¡Hola!

Gracias a Fiera Fierce, elibella, Gaby Sara, kisses rain, , Sakhory y damcastillo (me alegro de que ya estés libre :D) por los reviews de la viñeta anterior.


24

Hannah Abbott

Mañana

Cuando vuelve a casa después de haber pasado el domingo con sus amigas, Hannah no puede sino sorprenderse.

Más que nada, porque la casa sigue en pie y (¡milagro!) Frank y Noah no están montando ningún escándalo. Las luces están apagadas y el silencio impera en el lugar.

No puede negar que no se lo esperaba. El trabajo de Neville en Hogwarts y su obsesión por todo aquello verde y con hojas hacen que su marido pase muy poco tiempo con su familia; tanto es así, que Frank, pese a que cada vez habla con más soltura, tiene problemas con la palabra papá, porque ha dejado de preguntar todos los días por él y no lo tiene tan presente. Neville casi nunca está en casa, y por tanto trata muy poco con Frank y Noah.

Hannah busca a su familia por toda la casa, pero no es hasta llegar a su dormitorio que los encuentra. A los tres.

Frankie se ha quedado dormido abrazado a su padre, con la boca abierta y las piernas encogidas. Noah, por su parte, está enganchada a los hombros de Neville, murmurando algo ininteligible en voz baja. Él acaricia su pelo rubio oscuro con calma. Luego se da cuenta de que Hannah los está observando desde la puerta.

—Hola—la saluda—. ¿Te lo has pasado bien?—Hannah se encoge de hombros—. Pues esto ha sido de locos. Frank ha decidido molestar a Noah, y como ella no iba a ser menos, se ha puesto a chillar. Y no veas qué genio tienen, y eso que Frank acaba de cumplir tres años y a Noah le falta un poco para los dos. Al final he sacado la quaffle del sótano y hemos estado jugando, y luego nos hemos venido aquí. Frank…—mira a su primogénito durante unos segundos—se ha quedado frito, pero Noah está un poco quisquillosa por el resfriado.

Hannah no puede evitar sonreír. Se sienta a su lado en la cama, y coge a su hija. La niña suelta un sollozo.

—Venga, cielo, no te pongas tontorrona—le canturrea. Noah la mira con los ojos grises muy abiertos—. ¿Te lo has pasado bien con papá y con el tete (*)?

Noah asiente y sonríe antes de acurrucarse en su regazo. Hannah mira a Neville, que a su vez la observa a ella.

—Siento no estar más tiempo—se disculpa él—. De verdad. Me gustaría estar todo el rato con los niños, pero…

—Te gusta tu trabajo—completa Hannah. Lo comprende, o quiere hacerlo, pero a veces se siente sola con dos niños a los que no sabe cómo explicar por que papá trabaja tanto y sólo los ve sólo algunos fines de semana. Suspira—. Podrías dejarlo—sugiere. La mirada de Neville se ensombrece y ella sabe lo que viene ahora—. Vale, no lo digas. Sólo era… una idea.

Su marido aparta la mirada. Tiene un brillo extraño en los ojos.

—Vamos a acostar a los niños.

Unos minutos más tarde, tanto Frank como Noah descansan en sus camas. Hannah se desviste y se pone su camisón, metiéndose bajo las sábanas y pensando en muchas cosas que no se atreve a decir en voz alta.

Nota entonces las manos de Neville en su cintura, y su marido la atrae hacia sí. Le da un beso en el cuello y Hannah se muerde el labio porque no quiere llorar, no ahora.

—¿Qué haces?—pregunta, con la voz temblorosa.

—¿Esto nos lleva a algún lado?—inquiere a su vez Neville. Una lágrima rueda por la mejilla de Hannah y se pierde en la almohada cuando comprende que su marido está intentando decirle lo mismo que ella lleva meses pensando. Se vuelve hacia él.

—No lo sé—admite—. Apenas te veo, los niños pasan más tiempo preguntando por ti que estando contigo…—reprime un sollozo—. No lo sé, Neville.

Él la besa, y sólo entonces Hannah se percata de que no es la única que llora.

—Yo tampoco—admite en voz baja. Hannah nota las manos de su marido subiendo por sus muslos, apartando la tela del camisón. Emite un sonido extraño al percatarse de lo que pretende—. Podemos pensarlo mañana—musita, besándola de nuevo.

Hannah no sabe qué pasará, qué decidirán. No es capaz de ordenar lo que quiere ni lo que siente, y mucho menos puede exponer en voz alta el torbellino de sentimientos encontrados que es su interior ahora mismo.

Lo único de lo que tiene certeza es que algo acaba de romperse entre Neville y ella, y esta noche tienen que llenar ese vacío de alguna forma, aunque sea con caricias, gemidos y jadeos. Aunque el sexo sólo sea un pobre sustituto de lo que había antes y ninguno de los dos sabe si podrán recuperar.


(*) Tete: No sé si será así en más lugares, pero en mi pueblo, los niños pequeños suelen llamar así a su hermano mayor. Y si es hermana, tata.


Notas de la autora: Y no comieron perdices porque llegaron los ecologistas a protestar. Vamos, que no todos los matrimonios tienen que durar toda la vida. Llevo un tiempo pensando algo así, aunque no sabía con qué personajes lo iba a hacer… y les ha tocado a Neville y Hannah. Creo que escribiré más sobre ellos, pero no aquí.

En fin, ¿os ha gustado?