Digimon no me pertenece, le pertenece a la Toei.
Esto es un fic de fan's para fan's.
Advertencia: No mentes susceptibles ni en tiempo de.
Continué mi camino sin ti…
-.-.-
2.- Mimi
/Y cuando cerraba los ojos, dolía increíblemente.
Tú sabes, que si pudiera desear una cosa,
ya sabes cuál sería./
–¡Sal conmigo! –Y Mimi no aceptaba un no por respuesta. Así que, al verlo seguir parado en la puerta algo sorprendido, ella entró y empujándole por la espalda le sacó de ahí terminando por guiñarle un ojo a Hikari y advertirle que estaría en buenas manos.
Lo obligó a recorrer un centro comercial, opinar sobre ropa y zapatos, engullirse un helado y seguir sobre aparatos electrónicos y sombreros. Cosas sin sentido, pero que parecían divertirla.
–¿Tú crees que es lindo? –Se vio en un espejo. Un lado, el otro y, cuando no hubo respuesta giró. Tai estaba sentado en un sillón junto a un par de bolsas que venía cargando desde la mañana, y observaba a lo lejos la estancia de música.
––/Mimi/––
–Sora, cálmate. No entiendo qué dices –Al principio había creído que se trataba de una broma al solo escuchar ruiditos y gimoteos, pero entonces su amiga habló, lloraba–. ¿Sora?
Escuchó silenciosa con la boca tapada mientras se le salían las lágrimas, apenas entendía un pedazo de lo que la otra hablaba. Al final, antes de que colgara, lo único que le preguntó fue: –¿Saben los otros?
Recordaba, tras colgar con Jyou, haberse puesto a llorar mucho, a pulmón, tanto que su papá había entrado asustado a su cuarto. Lloró tanto como le fue posible y hasta que los ojos se le hincharon y no pudo más.
––/End/––
Aquella misma tarde había salido al Japón, fue suficiente para llegar al entierro.
Dejó el sombrero a un lado y caminando hasta ahí, le jaló a otra área, ¡la de videojuegos!
–¿Entonces presiono aquí ...
–¡Aún no!
Pero fue tarde, Mimi había lanzado la granada al inicio del juego. Sacó la lengua juguetonamente y se acomodó como todo un soldado para continuar el juego.
-¡Bien! ¡Bien! Entiendo, parece fácil.
Un suspiró por parte del otro y entonces volvió al juego.
La castaña mató uno ahí, otro por allá, gritó cuando una cosa extraña y fangosa le arrastraba. Saltó y dio de golpes al arma cuando no querían salir las municiones y, cuando hubieron pasado de nivel, se giró y abrazó al otro efusivamente. Y así siguieron durante diez gloriosos minutos más, hasta que Tai murió e, irremediablemente al minuto, lo hizo Mimi.
–Bueno, estoy segura que no faltaba mucho para terminar –Se abanicó, tanto ejercicio le había echo sudar. Dejó el arma y miró la pantalla, pasaban al malo riéndose, después los créditos y los ratings. No sabía porqué se había sorprendido de verlos en el primer lugar si era de esperarse, o quizás la elección de nombres fue la sorpresa, pero el leerlos le trajo nostalgia.
–Tai y Matt –se repitió bajito.
–Yamato es muy largo –Tai se había quejado–. Ya-ma-to –Creó una pausa y pareció contar algo, entonces saltó realizándose con una epifanía–. Te diré Matt, ¡eso es más corto!
El otro, ofendido, negó. Pero era ir contra una pared. Tras aceptarlo sin remedio, decidió entonces que le llamaría Tai.
–Bien.
–Bien.
–Mira, ¿qué tal ése de ahí? –jaló la fémina.
–Algo peculiar pero… parece divertido.
–¿Te parece? –Tai no lo miró muy bien, pero igual se subió. A lo que el rubio comenzó a reír a carcajada abierta tras haberle tomado una foto.
–¡Te patearé!
Cedió a la petición de su amiga y ayudándola a subir, él fue con el contiguo. Pronto se dio cuenta que no estaba mal, es decir, ibas trotando en un caballo enorme y quizás uno se vería ridículo observando desde fuera, pero adentro galopaba velozmente evitando que unos maleantes se robaran el tren al cual él debía proteger.
Inclinó el cuerpo a un lado y evitando resbalarse con la sacudida del caballo al rechinar, se pescó mejor, golpeó los lados para que corriera más y... ¡ahí estaba!
–¡Tómala!
¡Nadie podía escapársele! Mucho menos unos delincuentes con caballos debiluchos. No que el de él, ¡Trueno era todo un semental color negro!
–Hey Matt, ¡¿viste eso?!
Mimi, quien estaba bien pescada al caballo, le dirigió una mirada triste.
Silencio.
El tren se adelantó dejándolos atrás, entonces el juego terminó.
–… –Tai negó, se bajó y, asiéndola por la cintura, la bajó. Ella agradeció, ya tenía los brazos entumidos–. Venga, vámonos de aquí.
Recogiendo las cosas recorrieron un poco más del centro comercial y tomando un autobús, el moreno acompañó a su amiga hasta la puerta de su casa.
–Taichi... –bajó la mirada y, tras pensarlo un rato, le abrazó–. Siempre estaré ahí, recuérdalo.
Él asintió sin decir nada y con un gesto de la mano se despidió.
Aquella tarde era la última de Mimi en Japón, sus vacaciones habían finalizado. Y con toda sinceridad, no estaba segura si pronto regresaría. Solamente, antes de marcharse, quería asegurarse que su amigo estaría bien.
-.-.-
Continuará...
Comentarios: Espero que les haya gustado.
Ni hablar, gracias por su atención.
Me despido y cualquier cosa manden un mail o facilítense la vida y dejen un review.
Fin de la transmisión...
