿Por qué? Te vas a poner mustia aquí dentro, tiene que darte el sol—Parvati no responde—. Oye… sé que es por tu pierna—los ojos de la joven se llenan de lágrimas. Ahora viene cuando Dean le dice que comprende que esté así y que le agradece que se quede en casa, donde no resulte desagradable a la visión de nadie—. Pero no pasa nada, de verdad. Sigues siendo la alumna más guapa del curso.
Parvati sonríe un poco, sorprendida. Dean ha pasado los últimos siete años diciéndole eso en tono de broma.
—Ya no. Ahora es Padma—susurra, sin embargo.
Dean arquea las cejas.
—Tu hermana no tiene nada que hacer contigo—le asegura—. Tú tienes más carácter y mola—Parvati se muerde el labio—. Venga, sal con nosotros. Hemos quedado mañana a las siete en Dickens'. Vendrán Seamus, Lavender… aunque ella se irá antes—Parvati recuerda entonces que mañana es luna llena—; y también Ernie, Smith, tu hermana, Susan… y tú y yo.
—Yo no voy a ir—aclara Parvati.
—Pues como no vengas, me presentaré en tu casa y te sacaré a rastras para que cambies de idea—promete Dean. Dicho esto, se levanta y sale de la habitación.
A la mañana siguiente, llega la pierna ortopédica de Parvati. Sus padres le han explicado que, con los hechizos adecuados, podrán hacer que la mueva como si fuese una de verdad, y acto seguido su madre se ha puesto a ello.
Ahora, Parvati se la está probando. Ha de admitir que no queda tan artificial como creía. Lo único que ocurre es que le pica el muñón. Prueba a dar varios pasos, pero lleva seis meses sin caminar y está desentrenada, y está a punto de caerse; suerte que Padma, que ha ido a verla, la coge antes de que llegue al suelo.
—Te queda bien—le asegura su hermana, sonriendo, ayudándola a llegar a la cama—. Ya no tienes excusa para no venir con nosotros esta tarde.
—No sé andar—replica Parvati en voz baja—. Además, no quiero dejaros en ridículo, y si voy con vosotros lo haré.
—No seas tonta—Padma la mira con incredulidad—. No vas a dejarnos en ridículo. Y como a alguien se le ocurra mirarte mal, lo maldecimos. Aunque sea un muggle.
Parvati suspira de nuevo y mira sus piernas. La única diferencia entre la de plástico y la de carne y hueso es que la primera tiene un tacto francamente extraño. Y que debería depilarse la segunda. Por lo demás, son casi iguales.
—¿Qué me pongo con esto?—inquiere. No le queda más remedio que ceder.
—Pues…—Padma abre el armario de su hermana—. Tienes el vestido de colorines—Parvati niega con la cabeza; sus piernas se ven demasiado—, los vaqueros pegados—la respuesta vuelve a ser negativa, porque la joven teme que se note el lugar donde termina la carne y comienza el plástico—, la larga de volantes…
—Ésa—decide Parvati. Su hermana saca la falda del armario y se la lanza mientras va a por algo que pegue.
Parvati se la pone con cierta dificultad, desacostumbrada a eso de tener dos piernas de nuevo, y se pone en pie. Tambaleándose, da unos pasos agarrada a la cama, practicando para caminar. Tras varios minutos, cuando más o menos está lográndolo, se gira y descubre a Padma con una blusa en la mano, mirándola con una sonrisa.
—¿Ves como sí puedes?
—Parezco un pato mareado—resopla Parvati.
—Bueno, eres un pato mareado bastante guapo—apunta su hermana. Parvati arquea las cejas, consciente de que el hecho de que Padma alabe su belleza roza el narcisismo—. Seguro que a Dean le gusta.
Unas horas más tarde, Parvati baja hasta Dickens', apoyada en Padma, tratando de ocultar sus nervios. ¿Y si Dean…? ¿Y si a Dean no le gusta su pierna? Es cierto que no son nada, al menos oficialmente, pero Parvati pasó todo el curso pasado muerta de miedo al no saber si habían capturado a su amigo por el mero hecho de ser hijo de muggles.
Cuando llega, descubre ahí a Seamus, charlando con Dean y Ernie, y Zacharias Smith, el novio de su hermana, aportando algo de vez en cuando, aunque bastante más concentrado en evitar que su revoltoso perro guía se le escape. Lavender, con el flequillo que se ha dejado para cubrir su rostro desfigurado lo mejor posible, está junto a Susan, aunque sin decir nada, probablemente temiendo lo que ocurrirá en unas horas.
Se sonroja cuando todos la miran.
—¡Hala! ¡Ya tienes tu pierna!—exclama su mejor amiga, con una sonrisa que hace que su cara parezca aún más horrible, pero Parvati se alegra igualmente. Porque quiere mucho a Lavender, independientemente de cómo tenga el rostro, y porque realmente admira el hecho de que lleve mejor su licantropía que ella su extremidad de menos.
—¡Y te queda muy bien!—corrobora Seamus—. ¿Verdad, Dean?
Él asiente.
—Estás guapa. Es decir, más.
Al oír esas palabras, provenientes precisamente de Dean, Parvati se siente completamente bien consigo misma por primera vez desde el fin de la Guerra.
