¡Hola! No pensaba subir hasta el viernes, pero no os hacéis una idea de lo aburrido que puede llegar a ser el conservatorio. Sobre todo cuando falta la profesora de la asignatura más interesante que tenía hoy... En fin, que aquí estoy.

Gracias a Cris Snape, Mery Vedder, Sakhory, Gaby Sara, CallMeStrange, Julietaa y Silvers Astoria Malfoy por los reviews del one-shot anterior.


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Daphne Greengrass

Buenos y malos

Daphne lleva días sin dormir. Bien es cierto que ya pasó por eso hace unos años, cuando nació su primer hijo, pero desde que nació Dan siente que debe tener todos los sentidos puestos tanto en el bebé como en Phil, su hermano mayor, que está un poco celoso del pequeño y no se cansa de pregonar a quien quiera escucharle (generalmente, la elfina doméstica, Patty, y porque él la obliga) lo horriblemente feo que es.

Sin embargo, en el fondo sabe que Phil quiere a Dan. Lo ha sorprendido más de una vez agitando un sonajero ante su hermano para llamar su atención, o simplemente quitándole el chupete de la boca por el mero placer de ver al bebé moverse, como hipnotizado, hasta que lo recupera. Y hasta le gusta cogerlo y decirle de cerca lo feo que ha salido.

Daphne está orgullosa de su hijo mayor. Tiene cinco años y ya sabe leer y contar hasta cincuenta, ida y vuelta, sin vacilar. Por no hablar de que es una de las pocas personas que logra sacar a Theodore de ese mundo de apatía en el que vive y hacerlo reír con sus niñerías.

Probablemente, lo que más disfruta Phil escuchando son historias sobre la Guerra. Daphne supone que para su hijo son como otros cuentos, pero ni a ella ni a Theo les gusta hablar mucho sobre el tema, por lo que sólo le cuentan algo cuando él insiste mucho.

Como hoy. Daphne termina de cambiar el pañal de Dan, una tarea que, pese a no ser demasiado agradable, no piensa dejar en manos de nadie (porque Patty es muy servicial y obediente, pero Daphne teme que le haga daño al bebé sin querer), y lo mece cuando empieza a emitir esos curiosos sonidos que son su forma de llorar. Dan es mudo de nacimiento. Finalmente, el bebé se calma y observa a su madre con sus profundos ojos grises.

Daphne recorre el oscuro pasillo del hogar de los Nott para llegar hasta el salón, cruzándose con Theo, que sale. Su marido no le dice nada, lo cual resulta extraño a la mujer. Cuando descubre a Phil en el sofá, supone que el niño ha metido la pata sin quererlo.

—Mami—dice él, pegándose a ella cuando Daphne se sienta en el sofá. Se queda unos segundos contemplando embelesado a su hermano, y acerca su dedo a Dan para que el bebé lo agarre. Sólo entonces sonríe y retoma el hilo de lo que estaba diciendo—. Hoy papá me ha dicho que el cuento de la guerra es de verdad—confiesa.

Daphne suspira. Si por ella fuera, ninguno de sus hijos tendría que enterarse jamás de lo ocurrido antes incluso de que nacieran. Pero no puede ser así, y Phil es bastante maduro para su edad, así que supone que tiene derecho a saberlo.

—Sí, Phil.

—¿Entonces…? ¿Entonces el hombre malo mató de verdad a mucha gente?—Daphne asiente y Phil la mira con miedo—. Pero ya no está, ¿verdad?—Daphne vuelve a asentir—. ¿Y tú y papá ayudasteis a que se fuera?

Daphne se muerde el labio.

—No.

En el rostro infantil de Phil se dibuja una expresión de temor.

—¿Entonces vosotros erais malos?

Daphne sonríe un poco y niega con la cabeza.

—No, mi vida. Tu padre y yo no fuimos ni buenos ni malos; no participamos en la guerra.

—¿Pero eso se vale?—cuestiona Phil—. En los cuentos tienes que ser bueno o malo.

Daphne suspira.

—Phil, deberías empezar a entender que la realidad no es como los cuentos. Mira, imagina que hay un juego con dos equipos.

—¿Como el quidditch?

—Como el quidditch—concede Daphne—. Sabes que, juegues en el equipo que juegues, te pueden dar las bludgers, ¿verdad?

El niño medita la cuestión durante unos minutos.

—Pero no te dan, porque hay golpeadores—rebate.

—Pero a los golpeadores también les pueden dar.

Phil vuelve a quedarse en silencio, dándose cuenta del paralelismo (aunque él no conoce esa palabra) que intenta establecer su madre entre el quidditch y la guerra.

—Entonces, papá y tú no jugabais al quidditch para que no os dieran las bludgers y no os hicieran daño—razona. Su madre asiente, y el niño sonríe—. Entonces no sois malos. ¿Y conoces a alguien que de verdad sea malo?

Daphne podría hablarle a su hijo del tío Draco o del abuelo que se llamaba como él, pero decide que Phil ya ha recibido información suficiente por hoy.

—Mejor hablamos de eso otro día. ¿Quieres venir a bañar a Dan?

Phil asiente, pero lo cierto es que durante los siguientes minutos apenas está atento a su hermano. Daphne comprende que sigue meditando la conversación mantenida anteriormente. Sólo espera que su hijo no haya heredado el defecto de Theo de pensar demasiado y acabar encerrándose en sí mismo.

—Mami—dice el niño después de un rato. Daphne lo mira para demostrarle que está escuchando—. Pues yo, si alguna vez hay una guerra, sí quiero pelear contra los malos—declara, orgulloso.

Daphne comprende en ese momento que su hijo va a ser el primer Nott en una casa distinta a Slytherin.