.

Lou y Li: ¡Corre Yun, corre!

Lou: Se te hace tarde para subir este capítulo.

Yun: ¡Corro, corro, corro…! Corro, vuelo, me acelero para estar contigo y empezar el juego del amor, juego del amor. Corro para estar junto a tiiiiii, junto a tiiiiii.

Lou y Li: Oo

Yun: Sorry n.n Es una canción de un grupo que se llamaba Timbiriche. Se me atravesó esa rola en mi mente pero es el único cachito que me sé n.n

Y sí, mis ansiosas lectoras, estoy a la carrera otra vez, pero quiero aclarar dos detalles:

1 Es otro capítulo corto, y

2 Ya me han dado más jalones de oreja porque en este fic a Lou le he pedido que me presente en el Disclaimer como Seudo-escritora. Podría dar una extensa excusa al respecto, desde mi tonta creencia sobre que nadie se detendría a leer los Disclaimers que pongo (han sido varios porque el disclaimer lo cambio cada de vez en cuando), hasta lo que dice mi Sensei sobre lo que es un auténtico escritor, pero mejor me limito a pedirle a mi amigo Lou que le cambie al dichoso Disclaimer.

Vas mi Lou.

n.n


Disclaimer: Yunuen does not own Ninja Turtles.


-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

¡VAMOS A LA PLAYA!

El tercer día de los vacacionistas pasó relativamente rápido pero lleno de emociones.

Fue un estupendo día, piensa Karai en esta nueva mañana al salir de su tienda de campaña. Ella no participó en ninguna de las actividades realizadas ayer por los otros chicos y chicas, pero estuvo alerta, se percató de todo lo que sucedía a su alrededor, o al menos en los momentos en lo que no se perdía en sus pensamientos.

Hoy Karai se ha levantado más temprano que el día de ayer, aunque no tan temprano como suele hacerlo cuando está en Nueva York, pero sí más temprano que cualquiera de los otros vacacionistas… o mejor dicho, más temprano que CASI todos los demás; se da cuenta que no ha sido la única en despertarse más temprano que el resto: ve a Leonardo sentado cerca de la orilla del mar.

Un impulso le obliga a ir hacia él, pero a pocos pasos se detiene; él no está solo; entonces, da media vuelta para regresar a su tienda de campaña pensando en que estará bien que no salga de ésta hasta que los otros ya hayan desayunado y comiencen con su diversión. De ningún modo quiere formar parte de las actividades recreativas que realizan los chicos y las chicas, y no es porque no quiera divertirse, pero su corrompido Honor aún posee la suficiente entereza como para dictarle que no merece siquiera estar cerca de…

- ¡Karai! –

Leonardo se ha dado cuenta de su presencia y la llama. Va hacia él, reprochándose a sí misma no haber actuado con mayor rapidez.

Como a Leonardo le acompaña alguien, Karai deja a esa persona entre ella y él.

- Ohaiyo, Yunuen, Leonardo. –

- Ohaiyo, Karai. -

- Ohaiyo, Karai. –

- Se han levantado temprano. Son vacaciones, deberían dormir por más tiempo y aprovechar para descansar. –

- Es difícil dejar ciertas costumbres durante las vacaciones. – dice Leonardo – Veo que te pasa lo mismo. -

Karai asiente.

- Aunque sean vacaciones, - Leonardo continua explicando - Yun y yo no hemos podido no levantarnos temprano, pero como bien dices, son vacaciones, así que después de platicar un rato, volvemos a sentir sueño y regresamos a dormir, y terminamos siendo los que se levantan más tarde, pero siéntate Karai, onegai shimasu. –

Aunque una incomodidad la embarga, Karai se sienta del lado de Yunuen.

Los tres chicos permanecen en silencio, admirando la majestuosidad del mar por no saber cómo iniciar la conversación, aunque el silencio no dura mucho. Yunuen se levanta.

- Los dejo, pero nos vemos al rato. –

- Descansa. –

- Gracias. -

Leonardo y Karai mirar marcharse a la chica hasta que desaparece en su respectiva tienda de campaña; después, ambos vuelven a enfocar su atención hacia el mar.

Una mayor incomodidad embarga a Karai, pero es una situación que estaba esperando desde hace mucho tiempo: enfrentarse Leonardo, no es una lucha a muerte, sino enfrentarse a él en una conversación respecto a lo sucedido entre ellos; salvo que Leonardo es quien toma la palabra primero.

- Desde que llegamos, no he podido dejar de imaginar que mis hermanos y yo nacimos en una bonita playa como ésta. –

El comentario de Leonardo desconcierta a Karai, momentáneamente, porque enseguida recuerda el origen de él y sus hermanos.

- Debe resultar algo increíble – dice ella – la comparación entre lo que fuiste a lo que eres ahora. –

- Sí. Es como si sólo hubiera sido un sueño el que fuéramos tortugas comunes, pero mientras más toco la arena, mientras más veo el mar, mientras más inhalo el aroma salado del aire… no puedo evitar imaginar lo que nos hubiera sucedido a mis hermanos y a mí de no haber mutado. -

Karai sabe perfectamente a lo que se refiere.

- Por mucho tiempo, yo también imaginaba cuál hubiera mi camino si el hombre al que llamo Padre jamás me hubiera tomado a su cuidado, pero desde que aprendí que el Destino rige nuestras vidas, he dejado de pensar en eso. -

- Qué bueno que lo hiciste; - Leonardo desvía su mirada del mar para ver a Karai - es como para volverse loco pensar en el sin fin de posibilidades de 'si hubiera…'. -

Karai a su vez mira a Leonardo; se relaja al ver esa expresión tan amigable de él.

Le parece muy agradable poder conversar con él como los jóvenes que son y no como los enemigos mortales en los que han tenido que convertirse.

- Cuando retomes tu rutina, la inquietud de esas posibilidades se irá sin dejar el menor rastro. –

- Eso espero, pero pensar que todo sucede por una razón, pensar que mis hermanos y yo dejamos de ser comida para alguna gaviota, o dejamos de ser la mascota de un niño para convertirnos en lo que somos, sólo para cumplir con un brutal Destino… –

Karai también sabe a qué se refiere. Ella llegó a pensar que hubiese sido mejor vagar por las calles el resto de su vida (la cual no hubiera durado mucho) y no convertirse en la hija de un hombre malvado, pero de no haber llegado a Nueva York, jamás hubiese conocido a Leonardo...

Su corazón se contrae de miedo al pensar en ello, pero enseguida quiere brincar de dicha porque ha conocido a Leonardo, porque justo ahora está con él, solos... sin embargo, su dueña vuelve a oprimir esa dicha que la quiere embargar.

- La mejor manera para no martirizar tu mente y tu espíritu con esas inquietudes que no tienen respuesta, es la resignación: el Destino nos ha arrastrado al momento en el que estamos y no hay absolutamente nada que podamos hacer. -

Leonardo nota esa resignación de la que habla Karai perfectamente plasmada en el rostro de ella, pero, ¿qué diferencia hay entre la resignación, el conformismo y la aceptación?

- Lo siento. – dice Leonardo - Ambos estamos de vacaciones y las vacaciones son para olvidar lo estresante que es la vida, pero estoy abrumándote con mi filosofía barata. Es sólo que… siento como si estuviera yendo a ese 'Abismo' de nueva cuenta. -

- No tienes por qué disculparte Leonardo. Yo he sido la causante que ha desatado el caos en tu espíritu, pero yo no voy a ofrecerte disculpas, como tampoco espero oírte decir que me perdonas. –

Desde hace mucho tiempo, Karai quería aclarar ese punto: de ningún modo ella iba a ofrecerle a Leonardo disculpas por haberle herido física y espiritualmente. La guerra es la guerra, y punto.

- Es cierto: tú has sido la causante, no sólo el haberme hecho está cicatriz, sino de obligarme a cuestionar mi propia existencia como nunca lo había hecho, y también sé que no vas a disculparte de ningún modo. El guerrero que se ha visto engullido por la guerra, o por la vida, debe ser capaz de afrontar las consecuencias de participar en ésta y en la otra. –

- Me doy cuenta que has tenido que recorrer un largo y sinuoso camino para haber obtenido tanta sabiduría. -

- Algo así. – Leonardo busca con la mirada tranquilidad del mar.

Karai imagina todo el tormento que debió padecer Leonardo, un tormento que ella causó con una simple acción.

Por un instante, un muy breve instante, la conciencia se retuerce de dolor en el pecho de Karai, exactamente igual que en esos angustiantes días cuando ella fue consciente de todo el daño que le infringió a él después de que él le había ofrecido su confianza prácticamente en una charola de plata, pero igual que antes, la disciplina a la que se ha sometido como ninja por tantos años, le sugiere que no tenga compasión de su enemigo.

- Pero toda esa sabiduría que según he ganado, - dice Leonardo - no ha conseguido despejar una cuestión que nunca había taladrado mi cabeza, hasta ayer. –

Atraviesan por la mente de Karai palabras como Traición, Lealtad, Miedo, Rencor, Venganza, Perdón… pero contiene su propia inquietud, y aguarda.

- Hay una posibilidad en la que jamás había pensado… -

Leonardo recuerda el comentario de su hermano Rafael, el comentario que hizo mientras ellos se escondían de las chicas como cualquier otro muchacho atolondrado que huye de una chica bonita.

La mirada de Leonardo cambia ligeramente, de eso se percata Karai; en esa mirada no hay ninguno de los sentimientos que encajen con las palabras que ella había pensado: no hay miedo, o rencor, o venganza, aunque sí hay perdón, pero refleja algo más, algo que amenaza al propio corazón de Leonardo en desbordarse inconteniblemente si ella no se atreve a preguntar; y pregunta más como un deber que por sentir compasión.

- ¿Y cuál ha sido esa posibilidad? -

Leonardo deja de contemplar el mar y se aproxima hacia Karai, reduciendo drásticamente la distancia que los separa.

Karai no teme ser atacada por sorpresa. Tal vez Leonardo quiera arrebatarle la vida aprovechando la gloriosa oportunidad. Ella no le teme a la muerte a pesar de no estar armada, pero está preparada para enfrentar cualquier ataque de Leonardo, porque en realidad, sí estuvo vigilando el clan de las tortugas y los ha seguido hasta esa playa con un propósito. Después de su desafortunado encuentro en el que ella le causó esa fractura en el caparazón de él, no habían vuelto a verse, y ella necesitaba recordarle que sus clanes están en guerra y que la cicatriz en su caparazón fue sólo una de las consecuencias de esa guerra, pero fue hasta que descubrió que el Clan Hamato saldría de Nueva York, halló una oportunidad de hablar con él, y los ha seguido hasta esa lejana playa, no para matarlos, sino para dejar en claro a Leonardo que en la Guerra todo se vale.

Pero en lo que Karai jamás reparó fue que también en el Amor todo se vale.

- Jamás lo había pensado… - el chico susurra tan quedo, que la chica tiene que enfocar toda su atención en él – quizás porque es algo que no se piensa, pero me he dado cuenta que yo… yo… -

El nerviosismo se apodera de Karai porque su corazón ya sabe cuáles son las palabras que Leonardo intenta decir.

Y en un último desliz de sentido común, Leonardo se aparta de Karai.

- Lo siento. Es… es algo que ya no tiene importancia. -

La mirada de Leonardo refleja una total resignación.

¡Por supuesto que es algo que importa!

Es el grito desesperado del corazón de Karai.

Repentinamente, Karai se le dificulta poder respirar, y es por una sensación en su pecho, una sensación que había creído haber desterrado de ella para siempre, pero al escuchar las palabras de Leonardo y contemplar esa mirada de tristeza por algo que jamás va a suceder, ese sentimiento que había oprimido ha renacido, y a cada momento que pasa al lado de él va recobrando mayor fuerza, hasta que finalmente...

- Yo también te quiero. –

hasta que finalmente ese resurgido sentimiento huye a tiempo en forma de palabras antes de que Karai misma pueda someterlo como lo había venido haciendo desde que conoció a Leonardo.

Leonardo se sorprende, tanto por las palabras que ha dicho Karai como por la forma en la que las ha dicho: ella no ha hablado de algo que ya ha acabado cuando él ha dado por terminado algo que ni siquiera tuvo un comienzo.

La mente de Leonardo comienza a hacer la lista de los mil y un motivos por los que ellos nunca deber estar juntos, sin embargo, antes de que pueda pensar siquiera en el primer motivo que encabeza esa lista, Karai se aproxima a él, lo abraza por el cuello, y apresa sus labios entre los suyos.

Leonardo no hace nada para apartar a Karai, sino que hace todo lo contrario: cierra los ojos, y permite que su corazón salte de júbilo, un júbilo que la razón intenta contener para que no se desboque.

La razón también obra en Karai: no le permite a ella prolongar mucho ese delicado beso.

Karai se aparta de Leonardo.

Leonardo abre los ojos y descubre la desdicha en el rostro de Karai. No necesita que ella le diga que, aunque uno siente lo mismo por el otro, es verdaderamente imposible que puedan estar juntos.

Karai por fin deja de engañarse a sí misma: no fue en busca de Leonardo hasta un lugar desconocido sólo para decirle que una guerra tiene sus consecuencias y que sus respectivos clanes están en guerra, ha sido su corazón el que la ha llevado hasta ahí para decirle cuánto lo quiere, a pesar de saber perfectamente que es demasiado tarde para decírselo.

- Todo ha sido aclarado. – ella dice.

Leonardo asiente.

Karai se pone de pie y se dirige a su tienda de campaña.

Leonardo hace lo mismo.

Ninguno de los dos voltea a ver al otro.

Leonardo regresa a su colchoneta y se envuelve entre sus frazadas. Un profundo y prolongado suspiro se le escapa, pero por fin deja de pensar en esas tormentosas posibilidades que comenzaban con las palabras "Si hubiera…"

Si Karai no hubiera traicionado su confianza, y si él hubiera descubierto antes lo que sentía, hubiera sido capaz de todo por ella.

pero es algo que ya no tiene importancia porque él ha aceptado todo lo sucedido y decidido que su vida debe continuar, sin Karai a su lado.

Karai se refugia en su tienda de campaña, porque por haber mantenido aprisionado ese sentimiento tan severamente, que se le ha escapado del pecho como si una bomba hubiese estallado con total violencia dentro de ella, aniquilando a la fría y calculadora ninja; ahora su corazón agoniza recordándole que es sólo una chica.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-


Y me voy corre y corre y cante y cante porque tengo que trabajar en otros fics.

¡Corre, corre por el boulevard!

¡Corre, corre! ¡Ya no puedo más!

¡Corre, corre por el boulevard!

¡Corre, corre! ¡Te voy a atrapar!

Tus ojos verdes miré, y de ti me enamoré éé…

¡ie ie ie ie ie!

Son bienvenidos todos sus comentarios.

Muchas gracias por leer este alucinado fic.

n.n