¡Hola!
Gracias a Mery Vedder, Cris Snape y Gaby Sara por los reviews de la viñeta de Oliver.
8
Charlie Weasley
Olvido
Cuando, tras varios meses, Charlie vuelve a trabajar a Rumania, es tratado por sus compañeros como un auténtico héroe.
Con el detalle de hablarle en el sencillo inglés que él mismo les enseñó hace unos años, Cosmin, Velkan, Nicoleta e Ileana le preguntan cómo se ha sentido al luchar contra el mago oscuro más poderoso de todos los tiempos, qué ocurrió durante la batalla, qué hechizos lanzó (y, en el caso de Nicoleta, tan mordaz como siempre, si alguno dio en el blanco), si son ciertas las historias que han llegado…
No obstante, Charlie no tiene el menor deseo de hablar de lo ocurrido. De modo que, tras un escueto resumen que incluye la cifra aproximada de muertos y heridos, los daños materiales y el informe con el hechizo que más se usó por parte de cada bando, entra en su habitación y comienza a deshacer las maletas.
Aprecia muchísimo a sus compañeros, de verdad, pero la herida aún es reciente y no le apetece levantarse las costras. De modo que, mientras coloca su ropa en el armario manualmente, para evitar pensar en todo lo que sus amigos, pese a haberlo hecho sin mala intención, han revivido en su interior. Por Merlín, es horrible: Fred, Tonks, Remus…
Charlie desearía olvidarlo. Olvidar la mano de su amiga entrelazada con la de su marido, olvidar la eterna sonrisa de su hermano, el bebé de cabello azul que no podrá ser educado por sus padres… Olvidarlo todo y ser un poco más feliz.
—Hola.
Se da la vuelta rápidamente al oír a Ileana. Observa a su amiga, morena, de facciones afiladas y cuerpo esculpido por el sol y por el fuego de dragón, con unos ojos negros como la obsidiana. A Charlie le resulta increíblemente guapa. Y cuando se quita la ropa, aún más.
—Hola—recuerda la última vez que la vio, la noche anterior a su vuelta a Inglaterra para la boda de su hermano. Apenas hablaron. En realidad, Charlie e Ileana no necesitan demasiadas palabras para comunicarse. Lo suyo son las caricias, los gemidos y los besos donde no deben—. ¿Qué tal os ha ido estos meses?—inquiere.
—Velkan ya te lo ha dicho—responde ella en rumano. Charlie se lo agradece, porque cuando cualquiera de sus compañeros trata de comunicarse con él en inglés no entiende nada, ya que está demasiado concentrado en no reírse de su acento—. Murieron tres de las ocho crías de Norberta, dos por infecciones y la tercera porque entró en el territorio de un macho.
Pese a la lástima que le da que los dragones mueran tan pequeños, Charlie casi se ríe.
—No me refiero a los dragones—aclara.
Ileana sonríe elevando sólo la comisura derecha, su forma de decir Ya lo sé, antes de explicarle los asuntos importantes.
—Cosmin y Nicoleta rompieron dos veces y al final volvieron hace un mes. Pero romperán de nuevo; discuten mucho. Y Velkan me pidió que me acostara con él un poco después de Navidad.
Un corto silencio cae entre ellos.
—¿Y qué hiciste?
—Aceptar, claro.
A Charlie no le molesta. Después de todo, Ileana y él no son nada. Al menos, nada oficial. Sólo amigos que se demuestran su cariño de una forma que la sociedad no tiene muy asimilada. Sin embargo, después de varios años haciendo eso, ambos se sienten, de alguna manera, ligados al otro. Aunque estén con otras personas. No es amor. Es costumbre.
Tras unos segundos, el pelirrojo sonríe un poco.
—¿Y qué tal?
Ileana se encoge de hombros.
—Pasable. ¿Y tú?
—He estado luchando en una Guerra—replica Charlie, sabiendo a lo que se refiere—. Capturar mortífagos y huir de Carroñeros no me dejaba tiempo para muchas cosas más, ¿sabes? Además de que tuve que ayudar a mis padres después.
—Pero según los periódicos, la Guerra terminó en mayo—replica Ileana, a la que no se le escapa una—. ¿No hiciste nada después?—Charlie no contesta. ¿Por qué todos tienen que recordarle la condenada Guerra? Él sólo quiere olvidar.
—Mi hermano murió en la Batalla de Hogwarts—dice tras unos segundos—. Y mi amiga, y su marido… y un montón de niños que ni siquiera sabían del todo por qué estaban luchando, tanto en nuestro bando como en el de los mortífagos. Mis padres y mis otros hermanos lo pasaron muy mal; por eso no volví antes.
—Tú también lo pasaste mal; por eso no volviste antes—puntualiza Ileana en voz baja, viendo la verdad en sus ojos.
—¿Cambiamos de tema?—propone Charlie, a quien no le apetece seguir hablando de la Guerra y de todo lo que se ha llevado; no le gusta el rumbo que está tomando la conversación. No le ayuda a olvidar nada.
Ileana sonríe, esta vez levantando sólo la comisura izquierda: Como quieras. Con esa decisión propia de quien sabe que, haga lo que haga, será bien recibido, se acerca a él y lo besa, y antes de que Charlie pueda responderle de la misma manera ya está desabotonando su camisa. Él sonríe sobre sus labios. Le encanta que ella sea quien tome la iniciativa.
Charlie tiene muy claro que no es amor. Al principio, es costumbre, es amistad, es deseo. Son dos cuerpos que sólo satisfacen una necesidad, que no se encuentran incómodos porque existe complicidad entre sus dueños. Después son dos almas demasiado independientes como para atarse a cualquier otra, pero con un lazo que las une de forma extraña y en absoluto desagradable. Y al final, durante un instante, es éxtasis mezclado con algo más, algo que ni Charlie ni Ileana saben definir.
Pero hoy es algo más. Hoy, mientras la besa, la abraza y la hace suya, Charlie encuentra una nueva palabra para describir lo que lo une a Ileana.
Olvido. De la Guerra, de las muertes, del dolor. De todo lo que no sea su cuerpo esculpido por el sol y por el fuego de dragón, de cualquier misión distinta a la de perderse entre sus piernas.
Notas de la autora: No os hacéis una idea de lo extraño que se me ha hecho escribir esto. Pese a que encaja perfectamente con la idea que tengo de Charlie. Es que una cosa es imaginarlo y otra muy distinta escribirlo. Iba a comentar lo que, en mi cabeza, es Ileana, pero creo que la palabra le quitaría dramatismo a la situación, así que mejor me callo.
¿Reviews? :3
