Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lisa Marie Rice.
CAPÍTULO 13
Riley aparcó cerca de un kilómetro y medio de distancia de la casa de Renesmee Cullen. Había estudiado las fotos por satélite y los mapas con cuidado y había conducido principalmente a través de callejones secundarios y calles apartadas del centro.
No tenía que haberse molestado realmente. El tiempo era tan malo que no había nadie por los alrededores. Los que trabajaban ya se habían marchado, y los demás estaban en casa, abrigados del helado aguanieve. Era un barrio residencial y en circunstancias normales se podría encontrar con alguien en cualquier momento paseando al perro o haciendo footing, pero no con este tiempo.
Esto hacía el trabajo fácil. Tan fácilmente, que incluso era capaz de entrar por la puerta principal. La cerradura era una broma, y una vez que entró, pudo entender por qué. Aunque la casa era grande, tenía muy pocos muebles, ningún cuadro en las paredes, nada hospitalario en la casa de lujo, equipos de música, muy poca plata y ningún adorno caro. Básicamente, no había nada para robar.
Excepto, por supuesto, por unos 20 millones de dólares en diamantes.
Riley examinó la casa con cuidado, habitación por habitación, asegurándose de que dejaba todo tal y como estaba. Fue rápido, ya que los cuartos estaban casi vacíos. No vio ninguna señal de que alguien a parte de una mujer viviera allí hasta que llegó arriba al dormitorio principal.
Había una gran bolsa de lona negra y una maleta sobre el suelo del dormitorio con ropa de hombre, de un tamaño enorme. Bingo. Así que Jacob se había metido rápido en los pantalones de la bonita dama.
Bien hecho, as, pensó. Acabas de ponérmelo más fácil. Coger a la mujer, ponerle un arma en la cabeza y Jacob cantaría. Oh, sí.
Riley examinó la bolsa de Jacob muy a fondo. No había ni armas ni ningún diamante. Esto significaba que Black los llevaba, y había ocultado los diamantes en alguna parte.
Riley se quedó de pie, con la sangre aporreándole en los oídos, con los puños apretados. ¡Estaba tan cerca, tan malditamente cerca!
Golpeó con su puño sobre el aparador, luego se pasó la mano por el pelo corto.
Había abandonado diez mil dólares, si no recuperaba los diamantes, ¿cómo diablos se suponía que iba a vivir?
Era completamente posible que Jacob hubiera escondido los diamantes en algún sitio en la casa, pero Jacob era un hombre cuidadoso. Si los hubiera escondido en algún lugar aquí, Riley tendría que echar la casa abajo. Esto requeriría tiempo, y Black podría llegar mientras estaba buscando. Y en cualquier caso, Black sabría que alguien estaba detrás de él.
Riley lo pensó detenidamente. ¿Dejaría Jacob una jodida fortuna en diamantes en la casa de esta mujer? Si, seguro, se la estaba follando, pero él no la había visto durante años. ¿Cómo podría saber él que ella no se largaría con ellos? ¿Y cómo podría saber que la casa estaba lo suficientemente bien para encontrar un buen lugar para esconderlos? No, no tendría sentido para él esconderlos aquí. Los habría escondido en otra parte, en algún lugar donde sólo él podría tener acceso, como en la caja de seguridad de un banco o un almacén de alquiler.
Chico inteligente. Pensó Riley. Pero no lo suficiente.
Salió silenciosamente y regresó a su Tahoe de alquiler.
Hora de visitar a Renesmee Cullen.
.
Lo malo de no tener clientes es que esto da lugar a tener demasiado tiempo para pensar.
Renesmee caminaba aturdida después de que Jane la dejó, enderezando los libros distraídamente y quitando el polvo de los estantes.
Averiguar que el hombre con el que estaba saliendo... o lo que fuese que estaban haciendo, era rico no era necesariamente algo malo. Especialmente cuando era inmensamente rico, como al parecer lo era Jacob. Ocho millones de dólares.
Le costaba conseguir que su mente asumiese ese pensamiento. Y le resultaba imposible relacionarlo con Jacob Black.
Los hombres ricos eran vanidosos, les gustaba la buena vida, y de alguna manera se sentían bendecidos y mejor que los demás. Como Alec, por ejemplo. Renesmee trató de imaginarse a Alec vestidos con vaqueros rotos, viejas botas, y una chaqueta vaquera en pleno invierno.
Imposible.
Los hombres ricos contrataban a otras personas para hacer el trabajo sucio por ellos. A Renesmee le costaba imaginarse a un hombre rico luchando con su caldera, haciendo todas las reparaciones que había hecho Jacob, quitando la nieve de su entrada. Un hombre rico automáticamente habría cogido el teléfono y contratado a alguien para quitar la nieve en vez de gastar un par de horas haciendo el trabajo sucio, un trabajo agotador.
Trató de imaginarse a Alec quitando la nieve a paladas y resoplando. Renesmee se entretuvo con la imagen de Alec, con su conjunto de invierno de Calvin Klein y sus guantes de cachemira forrados, palear la nieve, arruinando su manicura. La imagen era tan atractiva que en realidad se echó a reír cuando él entró en la librería, pensando que él era un producto de su imaginación.
Él juntó sus manos cubiertas por guantes y sonrió alegremente cuando vio su sonrisa.
—¡Renesmee, querida, que bueno verte! —Apretó sus hombros y se inclinó para besarla. Ella apartó su cara en el último minuto, y él trasladó su beso a la mejilla en lugar de en su boca.
¡Oh, Dios mío, era Alec... en carne y hueso!
La última vez que lo había visto había sido para tomar una copa desastrosa, en Masen después de una cena muy agradable en octubre. La cena había sido tan agradable, y ella había estado tan agradecida por ese respiro, que le había invitado a tomar un whisky sólo para que él se comportase mal con Carlie.
—¿Qué estás haciendo aquí? —Le preguntó sin rodeos.
Se quitó la chaqueta y los guantes sin prisa, mirando a su alrededor en la librería. Renesmee no tenía ni idea de lo que pensaba él de Primera Página. A Alec le gustaban las cosas elegantes y modernas, que Primera Página desde luego no lo era. Se volvió y concentró su mirada en ella.
—Pensé en pasar por aquí y verte. No he tenido todavía la oportunidad de ofrecerte mis condolencias por la muerte de tu hermana.
Uh-uh. Obviamente, había estado increíblemente ocupado durante los dos últimos meses para no ser capaz de pasar o descolgar el teléfono o escribir una nota.
Pero Renesmee había sido educada por sus padres para ser educada. A menudo pensaba en esto como una desventaja.
—Gracias, Alec. —Hizo otro amago de sonrisa—. Es muy atento de tu parte. Te lo agradezco.
Él asintió con la cabeza, incapaz de captar su tono irónico. Miró a su alrededor de nuevo, y luego a ella, esperando.
Renesmee reprimió un suspiro. Ni siquiera podía alegar que estaba ocupada. La tienda estaba desierta, como el exterior de la calle. Era completamente posible que la ciudad entera estuviese desierta. Todo el mundo se había quedado en casa.
—Por favor, siéntate, Alec. ¿Puedo ofrecerte una taza de té? —Tal vez el sólo pasaba y quería algo caliente. Tal vez si ella le ofrecía te, él se marcharía. Renesmee no creía que él se hubiera detenido a por un libro. En todos los años que lo conocía, nunca había leído un libro, que ella supiese. Leía las reseñas, así parecía que estaba bien informado, pero nunca había leído un libro real, que ella pudiese decir.
Le dirigió una alarmante cálida sonrisa y colocó su mano sobre la suya.
—Me encantaría una taza de té, gracias.
Gracias a Dios por su pequeño microondas de segunda mano de su oficina. En tres minutos, volvió con dos tazas de té con vainilla, reprendiéndose a sí misma por su crueldad.
No era culpa de Alec que fuera un asno. Y su visita rompía la monotonía de una tarde sin fin en la tienda vacía, esperando que Jacob viniese a recogerla. Y esto la distraía de la especulación infinita sobre el dinero de Jacob y de dónde venía.
Así que se inclinó hacia delante con genuina calidez para darle la taza y se quedó asombrada cuando él le agarró la otra mano y se la besó. La sostuvo durante un largo momento entre sus manos.
—¿Uh, Alec?
—¿Si, querida? —Él le sonrió.
—Necesito recuperar mi mano, para poder tomar el té. Por favor.
—Por supuesto. —Le liberó la mano y se echó hacia atrás, bebiendo a sorbos, completamente a gusto—. Así que… ¿cómo fue tu Navidad?
No te ruborices, se dijo Renesmee con furia y logró a fuerza de voluntad mantener su color controlado. Oh, Dios, no podía decirle a Alec cómo había pasado la Navidad. Incluso si hubiese querido confiar en él—algo que sin duda no quería hacer—, no tenía ni idea si Jacob quería airear su relación, o lo que fuera que estaban teniendo, a los cuatro vientos. Contárselo a Alec era el equivalente a poner un anuncio en el periódico local.
¿Qué podía decir? Si le decía que estaba con alguien, él querría conocerlo inmediatamente.
Y ella era una mentirosa horrorosa. ¿Qué podría decirle que no fuese una mentira, pero no exactamente la verdad?
—Fue… tranquila —le dijo finalmente.
Él asintió con la cabeza, como si esa hubiese sido la respuesta que esperaba.
—No te llamé porque pensé que tal vez querrías estar sola durante las vacaciones. Sé que las Navidades siempre son difíciles para ti. Pero ya lo sabes, Renesmee, el proceso de duelo debe llega a su fin. Todavía eres una mujer joven, y ahora Carlie... bueno, Carlie se ha ido a un sitio mejor, y debes empezar a pensar en ti misma. Hay etapas del duelo, ya sabes…
Renesmee se evadió. Este era un discurso que ella había oído miles de veces antes que a Alec.
Él estaba sentado directamente bajo la lámpara del techo, que tornaba su pelo perfectamente peinado en oro puro. Sin duda era un hombre guapo, y definitivamente él lo sabía. Renesmee lo miraba mientras él le soltaba su pequeño sermón, escuchando una palabra de cada diez.
La luz también se reflejaba en la parte superior de su cabeza. Ella lo miró de reojo, procurando disfrazar su interés.
¿Era eso su cuero cabelludo lo que estaba viendo a través de las hebras rubias? Sí, definitivamente era su piel, no el pelo en las sienes. El pelo de las sienes le estaba retrocediendo ¿Iba Alec a quedarse calvo?
A él no le gustaría eso. Renesmee se lo imaginaba usando cada caro producto capilar que existiera sobre la tierra y si finalmente, pisaba el trágico camino de la calvicie masculina, haciéndose un implante de pelo. Jane estaba absolutamente segura que él ya se había hecho un pequeño retoque y cirugía estética alrededor de los ojos, pero sin embargo mirándolo con cuidado, ella no podía ver ninguna señal. ¿Pero qué sabía ella? No era precisamente una experta.
—¿Qué dices? Creo que sería fantástico, y pienso que esto te animaría. Sé que pasarías un tiempo maravilloso.
Había llegado al final de su pequeña charla, y ella ni siquiera lo había escuchado. O, demonios, le había dicho algo que requería una respuesta. Si, definitivamente estaba fuera de lugar, sin saber lo que estaba aceptando. Y no—bueno, Alec no era demasiado aficionado a los no.
Ella le acarició la mano y le mintió.
—Lo siento mucho, Alec. Estoy esperando al repartidor, que se supone, me trae los nuevos pedidos de la semana. Es nuevo, y no sabrá aparcar en la parte de atrás. Me ha parecido oír su furgoneta fuera, pero no era él después de todo. Sin embargo, me temo que me he perdido lo que me estabas diciendo. ¿Te importaría repetirlo?
Sus rubias cejas se juntaron molestas y exhaló un pequeño suspiro.
—Dije, que tengo entradas para la Traviata el próximo sábado en Seattle. Asientos de palco. Así que he pensado que podríamos pasar un fin de semana allí. Limpiaré mi agenda el viernes por la tarde y tú puedes cerrar temprano. He reservado una habitación en el hotel Fairmont Olympic. Sé que te encanta ese hotel, y han pasado años desde que estuviste allí, ¿no es cierto? Nos relajaremos y pasaremos un buen rato. Estaremos juntos. Y luego, el domingo, hay algunas personas que me gustaría que conocieras. —Posó una mano sobre la suya—. Estaremos juntos como en los viejos tiempos, ¿eh?
Renesmee se limitó a mirarlo. Esto estaba más allá de lo alarmante. ¡Se había adelantado y había iniciado una nueva ronda de su relación con ella! Excepto que ella no tenía ninguna intención de seguir adelante. Ella tenía más importantes y mejores cosas que hacer.
—Alec... ¿has reservado ya la habitación? ¡Estás loco! No puedo ir a Seattle contigo la próxima semana.
Su cabeza se echó hacia atrás, sorprendido por su reacción.
—¡Pero tengo las entradas! Son casi imposibles de encontrar. Renesmee, léeme los labios. La Traviata. Y el Fairmont. ¿Cómo puedes decir que no?
Esto iba demasiado lejos, incluso para él.
—Alec, ¿quieres decirme que compraste las entradas más caras para la ópera y reservaste una habitación en el hotel Fairmont y ni siquiera se te ocurrió preguntarme si quería ir?
Alec parecía absolutamente en blanco.
—Bueno, ¿por qué no quieres ir? Quiero decir que no es como...
No es como si tuvieras algo mejor que hacer.
Las palabras colgaron allí en el cuarto. La boca de Alec se había cerrado, lo que era una buena cosa porque si decía solo una palabra más, iba a golpearlo.
Bueno, ya era suficiente. Renesmee se levantó, y asustado, Alec se levantó también.
—Lo siento, no puedo aceptar tu invitación, Alec. —No es que hubiese sido una invitación. Más bien había sido como una orden de comparecencia. Pero me temo que voy a estar ocupada el próximo fin de semana. —Y el fin de semana siguiente, y el siguiente de este también—. Y la próxima vez que quieras invitar a una mujer a salir, podrías preguntarle primero antes de hacer todos esos arreglos. Ahora, si me disculpas.
—¡Espera! Renesmee, espera. —La agarró por la parte superior de sus brazos. Ella se miró los brazos y luego a él—. Siento que esto saliera mal. Escucha, creo que tenemos que recuperar nuestra relación en algún punto de equilibrio. Y pensé que una escapada romántica durante un fin de semana sería una forma fabulosa para hacerlo. ¿No lo crees así? —Le sonrió, su habitual sonrisa encantadora que no funcionaba en absoluto—. Vamos, sabes que has pasado momentos duros. Quiero tratarte con todos los lujos. Sabes que estamos destinados a estar juntos.
Renesmee trató de zafarse, pero su agarre era muy fuerte. Él entrenaba mucho en el gimnasio.
—Alec, odio decirte eso, pero no tenemos ninguna relación. En todo caso, tú tienes una relación con la morena con la que te vi la semana pasada. —Considerando que tenía la mano dentro de su falda y su lengua metida hasta la garganta. Renesmee los había visto saliendo de un restaurante de moda italiano, Patrizio's cuando iba conduciendo hasta casa tarde una noche después de haber estado en la tienda colocando los libros nuevos.
—Oh-oh. —Su cara se despejó—. Estás celosa. Eso es todo. Oh, cariño, te lo prometo, no tienes ningún motivo para estar celosa sobre ello. Aquella mujer no significaba nada. Tú eres la que me importas. Siempre ha sido así. Siempre lo será. Ahora es nuestro momento, Renesmee. Por fin.
Para su horror, la atrajo hacia sí y la besó. Esto no era el beso de una primera cita tampoco. Se habían acostado juntos y él suponía que tenía derecho a ir de lleno, con besos de lengua dentro de su boca.
Renesmee trató de apartarse, pero él le sostenía la parte posterior de su cabeza, con fuerza, retorciendo los dedos en su pelo. Le hacía daño. Agarrándola tan fuerte, que parecía que sus costillas se estaban rompiendo. Y—de forma horrorosa—se restregó contra ella y pudo sentir el inicio de una erección contra su montículo.
Esto la galvanizó. No quería sentir su pene contra ella. Jacob. Comenzó a empujarlo en serio, tratando de decirle que ya bastaba, pero su boca absorbió sus palabras. Terminó haciendo sonidos de protesta, golpeando los puños contra su pecho.
Él se frotó aún más fuerte contra ella, y sintió su erección levantarse completamente. ¡Dios, esto era horrible!
Tenía los ojos cerrados, como si se tratara de un momento romántico entre dos amantes, y no un acto de fuerza.
Su lengua se movía dentro de su boca como una babosa húmeda y caliente, y se puso enferma. Luchó más fuerte, tratando de darle patadas, logrando sobre todo magullarle los dedos de los pies. Su mano se apretó en su pelo, tirándole con tanta fuerza que le hizo brotar lágrimas en los ojos.
¡Ouch! ¡Me estás haciendo daño! Las palabras estaban allí, en su garganta, pero no podía decirlas, sólo podía hacer ruidos de horror. Finalmente consiguió darle una patada, pero solo consiguió que le agarrase la cabeza con más fuerza hacia él. Ahora estaba frenético, chocando sus dientes contra los suyos cuando cambió el beso para profundizar más en su boca, frotando las caderas contra ella. Ruidos horribles salían de su garganta, podía sentir su pene hinchándose aún más.
Él le mordió el labio, haciéndole sangre. Ella pudo saborear su sangre, y él también. Su pene se onduló con la excitación, y gimió, moliéndose a sí mismo contra ella. Su sangre lo excitaba.
Oh, Dios, esto nunca debía haberle ocurrido. El par de veces que ellos habían hecho el amor, había sido absolutamente suave. Agradable, pero no demasiado.
Totalmente inmemorable.
Pero en este momento, parecía que Alec tenía una vena cruel que ella nunca había sospechado. Él se estaba excitando con el dolor. Definitivamente excitado con el sabor de su sangre y con su dolor.
Ella estaba luchando en serio ahora, dándole patadas, gritando en su boca, tratando de darle un puñetazo, aunque era casi imposible mientras la sostenía tan cerca de él.
Ella estaba temblando de rabia, intentando librarse en vano cuando de repente estuvo libre, con una sensación de vértigo al recuperar el equilibrio, miró fijamente.
Jacob estaba agarrando el brazo de Alec dislocándolo detrás de su espalda, tan fuertemente que Alec estaba de puntillas, jadeando de dolor.
Estaba pálido, las hebras de su pelo rubio le caían por la frente, los ojos desenfocados, con un pequeño hilo de sangre en la comisura de su boca. La sangre de ella.
Sus ojos eran salvajes, tan abiertos que podía ver el blanco alrededor de sus iris.
Aunque Alec se estaba retorciendo frenéticamente para soltarse de las manos de Jacob, era imposible. Jacob estaba completamente inmóvil, con los pies reforzados separados, asiendo a Alec sólo con su mano en la muñeca, pero parecía como si Alec tuviese puestos grilletes de acero.
—Tócala otra vez, hijo de puta, y te romperé el brazo. Justo después de romperte el jodido cuello.
La voz de Jacob era baja, viciosa. Los ojos de Alec se ensancharon, y luego gritó cuando Jacob forzó su apretón.
—¡Suélteme! ¿Quién diablos es usted? ¡Renesmee! ¡Dile a este maníaco que me suelte! ¡Ahhh! —Su voz se elevó con el pánico cuando Jacob levantó la mano, Alec se encontraba completamente de puntillas ahora, y si se apoyaba en los talones, se rompería el brazo contra el fuerte, implacable, asimiento de Jacob. Alec estaba sudando, con la cara completamente exangüe—. ¡Renesmee, dile que me suelte!
Jacob levantó la mano un centímetro, y Alec gritó de dolor, retorciéndose, fuera de control.
Jacob no había perdido el control en absoluto. Estaba completamente quieto, ni siquiera estaba respirando con dificultad, pero algo frío y salvaje en sus ojos la hizo dar un paso adelante y tocarle el brazo. Más tarde, ella reflexionaría sobre el hecho de que no sentía miedo de él, incluso en medio de un acto de violencia.
Acababa de ser maltratada por Alec, un cachorro de perro comparado con Jacob, que parecía completamente capaz de una violencia aterradora, pero ella no lo temió ni por un segundo. Instintivamente, el conocimiento brotando desde el lugar más profundo de sí misma, un lugar tranquilo en el fondo de ella confiaba en él, sabía que no le haría daño.
Tiró de la muñeca de Alec un centímetro más alto, y Alec gritó.
Satisfecho como debía parecer, ella no podía mantenerse al margen y ver a Jacob rompiéndole el brazo a Alec.
—Jacob, —susurró, poniendo la mano sobre su brazo—. No lo hagas. Esto es suficiente.
Sus ojos oscuros se redujeron a ranuras, con una luz violeta en ellos. Sin soltar a Alec con facilidad que estaba retorciéndose, extendió la otra mano libre para tocar la comisura de su boca, limpiándole el hilo de sangre.
—Podría matarlo sólo por esto —dijo. Hubo algo en su voz que hizo que los ojos de Alec se ampliaran con el pánico.
—No. —Si había una cosa que Renesmee sabía, era que no quería más violencia. Ya se sentía mal del estómago después de su lucha con Alec, avergonzada por no haber visto nunca debajo de su superficie. Tenía un nudo en el estómago con la tensión.
—Déjalo ir, Jacob.
Él la miró, duro, con los músculos de su mandíbula saltando. Todo su lenguaje corporal gritaba que quería venganza. La podría tener, también. Alec era una especie de rata de gimnasio, pero no era absolutamente ningún rival para Jacob, que tenía un concepto diferente de fuerza y conocimiento de las artes marciales. Había sometido a Alec con una ridícula facilidad, y Renesmee no tenía ninguna duda de que podría haber limpiado el suelo con él.
Había una sombra de extrema violencia cerniéndose en el cuarto, visible en las líneas marcadas alrededor de los ojos de Jacob, en la luz caliente de rabia en sus ojos, en su postura. Renesmee estaba absolutamente segura de que Jacob podría ser capaz de matar a Alec. Que él era físicamente capaz, y que podría hacerlo sin remordimientos.
Era un soldado, después de todo, y eso era lo que hacían los soldados. Matar a sus enemigos.
—Deja que se vaya. Ahora, Jacob —susurró y eso fue suficiente. Jacob lo soltó bruscamente y Alec se tambaleó para mantener el equilibrio. Se frotó la bola de su hombro, mirando airadamente a Jacob, y luego a ella, como si hubiese sido tratado injustamente. Tenía el pelo revuelto y estaba sudando mucho.
—¡Hijo de puta, vas a vivir para arrepentirte de esto! —juró Alec, arrastrando las palabras. Era una señal de lo trastornado que estaba. La voz normal de Alec era deliberada, casi una voz cansina, pero ahora él tragaba grandes bocanadas de aire, las palabras saliendo de él—. ¡Soy abogado, idiota, y será mejor que creas que voy a demandar tu lamentable culo por tanto dinero que te llevará diez vidas de mierda saldar tu deuda!
En el instante en que Jacob liberó a Alec se giró hacia Renesmee, borrando el pequeño hilo de sangre de su boca, metiendo un mechón de pelo detrás de su oreja. Pero con las palabras de Alec, giró la cabeza y volvió a mirar a Alec.
No hizo nada en absoluto, sólo lo miraba. Renesmee no podía ver su expresión, pero independientemente de la que fuese, estaba segura que Alec estaba asustado. Su cara estaba enrojecida con la rabia, pero ante el fulgor de Jacob, se puso blanco de nuevo, retrocediendo, con las manos hacia delante.
Renesmee pensó que si no hubiese estado allí para detenerlo, Jacob habría usado más violencia de lo que lo había hecho. No necesitaba emitir ninguna amenaza, porque cada línea de su enorme y fuerte cuerpo era una amenaza por sí misma, no había ninguna broma en esto.
Cinco segundos después de que Jacob le soltara el brazo, Alec había cogido su sombrero y su abrigo y salió por la puerta tan rápido que la campana sobre la puerta seguía sonando cuando estaba doblando por la esquina y había desaparecido de la vista.
De repente, la adrenalina de la lucha contra Alec y la violencia que se arremolinaba en el cuarto salió de su sistema, dejándola trastornada y débil. Tembló y se tambaleó un poco sobre sus pies, con un escalofrío en su corazón drenándole toda la energía. Las chispas volaban delante de sus ojos…
Un segundo después, estaba sentada, con una mano fuerte y suave presionándole suavemente su cuello para que pusiese su cabeza entre las rodillas. La mano de Jacob se quedó allí durante un momento, luego la levantó.
—Permanece así durante un minuto y respira profundamente. Enseguida vuelvo.
Respiró profundamente, con los ojos cerrados, sin pensar en nada, hasta que oyó su voz.
—Toma, cariño. —Le colocó una taza humeante delante—. Bébete esto lo más rápidamente que puedas.
Renesmee lo tomó y bebió a sorbos, haciendo una mueca cuando el calor llenó su boca y luchaba contra un ataque de azúcar. Alzó los ojos hasta él.
—¿Cuánto azúcar le has puesto? Hay más azúcar que té.
Él no respondió de inmediato, sólo colocó su mano bajo la suya y la levantó para forzarla a tomar otro sorbo.
—Estás un poco conmocionada por lo que necesitas calor, líquidos y azúcar. Si fueses un soldado en un campo de batalla, esto no sería té muy dulce, sería una intravenosa de glucosa. Sé que no te gusta, pero debes beber. Te sentirás mejor después, confía en mí.
Realmente confiaba en él, por instinto. Renesmee trató de sonreír, un poco avergonzada por su reacción.
—No soy un soldado que ha caído en batalla. Me siento como una tonta necesitando una taza de té.
—No lo estés. —Su voz era tranquila mientras le observaba beber—. Debes estar en shock. Me imagino que no esperabas que se volviera violento.
Era una pregunta.
—No, en absoluto. Nunca hubiera creído que Alec fuese capaz de comportarse así. Lo conozco desde hace mucho tiempo. —Momento de soltar una pequeña y desagradable verdad ahí también—. Nosotros incluso hemos… salido, de vez en cuando. Hemos estado saliendo y rompiendo una y otra vez desde hace mucho tiempo.
Los ojos de Jacob se estrecharon.
—¿Desde qué erais adolescentes?
Renesmee lo miró fijamente por encima de la taza.
—Así es, ¿cómo sabes eso?
Él solamente se encogió de hombros.
—Lo adiviné. ¿Te sientes mejor?
La sensación de estar helada y los temblores se habían ido.
—Sí, lo estoy, en realidad. Aunque también me siento estúpida y una cobarde. Me gustaría pensar que Alec me cogió totalmente por sorpresa, pero la verdad es que no me defendí también. —Lo menos que podría haberle hecho a Alec era morderle la lengua y darle fuertes patadas en las espinillas—. Cuando abras la escuela de autodefensa voy a ser tu primer cliente. Quiero aprender a patear culos de una manera importante.
—¿Si? —La tensión se había ido de su gran cuerpo y él la miró con una media sonrisa.
—Absolutamente.
—Bien, tendrás tantas lecciones gratis como quieras.
—¿Puedes enseñarme lo de la-rodilla-en-las-pelotas?
Él asintió.
—Cuenta con ello. Y el pulgar en la carótida, también. Si se hace bien, hace que tu oponente se caiga al suelo como un buey atontado.
—Suena muy bien. —Lo hacía, también—. No quiero volver a estar en esa posición otra vez. Impotente e incapaz de defenderme.
—No —dijo él con seriedad—. Nunca más. Me llevará los próximos años de mi vida antes de ver que te hagan daño. Llegaremos a un punto donde al menos puedas patear el culo de un blandengue como esta tipo¿cuál era su nombre?
—Alec. Alec Vulturi.
—Un nombre estúpido. —Jacob negó con la cabeza—. Con un nombre así, deberías ser capaz de aprender a derribarlo en diez lecciones. La próxima vez que se acerque a ti, podrás derribarlo sobre su espalda.
Renesmee sonrió. Era un pensamiento agradable. Se sentía mucho más ella misma de nuevo, gracias a la idea de aprender algo básico de autodefensa, lo que sería un buen ejercicio, también, y gracias a la infusión dulce.
Jacob la observaba de cerca.
—Te sientes mejor. Bien. —Miró por la ventana hacia la tarde nubosa. No había pasado nadie aún por la calle en la última media hora. Puso su mano sobre la de ella, y se apoderó de ella cálidamente.
—¿Qué dices si cierras ahora y nos vamos yendo a casa? —Levantó la mano hacia su boca—. Podríamos cenar temprano, y luego hacer el tonto un poco. Dejaré que me lances. ¿Qué dices?
Sentado en su silla, Jacob Black parecía una fuerza inamovible del universo. De ninguna manera ni en un millón de años podría derribarlo, pero era amable de su parte ofrecerse.
Era tan maravilloso estar aquí sentada con él, con su mano sobre la suya, esperando que llegase la noche y entonces —¡Dios!—la noche. Había pasado mucho tiempo, mucho desde que había esperado algo con impaciencia, y él le había dado este regalo.
—Gracias —dijo ella suavemente.
Él estaba observando el exterior de la calle, pero volvió la cabeza al oírla, con el ceño fruncido.
—¿Por qué?
—Oh, por no haberle roto el brazo a Alec, a pesar de que estabas muriendo por hacerlo, diría yo. Por venir a recogerme. Por sólo... estar aquí.
Ella se inclinó hacia delante y presionó sus labios con los de él. Él asumió el beso de inmediato, con la mano en la parte posterior de su cabeza.
Era exactamente el mismo gesto que Alec había utilizado, pero oh, diferente. Jacob no estaba usando la fuerza para controlarla, aunque era probablemente diez veces más fuerte que Alec. A Renesmee se le ocurrió que cada vez que Jacob la tocaba, lo hacía con cuidado, suavemente para no hacerle daño.
Hubo una reunión rápida de labios y él se retiró, con sus ojos buscando los suyos.
—Vámonos a casa, princesa guerrera —le susurró.
.
Riley Biers se hundió profundamente en el apartado del restaurante de la calle de enfrente, con la cabeza inclinada sobre la taza de café que había estado tomando desde hacía un par de horas, y observó a Jacob Black abandonar Primera Página con su brazo alrededor de la cintura de Renesmee Cullen.
No tenía que preocuparse de que lo descubriera. Llevaba una gorra de vigilancia y unas pesadas y oscuras gafas con antena en la montura. Black no lo esperaba, y de todos modos, toda su atención se centraba en la pelirroja que estaba con él. Había explorado la calle por costumbre, pero no esperaría problemas de alguien en el restaurante. La calle estaba vacía, Black miró hacia arriba y hacia abajo, y a continuación, su atención se fijó una vez más en la mujer.
Interesante.
Riley había aprendido mucho desde que había visto a un hombre alto, guapo, rubio y elegante con un abrigo de cachemira igual que el que Riley se iba a comprar cuando recuperase sus diamantes, entrar en Primera Página. La mujer, Renesmee, lo había saludado como a un amigo. Habían hablado, la mujer manteniendo un lenguaje corporal neutro, y entonces habían comenzado a luchar, y el tipo del abrigo de cachemira la agarró y comenzó a empujar la lengua hasta su garganta. La mujer había luchado, pero no iba a ninguna parte.
Riley vio cómo Black aparecía por una esquina, veía lo que estaba pasando a través del escaparte de la tienda, y echaba a correr como un diablo.
Abrigo de Cachemira era un blandengue.
Salió corriendo de la tienda y se metió en un Porsche negro. Lo puso en marcha y salió corriendo, con la parte trasera derrapando por la calle helada.
Riley cogió el número de la matrícula. Sería fácil de localizar.
El rubio Abrigo de Cachemira realmente había tenido suerte de que la mujer ejerciese cierta influencia en Black y fuera capaz de pararlo, porque Jacob era un luchador implacable, se conocía todos los trucos. E indudablemente también tenía un cuchillo de combate con él en alguna parte, y Abrigo de Cachemira había tenido suerte de no haber sido destripado.
Riley nunca había visto a Black perder una pelea o echarse atrás de una. Pero todo lo que la mujer había tenido que hacer fue detenerlo con un toque en el brazo de Black y decirle unas palabras, como si hubiese agitado una varita mágica.
Jacob, se retiró. Era algo que Riley nunca había visto.
Riley miró a Black y a Renesmee Cullen desaparecer por la esquina y apretó los puños. El impulso de levantarse en ese momento, perseguir al hijo de puta de Black y matarle a tiros era aplastante. Riley se aseguraría de matar a la mujer primero, solo para ver sufrir a Black, luego le volaría la cabeza, y Jacob estaría muerto para siempre.
Riley podía verlo, sentirlo, casi olerlo, y la tentación era tan fuerte que rompió a sudar.
Pero por mucho que le encantaría acabar con Black y su mujer en este momento, necesitaba primero los diamantes.
Entonces podría tener su diversión.
