Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Lisa Marie Rice.
CAPÍTULO 14
Jacob estuvo cerca de perderla.
Estaba tan concentrado en conseguir que Renesmee estuviese en casa sana salva, relajada y acurrucada junto al fuego, que tuvo una premonición, justo como antes de las batallas. Todo lo que veía era a Renesmee, en todo lo que podía pensar era en ella, ocupaba hasta el último espacio de su cabeza.
Aún estaba preparado para una escaramuza, la adrenalina seguía fluyendo a través de su sistema, sin vía de escape. La única apropiada hubiera sido aplastar la cara del hijo de puta de Alec y tirarlo en la estación de policía más próxima, por asalto y agresión.
Aunque viviese un millón de años, nunca olvidaría haber visto a Renesmee luchando contra un hombre a través de los ventanales de su librería.
Había roto su propio record de velocidad al llegar ahí y quitarle ese hombre las manos fuera del cuerpo de Renesmee.
Ella había estado en estado de shock, a pesar que se había dirigido a él con humor y gracia. Sin embargo, lo único que quería era tomarla y llevársela a su casa lo más rápido posible.
Jacob tenía siempre un reconocimiento inmediato de la situación. Incluso con un objetivo en mente, él prestaba atención a todo lo que le rodeaba. Solo Renesmee podía haberlo trastornado tanto que a pesar de que tenía la llave puesta en la cerradura y estar girándola recién se percató de los débiles arañazos que había en ella. Rasguños que no había visto antes ahí esa mañana.
En un instante tenía su Glock en la mano y se fue corriendo con Renesmee en su espalda de vuelta a la camioneta alquilada. Él la metió dentro del asiento del conductor asegurándose que tuviera las llaves y cerró la puerta de un portazo.
—¡Jacob!—Su voz se diluyó por la puerta cerrada. Sus ojos se enfocaron en su arma, luego volvieron a él. Lo miró sorprendida. —¿Qué está pasando?
No hubo tiempo para explicarle o tranquilizarla. Quién había irrumpido en su casa podría estar allí y Jacob tenía que agarrarlo rápido.
—Quédate aquí y no te muevas— murmuró y ella lo escuchó a través de la ventana. Renesmee asintió con la cabeza, pálida y con sus ojos achocolatados bien abiertos.
—Buena chica.
Jacob volvió a la puerta principal y entró en silencio con la llave, su arma en alto y con una postura que le permitía cubrir un campo de visión para abrir fuego en 180 grados en dos segundos. Entrada libre, sala de estar libre, cocina libre. Moviéndose rápido y en silencio fue en forma metódica por todas las habitaciones de la casa, desde el sótano hasta el ático.
Por costumbre, había dejado indicadores luminosos en su dormitorio y ahí había señales claras que alguien había andado a través de sus cosas, la cómoda y un armario de Renesmee. Uno o más tipos habían hurgado en sus posesiones personales. Era más difícil de determinar en el resto de la casa ya que no había dejado más indicadores.
Hasta donde Jacob podía ver, nada había sido robado. El televisor y el equipo de música estaban allí, ninguna obra de arte había sido arrancada de las paredes, ciertamente nada suyo había sido robado, aunque no había mucho que robar salvo unos calcetines y ropa interior sucia. Todo lo que tenía de valor estaba en su cuenta corriente y en la bóveda del banco. Por supuesto, tanto el televisor de Renesmee como el equipo de música tenían más de diez años y su valor de reventa estaba cercano a cero. Aunque él no sabía nada de arte, sospechaba que lo que quedaba en las paredes no valía la pena robarlo. Más menos todo lo de valioso en la casa había sido vendido y ni siquiera el mejor de los ladrones del mundo podría robar paredes y un techo. Cuando Jacob tuvo la certeza que la casa estaba vacía, puso su arma en el cinturón de sus pantalones y salió a buscar a Renesmee.
Él la hizo apresurarse por las escaleras.
—¿Qué paso Jacob? ¿Hay alguien dentro de la casa? ¿Hubo un robo en la casa?
Maldita sea, él odiaba su pálida y ansiosa mirada. Si él tuviese al hijo o los hijos de puta que habían irrumpido en la casa de Renesmee, les rompería sus manos, dedo a dedo, para asegurarse que nunca eligieran su cerradura otra vez por el resto de sus vidas. No es que las cerraduras de Renesmee fuesen difíciles de remover. No lo eran, un niño de dos años podría abrirlas. Éstas valían una mierda. Él podría abrirlas con los ojos vendados y con las manos atadas. Cerró la puerta detrás de ellos, sintiendo su tensión, tomó a Renesmee en sus brazos. Demasiadas cosas estaban pasando, todas ellas muy malas. Necesitaba sentirla en sus brazos tanto como necesitaba respirar.
—¿Jacob?—Su voz sonó ahogada a través de la chaqueta, sus brillantes bucles de su cabello rojo oro se le escapaban de su gorro de lana. Jacob se inclinó para besarla suavemente, pasándole la mano por el cuello. Su pulgar lo rozó y sintió el pulso rápido. Abrigándola a salvo en sus brazos, sintiendo los latidos de su corazón, se pudo calmar un poco. —Jacob— Su voz se sonó más fuerte y lo empujó un poco. Jacob abrió los brazos y ella dio un paso hacia atrás para poder mirarlo a la cara—. Dime qué está pasando—miró a su alrededor con cuidado y a continuación atrajo su mirada—. No veo ningún daño.
—No, no hay daños. Cualquier cosa que ellos estuvieran buscando, no estaba aquí. Lo que usualmente buscan son los plasmas, electrónicos de alta tecnología, obras de arte valiosas, artículos de plata.
—Nada queda…—ella dijo— Hace tiempo atrás…—. Sus cejas se juntaron y le clavó la mirada. —Jacob …cuando entraste sacaste un arma. Tú tenías un ARMA. ¿De dónde diablos sacaste un arma?
Uh-oh. Jacob tenía que ser cuidadoso. Renesmee acababa de entrar en su mundo. Él deseaba que ella se sintiera segura sin temerle. Jacob era perfectamente consciente de que la mayoría de las personas considera a los hombres como él paranoicos. Si has vivido tu vida con seguridad y comodidad y no has viajado a los lugares en lo que él había estado, donde la humanidad es más bruta, más cruel y donde la codicia y la lujuria son desenfrenadas, entonces tomas todas las precauciones, Jacob se tomaba esto como el resultado de una mente enferma.
—Siempre estoy armado—, dijo suavemente. Con el peso de su Glock se sintió bien. — Ohh… yo sé cómo manejar una arma en mis manos muy, muy, rápido—
—Quieres decir que todo este tiempo en que hemos estado…—ella hizo un movimiento con la punta del dedo entre ellos—¿Tú has estado armado?
—Sí —dejó que la palabra cayera como una piedra entre ellos. Esta era una parte de él. Una parte integral. Ella tenía que aprender a lidiar con ella. Jacob estaba dispuesto a ceder, pero no en esto. Renesmee parpadeó y soltó una carcajada y media.
—Yo no lo creo.
—Créelo. Yo tengo permiso para llevar un arma oculta y sé cómo usarla, no te preocupes por esto—.Ella lo miraba fijamente.
—Para decirte la verdad, eso ni se me había ocurrido. Aún estoy tratando de sobrellevar el hecho que alguien con quien yo estoy… —ella enrojeció—Que alguien que estoy viendo corra con una ARMA suya. Yo no lo creo, creo que nunca había conocido a alguien que tuviese una, a no ser que se trate del sheriff. No que yo sepa, de todos modos.
—Hay un mundo malo ahí afuera Renesmee—, le dijo gentilmente—.Tienes que estar preparado—.Mierda, esto era verdad. Lo había visto, lo había vivido. En los refugios en los que había crecido, una belleza como Renesmee hubiese sido violada apenas llegara a la pubertad, incluso tal vez antes.
En Afganistán, ella se hubiese vestido con una burka, tapada de la cabeza a los pies, golpeada, si un hombre pudiera oír sus pasos. Ahí también hubiese sido violada, con el placer añadido que hubiese sido sentenciada a muerte por fornicar. En Sierra Leona, Jacob había visto los restos destrozados de las mujeres que habían caído en las manos del Ejército Revolucionario. La muerte para ellas había sido una liberación. Él sabía cómo era el mundo. Estar armado, sintiéndose capaz y dispuesto a defender las cosas que le importaban, se le había incrustado profundamente en los huesos, en su propio ADN. Y ahora, Renesmee encabezaba la lista de las personas que defendería hasta la muerte.
—Una última cosa, cariño—. Jacob le apretó sus hombros. A través de la gruesa chaqueta él podía sentir los huesos, delicados y frágiles. Cualquier cosa de ella era delicada y frágil, en un mundo que se odiaba la belleza y la elegancia. Él pudo haberla perdido en cualquier momento, por cualquiera de los cabrones del mundo. Tenía que recordarlo. —¿Tienes una caja fuerte?—. Renesmee asintió con la cabeza, sus grandes ojos se fijaron en su cara.
—Sí, está…
—No—él le puso un dedo en sus labios —. No me lo digas. Yo no lo necesito saber. Yo quiero que tú veas que en tu caja fuerte esté todo lo que debe estar ahí. ¿Vas a hacer esto por mí?—. Sin otra palabra, ella desapareció escaleras arriba, mientras Jacob se fue otra vez al living de forma más cuidadosa. Él aún no extrañaba nada y tenía una buena memoria visual. Nunca se lograba sorprender de que la mayoría de las personas mantuvieses sus objetos de valor en el living o en el dormitorio. En su propia casa en Carolina del Norte, la caja fuerte estaba detrás de la taza del baño. Renesmee volvió a bajar las escaleras.
—¿Algo no está?
—No— ella sacudió su cabeza, viéndose preocupada—.Todo está donde debe estar. En el dormitorio también —Una rápida mirada por el salón fue suficiente para ella. Estaba familiarizada con su propio espacio—. Y nada falta aquí. No es que haya mucho que robar. ¿Estás seguro que alguien irrumpió en la casa? —.Una imagen vale más que mil palabras. Jacob sólo le tomó la mano y la acompañó al frente de la puerta. La abrió y tomo su mano para frotarla en la cerradura.
—¿Lo sientes? ¿Sientes los ligeros arañazos y abrasiones?—Ella asintió con la cabeza, sus dedos se movían suavemente sobre el bronce y el acero.
—Tal vez siempre estuvieron allí. ¿Cómo puedes decir…?
—Estos no estaban aquí esta mañana, confía en mí. Los arañazos provienen de ganzúas y el ladrón no hubiese tardado más de un minuto y medio para entrar
—¿Cómo lo sabes? y ¿Cómo es que has notado algo tan pequeño como estos rasguños?—.Él tenía su propio conjunto de ganzúas en su bolsa de lona, pero pensó que era mejor no hablar de eso. Ella estaba lo suficientemente asustada ya.
—Estamos capacitados para abrir cerraduras en el ejército, así que sé cómo se ven. Y lo primero que un soldado hace es establecer un perímetro de seguridad y estar al tanto de lo que está dentro de ese perímetro. Me doy cuenta de estas cosas porque fui entrenado para ello. Casi lo primero que noté cuando llegué aquí fue que las cerraduras que tenías eran de las más simples que he visto nunca. Un niño podría entrar a través de ellas, por lo que un ladrón no muy bueno haría lo mismo—.Sus ojos se abrieron y se sonrojó.
—Bueno, lo siento si mis cerraduras no son lo suficientemente buenas, pero esto es lo que tengo, así que acéptalo—.Ella estaba enojada. Bien. A él le gustó que se hubiera perdido la palidez del rostro.
—Mañana a primera hora, pondré un sistema de seguridad decente en este lugar. Tal vez un Pressley o un…
—Guau Jacob—.Sus mejillas estaban rojas ahora. Ella levantó sus manos en señal de espera—.Lo siento, me doy cuenta de la importancia de la seguridad, pero simplemente no puedo permitirme un sistema de seguridad, no del tipo con códigos electrónicos de alarma en las puertas y ventanas. No tengo la certeza de que pueda costear nuevas cerraduras para todas las puertas. Así que esto es algo que simplemente va a tener que esperar.
Algo se le clavó en el pecho a Jacob.
—No espero que lo pagues, Renesmee. Estoy perfectamente dispuesto a comprarlo. Y probablemente podría obtener un buen descuento si uso el nombre de la compañía de mi padre.
—No puedo aceptar eso—.Ella negó con la cabeza, su hermosa boca esbozó una línea terca—.No puedo permitirme el lujo de una rebaja en la renta y ciertamente no puedo aceptar, de tu parte, un sistema de seguridad caro. Así que lo siento, pero el sistema de seguridad no se hará realidad por ahora. Nosotros solo podemos tener la esperanza que los ladrones no regresen. Tal vez en ese submundo de los ladrones, se extienda que no hay nada que robar en Masen excepto por un poco de plata, platos de porcelana y las acuarelas de mi madre.
Jacob deseaba avanzar rápidamente en este tema en las siguientes semanas o el tiempo que fuese necesario, para que esta tontería de no aceptar su dinero terminara. En cambio él deslizó el dedo índice a lo largo de su cuello, por debajo de su delicada clavícula. Ella había tomado su abrigo cuando subió a revisar la caja fuerte que estaba en su dormitorio, a la izquierda. Debajo del abrigo, ella tenía un hermoso jersey turquesa cuello en V, que hacía que sus ojos brillaran.
Él la observó por un momento, recorriendo con el dedo por debajo del collar de su jersey amando sentir su piel, como satén caliente.
—¿Sabes lo que me gustaría hacer?—.Ella negó con la cabeza. Bajo la voz hasta un susurro mientras bajaba su vista al cuello—. Me gustaría comprarte un collar de perlas. Un collar de perlas perfectas. Tu piel está hecha de perlas. Compraría uno rosa pálido, estoy seguro que hay un nombre para eso.
—Entonado—ella sonreía ligeramente.
—Rosa entonado, entonces. Yo te compraría hebras de ellos, te verías tan hermosa y esto me daría mucho placer. Pero ¿sabes qué? —Renesmee negó con la cabeza de nuevo, mirando sus ojos.
—Estoy seguro que tú ya tienes un collar de perlas. ¿Estoy en lo cierto?
—Varios. Y muy bonitos. Pertenecieron a mi madre.
—Uh-huh. Este es mi punto exactamente. Apuesto a que tu padre amaba comprarlos para tu madre. Tú me dijiste que le encantaba malcriarla. Me puedo imaginar cuánto trabajo le costó buscar los más bellos para que tu madre supiera que los había escogido para ella—.El recuerdo de algo hizo sonreír a Renesmee. En esto estaba trabajando. Jacob no estaba acostumbrado a convencer a nadie o a hacer algo por la persuasión. En el Ejército daba órdenes y todas eran obedecidas. Éste era un campo totalmente nuevo para él. Iba a tener que volverse bueno en esta habilidad y rápidamente. Renesmee tenía ideas propias acerca de las cosas y ella no era fácil de convencer.
—Bueno, el punto es éste. Por mucho que me encantara comprarte un collar de perlas, yo no sé una mierda de todas estas cosas. Puedo comprarte el tipo incorrecto, de tamaño equivocado, número o algo —farfulló de alguna forma—.Sólo de pensar de entrar a una joyería me pongo a sudar. Los collares de perlas no han figurado en mi vida en ningún punto, ni en todo mi entrenamiento nunca se les ocurrió, así que estaría pisando aguas muy poco familiares. Pero si hay algo de lo que YO SI SÉ, es de seguridad. Y tú me harías un enorme favor si me dejaras hacerme con un sistema de seguridad para ti, porque así me podría sacar de mi mente la maldita preocupación que un ladrón pudiese llegar y entrar sabiendo que el próximo podría tener un cuchillo o un arma y te atrapara sola si yo no estuviera aquí. ¿Entonces podrías considerar que esto es equivalente a un collar de perlas de un pretendiente? ¿Y un enorme favor para mí?
Su enorme mano estaba calentando su piel, liberando ese tenue olor de rosas que siempre se iba directamente a su polla. Jacob quería solo poder llevarla al piso de arriba, acostarla en su cama, estar encima de ella, dentro de ella, tan pronto y tanto tiempo, como fuera humanamente posible. Pero ella estaba perturbada. Primero el hijo de puta Vulturi, luego habían entrado a su casa, él necesitaba alimentarla y relajarla antes de poder follar. No. Antes de que pudieran hacer el amor. Wow. Es la primera vez que lo había llamado de esta forma en su cabeza. También la primera vez que él deseaba a una mujer dispuesta y decidió dejar el sexo fuera porque ella no estaba sicológicamente lista.
—Odio que alguien estuviese en mi casa, andando entre mis cosas—ella murmuró.
—Sí— él dijo simplemente.
—¿Y tú puedes configurar un sistema al que nadie pueda entrar?—.No se había configurado un sistema al que él no pudiese entrar. Él asintió con su cabeza.
—Bueno supongo me has convencido—.Renesmee tomo una respiración profunda y Jacob heroicamente mantuvo sus ojos en su cara, aunque tenía una excelente visión periférica y podía ver sus pechos un poco inflamados bajo el jersey.
—Yo aceptaré tu regalo y te daré las gracias y creo que te daré un pequeño regalo a cambio… la Cena.
Ella se levantó sobre sus puntillas para besarlo con torpeza al lado de la boca. Jacob se sorprendió tanto que se quedó simplemente ahí como un idiota. En el momento en que pensó en besarla de vuelta, ella había desaparecido dentro de la cocina. Él se quedó parado por un largo rato, escuchando el sonajero de sartenes y de la llave de agua corriendo, recordando la sensación en su pecho cuando ella lo besó. Él se pasó la mano sobre el pecho, donde le dolía.
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Alec se sentó detrás de su escritorio, rechinando sus dientes. Se había peinado el cabello y se había ajustado la ropa en su coche antes de regresar a su oficina, pero debía haber algo visible, lo suficiente para activar las alarmas, la rabia salía de él como el vapor, tal vez, porque su secretario le dirigió una mirada sorprendida antes de seguir su camino.
Había perdido a Renesmee. Doblemente perdido. Era cierto, tal vez no debió empujarla con tanta fuerza. Sin embargo, maldita sea, al entrar a la tienda su lujuria había aumentado. Él había olvidado lo hermosa que era; era ideal para él. De modo que, cuando ella se quedó allí, en su librería de mala muerte de una sola habitación y que probablemente apenas pagaba el alquiler y le dijo a él, ¡a él! que no, ella no quería ir al más fabuloso hotel del estado de Washington se dio cuenta de que la había perdido. Sin ella no quería comprar entradas para la ópera, definitivamente, la había perdido.
Tal vez no debió haberla empujado, pero maldita sea, cuando le dijo que no, algo se le rompió adentro. Renesmee nunca había sido muy buena en la cama, pero cuando luchó contra él, pudo sentir su fuego y se había calentado. No debió haberla empujado tan duro como lo hizo, pero maldición, ella lo había motivado. Y resultó que Renesmee no estaba libre después de todo. Estaba jodiendo con otro y ese otro era territorial y violento. En todos esos años, en el fondo de su mente, Alec había dado por sentado que cuando por fin decidiera establecerse, sería con Renesmee y ella caería en sus brazos con gratitud. Después de todo, él le estaba ofreciendo volver a la vida en la que había nacido y luego perdido con la muerte de sus padres. Siempre esperó que ella estuviera libre y disponible para él. Pero se había relacionado con ese hijo de puta, que estuvo cerca de quebrarle su brazo, y ahora ella ya no era libre. Algo había que hacer y pronto. Ahora que él había tomado una decisión acerca de Renesmee, no iba a dejar que un imbécil violento y vestido como un vagabundo le robara a su mujer. El intercomunicador zumbó.
—Sr. Vulturi tiene una visita—.Sanders presionó el botón.
—No quiero ver a nadie, Lori. No me pases ninguna llamada esta tarde
—Ah…Sr. Vulturi usted debiese ver a… esta persona. ¡Espere!—chilló su voz a través del altavoz—¡No puede entrar allí sin permiso!, oiga, señor.
La puerta de la oficina de Alec se abrió y un hombre entró, sosteniendo una placa a la altura del pecho. No muy alto, cabello rubio, mirada oscura se apreciaban a través de sus lentes, traje negro barato y brillante.
—¿Sr. Vulturi?, ¿Sr. Alec Vulturi? —.Alec no podía dejar de atender al de la placa.
—Sí, si soy yo. Como le dije a mi secretaria que le dijera, estoy muy ocupado esta tar…
—Sr. Vulturi, mi nombre es Darrell Butler. Agente Especial Darrell Butler, de la oficina de Nueva York del FBI. Entiendo que conoce a la Sra. Renesmee Cullen. Estamos haciendo consultas sobre un hombre al que ella está viendo, que actualmente está usando el nombre de Jacob Black. Es un criminal muy peligroso. Nosotros tenemos razones para creer que este hombre ha cometido crímenes de guerra y que ha robado una fortuna en diamantes de África.
Alec se sentó de nuevo, mirando al hombre, sintiendo la esperanza hincharle en su pecho una vez más.
—Por favor—, dijo al agente del FBI— Siéntese
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Jacob se sentía nervioso, así que fue a apretar las tuberías del lavado del baño de abajo, mientras Renesmee cocinaba. Las tuberías tenían fugas, chorreaban agua por todas partes y, en definitiva, pensó que el lavado del baño era una metáfora bastante buena para su vida. Él también está goteando, goteando sus emociones por todo el lugar. Jacob apenas se reconocía era como si estuviera perdiendo trozos de sí mismo en el camino. Renesmee estaba jugando con su cabeza y disparando a su corazón. En todos estos años, mientras soñaba con ella, en los recovecos más íntimos de su cabeza, soñando con acostarse con ella, nunca se le ocurrió que estar con Renesmee lo iba a cambiar de una forma tan importante. Jacob se conocía asimismo y estaba cómodo con quién era. Había tenido una vida dura y esto le había enseñado la autosuficiencia, la sangre fría y una gran cantidad de desapego emocional en todo lo que hacía.
Renesmee lo había vuelto todo correcto al sacarlo de su mundo. Su cabeza casi había estallado cuando había visto a ese hijo de puta Vulturi manoseándola. Fue una gran cosa que no supiera que él era el guapo chico rubio que Jake había visto a través de las ventanas en la víspera de Navidad hacía mucho tiempo. Había pasado los últimos doce años odiando a ese chico, preguntándose si era el hombre con quien Renesmee se casaría y tendría hijos. Aún sin saber quién era Jacob se había vuelto loco interiormente. Otro minuto y le habría quebrado el brazo al chico. La rabia fue tan fuerte, que él sabía que pudo haber sido capaz de matar al hombre, lo que le habría llevado a la cárcel. Una vez en la cárcel podría darle un beso de despedida a Renesmee literalmente, por no mencionar que tendría que estar los próximos veinticinco años de su vida tras las rejas. Sólo fue la mano de Renesmee en su brazo, que le había sacado del borde del abismo. Y justo ahora, al entrar, si hubiese estado prestando más atención, habría visto la manipulación en las cerraduras desde la calzada. En cambio, casi no se dio cuenta. Esto nunca le había pasado. Él siempre tenía alerta la conciencia de defensa y tenía un sexto y séptimo sentido, inclusive, ante las infracciones de seguridad.
Así que se acostó de espaldas bajo el fregadero deteriorado del baño de abajo sintiéndose bien por detener las fugas, apretando los pernos para fijar la taza del baño al suelo y reparando la ducha, todo mientras se arreglaba asimismo, volviendo a sentirse como antes de Renesmee, frío, serio, individualista. Renesmee sacó su hermosa cabeza por la puerta y le sonrió. Fue como ser golpeado por un rayo.
—La cena está lista, Jacob—dijo ella y volvió a la cocina. Sus ojos siguieron todos sus pasos, viendo la forma en que su cabello brillaba y rebotaba sobre sus hombros, como sus caderas se balanceaban ligeramente, escuchando el sonido del paso de sus talones en el suelo de mármol, haciéndose eco en los latidos de su corazón. Un ligero aroma de rosas flotaba en el aire. Jacob se frotó el pecho otra vez, donde más le dolía. Joder, tal vez debiera ir a ver a un cardiólogo.
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Después de que el agente del FBI se fuera, Alec se quedó muy quieto en su escritorio, mirando sus manos. La oficina estaba en silencio. Él había contratado a una administrativa, dos secretarias y dos pasantes. Todo el mundo se había retirado antes debido al mal tiempo. Estaba solo en su oficina con sus pensamientos. Alec estaba muy consciente que se le había dado una segunda oportunidad con Renesmee, pero sus próximos pasos tenía que darlos cuidadosamente.
El agente especial del FBI, tenía su propia agenda y sus propias prioridades y éstas no tenían nada que ver con conseguir que Renesmee Cullen volviese con Alec Vulturi. El Agente Especial Butler había sido muy claro en esto. Había sido también claro que no quería la interferencia de Alec. Butler había querido alguna información y le advirtió a Alec que se alejara, algo que Alec no tenía intención de hacer, no cuando se trataba de conseguir que Renesmee volviera.
¿Cuándo mierda había ella empezado a salir con este tipo, este Jacob Black o cualquiera que su nombre fuese? Debía ser un romance reciente porque apenas la semana pasada Alec había visto a Jane, ella no le había contado que Renesmee estaba saliendo con alguien más. Esto demostraba que Renesmee no sabía cómo manejar su vida. Ella no lo había escuchado cuando le dijo que vendiera Masen y ahora se había enrollado con un criminal.
Instintivamente, Alec sabía que esto le proporcionaba maravillosas municiones para cuando se casaran. Cada vez que le cuestionara su juicio, haría uso de lleno a esta munición. ¿Sí? ¿Y quién lo dice, la que follaba con un asesino?
Ella cerraría el pico y todo lo que él decía, estaba garantizado.
Las pasadas veinticuatro horas le habían dado algunas revelaciones sorprendentes acerca de sí mismo. Él había estado girando alrededor de Renesmee por años. Él había jodido a otras mujeres, claro, él era un hombre ¿no? Pero ella siempre había estado en el fondo de su mente y él sabía que estaba esperando el momento correcto para volver. Ese momento era ahora, cuando no había ninguna interferencia de su familia.
Había descubierto también que le gustaba tener una ventaja sobre ella. Se trataba de un aspecto de sí mismo que nunca había pasado a primer plano con otras mujeres. Sus mujeres eran inteligentes y eran buenas follas. Él nunca había deseado más que buenos ratos en la cama y tal vez algunas conexiones por su trabajo.
Por lo pronto podría empezar porque le obedeciera; había avanzado en esta revelación. Pero resultaba que le gustaba la dominación, un montón. Dominación. Renesmee necesitaba ser dominada. Ella necesitaba una mano dura. Y para su asombro y disfrute, cuando ella se resistió, se calentó, y mucho. Así que cuando se casaran, él podría esperar una esposa obediente, dependiente de él por su dinero y renuente a debatir con él porque ella había follado al tipo equivocado. Alec nunca haría que ella lo olvidase. Miró la tarjeta de visita que el agente especial Butler le había dejado y su número en la parte inferior. Alec era un cuidadoso abogado, que usualmente corroboraba todos sus datos. Rara veces perdía sus juicios y raramente perdía sus casos, porque este aspecto era parte de su carácter. Tomó el teléfono y marcó el número. El teléfono fue alzado en el segundo ring.
—Oficina del FBI de Nueva York, ¿en qué podemos ayudarle?—.Una voz femenina con marcado acento español dijo.
—Sí, me gustaría hablar con el Agente Especial Darrell Butler por favor.
—Lo siento señor, pero el Agente Butler esta fuera de la oficina. ¿Le puedo tomar un mensaje?
—No, gracias.
Alec cortó la comunicación con cuidado, sonriendo. Si, las cosas habían tomado un giro maravilloso.
