Disclaimer: Hetalia no me pertenece, por supuesto. Ni tampoco cualquier tipo de obra aquí mencionada.
Advertencia: Intertextualidad con literatura.
Agradecimientos: Jare la de los gatos, , Ezaki, RingoNeko-san, Aki-Tamashi26.
Otros: Para los que leen mis otras historias. Mañana o pasado publico un nuevo capítulo De El Embarcadero. Lo estoy revisando c:
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Brujas y Encomiendas
Después de deshacerse a duras penas de ese tal 'Mathias Densen', Aida cogió lo más rápido que pudo su bicicleta y dejó que la gravedad la arrastrase a ella y su bici hasta el lago. Como la ciudad estaba en una colina y su casa al lado del lago, le tomaba cerca de 20 minutos ir al pueblo cuesta arriba en su bicicleta. Cuesta abajo, le llevaba solo la mitad. El viento le desarreglaba el cabello y tiñó sus mejillas color carmesí. Recordó los ojazos azules de ese idiota, Mathias. Un idiota, pero al menos, no se molestó cuando se abalanzó sobre él para coger la lata de melocotones en almíbar. La invitó a salir. Aida iba a rechazarlo, pero al parecer, Bonnefoy explotó de la risa por la propuesta.
'¿Densen, en verdad quieres invitar a la Lunáti- digo… a ella a s-a-l-i-r? ¿Estás bromeando?'
Aida, en aquel momento, juró consigo misma que de ahora en adelante, le haría la existencia imposible al tal Bonnefoy. De todas formas, siempre aborreció al dependiente. Y como primera medida, aceptó a salir con ese idiota. Solo para llevarle la contraria al francés.
'Tú. Yo. En la librería. Mañana a las tres. Tres con un minuto, me largo. ¿Entendido?'
La cara de Bonnefoy no se le borraría para el resto de su vida. Su mandíbula paralizada, la sonrisa torcida, el pelo erizado… y una mirada de 'te deseo suerte, compañero'. Ahh… porque ahora esto sería el chisme del mes. 'La Lunática Huglund aceptó salir con Densen. Por favor, oremos por la seguridad de Mathias. No vaya a ser que termine en el desfiladero con el cuello roto…' Grr… Huglund gruñó por haberse dejado llevar por una idea tan infantil. Igual no sacaba nada gruñendo y refunfuñando. Bueno, ya se metió en el rollo. Una salida de veinte minutos máximo, con el comportamiento más odioso que pudiera tener y los modales más descorteses serían suficientes para que Densen se buscase a otro partido.
La carretera que iba a su casa no estaba asfaltada. Como la villa permaneció abandonada más de treinta años, las autoridades no se preocuparon de pavimentar ese camino de nadie. Tras el paso de las ruedas de la bicicleta, saltaban piedrillas hacia los lados y polvo se levantaba. Finalmente, llegó a su hogar y en la cerca de madera, había otra bicicleta estacionada. Una que tenía el logo de correos. Emil
El muchacho estaba apoyado en la cerca, haciendo un crucigrama. Parecía enfrascado en eso, pero advirtió el frenazo que dio Aida al detenerse junto a él. Emil vestía su uniforme escolar. Chaqueta y suéter azules, camisa blanca afuera del pantalón, pantalones a juego y zapatos de charol negros. No llevaba corbata, además que en la chaqueta llevaba varios prendedores con algunas consignas políticas.
-A la oficina de correos no le gustaría saber que apoyas a los republicanos. –Aida bajó de la bicicleta e indicó los prendedores.
-La oficina no se inmiscuye en esto. La única que puede molestarse es la coordinadora, Mrs. Hedervary. Pero no tocará ni un pelo mío, te lo aseguro. Están cortísimos de personal y si me largara, no recibirías el periódico por las mañanas. Asumiendo que los leyeras…
-Da igual. Yo dejo el periódico en el cementerio para que los de allá lo lean. Para que sepan en qué va el país de mierda en donde vivieron. –Aida sacó una llave de bronce del bolsillo de su abrigo y giró esta tres veces en el cerrojo de la reja. Con la punta de sus dedos empujó la cerca e invitó a Emil al antejardín de la villa.
Emil negó la entrada; era ya muy tarde y debía volver a su casa. Aida levantó sus hombros, un poco con decepción (ya que disfrutaba de la compañía del adolescente) y sin rodeos, le preguntó el por qué de su visita.
-Te ha llegado tres paquetes. ¿Cuál quieres ver primero, el de color mate, el envuelto en periódico o la caja verde?
Aida escogió primero el de color mate.
Emil le extendió a la chica un formulario. Aida solía comprar por catálogo algunas cosas. Como le daba flojera ir hasta la capital del condado a adquirir productos que para ella eran de valor banal, pero necesarias para el funcionamiento del hogar, las compraba por catálogo.
-Es pesadísimo eso. ¿Qué demonios compraste? –Emil acarició su hombro. Agradeció que cuando regresara al pueblo, no volvería con tres fardos a cuestas.
-Una juguera. La anterior explotó cuando hacía una pócima parlanchina. Una pena. Me hubiese gustado usarla con… -Fue interrumpida por Emil, que no soportaba las divagaciones de Aida.
-Bueno, bueno. Asumo que tienes algo personal con Beilschmidt o con Bonnefoy. A esos dos los odio igual que tú, sin embargo, no saco nada amargándome por ello.
Aida sabía que Emil mentía de sobremanera. El chico siempre actuaba igual: fingía que no le interesaban las cosas cuando en realidad pasaba pendiente de ellas. El verano pasado, Emil vertió un veneno en la cerveza de Beilschmidt para la fiesta de fin de curso. Ella supo que era él porque faltaba uno de sus pócimas de su 'botiquín' y los síntomas que tuvo Beilschmidt coincidían con los efectos del brebaje. Pensaba llamarle la atención al muchacho, pero cuando se enteró que eran para Beilschmidt, dejó que la fortuna hiciera lo suyo.
Después apuntaban los dardos a ella, pero ese fue un daño colateral. Se sintió orgullosa de la broma de Emil, era una digna de campeones.
Emil extendió otro formulario. Este era la caja verde; era la más liviana de los paquetes y tenía una etiqueta. 'Universidad de Bucarest' (1)
-¿Bucarest? –Emil releyó otra vez la etiqueta mientras extendió el formulario a Aida. Esta firmó con trazos completamente ilegibles y respondió al albino.
-Un amigo de allá me envió un regalo. ¿Por? ¿Te sorprendiste que tenga amigos por esos lados?
Steilsson no respondió. Simplemente, no encontraba la conexión entre una Universidad de Europa del Este y Huglund. 'Tal vez sea otra de sus burradas'. Emil revisó el formulario para ver si estaba en orden y sacó el último paquete. Este tenía matasellos de Brasil. Además, el envoltorio, que era de un suplemento de deportes, estaba escrito íntegramente en portugués. Emil no entendió nada. Sin embargo, Aida arrebató el paquete al adolescente y lo sacudió con fuerza. Emil se asustó, pensó que pudo romper la encomienda.
-Todo en orden ¿Me das el formulario? Quiero estar sola para jugar. –Emil no tiene dotes parapsicológicas, pero de haberlas tenido, habría observado un aura violácea cerca de Huglund.
Emil suspiró y lanzó prácticamente la carpeta a Aida, mientras pensaba cómo terminó haciéndose amiga de esta 'loca de atar'.
-¿No has traído nada más? Aida, súbitamente, cambió su comportamiento. Ahora solo deseaba estar sola en la villa para trabajar con las nuevas cosas que recibió.
Emil negó con la cabeza, a la par que Aida recogió sus cosas y entraba los paquetes. Primero ingresó su bicicleta, que en la canasta llevaba la compra de ultramarinos. Sacó las bolsas y las dejó al lado de la puerta de entrada. Después, amarró la bicicleta contra un viejo sauce cercano a donde estaban y por último, cogió con cuidado las encomiendas y las dejó al lado de las bolsas. Profirió una débil despedida a Emil, que tranquilo observaba a Aida entrar a su casa.
Cuando quedó solo en el camino de tierra, sacó su crucigrama. Tenía problemas con una palabra, no la recordaba. No obstante, al estar con Aida, la recordó y la anotaría inmediatamente para no olvidarla.
'Persona Vesánica'… que tenga ocho palabras y termine en a… eso es c-h-i… fla… d-a.'
Chiflada
Miró otra vez a la villa amarilla. Aida… si no tenía cuidado, Bonnefoy (o cualquiera del pueblo) aprovecharía para meterla en el manicomio. Agradeció internamente haber nacido sensato y pensó cómo debió de haber sido Aida cuando iba a la escuela. Miró su reloj y parpadeó. Eran las seis de la tarde y le faltaban por entregar dos paquetes. Revisó la lista.
-Un tal señor… ¿Kirkland? y… ah, el nuevo, ese tal Densen. Cooperaron, mi turno de trabajo termina a las seis, así que mañana a primera hora entrego sus encomiendas.
Emil guardó la ficha y se encaminó a la oficina de correos. Tal vez por eso el servicio de correos era uno de los peores de la región en puntualidad. Todo gracias a Emil Steilsson e, indirectamente, a la Lunática Huglund, Aida, que se quedaban conversando.
Dos cincuenta y un minutos. Aida estaba sentada en el parquet de la librería, leyendo un cuento para niños. Estaba rodeada de varios libros, todos para público infantil. Henna sabía que probablemente, Aida no compraría ninguno de esos libros pero le gustaba verla en esos momentos de completa paz. Como era horario de descanso, la tienda estaba vacía, a excepción de ellas dos. Berwald hizo un viaje Express a Oslo para visitar a un cliente, así que volvería en la noche. Ella dejó su lectura y se acercó a Aida para (intentar) conversar un rato.
-Hoy has llegado antes que de costumbre. –Henna sonrió un poco y se sentó al lado de Aida.
Aida, en cambio, respondió con un tosco 'sí' y continuó leyendo el libro. La finesa no se rindió y cogió uno de los libros que Aida dejó al lado suyo. A esta no pareció importarle.
-Yo he leído este libro. 'Las Brujas' de Roald Dahl(2). Cuando era niña me daba susto. –Henna hojeaba el libro, admirando las ilustraciones de Quentin Blake (3). –A pesar de todo, es una de las historias que más me gustan.
Huglund dejó el libro que estaba leyendo y se acercó a Henna. Miró las caricaturas del libro y en un determinado momento, le pidió a Henna que dejase de hojear para observar una imagen.
-Las brujas existen. Huyeron a las montañas. –Aida lo dijo con una seguridad que no hubo lugar a dudas. Si ella decía que las brujas existían, ellas debían existir.
Henna le siguió el juego. Se mentía a sí misma. –¿En serio? ¿Y siguen secuestrando niños?
Aida negó con la cabeza. –No… La historia es tomada de hechos verídicos, así que la población de ellas está mermada. Son muy pocas como para cazar como lo hacían antes. Pero de tener un séquito, lo seguirían haciendo.
-Y pensar que el Castillo de la Gran Bruja estaba en Noruega. 'Claro, si es que existe en realidad'… -Lo último Henna lo dijo para sí misma. Ese libro es completamente ficción, por supuesto.
-Una vez, cuando niña, me topé con una bruja. Fue terrible. Por algo odio a las ogras como Hedervary. Te apuesto que ella es una bruja de las de peor calaña. – Aida indicó la caja registradora y Henna comprendió que quería comprar el libro, para alegría suya. Ayudó a Aida a incorporarse y ambas caminaron hasta el mostrador.
-¿No crees que estas siendo muy dura con Hedervary? No es que Hedervary sea una santa ni mucho menos, pero… Ese libro… pues digamos que es una historia para niños, Aida, para niños. Escribieron todo eso para asustarlos y no creo que esté bien relacionar a las brujas con Hedervary. ¿Quién sabe como se comportará si se entera que la llamamos bruja a sus espaldas?
Acto seguido, Henna miró de reojo a la puerta, vigilando que la bru- Hedervary, no se asomase por la tienda. Era físicamente imposible, ella estaba en hora de trabajo. Igual, por si las moscas.
Aida le extendió un billete y Henna lo guardó en la caja registradora. Le extendió el cambio y Aida lo guardó sin revisar en su billetera. La finesa le entregó el libro en una bolsa y sonrió porque (por fin), la noruega decidió comprar en la tienda. Recordó un rumor que escuchó en la mañana cuando tuvo su turno en el centro veterinario.
-Aida… ¿Es verdad que te ha invitado a salir el chico nuevo, el señor Densen? –Henna apoyó sus codos en el mesón a la vez que observaba a Aida, que cambió su expresión.
La chica gruñó y arrugó la cara. Qué iba a hacer, no podía mentirle a la finesa. Asintió, con una mueca de disgusto y resignación. ¿Cómo se enteró la mujer? Habían dos posibilidades: la primera es que Densen haya fanfarroneado de su logro con todo el pueblo (lo cual era lo más probable) o lo segundo, que es la posibilidad de que Bonnefoy haya esparcido el rumor por todo el vecindario (que era una probabilidad aún más certera que el anterior). 'Bonnefoy deseará no haber nacido, lo prometo'
Henna le preguntó si su llegada anticipada a la librería tenía que ver con su 'cita', tan mal llamada por la finesa. Aida lamentó un poco que Henna fuera lista y haya relacionado los dos eventos, otra vez asintió con la cabeza. Henna sonrió, orgullosa de tener la razón.
-Aida, no creo que esté mal tener vida social con alguien que no seamos Berwald, el cartero y yo. (Bonnefoy, por ejemplo, queda fuera de la conversación porque se llevan como perro y gato) Te hará de perlas hablar con él. Por lo que oído, será el nuevo director de la escuela primaria. Imagínate, comenzando sus treinta y ya es director. Quizás tengan algún tema en común…
Aida sintió verdadera pena por los niños del pueblo. 'Que Odín se apiade de ellos'. Miró su reloj y calculó que le quedaban a Densen 120 segundos para llegar al frontis de la librería para no darse por perdido. Maldijo no tener un giratiempo. Quizás debería investigar si su amigo de Rumania no tenía uno. Ese chico era poseedor de gran cantidad de artefactos.
Henna consideró que su amiga no continuaría hablando, así que sacó un paño para limpiar el ventanal. Salió afuera y a última estancia, Aida le acompañó. En su reloj faltaban 65 segundos para estar libre de este compromiso.
El clima afuera auguraba que sería una helada tarde. Henna castañeaba ligeramente; no salió con abrigo, pero no le importó. Aida pensó en darle su bufanda, pero la finesa se negó rotundamente. Finalmente, gracias a Aida, decidió ir a buscar su abrigo adentro. Faltaban 20 segundos. Veinte y era libre. 'Por favor, escúchenme. Que no venga ese tipo, que no. Que se caiga a un desfiladero, se perdiera en el bosque, cualquier cosa' Aida rezaba en voz baja. 10 segundos.
Tal como en una tragicomedia, el destino era cruel. Cuando oyó la voz chillona de Densen detrás de su oreja '¡Perdón por la tardanza, pero estaba en una reunión!', se insultó mentalmente por ser alguien con mala suerte natural. 'Es oficial, soy quemada. Recuerda el plan, Aida'. En los próximos veinte minutos, iba a ser la persona más hija de perra que pudo ser, todo para evitar la 'cita'.
-Acompáñame al café. Dale, no te cuesta nada.
Aida escudriñaba el ventanal buscando a Henna, para que la salvase. Pero la finesa estaba tranquilamente en el mostrador, con una sonrisa de oreja a oreja y la saludaba con una de sus manos. No iba a salir, no hasta que se fuera con Densen. 'Maldita… lo hizo a propósito. Tenía que ser lista'. Gruñó más fuerte y caminó junto a Densen, que hablaba sobre algo que no entendía.
De acuerdo, no se iba a rajar de esta. Qué pena. Qué pena para Densen, ¿no?
Notas a pie de página:
(1)Universidad de Bucarest: Una de las Universidades más prestigiosas de Europa del Este, ubicada en Bucarest, Rumania.
(2)Roald Dahl: novelista y autor de cuentos británico de ascendencia noruega. Entre sus obras más destacadas se cuentan: Charlie y la fábrica de chocolates, James y el melocotón gigante, Matilda, Relatos de lo Inesperado y Las brujas.
(3)Quentin Blake: Es un ilustrador, escritor y dibujante británico, conocido por su labor como ilustrador de novelas infantiles. De hecho, ilustró varias novelas de Dahl como Matilda o Las brujas, que, sin sus dibujos, no serían las mismas.
