¡Hola! Debería estar escribiendo Los Ojos del Ruiseñor, sip... pero nya. Les dejo esto por aquí.
Es el mismo universo, pero sin magia jajajaja
Noche Alternativa
Quédate Conmigo
Esa tarde, mientas la reina se encontraba leyendo el libro de las Deidades junto a sus damas de compañía y las jóvenes que vivían en el palacio, una de las doncellas del servicio entró en la sala e interrumpió la lectura sobre la Madre y sus deberes.
La reina, quien odiaba que la interrumpieran cuando estaba en una reunión con sus damas, miró con enojo a la muchacha y le exigió saber por qué había interrumpido su lectura.
— Su majestad, el Segundo Príncipe ha regresado al reino.
Inmediatamente después de esas palabras, el humor de la reina cambió radicalmente y una enorme sonrisa se dibujó en su rostro. El Segundo Príncipe volvía de la guerra, de haber conducido las tropas en ayuda de los aliados en el reino vecino, y lo hacía victorioso.
Las noticias llegaban más rápido que los hombres, y en Adelaar sabían que la alianza había ganado la guerra, que Vayalat había mantenido su autonomía y que Cikram había caído bajo las órdenes del Comandante de Avanta.
Era una gran noticia y se esperaba un gran recibimiento para el príncipe que volvía victorioso.
— Vamos chicas, vayan a arreglar sus vestidos y las veré a todas en la entrada del castillo.
La reina ordenó que todas las damas de la corte salieran de la habitación y ellas lo hicieron llenas de emoción, como si su vida fuera a cambiar con solo ponerse un vestido más bonito. Como si el príncipe que llegaba fuera a poner sus ojos en una de ellas para llevársela a la cama.
— Tú no, Rukia. — Dijo la reina, evitando que Rukia saliera de la habitación junto con las otras chicas. — Tú te ves hermosa así, pero siempre te puedes ver mejor. Ven conmigo.
— Gracias, majestad.
Rukia, cuyas mejillas se sonrojaron por las palabras de la reina, enfiló sus pasos y siguió a la reina por los pasillos hasta llegar a una de las habitaciones privadas de la reina. Dentro de esa habitación estaban las doncellas de la reina, esperando por ella para cumplir con sus peticiones como todos los días.
— Debes estar muy emocionada, volverás a ver a Ichigo después de una larga separación. — Dijo la reina mientras buscaba algo dentro de una de las gavetas donde guardaba las joyas de la familia real. — Tienes que estar guapa para cuando él llegue porque lo primero que querrá es ver a su prometida después de poner en peligro su vida, y es de vital importancia que luzcas hermosa.
— Estoy muy emocionada, majestad. He rezado a las Deidades para que él regrese sano y salvo.
El tono alegre y confiado de Rukia hizo sonreír a la reina mientras comenzaba a probarle varias joyas en el cuello hasta colocarle un hermoso collar de zafiros. Rukia simplemente se dejaba consentir por la reina, permitiendo que hiciera con ella lo que quisiera.
— Ichigo y tú son la pareja perfecta, y lo justo es que se casen pronto. — Dijo de nuevo la reina y Rukia tuvo la cortesía de sonrojarse ante sus palabras.
— Su Majestad, muchas gracias. Espero con ansias el día de la boda.
Rukia se miró en el espejo, admirando el collar que la reina le había puesto, y notó que contrastaba con su piel pálida. Era una pieza hermosa.
La reina la vestía, la mimaba y le compraba lo que ella quería. La suerte de Rukia era envidiable. Su padre era el mejor amigo del rey, le había salvado la vida cuando el rey Isshin aún era un joven príncipe, y eso había provocado una amistad fuerte y duradera.
Debido a esa amistad, la familia de Rukia se había mudado al Palacio de Guerra, la residencia oficial del Consejero de Guerra, mucho antes de que Rukia viniera al mundo. La amistad entre el rey y su padre era tan grande que incluso se habían prometido que sus primeros hijos se casarían para cimentar aún más su relación, que era casi fraternal.
Desgraciadamente el primer hijo de ambos hombres fue un varón, pero los segundos hijos, de similar edad, formaron la pareja con la que ambos habían soñado. Y desde su nacimiento, tanto Ichigo como Rukia estaban comprometidos.
La reina había insistido en que Rukia se mudara del Palacio de la Guerra al Palacio de las Rosas, nombre que se le daba a esa zona donde la Reina tenía sus habitaciones privadas junto con las habitaciones de las señoritas que allí vivían, porque era tradición que las hijas de los señores, las más bellas y agraciadas, vivieran en el palacio donde podían conseguir mejores perspectivas de marido.
Y desde que tenía diez años, Rukia se había convertido en la protegida de la reina.
La Favorita de la Reina le decían, y a ella le gustaba.
Le gustaba que la trataran como una princesa porque sería una de ellas, le gustaba que la reina la mimara y cumpliera cualquier capricho que se le presentara, y le encantaba que su padre siempre le consiguiera lo mejor para lucir hermosa.
Le encantaba tener acceso a cualquier lugar donde quisiera estar.
Le gustaba su vida.
Su vida era perfecta, el único problema era que se iba a casar con alguien que no quería casarse con ella, y esa aversión solo era comparable con su orgullo: "Si él no quiere casarse conmigo, yo no tampoco quiero casarme con él".
Aunque por dentro estaba perdidamente enamorada de ese príncipe y en verdad quería casarse con él.
Ichigo tenía heridas de guerra, tenía golpes que se estaban curando y tenía una cicatriz en la espalda tan grande que por un momento pensaron que no iba a sobrevivir; eso ultimo era algo que ni su madre o alguien en particular debiera saber.
Él había ido a la guerra y regresado victorioso, eso era lo único que importaba.
Había ido a la guerra por una razón, no por la gloria o el amor por la batalla, sino para postergar su matrimonio tanto como pudiera porque desde que había sido declarado comandante del reino, su compromiso con la hija del mejor amigo de su padre se había hecho oficial.
Ese destino era algo que sabía pero que le parecía lejano, algo que sucedería en un futuro muy, muy lejano, no en un par de meses después de su nombramiento.
Ichigo agradecía a las Deidades que ese conflicto estalló en Vayalat y que él tuvo que ir a apoyar, era el descanso que necesitaba de la presión en el castillo con respecto a su matrimonio.
Kaien no fue a esa guerra, era el heredero y además en ese momento estaba en cama con un tobillo lastimado por haberse bajado mal del caballo, y como no podían esperar a que él se recuperara, fue Ichigo en su lugar.
Sin embargo, Ichigo no podía huir para siempre y tenía que regresar y cumplir con sus obligaciones; así que en contra de sus deseos, regresó al reino.
— Madre, tan hermosa como siempre. — Dijo Ichigo mientras bajaba del carruaje y veía a su madre esperándolo con una enorme sonrisa en los labios.
— Mi querido hijo, bienvenido. — La reina besó sus mejillas con demasiada felicidad. — Sé que fue un viaje largo, pero tu padre está esperando por ti.
Ichigo asintió a lo que decía su madre, porque él sabía que debía presentarse ante el rey al poner un pie en el palacio, y luego dedicó una mirada rápida a las demás personas en esa bienvenida.
Allí estaban todas las damas de la corte, esperando que él se llevara a alguien a la cama, y también estaba Rukia, su prometida y la muñeca de su madre, la que su madre vestía como quería solo porque podía. Ichigo fijó su mirada en Rukia y notó que ella había cambiado, se veía diferente.
"Ella se ve… bonita."
— Su alteza, bienvenido. — La voz de Rukia había cambiado, era aún más melodiosa de lo que recordaba, y eso lo desconcertó un poco.
— Señorita Kuchiki, me hace feliz verla. — Ichigo dijo eso porque eso era lo que esperaban que dijera. — Desayuna conmigo mañana, te he echado de menos.
Rukia asintió con una sonrisa que Ichigo encontró encantadora, y ese momento de vacilación hizo que la reina también sonriera. Un segundo después, él se dirigía a la Cúpula donde su padre lo esperaba para hablarle de lo sucedido en la guerra.
Su galante prometido, héroe de guerra, príncipe del reino, el segundo hombre más poderoso del reino y no sabía qué más, había regresado.
A Rukia no le gustaba la idea de desayunar con él porque esos desayunos eran silenciosos y monótonos, incómodos hasta el agotamiento, pero debían tenerlos de vez en cuando porque se iban a casar, dormirían en la misma cama y tendrían hijos.
Rukia no tenía idea de cómo iba a pasar lo último, porque él no quería estar con ella y su mente no podía imaginar ese futuro con certeza.
Se levantó temprano y se vistió para desayunar con Ichigo.
Era finales de otoño y esa temporada en el acantilado hacía frío por la brisa marina, así que se puso un vestido acorde a la temporada y se dirigió a uno de los jardines del Gran Palacio, que era donde habitualmente desayunaba con Ichigo.
— Lady Rukia, el príncipe Ichigo le espera en el Salón del Acantilado. — Le dijo una de las doncellas cuando estaba a medio camino de su destino.
Rukia cerró los ojos y trató de contener el pequeño enojo que le causó que Ichigo no le informara con tiempo que el lugar de ese desayuno había cambiado, y se dirigió con paso tranquilo a ese lugar.
— Su Alteza. Perdón por la demora, tuve que ir a cambiarme de ropa para no pasar frío en este lugar. — dijo Rukia a pesar de que era una mentira.
Ella había llegado tarde a propósito.
Ichigo estaba mirando el acantilado, de espaldas a ella, cuando ella llegó al lugar de la cita. Rukia podía decir que él había cambiado, su cuerpo había cambiado e incluso ella se atrevió a afirmar que la espalda de Ichigo se viera diferente.
Rukia llegó a la conclusión de que la guerra cambiaba a los hombres en más de un sentido.
El lugar donde iban a desayunar era grande y espacioso, había plantas creciendo en la roca porque el salón del acantilado era básicamente una cueva con vista al acantilado. Era un lugar bastante privado y romántico, pero Rukia no vio eso último.
— No se preocupe, señora Kuchiki. — Ichigo dejó de mirar el acantilado, se acercó a ella y le besó la mano.
No era la primera vez que lo hacía, era parte de la etiqueta de la corte por ser pareja y se suponía que era la forma íntima en que se saludaban en público, pero Rukia no pudo evitar sentir que su corazón latía con fuerza por ese pequeño toque.
El desayuno fue como todos los desayunos que habían tenido antes de que él se fuera a la guerra; aburridos, silenciosos y con solo el sonido de los cubiertos en el plato cuando comían. Desayunar con Kaien solía ser más divertido, al menos él hacía bromas y le hablaba de su futura esposa, quien era prima segunda de Vayalat; Rukia no la conocía, pero Kaien viajaba a menudo para verla.
Rukia estaba celosa de la relación de Kaien con su prometida, de la forma en que él hablaba de ella y de cuánto la amaba. Rukia lo tenía todo excepto el amor de antología que quería con el hombre que quería.
— Muy buen desayuno, Su Alteza. Me retiro, no quiero ocupar más su tiempo. — Dijo Rukia levantándose de su asiento.
No tenían nada de qué hablar y no se conocían lo suficiente como para hablar de algo trascendente a pesar de que habían vivido bajo el mismo techo durante años.
Rukia admitió que su relación era triste y pobre, y sumado a eso, forzada. No pudo evitar preguntarse cómo estaba tan enamorada de un hombre como Ichigo, que no lo más que le escribió durante la guerra fue un "espero que esté bien, señorita Kuchiki".
— No te vayas, Rukia. Necesitamos hablar.
La voz de Ichigo sonaba como siempre, seria y aburrida, pero Rukia asintió y volvió a sentarse porque eso es lo que se suponía que debía hacer.
— ¿De qué quiere hablar, su alteza? — Preguntó con calma, mirando un punto de la nada en la piedra detrás de Ichigo, evitando deliberadamente mirar esos ojos que la hacían suspirar.
— De nuestra boda. — soltó Ichigo sin mucha emoción y Rukia lo miró algo sorprendida.
No era ningún secreto para ella que Ichigo había ido a la guerra para posponer esa boda. Rukia sonrió amargamente y su orgullo hizo acto de presencia, si se iba a casar con alguien que no la quería no iba a rogar por su afecto.
— ¿Esperas que estalle otra guerra y pospongan de nuevo nuestra boda? — Rukia preguntó irónicamente haciendo que Ichigo frunciera el ceño con enojo. — Sé que no quiere casarse conmigo, Su Alteza, así que déjeme decirle que le facilitaré las cosas. Hagamos lo que debemos hacer, yo seguiré mi vida y tú podrás hacer con la tuya lo que quieras. Sé que las chicas de la corte de la reina se mueren por pasar una noche en tu cama y realmente no me importa con quién pasas la noche. Lo único que importa es que te dé hijos y eso lo puedo hacer con solo pasar una noche al mes en tu cama, tal vez dos.
Ichigo no habló en ese desayuno, después de que Rukia terminó de hablar, se levantó de su asiento y se fue.
Ichigo tenía un discurso preparado, disculpándose con ella por su actitud hacia ella y tratando de hacer las paces para hacer soportable su matrimonio, pero todo eso se fue al demonio cuando Rukia comenzó a hablar. Incluso había cambiado el lugar del desayuno para que fuera más agradable tener esa charla, pero nada de eso ayudó.
Ichigo estuvo de mal humor todo el día y los días siguientes, hasta que Kaien anunció que su prometida llegaría en unos días para las celebraciones de invierno y que se quedaría hasta la boda, que también sería en invierno.
Todo el castillo estaba emocionado por ese evento, había pasado tanto tiempo desde que se acordó el compromiso entre Kaien y Miyako, que incluso ellos estaban llegando tarde a su propia boda. Al principio lo habían pospuesto porque Miyako se había enfermado, luego porque Kaien se había enfermado y finalmente porque había comenzado la guerra y no podían casarse mientras hubiera guerra.
Pero en ese momento todo estaba bien y no había forma de que esa boda no se llevara a cabo.
Rukia no le había vuelto a hablar, pero acudía a las invitaciones que él le hacía, desayuno, comida o cena. Si era privado, entonces era un evento sombrío y silencioso, ya que sus intentos de iniciar una conversación eran derrumbados con un comentario monosilábico de parte de Rukia, quien parecía comer más rápido a propósito para irse de ahí.
En cambio, si todos estaban en esa cena, entonces Rukia sonreiría y se vería como una dama encantadora que podría hablar de casi cualquier tema que se pusiera en la mesa.
En esas cenas, Rukia era delicada y encantadora, e Ichigo solía pensar que ella se veía bonita así.
Le gustaba Rukia y le tomó un tiempo darse cuenta de que le gustaba Rukia hasta el punto de enojarse porque se reía con Kaien de alguna tontería en cualquier momento del día. Le gustaba Rukia hasta el punto de enojarse por la relación tan estrecha que había entre Kaien y ella.
Rukia sería la princesa del pueblo y por eso la reina la había instruido para ese puesto. Rukia iba al pueblo una vez a la semana y ayudaba en la iglesia, en los comedores populares para los desamparados o en el orfanato que ella misma había ayudado a crear.
Ichigo iba con ella porque su madre lo obligaba.
Las veces que iban juntos, Rukia le tomaba la mano o el brazo, fingía muy bien que estaba enamorada de él y eso molestaba a Ichigo. Odiaba que ella pretendiera que eran la pareja perfecta porque ella le gustaba, y odiaba que ella hubiera dicho que le facilitaría las cosas para sostener ese matrimonio porque él se había descubierto a sí mismo fantaseando con ella muchas veces.
También notó lo mucho que la gente amaba a Rukia.
Las personas del pueblo le regalaban flores y dulces cuando la veían, y la buscaban para agradecerle lo que había hecho por ellos. Los niños del orfanato la querían y le pedían que contara historias de todo tipo cuando iba a verlos.
Rukia siempre cumplía con el pedido de los niños que se reían y que estaban contentos con lo que ella les daba cada vez que iba a ese lugar.
A Ichigo le gustaba la naturalidad de Rukia en esos momentos y supuso que la reina estaba encantada con eso, pero le molestaba la forma en que ella le sonreía cuando estaban en público, como si estuviera enamorada de él, y que luego esa sonrisa se desvaneciera cuando volvían al interior del carruaje.
También le molestaba que Rukia se riera con Kaien cuando estaban todos juntos, porque verla seguirle el juego con tanta naturalidad lo ponía celoso.
Porque era con Kaien y no con él.
¡Nos vemos!
