Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a sus respectivos autores. Este es un fic sin fines de lucro, y creado para asesinar a aquellos personajes insoportables (?.

Reto: :"Estar entre la vida y la muerte, jamás se lo hubiera esperado; pero ya sabia cual era su final..."

Personaje: Kate, de la película "Kate y Leopold"

Nota de autora: En el momento en que lo escribí estaba de un excelente humor, aunado esto había terminado de leer "Un regalo del futuro" un dramione bastante lindo y por eso me salió esto tan cursi y dramático, y con esto culminó el fic... hasta la próxima que se me antoje matar personajes (? xD.


Vida por vida


Oh, joder. Odiaba ese maldito siglo. Odiaba ese maldito vestido carísimo y odiaba a Leopold, por dejarle semejante encargo en su cuerpo. Sí, justo en aquel momento cuando el sudor corría por su frente y gran parte de su cuerpo, Kate, comenzaba a odiar a su marido.

De seguro si estuviera en su siglo ya todo aquel martirio habría acabado. No, ni siquiera lo hubiera vivido. Sólo sería necesario una cesárea y ella sería feliz, despertaría luego de unas horas y arrullaría aquella nueva vida en su seno.

Sudaba copiosamente y esto hacia que el maldito vestido-batola se le pegara al cuerpo. Y lo odiaba, odiaba tener la ropa pegada a su cuerpo por el sudor, era una sensación por demás desagradable.

— ¡Vamos, señora! ¡Vamos, puje! — le alentó una joven muchacha de cabellos rubios. — ¡Falta poco, señora Kate! ¡Puje!

Jadeaba, sudaba, su cuerpo le indicaba que no podía más. Y su corazón estaba más acelerado que de costumbre. Sin contar el desastre de sangre que había en la cama.

— ¡Argh!— gritó, mientras pujaba con fuerza.

Y fue entonces que lo escuchó, ese pequeño llanto que hizo desaparecer todo odio hacia Leopold, que sólo le permitió pensar en amor y suspirar como una cría de quince años que acaba de enamorarse.

Esa pequeña criatura que la joven rubia le mostraba era lo más precioso que había visto jamás. Se sintió realizada, sintió que amaba más que nunca a Leopold y que además amaba a ese pequeño niño tan parecido a su padre.

Los amó a ambos. A los dos hombres de su vida. Porque ellos serían los únicos.

Y fue cuando todo se complicó. La joven rubia se apresuró a darle al niño a otra muchacha, mientras corría hacía su señora para ver que ocurría.

Kate sentía que su corazón le estaba reclamando algo y que su cuerpo sólo quería descansar. Sus parpados se cerraban por el cansancio, su rostro iba poniéndose pálido.

La rubia no sabía qué hacer, era la primera vez que veía aquella reacción en una mujer que recién había dado a luz.

— Llama a Leopold.—exigió Kate, sintiendo como su boca se sentía seca y sus pulmones no recibían el oxigeno requerido.

La chica corrió, brincó y estuvo a punto de caerse para ir en busca de su señor. Tenían que llamar a un experto, la señora estaba realmente mal, tenían que encontrar la forma de que no muriera.

Kate, sin embargo, comenzaba a aceptar su verdad. De seguro su cuerpo no estaba preparado para la faena que segundos antes había vivido, su corazón acelerado se lo confirmaba y sobre todo esa opresión en su pecho. Esa falta de oxigeno, todo se estaba poniendo borroso y ella sólo quería ver a Leopold, quería verlo por última vez.

Y él llegó. Como si se tratase de un vendaval, una tormenta que necesitaba llegar con rapidez a su destino, pero en vez de querer destruirlo, quería cuidarlo.

— Le…o…pold.—las palabras se atoraban en su garganta.

El susodicho se sentó a su lado realmente preocupado.

— Shh, Shh. No digas nada, Kate. Ya el doctor viene en camino, sólo resiste.— le pidió tomando la mano de su esposa.

Ella negó. Al parecer había comprendido algo demasiado importante y necesitaba hacérselo saber a él.

— No…lle…gar…tiem…po.— fueron las palabras que pudo decir, no obstante para los presentes entendieron correctamente.

Leopold asintió. No sabía por qué comenzaba a sentir que ya estaba muerta, era como si Kate estuviera dando su vida, su vida a cambio de otra. No. No podía aceptar vivir sin ella.

— Sí. Si llegará y te curará.—dijo esperanzado.

Kate le miró directamente a los ojos, como tratando de transmitirle esa serenidad que ella misma sentía en ese momento. No era tan malo, sólo que ya no estaría de forma tangible.

Una ironía. Una mala broma del destino, qué, sin embargo, ella aceptaba con madurez.

Estar entre la vida y la muerte, jamás se lo habría imaginado, pero ya sabía cuál sería su final. Y su final no estaba en aquel mundo, ya había vivido lo suficiente, ya tenía su ración de aventuras, ya había hecho el más asombroso viaje de su vida, porque pocos en su vida podrían decir que habían viajado al pasado.

— Cuí…da…lo.—le pidió entre jadeos. — Te…a…mo.

Y finalmente su cuerpo fue vencido por el cansancio. Por la muerte, siendo esta recompensada por su paciencia y por permitirle un poco más de tiempo a su nueva alma.

Kate Mckay, esposa de Leopold Alexis Elijah Walker Thomas Gareth Mountbatten, Duque de Albany, falleció aquella tarde luego de dar a luz a su pequeño hijo. Dejando un gran vacío en el corazón del duque, pero a su vez brindándole un gran regalo. Porque ella había dado su vida para tener a su hijo.

Y por eso Leopold cuidaría bien de su hijo, lo amaría con la misma intensidad que amaba a la madre del mismo, y le hablaría de ella, de sus aventuras, juntos, del nacimiento de su amor y finalmente de cómo había dado vida por vida.

Y Kate estaría muy feliz por ello.

End