¡Hola!
Gracias a Gaby Sara, Sakhory, Cris Snape, Julietaa, Fiera Fierce y AnnaGreen por los reviews del one-shot anterior.
Pensaba que había subido, pero se ve que no... se me está yendo la olla xD
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Kingsley Shacklebolt
Hipocresía
Cuando se aparece en la entrada de Hogwarts, Kingsley tiene bien claro que en ese momento podría hacer una lista con todas las cosas que le apetecen más que estar en ese lugar. Por ejemplo, estar en la cama o preparar alguna misión en el Cuartel de Aurores.
Él no pidió ser ministro. En ningún momento. Simplemente decidieron que era el más adecuado para ocupar el cargo y lo nombraron sin pedirle su opinión. Y es cierto que Kingsley está dando a sus subordinados las órdenes necesarias para reparar en la medida de lo posible los daños de la Guerra, pero le gustaría implicarse más directamente en la ayuda a los supervivientes.
Y tiene claro que asistir al funeral múltiple por los muertos durante la Batalla de Hogwarts, escuchar a ese hombrecillo cuyo nombre le han dicho miles de veces y aun así él no recuerda, para después dar un nuevo discurso que ni siquiera ha redactado él, no ayudará a las familias a recuperar a sus hijos, parejas, hermanos y padres. Pecará de hipócrita, porque Kingsley lamenta con todo su corazón las muertes de Remus, de Tonks, de Fred y de todos aquellos con los que trató, pero no puede sentir mucho más que tristeza por el resto de personas, que para él son meros nombres.
Se topa con los Weasley cuando bordea el lago para sentarse en el lugar en el que han puesto cientos de sillas, a las puertas del Cementerio de los Caídos, donde están enterrados los muertos de su bando. Kingsley los saluda, y sonríe un poco al ver a Teddy en brazos de Harry, pensando que ese niño, nacido en mitad de una guerra y que no sabe que sus padres fueron héroes, es un rayo de esperanza en el horror que han vivido.
Se dispone a sentarse con ellos y con lo que queda de la Orden del Fénix. No le importa que su asiento privilegiado sea otro; Kingsley quiere rodearse de la gente que le importa para no ser más hipócrita de lo que su cargo requiere.
Sin embargo, apenas se ha dejado caer entre Percy y Hermione, George se levanta bruscamente y echa a andar hacia el castillo, obviamente sin el menor deseo de presenciar el funeral de su hermano y más de cincuenta personas más. Kingsley lo observa con tristeza y luego mira al frente cuando el hombre que oficia el funeral se acerca a la tarima.
El funeral se le pasa volando. Kingsley apenas presta atención al discurso, sólo piensa en todos los amigos que ha perdido y en lo injusto que es que lo obliguen a ser hipócrita. Porque él lamenta todas las muertes, pero obviamente lo entristecen más las de las personas que conocía.
Cuando uno de sus asistentes le hace un gesto, indicando que llega su turno, Kingsley sigue sin saber qué hacer. Por un lado, tiene el frío discurso impersonal que han redactado por él; por el otro, las palabras que le gustaría decir. Y además tiene el corazón dando inquietos saltos contra su caja torácica, imponiendo su opinión.
Una fiera lucha a tres bandas se desarrolla en el interior de Kingsley mientras el ministro de magia se pone en pie y avanza hacia la tarima, sintiendo cómo las miradas de los familiares de los Caídos, los periodistas y los curiosos que han acudido al funeral múltiple se clavan en él.
—Buenos días—dice cuando se acerca. Kingsley no está nervioso por tener que hablar en público; sabe que tiene el don de hacerse oír y que se le da bien ganarse el favor de los demás, pero ahora lo único que quiere es no pecar de hipócrita—. Sé que para todos y cada uno de ustedes hay unas pérdidas que duelen más que otras—algunos lo miran extrañados, otros comprensivos. Teddy Lupin balbucea algo incomprensible, rompiendo el silencio que se ha hecho en los jardines, mientras que Molly Weasley se refugia en el hombro de su esposo y se echa a llorar. Kingsley arruga el papel que lleva en la mano, decidiendo que no va a utilizarlo—. Todos han muerto durante la Guerra, aunque dudo que muchos tuvieran la suficiente madurez siquiera para comprender la magnitud del conflicto—sus ojos van a pararse en el pequeño Dennis Creevey, al que conoció hace unos meses, cuando los avisó a él y a su difunto hermano de la necesidad de huir de la Comisión de Registro de los Hijos de Muggles.
Kingsley Shacklebolt no hace nada para ganarse el favor del público. Eso no le interesa. Simplemente quiere no ser hipócrita. Menciona lo que él mismo siente por la pérdida de Fred, de Remus, de Tonks, de Colin y de las demás personas a las que conocía, y supone en voz alta que el resto se siente como él, aunque con otros.
Y, al final, para su sorpresa, nadie lo abuchea. Ni tampoco le aplauden. Se quedan mirándolo en silencio, pensativos, quizá meditando las palabras que ha improvisado el nuevo ministro.
A Kingsley no le importa la posibilidad de no durar en el cargo. Lo único que realmente le importa es saber que no ha engañado a nadie ni ha tenido la intención de hacerlo, que no se ha aprovechado del dolor ajeno ni lo ha utilizado en su favor.
Kingsley sabe que no es un hipócrita y lo ha demostrado.
Notas de la autora: Este one-shot me costó la vida misma y no sé si os gustará, porque creo que ni siquiera he logrado expresar lo que quería. Pero me doy con un canto en los dientes, ¡he aprendido a escribir el apellido de Kingsley!
