Capítulo 2:
-¿Por qué me mandaste llamar Minerva?
Su voz sonó algo cansada, cosa normal si se tenía en cuenta que llevaba toda la noche deambulando por el bosque de Dean, intentando por todos los medios controlar en cierto grado a los hombres lobo que habitaban allí
Su cometido en la orden era vigilarlos de cerca, aunque no podía decir que había tenido mucho éxito en su misión. Llegó a Hogwarts entrada ya la mañana. Se sorprendió de ver que aunque no todos, había bastantes alumnos en el colegio. Miró a varia gente que se encontraba en los alrededores del colegio.
El ministerio, con bastante reticencia había accedido a vigilar el colegio, después de todo Harry Potter se encontraba en el mismo. Se había sorprendido mucho cuando McGonagall, le había dicho que este había llegado, tarde, pero bien. Al no verlo en la estación había llegado a pensar que no asistiría finalmente. Pero una vez más el chico lo sorprendía.
-Tenemos que esperar Remus, todavía falta que alguien más se reúna con nosotros. Además tenemos que ir al despacho del director.
La palabra salió de su boca con sumo desprecio, Remus la miró unos segundos, comprendía perfectamente a esta, pero no compartía con ella la antipatía por el nuevo director de Hogwarts.
¿La razón?
Dumbledore;
Ese anciano podía ser, o hacerse pasar, por ingenuo o incluso loco, pero no lo era, y si él confiaba ciegamente en ese hombre, un motivo, aunque fuera insignificante, debía existir.
Eso no quitaba, que no lo despreciara por lo que hizo, pero algo le impedía tacharlo por completo de su radar, y no se refería al radar de Voldemort, sino al de Dumbledore. En esa guerra, nadie era lo que parecía, podías encontrarte en medio de una batalla, y estar luchando, sin saberlo, contra alguien que resultaba ser clave en tus propias filas.
Suspiró cansado, necesitaba dormir algo.
Se llevó una mano a los ojos e intentó despejarse, siguió a McGonagall por los pasillos de Hogwarts y se detuvieron ante las gárgolas que te llevaban al despacho del director. Allí Remus, se sorprendió bastante al encontrarse con ni más ni menos que Moddy.
-¿Qué haces aquí Alastor?
Preguntó perdido:
-El director de Hogwarts ha requerido mis servicios en este colegio. No sé para qué, pues no estoy dispuesto a enseñar una vez más. Y mucho menos bajo su mandato.
-No es esa la razón.
Ambos miraron al recién llegado, y este comenzó a caminar alejándose de allí. Alastor y él mismo se miraron, ¿a dónde iban?, McGonagall, iba con ellos en todo momento.
Por su recorrido en el castillo Snape, comenzó a decir:
-Me temo que nos han surgido algunos problemas, y necesitamos de ustedes dos para conseguir que nada de esto entorpezca en el futuro que nos espera a todos.
Ninguno dijo nada, McGonagall solo frunció el ceño, ambos intercambiaron una mirada y fue el turno de ella de hablar:
-Se encuentran aquí para proteger a seis chicos. Ellos son de fuera de Inglaterra, me temo que son un objetivo claro y no podemos permitir que los alcancen. Cuentan con diecisiete años de edad. Serán protegidos, no del ministerio, sino de la orden del Fénix. El ministerio no tendrá constancia de nada de esto.
Remus, has sido elegido por que te llevas bien con los jóvenes y tú sabrás tratarlos como es debido. Por otra parte Alastor, como reconocido Auror, podrás hacer las veces de protector sin problemas.
Por motivos de seguridad, ante ellos, ustedes no dirán sus verdaderos nombres, he de avisarles que son un grupo bastante complicado.
Remus, tú eres uno de los que conoce este castillo como la palma de tú mano, es por ello que te pido que los vigiles muy bien, podrían competir perfectamente con vosotros cuando erais jóvenes. —Remus enrojeció un poco, la verdad es que nunca habían sido unos santos, pero que McGonagall aún le reprochara eso lo incomodaba en cierto modo. –Ahora os los presentaremos, asistirán a clases, pero ustedes dos deberán de estar siempre al cuidado, eso sí de forma muy discreta.
Ni que decir queda, que todos ellos han sido asignados a clases que no coindicen en nada con gente como Draco Malfoy. –
Remus miró a esta, y se percató de que miraba a Snape de reojo. ¿Por qué ocultarlos de alumnos si el peor de todos ya lo sabía?
Definitivamente algo andaba mal, él y Alastor intercambiaron una mirada dubitativa, era clarísimo que les ocultaban cosas.
-Ellos se alojarán en la torre de Adivinación. Los alumnos de séptimo ya no imparten esa clase, por lo que no habrá problema con ello. Por otra parte, se les prohíbe pasearse por Hogwarts con libertad, solo podrán pasear a ciertas horas.
Las cuales ya hemos asignado, se les entregará un horario a ellos de sus actividades y otro a ustedes para que puedan controlarlos bien.
Snape, abrió la puerta que llevaba a la torre de Adivinación y los dejó pasar, Remus y Alastor entraron en la estrafalaria sala y esperaron.
McGonagall, se perdió, declarando que iría a llamar a los chicos, por otra parte Snape, les entregó un horario a cada uno y Remus se sorprendió al comprobar que las horas que esos chicos podían abandonar la torre, era cuando nadie más podía encontrarse por los pasillos, a no ser que fuera un prefecto o Premio anual.
Examinó el horario con detenimiento y esperó. Escuchó a Alastor quejarse de algunas cosas, pero Snape le recalcó que de él, lo que más precisaba, era que su ojo no abandonara a ninguno de ellos.
Escuchó unos ruidos y unos pasos, ya se encontraban abajo.
De repente Remus, comenzó a sentirse algo mal, se sentía cansado, mareado y estuvo apunto de caer. Se apoyó en la parte de atrás de uno de los sillones que allí se encontraba. ¿Qué le pasaba?, ¿Cuánto quedaba para la Luna llena?
No, no era eso, hacía una semana que se había trasformado, así que tenía que ser cosa de no dormir. Levantó la vista al frente y sintió que caía como en una especie de abismo.
Estuvo apunto de caer, sin embargo y para su sorpresa Snape, estaba esperando eso, por que lo sujetó con prisa y lo ayudó a sentarse en el sillón. Se echó hacía adelante e intentó por todos los medios no vomitar.
¿Qué le sucedía?
Lentamente, comenzó a recuperarse, su respiración que se había resentido, volvía a su ritmo habitual. Por un momento se sintió como idiota. Una imagen de sí mismo pálido como una pared, sentado en el sillón y siendo observado por un grupo de personas, le atravesó la mente.
Se sintió terriblemente avergonzado de esa imagen, ¿cómo iba él a protegerlos si estaba más muerto que vivo?, Seguramente eso era lo que estarían pensando todos esos chicos del lugar.
Encontró ante él un vaso lleno de agua. Lo cogió sin mirar quien se lo pasaba y se lo bebió de un trago.
-¿Mejor?
Rápidamente y confundido, Remus, levantó la vista. Ante él se encontraba una joven de unos diecisiete años, de cabello rubio y ojos negros. De cabello largo y lo miraba con una cálida sonrisa en el rostro.
Negó intentando volver en sí:
-Si, no es nada, solo pasé una mala noche ya está.
-Está bien saberlo.
De nuevo se sintió estúpido, la miró una vez más, ¿era cosa suya, o la voz de esa joven era muy parecida a la de Alice Longbottom?
-Pues si ya se encuentra bien, déjeme que les presente a los que se encargarán de su seguridad. Dennis Creevey y George Granger.
McGonagall había señalado primero a Remus y después a Alastor. Ambos ni se inmutaron, tan solo sonrieron he hicieron una inclinación de cabeza.
Así que mientras cuidase de esos chicos sería Dennis Creevey, solo esperaba que nunca se toparan con el pobre muchacho de tercero que se llamaba como él.
Por otra parte, estuvo apunto de reírse cuando escuchó el nombre del padre de Hermione, sin duda McGonagall apreciaba a ese chica.
-Ellos son: James Evans. –Señalo a un chico de cabello castaño corto, de ojos azules, este tan solo hizo un gesto de cansancio en forma de saludo. – Regulus Crockford; -El chico de gafas y ojos negros, cabello castaño y de tez pálida. –Pitt Parkin; -Otro chico más de ojos pequeños y marrones, con el cabello rubio y algo largo para su gusto. No pudo dejar de sentir que el tipo de este se le antojaba algo parecido al de Colagusano. – Arian Lufkin; - Remus se encontró con la muchacha que tenía la voz igual a la de Alice, la cual le sonrió, este respondió el gesto: - Silver Blane; -Fue el turno del último chico que restaba, este se encontraba recostado en el sillón, miraba todo con indiferencia y aburrido, sus ojos eran grises y su cabello corto y pelirrojo: -Por ultimo la señorita Luna Elkins.
Remus, se fijó en esta y el vaso que sostenía en sus manos cayó al suelo, no tardó en hacerse mil pedazos. Era imposible, de eso estaba más que seguro. Pero si no fuera por esa certeza, juraría que ante él se encontraba la gemela perdida de Harry.
Sus ojos eran idénticos, y el color de su cabello también, verla a ella era como si alguien hubiese trasformado a Harry en chica.
Eso le hizo sonreír, ¿cómo podía pensar esas cosas en ese momento?
-¿Dennis? –Escuchó que decía McGonagall, este pareció recuperarse y declaró:
-Lo siento, resbaló de mis manos. Es casi idéntica a Harry.
Estaba tan sumamente sorprendido que pasó desapercibida la mirada de claro reproche de McGonagall hacía Snape.
-¿Harry?
Escuchó que le preguntaba la chica, él asintió:
-Sí, Harry Potter, la verdad es que sino fuera porque estoy muy seguro, diría que eres su hermana gemela.
La muchacha sonrió a sus palabras, mientras que McGonagall palidecía y Snape miraba hacía él como si fuese el mayor bocazas del mundo. Claro está que Remus estaba demasiado cansado para notar nada de nada. Según el horario que le habían entregado, él, no tendría que comenzar con todo aquello hasta el día siguiente, lo que le granjeaba el poder ir a Hosmeade, ver a Nimphadora y dormir un poco después.
"OPV"
Las clases habían comenzado, pero su mente no se separaba de la niña que se encontraba escondida en la sala de los menesteres.
Solo podía desear que nadie diera con ella. Había pedido a esta que imaginara la sala de Slytherin. Después de todo, era lo único que podía asegurarle el después poder entrar él también.
Le había pedido que no saliera de allí, y él mismo se había encargado de pedirle a Kreacher, el elfo domestico que Potter había donado a Hogwarts, que se encargara de granjearle comida a la misma.
Estaba claro que el elfo había accedido de muy mala gana, pero al final lo estaba haciendo.
Había tenido también serios problemas con Luna, ella al parecer no sabía nada del mundo mágico, al igual que no era consciente de que existían criaturas mágicas. Por poco y le da un infarto cuando ante ella se apareció el dichoso elfo.
Estuvo apunto de perderse en el castillo, pues había salido de la sala como una loca. ¿Cómo conseguiría mantenerla oculta?, ¿Y cómo se supone la iba a ayudar?
Ni siquiera sabía cómo había llegado hasta ahí, ¿cómo iba a saber regresarla?
Daba toques con la pluma contra la mesa, mientras pensaba en lo que ese día podría hacer con ella. Quizás preguntarle por su familia. Si le sacaba algo a ella, tal vez encontrase una pista de lo que había sucedido.
Aunque no abrigaba demasiadas esperanzas, era evidente que la habían mantenido al margen de todo, solo le habían contado historias.
De repente se detuvo. Eso era, esas historias, en ellas tenía que encontrarse la clave. Después de todo Luna, se había salvado al recordar una historia que su padre le contaba.
Sonrió triunfante ante su nueva idea, no se percató que era objeto de miradas, entre las que destacaba Hermione.
Desde que habían entrado en clase, Hermione, no había dejado de prestar atención a este, pues parecía sumamente distraído, y se confirmó cuando vio que este se quedaba como ido, dando golpecitos contra la mesa, para después sonreír como idiota.
¿Qué se supone le estaba pasando a Malfoy?, se había sorprendido bastante al no ver a su sobrina en la mesa de Slytherin, por ello había recorrido todas y cada una de las casas. Pero ni rastro de ella.
¿Qué significaba eso?
Draco, aunque distraído no dejó de sentir que alguien parecía estar al pendiente de él, cuando miró para ver de quien podía tratarse se quedó helado.
Se había olvidado por completo de la sabelotodo sangre sucia, esta lo estaba mirando de forma cuidadosa, parecía estar pensando en algo. Enseguida les dieron permiso para marcharse, él no dudo ni un solo segundo es recoger sus cosas y dirigirse a la salida.
Se sorprendió al darse cuenta de que una vez más, y tal y como el año pasado le había pasado, tendría que pasarse el año entero corriendo de un lado para otro. Gruñó algo molesto, ¿por qué tenía él que hacer todo aquello?, ¿Qué mas le daba a él?
Pero enseguida se respondió a él mismo. Luna, le había pedido que no la dejara, que se quedara con ella.
-Maldición.
-¿Dónde está tu simpática sobrina?, No la vi esta mañana en el gran comedor.
Draco miró a Granger sorprendido, ¿qué le importaba a ella?
-Se perdió.
Dijo este de forma esquiva, tarde, se percató de que no debería haber dicho nada, ¿desde cuando él daba explicaciones?, Él se limitaba a ignorarla, insultarla y largarse.
Al menos en eso no se equivocaría, apartó a esta de su camino y se marchó de allí. ¿Qué maldición le habían echado para que él hiciera lo que al parecer había hecho en el futuro?
Si Granger estaba con la Smith tras la oreja, debería andarse con mucho cuidado, de hecho pensándolo mejor, iba a necesitar ayuda. ¿Qué podía hacer él solo?
Tenía que hablar con McGonagall, ella sabría que hacer, la pregunta era, ¿le ayudaría?, ¿Qué mentira le contaría?
No estaba dispuesto a que hirieran a Luna.
Pero para hablar con McGonagall, primero debía hablarlo con ella, sí haría eso, después de las clases iría a buscarla para hablar.
Las clases se le hicieron eternas, y nada más terminar las mismas, y sin pasar a dejar sus cosas en su sala, se dirigió a la sala de los menesteres. Iba de forma presurosa y no se percató de que alguien lo seguía con el ceño fruncido.
Llegó ante la sala de los menesteres y tras dar tres vueltas por el pasillo, apareció la puerta de los menesteres. Alargó la mano para entrar, pero se detuvo en seco, ¿sería mejor llamar?
Llamo a la misma, pero no obtuvo respuesta, lo intentó una segunda vez, pero el resultado fue el mismo. Frunció el ceño, ¿por qué no abría?, ¿Tendría miedo de hacerlo?
No le había explicado que esa puerta solo podían verla él y ella, al menos mientras uno de los dos estuviese en el interior de la misma. Había tantas cosas que tenía que explicarle, ¿en qué demonios estaban pensando?
De repente el miedo lo asaltó, ¿en qué mundo sería él, el destinado a cuidarla?, en un mundo donde sus padres no estuviesen. Uno en el que para salvarla hubiesen tenido que hacer algunos sacrificios.
¿Qué edad tenía la niña?, Diez, ¿Once quizás?, era evidente que aún no había sido llamada para ir a Hogwarts.
De nuevo se detuvo en sus pensamientos, ¿y si no la habían llamado porque no debía asistir?, ¿y si aun en la época de ella el que no debía ser nombrado seguía haciendo de las suyas?
Decidido a averiguar algo de ella, Draco abrió la puerta. Entró en la sala y dejó la puerta abierta:
-Luna, hay algunas cosas de las que tenemos que...—se quedó helado en mitad de la sala, esta estaba completamente vacía: -¿Dónde demonios se ha metido?
Soltó todas sus cosas en uno de los sillones que había allí y salió corriendo de la sala, ¿en qué estaba pensando esa niña?
Buscó en la torre de Astronomía, después de todo era el único sitio que ella parecía conocer de todo el castillo. Pero allí no estaba, en su búsqueda desenfrenada llamó la atención de varias personas, sin embargo no le dio la menor de las importancias.
Debería haber dejado que Snape la viese, esa habría sido la mejor solución. Gruñó molesto y siguió con su búsqueda.
Al casi caer la noche se rindió, con pasos lentos y cansados por haberse pasado toda la tarde buscándola sin éxito, se dirigió al despacho de McGonagall. Ella al igual que Snape, ya estaban lidiando con el problema de tener allí a Lilian Evans.
No creía que le costase demasiado lidiar también con Luna Evans.
Llamó al despacho de esta y esperó que le dieran permiso para entrar, este no se hizo esperar demasiado. Una vez abrió la puerta, se encontró con que la profesora miraba unos papeles muy entretenida.
¿Cómo iba a comenzar a hablar?
Al ver que este no comenzaba a hablar, McGonagall había levantado la vista de sus papeles, cuando vio a quien acababa de entrar se quedó totalmente descolocada:
-¿Qué hace aquí Malfoy?
Draco frunció el ceño, ella no era una de sus profesoras favoritas, pero sin Dumbledore y para nada dispuesto a acudir a Snape, era su única alternativa viable:
-Tengo algo que hablar con usted.
Ella frunció el ceño:
-Habla rápido, no tengo todo el día.
Este entró en el despacho y dejó la puerta entreabierta, estaba bastante nervioso, la verdad es que no estaba muy seguro de que lo que iba a hacer fuese una buena idea:
-Se trata sobre un familiar mío. -McGonagall lo miró sin inmutarse: -Necesito de su ayuda para que la protejan.
Los ojos de la profesora se abrieron al máximo, su sorpresa sin duda no podía ser disimulada:
-Creo no haberle entendido bien señor Malfoy. Usted, quien estuvo el año anterior intentando matar a Albus Dumbledore, durante todo el año, me pide que proteja a uno de sus familiares.
Con la cabeza en alto y muy seguro de sí mismo declaró:
-Así es.
-¿Se ha vuelto usted loco?, Quiero decir, ¿a qué está jugando señor Malfoy?, no, ¿qué le hizo pensar que accedería?
Draco entrecerró los ojos y declaró:
-¿No es a eso a lo que se dedica la famosa orden del fénix?, A luchar contra el señor oscuro y proteger a quien sea necesario.
-Definitivamente usted no…
-Solo tiene once años, ¿no cree que ella merece que se la proteja?, Se trata de mi sobrina, bueno una muy lejana, en realidad no sé muy bien que parentesco tengo con ella, al parecer su padre fue repudiado de la familia Black por casarse con una muggle.
Ella no sabe nada de este mundo, pero este verano se presentó en nuestra casa, no tiene a donde ir y no puedo permitir que el señor oscuro sepa de ella.
Quiero que la orden se ocupe de protegerla.
-Nosotros tenemos cosas mejores que hacer, que ser niñeras de familiares muggles de los mortifagos.
McGonagall estaba enfadada, y eso lo enfadó a él más aún:
-No le estoy pidiendo que me brinde protección a mí, sino a una niña inocente.
-Ella es muggle, no…
-No lo es. -Declaró muy convencido de sus palabras, aunque ahora que lo pensaba no sabía en realidad, ni la edad, ni siquiera si la Luna era maga. Disimulo sus dudas camuflándose en su típica arrogancia: -Es una Malfoy después de todo.
McGonagall lo fulminó con la mirada:
-Vaya a ver al director y solicite su ayuda, como miembro de la orden le aseguro que nadie de la misma le brin…
-Se le brindará la ayuda y protección que pide.
Ambos se sorprendieron al escuchar esa voz, sobre todo por la fuerza con la que había declarado esas palabras. Había enfado, y disgusto, estaba claro que no deseaba decirlas, pero también determinación.
Este dio unos pasos al interior del despacho, Draco, abrió los ojos al máximo al descubrir que de la mano llevaba a Luna:
-Tío Draco.
Luna corrió a su lado sin dudarlo, sin embargo él, no pudo dejar de mirar a Potter con cierta sorpresa:
-Potter, lo lamento pero tú no tienes potestad en estas decisiones.
Potter miró a McGonagall y después a Luna para declarar:
-No solo se le brindará protección a la niña, Malfoy, solo te diré esto una vez, o lo tomas o lo dejas, eso lo tendrás que decidir ya: ¿Estás dispuesto a trabajar para la orden?, No te solicitarán nada demasiado peligroso, a cambio se te otorgará todo lo que Dumbledore te ofreció la noche en que fue asesinado.
Draco abrió los ojos al máximo, se había esperado de todo, se había preparado para tener que hacer de espía. Pero allí estaba San Potter, una vez más comportándose de una manera que no se esperaba.
Al no saber que decir ni cómo actuar declaró:
-¿Qué se supone hacías tú con ella?
-La encontré en el campo de Quiddich, mejor dicho ella me encontró a mí.
-¿Qué hacías tú allí?
Luna sonrió contenta y declaró:
-¿Sabes que es cierto que se puede volar en una escoba?, Siempre pensé que mis tíos y primos se reían de mí. O incluso mi madre, ella al contarme historias de él, me contaba también sobre un juego que se jugaba a montar en escobas.
Yo siempre creí que se estaba burlando de mí, pero es verdad, vuela encima de una escoba como las brujas malvadas, como la que atacó mi casa.
Todos se quedaron callados ante esa afirmación de la niña, había claro enfado en sus palabras:
-¿Qué mujer?
Preguntó interesada McGonagall:
-La que cantaba, la que me persiguió por el bosque, su voz era chillona y parecía estar loca, llevaba una capa negra, ella y los otros, yo corrí y corrí, tal y como la tita me pidió, pero me alcanzaron. Mi padre, me había contado muchas historias del bosque de Dean, y siempre me dijo que Hogwarts, era el lugar más seguro en el mundo, también me dijo que siempre que necesitase ayuda este me la brindaría sin dudar.
Ahora que me acuerdo, tío Draco ella me llamo igual que tú a la chica de ayer.
Draco la miró sin entender y ella declaró:
-Me dijo que era una bastarda sangre sucia. ¿Qué es sangre sucia?
Una vez más el silencio se hizo en el lugar, al menos durante unos segundos Potter lo miró molesto, era evidente que ya había deducido a quien había llamado de esa manera.
Pero la verdad es que no le dio demasiada importancia a la mirada de Potter, sino a lo sumamente molesto que se sentía, ¿quién se había atrevido a llamarla así?, negó, ¿qué más le daba a él?
-Algo muy malo. –Tanto él como Potter, habían contestado a la pregunta de Luna.
Ella los miró a uno y a otro, y McGonagall miró hacía él con el ceño fruncido y desconfiada:
-Aun así, no sabemos si ha recibido la carta de Hogwarts. ¿Qué edad tienes pequeña?
-¿Qué día es hoy?
Preguntó ella con cierto desconcierto. Los tres se miraron desconcertados:
-Diez de Septiembre, si no me equivoco.
Respondió Potter:
-Entonces once. Ayer fue mi cumpleaños.
Dijo esta sin más. Y de repente se quedó callada:
-Hoy tenía que salir de viaje, iba con mis padres a un sitio, no me quisieron decir, decían que era una sorpresa, pero…
Calló, Draco miró a McGonagall y esta abrió un cajón de su escritorio y sacó un sobre del mismo, lo puso encima de la mesa y declaró:
-¿Habías visto esto alguna vez?
Luna se acercó a la mesa y contempló el sobre durante unos segundos, y empezó a negar.
-Creo que eso lo dice todo. De todas formas, ¿alguna vez has hecho algo de magia?
Luna sin dejar de mirar el sobre negó en un principio.
-Aunque de algo sí tienes que estar orgulloso Malfoy, en una escoba se parece a ti. En un futuro será una contrincante a tener en cuenta.
Tanto Draco como McGonagall, lo miraron, este por su parte solo miraba a Luna:
-Eso quiere decir que es de los nuestros.
Harry y Draco miraron a la profesora McGonagall:
-Los muggels no pueden volar en las escobas. Incluso a algunos skips les cuesta conseguirlo, el señor Filch sin ir más lejos.
-¿A sí?
Una vez más Draco habló a la par que Potter, por su parte Luna, seguía con la mirada fija en la mesa, parecía pensar en algo.
-¿Cómo podemos saber si pertenece a nuestro mundo o no?
Preguntó algo desesperado Draco.
McGonagall lo miró por unos segundos y después se fijo en la niña:
-¿Luna?, es ese tú nombre ¿verdad?, Necesito que me mires, necesito que intentes recordar si alguna vez has hecho algo raro. Algo que no sabes como sucedió, es importante.
La pequeña Luna comenzó a restregarse ambas manos con nerviosismo, y esquivó la mirada de McGonagall. Para Draco era evidente que se encontraba nerviosa. Se iba a acercar a ella para tranquilizarla cuando Potter se le adelantó:
Cogió a esta de los hombros y se situó a su altura, ella esquivó una vez más su mirada:
-¿Qué sucede Luna?, Puedes confiar en nosotros, no te sucederá nada.
Ella se mordió el labio inferior, y Draco, pudo distinguir algunas lágrimas brillar en sus ojos, ¿qué le pasaba?
Potter, cogió el rostro de la niña y la hizo mirarlo. Él por su parte algo molesto se acercó a ellos y se arrodilló también al lado de ella:
-¿Qué pasa?
Luna miró a uno y a otro y susurró algo, pero ninguno la escuchó:
-¿Qué?
-A mis tíos y madre no les gustaba lo que hacía a veces.
Potter, aguantó la respiración por unos momentos, después miró a Luna y susurró:
-¿Qué hacías?, Aquí no pasa nada, mira… -Potter sacó su varita y apuntó a la mesa de McGonagall, susurró un hechizo y unos cuantos papeles se alzaron: -¿Ves?, Aquí todos hacemos cosas así, incluso tu tío.
Draco, se quejó cuando sintió que este le había golpeado en las costillas, miró a Potter molesto y sacó su propia varita. Apuntó hacía uno de los objetos y también dijo un hechizo.
-Yo, tuve que comenzar a ocultárselo, ellos se enfadaban mucho, mama incluso lloraba a veces. El único que me comprendía era papa. Yo sé que él tenía miedo, pero aun así él, siempre me ayudo. Cuando me despertaba por las noches con pesadillas, él siempre acudía a ayudarme.
En una ocasión, aparecí en una casa que se encontraba en ruinas. Mi padre, apareció al cabo de unas horas, parecía desesperado, asustado, cuando me encontró, me abrazó con fuerza y me dijo que allí era donde él había nacido.
Yo le contesté que lo sabía, que yo ya había estado allí antes, con otra persona. Pero no supe decirle con quien.
Él sonrió y me hizo jurar que no le contaría a mama nada de aquello. Asentí y desde entonces todo lo que hago lo dejamos entre nosotros dos.
Ayer por la tarde, a pesar de que mi padre me había pedido que intentara hacer esas cosas solo cuando él estaba, yo me enfadé mucho con mi tío. Acabamos discutiendo, porque una vez más decía cosas horribles del tito Draco.
No pude controlarme y lo hice volar lejos.
Cuando mi padre llegó, peleó con mi tío, le dijo que era un infantil inconsciente y que por su culpa había puesto a su familia en peligro. Le juró que si algo sucedía se las iba a pagar.
Discutieron tan fuerte, que todos en casa los oyeron, mi madre, se peleó con mi padre, mi fiesta de cumpleaños se fue a la ruina. Y cuando ya no quedaba casi nadie en casa, comenzaron a escucharse ruidos extraños. Empezaron a llamar a alguien, esa bruja loca, ella reía divertida, decía cosas sin sentido. Mi madre palideció y mi padre tan solo nos miró.
"Quiero que te las lleves lejos. Llévalas con Draco."
"Pero, ¿quién te ayudara a ti?"
"Siempre que ellas estén seguras será suficiente."
"No puedes pedirme que me marche, juré que siempre estaría a tu lado."
"Pero ahora no solo somos nosotros, y no puedes pedirme que la sacrifique a ella."
Mi padre me señalo, me beso en la frente y me puso en brazos de mi madre, ambos se besaron y tanto mi madre, como mi tía y yo salimos de la casa.
A ese punto Luna se echó a llorar, Draco rápidamente la abrazó con fuerza, McGonagall la miró durante unos segundos, y Potter la miró a su vez.
McGonagall suspiró, se limpió los ojos y declaró:
-Tenemos que averiguar que ha sido de la familia de ella, mientras tanto se quedará aquí en Hogwarts. Tiene edad para comenzar a estudiar. Venid conmigo, tenemos que hacer algo con el sombrero seleccionador, necesitamos que la coloque en alguna casa.
Los tres salieron del despacho, mientras que McGonagall los guiaba por los pasillos de Hogwarts:
-¿Cómo te llamas pequeña?
-Luna Evans.
McGonagall asintió, una vez en el despacho del director llamo a la puerta, esta se abrió y encontraron a Severus Snape mirando unos papeles, que rápidamente recogió al ver a los recién llegados.
No reparó en la niña y al ver a los dos alumnos que entraban precediendo a McGonagall suspiró cansado:
-¿No hemos hecho más que comenzar y ya estáis dando problemas?, Creía Potter, que tenías cosas que hacer.
Draco miró de reojo a Potter, pero este ni siquiera miraba a Snape, caminó hasta la percha donde el fénix de Dumbledore solía descansar y la encontró completamente vacía.
-¿Qué la trae por aquí profesora McGonagall?
-Necesito el sombrero seleccionador. Ayer quedó una alumna sin seleccionar.
-Me temo que eso es imposible, el sombrero solo despierta una vez al año, el resto del tiempo…- Snape miró hacía una de las estanterías y Draco hizo lo mismo, era evidente que ese andrajoso sombrero no iba a despertar.
-¿Qué sugiera que hagamos?
-¿Por qué no fue seleccionada ayer?
-No llegó hasta esta mañana. –mintió Draco descaradamente, sintió la mirada de Potter en su nuca y deseó que este no hablara más de la cuenta.
-Pues en ese caso es su culpa, no se admiten alumnos fuera de plazo.
-¿Ya es director de Hogwarts?, Mi padre me dijo que, usted había sido un increíble director. De hecho, me dijo que si alguna vez tengo un hermanito se llamará como usted.
Todos en el despacho miraron a Luna como si estuviese completamente loca, el que peor la miraba era precisamente el que había recibido sus halagos:
-¿Quién demonios es esta niña?
-Mi sobrina.
Ahora fue Draco el que recibió la mirada de desconfianza:
-Que yo recuerde…
-Si, si, esa historia ya me lo han dicho muchas veces, es un familiar lejano, no sé qué parentesco tengo con ella, pero me llama tío. Así que lo dejé estar.
Potter miraba a Luna con cierta desconfianza, pero no hacía ella, sino al parecer hacía quienes fueran sus padres. Draco no dejó de mirar a Snape.
-Entiendo la presencia del señorito Malfoy y de usted Profesora McGonagall, al igual que la niña, pero, ¿qué pinta el señor Potter aquí?
Todos miraron hacía Potter, el cual seguía pendiente de Luna, él levantó la vista hacía los que lo miraban y frunció el ceño:
-Vengo porque ella quiere que este aquí.
Luna le sonrió abiertamente y asintió a sus palabras.
-¿Entonces que se supone que hagamos?
Pregunto molesta McGonagall, Snape la miró unos momentos y comenzó a decir:
-Como ya dije, ella debería haber llegado ayer para ser seleccionada y…
-Si ella no estaba aquí ayer, solo fue porque sus queridos aliados atacaron a su familia. No sé que interés podían tener en una niña pequeña, pero por lo visto tú querido amigo desea algo de ella. -Potter había caminado hasta situarse delante del escritorio de Snape y lo miraba desafiante, apoyó ambas manos en la mesa y sin dejar de mirarlo: -Dile de mi parte, que ahora ella está bajo la protección de la orden, y que no la cojera con tanta facilidad.
-El señor tenebroso no tiene ningún interés en crías pequeñas Potter.
Draco acercó a Luna hacía él, o si que tendría interés si sabía.
-No me buscaban a mí. Buscaban una cosa que pertenecía a mi mama. Algo que ella me regaló a mí.
Todos miraron hacía ella y Snape pareció interesarse mucho:
-¿De qué se trata?
-Es una esfera, mi padre me dijo que era una esfera muy especial, que cuando me perteneciese a mí, debía de cuidarla mucho y no dejar que nadie peligroso la viera o cogiera.
-¿Dónde está esa esfera?
Preguntó Snape, Luna se llevó una de sus manos hacía su cuello, pero Potter la detuvo en seco:
-Eso a usted no le importa. Solo asígnele una casa a la niña y ya.
Snape se puso en pie y lo encaro, Draco ya se estaba extrañando de que este le permitiese tanto descaro a Potter:
-Tú no eres nadie aquí para darme ordenes Potter, y por tu falta de respecto quedas castigado.
Potter formó una sonrisa torcida en su rostro:
-Solo el director o en este caso directora de Hogwarts puede hacer tal cosa.
-Yo soy el director de Hogwarts.
-Cara a los demás tal vez, pero para mí solo eres un despreciable asesino.
No tardó ni una milésima de segundo en coger a Potter y apunto estuvo de golpearlo, pero se detuvo en seco.
Ambos se miraban directamente a los ojos, Snape se había quedado helado. Como si algo lo estuviese reteniendo:
-Me gustará estar presente en el momento en que el señor tenebroso acabe contigo.
Luna se había aferrado a él y los miraba sorprendida y asustada a la par.
-Profesor Snape.
La voz alarmada de McGonagall se hizo escuchar, y ambos miraron en dirección de esta. Era evidente que se habían olvidado de que no estaban solos en el despacho.
Snape soltó a Potter y declaró:
-Mañana se te informará de tú castigo Potter, y a la próxima vez que te comportes de este modo, consideraré seriamente la expulsión de este colegio.
Potter iba a recriminar algo cuando Snape volvió a decir:
-Muy bien, tú niña, ¿cuál es tú nombre?
Luna lo miró un momento:
-Luna Evans.
Snape gruñó por lo bajo y miró a McGonagall:
-¿Evans?
Preguntó. Ella asintió y Snape declaró:
-Muy bien, maldita sea, ven aquí acércate, necesito verte de cerca.
Luna miró hacía Draco y después hacía Snape, cuando Draco asintió a esta, ella caminó hacía Snape.
Luna se puso enfrente de él y Snape le dijo:
-Quiero que me mires fijamente a los ojos.
-¿Qué cree que…?
-Potter y Malfoy, o se callan ahora mismo o van fuera. - Ambos se quedaron mirando a Luna impotentes, Snape por su parte después de mirar con reproche hacía ellos, centró ahora su atención en la niña ante él.
Más de un momento a otro, fijó su vista en Potter, él mismo y después en McGonagall:
-¿Qué significa esto?
-¿Qué quiere decir?
Snape cogió a Luna del brazo y la hizo mirar a McGonagall, esta se quedó un momento mirándola y después frunció el ceño:
-Malfoy y Potter, salid de aquí ya.
La determinación y el enfado en la voz de McGonagall, hizo dar un pequeño brinco tanto a él como a Potter, el que miró a esta con suma sorpresa:
-Pero yo…
-FUERA.
Snape el que se acababa de levantar de la silla y sin soltar a Luna del brazo, les lanzó un hechizo que los hizo dar contra la pared del fondo. Draco se llevó una mano a la espalda, al lugar donde se había golpeado con mayor fuerza y miró hacía Potter, quien fulminaba con la mirada a Snape. Él miró hacía el mismo lugar y ambos se encontraron mirando al marrón de la puerta, la que Snape había cerrado.
"OPV"
Hermione, se encontraba paseando por los pasillos de Hogwarts, haciendo su ruta habitual. La verdad es que eso le parecía ahora tan sumamente innecesario, ella debería de estar buscando algo en relación a los horcuxes, en el verano, Ron, Harry y ella habían conseguido localizar uno de ellos.
Una copa de Hufflepuff y sabían de la segura localización de otro, Nagini, la serpiente de Voldemort.
Dos estaban destruidos, anillo y diario.
Uno robado y con unas siglas que se suponían eran del ladrón; R.A.B.
Y quedaban por localizar dos. Si de verdad había conseguido hacer siete, les faltaban dos. Unos que estaban resultando ser muy esquivos y terriblemente desesperantes.
Se supone que tenían que ser objetos especiales, algo de Gryffindor y de Ravenclaw, algo que Voldemort considerara digno de albergar en su interior un trozo de él mismo.
¿Pero qué?, no sabía de ningún objeto que resultase digno de tal cosa para ese despreciable. Aunque si necesitaba algo de información en realidad se encontraba en uno de los mejores lugares para encontrarla. Después de todo ellos eran los que habían fundado Hogwarts, tenían que tener algo de las vidas de ellos en la biblioteca.
Frunció un poco el ceño, otro año que tendría que pelear con Ron y Harry para que la ayudaran. Aunque la verdad es que desde que habían comenzado con la búsqueda, ambos estaban más receptivos a ayudarla con los libros.
Claro esta que las quejas nunca faltaban, y las ganas de saltarse esa parte tampoco. Suspiró algo cansada, en realidad, a ella también estaba comenzando a cansarle tanta y tanta búsqueda sin resultado satisfactorio.
Sus pasos se detuvieron cuando escuchó unas voces acercarse, se extraño, sobre todo porque pareció reconocer alguna que otra voz.
-¿Por qué tan restringidos?
-Es cosa del director y de la profesora McGonagall.
-Pero si los alumnos a partir de mañana ya sabrán de nosotros, ¿por qué no podemos pasear sin más como cualquier otro alumno?
-Le repito señor Blane, que yo solo estoy aquí para protegerlos, pero no sé mucho más que ustedes al parecer.
Sin duda ella reconocía esa voz.
-Pero Dennis, no es justo que tengamos que estar encerrados en esa torre. Si al menos pudiéramos cambiarla.
-Me temo que eso es imposible, señorita Lufkin, esa desde que llegó a sido la torre de la profesora Trelawney. No podemos pedirle que de un día para otro la cambie porque sí.
Los pasos en lugar de alejarse se iban acercando, temerosa de que la descubriesen espiando, ella comenzó a caminar también, lo mejor era hacerse la encontradiza y ya.
Sus pasos aunque algo nerviosos eran con su habitual rapidez.
-Tenemos compañía.
Hermione, se quedó un poco parada al escuchar esa voz, ¿qué hacía ahí Ojoloco Moddy?, ¿acaso pertenecía a los Aurores que habían sido llamados para proteger ese año Hogwarts?
Siguió caminando y de un momento a otro giró, todo el grupo se encontraba parado a la espera de quien iba a aparecer por esa esquina. Al verlos ella sonrió de medio lado. No se había equivocado, Ojoloco Moddy estaba allí.
Acompañado por seis chicos de su edad que a ella no le sonaban en absoluto.
Y sonrió aún más al ver a Remus entre todos ellos:
-Vaya una sorpresa, no esperaba que se encontrara en el castillo profesor Lu…
-HERMIONE. –tal grito por parte de Remus la hizo pegar un bote, y se sorprendió aún más, cuando este se abrió paso entre los chicos que acompañaba y declaró: -Tenía ganas de verte, hay algunas cosas que me gustaría hablar contigo.
Sin más la cogió por el hombro y comenzó a andar con ella:
-Adiós profesor Mo…
-Si, sí, pero no me llames profesor, recuerda que nunca llegué a darte clase.
Hermione frunció el ceño, ¿por qué demonios ambos la habían cortado en mitad de la frase?
Se percató de que todos los jóvenes la miraban con cierta intriga. Se giró para mirar a Remus y escuchó que uno de ellos decía:
-¿Lo ve?, Somos exactamente iguales, ni el uniforme a cambiado, ¿por qué entonces tantas tonterías?
-¿Cómo que ni el uniforme a cambiado?, ¿De qué está hablando?
La voz de Moddy sonaba algo molesta: -Será mejor que caminen, les recuerdo que solo tienen una hora más para poder pasear, luego otra vez a la torre.
Hermione siguió a Remus, hasta donde este quiso llevarla, una vez quietos ella lo miró y reclamó:
-¿Qué está pasando?, ¿Quiénes son esos?, ¿Por qué tienen que protegerlos los de la orden?, y no unos cualquiera, sino el mejor auror de la historia del ministerio y usted.
Remus sonrió de medio lado y declaró:
-Hermione, es algo de lo que ni yo mismo estoy bien informado. Te pido que guardes el secreto, es de suma importancia que no digas nada de nada y que intentes no verlos.
-¿Por qué ambos me cortasteis cuando iba a decir vuestros nombres?
Remus dejó de sonreír, y entrecerró los ojos, ella se cruzó de brazos a mirarlo:
-No soy tonta, y escuché que una de ellos, decía Dennis, pero ni usted ni el profesor Moddy se llaman así. A no ser que se hayan cambiado los nombres cosa que dudo mucho.
-Eres demasiado atenta Hermione. Y me temo que eso te hace estar en constante mira. Deberías de mostrarte menos inteligente, es un consejo que te doy.
-No me gusta que me hagan o me crean tonta. No tengo porque aparentar algo que gracias a Merlín no soy.
Remus suspiró algo cansado:
-Es solo un consejo, ¿cómo está Harry?
Al cambio de tema Hermione se desestabilizó un poco, lo miró unos momentos y después descruzó los brazos y declaró:
-Ahí está, que es lo que importa, aguanta al pie del cañón, aunque no sé por cuanto tiempo.
-Esperemos que por bastante. La guerra cada vez está peor, las desapariciones son casi diarias y a gran escala. El profeta no informa de nada, solo de lo que les conviene, el ministerio oculta todo lo que puede sin mucho éxito.
El pasado Lunes sufrió un ataque de mortifagos, aunque creo que fue más una prueba que otra cosa. Pues se solucionó rápido, temo que el siguiente no tengan tanta suerte.
-¿Por qué me dice todo esto?
Preguntó Hermione, en cierto modo aterrorizada, Remus la miró a los ojos y declaró:
-Eres racional, una persona que piensa antes de actuar, Harry no, él es más temperamental, si supiera de todo esto, me temo que haría más mal que bien. Pero alguno de los tres tiene que ser consciente de la realidad. Ron, intentaría no darle importancia, es un buen chico y procuraría no contárselo, o lo contaría y metería la pata.
Pero tú, tú puedes ayudarlo a seguir adelante, a no detenerse, es difícil y lo sé, podría decirse que te estoy pasando la responsabilidad que debía de cargar yo. Pero temo que él ya no confíe en que pueda fiarse de la orden.
-Eso no es cierto, Harry no dejará de lado la orden.
-Hermione, ambos sabemos que os traéis algo entre manos desde que finalizó el curso el año anterior. Los tres nos esquiváis y huis cuando preguntamos. No digo que tengáis que contarnos todo, pero al menos decirnos aunque sea solo si merece la pena esperar.
Son tantas muertes y desapariciones, no solo magos, sino muggles, Hermione, son demasiados. Hay veces en que me planteo llegar a rendirme en una lucha. Abandonar definitivamente.
-Eso ni se le ocurra. Es cierto que tenemos algo entre manos, no podemos darles detalles de ello. Pero es importante. Solo si lo hacemos tendremos alguna oportunidad, no se rinda, es el único que le queda a Harry, si usted no está, ¿en quién se apoyará?
Tiene una responsabilidad Profesor Lupin, es el único a quien Harry aún considera parte de su familia.
Hermione se sorprendió cuando Remus la miró con suma sorpresa:
-¿De qué se sorprende?
-Yo, es que, bueno, no me esperaba esto.
-¿Y qué entonces?, Es el único que puede contarle algo de sus padres, de Sirius, ¿qué cree que es usted para él?
-Un conocido, tal vez un amigo, pero…
-Tonterías, es mejor que nos marchemos de aquí, tengo que seguir con mi ronda y tú creo que tienes que hacer de niñera. ¿Quiénes son ellos para tener tanta protección?
Hermione se sorprendió al ver que Remus se encogía de hombros:
-No tengo la menor idea, solo Snape y Minerva saben algo. De lo que sí estoy seguro es que piensan que tanto Moddy, como yo, somos idiotas. Nos los han presentado con unos nombres que claramente no son los suyos.
-¿Por qué dice eso?
-Porque ninguno responde a la primera, ahora parece que se están acostumbrando un poco, pero créeme, ninguno serviría para actor.
Remus sonrió de medio lado y ella respondió a su gesto, le abrió la puerta y ambos abandonaron la clase.
-Por cierto, yo soy Dennis Creevey, y el profesor Moddy, George Granger, lo siento creo que McGonagall no tuvo mucho tiempo para pensar.
Dijo este al ver la cara de sorpresa de ella. Hermione, lo miro un momento desconcertada y con cara de incredibilidad y después asintió algo perdida.
-No hay problema, ¿qué haréis si os ve alguien más?
-¿Puedo confiar en que Harry y Ron serán informados de nuestros cambios de nombre?, Sé que no tienen que andar por los pasillos a estas horas, pero todos conocemos a Harry.
Hermione sonrió, para después declarar:
-Avisaré a Ron, después de todo es Prefecto también, así que tiene ciertas responsabilidades, con Harry, diré que tienes una misión de la orden y que cuando te vea acompañado, te llame Dennis Creevey, ¿sabes que eso suscitará muchas preguntas verdad?
-Cuento con ello, pero prefiero las preguntas de él, que de esos seis que no conozco.
Ambos llegaron al lugar donde se encontraban el resto, Hermione y Remus se detuvieron para despedirse cerca del grupo. Remus se unió a ellos, pero Hermione siguió hacía delante:
-Adiós tío, nos vemos otro día. –Su sonrisa se intensificó al ver la cara de Moddy, después se fijó en los seis jóvenes y sonriendo:
-Un placer.
Sin más se marchó, pero una vez más el destino quiso comportarse caprichosamente. Y como la noche anterior, les tenía reservado un nuevo encuentro inesperado.
"OPV"
Más enfadado no podía encontrarse, pero tampoco más dolorido tampoco. Le dolía desde la cabeza hasta el final de la espalda, ese miserable de Snape les había mandado un potente hechizo.
Se frotó la nuca, justo en el lugar golpeado y cerró los ojos un momento, el dolor era demasiado. Quizás si iba a ver a Madame Pomfrey ella le administraría lago para el dolor.
-Potter espera.
La voz de la profesora McGonagall se hizo escuchar, se sorprendió de ver que no venía sola. Luna y Malfoy iban con ella.
-¿Qué desea ahora?, ¿Tirarme por las escaleras?
McGonagall frunció el ceño molesta, Luna, soltó una risita risueña, y eso le bastó para sonreír a él también.
¿Por qué ella conseguía que su enfado desapareciera con ese simple gesto?
-A partir de mañana esta niña comenzará las clases, ha sido asignada a Slytherin, pero tenemos un problema.
Harry los miró sin entender:
-No tiene libros ni forma de conseguirlos.
-¿De qué habla?, ¿No te jactabas de ser muy rico y tener una fortuna?
Dijo irritado mirando a Malfoy:
-No puedo pedir esa cantidad a mis padres sin darles una explicación. Tú sin embargo no tienes que pedir permiso a nadie.
Harry los miró sorprendido, ¿le estaban pidiendo que pagase los libros y las cosas de Luna?, ¿Qué se creían que era él, alguien de beneficencia?
-Pero…
-Potter, no habrá ningún problema, yo misma si usted me firma una autorización iré a Gringotts mañana mismo, retiraré la cantidad necesaria y listo.
Lo tenían todo pensado, de eso no había duda, ¿por qué narices no le habían preguntado antes?
Iba a contestar molesto cuando Luna declaró:
-¿Podré tener mi propia mascota?
McGonagall miró a esta y Harry también:
-Sin duda, San Potter te dará todo lo que quieras.
Harry fulminó a Malfoy con la mirada y él sonrió sumamente satisfecho, por otra parte Luna, corrió a sus brazos. Ese fue el momento en que se escucharon unas risas en el lugar.
McGonagall se paró en seco cuando vio a quienes pertenecían las mismas.
Harry estaba mirando a Luna en sus brazos, tras fruncir un poco el ceño, ella levantó su verde mirada hacía él y declaró:
-¿Entonces sí?, ¿Me regalarás una mascota?
Harry se agachó de nuevo a su altura y le preguntó:
-¿Y cuál se supone que será la mascota que te regalaré?
Luna sonrió:
-¿Entonces sí?
Harry asintió y Luna se abrazó a él.
De repente la risa alegre de ella se cortó de lleno, Harry la apartó un poco de él y la miró, se percató de que ella miraba a alguien que se encontraba a su espalda.
Se giró desde donde se encontraba y se sorprendió al descubrir que en lo alto de la escalera había un grupo de gente.
-¿Harry que haces aquí?, ¿Es más, que haces abrazando a la sobrina de Malfoy?
Harry se puso en pie y miró ahora a uno de los pasillos, por este venía Hermione, que miraba hacía él desconcertada.
-Hermione, yo estaba con la profesora McGonagall, había un asunto que tenía que tratar conmigo.
Hermione asintió, pero miró hacía la niña y susurró:
-Eso no me explica que hace esa niña abrazada a ti.
-¿Quién es esa niña Harry?
La voz de Remus hizo a Harry volver a mirar al grupo de la escalera. Sintió como Luna se aferraba aún más a su mano y eso lo extrañó:
-¿Qué pasa Luna?, ¿Los conoces?
-Ella, a ella la había visto antes.
Luna miraba hacía la escalera como perdida y sorprendida, Harry, siguió su mirada y se encontró con una chica de su misma edad, de cabello corto de color negro.
Harry miró una vez más hacía Luna, ¿qué podía haberle echo esta a Luna?, Desconcertado e irritado, fijó una vez su mirada en ella, y de repente se quedó helado.
Esos ojos, ¿cómo era posible, que en menos de dos días encontrase a dos personas con el mismo color de ojos que él?
-Harry Potter.
La voz de ella lo hizo quedarse perdido, ¿qué le pasaba?, ¿por qué sentía que la conocía?, Había escuchado esa voz antes, estaba seguro, lo más extraño es que relacionaba, por alguna razón, esa voz a algo relacionado con Snape.
-¿Ese es el chico del que hablabas Dennis?
¿A quien le estaban hablando?, quien hablaba ahora había sido una chica, esta se encontraba al lado de la que tenía esos ojos idénticos a él.
-Si, así es.
Harry frunció el ceño al ver que respondía Remus.
-Es sorprendente el parecido.
Harry no se habría fijado en ese comentario si no hubiese salido de los labios de Malfoy y Hermione a la vez. Ambos miraban a la chica en lo alto de la escalera y después a él.
-Profesor Dennis, profesor George, ¿qué hacen aquí?, Juraría que la hora de paseo ya terminó.
Harry se giró a mirar a McGonagall, la cual miraba a Remus, este miró a su vez hacía el hombre lobo, y detecto a Moddy a su lado. ¿Qué hacían ellos ahí?, ¿Quiénes eran esos jóvenes a los que acompañaban?
-Volvíamos precisamente a nuestra torre Profesora McGonagall. Mañana comenzaremos las clases, y pedimos a ambos que nos enseñasen el lugar para mañana no perdernos.
Uno de los chicos, era el que había hablado, estaba claro que todos ellos eran de por allí, el tono y el acento eran del lugar, ¿por qué sentía que los conocía?
-Seguro que era por eso.
Escuchó que susurraba McGonagall, de forma claramente desconfiada. Eso atrajo la atención no solo de Harry sino de Hermione. La cual ahora miraba de reojo a su profesora favorita y después a la chica de arriba de las escaleras, la que parecía casi un clon de Harry.
-Harry, yo ya voy a la sala común, ¿quieres que vayamos juntos?
Harry miró a Hermione y después a Luna, la cual se acababa de asomar a mirar a Hermione:
-¿Qué sucede Luna?
-Ella no me cae bien.
Malfoy se hecho a reír, mientras que Hermione fruncía el ceño y Harry formaba una pequeña sonrisa en su rostro:
-¿Y eso porqué?
Mientras todos ellos hablaban, los de encima de la escalera comenzaban a bajar, McGonagall, se fijaba en unos y otros con cierto nerviosismo. Pero era evidente que no podía hacer nada que delatase lo que allí podía pasar.
-Es mala, ella insultó a mi tío Draco.
-Sabrás tú lo que tu tío Draco ha llegado a hacer.
-Señorita Granger.
Harry vio como Hermione miraba a la profesora McGonagall algo molesta, seguidamente miró de mala manera a Malfoy y declaró:
-Está bien, vamos Harry hay algo de lo que tengo que hablarte.
-Un momento Granger, Potter y yo tenemos cuentas que arreglar.
Hermione miró sorprendida a uno y otro:
-¿Qué cuentas tienes tú que arreglar con Potter, huroncito?
Quien preguntó ahora fue Moddy, Hermione sonrió ante ese nombre, Malfoy frunció el ceño molesto, pero lo que nadie se esperaba fue la reacción de Luna.
-DEJEN DE METERSE CON ÉL.
El grito de ella hizo a todos mirarla, de repente Harry sintió un escalofrío recorrerlo, Luna, aun seguía cogida de su mano. Vio como de los ojos de ella salían algunas lágrimas y volvía a gritar algo.
Él estaba tan sumamente atento de ella, que no se percató de que todos los que había allí salían despedidos, exceptuando ella, él y Malfoy, que se encontraba cerca de ella.
-¿Qué demonios?
Moddy miraba a la niña sorprendido, después pasó su mirada de ella a las dos personas que se encontraban al lado de la niña.
-¿Quién diantres es esa cría?
-¿Señorita Granger?
Harry de repente comenzó a sentir como Luna soltaba su mano, parecía que de un momento a otro iba a caer inconsciente, intentó agarrarla él mismo, pero de repente él también se sintió mareado.
¿Qué estaba pasando?, con cierto esfuerzo intentó no desvanecerse, pero fue inútil, cayó al suelo completamente perdido. Escuchó como Luna caía también a su lado:
-Señorita Granger, despierte.
-Luna, oye Luna.
-James, James o venga ya amigo, ¿qué demonios crees que haces?, despierta de una maldita vez…
Sirius, esa era la voz de Sirius, ¿por qué su mente lo hacía pensar en él?, ¿Por qué se sentía tan distante?
-Potter, Potter.
-¿Qué está pasando aquí?
La voz de Snape le llegó de pleno, y ese fue el último sonido que él escuchó.
"OPV"
Miraba de forma perdida las camas que había ocupadas, ¿cómo demonios había pasado aquello?, Ya era peligroso que se encontrasen en ese tiempo los padres de Potter, pero que también se encontrase la que sería su futura hija era demasiado.
No había que ser un genio para deducir quien sería el padre de la niña. Esos malditos ojos y lo que había visto en la mente de ella, le habían bastado. Lo sorprendente había sido descubrir a quien había designado como guardián de su pequeña.
Lo más extraño de todo, ¿qué era eso de que Potter estaba considerando ponerle su nombre a uno de sus hijos?, ¿Qué demonios había pasado para ello?
Gruñó furioso, él no quería nada de ese maldito muchacho, él solo deseaba que todo aquello terminase de una maldita vez. ¿Sabría alguien más quien era la niña, a parte de él y McGonagall?
Malfoy estaba convencido a que era un familiar de él, de seguro si supiera la verdad, habría mandado a la niña a volar en cuanto lo descubrió. Todo lo contrario a lo que estaba haciendo.
Era la primera vez que él veía a un Malfoy mostrar algún sentimiento diferente al desprecio, Dumbledore, después de todo tenía razón, ese Malfoy era diferente, se había negado a que alguien llevase a la niña a la enfermería.
Él mismo la había cargado, ¿cómo en un día esa niña había conseguido que Malfoy la quisiera de esa forma?, y no solo Malfoy. Volvió a centrar su mirada en Potter.
En él era fácil de entender, él siempre actuaba de forma sentimental y estúpida.
Recorrió la otra cama y frunció el ceño molesto, ¿por qué tenía él que velar por ese indeseable, por su hijo y su nieta?
Furioso volvió a ocuparse de la lectura que tenía entre sus manos:
-Veo Severus que te diviertes.
-Vaya una diversión.
-Es realmente alentador saber que hay un futuro amigo.
-Uno muy negro al parecer, ¿no escuchaste a McGonagall?, la atacaron en su propia casa.
-Eso escuché. Pero también creo que ella no tuvo unos años malos.
-¿Y que te hace pensar que es porque todo estuvo bien?, ¿Y si tu querido héroe decidió huir y esconderse?, Por lo que pude ver es eso lo que estuvo haciendo por mucho tiempo. Esa niña no sabe nada de magia.
-¿Por qué no reconoce a su padre?
-O al parecer Potter se camufló bien, se cambió de nombre, apellido y aspecto. Te sorprenderías del cambio.
De repente se quedó callado y abrió los ojos al máximo.
-¿Qué sucede Sev?
No obstante no hizo falta que él le contestase, Luna acababa de despertarse, y sin que se diera cuenta él o Malfoy, (el que se había quedado dormido en un sillón cerca de la cama de esta), se había levantado y había caminado hasta una de las camas.
-Papa, Papa, ¿qué le ha pasado?, Papa despierta.
-Maldición.
-¿Sev?
-El inepto de Potter se hacía llamar James Evans, y su imagen era idéntica a la que le asignamos a James, para que nadie lo reconociera.
