Buenas tardes.
Gracias a Sakhory, Fiera Fierce y Bella Valentia por los reviews de la viñeta anterior.
25
Fleur Delacour
Victoire
Fleur no se encuentra nada bien hoy. Bien es cierto que lleva días notándose extraña, pero ahora es peor y no quiere levantarse ni siquiera cuando Bill le da un beso y le comenta que como no se levante llegará tarde a Gringotts.
—No quiego ig—protesta.
—Oh, venga, no seas así—replica Bill—. ¿Y si te hago el desayuno?
Sería una buena propuesta, de no ser porque Fleur tiene el estómago revuelto. Pero su marido ha sonado tan ilusionado que no puede negarse, así que hace un esfuerzo sobrehumano y sale de la cama.
Después de ducharse y despejarse un poco, baja a la cocina, donde Bill está terminando de echar mermelada –de fresa, qué bien la conoce– en las tostadas. No obstante, el olor a café y pan tostado, que a Fleur generalmente le encanta, hoy hace que arrugue la nariz y sienta náuseas aun sin haber comido nada.
—Bill…—empieza, sin saber cómo decírselo para que no se sienta herido. Él la mira y se percata de su expresión—. No tengo mucha hambge.
Su marido se queda con la boca abierta.
—Pero si por las mañanas comes como un hipogrifo—rebate. Fleur se encoge de hombros—. ¿No estarás enferma?
—No sé, pego pedigué cita en San Mungo.
—No está usted enferma, señora Weasley. Está embarazada, enhorabuena.
A su lado, Bill está a punto de dar saltos de alegría, pero Fleur no sabe qué pensar. Porque por un lado… sí, no va a negar que la idea de tener un ser diminuto creciendo en su interior hace que sonría sin poder evitarlo, pero por otro está muerta de miedo, porque un hijo es una responsabilidad muy grande y Fleur no está segura de ser capaz de poder con ella.
Se despiden del sanador mientras él le da unas cuantas recomendaciones que Fleur no escucha, y mira al vacío mientras Bill tira de ella al exterior de la consulta.
—¿No estás contenta?—inquiere su marido, fijándose en su expresión absorta.
—No lo sé—responde Fleur con sinceridad—. No sé si… ¿y si ocugue algo, y si…?—tiene muchas dudas y no sabe cómo empezar a plantearlas. Y ya no está preocupada. Está aterrada. Definitivamente un bebé es demasiado para ella.
—No va a pasar nada—replica Bill con seguridad. La abraza y la besa—. Ya verás qué guapo será—agrega, entusiasmado.
Fleur no puede evitar sonreír al oír eso, y pese a las dudas, la preocupación y el miedo, desea que su hijo sea tan guapo como Bill.
—¡Ahí va, estás enorme!
Fleur se sonroja un poco al escuchar la apabullantemente obvia observación de su cuñado. Charlie volvió a Rumania la primera Navidad tras el fin de la Guerra y ha ido a la Madriguera tras la segunda (que se perdió porque, para variar, lo atacó un dragón) como una especie de disculpa con su familia. Dejando de lado las nuevas quemaduras que adornan su cuerpo, parece más contento, parece que el tiempo también ha hecho un buen trabajo con él.
—Charles Weasley, finalista al concurso de comentarios evidentes, compitiendo contra los ¿Ya has vuelto? de mamá y los Tengo hambre de Ron—se burla George, echando a andar hacia la puerta para disfrutar de la brisa de febrero.
Fleur sonríe y, tras un par de comentarios formales, se dirige a la cocina para ayudar a su suegra con la comida. No obstante, Molly le prohíbe terminantemente hacer cualquier esfuerzo, por mínimo que sea, y la obliga a quedarse sentada en el sofá, vigilando a Teddy, que con su año y medio es un peligro andante.
—Bon après-midi, Teddy—lo saluda. El niño la mira fijamente durante varios instantes.
—Hola—responde simplemente. Fleur no puede evitar reírse. El niño señala su panza y ella comprende que es una pregunta.
—Es un bebé—explica—. Será como tu prima.
—Pima—repite él. Con cautela, se acerca a Fleur y toca con un dedo su abultado vientre. No ocurre nada, así que apoya toda la mano. Un repentino movimiento bajo la piel de la mujer, y se aparta dando un salto. Dice algo incomprensible, mientras mira la barriga de Fleur con desconfianza. Ella ríe de nuevo. Últimamente ríe mucho.
—No es nada, Teddy—dice tras unos segundos—. Eso es que te quiere. Ven.
Tras unos segundos, el niño vuelve a acercarse a Fleur. Extiende la mano con cautela y la deposita sobre el vientre de la mujer. El bebé da otra patada, pero esta vez Teddy no se asusta. Algunos mechones de su cabello azul adquieren un tono púrpura.
—¿Pima?—prueba. Fleur asiente y su hija se mueve de nuevo. Teddy ríe al notarlo.
Fleur no se puede mover.
Bueno, en realidad sí, pero le cuesta la vida. Su hija –que todavía no tiene nombre, porque Bill y ella son incapaces de llegar a un acuerdo respecto al tema– ocupa espacio y no está precisamente hecha de plumas. Fleur se muere de ganas de que nazca.
Bosteza y se estira, pero no se levanta. Necesita hacer acopio de fuerzas antes. Sin embargo, cuando escucha los pasos de Bill en el pasillo, se incorpora, llevándose una mano al vientre al notar cómo el bebé se mueve. Se pone en pie con cierta dificultad y sale de la habitación lentamente.
Bill ha entrado al cuarto del bebé. Fleur sonríe y entra tras él, pero se pone seria al ver la expresión de su marido. No se lo reprocha. El segundo aniversario de la Batalla de Hogwarts no es precisamente la fecha más alegre para Bill, ni tampoco para el resto de los Weasley.
—Bonjour—lo saluda en voz baja. Bill la mira y, sin decir nada, la abraza—. ¿A qué hoga es el acto en memoguia de los Caídos?
Él arquea las cejas.
—No hace falta que vengas—le asegura, sabiendo que ella no está en la mejor condición física posible—. Además, podrías ponerte de parto en cualquier momento y…
—Voy—lo interrumpe Fleur con decisión. Tiene la impresión de que su espalda va a quebrarse para el final del día, pero lo que no piensa consentir es que la traten como si estuviese enferma.
Bill pone los ojos en blanco y luego la besa.
No obstante, y pese a su decisión de no querer que la traten como a una inválida, Fleur no pone ninguna pega a que su marido le haga el desayuno. Intenta distraerlo mientras se toma una tostada, pero es imposible que Bill olvide hoy que se cumplen dos años desde que perdió a su hermano.
Sin embargo, no tarda en arrepentirse de su decisión de acompañar a los demás. Su hija pesa mucho y además hoy está más revoltosa que nunca. Tiene que apoyarse en Bill cuando termina el acto en los jardines de Hogwarts, pero se las ingenia para componer una sonrisa poco convincente para aliviar la preocupación de su marido.
Después van a la Madriguera, donde nadie tiene muchas ganas de hablar. Bill la rodea con un brazo y la atrae hacia sí, con la mirada perdida. Fleur intenta respirar hondo; le sigue doliendo la espalda, pese a que ahora está sentada en el sofá. Lo que más le apetece es volver al Refugio y dormir durante el resto del día.
Pero antes de poder abrir la boca para decírselo a Bill, nota algo que le hace soltar un grito de alarma y una maldición en francés.
Todos están ahora mucho más tranquilos.
Bill ha mandado un aviso a los padres y la hermana de Fleur hace media hora, y pronto llegarán de Francia. Según los sanadores, todo ha ido bien y no ha habido ninguna complicación, y ahora lo único que queda por hacer es descansar y reponerse, y pensar en un nombre para el bebé que Fleur tiene acomodado en su pecho.
Es preciosa. Ha sido lo primero que ella ha dicho al verla, y prácticamente lo único que han dicho todos los Weasley cuando la han cogido en brazos. No han podido hacerlo durante mucho rato, porque el bebé se ha echado a llorar cuando se ha visto separada de su madre. De modo que se la han devuelto a Fleur, que, ignorando el bullicio reinante en la habitación, ahora contempla dormir a su hija.
Se parece a ella. Más que a Bill. Tiene la piel clara y los rasgos dulces, y una pelusilla rubia adorna su cabecita.
Fleur suspira. Está cansada, aunque por otro lado le supone un verdadero alivio tener menos peso; su espalda lo agradecerá. Tiene la mirada perdida en la naricita respingona del bebé, pensando en todo lo que ha ocurrido hoy. Quién le iba a decir que el día que ha comenzado deseando dormirse de nuevo y decidiendo acompañar a Bill para demostrar que no está enferma y de paso intentar aliviar el dolor de su marido iba a ser el del nacimiento de su primera hija. Hoy, que se cumplen dos años de las muertes de tantas personas. Y del fin de la Guerra.
Fleur vuelve al presente bruscamente, una súbita idea iluminando su mente.
—Bill—él, que está charlando con su padre, la mira y se acerca a ella, tan atento como siempre.
—¿Qué? ¿Necesitas algo?
Ella niega con la cabeza.
—He decidido cómo se llamagá—explica, señalando al bebé dormido con la cabeza.
Bill acaricia una de las manitas de su hija.
—¿Cómo?
Fleur piensa en el rostro de Bill cuando se ha levantado por la mañana, y en cómo ahora parece haber rejuvenecido varios años y las cicatrices que le hizo Greyback apenas se notan, y se termina de convencer de que su decisión es la correcta:
—Victoire.
