Capitulo I: El Ruido de los Automóviles.
Me hiere el ruido de los automóviles
Perdí mi oxigeno y mi voluntad
Mientras avanza el dolor un kilometro más
Yo me quedo y tu te vas
Como cada noche de sábado, ella se encontraba sentada en su lado de la cama mirando con cara de boba de enamorada al chico que dormía placidamente junto a ella.
Hoy, casi 5 años después de salir del instituto, graduada y titulada de su carrera, literatura, seguía preguntándose en que demonios estaba pensando cuando decidió aceptar aquella propuesta. No había tenido ni un solo novio desde entonces, lo tenía, si es que se le puede decir así, a él.
Edward Cullen, un chico bien parecido que tenía a todas las chicas de la escuela de rodillas por el, pero a él, le importaba lo mismo que el suelo que estaba bajo sus pies. Según decían, había tenido una novia algún tiempo atrás, una novia a la que amaba, pero que le rompió el corazón, desde entonces, se había dedicado a saltar de cama en cama todas las noches; Cosa que a Bella no le molestaba en lo más mínimo, porque ella lo había decidido así, pero cada vez que se decidía a dejarlo el llegaba con esos ojos verdes como esmeraldas y esos besos que le hacían olvidar hasta como se llamaba.
La única que sabía de esto era Rosalie, quien dicho sea de paso, es la hermana de Edward y mejor amiga de Bella, ella le había dicho en todos los tonos y formas posibles que lo dejara, incluso le había rogado, pero no hubo caso, Bella lo amaba y aunque ella sabía que él nunca le daría algo más que solo sexo, prefería tenerlo a medias a no tenerlo.
El ruido de la cuidad le retumbaba en la cabeza creando un zumbido desagradable que la puso de mal humor. Salió del calor de sus sabanas y fue a la cocina por un café, miró su apartamento dejó escapar un suspiro lastimero que la hizo volver a la realidad, tomó su computador portátil y comenzó a escribir, tenía que entregar 3 proyectos en menos de 2 meses y por andar con la cabeza llena de pájaros no se había puesto a ello ¡Concéntrate Bella, ya no tiene 17 años! Fue su forma de reprenderse y comenzar a ponerse al día con sus responsabilidades.
Sus dedos se movían con rapidez y habilidad sobre las teclas, se mordía el labio inferior concentrada en lo que estaba haciendo, tan concentrada que no se dio cuenta de que él la estaba mirando, par Edward, la postal más hermosa que hubiese visto jamás, Bella sentada frente a su computador solo con una playera que le tapaba lo justo, el cabello suelto y las mejillas levemente sonrojadas, junto a ella, estaba su taza de café y un cenicero ¿Cuándo vas a dejar de tener miedo? Se preguntó internamente, pero la respuesta fue automática ¡Nunca!
Bella levantó levemente su vista y lo vio, sonrió sutilmente y Edward se puso su mascaa de frialdad.
-¿Ya te vas? –Preguntó la chica tomando su café a sorbitos.
-Si –Respondió el secamente.
-¿De verdad no quieres quedarte? –Preguntó Bella con la pequeñísima esperanza de que el le dijera que si, pero todo se fue por el drenaje con la mirada de odio que le dedicó Edward.
-¿Tengo que recordarte una vez más…? –Edward no alcanzó a terminar de formular la pregunta porque Bella lo interrumpió.
-Lo sé, lo sé –Dijo volviendo la vista hacia su computador- Yo me quedo, tu te vas.
Edward solo asintió, y sin siquiera decir adios se marchó de aquel apartamento; Bella suspiró y siguió con lo suyo, de nada le servía ponerse a pensar en su "relación" porque siempre llegaba a la misma conclusión, debía dejar a Edward, pero ella no quería hacerlo, sabía que era lo correcto y que su salud mental se lo agradecería, pero Bella no pensaba con la cabeza, y si lo hiciera, su cabeza perdía como 20 a 0 contra su corazón.
El ruido de los automóviles enfurecía a Edward, lo odiaba, cada bocinazo, cada puerta al cerrarse, cada chirrido de neumáticos, todo lo hacía enojar, amaba los autos, pero en si, odiaba los ruidos que ellos producían, condujo como un energúmeno para Salir lo más pronto posible de aquel caos, para poder llegar a la tranquilidad de su casa, aquel lugar en el podía ser él mismo, tocar el piano, leer un buen libro, mirar alguna tonta película romántica.
Edward no era malo, solo había aprendido demasiado temprano que confiar cien por ciento en alguien no era adecuado, y lo aprendió de la peor manera.
Cuando llegó a su casa dejó caer las llaves junto con su chaqueta, se sentó en su cómodo sofá, dejó caer su cabeza hacia atrás y cerro los ojos, no pasaron ni dos segundos y su imagen vino a su mente; La piel cubierta por una leve cama de sudor, sus labios entre abiertos, sus ojos mirándolo fijamente, sus gemidos ¡Oh Edward, eso es bebé, sigue, sigue no te detengas!
Edward sacudió la cabeza y se restregó los ojos para aclarar sus ideas y dejar de pensar en ella, se fue a la ducha y luego a la cama, se sentía fría e impersonal, sin su aroma, estaba tan acostumbrado a ella que se podía decir que la extrañaba. Pensándolo bien, ellos nunca habían tenido ninguna cita, ninguna real por lo menos, ni una ida al cine, ni una cena, nada, ella se merecía eso al menos ¿No? Podía llevarla a cenar sin que eso supusiera algún compromiso extra, Bella no iba a estar ahí para siempre, y, sabiendo que era una chica de esas que ya no quedan, en cualquier momento la perdería, pero él, en su egoísmo no quería perderla, ella era de él.
Bella por su parte, seguía en su casa y ya iba por su tercera taza de café, había avanzado mucho en su trabajo, por lo que decidió irse a la cama, el caos en la cuidad seguía, por lo que se puso sus audífonos para poder conciliar el sueño, pero el aroma del que estaba impregnado su cama era aun peor que el ruido de la calle, frustrada se levantó y arrancó las sabanas, las tiró al suelo y fue por un par limpio a su closet, rara vez hacía eso, porque amaba el aroma de Edward, pero hoy, especialmente, no estaba de humor para dormirse pensando en él, ya había desperdiciado demasiadas noches en eso y no la habían llevado a nada productivo; una vez que su cama estuvo lista volvió a acostarse, estaba a punto de caer rendida cuando el sonido de su celular la sobresaltó.
-¡¿Quién es el idiota que se le ocurre enviar mensajes de texto a las 3 de la mañana? –Dijo enrabietada.
Tomó el aparato y presionó una tecla para abrir el contenido sin fijarse quien lo había enviado, debió haberlo hecho, hubiese sido menos impactante.
"Lunes, 9 de la noche en la Bella Italia, reservaciones para dos, cenas conmigo Swan. E"
El corazón de aquella chica se disparó como un caballo inglés en plena carrera, no sabía que responderle, el nunca la había invitado a ningún sitio, pero no podía ser tan evidente, así que le dio un poco de su propio chocolate.
"¿En serio? Me halagas, pero tengo cosas que hacer, si te sirve, pasa por mí al trabajo a las 9.15, ahora ¡Duérmete Cullen! ¿No has visto la hora?"
Edward sonrió al leer el mensaje, no esperaba menos, cociéndola como la conocía, esperaba que lo enviara directamente a volar, pero le estaba abriendo una ventana, y eso, era algo.
"No te hagas de rogar muñeca, será divertido, sabes que la mejor parte es el postre"
Bella rodó los ojos y negó con la cabeza al mismo tiempo, antes de apagar su teléfono respondió el mensaje, debía levantarse a las 6 de la mañana, si iba andar cayendo del sueño.
"Me hiere el ruido de los automóviles Edward, no puedo salir antes, lo siento"
Dejó el teléfono en su mesa de noche y se dio vuelta en la cama quedando enredada en las sabanas ahora limpias, Edward la llamó pero el buzón de voz fue quien lo recibió, iría por ella, claro que lo haría.
