Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lisa Marie Rice.


CAPÍTULO 9

Summerville

Renesmee yacía debajo de Jacob, todavía recobrándose del clímax y aún asombrada de sí misma por haber sido capaz de llegar al orgasmo así, sin realmente hacer el amor. Simplemente la percepción de él en ella, solamente sosteniendo su pene profundamente dentro de ella, había sido suficiente para hacerla acabar. Él aún no había tenido que moverse.
¿Jacob le había descubierto alguna clave que ella aún no conocía? Ella normalmente tardaba en llegar al clímax, o al menos era lo suficientemente lenta para que sus amantes se quejaran. Bueno... amante. Alec, en realidad, mientras ellos habían tenido una relación, una aventura. Aventura.
Alec se consideraba un amante consumado, ella lo sabía. También se consideraba un experto en vinos, un gourmet, un hombre con un buen ojo para el arte. El hecho de que ella tardara mucho tiempo en correrse había sido una fuente de fricción entre ellos, hasta que Renesmee había aprendido el arte femenino de fingir.
No había fingido con Jacob. Había comenzado a correrse, sorprendiéndose a sí misma, casi antes de que ella lo supiera. Su cuerpo se había convulsionado. Simplemente a partir de la sensación de él en ella, dentro de ella.
Increíble.
Él había estado tumbado completamente sobre ella después de su orgasmo, pero ahora ella podía sentir la tensión en sus músculos al volver a la consciencia. Su pene dentro de ella, se movió. Simplemente ésta era una sensación increíble, sentirlo ponerse duro, más duro, porque realmente él no se había ablandado mucho, después de correrse.
Ella pasó una mano sobre su hombro, por la espalda, deleitándose en la sensación, increíblemente fuerte y sólido. Su columna vertebral era una línea elegantemente curvada, los músculos densos en ambos lados. Ella siguió el surco hasta la parte baja de su espalda, donde crecían algunos cabellos tiesos y por delante hasta el trasero. Posó su mano sobre una nalga dura.
Se sentía tan delicioso, como una manzana grande, y ella quería tomar un bocado de ella. No podía, así que clavó sus uñas en la carne de sus nalgas y sintió una respuesta inmediata de su pene.
¡Positivamente Pavloviano! Renesmee casi se echó a reír con deleite. Parecía que él estaba preparado para responder. Cada movimiento de su mano se correspondía con un movimiento de su pene en ella. También surtía efecto con su boca, ella lo descubrió cuando volvió la cabeza y lo besó en el cuello. Y cuando le pellizcó suavemente, oh Dios, él se sacudió, y su pene dentro de ella saltó.
Llevaban adelante una conversación con sus cuerpos.
Su caricia dijo —¿Te gusta esto? —Y su cuerpo respondió —¡oh sí!
Sus grandes manos se movieron en su pelo, y él dirigió su cabeza más cerca de ella. Cuando él habló, fue directamente al oído, las vibraciones de su profunda voz y los soplos de aire cuando habló la hicieron temblar, aunque por el calor de él y no de frío.
—Me temo que tendremos que quedarnos en cama hasta que la casa se caliente.
Él no sonaba demasiado molesto.
—¿Ah, sí? —Permanecer en la cama con él hasta que la casa se calentara sonaba maravilloso.
—Sí. —Él acarició la sien con su nariz—. Podría llevar horas. —Él suspiró, su voz llena de sentimiento cuando su mano tocó su pecho. Ella ya estaba preparada de alguna manera para esto, porque todo lo que tenía que hacer era tocarla, y se le calentaba la piel de su pecho. Cuando su pulgar se deslizó sobre su pezón, ella lo sintió intensamente entre sus piernas. Ella se apretó alrededor de él, sin poder evitarlo. Su pene aumentó dentro de ella, dándole una pequeña descarga eléctrica.
Renesmee sonrió y levantó sus brazos de nuevo alrededor de su cuello. Sus hombros eran tan amplios que era casi imposible para ella abrazarlo.
—Puede. —Respondió ella—. Mala suerte para nosotros.
Su boca se había trasladado a su cuello, pasando sus labios arriba y abajo de los sensibles tendones. Ella arqueó su cuello para darle un mejor acceso. Estaba más allá de lo delicioso, sintiendo su boca en su cuello, dándole penetrantes besos.
—Así que... —Él comenzó a mordisquear su hombro, pequeños mordiscos delicados— ¿Qué podemos hacer mientras tanto? ¿Hmm? ¿Hablar?
—Yo no… —Renesmee tomó un fuerte aliento. Él había salido de ella y ahora podía sentir la enorme cabeza bulbosa contra los labios de su sexo, luego, empujar lentamente hacia ella. Ella se echó a reír jadeante—. ¡No puedo hablar mientras estás haciendo eso!
—¿Haciendo qué? —Él se retiro otra vez, se deslizó lentamente otra vez. Se movía con facilidad. Renesmee podía sentir la humedad de su semen y su propia excitación.
Dentro... fuera...
—Eso, —jadeó ella.
—Háblame sobre tu familia. ¿Qué les gusta?
Le tomó un momento darse cuenta de lo que él había dicho, estaba tan distraída por la sensación de él deslizándose dentro y fuera de ella, tan lentamente que ella podía sentir cada centímetro de él.
Pero entonces ella se puso rígida y empujó sus hombros, un escalofrío corrió a través de ella. Ella no podía hablar de su familia, no ahora. Jamás.
—No. —Ella empujó sus hombros otra vez. Era como empujar contra una pared de acero.
Él entró completamente en ella otra vez y dejó de moverse.
—Habla conmigo. —Esa voz profunda estaba calmándola, casi persuadiéndola—. El conductor del taxi dijo que perdiste a tus padres el día de Navidad hace cinco años.
—Seis. Hace seis años. —Renesmee sentía la garganta áspera. Ella se sentía áspera por todas partes, todas sus emociones repentinamente allí mismo, en la superficie, horriblemente vulnerable. Ella no tenía su protección habitual a su alrededor, él la estaba demoliendo a besos, lentas recorridos de sus dedos sobre sus pechos. Con sexo.
—Háblame, Renesmee. Hablar ayuda. Dime cómo eran. Comienza con tu padre. ¿Cómo era él?
—Divertido. Era muy divertido, pero él sólo nos permitió a nosotros verlo. —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas—. Todo el mundo pensaba que era un hombre de negocios sobrio, pero él se tomaba muy irónicamente la vida. Odiaba la hipocresía y a los políticos. Él hacía una mala imitación del gobernador, pero sólo en familia y sólo cuando había tomado un poco de whisky. Yo sabía exactamente cuándo tomar las cosas en serio y cuándo no, gracias a él. Siempre podía contar con él para poner las cosas en perspectiva cuando yo era una niña. Una vez— Ella se detuvo, una lágrima le corría por el rabillo del ojo. No podía limpiársela, tenía las manos sobre sus hombros, así es que él lo hizo con el pulgar.
—Una vez, —preguntó quedamente.
Ella sorbió una risa.
—Una vez que este candidato para el Senado vino a casa, tratando de obligar a papá a convertirse en recaudador de fondos para él. Él era un hombre de negocios, rah rah-verdadero, y tonto como una roca, y poco interesante. Pensaba que ya que papá era un hombre de negocios, le preocuparía todo sobre los recortes de impuestos y la desregulación. Así que él y su horrible esposa se sentaron allí con aire de suficiencia hablando de trasladarse a las Islas Vírgenes para evadir impuestos, cómo había asaltado el fondo de pensiones de su empresa para subir el precio de las acciones y cómo había eliminado cinco mil empleos. —Ella hizo una risita, recordando. —Así que papá encontró los ojos de mamá y empezó a hablar de sus planes de liquidar, dar todo a la caridad y mudarse a una ermita en la India. El candidato y su horrible esposa estaban tan horrorizados que no se quedaron para el postre. Mamá y papá abrieron una botella de champán cuando se fueron y se lo bebieron todo delante del fuego. Los atrapé acariciándose y riendo.
Ella encontró sus ojos.
—Nunca he contado esa historia a nadie. Y ahora yo soy la última persona para recordarlo.
Él no estaba sonriendo, los surcos profundos del paréntesis de la boca eran aún más profundos.
—¿Por qué no has contado a nadie esa historia? Dice mucho acerca de tu padre. Es el tipo de historia que automáticamente hace que te guste un tipo. Creo que él me hubiera gustado mucho. Me gusta la gente sensata.
—Tal vez. —Fue un pensamiento inusual. Pero, ¿quién sabía? Tal vez se habrían llevado bien. Jacob parecía lo contrario a su padre, que había sido un hombre que le gustaba vivir a lo grande, que le habían gustado las comodidades y sus placeres, que había disfrutado de la vida con gusto, aún mejor si era de primera clase.
Había disfrutado de la ropa elegante, de la selecta cocina y los buenos vinos, caros puros cubanos, el whisky de malta solo. Su padre viajaba en primera clase, siempre pernoctó en hoteles de cinco estrellas y siempre tenía los mejores asientos de la casa cuando iban al teatro.
Jacob era un soldado, un hombre duro, un hombre acostumbrado a vivir a la intemperie. Vestía ropa vieja y las botas desgastadas, y había estado tan increíblemente agradecido por la comida, que ella estaba segura de que no comía bien de forma regular. No tenían mucho en común.
Pero su padre había odiado a los farsantes y snobs y la gente de plástico. Había despreciado a Alec una vez que llegó a conocerlo, sin embargo al principio había tratado de ocultarlo.
A papá le podría haber gustado Jacob después de todo. Jacob nunca fingía ser algo que no era, no había tratado de impresionarla de ninguna forma.
—¿Y tu madre? ¿Cómo era ella?
—Era maravillosa. ¡Ah! —Él repentinamente cambió el ángulo de penetración, haciendo algo con su cuerpo, con sus caderas, de modo que él puso toda su atención en su clítoris con cada movimiento lento dentro y fuera de ella. El placer era casi eléctrico en su intensidad. Un par de esos movimientos endulzados con miel, electrizantes, luego se detuvo.
— Dime más. Ella era maravillosa. ¿Qué más?
—Hermosa. —Su cuerpo le dio tanto placer que ella no tuvo la energía para medir sus palabras. Ellas vinieron de algún lugar muy dentro de ella—. Mamá era una mujer hermosa por dentro y por fuera.
Él se inclinó para acariciar su cuello con la nariz.
—Lo sé. —Susurró contra su piel— Yo vi los cuadros. Te pareces a ella.
Renesmee sonrió. Se lo habían dicho bastante a menudo. Eso la complacía.
—A papá le gustaba presumir de ella. Quería mimarla, le compraba regalos caros, eso lo hacía feliz. Y pienso que mamá adoraba hacer un hogar agradable para él. Carlie y yo los atrapábamos besándose cuando pensaban que no estábamos mirando. Me alegro de que murieran juntos. Eso es lo que ellos hubieran querido. —Apretó las manos en los bíceps de Jacob y miró profundamente en sus ojos. —Ya sabes, después… después del accidente, nadie me dejaba hablar a mis padres. Nadie quería oírme llorar, y nadie quería oírme recordar. He oído cada permutación posible de "encontrar un final" que existe. Era como si hablar de ellos fuera en cierta forma... de mal gusto. Lo podía ver en los ojos de la gente, que escuchaban con impaciencia, luego cambiaban el tema tan pronto como decentemente podían. Todo lo que quería hacer era… era recordarlos, y nadie me dejaba.
—¿Y Carlie? ¿Cómo era ella?
Esta era sin duda la conversación más extraña que Renesmee había tenido alguna vez. Él había comenzado a moverse dentro de ella otra vez, con movimientos lentos y calientes. La parte inferior de su cuerpo estaba ocupada con el sexo. Pero entonces él hacía participar a su cabeza también. Tenían dos conversaciones a la vez. Sexo acalorado por debajo de la cintura, sus cuerpos hablando el uno al otro alto y claro, y una conversación profunda por encima del cuello.
—Carlie. Antes del accidente, Carlie era realmente una niña, ¿tú sabes? Siempre se estaba metiendo en problemas y salía de ellos porque tenía una gran sonrisa, y tú sólo te derretías. Le perdonabas todo, hasta su siguiente truco. Incluso le perdoné la rana en la cama que casi hizo que me diera un ataque al corazón. —Renesmee observó la cara de Jacob mientras la escuchaba. Nadie nunca la había escuchado con tanta atención antes, completamente pendiente de ella.
¿Cómo había sido él cuando era niño? ¿Un bribón? ¿Hiperactivo y travieso? Probablemente no. Probablemente había sido tranquilo y serio. Sin embargo había algo en su cara, pensando en él como un niño, algo casi... familiar, lo cual era ridículo.
—Después del accidente estuvo en estado de coma durante tres meses. Nunca volvió a caminar. Y durante seis años, nunca se quejó ni una vez, aún cuando por dentro la atormentaba el dolor. A ella le gustaba la compañía, pero nadie vino. Sus amigos de la escuela vinieron durante un tiempo, luego dejaron de venir. Carlie estaba en una silla de ruedas, tenía convulsiones, y eso asustaba a la gente. Nadie quería ver a Carlie, él les recordaba lo que les podría ocurrir a ellos. Mi mejor amiga de la escuela secundaria una vez me dijo que no entendía por qué no mandé a Carlie a un hogar.
Renesmee contempló la cara oscura a una pulgada de la suya, sus ojos negros clavados en ella. Mientras ella había estado hablando, él había intensificado el ritmo de hacer el amor, haciendo crujir la cama.
Renesmee comenzó la larga caída libre del clímax, pero en cierta forma ella no podía dejar de hablar.
—Carlie fue tan increíblemente valiente. —Las lágrimas llenaron sus ojos mientras ella lo observaba mirarla—. Ella no podía caminar y, al final, apenas podía moverse, pero siempre mantuvo el ánimo. Ella mantuvo mi ánimo. Creo que los dos últimos años, sabía que se estaba muriendo, pero nunca dijo nada. Yo estaba tan orgullosa de ella, pensé que era más valiente que cualquier soldado que alguna vez ganó una medalla, y… y cada vez que traje un amigo a su casa, o una cita, siempre se comportaban como si Carlie no estuviera allí. O hablaban muy alto, como si tuviera el cerebro dañado. Y siempre, se comportaron como si debie-sh-debiera sentir vergüenza de ella cuando yo... Oh, Dios, Jacob. ¡Oh!
Temblando violentamente, Renesmee empezó a llegar en líquidos tirones largos, tan fuerte, incluso los músculos de su apretado estómago. Era como si el placer la abriera de par en par. Aún antes de que su vagina detuviera sus convulsiones, enterró su cara en el cuello de Jacob y se echó a llorar.
No podía detenerse, no podía luchar en contra aunque su vida dependiera de ello. El sexo caliente y su clímax habían derribado simplemente cualquier defensa que pudiera haber reunido y la dejó vulnerable, abierta a su más profunda tristeza.
Lloró hasta que apenas podía recobrar el aliento, y luego lloró un poco más. Lloró su dolor, su rabia y su miedo. Lloró por las largas noches solitarias en las que no se atrevía a llorar porque Carlie vería su cara hinchada por la mañana y lo sabría. Lloró por tres vidas maravillosas cortadas tan trágicamente, dejándola en el otro lado de la pared entre la vida y la muerte.
Y lloró, porque, a veces, había sentido como si ella no estuviera en el lado vivo de esa pared, sino en el otro lado. ¿Cuántas veces se había sentido tan muerta por dentro, que fue una sorpresa recordar que ella no había muerto con ellos?
Lloró hasta que su garganta quedó en carne viva, hasta su pecho le dolía con cada aliento tembloroso, hasta que, finalmente, no hubo más lágrimas para llorar.
En todo momento, Jacob la abrazó con fuerza, todavía dentro de ella, pero inmóvil. Él no trató de hablar con ella, quizás percatándose de que estaba más allá de las palabras. Y ella había oído todas las palabras, de todos modos.
Tienes que dejar de lado tu luto. Tú debes seguir adelante con tu vida, Renesmee. El sufrimiento es un proceso y tú no estás procesando tus emociones en absoluto.
Era cierto. A veces, se sentía sumida en un profundo agujero negro, sin fondo, sofocante y con sólo la más débil de las luces arriba. Las palabras de otras personas que hablaban apenas la podían alcanzar.
Así que él sabía que no debía decirle nada. Le dio algo mejor, la comodidad de su cuerpo. Con todas las miles y miles de palabras que sus amigos le habían ofrecido, a nadie se le había ocurrido abrazarla, para dejarla llorar en los brazos de alguien, como Jacob estaba haciendo.
Finalmente, las lágrimas se detuvieron, y ella yació bajo él, tratando de recobrar el aliento. Lentamente y con tanta suavidad que quería llorar, él se retiró de ella, todavía sosteniéndola fuerte, le dio la vuelta poniéndola encima. Ahora ella estaba acostada caliente, apretada, con la cabeza en su hombro. Su hombro muy húmedo. No podía controlar sus músculos o sus pensamientos, tan devastados como si ella hubiera tenido un accidente grave.
—Lo siento —dijo aturdida.
Él le limpió la cara con algo.
—Yo sé de pérdidas —dijo él en voz baja—. ¿Te sientes mejor? —Metió la mano bajo el pelo para darle masaje en el cuero cabelludo.
—Sí, gracias —dijo Renesmee amablemente con una voz empapada, luego se detuvo. Se sentía mejor.
Se sentía como si el ataque de llanto hubiera aflojado una bola de bilis negra que había estado envenenando su organismo durante mucho, mucho tiempo.
El limpió su cara otra vez. Ella soltó una media carcajada.
—No puedo creer que vinieras a la cama con un pañuelo.
—No es un pañuelo —dijo él con total naturalidad—. Es la sábana.
Renesmee parpadeó, horrorizada.
—¿He estado llorando y sonándome la nariz en mi sábana?
—Está bien. —Oh Dios, cómo le gustaba a ella su voz. Tan profunda, tan tranquila. Si pudiera ser embotellada podría venderse como un tranquilizante. Mejor que el Prozac—. Podemos cambiar las sábanas.
Nosotros. Una pequeña palabra y significaba mucho. Podemos cambiar las sábanas.
Renesmee se dio cuenta de que era la primera vez desde la muerte de sus padres que se daba cuenta que no estaba sola ante un problema. Los amigos y las citas ocasionales de algún modo siempre fueron para pasar una tarde fuera o una noche en el teatro, pero ella siempre estaba sola con sus problemas.
Éste detalle era estúpido y menor. Ella tenía un montón de sábanas, pero algo en su voz le dijo que él la apoyaría en más que sábanas.
—Tú no habrías escapado de Carlie —dijo ella. No era una pregunta.
—No. —Su mano apretada en el pelo. —Yo no lo habría hecho.
Ella levantó la cabeza de su hombro para examinar su cara.
—Desearía haberte conocido antes.
Algo—una emoción fuerte— cruzó su cara. Los surcos alrededor de su boca se profundizaron, y la piel de sus pómulos se puso tensa.
—También desearía haber estado por aquí antes.

Brighton Beach.

Brighton Beach, una comunidad de 150.000, es parte de Brooklyn. Su apodo es "La pequeña Odessa" porque la mayor parte de sus habitantes son inmigrantes rusos.
Riley apreció la ironía, porque él había encontrado al hombre que iba a ver en la Gran Odessa—la verdadera. Había conocido a Jasper Whitlock a finales de los años ochenta, cuando todo el mundo, con dos ojos en la cara y un cerebro, sabía que la Unión Soviética se iba a pique.
La CIA no lo sabía —la CIA no puede encontrar un asno con las dos manos y un palo— pero alguien situado al este del Elba lo había sabido.
Jasper en ese momento era el mayor traficante de armas del mundo, operaba en una torre de apartamentos difícil de describir en Odessa, abasteciendo de armas al Mujahidin en Afganistán tan rápido como podía canalizarlos. Riley había sido un joven soldado de las Fuerzas Especiales y se ha encargado de suministrar dinero a Jasper, en maletines con medio millón de dólares a la vez. Él había calculado una vez que el gobierno de . había volcado al menos 10 millones de dólares en manos de Jasper.
Era la relación calidad-precio, también. Jasper era conocido por sus productos de calidad. Tenía cuatro ex soldados rusos que habían sido armeros en su nómina, y cuando comprabas armas a Jasper, tenías exactamente lo que habías pagado, en buenas condiciones, limpias, engrasadas y listas para usar.
La carrera de Jasper se detuvo el 11 de Septiembre. En realidad, se detuvo el 10 de septiembre, cuando se enteró que Shah Masood Achmed había sido asesinado.
Riley estaba en Odessa aquel día, el día en que la radio de onda corta dio la noticia, y vio, asombrado, como Jasper inmediatamente comenzó a empacar sus cosas, en silencio, sin emociones.
—Vienen malos tiempos, —fue su única respuesta cuando Riley preguntó qué estaba pasando. —Este negocio se acabó.
Un día más tarde, Riley se dio cuenta de que Jasper tenía razón. Jasper tuvo razón al interrumpir el suministro a los talibanes porque todo el peso del gobierno de . habría intervenido para aplastarlo. Jasper era inteligente, y sabía dónde escoger sus batallas. Un mes más tarde, tenía sede en Ostende, Bélgica, al abastecer de armas a Ashad Fatoy, el líder rebelde congoleño, fue donde Riley se cruzó en su camino otra vez. Cuando pudo, contempló forma de trabajar de Jasper, y una vez él pudo advertirle que los agentes de la agencia estatal de seguridad belga de Flandes, el Staatsveiligheid, se acercaban a él.
Desde el diez de septiembre, Riley había observado detalladamente a Jasper, sabiendo siempre que aterrizaría con los sus pies, sabiendo que lo necesitaría algún día. Ese día había llegado.
—Aquí — le dijo al taxista, el sacó lo que el contador marcaba y dejó cinco dólares más de propina sobre el asiento y salió. Era temprano en la tarde, pero el cielo estaba sombrío por la nieve, estaba tan oscuro como de noche. En menos de un minuto, Riley había desaparecido de la vista del taxista.
Cinco minutos y dos manzanas más adelante, sonaba un timbre en una torre de apartamentos anónima, no muy diferente del edificio en el que Jasper había vivido en Odessa.
No importaba el nombre que aparecía en el timbre, él sabía qué botón presionar. El primero. Jasper habría puesto pequeñas trampas explosivas en los pisos inferiores que ralentizarían el camino de cualquier tropa de asalto, en el techo había un helipuerto. Fue su MO, y no había cambiado, en Odessa, en Ostende, en Lagos, y ahora en Brighton Beach.
Una cámara de seguridad giró sobre su eje cuando sonó el timbre y Riley se llevó dos dedos a la frente en señal de saludo irónico. Jasper tenía tres niveles de seguridad, y tardó un cuarto de hora en pasar el examen de dos guardias muy grandes, muy eficientes en equipo de combate fuera de la puerta anodina del décimo piso. Revisado de arriba abajo rápida e impersonalmente, Riley fue conducido a un gran vestíbulo, donde esperó durante unos minutos, con la certeza de que estaba siendo sometido a una completa exploración del cuerpo.
Jasper tenía un montón de enemigos y se habían producido al menos cinco intentos de asesinato, de los que Riley tenía noticias. Ninguno de ellos se había siquiera aproximado. Jasper era un hombre muy difícil de matar.
Riley estaba de acuerdo con las medidas de seguridad y la exploración del cuerpo, él estaba limpio. Había que estar loco para venir armado con algo más grande que un palillo de dientes en presencia de Jasper. Así que él esperó pacientemente el protocolo de seguridad que Jasper había elaborado.
Finalmente, otro guardaespaldas grande, en silencio le indicó que lo siguiera, y caminaron por un largo pasillo, deteniéndose fuera de otra puerta anodina. El guardaespaldas golpeó y luego introdujo a Riley por el umbral.
—Estimado amigo —dijo la profunda voz de Jasper desde la oscuridad—, por favor entra. —Su inglés era excelente, al igual que su francés, alemán, holandés, español y árabe. Jasper creía en hacer sus propias negociaciones, y para ello, tenía que hablar el idioma.
De pelo y ojos claros, Jasper era de estatura media, pero era inmensamente fuerte. Él era un maestro de varias artes marciales, pero más que eso, era un luchador callejero asombrosamente eficaz. Sus manos eran las más grandes que Riley había visto nunca, con los nudillos del tamaño de los pernos de avión con un cuarto de pulgada de callos duros en los bordes. Sus pies eran armas mortales también, casi amarillos de callos. Riley había visto darle un puñetazo a un hombre en la cara con tal ferocidad que le hizo casi tanto daño como le haría una bala. Él había visto a Jasper destruir un saco de boxeo con un solo golpe de su pie.
Él era peligroso como el infierno, pero él tenía su propio loco código moral. Se sabía que Jasper nunca faltaba a su palabra, pero por el mismo motivo uno nunca faltaba a su palabra con él. Si él se convertía en tu enemigo, podías comenzar a planear su funeral.
Jasper estaba de pie, señalando un cómodo sillón.
Todo el cuarto estaba construido para la comodidad de un hombre. A pesar del edificio anodino, las paredes y pasillos áridos, aquí dentro era lujoso. Los sillones de cuero, alfombras gruesas de lujo, un aparador lleno de botellas de licores caros, un humidificador lleno de puros.
La leyenda dice que los puros venían en embarques mensuales directamente desde el propio Fidel, como agradecimiento por algo de lo que Jasper nunca hablaría.
El cuarto tenía el aspecto, olor y la sensación de dinero y poder.
Riley se sentó, desabrochó su chaqueta con un suspiro, sabiendo que podía relajarse completamente por primera vez desde Obuja. Él estaba definitivamente a salvo aquí. Las capas de seguridad, el débil ruido que la puerta había hecho al cerrarse significaba que era a prueba de explosiones, el lujo profundo, la tranquilidad del cuarto, Oh, sí, estaba en buenas manos. Ellos habían pasado la mayor parte de los veinte años técnicamente en lados opuestos, pero Riley estaba del lado de Jasper ahora, y le gustaba lo que veía.
Un vaso de cristal tallado a medio llenar con un líquido de color ámbar estaba a su lado. Tomó un sorbo, apreciando el whisky envejecido de Malta.
—Entonces —dijo finalmente, poniendo el vaso vacío sobre la mesa lateral y girándose a Jasper. —Estas en Estados Unidos ahora. ¿Esto va a ser permanente?
Jasper se encogió de hombros.
—Sí, estoy en el vientre de la bestia, ahora, —respondió él suavemente. —Veremos cómo resulta. Hasta ahora no tengo ninguna queja. ¿Qué puedo hacer por ti?
Riley supuso que más conversación no sería apreciada. Jasper se veía relajado, pero él controlaba un imperio que valía más que muchos países del tercer mundo y que él era un director de participación activa. Su tiempo era muy valioso. Era hora de ir al grano.
Riley se inclinó hacia delante.
—En primer lugar, necesito un ordenador portátil para hacer una investigación en Internet. Uno usado bastara, tendré que tirarlo. Pero asegúrate de que tiene un disco duro con suficiente memoria RAM para hacer una búsqueda seria. No abra huellas digitales, y te garantizo que voy a limpiar el historial de búsqueda antes de tirarlo.
Jasper asintió con la cabeza.
—Tengo uno aquí. Bien, al primer problema.
—En segundo lugar, necesito una nueva identidad que conservaré por un tiempo, hasta que termine mi negocio. Podría llevarme una semana, o un mes. Pero no más allá de eso. Le estoy siguiendo la pista a alguien, y cuando lo encuentre, me reubicaré permanentemente OUTCONUS. En Monte Carlo, estaba pensando. Así que necesitaré un pasaporte para más adelante. No seré de . y la identidad tiene que ser un poco más profunda. Necesitaré un certificado de nacimiento que soporte por lo menos un examen casual.
Jasper inclinó la cabeza con gravedad.
—Considéralo hecho. Uno de los guardias te llevará a mi especialista. Él tiene todo. Él te proveerá de una nueva identidad que aguantara un chequeo informal, y mucho más. Y te conseguirá un pasaporte maltés. Malta es miembro de la UE. Con el pasaporte y el dinero suficiente depositado en un banco de Monte Carlo, puedes conseguir un permiso permanente de estancia. Mantente fuera de problemas por diez años, y obtendrás la nacionalidad.
Ahora Riley sabía dónde habían ido los pasaportes. La embajada de Malta en Zagreb había informado de 190 pasaportes en blanco robados, el valor de una fortuna. Así que habían ido a las manos de Jasper. Era bueno saberlo.
Ahora venía la parte más difícil.
—Eso no es todo. Necesitaré credenciales del FBI y un número y alguien sentado en el otro extremo de ese número listo para verificar que soy un agente especial.
Jasper asintió con la cabeza.
—¿Durante cuánto tiempo?
Los músculos de la mandíbula de Riley saltaron.
—Durante el tiempo que sea necesario. Y voy a necesitar algo de potencia de fuego, pero lo necesitaré dónde voy. Quiero volar limpio.
Jasper proporcionaba un servicio esencial. No sólo él obtenía las armas que querías, "frías", imposibles de encontrar, y en perfecto estado de funcionamiento, pero podría llegar a ti en el momento y el lugar de su elección. La red de Jasper se extendía a lo largo del mundo, y él podía proporcionar casi cualquier arma excepto una ojiva nuclear más o menos donde quisieras. Esto te salvaba de tratar de pasar de contrabando armas en los aviones, o de tratar de localizar a los proveedores locales, en particular si quieres comenzar con buen pie.
Jasper tomó un sorbo de whisky y habló con calma.
—Dime lo que necesitas y dónde.
Riley lo enumeró.
—Una Beretta 92 con tres cargadores y el aparejo de los hombros y un Kel-Tec P-32 para respaldo con tres revistas, un fusil M-40 con un alcance de 10X, funda de transporte y cuatro cajas de munición. Todos ellos deben ser armas frías.
—Por supuesto —dijo Jasper, el temperamento equilibrado ligeramente alterado. Su reputación estaba en juego—. ¿Y dónde las necesitas?
La pregunta de los 20 millones de dólares.
—No lo sé aún. Cuando lo sepa, te lo haré saber inmediatamente. ¿Cuánto me va a costar esto?
—Doscientos mil dólares —dijo Jasper rápidamente, y Riley apenas se contuvo de sobresaltarse. Casi lo arruinaría. Encontrar a ese hijo de puta Black se hizo urgente. Y cuando lo encontrase, Riley se aseguraría de que muriera lentamente y mal, por todos los problemas que le había hecho pasar.
—Hecho. Dame un número de cuenta corriente y enviaré por correo electrónico la solicitud de inmediato. El banco está abierto veinticuatro horas siete días a la semana. Tendrás tu dinero dentro de veinticuatro horas.
—Oh, eso no es un problema —dijo Jasper, su voz suave. —Confío en ti.
Él podía, también. A pesar de que Riley se quedaría con menos de diez mil dólares en su cuenta corriente, hacer trampa sobre el acuerdo no se le paso por la cabeza. La última persona que había engañado a Jasper se había atragantado con su pene, que había sido cortado y envuelto en los intestinos que se habían derramado fuera de su barriga abierta. No, Jasper podía confiar en él.
Y de todas maneras, cuando Riley encontrara a Black sería rico. No tan rico como Jasper, pero casi.
—¿Hay algo más?
Aún si lo hubiera, Riley no podía permitírselo.
—No, eso es todo.
—¿Entonces qué estamos haciendo aquí? —dijo Jasper levantándose—. Mis hombres te acompañarán a nuestras instalaciones de identificación. No debería llevar mucho tiempo. Alguien estará respondiendo un número de teléfono que se te dará durante un mes, todo el día, listo para verificar tu identidad como un agente del FBI. Si requieres el servicio por más de un mes, te costará más.
—No, un mes debería estar bien. —Riley era un buen rastreador, el mejor. Iba a encontrar Black antes de que terminara el mes.
—Entonces tenemos un trato. — Jasper le tendió la mano, y Riley la tomó. La mano estaba fría y seca, el apretón fuerte.
—Déjame saber donde necesitarás tus armas.
Riley asintió con la cabeza. No hubo ningún signo abierto, ningún botón pulsado, pero la puerta de acero se abrió de repente, dos guardaespaldas del otro lado dispuestos a acompañarlo a donde él conseguiría su identificación.
—Por cierto —dijo Jasper con su voz fría y precisa cuando estaban de pie en el umbral. —Cuando recuperes tus diamantes, me los traes. Puedo obtener un muy buen precio.
La puerta de acero se cerró en la asombrada cara de Riley.