¡Holi! Vuelvo aquí con una historia que ha venido dándome vueltas en la cabeza desde hace un par de meses, y en esta última semana he podido darle forma. ^^ Será una historia breve que no tendrá más de dos o tres capis (porque no he olvidado una queridísima historia de Ranma que tengo pendiente), pero que promete intensidad en honor a nuestro amado InuKag! Espero que sea de su agrado, pero espero aún más leer sus opiniones en el buzón de reviews. ¡Que pasen una feliz semanaaa!
Esta historia participa en el evento de Mundo FanFics Inuyasha y Ranma #Fiestas_en_pascua y #Dia_de_Inukag_con_MFFIyR.
Los personajes de la obra Inuyasha no me pertenecen, son creaciones propias de Rumiko Takahashi.
La imagen de perfil utilizada para esta historia pertenece a la artista Len_Barboza
Cuando el despertador suena con tres estridentes pitidos, me arrepiento inmediatamente de mi decisión.
Me incorporo con lentitud para detener el ruido, y solo entonces me permito abrir los ojos y entender que es de día, y que he aceptado ir al evento de verano que ha organizado la escuela como una acción recreativa, con rumbo hacia las playas de Tokio.
Dejo caer una vez más mi espalda contra mi cama, utilizando mi diestra para tantear debajo de mi almohada y retirar el móvil en silencio. ¿Qué hora era? Me había despertado una hora antes con toda la intención de dejar mi mochila perfectamente lista, pero en su lugar, decidí revisar mis redes sociales para enterarme de lo último de las noticias. Sí. Para eso utilizaba Twitter la mayoría de las veces.
[7:10am] Satō Ayumi: ¡Kagome! ¿Estás despierta? ¡Tenemos q–…
La notificación aparece en lo alto de las notificaciones, de modo que hago un ligero tap sobre ella para entrar y leer el mensaje completo.
[7:10am] Satō Ayumi: ¡Kagome! ¿Estás despierta? ¡Tenemos que encontrarnos en el autobús en una hora! ¿No es fantástico? ¡Estoy muy emocionada!
Sonreí ante el mensaje, casi pudiendo recordar a la perfección la manera en que dio saltitos luego de confirmarle que, en efecto, iría para acompañarlas.
[7:10am] Higurashi Kagome: ¡Buenos días, Ayumi! Me he despertado hace nada. Yo también tengo emoción por ir.
Una mentira piadosa no le hacía mal a nadie.
[7:11am] Satō Ayumi: ¡Buenos díaaas! Que bueno, me pone contenta tenerte ahora de nuestro lado, Kagome, por lo general no te agrada ir a estas cosas… ¡Pero te prometo que será divertido!
[7:11am] Higurashi Kagome: Esta vez tenía que ir, no me iban a permitir olvidarlo. ¿Cierto?
[7:12am] Satō Ayumi: Por supuesto que no, porque además todos los chicos de la clase irán.
[7:12am] Higurashi Kagome: ¿Eh? ¿Todos?
[7:12am] Satō Ayumi: ¡Todos! Incluyendo al guapísimo de Inuyasha. ¡Por fin tendremos una excusa válida para verle sin camisa en la playa!
Envió una seguidilla de emojis de fuego que no me hizo más que reír por lo corto. No se trataba solo de Ayumi, sino que gran parte del resto de las chicas sentía una atracción inexplicable tanto por él como por su hermano mayor, Sesshomaru, quien cursaba la preparatoria en la misma escuela. Negar que yo formara parte de ese grupo sería una vil mentira, pero a diferencia del resto, yo tenía los pies bien puestos en la realidad: Inuyasha nunca se voltearía dos veces siquiera para verme, de ninguna manera me podía siquiera comparar con el resto de las chicas que frecuentaban su espacio. Además del importantísimo detalle de que parecíamos ser lo opuesto del otro en cuanto a personalidades.
[7:14am] Higurashi Kagome: Ay, de verdad que no cambias nada, Ayumi. ¡Mira que emocionarte de más por un chico como ese!
[7:14am] Higurashi Kagome: Escucha, tengo que terminar de preparar la mochila. ¡Te veo en el punto de encuentro!
[7:14am] Satō Ayumi: Imagina no emocionarte por un chico como este…
Su mensaje llegó al mismo tiempo que el mío, y venía adjunto con una imagen de lo que parecía ser una captura de pantalla de su móvil, en el que enfocaba una foto del chico peliblanco con una sonrisa de oreja a oreja. Llevaba puesta una camiseta sin mangas; de modo que los músculos de sus brazos eran perfectamente visibles y llamativos… Sin embargo, pese al imponente físico que se cargaba, decidí prestar atención por primera vez a su mirada. ¿Siempre había sido así de profunda? Habíamos coincidido un par de veces en medio de las clases, e incluso habíamos formado equipo para alguna que otra asignatura… Pero no me había dado cuenta de ese detalle... Fuera porque no le había prestado demasiada atención, o que él nunca realmente me había visto a la cara directamente.
[7:17am] Satō Ayumi: Te ha dejado sin habla. ¿No?
No me había percatado de que me había quedado tres minutos enteros observando la imagen hasta que el mensaje de Ayumi llegó. ¡Estaba perdiendo tiempo importante! Me coloqué de pie para darme un aseo rápido y prepararme para el corto viaje: Guardé dos pares de trajes de baños, toallas, bloqueador y bronceador, además de dos cambios de ropa sencillos para el verano… Estaba todo listo, aunque no podía dejar atrás la sensación de que estaba olvidando algo muy importante.
Tras tomar el desayuno y despedirme de mi familia, el rostro del menor de los Taishō volvió a aparecer en mi cabeza sin ningún tipo de motivo, como si aquella mirada penetrante y sonrisa radiante estuviera ahora guardada perfectamente en mi subconsciente.
Pese a haber salido temprano del punto de encuentro, el tráfico nos ha hecho llegar al mediodía a las preciosas instalaciones del loft que funcionaría como nuestro hospedaje por los tres largos días del fin de semana. Allí adentro huele a madera recién pulida, y al inconfundible aroma de verano que entra por los gigantescos ventanales que otorgan una vista hermosa de toda la majestuosa playa.
Varios chicos se han asomado allí para obtener una mejor vista, y han sacado sus celulares para hacer hermosas fotografías que de seguro irán a parar a sus historias de Instagram. Era una excelente idea, no todo el tiempo obtenías una oportunidad como esa para fotografiar el idílico escenario que podían brindar las playas de Tokio…
Di un paso hacia adelante con toda la intención de emular a mis compañeros de clase, cuando un jaloneo me detuvo en seco y me hizo girar el rostro.
— Kagome. ¿A dónde vas? ¡Todavía tenemos que conocer las habitaciones! Eri se ha pedido la más espaciosa para nosotras cuatro y lo ha conseguido por los pelos. — Yuka me soltó con gentileza, de modo que presté atención a mi grupo de amigas. Las cuatro hacíamos un círculo pequeño en una esquina del lugar mientras el resto de los estudiantes caminaban de un lado a otro.
— Sí, no fue fácil, porque Futaba y su grupillo de tontas parece que han tenido la misma idea. — Explicó Eri mientras se cruzaba de brazos, y su mirada fue a parar por encima de nuestras cabezas mientras daba un recorrido visual por el lugar. — De todas formas han salido ganando, porque han conseguido una habitación igual de grande que limita con el dormitorio de los chicos. ¡Son unas cualquieras!
— Bueno, pero no tiene nada de malo, ¿no lo creen? — Intervine entonces con una sonrisa tímida. — Además, ¿por qué querríamos estar cerca de los chicos? A veces pueden llegar a ser bastante ruidosos, sería bastante difícil conciliar el sueño…
— Ay, Kagome. ¿Es que olvidas quién vendrá? — Ayumi dejó escapar una risilla corta mientras deslizaba su bolso sobre su hombro para buscar algo. — ¿Tengo que mostrarte otra fotito para refrescarte de la memoria?
No supe qué expresión había colocado, pero era un hecho de que me había puesto roja porque podía sentir la sangre aglomerándose en mis mejillas. Cuando sacó su móvil y lo colocó delante de mí, procuré hacer la vista gorda del perfecto selfie de Inuyasha que me devolvía la mirada.
— Sí, es muy guapo, pero no hemos venido aquí por él. — Quité el teléfono de mi cara con delicadeza, a sabiendas de que alguien más podría vernos. — De hecho, no me podría interesar en lo más mínimo.
— ¡No me digas que es porque todavía te gusta Hōjo, el chico de la clase B! — Yuka me señaló con un dedo acusador mientras mi rostro se enrojecía aún más.
— ¡Shht! — Coloqué mis dos manos sobre su boca. No era necesario que el resto de la clase se enterara de mi penosa vida amorosa. — ¡Claro que no es por eso! ¡Vinimos aquí para divertirnos todas! ¡Punto! No tiene que haber un chico de por medio. ¿Está bien?
— ¡Lo sabemos! No tienes por qué estar tan tensa, Kagome. — Respondió Eri con calma. Las tres dejaron escapar unas risillas que no me hicieron gracia, porque de alguna forma me sentía como una tonta. — Vayamos a refrescarnos antes de ir a la playa, es un día perfecto para un buen bronceado…
— A mí me gustaría dejar las cosas en la habitación. He traído ropa extra y… — Yuka sostenía su bolso con ambas manos, evidenciando un abultado equipaje que sobresalía por todos los lados. Ante aquello, sonreí.
— Yo iré con ella. Las alcanzaremos en seguida. — Repuse mientras pasaba un brazo por alrededor del suyo. Había tanta gente que debíamos abrirnos paso con cuidado por no chocarnos con alguien, especialmente contra los profesores.
Pero tras llegar, confirmé que Eri en efecto había conseguido la habitación más grande: Al entrar nos recibió otro gigantesco ventanal que ocupaba casi toda la pared central, e iba acompañado por dos pinturas hermosas de unas palmeras. Habían dos camas matrimoniales que eran separadas por una pequeña mesita de noche que llevaba una lámpara de una bailarina booblehead bastante pintoresca, y un armario que se extendía en los laterales de las paredes. Fue allí a donde me dirigí de primera mano para hacer un espacio y colocar mis pertenencias, de modo que fui depositando todo con cuidado dentro de uno de los cajones únicamente para darme cuenta de que, desgraciadamente, había olvidado el cargador de mi teléfono en casa. ¡Sabía que se me había olvidado algo, siempre me pasaba!
— ¡No puede ser, olvidé el cargador en casa! — Me llevé ambas manos a la cabeza. ¡Ya no podría conseguir ninguna preciosa foto del anochecer o de los días posteriores!
— ¿Quieres que te preste el mío? Ten. — Yuka se acercó con el objeto en la mano, pero solté un suspiro tras corroborar que no era el modelo que necesitaba.
— Gracias, Yuka, pero no es mi día de suerte… — Me senté en el borde de una de las camas para sacar el aparato y verificar la batería restante: 95% de carga sonaría prometedor de no saber que no duraría más de un día, después de todo, era un modelo viejo. — ¿Puedo tomar fotos con el tuyo, por favor? ¡Te lo regresaré sin falta antes de dormir!
— Hmmm… — No parecía muy convencida, de modo que perdí las esperanzas por completo. — ¿Por qué no pruebas suerte en la tienda de recuerdos? Después de todo no somos los únicos jóvenes que vienen a este sitio, deben de vender algún tipo de réplica…
No sonaba muy convencida, pero era el único intento que me quedaba para guardar un registro de mis pequeñas vacaciones. ¿Qué perdía con intentarlo? Procuré dejar mi bolso en su sitio tras retirar mis gafas de sol, además del pequeño monedero que guardé en el bolsillo frontal de mi short.
— ¿Quieres venir? Luego podríamos reencontrarnos con las demás.
— No, ve tú. Aprovecharé para hacer una llamada a… Tú sabes. — Yuka se ruborizó antes de sentarse en el centro de la cama de la derecha. Llevaba su teléfono bien sujeto entre sus manos mientras observaba la pantalla con vacilación, como si temiera dar el primer paso. No me parecía una buena idea, pero no sería yo quien se inmiscuyera demasiado en su vida personal.
— De acuerdo. ¡Te veo más tarde!
Tras un último saludo, me retiro de la habitación con rumbo hacia la tiendita de recuerdos que se alza a un par de metros del loft. Solo entonces reparo en la cantidad de estudiantes que se han abierto paso hacia la playa, algunas han optado por tomar el sol mientras que la otra mitad se ha sumergido en el oleaje suave del agua. ¿Estaría allí también Hojō? Estaba convencida de que había podido llegar a superarle luego de que me hubiese rechazado, pero lo cierto es que todavía lograba colocarme nerviosa con una facilidad tremenda… No es algo fácil, por lo cual he decidido refugiarme en las fotografías para mantener mi mente y corazón ocupados. ¿Qué mejor manera, pues, si era a través del arte de los paisajes que tendría frente a mí? Con esa misma dedicación me abrí paso dentro de la tienda, la cual se encontraba vacía a excepción de un par de clientes que no pude ver de buenas a primeras gracias a mis gafas. Me apresuré al mostrador, donde un joven de cabello negro y mirada salvaje me devolvió una mirada cargada de aburrimiento.
— Bienvenida a Kominato. ¿En qué puedo ayudarte? — Se veía realmente aburrido.
— Uhm… ¡Hola! Sé que es poco probable, pero. ¿Venden cargadores para celulares? Tengo este modelo… — Lo coloqué sobre la mesa, pero él lo ojeó por encima antes de señalar con el mentón hacia uno de los pasillos que se dividían a mi derecha.
— Pasillo tres.
— ¡Qué bien! ¿¡Entonces sí que venden!? — Mi emoción provocó que mi voz resonara por todo el lugar, de modo que aquel chico me observó con una ceja arriba. — Ah, perdón. ¡En seguida regreso! — Otro gritito, y pude sentir un suspiro de resignación detrás de mí.
Apresuré el paso hacia el pasillo mientras me colocaba los lentes en la coronilla de mi cabeza, al mismo tiempo que buscaba con cuidado el monedero perfectamente guardado en la cartera. Por aquel motivo, no reconocí de buenas a primeras la silueta que se encontraba en la mismísima entrada del pasillo, provocando un choque que me arrancó un quejido.
— ¡Hey! — Bramó él.
— ¡Ouch…! Ah, lo siento mucho, no me fijé por… — Pero al alzar la cabeza, mi corazón se detuvo de inmediato en cuanto una mirada dorada me fulminaba de arriba a abajo. Llevaba lo que parecía ser una caja de cartón mediana debajo del brazo, y su largo cabello blanco recogido en una coleta que le daba un aspecto mucho más mayor, como si se encontrara en la preparatoria al igual que su hermano. Gracias a la corta distancia, pude percatarme de que sus sienes sudaban un poco a causa de la oleada de calor que venía sin falta durante las tardes de verano. — ¿Inuyasha? — Pregunté, sin poder creer que se encontrase allí. — ¿Inuyasha Taishō?
— ¿Eh? — Alzó una ceja. — ¿Y quién se supone que eres tú?
— ¡Soy yo, Higurashi! — Me apresuré a decir, pero quizás había sonado demasiado brusca. — Quiero decir, mi nombre es Higurashi Kagome, vamos en la misma clase…
— ¿Qué? Eso no es cierto, no hay ninguna Kagushi en mi clase. — Colocó la caja en el piso, y giró la cabeza hacia la estantería que exponía varios aparatos electrónicos de pésima calidad. — Ya que estás aquí. ¿Por qué no me das una mano? Es lo mínimo que podrías hacer luego de golpearme de esa manera. ¿Qué dices?
…
¿Qué?
¡Había sido un choque inocente! ¿Qué demonios le pasaba a este tipo?
— Óyeme. ¿No crees que estás exagerando? ¡Y mi nombre no es Kagushi, es…! — Inuyasha suspiró.
— ¿Vas a ayudarme o no? Perdona, pero tengo prisa por salir de aquí, odio este maldito calor infernal. — Sí, vaya que era un exagerado. — Necesito unas veinte cámaras desechables para la expedición de mañana, guarda aquí todas las que encuentres, por favor.
— ¿Por qué necesitas tantas? — Me aventuré a preguntar mientras me abría paso por el pasillo con lentitud. No estaba segura en realidad de querer ayudarlo, tan sólo quería conseguir mi cargador de repuesto…
— Este es el último viaje que tendremos en la secundaria, es normal que quiera documentarlo de una forma mucho más única que por simples fotografías de teléfono. — Me sentí personalmente atacada, pero lo dejé pasar.
— No tenía idea de que fueras tan sentimental…
— Bueno, no es como si supieras mucho de mí. — Repuso con cierta altanería que me arrancó un mohín de molestia. — ¿Dices que estás en la misma clase que yo?
— Sí. ¿De verdad no lo recuerdas? Incluso hicimos el proyecto de química juntos hace un año.
— No, ya te dije que no conozco a ninguna Kasumi. — Alcé una ceja en cuanto pronunció mal mi nombre nuevamente. No parecía realmente interesado en mantener una conversación respetuosa, por lo que aguardé a que finalizara de colocar un par de cámaras en la caja del suelo antes de agregar las que había encontrado yo… Aunque más que colocarlas, las lancé de mala gana. Ese tipo lograba ponerme los pelos de punta. ¡Ni siquiera se había dignado a verme a la cara!
— Aquí tienes. ¿Está bien así? Con esto tienes más de veinte. — Él se detuvo en seco, y por primera vez, se giró hacia mí. Su mirada ambarina me analizó entonces, pero lo hizo con un gesto inexpresivo. — Ahora, si no te molesta, volveré a lo mío. ¿Está bien? También pretendo crear recuerdos de este lugar y éste no es precisamente uno memorable. — Me di la vuelta mientras me apresuraba hacia el otro extremo, indignada. — ¡Ni siquiera me recuerdas!
— ¿Quieres decirme por qué importa tanto que te recuerde? — Estaba siguiéndome.
— ¿Qué? — Bufé. — No me importa en lo más mínimo.
— ¡Ja! Si no te importara no habrías hecho un berrinche porque dije mal tu nombre un par de veces. ¿Acaso eres tonta?
— ¡Ajá! ¡Entonces sabes que los dijiste mal! — Refuté. No podía creerlo. Aquella era una actitud digna de mi hermano menor, Sota. — ¿Quieres dejar de seguirme? Ya tienes lo que buscas.
— Me falta una cosa.
No me di cuenta del momento en que aceleró sus pasos hasta que rodeó mi cintura con uno de sus brazos con toda naturalidad para girarme de vuelta hacia él, provocando que ahogara un grito. Cualquier reclamo que hubiese querido hacerle desapareció en cuanto su mano restante tomó mi barbilla para sostenerla con firmeza, obligándome a sostener su mirada una vez más. Mis manos fueron a parar en sus hombros en un intento por mantener la distancia, encontrándome con que se hallaban tensos ante su agarre.
— Tu nombre. — Dijo entonces. Con aquella distancia, podía sentir su aliento contra mi rostro. — Repítelo. — Exigió.
— Pero; ¿qué te pasa? N-no veo por qué deba… — Desvié la mirada, pero sus dedos apretaron con suavidad mi mentón hasta hacerme regresar a su mirada penetrante. Mi corazón aumentaba la velocidad de sus latidos, y tan sólo podía esperar que él no se diera cuenta de ello.
— Dímelo. — Su voz era suave, pero el tono autoritario estaba implícito. ¿Qué es lo que pretendía?
— K-kagome… — Revelé con cierta timidez, extendiendo mis brazos en un intento por alejarlo. Podía sentir la fuerza de sus músculos, el calor que se resbalaba por su piel…
— Deletréalo.
— ¿Q-qué dices…?
— De esa forma no lo olvidaré jamás. — Explicó con calma, como si estuviera en una situación normal. — Deletréalo. — Repitió. Su dedo acariciando con suavidad la piel de mi mentón…
— ¿Y… entonces me soltarás? — Aguardé. Para ese entonces el rubor cubría cada partícula de mi rostro.
— Puede ser. — ¿Qué significaba eso?
— K-a-g-o-m-e. — Revelé, un tanto avergonzada. Inuyasha liberó entonces mi rostro, no haciendo lo mismo con mi cintura… La cual mantenía pegada contra él como si fuese un acto cualquiera. Fui yo quien dio el último empujón, y entonces me separé completamente de su cuerpo. — ¿P-por qué has…?
— De esa forma ya no podré olvidar ambas, ni tu nombre ni tu rostro. — Se encogió de hombros mientras se regresaba a su lugar, recogiendo la caja de cartón del suelo mientras me dejaba a mí allí, con mi corazón enloquecido por una cercanía que nunca antes había experimentado… — De haberme dado cuenta antes, es probable que todo hubiera sido muy distinto.
— ¿Darte cuenta de qué? — Me crucé de brazos, en un intento por parecer desinteresada que ni siquiera fue convincente para mí.
— De que eres preciosa, y que puedo manipular tus nervios a mi antojo. — Parpadeé, sin poder creer lo que escuchaba. ¿Preciosa? ¿Yo? Inuyasha entonces se giró hacia mí, esta vez sosteniendo la caja con ambos brazos mientras me dedicaba una última mirada que no pude descifrar del todo. ¿Era burla? ¿Felicidad…? ¿Qué era ese brillo? — ¿Sabes lo que significa?
— ¿El qué? — Él sonrió.
— Bien. — Y entonces se giró para marcharse, dejándome ahora con un sinfín de preguntas y un corazón desembocado. — Gracias por tu ayuda, Kagome Higurashi.
Era extraño escuchar mi nombre de pila salir de su boca, pero no tan extraño como lo que había sucedido en ese pasillo.
Pasaron cinco minutos exactos desde que él se marchó, y solo entonces recobré el dominio de mi cuerpo para ponerme en busca de un cargador de repuesto. No había ninguno, salvo un par que no eran adecuados para el modelo de mi teléfono… De modo que observé con resignación el último par de cámaras desechables que quedaban en la hilera antes de volver al mostrador, y dirigirme a toda prisa de vuelta al loft.
La mirada de Inuyasha Taishō, sin embargo, no se borró de mi cabeza durante el resto del día…
Por lo que encontrármelo una vez más en mis sueños no fue una grata novedad.
Con esto concluyo el primer capi de mi historia cortita del verano. ^^ ¿Qué es lo que pretende nuestro Inu? ¿Qué otros misterios sin resolver nos esperan en el otro capi? *ojitos*
¡Nos vemos pronto!
