¡Hola!

Gracias a Cris Snape, CallMeStrange, Sakhory, Julietaa, Mery Vedder y Gaby Sara por los reviews del one-shot anterior.


11

Zacharias Smith

Braille

Zacharias Smith ya detesta a su perro guía. Y eso que sólo lleva unas horas con él.

Se supone que el chucho está adiestrado para guiarlo (de ahí lo de guía) y evitar que se deje los dientes por ahí. Pues bien; el animal no sólo no lleva a Zach por el camino seguro, sino que encima lo dirige derechito a los obstáculos más dolorosos. El rubio se ha tragado tres árboles ya, y no han sido más porque Padma ha logrado detenerlo justo a tiempo en otras cuatro ocasiones.

—¿No podemos probar con otro?—refunfuña tras ese primer paseo, con los miembros doloridos por haberse chocado con todo lo que al puñetero animal se le ha antojado.

—No—responde Padma. Zach se separa de ella y camina con cautela por la cocina, hasta dar con la mesa y sentarse sobre ella. Escucha los pasos del animal tras él—. Además, es muy bonito.

—Eso no me importa mucho—replica él.

—Es precioso, negro.

—Por mí como si es verde con manchas amarillas: lo veo lo mismo.

Escucha el bufido de Padma, y unos segundos más tarde nota cómo su novia lo abraza y le da un beso en la mejilla.

—Venga, no seas tan negativo. Sólo tenéis que acostumbraros el uno al otro.

—Le caigo mal, Padma—replica él—. Está decidido a matarme—justo en ese momento, el perro suelta un ladrido—. Por cierto, ¿cómo se llama?

Se lo han dicho al traer al perro, pero no han prestado atención. Zach casi puede verla poner los ojos en blanco.

—No me acuerdo—admite—. Venía en alguno de los papeles que nos dieron con él…—Padma lo suelta y se aleja de él. Zach la escucha revolver folios y se plantea seguirla, pero justo entonces nota las patas delanteras de ese monstruo de cuatro patas que desea su muerte sobre sus rodillas y un lametón en la mano (seguro que tiene la saliva venenosa).

—Quita—ordena, empujando al animal para que se baje. No lo consigue; el perro es muy grande—. ¡Que te vayas!—nota un nuevo lametón en la mano—. ¿Quieres bajarte al suelo, chucho? ¡Ay!

El perro se baja de sus piernas, pero Zach no le presta atención; prefiere concentrarse en el doloroso mordisco que le ha asestado en la mano izquierda. Escucha a Padma acercarse a él y agarrar su muñeca.

—Oh, te ha mordido…—comenta—. ¿Te duele mucho?

—No, qué va—replica Zach, bajándose de la mesa. Detesta las preguntas cuya respuesta es obvia—. ¿Ves como me odia? ¡Me ha mordido! ¡Ese perro quiere matarme! Cambiémoslo y probemos con otro, éste no me quiere.

Padma ríe.

—¡Ay, pobrecito, que le ha mordido el perrito!—lo arrulla. Zach arquea las cejas—. Venga: sana, sana, culito de rana; si no se te cura hoy, se te…

—No me trates como a un niño pequeño—protesta él, enfadado. Aunque se le pasa un poco cuando Padma le da un beso.

—No te comportes como tal, so quejica—replica ella—. Ni siquiera te ha hecho sangre.

Zach no contesta. Busca su cintura y la atrae hacia él, encontrando de paso los labios de la joven. Cuando nota que ella deja de sujetar su mano herida y desliza las manos buscando el borde inferior de su camiseta, sonríe, cierra los ojos –que, por otro lado, supone una pérdida de tiempo abrir– y se pega más a Padma, olvidándose por completo del perro, del mordisco y casi de su ceguera.

Al animal no parece hacerle mucha gracia el espectáculo, porque emite un sonoro ladrido cuando los pantalones de Zach caen al suelo.

—Cállate—ordena él en voz baja. Sin embargo, Padma se separa de él de repente—. ¡Eh!

—Acabo de acordarme, tenemos que ver cómo se llama—replica ella, y Zacharias escucha sus pasos alejándose, eludiendo los intentos de él por asirla de nuevo.

—¿Y no puedes hacerlo después?—protesta, frustrado. Padma chasquea la lengua a modo de respuesta—. No sabes cómo te odio—le asegura Zach al perro, girando la cabeza hacia el lugar desde donde lo ha oído ladrar.

—Vaya, qué apropiado—comenta Padma entonces, ignorando los sentimientos de su novio hacia su mascota.

—¿El qué?

—Han escrito el nombre del perro en braille—se acerca a Zach y le pone un papel en las manos—. Anda, léelo—pese a que Padma también se ofreció a aprender ese abecedario de puntitos, Zach tiene más práctica. Quizá porque es el único que ahora puede utilizar. No obstante, al joven aún le cuesta un poco reconocer las letras. Se siente como si volviera a tener cuatro años y estuviera aprendiendo a leer otra vez.

—Pe… no, espera… creo que es una ele… o a lo mejor una eme… ¡ay, tráeme la plantilla!—detesta liarse con las letras. Deja el papel en la mesa y se cruza de brazos, cada vez más enfadado. Odia a ese perro. Primero hace que se estrelle con los árboles, luego le muerde y ahora no le deja estar con Padma hasta averiguar su puñetero nombre.

Padma sale de la cocina, y Zach escucha los pasos del perro cerca de él, y también otro sonido que no sabe identificar, ni le interesa. Le dedica un gruñido. Ojalá pudieran buscar otro. Ése no le gusta ni un pelo.

Unos minutos después, su novia vuelve. Sin embargo, sus pasos se detienen en seco; durante unos segundos, sólo se escucha silencio.

—Mm… Zach—empieza Padma, dubitativa—. ¿Qué nombre quieres ponerle al perro?

—¿Por qué lo dices?—inquiere él con curiosidad, y casi se le olvida el desagrado que le inspira ese labrador.

—Porque… esto… digamos que se acaba de comer su nombre.

Zach arquea las cejas, sorprendido y cabreado. Vaya. Encima, van a tener que acostumbrar al animal a llamarlo de una determinada manera. Si es que ese perro se hace odiar.

—Estaba escrito en braille—musita después de pensarlo un poco—. Así que se llama Braille. No sería un error muy grande, al menos.

Padma se echa a reír.

—Pues Braille—acepta. Entonces se acerca a él y lo besa de nuevo. Zach la abraza con fuerza hasta que apenas corre el aire entre sus cuerpos.

—¿Consideras que ya podemos seguir?—no le apetece que Padma se acuerde de algo urgente y lo deje esperando de nuevo; por Merlín, odia eso con todas sus fuerzas. Nota la sonrisa de ella contra sus labios, y luego cómo la joven toma su mano y lo guía por la casa. Haciendo uso del mapa mental que se ha hecho del hogar que comparten desde hace unas semanas, Zach deduce que van al dormitorio y sonríe de lado.

—Ahora, sí—responde Padma, haciendo que el rubio se deje caer en la cama y sentándose sobre él.

Zach busca el cierre del sujetador y lo abre rápidamente. Después, sin embargo, acaricia con manos y labios cada milímetro del cuerpo de Padma con toda la calma del mundo, reconociéndola de una forma que resultaría imposible para alguien que se contentara con percibirla a través de los ojos. Su exploración concluye en la boca de la joven, que está entreabierta y deja escapar suaves jadeos.

Un ladrido distrae a Zach de Padma. Algo que le molesta muchísimo. Sin embargo, no va a dejar que el chucho les estropee ese momento.

—Largo de aquí, Braille—gruñe, mientras Padma abandona sus labios y se encamina, siguiendo la línea de su mandíbula, hacia su oreja. Sin embargo, la joven suelta una risita cuando llega ahí—. ¿Qué pasa?

—Te ha hecho caso—le informa Padma.

Zach sonríe. Al final, puede que incluso exista una pequeña posibilidad de que Braille y él acaben entendiéndose.


Notas de la autora: En mi canon mental (uno muy dramático), Zach volvió a la Batalla de Hogwarts y tras una serie de catastróficas desdichas se quedó ciego de por vida (para más información, eso está escrito en un fic llamado Verte con mis propias manos). Sí, me estoy auto-publicitando. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer? xD Aquí cada uno barre pa' lo suyo...