Tenía la puerta de la enfermería frente a mi y de verdad se me hacia difícil abrirla sola, por lo que decidí esperar a que la Reina Vampiro que me seguía me alcanzara. Se había desviado a la cocina por un momento, alegando que tenía mucha hambre y que buscaría algo rojo con que entretenerse por un rato. Prefería esperar, a cometer una estupidez y lastimar a la pequeña criaturita que descansaba en mis brazos.
No paso un minuto cuando la ví doblando la esquina del pasillo, con unas cuantas fresas entre sus dedos, algunas rojas y otras ya grises. Caminando aún.
"¿Por qué no estás flotando?" Le pregunté mientras la miraba de arriba a abajo, con mucha curiosidad.
"¿Ah? No lo se." Me respondió, mientras succionaba el color de otra fresita, cerró los ojos por un momento saboreando el color, supongo, lanzó un sutil y casi imperceptible suspiro y camino un poco más hasta alcanzarme junto a la puerta de la enfermería. "Supongo que es por respeto."
"¿Respeto? ¿A qué te refieres con eso?" Pregunté de nuevo, mi lado científico, curioso, anhelante de saber, me dominaba en algunas ocasiones, pero con esta reina siempre había sido diferente. Nunca le pregunté nada, nunca supe nada de ella, nunca la quise escuchar. Siempre había contenido mi curiosidad. Solo con ella.
Al menos hasta hoy.
Marceline Abadeer había pasado por muchas cosas a lo largo de sus 1000 y tantos años de vida. Cosas horribles y cosas hermosas. Pero bien es sabido que las memorias negativas son las que se recuerdan con mayor vivacidad. No era raro encontrarla en los jardines, sentada en la parte más alta de los árboles, mirando el ocaso con su fiel sombrilla u observando el amanecer antes de que llegara a dañarle. Muchas veces su mirada se perdía en las ramas de esos mismos árboles mientras jugábamos, a lo mejor recordando esos días felices antes de ser lo que era ahora. Nunca lo supe, y nunca quise averiguarlo. Sabía que si le preguntaba, la lastimaría.
Por eso nunca la escuche, por eso siempre la interrumpía, por eso peleamos tantas veces.
"Esta es la casa de unos de mis mas grandes amigos. Siempre que venia aqui me pedían que caminara junto con ellos. "Mantén los pies en la tierra, Marcy", me decían." El recuerdo le sacó una pequeña sonrisa, todo esto dicho mientras se terminaba las fresas que quedaban. " Me decían que una reina no podía perderse en las nubes todo el tiempo, me enseñaron, y me ayudaron en muchas cosas. Honro su memoria caminando en la que fue alguna vez su casa. Es simple respeto."
"Ya veo." Le respondí simplemente. ¿Quienes fueron esas personas? ¿Mis parientes lejanos? ¿Abuelos? ¿Bisabuelos? ¿Tatarabuelos? Ni idea, pero eran mis parientes. Marceline era inmortal, debido a ello guardaba muchas vidas, muchas memorias de muchas personas dentro de sí misma. Quisiera hacerle tantas preguntas, quisiera saberlo todo sobre ella. "¿Me abres la puerta?"
"Ah, claro." Balanceó las fresas de una mano a la otra y con un movimiento rápido me abrió paso a la enfermería. La pequeña criaturita ya se había quedado dormida, por lo que la acosté con cuidado sobre una de las camillas de la habitación. Había cuatro en total, dos a cada lado de la estancia con sus respectivas cortinas cada una, para privacidad del paciente, Al fondo estaban los estantes llenos de medicamentos y un escritorio desgastado y viejo. Con tranquilidad curé las marcas de mordidas y las cubrí con un pequeño vendaje e hice que se tomara unas cuantas pastillas. Todas dedicadas a mejorar su anemia y debilidad. Acaricie su cabeza y le coloque una manta limpia sobre sí.
Rápido, eficiente, controlado y sin complicaciones.
Todo bajo el ojo vigilante de Marceline, quien ni siquiera había entrado a la habitación. A lo mejor sintiendo que causaría algún problema con la pequeña pelusa. Ya que terminé mi trabajo con él, le tocaba a la otra "enferma". Me giré y miré a Marceline.
"Siéntate, curaré esas cortadas" Le dije con toda la confianza que pude. Hacía tanto tiempo que no hablábamos, muchísimo más que interactuábamos de forma tan cercana. Me estaba poniendo nerviosa sin razón.
"Lo que ordene, Princesa" me dijo en son de burla con una inclinación exagerada. En el transcurso desde el marco de la puerta hasta la camilla más lejana se fue quitando la camisa roja que tantas veces la había visto usar quedando solo en camiseta, supongo yo que para mi comodidad... Diablos que mal sonó eso.
Dejó caer todo su peso en la camilla y esta tambaleó y crujió un poco, Mentita asomo la cabeza por el marco de la puerta. Había olvidado que estaba ahí. Lo miré y con una señal le dije que podía retirarse, eran casi las 10 de la noche y ya era su hora de dormir. En el momento en que lo perdí de vista me relajé un poco. Mi mayordomo es un recordatorio constante de mis responsabilidades. Metafórica y literalmente.
Suspiré con cansancio. Miré hacia donde estaba sentada la vampiresa, la descubrí como muchas otras veces la había descubierto. Mirando por la única ventana que iluminaba el lugar, justo por encima de la camilla en donde estaba. Tal vez por eso decidió sentarse allí. Y podría apostar mi reino entero a que su mirada estaba perdida en las estrellas y constelaciones que adornaban el cielo junto a la imponente luna.
Caminé hasta el escritorio al final de la habitación y de uno de sus cajones saque una vieja pero efectiva pomada para desinfectar heridas que hacía muchos años no utilizaba. La mire con nostalgia por lo que me pareció un minuto. Recordé encontrarme en una situación familiar pero diferente. Era extraño, pero reconfortante. Ignoré esto y me acerqué a Marceline, ésta pareció notar mis movimientos y, para facilitarme la tarea, se sentó mejor en la camilla, enderezando su espalda y extendiendo los brazos a los costados, Con la mirada aún fija en la ventana que ahora estaba a su derecha.
"Quien hubiera dicho que volveríamos a esto?" Le comenté en un susurro para romper un poco el tenso silencio que se estaba formando a nuestro alrededor. Desenrosque la tapa del frasco y mire todas esas cortadas en sus brazos y hombros. Ella nunca me respondió, de seguro ni me escuchó por estar pensando en quien sabe que cosas... O en esos 7 rebeldes. Y Volvieron a mi las dudas. ¿Que iba a pasar en Ooo? ¿Si esa pequeña pelusa había sido atacada - Lo que demostraba que eran aún más salvajes de lo que Marceline me había contado - quienes serían los siguientes? ¿Serían lo suficientemente inteligente para seguir en grupo o se dividirán? ¿Cuando atacarían al único humano en todo Ooo? Tantas cosas pasaron por mi cabeza. Pero mi cuerpo sabia que hacer con Marceline. Sujeté su cabello y lo amarré en una coleta alta, necesitaba espacio. Unte un poco de la crema en mis dedos y le advertí con lentitud.
"Puede que te arda un poco" Dejé el frasco a un lado, en la mesita de noche y con mi mano libre tantee el hombro de Marceline y de inmediato la sentí tensarse. ¿Tanta repugnancia sentía hacia mi? Cuando toque una de las cortadas dejó escapar un pequeño gemido de dolor. Parece que no eran tan leves. Empecé a colocar la crema sobre cada una de las pequeñas pero, por lo visto, profundas cortadas y, al principio, se quejó y removió con molestia y dolor.
"Demonios!" Dijo junto con una mueca de fastidio. Yo no me detuve, estaba acostumbrada a sus reacciones. "Había olvidado lo molesto que- Auch! Bonni!"
"Lo siento, mi error." Rara vez yo decía algo así, pero sabía que era mi culpa." Terminé aquí, faltan las cortadas de tu cara y cuello."
Los nervios que de apoco habían menguado regresaron a mi con renovada fuerza. ¿Qué me pasaba cuando estaba junto a Marceline? ¿Qué me afectaba tanto de ella? ?Por qué los nervios?
Lentamente caminé alrededor de la camilla para ubicarme frente a la reina, la que curiosamente tenía adornada su cara con una sonrisa de oreja a oreja, de esas que me sacaban de quicio.
"¿De que te ríes " Traté de mostrar toda la molestia que me hacía sentir esa estúpida sonrisa, lamentablemente fue tan solo un susurro lo que logré articular. Por alguna razón esto hizo que su sonrisa se borrara por completo y su mueca se transformara en leve sorpresa.
"Nada en particular, Princesa" Me dijo cuando giro su rostro desde mi posición hasta la ventana. La mire confundida por un rato, pero decidí ignorar todo y terminar con esto de una vez. Tenía demasiada presión emocional y de verdad necesitaba dormir un poco. Así que unté de nuevo mis dedos con otro poco de la crema y mire las cortadas. Las del cuello parecían ser más profundas y estaban también más concentradas, casi sobre las marcas de su cuello, por lo que decidí curar su cara primero.
"Mírame, Marceline" Antes de girar su rostro de nuevo, cerró los ojos. No pude sentirme más aliviada, pero a la vez decepcionada. Sus ojos rojos me han intrigado desde que la conozco y mirarlos por horas era algo que solía hacer con frecuencia. Me encantaban y aún lo hacen. En contra de mis propios deseos curé rápidamente todas las cortadas de su rostro. En la frente una de cada lado, sobre uno de sus ojos, en la mejilla izquierda, en la barbilla. "Debes tener mas cuidado cuando salgas a correr con lobos."
"Esto no me lo hicieron los lobos..." Mi sorpresa fue grande, pero en el fondo me esperaba algo así. "Cuando termines te digo la verdad."
Asentí con curiosidad. Tomé otro poco de crema. Esto era lo que quería evitar, a ella nunca le ha gustado que toque esas marcas de colmillos que tiene en su cuello.
"Las cortadas en tu cuello-"
"Solo hazlo rápido." Me corto, incomoda, obviamente por lo que estaba a punto de hacer.
Yo había pasado gran parte de mi infancia intentando tocar esas marcas, aunque sabía que eso disgustaba a Marceline, siempre me sentí atraída por ellas. Hoy era mi oportunidad y me sentía feliz, incómoda, molesta y algo decepcionada de que fuera en una situación como esta cuando pudiera tocarlas al fin.
"Esta bien" Le respondí. Acerque mi mano con lentitud, estaba nerviosa de nuevo y el que Marcy subiera la cabeza y con una mano acomodara su cabello para darme espacio no ayudó mucho. Casi podía sentir su molestia y ansias por terminar rápido con todo esto.
El sonido del vidrio romperse hizo que nos separáramos con velocidad. Choqué con la camilla detrás de mi y vi por un momento el cristal volando a mi alrededor, sentí como éste hacía cortadas leves en mi piel e inmediatamente vi la sombra que había hecho añicos el cristal de la ventana volando hacia mi. No pude hacer más que soltar el frasco en mi mano, sostener la camilla a mi espalda y cerrar los ojos con fuerza esperando el golpe que a esa velocidad, bien podía dejarme inconsciente.
Nunca llegó.
Escuché un sonido seco y determinante. Abrí los ojos lentamente, todo había pasado muy rápido y aun no llegaba a asimilar nada, pero cuando vi la mano de la reina ante mí, teniendo entre sus dedos una piedra maciza de aproximadamente 10 centímetros de largo que iba directamente a mi cara, no pude evitar soltar el aire que sin darme cuenta había retenido.
Mirando por la ventana con sus ojos rojos, encendidos a todo dar, estrujó la roca convirtiéndola en polvo y en su mano quedó un papel arrugado y sucio. Casi podía sentir la ira y rabia que despedía la reina. No sé en qué momento, pero se había parado y estaba justo frente a mi, flotando de nuevo con la normalidad que estaba esperando ver. Giro en su lugar y se acercó a mí todo lo que el susto me había separado de ella. Levantó una de sus manos, en donde no tenía la pequeña hoja y me acomodó un mechón de cabello que había caído en mi cara con el brusco movimiento.
"¿Estas bien?" Por algún motivo sentí alivio de que me lo preguntara, pues aun tenia sus ojos inyectados en rojo por la molestia. Estaba teniendo un día terrible, no es de dudarlo. Digo, rebeldes que quieren matar a uno de tus mejores amigos, tener que pasar la noche con quien fue alguna vez tu... Amiga, supongo, a quien ahora odias y con un montón de vampiros locos sueltos que, ¡Sorpresa!, son tu total responsabilidad. Su puesto como gobernante de una población tan amplia como lo eran los vampiros, le mantenía, aunque no lo demostrara, en un constante estrés. Es difícil para ella y por eso, mantendré esta tregua no hablada hasta que todo esto se arregle.
Es lo único que puedo hacer para ayudarla, después de todo.
"Si, solo algunas cortadas" Tres o cuatro, nada serio en realidad, solo unas banditas y como nueva. "No te preocupes."
"De acuerdo, genial" Un comentario tosco y rudo, recogió su mano y revisó el papel que, al parecer le habían enviado. "Mataré al idiota que lanzó esto"
De acuerdo, Marceline esta algo violenta esta noche. Ignoré todo por la misma tregua. Todo sea para ser útil y ayudar a nuestro pequeño amigo.
"Relájate, debes mantener la cabeza fría, Reina." le dije en son de broma, ella me miró algo molesta, pero se relajo al rato.
"Si, lo sé" Dijo al fin, tocándose el cuello, olvidando por completo las cortadas que tenia y casi como reflejo, posándose sobre el suelo como una persona común y corriente. "Auch!"
"Ah! Déjame encargarme de eso" Busqué por el piso el frasco pero éste estaba hecho pedazos, mi decepción fue muy grande. se que de alguno u otra forma ella lo notó. Tal vez fueron las palabras que dije después o mi expresión facial, no lo se, pero lo que sí sé es que noto mi decepción por no poder tener lo que llevo años deseando.
"Relájate, yo sano rápido, ¿recuerdas? Estaré bien en la mañana" Pues claro, pero igual me dejaste hacer esto, siempre lo hiciste y siempre lo harás. Se que es una necesidad por sentirte humana, me lo dijiste una vez, yo lo se y tu sabes que yo lo sé, pero ¿Y que? ambas lo vamos a ignorar.
"Si... ¿Que dice la nota?" Le pregunté inmediatamente, feliz de cambiar de tema, señalando su mano izquierda. "¿Es de tus súbditos?"
Me miro con molestia y cerró, si era posible, con más fuerza su mano.
"Mis chicos no harían esto" Y Sonrió " Es de esos salvajes"
"Eso pensé." Le dije, Debía asegurarme. "¿Qué dice?"
"Déjame ver" Desdobló el papel y se aseguró de leer todo el contenido. Con su memoria es una tarea sencilla. Los vampiros son criaturas simplemente fascinantes. Rebeldes y salvajes, pero fascinantes."Pues, La letra esta algo difícil de entender, pero... Parece que quieren negociar."
"¿Como lo sabes?" Pregunté Acercándome y mirando por encima de su hombro. Vi sólo garabatos en las esquinas y bordes del papel y en el centro la palabra "Negociar" escrita en rojo sangre. Es, de cierto modo, gracioso que todos los vampiros tengan la misma maña, pero en fin. "Oh"
"Si, creo que está claro" Dijo con una pequeña risa, de seguro pensó en lo mismo que yo. "También me dicen el lugar, debo ir mañana, supongo."
"¿Donde dice eso? Solo hay garabatos y letras sin sentido en los bordes" Le pregunte confundida, en los bordes se repetían una gran cantidad de letras, bastante pequeñas, y que parecían puestas al azar hasta cierto punto, en el que se cansaron y tan solo repitieron un patrón para simplemente adornar la hoja.
"Bueno, notaras que en los bordes de la carta está éste patrón" Lo señaló, era éste:
ir ny Ervab qr Shrtb GR RFCRENZBF
Esta codificado en un método realmente antiguo, de antes de la Gran Guerra. Usamos el abecedario antiguo con tan solo 26 letras, lo usamos porque somos los únicos que lo conocen. Es simple, fácil de codificar y de descifrar y hasta ahora ningún loco ha descubierto nuestros..." Hizo una pausa y, lo noté, me miró de reojo. Estaba sonriendo." Secretos.
"Ok ¿Qué dice exactamente? ¿Cómo funciona? " Mi curiosidad me ganó. Necesitaba saber cómo funcionaba. De repente los grafitis de las zonas bajas de la ciudad cobraban un poco de sentido.
"Bueno, mira la primera letra: "I" Lo que tienes que hacer es correr la letra 13 espacios y el resultado es la letra real: "V". Lo mismo con las demás. Así el mensaje que escribieron dice:
Ve al Reino de Fuego. TE ESPERAMOS
Le llamaban Método ROT-13, es divertido hacerlo." Me sonrió con suficiencia, alardeando por saber algo que yo misma no sabía. Y para mi sorpresa, no me molestó, después de todo ella tiene más de mil años de edad. Era de esperarse algo así.
"¿Debes ir sola?" Le pregunté y recobrando la seriedad que hace rato tenía, me miró por un rato. Supongo que sopesando sus opciones.
"Sí" Respondió cortante y volteó para mirar por la ventana ahora rota. "No puedo dejar que nadie más se vea involucrado en esto."
"Supongo que ahí no puedo ayudarte" Y bajé la mirada, algo triste por mi inutilidad.
"Hey, tranquila" Y con una de sus manos acarició el brazo que tenía más cortadas. "Ya veras que todo se va a arreglar. Si solo quieren hablar todo resultará bien. Resolveré esto, detendré a esos dementes y... no te molestaré más."
Me dolió, no lo niego, pero es lo mejor para ambas. Yo se lo había pedido hace años y no iba a retractarme de ayer para hoy. Ella me lo había enseñado.
"Mejor vamos a dormir" Terminó ella, después de una pequeña pausa esperando mi respuesta.
"De acuerdo" le respondí, seca y fría como hacía unas horas en el Gran Salón.
A Partir de ese momento me desconecte del mundo, no recuero muy bien cómo llegamos a mi habitación, solo sé que fue realmente difícil conciliar el sueño con la reina de los vampiros flotando por aquí y por allá en un profundo sueño.
Disculpen la tardanza, ya saben como es eso de trabajos finales y exámenes Y no se si se han dado cuenta pero el modo de narración es algo complicado, necesito estar en paz con mi entorno si quiero escribir.
En fin, en este capitulo, no se si lo notaron sinceramente espero que sea algo obvio, quiero que noten la tensión que se crea alrededor de estas dos. Hay cierto nivel de Deseo de una a otra y son tan obvias que resulta hasta gracioso.
El método ROT-13 Por supuesto que existe, es realmente divertido usarlo en notitas en clase, ya know
En fin, hasta el próximo capitulo, que dudo mucho vuelva este diciembre. Y disculpen si quedo mas corto que el anterior.
